—CAPÍTULO 10—. FANTASMA.
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Al día siguiente, mientras desayunaban y comentaban nuevamente la reunión que Draco había tenido con la profesora McGonagall y la posibilidad de un trabajo en Hogwarts, él insistió en su negativa de unirse al profesorado del colegio, y de repente, frunciendo el ceño ante un recuerdo, comentó:
—Ayer olvidé contarte que cuando Peeves me hizo su travesura, apareció Myrtle La Llorona, según ella, para rescatarme del Poltergeist. Como si ella fuera capaz de intimidar a alguien… —resopló con ironía sorna—. Y luego me cuestionó el por qué sus amigos, entre los que aparentemente me incluye, la han olvidado pues ya no la visitan.
—Ella es muy sensible y resentida —afirmó Hermione pensativa—. A Harry una vez también le reclamó por lo mismo.
—La hubieras visto —se echó a reír—. Estaba haciéndome arrumacos, así que le dije muy serio, que no podía comportarse de ese modo conmigo porque ahora era un hombre casado. Se puso como loca exigiendo saber quién era la "roba-novios". Cuando mencioné tu nombre, empezó a llorar desconsolada despotricando contra ti...
—Nunca nos llevamos precisamente bien, así que debió sorprenderle; también porque conocía tus ideas acerca de la supremacía de la sangre. En todo caso, el problema es que está enamorada de ti desde sexto año y le rompiste el corazón —se burló Hermione.
—Por supuesto, lo que todo hombre quiere en la vida: tener una admiradora fantasma, ¡literalmente! —se carcajeó Draco.
—Te advierto que debes competir con Harry por su amor. Él también le atraía y a menudo le coqueteaba con descaro —sonrió traviesamente recordando las historias de su mejor amigo con la singular fantasma.
—No te voy a decir que le tenga algún tipo de cariño, pero ella fue, en cierto modo, el único apoyo o consuelo que tuve en un momento de mi vida donde todo era un completo caos — comentó con la mirada perdida y voz melancólica.
—Lo sé, Draco —apretó con amor su mano más próxima—. No vale la pena recordar esos tiempos.
Hermione procuraba evitar hablar del pasado, sobre todo los años comprendidos entre el quinto al séptimo curso en Hogwarts. A ella no le hacían bien, pero había descubierto que eran una verdadera tortura para él, pues nuevamente volvía a sentir remordimiento por sus acciones y reavivaba el odio que le había tenido a Voldemort y todo lo relacionado con él.
Draco conectó su mirada con ella y asintió con agradecimiento volviendo a sentir paz en su alma. En definitiva, su esposa era un ángel que lo rescataba siempre a tiempo, de hundirse nuevamente en aquellos fatídicos recuerdos. Tomó la mano que le había dado el cariñoso apretón, y entrelazó sus dedos para luego besar sus nudillos con devoción.
—¡Te amo! —murmuró. Lo decía pocas veces; él no había sido educado para amar, por eso cuando lo decía, Hermione sabía que le nacía desde lo más profundo de su corazón.
