Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Desde el momento en el que la pregunta de "¿Tienes alguna fantasía?" se escuchó saliendo de los labios de Ochako, Katsuki supo que aquello no acabaría bien / Historia escrita para la actividad del "NSFW Kacchako Week".
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
Modo de lectura: Todos los capítulos están relacionados pero el modo de leerlo, está preparado de tal forma que los títulos de cada capítulo, indica el verdadero orden de lectura. ¡Rompecabezas!
Advertencia: Contenido NSFW (no safe for work) o contenido sexual explícito. Lean bajo su propia responsabilidad.
Notas: Cada Capítulo está inspirado en una canción en particular, el cual está indicado en el título del mismo / Dangerous woman – Ariana Grande.
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CAPÍTULO 1 – Pensamientos peligrosos.
(Día 8 – Tema libre: Fantasías)
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Todo fue culpa del idiota de Mineta.
Él y sus mangas hentai habían sido el detonante de todo un sinfín de momentos incómodos, situaciones vergonzosas y pensamientos impuros. Sabiendo el contenido de esos cómics eróticos, el muy imbécil los había dejado en el cajón de su pupitre al terminar la clase del día que todo había iniciado.
Fue un lunes, nunca lo olvidaría porque ese día, muy a pesar de sus constantes negativas, debía quedarse después de clases a limpiar el salón ya que los ineptos de los delegados de curso habían realizado un ordenado plan de responsabilidades para cada integrante del 2-A.
Luego de que sus compañeros de clases se habían marchado y tras algunas burlas por parte del cabello de mierda y el pikachu andante, amenazas por aquí y por allá, juntó sus cosas para dirigirse al armario de limpieza. Escuchó unos pasos acercándose hacia él y volviéndose sobre su hombro, reconoció a la que hacía flotar cosas con su cara redonda rozagante y como era costumbre, la mujer le dedicó una sonrisa molestosa.
Uraraka Ochako también fue designada para la limpieza del salón de clases para su mala (o buena) suerte.
Gruñó para pasar de ella con una escoba en su mano e iniciar la tarea lo más pronto que pudiese y así, largarse de una vez por todas. Comenzó a barrer iniciando desde el sector del frente hacia atrás; por su parte, Uraraka Ochako vio la efusividad de su explosivo compañero, sonrió divertida, tomó una cubeta y la fregona con intenciones de marcharse a cargar agua a la lavandería de las instalaciones y disponiendo sus pasos hacia la salida, algo llamó la atención de su avellana mirada.
Unos libros descasaban bajo el cajón que correspondía a uno de los pupitres cercano a donde ella se hallaba camino a la salida. La curiosidad siempre fue su punto débil, por lo que acudió hasta éstos, después de todo, nadie solía olvidarse nada después de clases, quizá era de vital importancia y debían ser devueltos cuanto antes. Ella sólo intentaba ser una buena compañera.
Su hilo de pensamientos fue interrumpido al reconocer que no eran libros, si no mangas y no de cualquier tipo. Su rostro comenzó a tornarse violentamente rojo al leer la portada y ver la sugerente pose de la joven dibujada en la misma.
La fantasía de Venus rezaba en el encabezado del libro erótico y por más vergüenza representada en su rostro, sus dedos ardían por abrirlo. Era la primera vez que veía un manga erótico, solía escuchar a Denki y a Mineta cuchichear entre ellos, leyéndolos pero era la primera vez que lo tenía tan de cerca. Se relamió los labios como si el hambre acudiera a ella, un extraño cosquilleo se acunó en sus entrañas y sus piernas se tensaron.
Abrió el pequeño libro en una página al azar, aproximadamente hacia la mitad del mismo hallando una escena en donde la joven de la portada es puesta sobre sus manos y rodillas, enseñando el trasero al hombre que, ubicado tras ella, iba penetrándola con su erecto y gigantesco pene; la mano del hombre se ubicaba en el cuello de la muchacha y por más incómodo que podría resultar, su rostro parecía disfrutarlo de sobremanera.
Tragó saliva con dificultad y sin pensarlo, se llevó su propia mano a su cuello, imaginando qué se sentiría que te ahorquen mientras te penetran de ese modo tan salvaje.
Un golpe contra su espalda la hizo despertar de inmediato, soltando el cómic erótico, casi lanzándolo por los aires por el susto de ser interrumpida con las manos en la masa por nada más y nada menos que el malhumorado de Bakugo Katsuki; éste no la había visto, estaba de espaldas a ella cuando iba barriendo a la velocidad de un huracán hasta que dio de lleno contra ella.
