Palabra: fantasma.
X. Las viejas almas
Oh I beg you, can I follow?
Oh I ask you, why not always?
Be the ocean, where I unravel
Be my only, be the water where I'm wading
I Follow Rivers, Marika Hackman
A Katsuki no le gustó la idea, pero tampoco objetó en que lo hicieran. Ni siquiera los magos que se habían graduado ya habían conseguido encontrar una explicación para el temblor de la torre o la marca que había aparecido en su pared.
Los malos presagios inundaban el ambiente.
Izuku ha dicho varias veces que se despertaba con todo oliendo a podrido, como si el aire le estuviera advirtiendo que algo malo se está acercando.
Así que Izuku fue con Aizawa para pedirme permiso de hacer una invocación después de que Katsuki había confesado un día a la hora del desayuno que Tomura Shigaraki, el nigromante, había aparecido en su sueño.
Izuku se puso blanco.
«No, no otra vez», murmuró para sí y Katsuki se había puesto rojo de rabia y le había gritado que esa vez no iba a necesitar protección como las damiselas en peligro.
A Shouto se le había ocurrido empeorarlo todo diciéndolo que estar en peligro y necesitar ayudar no era sólo propio de mujeres y por supuesto que no sólo de damiselas, a lo que Katsuki gritó que no le importaban los tecnisismos.
Eijiro acabó intentando calmar los ánimos y los cuatro recordaron porque nunca habían compartido mesa para el desayuno o ninguna comida.
Al final, la conclusión de Izuku fue que quizá los fantasmas de la torre pueden ayudar.
Yuuei —no sólo la torre, sino el bosque entero— está lleno de fantasmas y viejos espíritus de magos. Muchos magos que muchos años antes fueron aprendices en sus aulas, salones y en su biblioteca vuelve, presos de la nostalgia y solicitan el honor de ser enterrados en los jardines o incluso en distintas partes del bosque. Sus almas se quedan rondando el lugar por toda la eternidad.
Los magos de aire son aquellos más cercanos al espíritu. Pueden atraer a los espíritus de los planos intermedios, convencer a las almas de aparecer o de comunicarse. No es un arte que otros magos no puedan dominar, pero lo tienen extremadamente difícil y casi ninguno lo logra. Toshinori Yagi, el primer maestro de Izuku, por ejemplo, intentó toda su vida dominar el arte de la invocación. Pero es un mago de fuego, como Katsuki, y nunca lo consiguió.
(Eso sí, cuentan que su mundo-oniria es como el de Katsuki: grande y tumultuoso).
Izuku es sorprendentemente bueno con las almas.
Puede, incluso, invocar a los antiguos archimagos de la torre.
Antes de Nedzu, el Archimago Maldito —pues había sido convertido en rata muchos años atrás—, la señora de la Torre había sido Nana Shimura, la archimaga más impresionante que el mundo conocido había visto jamás.
A Izuku le gusta hablar con ella.
—Estoy listo —dice.
Shouto le ayudó a pintar un círculo de invocación en las piedras del patio al lado de la torre, junto al símbolo de la pared, el de la maldición. No habían sacado nada en claro, salvo que tenía que ver con el fuego y movimientos de la tierra.
La decisión de hablar con fantasmas es de Izuku.
Si Shigaraki está implicado, Nana podría tener una respuesta.
—Bien, ponte en el círculo —dice Shouto.
Él se sienta en el piso, justo afuera, del círculo, con las piernas cruzadas. Izuku hace lo propio dentro de él.
Shouto extiende las manos.
Las suyas son largas y delicadas, mientras que las de Izuku están llenas de viejas cicatrices y están siempre calludas.
—Te sacaré de la invocación si es necesario.
Izuku asiente, tomándolo de las manos.
—No será peligroso —asegura, pero no tiene manera de saberlo.
—Lo sé. Además, es por Katsuki y tú siempre…
No es un reclamo y Shouto no quiere que suene como uno, pero es algo que se ha repetido todo el tiempo mientras son aprendices en Yuuei. Izuku siempre se ha sacrificado por otros sin pensar, pero su cerebro se apaga completamente cuando se trata de Katsuki. Especialmente.
Y siempre se convence de que no es nada. Que es sólo el tiempo. Que Izuku y Katsuki se conocen a la perfección tras haber pasado la vida orbitando el uno al lado del otro.
—Lo haría por cualquiera —dice Izuku, adivinando sus pensamientos.
—Lo sé.
«¿Lo sabes, Shouto?»
A veces son dudas estúpidas. Porque él también haría cualquier cosa por Katsuki. Aunque nunca se lo pida.
Y por Izuku.
Por Izuku regalaría un brazo por cada sonrisa.
—Bien. —Izuku aprieta sus manos—. No pasará nada, pero tienes que estar listo por cualquier cosa. Y es mejor si me jalas hacia afuera una vez que empiece a volver.
Shouto asiente.
Y entonces Izuku cierra los ojos y recita el conjuro para atraer hasta él a las almas que merodean la torre.
Shouto supone que está buscando una en especial: a la Gran Archimaga. Nana Shimura. Hay libros sobre ella. Hay leyendas, cantares, historias. Los bardos narran la vida de nana Shimura con la cítara de fondo a cambio de algunas monedas.
Todos la veneran porque luchó contra la Gran Oscuridad y la encerró en el limbo.
No murió hace demasiado tiempo. Toshinori Yagi fue su alumno.
—¿Nana?
La voz de Izuku lo hace perder un momento la concentración. Izuku aprieta sus manos, pero no vuelve.
Siempre le ha preguntado a donde va.
«Un lugar», dice Izuku. No es el limbo, porque prácticamente sólo los magos de sombra pueden acceder al limbo tal cual los magos de aire pueden invocar a los muertos. «No sé explicarlo. Un momento, quizá. Entre el más allá y el acá. Algo entre el mundo-muerto y el mundo-realidad».
Lo único que queda es apretar las manos de Izuku entre las suyas y esperar.
Notas de este capítulo:
1) Yo nunca NUNCA tengo planeado meter a Nana Shimura pero siempre la meto a todos los asuntos. Me encanta y adoro su personaje y quiero saber más de ella. Y quiero compartir mi amor por ella en el fandom
2) ¡Fantasmas! Aunque tangencialmente. Pero el siguiente capítulo es el de Izuku.
Andrea Poulain
