¡Hello, Minna-san! aun nos disculpamos por no responder a casi nada, pero seguimos teniendo problemas con el internet hasta nuevo aviso TwT

¡Esperamos que les guste!

Declaimer:

Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.

Advertencia: Este capitulo contiene lemon, se recomienda discreción.


Capitulo X

'Arising Problems'

Grecia, Athenas – Santuario, Campo de Geranios.

Agosto, 31 de 1750

El silencio era un poco ensordecedor, inclusive en el campo de flores.

Ione miró sus manos entrelazadas en su regazo ocultando su rostro con su cabello oscuro de modo que su acompañante no pudiera ver su expresión compungida, pero aun en su mente aun reverberaba la súbita noticia que él le había dado hacia poco. No quería pensar mucho en ello porque entonces la ansiedad la consumiría junto con ese dolor mezclado con añoranza y después no podría funcionar como era debido por un tiempo, sin embargo, no importan cuanto se dijera que no debía pensar sobre aquello su mente rebelde no hacia otra cosa más que eso.

"¿Por cuánto tiempo estará lejos?" se aventuró a preguntar con voz decaída sin levantar la mirada de sus manos que ahora jugaban con un geranio morado comenzando a hilarlo en una corona de flores.

"Un mes a lo sumo, si regresamos por medio de la técnica de Another Dimension" Sisyphus suspiró con el ceño algo fruncido recordando la charla con el Pope unos días antes sobre la misión que al parecer no iba a poder esquivar. No era que renegara de sus obligaciones, nunca lo había hecho y nunca lo haría, pero tampoco había estado tanto tiempo separado de la joven mujer frente a él, no desde que se apostillara como su guardián personal y posteriormente pasaran a ser algo mucho más íntimo. "Defteros ira conmigo, y el destino será Egipto"

"Oh… ya veo" fue todo lo que ella dijo, terminando de armar la corona y sustituyendo la de hojas verdes de su cabeza por la más colorida de las dos.

El Sagitariano suspiró quedamente, antes de caminar los pocos pasos que los separaban y agacharse al lado de la chica quien aun así se negaba a encontrar su mirada. Desde que ellos habían intimado por primera y única vez esa noche en su Templo él había descubierto que le era casi imposible abstenerse de tocarla así fuera del modo más inocente posible, pensaba en ella constantemente todos los días y a todas horas, ansiando verla y compartir con la joven, simplemente hablar de su día o incluso permanecer en silencio reconfortante; algo que ya había existido antes pero que de alguna forma se volvió aún más intenso al haber compartido sus cuerpos de aquella forma tan singular.

La conversación que tuvo con Shion de Aries a la mañana siguiente en que ellos completaran su unión carnal había sido… bueno, incomoda era quedarse corto.

El Lemuriano no había estado impresionado, pero tampoco los condenó una vez que se supo que ella aún tenía sus poderes, simplemente luego de escuchar lo que ellos tenían que decir que fue realmente, muy poco, el rubio simplemente les sugirió que hasta que no realizaran una boda adecuada para el rango social que ellos ocupaban era mejor abstenerse de otros encuentros furtivos; luego pasó a comenzar los preparativos adecuados para las próximas nupcias porque aunque como le dijo a él le importaba muy poco que hacían ellos en la privacidad de sus aposentos, el cargo de poder que ostentaban era demasiado importante como para mirar al otro lado pretendiendo que nada paso, debían hacer lo correcto y más sensato, por lo que en unos meses más se unirían como marido y mujer.

La boda sería un gran acontecimiento, pero por los momentos los tres accedieron a mantenerlo en secreto pues la muchacha aun tenia a una fugitiva que la intento matar suelta. Él no tuvo problemas con eso ya que en su mente había decidido que él quería volverla su esposa desde mucho antes de tener relaciones íntimas con la joven de ojos exóticos, y aunque la Oráculo se mostró algo desconcertada luego de haber presenciado la boda de Albafika y Agasha apenas unas semanas atrás, accedió de buena gana pase a que no entendía la necesidad de ello aparte de celebrar la unión con sus seres más cercanos.

Pero no supo que tan difícil iba a ser las órdenes del Patriarca, sino días después.

Él, que nunca había tenido problemas para ignorar sus deseos inconvenientes, ahora se encontraba prácticamente luchando por abstenerse de tocarla, de besarla como realmente quería hacer y de fundirse nuevamente con ella en aquella danza ancestral, no importaba que tan mal estuviera por su parte ansiar eso sin haber incurrido en los lazos del matrimonio simplemente, no podía evitarlo, la deseaba con cada fibra de su ser y no se refería solo a el plano físico, su corazón anhelaba el de ella como el aire para respirar y ahora, tenía que dejar el Santuario en una misión importante dejándola a ella atrás por días, semanas incluso.

No, él no estaba feliz con eso, pero era su deber y el iba a cumplir sin importar cuan poco le gustara.

"Ione" comenzó delicadamente, pero ella lo interrumpió.

"Ya lo sé… sé que no es por elección, es su obligación como Santo de Athena" ella murmuró por lo bajo con un suspiro quedo antes de girarse finalmente a verlo con afecto y un toque de tristeza. "Esto es parte de quien es y lo acepto, solo… voy a extrañarlo mucho, eso es todo" poniéndose de rodillas rodeó la cintura del hombre de cabellos castaño canela ocultando su rostro contra el pecho cubierto por la Cloth de Oro.

"Y yo a ti, glýka" inclinando su cabeza deposito un tierno beso sobre la coronilla de la chica, disfrutando de la calidez que ella desprendía, aunque lamentando no poderla sentir contra su piel debido a la Armadura. Estar lejos de ella iba a ser un calvario. "Regulus se encargará de mantenerse en tu compañía tanto como le sea posible y Aldebaran se ha ofrecido a ser tu escolta si deseas ir al pueblo en mi ausencia" le informó de modo que supiera que no estaría tan sola en su ausencia aparta de la hermana que también estaría sin la compañía de su pareja, pero incluso así no le sentaba del todo bien ya que, aunque tenía plena confianza con su sobrino y compañeros para cuidar de su amada el quería ser quien la protegiera.

Sin embargo, no era un extraño ante los sinsabores de la vida por lo que se resignó.

"¿Cuándo se marcha?" indagó melancólica un poco reconfortada porque él se hiciera cargo de que ella no pasara los días aislada mientras él estaba fuera cumpliendo su deber, aunque realmente no iba a ser así ya que las otras parejas de los Santos Dorados desde que participara en la ceremonia previa a la boda de Agasha, la actual esposa de Albafika de Piscis, hacían un esfuerzo en incluirla en algunas actividades y la verdad era que tanto ella como Kaia se sentían felices, porque era la primera vez en sus vidas que eran incluidas en un círculo de chicas que podían considerarse sus amigas.

