Fantasma o la vida aún te puede sorprender aunque estés muerto.

Albus Severus Potter estaba acurrucado en un sillón de la sala común. La primavera había llegado al exterior del castillo, pero en las mazmorras seguía haciendo ese frío que se metía en los huesos y le atraía irremediablemente al sillón junto al fuego.

Había sido un día difícil, por lo que había oído a alumnos mayores de su casa, siempre era así. El día de la victoria. Sabía que en el ministerio habría a esas horas un acto al que todos los años los adultos de su entorno eran invitados y al que su padre siempre se negaba a ir.

Cada año, en esa fecha, veía a su padre con un whisky de fuego, sentado en silencio frente a un retrato colgado en la biblioteca de Grimaud Place. Quizá por eso no le sorprendió demasiado encontrarse de repente con el retratado, en versión blanco fantasmal, sentado en el sillón frente a él.

El gesto del fantasma era, en ese momento, una mezcla de sorpresa y estupor.

— Un Potter en Slytherin —Lo oyó murmurar.

— Buenas noches, Profesor —Le saludó educadamente.

El fantasma levantó la ceja, un gesto que Albus conocía bien porque lo había visto millones de veces en Scorpius, que a su vez lo había copiado de su padre, ahijado de Severus Snape.

— ¿Me conoce, señor Potter? —Su voz suave y baja, tal como la describía su padre.

— Mi padre me ha hablado mucho de usted, señor.

— Imagino que no muy bien —hizo una mueca de disgusto.

— Se equivoca, señor. Mi padre tiene un gran concepto de usted. Me puso su nombre.

El fantasma levantó esta vez las dos cejas, incrédulo.

— Siempre dice que usted salvó realmente al mundo mágico. ¿Por eso está aquí precisamente hoy?

— No sé qué fecha es hoy, mucho menos porqué estoy aquí.

Se hizo un silencio, solo roto por el sonido del crepitar del fuego.

— Supongo que le habrán dicho muchas veces que es usted idéntico a su padre. Y que tiene…

— Los ojos de mi abuela Lily. Lo sé, y el pelo del abuelo James. Todo menos las gafas —dijo Albus con tono desapasionado y un gesto de hastío.

— ¿Le molesta que le comparen con su padre?

— Como a él le molestaba que usted le comparara con el abuelo. No soy mi padre.

Severus esbozó una sonrisa, apreciando el aplomo Sly del niño.

— ¿Eran muy cercanos el señor Malfoy y usted? tienen muchos gestos parecidos.

El fantasma dejó de mirar al fuego y se giró de nuevo al niño, sorprendido una vez más.

— Era su padrino. ¿De qué conoce usted al señor Malfoy?

El niño esbozó una sonrisa cariñosa.

— Scorpius es mi mejor amigo.

— ¿Es el hijo de Draco? —preguntó el fantasma con tristeza— Imagino que quiso seguir con la costumbre Black de las constelaciones. ¿Se conocieron ustedes aquí en la escuela?

— Nos conocemos de siempre, nuestros padres trabajan juntos.

— ¿Draco es auror? —interrogó descolocado, era lo último que habría imaginado para su ahijado.

— Pocionista, señor. Dice que usted le inculcó el oficio desde pequeñito. Trabajan juntos en San Mungo, mi padre es medimago, pediatra.

— Nunca lo habría imaginado, siempre pensé que su padre sería auror, era…

— ¿Lo que todo el mundo esperaba de él?

— Sí —contestó enfurruñado por la sonrisa sobradora del niño.

— Muchas cosas debieron de cambiar después de la guerra, profesor.

— Ya veo. ¿De verdad te llamas Severus?

El niño abrió el libro que tenía en el regazo por la primera página y le enseñó al incrédulo fantasma el nombre allí escrito. Albus Severus Potter-Weasley.

— Tu padre se casó con Ginebra finalmente —dijo triunfante, por fin algo que cabía esperar.

— No señor, mi padre se casó con Charlie —El niño esbozó una sonrisa triste—. Papá falleció hace dos años, un dragón. Poco después falleció Astoria, la madre de Scorpius.

El fantasma se quedó callado, sin saber qué decir.

— La tía Ginny fue la gestante, si tiene curiosidad. Normalmente a la gente le interesan ese tipo de detalles. Tengo un hermano mayor, James Sirius. ¿Algo más que pueda aclararle acerca de mi familia?

— No, señor Potter - contestó con un intento de amabilidad Snape - siento haber sido insensible.

— No se preocupe, Profesor, entiendo que han pasado 20 años y todo es extraño. ¿Ha sido un fantasma todo este tiempo?

— El tiempo es relativo en el más allá, Albus —respondió pensativo, volviendo a tutearle— ¿Te llaman así?

— Todos menos el señor Malfoy y Scorpius, que me llaman Sev. Aunque en casa suelen llamarme Al. ¿Entonces, hoy de repente, sin más, señor?

Severus se quedó mirando al fuego sin responder. Así que era el veinte aniversario de su fallecimiento. ¿Sería esto una oportunidad para ver a los suyos por última vez? en ese caso, ¿por qué mandarlo a encontrarse con este niño?