―¡¿Qué mierda haces parada en medio de mi camino?! ―Vociferó molesto.
Ochako seguía con el sonrojo en todo su rostro, la mano en el cuello y los labios húmedos; él lo notó, como también reconoció un extraño brillo en esos ojos puros que la caracterizaban. Ella comenzó a balbucear incoherencias, sólo pudo comprender algo relacionado al agua y a la cubeta, lo siguiente fue verla corriendo fuera de la clase con la cubeta en mano. Katsuki no supo qué pudo alterarla de tal manera pero al ver tirado sobre el suelo un manga con la portada de una mujer semi desnuda, lo comprendió.
Las mejillas de Bakugo se encendieron ligeramente. No era la primera vez que veía o leía uno, no le disgustaban pero no era lo suyo. Tomó el cómic erótico para abrirlo con curiosidad, aquella curiosidad lo llevó a una de las últimas páginas en donde un hombre adulto yacía sobre la joven protagonista del manga, ésta tenía los muslos abiertos a él, recibiéndolo y mientras la penetraba con fuerza, las manos del sujeto jugaban con los pezones de la mujer, masajeaba su pechos y, a juzgar por la expresión de la mujer, ésta lo disfrutaba mientras se deshacía entre gemidos y súplicas pidiendo que continuara, que lo hiciera más rápido.
Cerró el libro deprisa, no necesitaba perder su tiempo con esa basura erótica. Lo volvió a dejar bajo el pupitre en donde Ochako lo encontró y así, continuar su trabajo.
Sin embargo, seguía pensando en esa escena. Maldijo para sí, no era la primera vez que pensamientos similares se colaban a su mente después de leer algo similar; a diferencia de otros hombres, él no solía masturbarse demasiado, hacía suficiente ejercicio y llegada la noche, estaba exhausto como para siquiera, darse placer a sí mismo.
El asunto del sexo, a sus dieciséis años, no era lo primordial, después de todo tenía otras metas impuestas como para perder el tiempo con mujeres. Nunca había tenido novia, tampoco había tenido relaciones sexuales, no le daba mucha importancia al asunto, no como los idiotas pervertidos de Kaminari, Sero y Mineta que todo el día, no hacían más que hablar de las faldas y pechos de sus compañeras de clase.
Pasó alrededor de diez minutos y Uraraka aún no volvía de traer agua para fregar el piso del aula. Volvió a maldecir, él debía marcharse a entrar, no a esperarla por ser una maldita lenta.
Salió del aula camino hacia el sector de limpieza en donde sabía, debía estar ella cargando el agua en la cubeta de plástico. No había nadie por los alrededores, todos se encontraban en los dormitorios o entrenando, algo que él debería de estar haciendo; bajó los escalones hasta llegar al área de limpieza.
―¡Hey, Cara Redonda, ¿dónde mierda estás?! ―Dijo hablando a un cuarto que parecía vacío, salvo por los lavabos, armarios y cajas apiladas hacia el fondo del mismo―. ¡Si no apareces, te juro que te haré limpiar la clase sola!
―Bakugo-kun ―escuchó la voz de su compañera hacia los armarios y avanzó hacia el interior del área de limpieza―. ¡Espera, espera! ¡No estoy vestida!
Los pasos del rubio se detuvieron abruptamente al escuchar la voz de su compañera indicándole su situación. Una gran incógnita se formó en él.
―¿Y qué carajos haces desnuda? ―Preguntó.
―¡No estoy desnuda! ―Vociferó molesta. Bakugo reconoció que en los lavabos se encontraba la cubeta de plástico que había traído con ella como también, la camisa de la joven descansaba sobre la mesada seca en un intento inútil por secarlo ya que estaba empapada―. Tuve un accidente al cargar el agua, mojé mi camisa y esperaba que se secara para regresar a la clase.
Bakugo suspiró molesto y tomó la camisa de su compañera para buscar con la vista algún perchero o algo en donde colgarlo.
―Si lo dejas así, no se secará nunca, tonta ―respondió avanzando hacia los armarios.
Entonces, vio a Ochako detrás de éste, portando sólo la falda de su uniforme, su brassier blanco con detalles en rosa y su rostro sonrojado hasta que lo vio frente a ella y ambos no pudieron evitar sonrojarse aún más; él apartó la mirada de ella para abrir una de las puertas del armario y encontrar una percha de madera en donde colocó su camisa para ventilarla mejor.
