La historia que dejamos pasar


Capítulo 22

Kotoko tuvo la sensación de que había retrocedido en el tiempo al entrar a la residencia Irie para vivir ahí.

¿Por qué le pasaban cosas como esa?

(Y ella creyendo que no volvería abusar de la generosidad de esa familia después de, con gran vergüenza, pedirles perdón a los Irie por el gasto de la boda no concretada.)

Mordiéndose los labios en el vestíbulo, se reprendió por abrir la boca para decirle a su padre que estaría bien sola en casa y que no dejara de ir al restaurante. Eso había hecho que Noriko-san se ofreciera a darle la habitación de invitados para cuidarla, ya que le habían dado de alta y debía de observarse alguna señal de hemorragia intracraneal en los próximos días, mientras se recobraba (era importante que alguien estuviera presente en caso de que se desmayara).

Ahora bien, puntualizando el que su hijo (Irie-kun, médico) estaría presente en su tiempo libre había convencido a su padre, pues eso haría la diferencia entre ambos hogares.

Y ahí estaba.

No podía evitar pensar que seguía inconsciente y era parte de su imaginación, o sí se había golpeado la cabeza y alucinaba. El destino no podía ser tan injusto con ella; debió haber hecho algo malo en su vida pasada para merecer eso… mas no tan terrible para no haber nacido animal, por supuesto.*

—¿Te sientes mal?

La voz interesada de Irie-kun la sobresaltó, más por escucharla que por estar inmersa en sus pensamientos. Todavía le parecía extraño ese cambio de actitud, aunque en el interminable largo día en el hospital pensó que no había tenido un contacto cercano con él después de que se aclarara el pasado; quizá ya no la odiaba y podían actuar como dos personas civilizadas alrededor del otro, en especial él.

Eso haría que se sintiera más en paz consigo misma y el pasado.

Recordando que no había respondido, Kotoko negó.

La respuesta debió complacerlo y escuchó suspiros aliviados a su alrededor, de su padre y los otros Irie.

—¿Quieres acostarte, Kotoko-chan? ¿O venir a la sala? Onii-chan llevará tu maleta a la habitación de huéspedes.

—Está bien, he dormido mucho por dos días.

—Todo con tal de que estés mejor —dijo Noriko-san pasando un brazo detrás de sus hombros, cuidando no presionar los moretones que tenía.

Irie-kun asintió y subió las escaleras seguido de Yuuki, que tenía tarea de la universidad. Ella fue con los demás a la sala, donde le dejaron el cómodo sillón de Shigeki-san y una película romántica en Netflix, que tuvo a los cuatro llorando dos horas después.

—No se supone que la alteren —amonestó Irie-kun apareciendo en la puerta.

Noriko-san hipó.

—Ay, onii-chan, estamos conmovidos y felices. El hermano de la protagonista los separó porque él era pobre y ellos una familia prominente, aprovechando la rara enfermedad de corazón de ella para hacerla pasar por muerta. Años después el protagonista era un famoso cardiólogo que encontró una cura siempre pensando en ella y el hermano reveló la verdad. Fue hermoso cuando se reencontraron y él pudo salvarla.

Kotoko asintió como Shigeki-san y su padre, ganándose un resoplido de Irie-kun.

—¡Oh! Miren la hora que es, debes haber bajado para preguntar por la cena. Iré a calentarla, son platillos preparados por el amigo de Kotoko-chan. Es tan considerado de su parte haberlo sugerido esta mañana.

—Es de mi menú saludable —manifestó su padre con una sonrisa orgullosa.

Noriko-san aplaudió y salió de la estancia; Irie-kun, por otro lado, ingresó y tomó el lugar ocupado por su madre, prestando atención a la pantalla que Shigeki-san acababa de cambiar a las noticias.

La escena fue tan parecida a años atrás… y lo que pudo haber sido.

Agitó la cabeza al tiempo que se ponía en pie.