"Mañana al alba" fue toda la respuesta que pudo darle, deseando que no tuviera que irse tan pronto pero el deber era el deber.

"Oh" haciendo una mueca ella alzo el rostro lo observó con grandes ojos bicolores llenos de resignación y tristeza. "¿Puedo pasar la noche con usted?"

Sisyphus dudó un poco no solo por las habladurías que eso podría despertar en el Santuario sino porque iba a ser toda una tentación tenerla en su cama y no tocarla como quería, él no quería que la reputación de ella fuera manchada por nadie y las Vestales tendían a chismosear sobre todos y todo lo que pasaba en las Doce Casas pero al ver la expresión tan decaída en el hermoso rostro de la que sostenía su corazón en sus manos, accedió muy a costa de su mejor juicio. Después de todo casi hacia un mes desde que yacieron juntos esa noche de verano en su Templo, y aunque la chica había en dos ocasiones preguntado por qué no podían repetir la experiencia él le había dicho que no era correcto hasta que no estuviera casados y bendecido su unión por los Dioses, y aunque ella no hubiera entendido por completo hubo aceptado la decisión sin rechistar, respetando los deseos de él.

"Yo también voy a extrañarte, agápi mou" musitó contra su frente para después inclinar un poco su cabeza y tomar la dulce boca de la joven en un beso lento y con sentimientos, disfrutando de la cercanía tanto como le fuera posible pues pasaría semanas sin verla o sentirla hasta que pudiera completar la misión y volver a la calidez de su amada.

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Un mes.

Había pasado un mes entero desde que se despidieran el primero de Septiembre al alba y aun el corazón de la Oráculo anhelaba al Caballero de Oro. Su hermana había estado con ella al principio de la espera, ambas anhelando a sus hombres amado, pero a última instancia la Pitonisa inquieta tuvo que marcharse al bosque, porque la ansiedad que le transmitía su parte del Direwolf ante la ausencia del Geminiano ya le era casi imposible de soportar… y aunque sus días desde entonces fueron llenados con visitas interesantes y amenas cortesía del Santo de Leo y su siempre fiel acompañante, Connor Lugh, además de las otras chicas e incluso se atrevió a ir al pueblo aunque solo fue una vez en compañía del Gran Toro y la actual Vestal Madre, Nerys quien tenía que hacer unos pedidos para la lavandería ya que aparentemente, sus subordinadas en un error desperdiciaron un valioso jabón con el cual lavaban las sabanas de todo el Santuario.

Las palabrotas que la mujer pelirroja murmuraba para sí misma, fueron creativas y bastante educativas en el tiempo que duraron en llegar a su destino.

Ahora cerca a la fecha que se suponía el Sagitariano debía regresar a Grecia ella se encontraba ansiosa esperando impacientemente en sus aposentos, deseaba desesperadamente verlo nuevamente, poder sentirse envuelta en los fuertes brazos y tener su boca firmemente sobre la suya haciéndola olvidarse de todo menos de él. Con un suspiro se propuso continuar con su lectura, pero sino bien hubo pasado pagina el sonido de las puertas al abrirse estrepitosamente la distrajeron, pero al alzar la mirada curiosa por ver quien la visitaba de semejante forma se sorprendió al ver una Cloth de Oro seguida de un borrón azulado que parecía más un huracán de energía se detuvo frente a ella.

"A ver… tú eres la Oráculo, ¿no? ¿O eres la gemela a la que le brota colmillos y pelo?" el alto hombre de largos cabellos azules y ojos azul rojizo preguntó, pero no dejó ni que ella abriera la boca antes de continuar. "La verdad es que no puedo diferenciarlas así que tendrás que decirme con cuál de las dos estoy tratando"

Ione parpadeó, quedándose en silencio por la sorpresa y confusión, pero al ver que el parecía algo agitado respondió lentamente, reluctantemente, pase a que no le temía él era uno de los Caballeros a los cuales evitaba un poco viendo que tendía a gastarle bromas a todos a su paso y que, además, tenía una personalidad abrasiva que la intimidaba un poco.

"Yo soy la Oráculo"

"Ah, excelente, eso me ahorra tiempo" asintiendo con satisfacción, Kardia puso sus manos sobre las caderas y prosiguió impertérrito de la joven frente a él. "Ahora necesito saber si el que sigue será igual de impertinente que el actual, porque te digo que, si es así, será mejor irme preparando para algo peor que la Guerra Santa"

"¿Eh?" frunciendo el ceño ella trató de darle sentido a lo que el Guerrero Ateniense le estaba diciendo sin mucho éxito. Estaba más que perdida.

"¿El siguiente, será igual de insufrible que el actual?" volvió a preguntar resoplando irritado por tener que repetirse, pero tratando de ser paciente, pero es que la discusión que había tenido con su mujer hacia poco tiempo lo tenía algo trastocado en todos los sentidos y simplemente, no podía quedarse con esa interrogante.

Razón por la que había ido allí en busca de respuestas.

"Me… me temo que no sé a qué se refiere, Escorpio-sama" finalmente se las arregló para contestar dejando el libro a un lado con lentitud, como si el más mínimo movimiento brusco pudiera atraer la atención de ese huracán de persona.

"Oh, vamos no es tan difícil de entender, mujer" suspirando irritado se agachó poniendo sus antebrazos sobre sus muslos y frunció el ceño mirándola fijamente. "¿El siguiente vástago será igual a Kirios? ¿O aún hay esperanza? Porque me está volviendo loco"

Al instante una imagen de un niño de cabellos negros y ojos verdes aparición en su mente y finalmente pareció comprender a que se refería el hombre y para que había ido a verla, desafortunadamente no podía responder a su pregunta y así se lo hizo saber.

"Me temo que mis poderes no funcionan a voluntad, por lo que no puedo aliviar sus dudas" entrelazando sus manos en su regazo espero a ver cuál sería la reacción de ese impredecible Caballero Dorado.

"¿Qué? ¿Me estas jodiendo?" exclamó resoplando al ver que su expedición fue inútil, pero al pensar en regresar a sus dominios con las miradas amenazantes de la Mexicana su humor se agrio aún más, por lo que decidió que no pondría un pie en su Casa hasta que los aires se calmaran un poco y él pudiera intentar convencerla de quedarse sin sentir ganas de tirarse trastos a la cabeza. "Bueno, maldición… qué más da" levantándose de su posición agachada meso sus cabellos con la intención de irse a su taberna favorita a beber algo para aplacar la tensión de sus músculos cuando súbitamente una idea pasó por su mente y volvió a ver a la chica con expresión pensativa que rápidamente se transformó en una sonrisa impía.