―Gracias, Bakugo-kun ―dijo ella al verlo de espaldas, cuidando que su camisa se secara pronto.
Katsuki no dijo nada, sólo llevó sus dedos hacia los botones de su camisa y desprendiéndolos, se quitó la prenda de su cuerpo ante la atenta y atónita mirada de la castaña. Bakugo arrojó su camisa sobre ella, no la miró siquiera, sencillamente lanzó su prenda a su cabeza dejando al descubierto su torso desnudo.
―Póntelo antes de que pesques un resfriado por descuidada. ―Se alejó de ella permitiéndole privacidad para vestirse con su propia ropa.
Ochako apretó entre sus dedos la camisa de Katsuki sentía su aroma, estaba cálido. Cerró los ojos para sentirlo mejor, era un aroma distinto, como el que desprende la madera quemándose lentamente al fuego; su mejilla acarició la tela, impregnándose en ese extraño pero placentero olor del sudor que Bakugo Katsuki desprendía, a una noche de invierno frente a una fogata ardiendo.
Entonces, fue consciente de que acababa de oler la ropa de su compañero de clases de una manera sumamente comprometedera. ¡¿Qué tenía en la cabeza?!
Se abofeteó mentalmente. ¡Ella nunca había visto a Bakugo de otra forma que no sea su compañero de clases y de pronto, estaba olfateando su ropa! Pero por más que intente negarlo, había algo en su aroma que la hacía cerrar los ojos y aspirarlo profundo, algo nuevo que no estaba acostumbrada a sentir fue surgiendo como la curiosidad momentos antes deslizándose en sus dedos hasta saciarlo.
No perdió más tiempo en pensamientos peligrosos, colocó la camisa sobre sus hombros e introdujo en las mangas sus brazos comprobando la diferencia de tamaño entre ella y el explosivo joven que se encontraba dándole la espalda, aguardando porque ella terminara de vestirse. Alisó la tela con sus dedos y recorrió la costura de los botones con la punta de éstos abotonándolos; a pesar de que el tamaño de la prenda superaba su cuerpo, el botón ubicado contra sus pechos parecía tener mayor presión que el resto, se sonrojó para sí. Desde hacía un semestre se había percatado que su cuerpo había crecido un poco más avergonzándola, no era tonta, podía ver cómo los ojos de algunos chicos recorrían sus curvas cuando caminaba, centrándose en sus grandes muslos, sus pechos más notorios, sus caderas anchas… Había veces que se observaba en el espejo de cuerpo completo de su habitación hallando una imagen que no siempre era encontrada atractiva hacia sus propios ojos. No cabía duda, había engordado más y eso la hacía replantearse el usar ropa ajustada en más de una ocasión.
Ella caminó hacia Bakugo y éste retornó su rojiza mirada a la suya, claro que los otoñales orbes de Uravity no permanecieron mucho tiempo en los ajenos, no cuando el pecho desnudo de Bakugo Katsuki se encontraba frente a ella. El calor subió por sus mejillas concentrándose molestosamente allí y es que las hormonas hacían lo suyo, su cuerpo reaccionaba al aroma de su compañero y su vista se concentraba en recorrer cada lineamiento, cada sombra proyectada por sus músculos, sus abdominales marcados y la capa de sudor que relucía ante la luz de la tarde colada cuál intrusa a través de la ventana.
No se dio cuenta pero le costó tragar saliva al verlo y su nerviosismo aumentó; hacía calor y ella ya no parecía estar dentro de sus cavales con tantos pensamientos sucios en su mente. Había una alarma que delataba la peligrosidad de su mente jugando con ella, sus sentidos tampoco colaboraban para apagar la naturaleza de su silencio.
¿Por qué sentía tanto magnetismo por la piel de Bakugo? Mentiría si dijera que era el primer chico que veía desnudo y ni siquiera estaba por completo, sólo su torso a la vista pero parecía ser suficiente para hacerla respirar con dificultad.
―¿Qué tanto miras, Cara redonda? ―Inquirió con la brutalidad propia de sus explosiones, arrebatándole de su burbuja personal.
―Lo siento, yo… Gracias ―respondió acomodándose un mechón de cabello tras la oreja en un intento por disimular su nerviosismo―. Puedes marcharte, Bakugo-kun. Me encargaré de la limpieza de la clase por mi cuenta.
