HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.


ALBERT RUNCORN

Brujo. Miembro de la Comisión de Registro de Hijos de Muggles.

No es lo mismo llamar que salir a abrir

Lord Voldemort da miedo. Es un hecho. Cuando Albert decidió unirse a él, no pensó ni por un momento en lo terrorífico que podía llegar a ser. Y todo ha marchado bien hasta entonces, puesto que apenas lo ha tratado en persona. Pero ese día está ahí, frente a él, y Albert está a punto de hacérselo encima.

—Así que has dejado escapar a nuestros amigos sangresucias.

Su voz parece el siseo de una serpiente. Albert clava los ojos en el suelo e intenta no mirarle. Esos ojos rojos, inhumanos, le ponen físicamente enfermo. Hace lo que puede por defenderse.

—No, maestro. Ellos me engañaron.

—¡Es verdad!

Voldemort camina a su alrededor, observándole detenidamente. A un lado, Bellatrix Lestrange se mueve, inquieta. Al otro, Pius Thicknesse permanece inmóvil y con la mirada perdida. En su caso, no es que no parezca humano, es que se le ve vacío de toda vida.

—Tres brujos adolescentes suplantaron tu identidad y liberaron a los sangresucias. Eso no te deja en buen lugar, ¿no te parece, Albert?

Runcorn traga saliva. Ha sido un estúpido, lo sabe perfectamente. Y las consecuencias de esa estupidez fueron terribles. Y lo serán. Vaya que sí.

—Lo lamento mucho, maestro. No volverá a ocurrir.

—Eso espero —Voldemort se detiene justo enfrente de él. Albert puede ver sus pies descalzos y su túnica negra—. De todas formas, mereces una buena reprimenda, ¿estás de acuerdo?

Albert vuelve a tragar saliva. O lo intenta, ya que tiene la boca seca. No sabe qué decir, aunque no hace falta. Bellatrix Lestrange lo hace en su lugar.

—¡Yo lo haré, maestro! Por favor, déjemelo a mí.

Voldemort guarda silencio. Albert se atreve a levantar la vista y comprueba que mira a Lestrange y, seguidamente, a Thicknesse.

—No —Su respuesta es taxativa—. En los últimos días he notado que Pius comienza a resistirse a nuestros encantos —Pronuncia esa última palabra con un tono de voz bastante particular. Estremecedor—. Señor Ministro, si no le importa.

Thicknesse no se mueve. Runcorn juraría que está luchando contra sí mismo. Y lo lamenta. Sabe lo que va a pasar a continuación y no quiere que Lestrange se encargue de ello. Y de paso, Voldemort tampoco. Su mejor opción es Pius, que nunca ha sido un mago particularmente talentoso. Sus hechizos no deben ser para tanto.

—Vamos, Pius —Voldemort hace una floritura con la varita. Thicknesse da dos pasos tambaleantes hacia delante—. Haz que Runcorn aprenda la lección.

El Primer Ministro alza la varita. Runcorn lo mira con ojos suplicantes, pero sigue tan inexpresivo como siempre.

Crucio.

Pronuncia la palabra de una forma totalmente desapasionada, pero el dolor que Runcorn siente es igualmente insufrible. No sabe cuánto dura la maldición, pero cuando termina está jadeando en el suelo con los ojos repletos de lágrimas.

—Creo que Albert aún no ha aprendido la lección. Continúa, Pius. Por favor.

Y dicho eso, Voldemort toma asiento. Albert sabe que le espera una noche muy larga y, durante un breve segundo, está a punto de lamentar todas las veces que él ha utilizado esa misma maldición contra otra persona. Después, todo es dolor y gritos desgarradores. Esa noche y para siempre.


Ahora mismo me apetece saber qué ocurrió con Thicknesse después de la guerra. Debió ser muy duro para él saber lo que le habían hecho. En cuanto a Runcorn, no creo que quedara mucho Albert después de ese día.

Besetes.