Ella al instante pensó que eso no auguraba nada bueno para ella.

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Sisyphus dejó escapar un aliento cuando finalmente la reunión con el Pope finalizó, acababan de llegar de su exhaustiva misión a Egipto y como siempre fueron directo a la Sala Papal para dar su informe que les tomó alrededor de medio hora dar, ya que tuvieron que explicar sus hallazgos sobre la pista que los hubo llevado a tomar la decisión de ir a investigar en primer lugar y cual terminó siendo la desenlace. Para cuando por fin fueron despachados lo que más quería hacer era ver a la mujer que amaba, pero aun tenia que ultimar unos detalles en su Templo por lo que despidiéndose de Defteros bajó hasta sus dominios; no le tomó mucho tiempo, y sin siquiera cambiarse de las ropas de viaje subió a los aposentos de la Oráculo, contento de por fin volver a verla, pero sino bien hubo abierto las puertas supo que la joven no se encontraba presente.

Por un segundo su corazón se detuvo, y por su mente pasaron mil y una posibilidades, todas malas hasta que tomando aire calmo el pánico que comenzaba a llenarlo y se afianzó de la sentido común, diciéndose que ella muy bien podía estar en alguno de las otras Casas Zodiacales aunque no la hubiera visto cuando subía o incluso en Rodorio, pero tenía un presentimiento que no lo dejaba tranquilo por lo que dándose la vuelta fue bajando las escaleras con toda la intención de encontrar a la muchacha, sin embargo, fue detenido inesperadamente en el Onceavo Templo cuando apenas hubo ingresado, ya que sintió como el aire del lugar bajaba abruptamente de temperatura ocasionando que su respiración se hiciera visible.

Alguien había hecho enojar al Acuariano.

"¿Qué hizo que?" la voz fría de Degel se escuchó reverberar por la gran sala en la que el Sagitariano acababa de ingresar.

"Pues…" Fluorite se interrumpió al notar la presencia del otro hombre e inmediatamente hizo una reverencia, mirando algo nerviosa de uno al otro. Ella sabía que su esposo nunca la lastimaría sin importar cuando molesto estuviera, no eso no le preocupaba en lo más mínimo, lo que la tenía más que inquieta era la reacción que tendría el Guardian del Noveno Templo cuando se enterara de lo que había pasado.

"¿Degel, hay algo mal?" preguntó ligeramente alarmado por la forma de comportarse de su compañero, quien por lo general era calmo y rara vez se alteraba, a menos que su esposa fuera amenazada de alguna forma se podía verlo perder la compostura.

El francés observó a su amigo con una expresión cuidadosamente en blanco, internamente debatiéndose en como plantearla la cuestión al hombre frente a él ya que sabía que estaba de alguna forma involucrado con la mujer de la que hasta hacia un segundo él pensaba estaban aun en el Santuario.

"B-bueno, al parecer Kardia-san ha sido… er… algo imprudente" la rubia sonrió nerviosa acercándose inconscientemente a su esposo quien inmediatamente la tomó de la cintura en gesto protector y afectivo.

"Kardia siempre es imprudente" fue todo lo que dijo Sisyphus extrañado por que eso no debía de sorprender a nadie, especialmente al Santo más inteligente del Santuario viendo que este era el mejor amigo de uno de los hombres más problemáticos del lugar y por ende trataba con las sandeces del Escorpiano a diario.

"No, esto no es ser imprudente, esto raya en la estupidez imperial" Degel pinchó el puente de su nariz irritado, pero finalmente suspiró. "Te lo voy a decir porque eventualmente te enteraras, pero al parecer Kardia decidió que sería una estupenda idea llevarse a la Oráculo a Rodorio sin decirle a nadie"

"Oh, eso no es tan malo supongo comparado con otras de sus fechorías" frunciendo el ceño empujó la preocupación a un lado diciéndose que, aunque no le agradara demasiado la situación al menos sabía que el Escorpiano podía proteger a la muchacha, pero esos pensamientos se detuvieron cuando vio la expresión molesta de su amigo tensarse aún más si fuera posible. Entornando los ojos, indagó un poco más teniendo el presentimiento de que no iba a gustarle nada la respuesta, no si se guiaba de la actitud del otro. "Hay algo más… ¿Qué es?"

"Eso en sí mismo no sería tan horrible… si no fuera porque Fluorite me acaba de decir que los vio yendo directo hacia una taberna" las palabras aún no habían acabado de dejar sus labios cuando el otro hombre estaba saliendo a grandes zancadas de la Onceava Casa llevando consigo semejante ola de poder que hizo vibrar las paredes a su paso. Si se guiaba por la expresión atronadora del otro su mejor amigo estaba por haber deseado no haber nacido.

"Oh… esto no va a terminar bien para Kardia-san" murmuró la joven rubia mordisqueando su labio inferior aun con la vista clavada por donde el Caballero de Oro se había ido.

"No, probablemente no, pero ese no es mi problema el solo se lo busco" Degel negó con la cabeza, antes de girarse a su amada y besarla suavemente para despejar de su expresión la preocupación. "No te angusties, mon coeur, estoy seguro de que Sisyphus se encargará de todo, Kardia estará bien" al verla sonreír y relajarse, él la volvió a besar antes de verla marcharse hacia la biblioteca, y cuando estuvo fuera de audición agregó para sí mismo. "…quizás"

Porque con lo molesto que lucía el otro, no le cabía duda de que alguien iba a lamentarlo.

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Ione observó con los ojos abiertos de par en par el lugar al cual la habían traído.

Cuando el Santo de Escorpio se presentó en su templo esa tarde nunca se esperó que ella terminaría siendo básicamente raptada y llevada no solo al pueblo de Rodorio, sino más bien a un sitio como aquel. El lugar estaba atestado de gente, en su mayoría hombres hablando, riendo y bebiendo alcohol en distintos estados de embriaguez, el olor del lugar era… repugnante sería un calificativo adecuado, si ella se hubiera molestado en respirar normalmente pero viendo que el hedor a alcohol barato y sudor estaba haciendo que su estómago protestara fuertemente se limitó a cubrir un poco su nariz con una de las largas mangas de su vestido blanco y a tomar pequeñas bocanadas de aire atravesó de la boca minimizando un poco las náuseas.

El nivel de ruido era casi tan abrumador como la pestilencia.

"¿Segura que no quieres un trago?" inquirió Kardia al verla mirar todo con sorpresa y algo de inseguridad. Ya llevaban alrededor de quince minutos en el Dragon Esmeralda, la taberna predilecta a la que los Dorados siempre iban cuando querían destensarse un rato, desafortunadamente Manigoldo quien era su fiel compañero de copas, no pudo asistir porque hacia algunos días partió con su familia hacia Italia para solventar algunos asuntos referentes al negocio de su mujer, dejando Cáncer temporalmente vacío.