―¿Y quieres que me pasee así por los dormitorios? ―Preguntó. Ochako negó deprisa―. El maldito nerd y tú son tal para cual, ambos son torpes.
―¡Hey! ―Respondió Ochako molesta, por un momento, su nerviosismo fue reemplazado para su alivio―. Deku-kun y yo ya no estamos juntos, además. ―La joven se acercó a Bakugo, recostándose contra el lavabo para mayor comodidad aguardando a que su camisa terminara de secarse; ella ya no podía sostener la mirada sobre Katsuki así que el destino de su atención fueron sus mocasines oscuros―. Sólo fuimos novios un semestre, así que…
―No me interesa ―cortó y ella sonrió con pena aún sin poder mirarlo.
Bakugo se cruzó de brazos, recostándose contra el lavabo cerca suyo, quizá demasiado. Una fracción de piel rozó su brazo diciéndole cuán cerca estaban pero ninguno dijo o hizo nada, se limitaron a sostener la corriente de electricidad que tan diminuta fricción causó.
Ochako se sentía tan cálida con la camisa de Katsuki abrazando su cuerpo, sentía su aroma impregnándose en su piel y sus dientes mordieron ligeramente sus labios; por un momento, los recuerdos del manga que halló momentos atrás regresó a su mente, las imágenes empapelaron su interior y el calor regresó deprisa cuando sus ojos acabaron sobre su compañero de pie junto a ella; Katsuki no se percataba de su mirada, estaba bastante cómodo cruzado de brazos, apretando su pecho desnudo y con esa posición, Ochako era consciente de cuán fuertes eran sus brazos, tenía músculos marcados y sus venas se hacían notar bajo su piel con fuerza, además era poseedor de manos grandes y callosas, sus pechos sobresalían un poco, se hacían notar y ella sólo podía seguir la línea de vello rubio bajando por su ombligo hasta perderse al inicio de su ropa interior visible.
Bakugo-kun tiene brazos tan grandes… ¿Cómo se sentirá ser ahorcada por sus manos? ¿Será rubio natural allí abajo? O quizá… Pensamiento traicioneros y peligrosos se colaron en ella con tanta osadía que al instante de reconocerlos, su sonrojó se apoderó de su rostro hasta llegar a la punta de sus orejas. ¡¿En qué estás pensando, pervertida?!
Y mientras ella cuestionaba aquel lado pervertido en su interior, Bakugo la observaba de soslayo, apreciando las tonalidades rojizas que iba adquiriendo su rostro con el transcurrir de segundos, pero eso no parecía ser relevante para él, en absoluto. Su verdadero interés estaba en la idea de verla usando su camisa y la satisfacción que provocaba en él. La mujer era de pequeña estatura así que era asumible que la prenda le quedara gigantesca, a pesar de ello, aún podía notar cómo los pechos de Uraraka ajustaban la tela de la camisa y forzaban ligeramente al botón que los mantenía ocultos a su vista. Carajo, la había visto en ropa interior con ese brassier blanco, el sonrojo en sus mejillas y sus grandes ojos castaños observarle entre pena y curiosidad. Ya no podía regresar de aquella imagen y si era sincero consigo mismo, no quería hacerlo, quería retenerla en su subconsciente por un poco más.
Recordó el manga hentai de hace un momento y el cómo el sujeto de la historia yacía encima de la protagonista, apretando sus senos entre sus dedos al tiempo que la penetraba con fuerza y la hacía gemir desesperadamente. Uraraka tiene pechos grandes, carajo, ¿cómo se sentirá tocarlas? Yo quisiera… Frenó la línea de sus pensamientos allí mismo, antes de que continuaran y ya no pudiese toma responsabilidad de su origen; se abofeteó mentalmente por concebir peligrosidad similar en su juicio. ¡Él nunca fantaseaba con ninguna compañera suya! Carajo, eso sólo era propio de los pervertidos de Mineta, Kaminari y Sero, ¡no de él!
―Bakugo-kun ―volvió a hablar Ochako para su sorpresa―, encontré un manga hentai bajo el pupitre de Mineta.
Lo dijo como alguna confesión, como si estuviese disculpándose por ello. Él también lo vio, no era nada de otro mundo pero para ella, parecía serlo.
―No me extraña viniendo de él ―respondió restándole importancia. Sintió la mirada castaña de la muchacha sobre él.