—¿Te duele la cabeza, Kotoko? —preguntó su padre.

—No. —Aunque ella aseguró a todos que nunca sintió un golpe en el cráneo, solo en su cuello, todos seguían pendientes de esa zona.

Lo entendía, pero ya deseaba que transcurriera el tiempo suficiente para demostrar que no tenía algo.

—Voy por mis notas para repasar.

—No. —Esta vez fue Irie-kun quien pronunció aquella palabra.

Ella soltó un gemido.

—Lo necesito para desempeñarme bien.

—Por unos días debes evitar actividades que sobrecarguen tu mente.

—No golpeé mi cabeza.

—Haz caso a las recomendaciones del médico, Kotoko —pidió su padre con tono preocupado.

—Pero… —Frunció los labios.

Miró hacia la puerta. —Me desharé de ellas. —Bufó, no tenía opción. Irie-kun se enteraría si ella repasaba, era incapaz de mentir bien. —Si quieres, después te evaluaré y señalaré si tienes fallos. Ahora descansa.

Se dejó caer en el sillón de brazos cruzados.

Los días serían muy largos.

Casi prefería al Irie-kun que no le importaba su existencia.

{…}

Hasta para Kotoko era evidente que Noriko-san no podía contener la alegría en su rostro porque su mesa estuviera ocupada por Aiharas e Iries, igual que antes. Resplandecía y daba la impresión que en cualquier momento sacaría su cámara para tomar fotografías.

…mientras los demás pretendían que no estaban tensos por esa idílica cena.

Era más incómoda que la celebración de Yuuki semanas atrás. No se podía poner a una pareja ex prometida en la misma mesa, mucho menos si uno de los miembros dejó plantado a otra, sin crear un momento raro.

Incluso lo era para ella, a pesar de que días en el hospital le prepararon para un evento similar.

Podía decirle a Irie-kun que este estrés era peor que estudiar sus apuntes, le daría jaqueca si continuaba esa situación, mas no era lo suficientemente lista y valiente para saber cómo romper el hielo. Seguro lo empeoraría.

Su padre se salvaría a partir del día siguiente y solo podía esperar que Irie-kun tuviera turnos de noche a partir de este.

—¡Ah! —exclamó al sentir una patada en el empeine.

Los mayores gritaron su nombre e Irie-kun paró de comer.

Yuuki tosió detrás de su boca y ella frunció el ceño porque le parecía que reía. Había sido él.

—¿Estás bien, Kotoko-chan? —preguntó la otra mujer en el comedor.

—¿Te sientes mal, hija? —habló su padre.

—¿Ocurre algo, Kotoko-chan? —inquirió Shigeki-san.

Irie-kun le miró con una ceja enarcada, aunque dirigía parte de su atención a Yuuki, que trataba de disimular.

—Nada, eh, me mordí —se excusó sintiendo que se le calentaba el rostro.

Su padre, Noriko-san y Shigeki-san suspiraron y volvieron a comer. Kotoko observó amenazante al universitario frente a ella, quien le sacó la lengua cuando nadie más veía.

"Le diré a Konomi-chan", advirtió con sus labios.

Pudo jurar que vio una sonrisa en la cara de Irie-kun antes de bajar la cabeza a su plato.

{…}

Aprovechando que Irie-kun y Yuuki ya se habían aseado, Kotoko entró al baño a hacer lo propio. No quería afectar su rutina ni quería que la incluyeran en ella como antes, pues le creaba sentimientos agridulces con los que no estaba a gusto.

Ya había dejado atrás esa etapa de ser una gran familia bajo el mismo techo; el resultado no fue muy bueno al final, en el que salió súbitamente con el corazón roto. Y eso de revivirlo, consciente de que solo generaba incomodidad, era peor.

Sería diferente si fuese una Irie más.

—Imposible —murmuró sentándose al borde de la tina, usando su toalla para secarse el pelo.