"No, es… estoy bien" ella negó rápidamente, pero al instante se detuvo ya que el movimiento la mareo un poco por lo que se quedó sentada tan quieta como pudo, esperando el momento en que ellos regresarían al Santuario.

"Como quieras" encogiéndose de hombros tomó un trago de su tarro de cerveza, paseando su mirada azul rojizo por el lugar, mientras intentaba olvidarse de la pelea que tuvo con Calvera hacia poco. "Eh, tu, imbécil, ni se te ocurra tocarle un pelo a la señorita o te encontraras sin un riñón menos del que alardear" comento súbitamente lanzándole una mirada burlona pero amenazante al hombre corpulento que había estado echándole el ojo a la Oráculo desde que entrara y que en ese momento había estirado su mano para tocarla.

Los que se encontraba cerca del borracho estallaron en carcajadas, haciéndolo enrojecer.

"¿Acaso es tu mujer?" demandó levantándose del taburete con torpeza, no estaba tan ebrio como para no notar el inusual atractivo de la chica sentada en la mesa de al lado, no se veían muchachas tan peculiares todos los días, con esa voz suave y modales recatados. Todas con las que había estado eran iguales las unas a las otras, pero esa era algo más y él quería un pedazo de ella. "¿Cuánto quieres por unas horas con la moza?"

"No está a la venta, y será mejor que dejes de molestarnos o me olvidare de ser un caballero y te daré una tunda para recordar" bostezando aburrido tomó otro trago de su bebida, pero nunca dejó de observar al tipo de reojo, quien aparentemente tenía amigos que lo apoyaban si contaban con las hienas que acababan de parar detrás del idiota.

Ione mordió su labio inferior, inquieta y repugnada por lo que estaba comenzando a percibir de ese hombre tan desagradable, puede que ella no entendiera un montón de cosas del mundo fuera de Delfos pero había captado rápidamente que ese humano quería comprarla aunque no entendía para qué, pero no quería realmente averiguarlo.

"Oh, vamos, seguro sacas buen dinero por una inusual belleza y aunque es algo delgada para mi gusto te aseguro que pagare más que suficiente para que comas bien por unos días" sintiéndose respaldado por sus compañeros y viendo que el joven era solo uno, su confidencia se disparó por los cielos así que creyendo que ya había zanjado el asunto, se estiró hasta tocar un largo mecho oscuro que se sintió como la seda misma.

Al minuto siguiente un puño se estrellaba contra la cara del tipo tirándolo contra la mesa de atrás y mandando a volar la bandeja con bebidas que un mesero estaba llevando al pasar justo por el lado de ellos.

Se hizo el silencio en el bar.

"Te dije que no la tocaras imbécil, ¿no entendiste? ¿O prefieres que te lo diga con los puños?" reclamó cerniéndose sobre el hombre que intentaba a duras penas contener el sangrado nasal y era ayudado por sus amigotes a pararse. Se había contenido de usar su fuerza real ya que muy bien podía haberlo matado, y entonces Shion descendería como una furia sobre su cabeza. "Ella está prohibida para todos ustedes, ¿entendieron sabandijas?"

"Exactamente" una voz profunda y lacónica dijo desde la puerta.

Todo el mundo se removió nerviosos cuando notaron al alto hombre parado en la entrada de la taberna, sus ojos azul índigo destellaban peligrosos y su rostro parecía tallado en piedra, no movía ni un musculo, pero cada persona dentro del local podía sentir como las paredes ondular con poder que tenían la sensación pertenecía a ese desconocido. Y en el lugar donde se podía oír un alfiler caer, el suave jadeo femenino reverberó rápidamente y la muchacha vestida completamente de blanco dejó su asiento dando un par de pasos hacia él, pero se detuvo insegura mirando en rededor a la muchedumbre temerosa de ser tocada por alguien más.

"Ione" al ver aquellos ojos exóticos centrarse en él, elevó su mano hacia ella, y solo dijo una palabra. "Ven"

Al instante corrió hacia él sin mirar a nadie más hasta que finalmente estuvo a su lado enterrando su rostro en el pecho del hombre de cortos cabellos canela, todos los que presenciaron la escena se dieron cuenta al instante de que el desconocido se suavizaba considerablemente, mirando a la joven con afecto y posesividad que rápidamente desapareció cuando observó a los demás, su vista volvía a ser desprovista de emociones, una piedra en blanco que de alguna forma resultaba extremadamente amenazante.

"Taki, cualquier cosa que se haya roto cárgaselas a Kardia" le habló al dueño que se movía nerviosamente en las cercanías mientras el rodeaba con un brazo la cintura de la chica dispuesto a irse del bar, pero al ver que su amigo iba a protestar, lo cortó de raíz en un tono peligroso. "Contigo arreglare cuentas después" y sin más se dio la vuelta llevándose a la mujer con él.

Sisyphus sentía un musculo latir en su mandíbula, increíblemente enojado con su compañero de batalla por haber puesto en peligro a su mujer, sabiendo que aún había una fugitiva potencialmente peligrosa que había intentado asesinar a la Oráculo bajo sus narices y, no obstante, la había llevado a un antro atestado de borrachos que eventualmente intentarían acercarse a la chica más de lo debido. Y había pasado, maldita sea, alguien trató de tocarla contra su voluntad y lo único que salvo al miserable de que el posiblemente lo matara fue que Kardia llegó a él antes, porque en el humor en que estaba no sabía si se hubiera podido contener.

Sus oscuros pensamientos fueron interrumpidos cuando la sintió revolverse en sus brazos, parpadeando giro su rostro de modo que pudiera verla mejor y la descubrió increíblemente pálida con la piel perlada de sudor. Al instante se alarmó.

"¿Ione? ¿Te encuentras mal?" preguntó deteniéndose un poco más allá de la salida de Rodorio ya en camino hacia el Santuario.

Ella no respondió simplemente hecho a correr hacia los arbustos más cercanos donde cayo sentada y simplemente vomito todo lo que su estómago había ingerido, hasta que ya no había nada más que vomitar. Luego se encontró débil y algo mareada, vagamente consciente de que era sostenida por unos brazos fuertes y su cabello estaba apartado de su rostro, sudaba frio y solo quería que su malestar pasara.

"¿Comiste o tomaste algo dentro de la taberna?" inquirió tensamente, abrazando su tembloroso cuerpo contra el suyo más grande la preocupación llenaba todo su ser, preguntándose si algo más estaba en juego o si simplemente algo que ingirió no le había sentado bien. Levantándola la llevó al arroyo cercano de modo que ella pudiera enjuagarse la boca y el rostro, afortunadamente recuperando el color un poco.

