Día 9: Los sueños de un joven Auror
Realmente fue un accidente. ¿Cómo es que a dos Aurores les pareció que un armario de abrigos del Ministerio era un buen lugar para besarse y masturbarse?
Cuando abrió la puerta, encontró a Draco con la espalda presionada contra la pared, el pantalón abierto, Harry al frente, con las manos en su trasero, y la cadera moviéndose hacia él. Ambos tenían los labios hinchados, rojos, y se restregaban contra el otro con una desesperación salvaje.
Neville cerró la puerta de golpe, antes de que sus ojos terminasen de asimilar los detalles.
Para su mala suerte, pertenecía a la sección de investigación, y su mente registraba los hechos más rápido de lo que le convenía en algunos casos. Sentado en su escritorio, con unos archivos sobre un mago desaparecido al frente, su cabeza no dejaba de volver a esa escena. A la forma en que se arqueaba la espalda de Draco, cómo echaba hacia atrás la cabeza y se recargaba en la pared, cómo tenía una de sus manos entre ambos, manteniendo sus erecciones juntas para crear una mayor fricción. Y a la manera en que Harry lo sostenía, los dientes en su cuello, el empuje de la cadera…
Necesitaba un descanso, un café, una dona, o un buen obliviate.
Decidió ir a la zona de descanso. Y como no podía ser de otro modo, Harry estaba allí, sentado, tomándose un café mientras revisaba unos documentos, y Draco maldecía a la "jodida cafetera muggle e inútil que no reconocía el toque de una varita".
Cuando lo vieron, la tensión entre los tres era mínima. Charló un momento con Harry, y Draco le tendió una taza de café, para después prepararse otra para sí mismo. Su expresión habría hecho dudar a cualquiera de que tramaba algo, si no fuese uno de los magos más jóvenes en haber conseguido una Orden de Merlín Primera Clase.
Neville pensó que era su forma de cerrar el asunto, agradeció por el café, y huyó de ahí, porque era preferible ver fotografías de cadáveres.
—0—
Sucedió por la tarde y le recordaba a una mala película para adultos, de esas que Seamus lo hizo ver con él cuando eran más jóvenes.
Tocaron a su puerta y Neville contestó de forma distraída. No esperaba que fuesen esos dos.
Sintió que se quedaba clavado en su asiento, los papeles se le resbalaban de las manos y eran atrapados por un hechizo de levitación que siempre ponía en torno a su escritorio.
Draco se acercó despacio, apartó algunas carpetas, y tomó asiento sobre la mesa, con calma, como si fuese cosa de todos los días. Incluso cruzó las piernas y comenzó a mover un pie con cierta impaciencia. Harry sí optó por una de las sillas.
Neville estaba seguro de que hace años que no se sonrojaba tan fuerte.
—No dije nada, yo- no vi- ¡no vi nada! No es que haya-
—¿Sabes que hay un rumor sobre ti por el Ministerio? —interrumpió Draco, jugueteando con uno de los broches de su uniforme de Auror.
—¿Rumor? —balbuceó Neville, sin entender por qué lo mencionaba—. ¿Qué…?
—Ah, una tontería sobre que te gustan los hombres.
En serio quería enterrar su cabeza en uno de los documentos y jamás levantarse de nuevo.
No volvería a guardar su abrigo en los armarios del Ministerio.
—Eso no es- —Intentó reírse. El sonido no le salió y carraspeó—. Digo, no es que tenga nada de malo si- a lo que me refiero es que-
—¿No es verdad? —Draco se deslizó hacia abajo y acabó sentado en el regazo de Neville, que se tensó y pegó la espalda al respaldar de su asiento—. ¿Seguro? Harry —Giró el rostro para ver hacia el otro mago—, dice que no es verdad, ¿tú le crees?
Harry hizo un gesto de "más o menos" con la mano y les dedicó una mirada divertida.
—Si esto es por lo de-
Había sujetado las muñecas de Draco con cuidado, dispuesto a apartarlo y evitar cualquier enfrentamiento. Dicho "enfrentamiento" que pensaba prever no era ese. ¿Cómo iba a saber que Draco Malfoy se inclinaría hacia adelante para capturar sus labios?
Neville permaneció quieto, aturdido, derritiéndose lentamente bajo el contacto con labios suaves y una boca cálida. Draco tenía una forma de besar mucho más gentil de lo que era al hablar.
Si no hubiese sido por una pizca de consciencia que se resistió, Neville se habría olvidado de que estaban en su oficina, y que Harry se encontraba al otro lado del escritorio.
Llevó las manos a su pecho y lo apartó, vacilante. Draco se relamió los labios, luciendo entretenido.
—¿Qué tal ahora? —Se dirigió a Harry, otra vez.
—Todavía tengo mis dudas —alegó él, tranquilo en su asiento, mientras Draco se tiraba hacia Neville de nuevo.
Draco colocó las manos en sus hombros y empujó con la cadera. Por la manera en que estaba sentado, se presionó justo contra el lugar adecuado, y Neville sintió un tirón en la ingle.
Bien, puede que el estrés con los últimos casos lo hubiesen tenido de otro humor. Y que no tuviese tanto tiempo para sí mismo. Hasta podía excusarse con que Hannah había terminado con él unos meses atrás, y siempre era difícil encontrar una chica que no protestase por sus horarios extraños de Auror.
