Sexo oral
La mujer despidió cordialmente al hombre y se apresuró a cerrar la puerta caoba. Estudió detenidamente la espaciosa oficina, en el centro de la cual se encontraba su esposo tecleando cifras en el ordenador. Se acercó a él y masajeó sus hombros buscando sacarle la tensión acumulada.
—Ese era el último.
—Creí que las entrevistas jamás terminarían —respondió sin dejar de mirar la pantalla frente a él.
—¿Te gustó el candidato? Parecía ser responsable, aplicado y muy prolijo. —Tomó la hoja sobre la mesa, se llevó un bolígrafo a la boca y leyó detenidamente las últimas líneas— Además su currículum deja ver que tiene mucho conocimiento en administración de empresas. Su familia se dedica a los negocios. Yo diría que es el adecuado para el puesto.
—Yo también creí eso.
—¿Pero?
—No dejaba de mirarte las piernas como un baboso —gruñó.
—¿En serio?
—Cuando fuiste a buscar café y se quedó mirándote el trasero, sin saber que eres mi mujer, decidí que definitivamente no iba a contratarlo. Es un idiota.
—Bueno... Es el precio a pagar por tener una mujer tan... Sensual —susurró en su oído. Inuyasha identificó aquel tono como "hoy nos toca" y, aunque nada le hubiera gustado más que hacerle caso a su esposa, no podía distraerse en este momento.
—Ahora no, Kagome.
—Pero...
—Tengo que terminar de calcular el presupuesto de la próxima obra. Puedes pintarte las uñas si quieres... O ve a comer algo con Sango.
—No quiero —repuso.
—Entonces haz lo que quieras, pero déjame trabajar.
Kagome entrecerró los ojos con recelo. Detestaba que, de vez en cuando, el trabajo le ganaba al tiempo de calidad como marido y mujer, le ganaba a la pasión. Mordió con insistencia el bolígrafo entre sus dientes con tan mala suerte que se le resbaló hasta caer al suelo, justo frente a la silla de su esposo. Su mente maquinó un plan infalible, tan irresistible como malvado.
Se arrodilló en el suelo simulando buscar el bolígrafo que se le había caído. Inuyasha la sintió moverse debajo del escritorio, pero no le prestó atención, pues había escuchado que algo se le había caído y probablemente estaba recogiéndolo. Sin embargo, no pudo evitar tensarse al sentir un par de manos alrededor de su cinturón. Dejó de teclear y bajó la vista encontrándose con el rostro de su esposa peligrosamente cerca de su intimidad.
—¿Q-qué haces, Kagome?
La mencionada apenas lo miró antes de apresurarse a desabrochar el cinturón de su marido.
—¡Ey! ¿Qué te pasa? No hagas eso —regañó mientras trataba de taparse con las manos. Kagome lo miró ceñuda desde el suelo y deslizó el cierre ante la atenta mirada del ojidorado, como si con esa acción terminara de desafiarlo.
—Dijiste que hiciera lo que quisiera—respondió.
—Pero no me refería a...
—Si realmente no tienes tiempo para prestarme atención, entonces sigue calculando tu estúpido presupuesto. Yo seguiré haciendo lo que quiero.
Inuyasha iba a replicar, pero se calló al sentir el aire frío de la oficina chocar contra su intimidad en el momento exacto en que Kagome terminó de bajar parcialmente su bóxer.
—O-oye, sal de ahí.
—No quiero.
—¡Kagome!
La tomó de un brazo para obligarla a salir, pero el rechinido de la puerta le advirtió que alguien acababa de entrar. Al devolver la vista al frente se topó con la figura de Miroku entrando en su despacho con un archivo en sus manos.
—Quédate debajo —susurró.
—¿Ah? ¿Debajo? —Preguntó el ojiazul. Inuyasha maldijo internamente, al parecer no había susurrado lo suficiente.
—Ah... El presupuesto. Quédate debajo del presupuesto.