"No… no comí ni bebí nada allí" negó débilmente y con lentitud cuando su cabeza dejó de dar vueltas, pero al instante un olor rancio llegó a su nariz y eso la hizo tener arcadas nuevamente, cuando inspeccionó sus ropas se dio cuenta de que parte de su vestido estaba húmedo del brebaje alcohólico derramado en al público. Haciendo una mueca inmediatamente tomó el borde de la tela y se la sacó por la cabeza lanzándola lejos mientras se internaba en el rio de modo que lavaba el hedor de su cuerpo y cabellos.

Suspirando, Sisyphus se quitó el sobretodo negro cuando la vio salir desnuda del arroyo mojada de la cabeza a los pies y la envolvió en este, cubriendo su menudo cuerpo de los elementos sabiendo que ella no iba a ponerse nuevamente su túnica blanca y luego la abrazó, intentando que su pulso volviera a la normalidad luego de la inquietud de verla enfermar súbitamente, ni siquiera tomó en cuenta el verla sin ropas en ese momento, demasiado preocupado con un potencial problema de salud.

"Me alegro que este de vuelta… lo extrañe" musitó contra su pecho, enterrando la nariz en la camisa de lino blanca aspirando su único aroma y la calidez que él desprendía, sintiéndose en paz por primera vez en lo que iba de mes.

"Y yo a ti, glýka" murmuró acariciando los húmedos mechones oscuros, antes de agacharse y tomar el vestido hecho una bola de tela y alzar a la joven mujer en brazos dándose la vuelta para emprender el camino nuevamente hacia el Santuario, no pensaba dejarla fuera de su vista en los próximos días, no al menos hasta que sus nervios se calmaran.

"¿Puedo quedarme esta noche con usted?" inquirió suavemente contenta de ser sostenida por el hombre al que amaba con todo su ser. De tenerlo una vez más a su lado.

"No lo tendría de otra manera" aseguró apretando su menudo cuerpo más hacia si, por el momento le importaba una mierda que pensara la gente de ellos. No la quería fuera de su vista.

Ninguno de los compañeros que se cruzaron en su camino comento nada, pero a esas horas lo más seguro era que la mayoría de ellos supiera que había pasado, o por lo menos tenían una idea de esto por lo que no los interrumpieron. No la llevó a los aposentos de ella, no, él la necesitaba a su lado, por lo que en lo que entró en sus dominios se dirigió al cuarto de baño privado con la intención de que ella se bañara para eliminar por completo cualquier rescoldo de la taberna y luego la llevaría a la cama, pues, aunque estaba mejor aún se veía algo descompuesta.

Yendo a la cocina consiguió algunos alimentos ligeros que se llevó a sus habitaciones, donde encontró a la joven sentada contra las almohadas y en una de sus túnicas que casi parecían un vestido muy corto en ella, la expresión amorosa en su rostro lo calentó de una forma que ningún fuego podía recrear y dejando la bandeja a un lado en la mesita de noche, se inclinó y tomó su boca en un beso intenso, lento y profundo que les quito el aliento. Los delgados brazos de ella lo rodearon entregándose enteramente a él, a lo que sentía cuando estaba con ese hombre y como solo con él encontraba la paz interior y todo desaparecía salvo ellos dos.

"No quiero que otro hombre me toque" susurró con voz queda cuando finalmente sus labios se separaron y pudieron respirar nuevamente. "Solo usted… nadie más"

"Ningún otro te pondrá la mano encima, Ione, eso te lo prometo" le dijo con firmeza, sintiendo esa parte peligrosa de su carácter removerse bajo su piel y una vez más tuvo que aplastar su disgusto contra su amigo por poner a la mujer que amaba en una situación menos que ideal, exponiéndola a la bajeza del mundo humano como si ella no hubiera tenido suficiente de eso desde su llegada al Santuario. "¿Estás segura de que te encuentras bien?"

"Si, solo… el olor de ese lugar era nauseabundo" estremeciéndose delicadamente, intentó apartar su mente de ese lugar y lo sucedido de modo que pudiera disfrutar de estar con él una vez más, porque nada más importaba para ellos.

Luego de que la coaccionara gentilmente para que comiera, ellos se acomodaron sobre la cama y él le relato lo que vio en su misión, de las interminables dunas de arena del desierto hasta las pirámides y finalmente su visita a El Cairo, donde extendiendo su brazo alcanzó una bolsita de terciopelo que deposito en las manos de la joven, y esta al abrirla notó las diferentes piedras labradas de distintos colores que cuando tocaban la luz destellaba hermosamente.

"¡Son preciosas!" exclamó maravillada con ese inesperado regalo, ensimismada con el brillo de estas bajo las velas.

"Si… lo son" pero él no estaba mirando las piedras preciosas, sino a la muchacha, con todo el amor que sentía en su corazón.

Esa noche, ella durmió en sus brazos, donde pertenecía.

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Sisyphus no era un hombre dado a guardar rencor, por lo general se llevaba bien con todos y siempre tenía una palabra amable para quien se cruzará en su camino, fueran aldeanos, aprendices o Santos de cualquier rango, él respetaba a todos por igual, aunque como todo algunas personas no terminaban de agradarle e incluso entonces era educado. Sin embargo, las semanas siguientes al incidente de la taberna fueron algo tensos entre el Guardian del Noveno Templo y el del Octavo, cada vez que se cruzaban los caminos un brillo frio podía apreciarse en la mirada del Sagitariano, aunque siempre permanecía en silencio y solo le dirigía la palabra cuando la situación lo ameritaba, que era solo para asunto concernientes a las labores del Santuario y siempre en un tono cordialmente distante.

Cabe decir que para la mañana siguiente al hecho todo el Santuario se había enterado de lo sucedido.

Shion tuvo una larga y nada placentera conversación con el Escorpiano sobre su mal pensada acción, y aunque Kardia accedió a que su decisión fue algo estúpida no logró congraciarse con su compañero, quien apenas lo miraba y cuando lo hacía era desprovisto de emociones, como una piedra en blanco. Nadie lo había esperado del afable Santo del Centauro, pero eso les dejó claros no solo al Caballero de Escorpio sino a todas los integrantes de la Orden de Athena que el hombre estaba involucrado con la Oráculo de Delfos en algo más que su protección.

Al final fue gracias al bondadoso corazón de la involucrada chica que ambos hombres hicieron las pases, aunque eso bien tardo mes y medio, muchos respiraron con alivio cuando sucedió.