¿Por qué no pudo esperar por el ascensor o desde un principio descansar en la sala? ¿O tener una caída menos aparatosa? Ni siquiera era la primera vez que resbalaba en unas escaleras.

A pesar de que sería por unos días, volver a vivir en la casa Irie no era muy agradable. Aun si su ex prometido se comportaba mucho más que civilizado con su presencia, hasta diciendo su nombre de nuevo, no lo era. Simplemente se trataba de una tortura que le recordaba lo que perdió y nunca tendría, un pensamiento que seguía fresco tras la conversación con Irie-kun la semana anterior.

Cubrió su rostro con sus manos. A partir de los sucesos de los últimos días, ¿cómo podría recuperar su normalidad después de superar el rompimiento? ¿A esa resignación y fuerza que la hicieron crecer y disfrutar la vida pese a que su corazón añoraba al único hombre que nunca dejaría de amar?

Se puso en pie y caminó hacia el mueble de baño, del que extrajo la secadora del mismo cajón que recordaba. Estuvo a punto de encenderla cuando oyó unos fuertes e insistentes golpes en la puerta.

—Kotoko. —Asombrada por el tono de Irie-kun, corrió a abrir, haciendo que él detuviera su puño en alto.

Lo oyó soltar una bocanada de aire.

—¿Qué pasa?

—Has estado dentro bastante tiempo.

Al bajar la mirada, notó que llevaba sus artículos de baño. Ella se sonrojó porque había usado el retrete, tomado un baño y pasado tiempo pensando al terminar de vestirse, mientras él aguardaba por ingresar.

Debió preguntarle, no confiarse en la palabra de Yuuki de que su hermano ya había ocupado el baño… pero todavía se sentía insegura por su cambio.

—Ummm… —se rió nerviosamente—. Eh, lo siento, no sabía que esperabas.

—No me refiero a eso, pensé que te desmayaste.

—Oh. Sí, no pasó. —Se rascó la cabeza. —Traté de evitar mojarme mi herida y tardé. Ahora salgo, solo cogeré el secador para usarlo fuera y te lo daré rápido.

—Hazlo con calma.

Ella alzó la cabeza con una sonrisa conciliadora.

—De acuerdo.

Él no respondió, pero permaneció mirando su cara con sus orbes violáceos que, sin la pesadez de los últimos meses, lucían amigables —y le daban más atractivo del que ya poseía.

Unas mariposas aletearon en su estómago, por lo que se dio la vuelta y se apuró en reunir sus cosas para dejar el baño libre.

Irie-kun se ladeó para permitirle la salida. Ella se quedó parada debajo del umbral.

—Yo… gracias.

—No tienes por qué darlas —contestó él con voz suave.

Sin agregar más, Kotoko se escapó por el pasillo.

{…}

Al ver que el reloj se acercaba a la medianoche, Kotoko apagó el reproductor de música de su teléfono y se acomodó en la cama para poder dormir. No tenía el volumen alto, pero temía que el ruido les llegara y perturbara su descanso para el día siguiente.

Sobre todo para Irie-kun, con quien compartía pared. Él no había dormido suficiente ayer y tenía turno temprano. Sería el segundo día consecutivo en que se viera implicada en su falta de sueño.

Arrebujándose en la cama, halló la mejor posición para caer en brazos de Morfeo. El colchón y sábanas eran muy cómodos para disfrutar de la noche, con la frescura del mes de abril que hacía su presencia al oscurecer.

Permaneció quieta y relajada esperando por quedarse dormida, oyendo de fondo los sonidos de grillos que no podía escuchar en su apartamento, pues no gozaba de la ubicación de la residencia Irie, más alejada del tráfico y bullicio de la ciudad. Estaba en un vecindario con numerosas familias que no paseaban por las calles a altas horas y hasta podía tener un pequeño patio trasero con un árbol.