Pero seguía siendo Draco, todavía estaban en su oficina, y no entendía cómo es que Harry podía ver con tanta calma que él estuviese restregándose contra Neville.
La segunda vez que lo besó, Neville se dio cuenta de por qué estaba metido en esa situación tan rara.
Era un sueño.
La magia de los sueños era inusual, vivida, y compleja. Pero él había sido parte activa de un caso en que la investigaron y la reconoció.
Y como era un sueño, seguramente no habría consecuencias reales que pudiesen afectarlo.
Ese pensamiento fue el que tiró abajo su muro de autocontrol.
Luego se diría que debió haberlo pensado mejor. En ese momento, lo único que podía importar era sacarle a Draco su túnica de Auror, y el hecho de que estuviese dando pequeños saltos y ondeando la cadera contra él.
En cierto punto, Harry abandonó su asiento, rodeó el escritorio, y se colocó tras ellos. Sujetó el mentón de Neville y lo hizo girar la cabeza para besarlo.
Harry besaba como si quisiera comérselo. Era rudo, desenfrenado, con dientes raspando y mucha saliva de por medio.
Neville sólo se dejó llevar por los dos.
Manos apresuradas por sacar la ropa, tela que caía al suelo y era olvidada, labios que buscaban otros labios, piel disponible, movimientos de cadera. Hicieron girar la silla, palmas cerrándose sobre la carne. La cabeza de Neville daba vueltas, sólo era capaz de registrar que Draco lo masturbaba con vehemencia, y Harry mordisqueaba su cuello, dejándole un camino de marcas que se perdería dentro del uniforme.
Fue una experiencia caótica y desordenada, con la humedad resbaladiza del lubricante de por medio, sonidos de piel chocando, jadeos. Harry ocupaba el lugar que antes era de Draco sobre su regazo, lo jalaba para otro beso. Lo montaba. Draco, detrás de él, depositaba besos flojos en los hombros de Neville, y le decía a Harry qué tan rápido ir hacia arriba y dejarse caer para empalarse a sí mismo.
Luego era Draco de nuevo sobre sus piernas, la espalda apoyada contra su pecho, los sonidos estrangulados que emitía demasiado cerca de su oído. Harry, de rodillas frente a ambos, besaba, lamía, succionaba su miembro, dejándole a Draco follar su boca.
La secuencia era veloz y extremadamente sensorial. Desde la piel de Draco, un poco más tersa que la de Harry, las manos ásperas de ambos, hasta las mordidas que recibió, tirones en su cabello, la erección de Harry en su boca cuando se deslizó hacia el suelo por voluntad propia. Los orgasmos. ¿Tres? ¿Fueron tres veces? Se le había olvidado cómo contar en el proceso.
Cuando Draco se venía, se mordía el labio inferior casi hasta hacerlo sangrar, y echaba la cabeza para atrás. Cuando Harry lo hacía, le costaba mantener los ojos entreabiertos y era muy vocal; desde maldiciones a retahílas incomprensibles le escuchó soltar.
Draco y Harry se besaban como si se estuviesen peleando. Con energía, buscando dominar al otro, manteniéndose en constante movimiento. Neville podría jurar que el cuerpo entero le ardía al observarlos. Y lo mejor era que, segundos más tarde, tenía la atención de ambos de vuelta.
—0—
Cuando se despertó, lo hizo de repente, enderezándose en su asiento, con la cara roja y semen en los pantalones. Vaya orgullo para el Departamento de Aurores.
Harry leía unos documentos en el escritorio frente al suyo, de un compañero que se encontraba en un viaje. Fue el primero en notarlo y bajó los pies de la mesa, al tiempo que llamaba a Draco. Este último estaba escribiendo un reporte en una silla junto a la ventana que daba a un paisaje imaginario.
Los dos lo vieron y Neville estaba seguro de que lo que había soñado se notaría, de algún modo, en su rostro.
—Dijiste que sólo fue una gota —Harry le frunció el ceño a Draco.
—Fue una gota —afirmó él, dando un sorbo a su café. Luego regresó esa sonrisa maliciosa—. Una gota por ti y una por mí.
Ahí lo comprendió. Incluso en caso de que intentase disimularlo y no resultase en un desastre, ellos lo sabrían.
Después de todo, lo único extraño en su día fue Draco sirviéndole café con tal amabilidad.
—Oh, tenemos una propuesta para ti, ya que parece que estás de buenas —mencionó Draco, en tono conversacional. Dejó su café a un lado y agitó una mano en su dirección—, pero supongo que te daremos un momento para que te recuperes primero.
Harry se levantó entonces y caminó hacia él, ceñudo. Parecía que discutirían sobre algo.
Neville hundió el rostro en sus manos y ahogó un lloriqueo. Cuando se tranquilizó lo suficiente, se enderezó y utilizó encantamientos de limpieza en sí mismo.
Al notarlo, Draco enseguida se aproximó y ocupó ese lugar en su escritorio, justo como al comienzo del sueño mágico. Hasta cruzó las piernas y le enseñó la misma sonrisa burlona.
De reojo, notó que Harry ponía un hechizo barrera en la puerta.
Oh.
Tal vez no sería mala idea escuchar la "propuesta".