Ahora dos meses más tarde casi todos habían olvidado rápidamente aquel asunto en vista del ultimo acontecimiento ocurrido que involucro a la Vestal Madre y a Aldebaran de Tauro, aunque nadie se atrevía a hablar sobre ello en voz alta mucho menos en las cercanías del Tauriano, ya que el único insensato que oso comentar despectivamente sobre lo sucedido terminó avergonzado en público y luego despedido del Santuario al instante, aunque hubieron mucho que presenciaron el encuentro decían calladamente que les hubiera gustado ver al Gran Toro darle una azotaina brutal al idiota aprendiz, y los que conocían bien al honorable Caballero aseguraban que había faltado muy poco.

Su furia había sido aterradora.

Desde ese día nadie volvió a cuestionar nunca más el honor de la antigua Vestal Madre. Pero los que creyeron que por fin las cosas se tranquilizarían en el Santuario… se equivocaron.

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Una clara mañana del diez de diciembre un visitante inesperado se presentó en las puertas del Santuario.

La Oráculo quien se encontraba sentada en el pedestal en sus aposentos conversando con su gemela se sorprendió al oír el toque respetuoso en su puerta, ya que las otras mujeres de los Guerreros Athenienses se habían marchado hacia poco más de quince minutos y ellas no esperaban a nadie más, no obstante si no bien dieron la orden para entrar, su rostro se iluminó al ver al hombre de cortos cabellos canela y ojos azul índigo entrar, pero notó rápido que su expresión de peculiar, casi cuidadosa y no supo porque si no hasta que su mirada descansó en la figura encapuchada que lo seguía silenciosamente.

Una figura que cuando retiró la capa que cubría su cara identificó claramente de su tierra natal, las marcas en las mejillas de la mujer mayor la delataban abiertamente tanto como sus ropajes y corona de hojas verdes lo hacían.

"Kalliope" Ione saludó en un tono neutro, escondiendo su sorpresa e inquietud bajo una máscara impecable que había creado a una corta edad para cuando trataba con las otras Pitonisas y en especial, para aquellas que pertenecían al Consejo Regente de Delfos.

Súbitamente a su mente volvió aquel esos sentimientos de aislamiento y soledad que una vez sintió viviendo en Delfos y que solo se acentuó aún más cuando Arkhes se hubo marchado de sus vidas, las miradas de soslayo de las Pitonisas, los murmullos callados cuando creían que ella no podía oírlas y la decepción que se apegaba a algunas cuando esperaban que simplemente soltara una profecía de la nada y ella no cumplía con las expectativas puesta sobre su persona.

No, ella no había olvidado de donde venia, pero al estar en los dominios de la Diosa Athena, por un tiempo hubo dejado de lado su vida anterior demasiado asustada o feliz con el presente como para prestar atención a otra cosa que lo que estuviera frente a ella, sin embargo, ahora en ese momento tenía una persona que le recordaba claramente todo aquello.

"Oráculo-sama" la mujer de mediana edad de cortos cabellos negros y ojos oscuros hizo una reverencia profunda, pegando su frente del suelo por un segundo, antes de saludar a la otra en el cuarto, ignorando directamente al hombre que aún permanecía con ellas. "Pitonisa Madre"

"¿Qué haces aquí, Kalliope?" Kaia no se anduvo por las ramas, nunca lo hacía, pero en especial en ese momento poco le importaba las reglas sociales, su curiosidad por esa inesperada aparición removía su lado más animal, llamando a su instinto de que algo no estaba del todo bien. "Creí que habíamos dejado claro que nadie más debía dejar Delfos en nuestra ausencia a menos que fuera a entregar una profecía"

"Así fue, Pitonisa Madre" la mujer asintió calmadamente, sin imputarse por al aura irritada de la otra joven, permaneciendo sentada a pocos metros de distancia del pedestal.

"Entonces, ¿Por qué te encuentras desobedeciendo las ordenes directas de la Oráculo?" su voz se tornó casi un gruñido animal, ella por lo general se llevaba relativamente bien con todas sus compañeras en su antigua hogar, pero algunas como la Pitonisa frente a ella, la molestaba debido a que era una de las principales que solían cuestionar cada decisión que su hermana menor tomaba, constantemente amonestándola con un toque de superioridad como si solo por ayudar a guiarlas luego de que Arkhes dejara sus tierras le daba derecho a superponer su juicio al de la que por orden divina era su líder.

"¿Es sabio hablar de asuntos privados con un forastero presente?" Kalliope ignoró deliberadamente la pregunta que era su superior en rango, y miró de reojo al hombre presente, quien estaba calladamente parado como un centinela a la derecha de la mujer en el podio.

"Puedo retirarme, si es lo que deseas" Sisyphus quien llevaba un tiempo observando la reunión se guardó sabiamente sus comentarios para sí mismo pues no era su lugar inmiscuirse en asunto de Delfos, dirigió su comentario en voz suave a la muchacha a la cual resguardaba con todo su corazón. Sin embargo, no le gustaba nada como esa desconocida actuaba hacia las gemelas, ni como al minuto de reconocer a la mujer su amada se hubo cerrado en banda ocultando cualquier demostración de emoción, aunque conociéndola ahora como lo hacía podía notar la tensión y desazón sobre sus delicados hombros.

Y no le gustaba ni un poco.

"No es necesario, puede quedarse" por primera vez desde que la visita entrara en sus dominios la joven hablo, voz clara y calmada, aunque con un deje de desafío que iba dirigió hacia la recién llegada. "Kalliope, responde a la pregunta que Kaia te ha hecho" demandó gentilmente, pero sin amedrentarse ante la mirada de censura que esta le dirigió al ver que el Sagitariano era permitido en esa discusión, aunque sus manos pulcramente entrelazadas en su regazo se apretaron en tensión.

"Como usted desee, Oráculo-sama" hubo un matiz agrio por un segundo en la voz de la mujer mayor que rápidamente ocultó, antes de iniciar el motivo de su visita. "He venido porque es momento de que ambas regresen a Delfos, después de todo la misión encomendad por la Diosa Athena fue cumplida adecuadamente cuando los Guerreros de ella volvieron a la vida… no hay motivo alguno para que permanezcan aquí por más tiempo"

Hubo un silencio profundo después de escucharla.

"Nuestra misión aún no ha concluido, Kalliope y eso lo dejamos claro cuando nos fuimos de la Villa de Delfos" la voz baja de Kaia era apretada, sus parpados entornados advertían de que su paciencia para con la otra estaba corriendo corta, como siempre pasaba cada vez que la descarada mujer intentaba sobreponer su voluntad sobre las decisiones de su gemela. "Aún hay cosas que hacer aquí, y lo sabes…"

"La Oráculo debe regresar a Delfos" fue la firme declaración de la mujer de cabellos negros, su vista fija en la nombrada ignorando deliberadamente una vez más a la que era su superiora.