—Qué casualidad que lo menciones porque de eso venía a hablarte. Verás...
Su mente se desconectó en cuanto sintió la cálida y húmeda lengua pasar con lentitud sobre la cabeza de su miembro. Sus suaves labios envolvían su hombría con gentileza para no dañarlo, al mismo tiempo que la saliva de la fémina se encargaba de lubricar todo lo que se encontraba a su paso. El líquido espeso bañaba su virilidad mientras la lengua femenina se ocupaba de distribuirlo a lo largo de toda su intimidad a la vez que las manos de la azabache masajeaban sus testículos para estimularlo hasta casi llegar el orgasmo.
La mujer descendió con parsimonía sobre la cabeza de su excitado pene, tratando de evitar hacer ruidos mientras intentaba hacerlo entrar en su boca lo máximo posible. Agradecía que Kagome fuese tan cautelosa en ese sentido, pues, si de él dependiese, se escucharían hasta sus pensamientos si tuviese que disimular una tarea tan ardiente.
Su miembro erecto era introducido y sacado de la boca de su mujer una y otra vez con una lentitud que creyó que lo mataría. Su plan no era tener sexo en el trabajo, pero ahora que estaba excitado no había nada que hacer; excepto, tal vez, saciarse lo antes posible. Bajó la mano para guiar los movimientos de la azabache mientras tiraba ocasionalmente su cabello. Enredó sus dedos en los rizados cabellos y no pudo evitar cerrar los ojos y suspirar ahogadamente entretanto su mano la instaba a ir cada vez más rápido. Acarició mansamente el cuero cabelludo, indicándole cuánto le gustaba sentir su lengua tibia deslizándose gentilmente sobre su hinchado glande.
—¿Qué haces? —Miroku dejó de mirar las estadísticas impresas en el archivo y se detuvo a observar la forma en que su mejor amigo parecía tantear algo bajo el escritorio.
—Eh... Busco papel.
—¿Papel?
—Para anotar todo lo que dices. Tú sigue.
—Ya mismo. Bueno... —Inuyasha dio gracias al cielo por tener un amigo tan despistado, pues la última orden no iba dirigida precisamente a Miroku— ¿Estás seguro de que estás bien?
—Perfectamente.
—Estás sonrojado. ¿No tienes fiebre? Te dije que no era bueno trabajar demasiado.
—Si ya terminaste de... De hablar entonces es mejor que te vayas —el ojidorado lo miró con cara de pocos amigos mientras continuaba buscando el dichoso papel.
Miroku no estaba del todo seguro. Apenas había dado la mitad de su informe, pero su mejor amigo tampoco parecía tener cabeza para hablar de planos, estadísticas y ganancias. Tal vez mañana. Tomó los pocos papeles que había arriba del escritorio para revisarlos él mismo más tarde y se preparó para irse, pero... Un par de zapatitos sobresaliendo de debajo el escritorio le llamaron la atención. Miró la cara sonrojada de Inuyasha y su mente retorcida se encargó de sumar dos más dos.
—Nos vemos más tarde. —Caminó hasta la entrada y tomó el pomo de la puerta, pero no se atrevió a salir— Ah, Inuyasha...
—¡¿Qué, Miroku?!
—Saluda a la señorita Kagome de mi parte. Veo que está ocupada.
Ahora fue el turno de Kagome de sonrojarse.
FIN
Me duele el alma porque me fui a correr durante tres horas con mis amigos y aprovechamos para hacer un poquitito de parkour. Peeero eso no me impedirá actualizar, ¡no, señor! Para colmo tengo que seguir escribiendo porque voy súper atrasada con el reto xD
Me ha encantado este drabble, ¿y a ustedes? c:
Gracias por sus comentarios bellísimos que me sacan sonrisas a lo largo del día :D espero haberlos dejado satisfechos hoy también 7u7
¡Nos leemos mañana como siempre!
24.9.20