Al cabo de un rato lanzó un resoplido y levantó los párpados, mirando las sombras de la habitación por la lámpara encendida en la mesa lateral.

Realmente no tenía sueño. En el día había recobrado la energía que necesitaba y su cuerpo no exigía que durmiera, bien habituado a los cambios en sus horarios.

Volvió a cerrar los ojos y se tapó con la cobija hasta ocultar su cabeza debajo, haciendo un nuevo intento. Sin embargo, un tiempo más tarde siguió sin un poco de somnolencia.

Creyendo que podría adormecerse con una infusión, se descubrió y sacó los pies por el costado de la cama, provocándose un estremecimiento por la diferencia de temperatura. Con las pantuflas puestas, cogió su móvil para usar la linterna en el exterior; presionaría un interruptor de luz en la planta baja.

Distraída, el teléfono se le fue de las manos al suelo. Hizo una mueca; ya no sabía cuántas veces le había pasado, era muy resistente.

Tras recuperarlo, prosiguió con su plan.

Fuera del dormitorio para huéspedes, el silencio predominaba en el pasillo. Apuntó la luz hacia el camino y trató de avanzar sin tropezar con el jarrón alto que había ahí.

Una vez hubo evitado ese obstáculo, se concentró en no hacer ruido… o tener un traspié, que sería la fuente de este.

Antes de bajar la escalera, el sonido de un hueso tronando le hizo girarse. Sintió unos brazos rodeándola para pegarla a alguien, amortiguando el chillido de su boca.

Reconoció al instante quién era. El aroma, complexión y calor de Irie-kun era algo que nunca borraría de su memoria, no importa las escasa veces que lo sintiera.

Escuchó los latidos acelerados de él bajo su oído.

Su propio corazón brincaba por el anhelo de permanecer así.

—¿No se podrá apartar la vista de ti? —le preguntó él en voz baja, generando lo que parecía un momento íntimo. Además, cada vibración de su cuerpo contra el suyo le hizo sentirlo cerca como no había tenido en años; porque los sueños no eran capaces de igualar su calidez.

Irie-kun la elevó con sus brazos para depositarla lejos de la escalera, de la que ella no iba a resbalarse, pero le entusiasmó que él se preocupara así por su bienestar.

Aunque se recordó que no debía hacerse ilusiones de más.

—No estaba muy cerca del borde —respondió ella alumbrando hacia ellos para que la lámpara molestara a sus ojos y no vislumbrara la expresión que debía tener.

Acababa de ser abrazada por Irie-kun.

—Desde mi lugar percibí diferente —expresó él mientras colocaba su mano sobre el teléfono para rotarlo. Una vez lo hizo, ella apenas pudo verlo en la penumbra, mas él debió distinguirla mejor.

Estaba casi a ciegas.

—Si te hubieses anunciado —farfulló consciente de que Irie-kun tenía razón.

Él rió entre dientes, causando que ella abriera los ojos de la sorpresa. Su actitud era muy contraria a la que había mostrado hasta hacía un par de días, más o menos a la de antaño, un serio accesible.

—¿Te sientes bien, Naoki-san? —preguntó sin pensarlo, y se dio cuenta que era una forma de remarcar su amistad.

Irie-kun no la corrigió.

—Eh… ¿qué haces despierto? ¿Yo te levanté?

—Todavía no me había dormido, escuché un ruido en tu habitación e iba a comprobar si estabas bien.

—Sí, no fui yo. Mi teléfono, es muy resistente, umm, una buena marca —respondió nerviosa por la vasta explicación de él. No todos los días hablaba de su proceder; en general había que adivinarlo.

O así solía ser.

—Entonces yo… beberé algo para poder dormir. No tengo sueño. Eh… ¿sí puedo? Ay, es de mala educación vagar así cuando soy una invitada… ¿ver…?

—Siéntete en casa —cortó él con bastante neutralidad. —Después de todo, ya has vivido aquí.