"¿Por qué es tan imperioso que regresemos?" inquirió Ione, sintiendo el cansancio que acompañaba con lidiar con esa mujer en particular asentarse sobre su persona, solo quería arrastrarse a los brazos del hombre que amaba y dormir por días. Llevaba semanas sintiéndose algo cansada y soñolienta, pero su apetito no había sufrido nada, de hecho, comía un poco más que antes y su salud estaba bien, por lo que no entendía del todo esa urgencia de dormir tanto.

"La Oráculo no pertenece aquí, su lugar está en la Villa de Delfos" su mirada oscura se paseó algo desdeñosa por el lugar, dejando ver que no consideraba esa estancia digna de ella. "Tiene que volver a sus deberes" ahora la censura fue alta y clara, arrancando un gruñido de la garganta de la gemela mayor que reverbero en la silenciosa habitación como una clara advertencia de que recordara su lugar, pero ella no sé inmutó.

"No dejare el Santuario cuando aún tengo algo que hacer aquí, Kalliope, así que has hecho el viaje en vano, mi misión aún no ha acabado y este tema está zanjado" declaró tranquilamente la Oráculo clavando sus uñas en sus palmas para mantener la compostura y no agravar más el humor de su hermana que estaba casi paseándose por sus dominios en un andar peligroso, sus ojos brillaban con el poder de la bestia ancestral queriendo salir.

"¿Esa es su palabra final respecto a esto?" al ver que la muchacha asentía, ella apretó los labios en una fina línea y sus ojos se entrecerraron. "Entonces, ¿nos condenara a la ruina? ¿Dejara que todas las integrantes en la Villa y todo por lo que hemos trabajado sea destruido?" preguntó con fuerza, alzando la barbilla en desafío.

"¿De que estás hablando?" preguntó la muchacha genuinamente desconcertada, sintiendo la confusión claramente en sus dos acompañantes ante esas palabras tan tajantes.

"Sus decisiones y acciones están destinadas a destruir todo lo que las Pitonisas hemos trabajado por preservar durante generaciones, siglos incluso" al ver que tenía la atención completa de los presentes, ella miró directamente a la joven y con voz suave pero tersa dijo. "Especialmente, con ese bebe creciendo dentro de usted"

Se hizo un absoluto silencio en la sala.

Ione no se atrevió ni a parpadear, su respiración atascada en su garganta mientras las palabras dichas meros momentos atrás reverberaban una y otra vez en su mente mareándola un poco, por un segundo pensó que de verdad se desmayaría, pero cuando comprendió el significado giró rápidamente su rostro hacia el Santo Dorado parado a su derecha encontrando al instante su mirada azul índigo clavada en ella, con el mismo espectro de emociones corriendo por el que igualaban las de ella. Shock, incredulidad, incertidumbre y finalmente, conocimiento. Ambos recordaron vívidamente la noche en que yacieron como hombre y mujer en el Templo de Sagitario, la intimidad compartida llena de deseo y pasión, y el entendimiento que se abrió paso en el de que esta había dado pie a algo más que solo una unión llena de amor.

Sisyphus había estado demasiado distraído al principio con su deseo de darle placer y con yacer con ella como para acordarse de tomar precauciones, algo que nunca antes le había sucedido, ya que siempre era cuidadoso al intimar porque él no quería traer a ningún hijo suyo con el estigma de bastardo atado a él o ella y después del acto su única preocupación había sido que ella hubiera perdido sus poderes debido a lo que hicieron y en hacer lo correcto para preservar el honor de su amada; ahora se preguntaba cómo se le podía haber pasado aquello por alto especialmente porque algunos síntomas peculiar se hicieron presente los últimos meses.

Iban a tener un bebe.

Y aunque el pensamiento era algo aterrador, y ciertamente causaría un revuelo en el Santuario por más de una razón, ninguno de los dos podía negar que el pensamiento de una vida creada con amor era una bendición, que un pequeño ser que compartiría una parte de ellos vendría al mundo en unos pocos meses. La felicidad y el júbilo llenó cada parte de ellos al pensar es ese diminuto bebe creciendo en el interior de la joven de ojos exóticos, pero su nube de gozo fue rudamente interrumpida al minuto siguiente por palabras crueles.

"Esa criatura no debe nacer"

Ione dejó escapar un jadeo instintivamente llevando sus manos a su vientre en una actitud protectora y al momento se sintió ser rodeada por los fuertes brazos del alto hombre de cortos cabellos canela quien se cernía como un ángel vengador listo para la guerra desafiando con una mirada acerada y desprovista de cualquier amabilidad a quien estuviera en su paso a atreverse a hacer daño a la madre o al bebe que esta llevaba a resguardo bajo su seno.

"Debe desasirse de esa criatura y regresar a la Villa de Delfos, haremos como si esto nunca hubiera ocurrido, estoy segura que su impureza será pasada por alto dadas las inusuales circunstancias que la rodean" Kalliope dijo continuo como si no viera la palidez adquirida por la chica ni la mirada amenazadora del Caballero de Athana, o siquiera el gruñido casi bestial de la Pitonisa Madre. "Hay hiervas y tónicos que podemos usar para sacar a eso que nunca debió haber existido de su interior, será fácil y yo me encargare de todo, no tendrá que preocuparse, muchas mujeres lo han hecho antes" terminó de informarles con una fría tranquilidad, sin ningún arrepentimiento por lo que acababa de sugerir.

"Lo que sugieres no es más una afronta a la Madre Naturaleza" siseó Kaia en voz baja, apenas conteniéndose para no lanzarse sobre la garganta de la insensata mujer sentada allí como si nada fuera mal, sus pasos la ubicaron prácticamente frente a su hermana y al hombre que esta había elegido como su compañero de vida. Podía sentir sus colmillos alargarse y la necesidad de dejar ir a su lado animal que gritaba por quitar cualquier amenaza hacia su gemela del camino. "Debería darte vergüenza siquiera hablar de cometer semejante atrocidad"

"No es más que una solución a un problema que nunca debió haber existido" refutó la terca Pitonisa sin remordimiento alguno, firme en su posición sin importarle estar posiblemente a punto de terminar literalmente en la boca del lobo. "De nacer esa criatura, dará inicio al fin de la vida en Delfos. No deber vivir, si queremos que la Villa y su gente no sea arruinada"

El sonido de angustia que escapó de los labios de Ione fue audible, su rostro perdió el poco color que le quedaba y se apretó tanto como pudo contra el cuerpo grande y poderoso del Santo de Sagitario buscando refugio, protección de lo que estaban diciéndole que debía hacer, matar no solo a una inocente vida, sino extinguir por completo la de su propio bebe no nacido mucho antes de que tuviera siquiera la oportunidad de respirar, de vivir.

"No… no, esto no es… no es aceptable" ella negó frenéticamente, sus ojos anegados de lágrimas in derramar, sintiéndose vulnerable ante esos ojos oscuros que no parecían tener piedad. "¡No va a matar a mi bebe!" exclamó ahogadamente, volviéndole la espalda por completo a esa mujer sin sentimientos y refugiándose por completo en su protector que cubría su menudo cuerpo casi por completo con esas poderosas alas doradas de la Pitonisa.

"Le ruego que recapacite, Oráculo-sama… después de todo es por el bien de todos" la calma era pasmosa en la voz de la mujer mayor. Desprovista de misericordia.

"Ya escuché suficiente" la voz de Kaia ya no era humana, era más un rugido animal. Su paciencia se había agotado y no pensaba lidiar con ella por más tiempo. "Creo que es hora de que te vayas antes de que decida que arrancarte la garganta no está en mi mejor interés"

"Pitonisa Madre, seguramente se da cuenta de que-" ella comenzó a decir, pero fue rudamente interrumpida.

"Le han dicho que se fuera" la voz de Sisyphus era calmada, demasiado serena para ser un augurio positivo, su buena voluntad hacia esa mujer se evaporó en el mismo momento en que sugirió deshacerse de su bebe como si no fuera más que basura, pero terminó por desaparecer por completo al presenciar semejante crueldad y sentir a la mujer que amaba temblar terriblemente en sus brazos, de saber que ella estaba llorando en silencio, horrorizada ante lo que estaba pasando frente a ellos. "Es mejor para todos si se retira por el momento, de lo contrario no me atrevo a decir que la Pitonisa Madre no llevara a cabo su advertencia" y ciertamente, no sabía si movería un musculo para ayudarla de ser así.

El rostro de la mujer de cabellos negros se endureció y una mirada aireada y desdeñosa lo fulminó, pero él no se movió ni un poco, tampoco no retiró su mirada acerada de la de ella ni un momento haciéndole ver que no sería intimidado ni mucho menos. Pero cuando esta estaba a punto de comentar algo, otra voz irrumpió en los aposentos cortando la tensión por un segundo.

"Esa es una excelente idea, Sisyphus" Shion de Aries apareció en la entrada de la habitación portando todo el atuendo del Patriarca, el casco dorado ocultaba parcialmente su rostro de los presentes, pero sus ojos rojizos eran fríos y desprovisto de cualquier emoción cuando se posaron sobre la ofensiva mujer. Había llegado poco después de empezar la discusión, pero por respeto se mantuvo fuera de esta diciéndose que solo se dejaría ver si sintia que era necesaria su intervención, y desafortunadamente, lo fue. "Déjeme escoltarla a otras habitaciones, estoy seguro de que el viaje ha sido largo y querrá descansar… después, quizás quiera hablar más calmadamente de este asunto, si así la Oráculo y su Guardiana lo desean"

La Pitonisa permaneció en silencio por un tiempo, mirando fijamente a los ocupantes uno a uno, hasta que por fin se dio cuenta de que no iba a lograr nada si seguía discutiendo, por lo que se resignó por el momento.

"No, gracias, su Ilustrísima yo buscare mis propias acomodaciones fuera de aquí" dignamente, Kalliope se levantó con una fluida elegancia alisando su vestido blanco con calma, antes de dirigir su atención a la Oráculo y al hombre que parecía haberle lavado el cerebro además de arruinado su cuerpo inmaculado. "Me marcho, después de todo solo vine a entregar el mensaje que la Madre Naturaleza me encomendó. Oráculo-sama, Pitonisa Madre" con una apenas tensa inclinación hacia ellas, se dio la vuelta y se marchó sin mirar atrás llevándose consigo el ambiente pesado.

Sino bien la mujer hubo dejado el lugar, Ione comenzó a sollozar abiertamente aferrándose al pecho del Sagitariano como si su vida dependiera de ello. Kaia dejó escapar un rugido que retumbo por la habitación queriendo destrozar algo para dejar salir aquella frustración de no poder aliviar la angustia de su hermana, preferiblemente la garganta de aquella insolente Pitonisa pero se contuvo lo suficiente para intercambiar una mirada fugaz con el compañero de su gemela, antes de darse la vuelta y salir con la intención de asegurarse de que esa insensata de verdad dejara la el Santuario y de paso intentar calmar a la bestia que clamaba por salir bajo su piel, algo que solo estar en el bosque y en presencia de su daimonio podía lograr.

Shion asintió hacia su amigo antes de seguir a la gemela mayor, cerrando las puertas en su partida dejándoles privacidad a la pareja mientras él también se aseguraba que no hubiera un derramamiento de sangre en sus dominios, aunque él también se sentía ofendido y horrorizado por las palabras de aquella integrante de Delfos, no podía permitir que esta muriera en sus tierras. No solo sería inconveniente y causaría problemas con la Villa, sino que traería más papeleo con el que quería lidiar.

Mientras, Sisyphus concentró toda su atención en su mujer, quien estaba angustiada y atemorizada por lo que el futuro podría traer.

"No dejaremos que nada malo le pase a nuestro bebe" le aseguró en voz baja pero fuerte, determinado a cumplir esa promesa y proteger a las dos personas más importantes para él. Jamás dejaría que algo o alguien se acercara lo suficiente como para intentar dañarlos.

"No… no puedo hacerlo" Ione gimoteó, alzando su rostro del pecho del alto hombre de alas doradas para poder encontrar sus miradas. La de ella llena de lágrimas, asustada y la de él sólida, un pilar en la tormenta. "No puedo hacerlo, Sisyphus-sama… incluso si esto destruye a la Villa de Delfos… a las Pitonisas… no puedo matar a nuestro bebe" susurró en desesperanza, porque después de todo lo que había hecho por la humanidad, por las mujeres con las cuales creció, después de todo lo que había dado por los demás sin tomar nada para sí misma, finalmente habían pedido algo que no podía, algo que no estaba dispuesta a dar.

Incluso si eso significaba la destrucción de la Villa de Delfos y sus habitantes.

Continuara...


Y pues... creo que hasta los momentos los fanfic con mas drama en toda la saga dorada son las de Sagitario y Geminis xD pero con esto puedo decir que estamos un poco mas cerca de llegar al final de esta historia :'3

Tardamos en actualizar pero siempre trataremos de subir el capitulo sea en el tiempo que sea, espero que les haya gustado este cap y gracias por la paciencia QwQ

Pd: Kardia y sus cosas jajajaja pero por lo menos se revelo una pequeña pista de su familia eh 7u7

¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!

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