¿Acaso Irie-kun no experimentaba la tensión que daban esas palabras? Aludía a su historia juntos, de delicado término. ¿O era su forma de indicar que pasaba página?

Probablemente. Irie-kun debía ser indiferente ahora que su humillación se había aclarado. ¡Eso era la respuesta a todo!

…como no sentía nada por ella ahora.

El pecho le dio una punzada a la que dio poca atención; ni siquiera sabía por qué le decepcionaba si no era información nueva.

—Cierto. En fin, voy abajo. Buenas noches.

Con cuidado descendió los escalones y al llegar al piso inferior encendió la luz.

Por poco gritó cuando reparó en Irie-kun.

—¿Es que eres un fantasma? Esta vez no hiciste nada de ruido. —Iba a tocarle el pecho con su dedo para comprobar, pero se detuvo a medio camino y corrió a la cocina, abochornada por su conducta. Que él pudiera tener tal familiaridad con ella como para "abrazarla", producto de no tener sentimientos amorosos, no significaba que ella pudiera hacer lo mismo.

Bueno, se engañaba al pensar que fue un abrazo, porque fueron las circunstancias las que lo orillaron a tocar sus cuerpos. Ni siquiera prolongó el contacto, como solía darse en las novelas románticas. Fue más como una escena donde el protagonista salvaba a una persona no especial de ser arrollada, a quien rodeaba sin una emoción en particular por esta.

Inspiró justo al mismo tiempo que Irie-kun hacía su entrada a la cocina.

La Kotoko más joven habría preguntado qué quería para complacerlo; ahora solo se dedicó a llenar la tetera de agua, ponerla al fuego y buscar la caja con bolsas de tila en un gabinete.

Al darse la vuelta vio que había dos tazas en la mesa. De verdad era de otro mundo, no hacía nada de ruido; la primera vez debió querer anunciarse.

Entendiendo, ella extrajo una bolsita para cada uno, que repartió.

Mientras esperaban que el agua estuviese lista, los dos permanecieron parados en los lados opuestos de la mesa, en silencio. Kotoko estaba enfocada en las tazas, con el corazón latiéndole a mil de los nervios y la sensación de que él la contemplaba.

El sonido de la tetera la salvó de prolongar el tiempo allí y pronto estuvieron de regreso a la planta superior, donde cada uno se dirigió a la puerta correspondiente.

—Duerme bien, Kotoko.

Boquiabierta, tardó unos segundos en reaccionar; y cuando lo hizo, sonrió.

En ese momento no le dolieron los rumbos separados.


*Esto del hinduismo, que piensa en la reencarnación en un animal si haces el mal, ella no practica esa religión pero creo que por ser oriente habría una influencia y, ¿cómo no?, confusión, siendo Kotoko.


NA: Ahí va Naoki al ataque.

Qué lástima para él tener a una Kotoko más bien "indiferente".

Y, ¡sorpresa!, comenzaré a actualizar martes y sábado, así que espérenme este fin de semana.

Besos, Karo.


Sakura Anheli: Ay, :3, ¡gracias! Te prometo que te gustará mucho más cómo será Naoki a partir de ahora, tanto como la actitud de Kotoko, se vienen cosas más agradables que los desplantes típicos del genio. En la medida de lo posible tendrán una relación madura, no te la pierdas. ¡Un abrazo!

Raz: ¡Siiiií! Ya aguardaba ese capítulo donde Naoki finalmente abriera los ojos respecto a ella. Se tomó casi siete años el tipo este, pero ahí está, y se viene la parte más romántica de la historia ja,ja. También Nishigaki le molestará por un rato más XD. Gracias por tu review, sigue disfrutando de la historia. ¡Un abrazo!

Charlie: Sí, Naoki tenía que despertar sobre sus sentimientos y aquí está, las cosas se solucionarán en lo que resta de la historia y cruzo los dedos para que les guste. Gracias por tu review. ¡Un abrazo!