―Si… ―Comentó distraídamente, acomodándose un mechón de cabello tras su oreja. Él dirigió su mirada a la suya. Ambos se observaron un momento y ella continuó―. ¿Alguna vez has leído algo así? ―Él apartó la mirada a otro punto, negando deprisa―. Oh…
―No pierdo el tiempo con mierdas como esas. ―Fue su respuesta.
De pronto, el ambiente comenzaba a ponerse cada vez más caluroso, él lo sentía, porque de por sí, era de producir mucho sudor pero en esos momentos, parecía que estaba produciendo aún más; su brazo rozó nuevamente el de Ochako, otra corriente los golpeó por igual y podía notar como la muchacha a su lado, se removía en su sitio. Maldito Mineta y su descuido, Bakugo pensaba en destruir ese cómic de mierda cuando regrese a la clase, se lo merece por andar dejando ese tipo de contenido donde cualquier pudiese encontrarlo.
―¿Tienes alguna fantasía, Bakugo-kun? ―La pregunta salió de improviso incluso para la dueña de la misma que, al encontrar la mirada de Bakugo, se sonrojó violentamente.
Katsuki no fue muy distinto, de hecho, la pregunta lo tomó tan por sorpresa que su mirada no pudo si no, ir hacia los senos de Ochako casi en respuesta. Definitivamente, el calor había aumentado y ninguno de los dos estaba contento con eso.
―¿Qué mierda significa eso? ―Preguntó molesto y sonrojado. El calor lo cubría cada vez más él y el rostro de Ochako parecía expresar lo mismo.
―Lo siento, fue una pregunta tonta ―respondió con pena.
―¡Una muy tonta! ―acotó.
―Sí, creo que mi camisa ya se ha secado lo suficiente ―dijo con una sonrisa nerviosa en los labios, se alejó de Bakugo camino a donde se hallaba la percha con su camisa semi húmeda aún, no le interesó, no podía permanecer allí por más tiempo; Ochako comenzó a desprender los botones de la camisa de Katsuki para deslizarlo fuera de sus hombros, enseñándole al muchacho su espalda de tersa piel blanca con algunas cicatrices propias de los combates y las misiones.
Bakugo tuvo un impulso estúpido por acercar sus dedos a la espalda de la joven y deslizar sus yemas por el camino que marcaba su columna, delinear cada cicatriz y volver a empezar, carajo, recorrería esa espalda hasta que su piel se adormezca. Ella le daba la espalda pero de todas formas, ver su figura frente a él, su cabello rozando sus hombros, sus curvas acentuadas en aquella falda con sus medias negras por debajo, comenzaban a atormentarlo. Él nunca se había sentido de ese modo, como si todo en él ardiera, como si creciera en su interior un fuego que parecía apagarse si él…
¿Tienes alguna fantasía? Repitió en su mente, repitió escuchando la dulce e infantil voz de Ochako. Carajo, comenzaba a imaginarse tantas cosas en esos momentos.
―Bakugo-kun, muchas gracias por tu camisa ―habló Ochako. Katsuki despertó de sus sucios pensamientos al tenerla enfrente con la prenda que le correspondía aún ciertamente húmeda, podía notar cómo la tela se pegaba por su piel y permitía observar la tela de su brassier. Ochako le tendió su camisa y él la tomó de prisa para salir de allí, sin mirarla, sin decir nada.
Sólo se marchó mientras iba colocándose la prenda en su cuerpo. Estaba sudando aún más de lo acostumbrado, tenía el calor haciendo mella en su cuerpo y por más que sus pasos se habían vuelto una carrera consigo mismo, la calma no llegaba.
Ochako había despertado algo en él, algo nuevo, algo que no se animaba a admitir. Él quería apretarla contra el armario de la lavandería, arrimar su entrepierna entre sus grandes nalgas; también quería tirarla al suelo y posicionarse encima suyo, apretar sus senos entre sus dedos y ver aquel sonrojo en su rostro cuando la penetrase.
No, definitivamente, él no estaba pensando con claridad.
Y sí, Ochako, él tenía muchas fantasías. Fantasías que iniciaban y terminaban contigo.
Notas finales:
¡Muchas gracias por llegar hasta aquí! De éste modo, inicia la secuencia de capítulos, aquí inició todo para ellos. Espero que ésta colección haya sido de su agrado; desde que la noticia de la actividad nsfw fue anunciada tuve deseos de participar pero no estaba segura de cómo abordarlo hasta que leyendo los temas, me los imaginé explorando sus cuerpos, sus deseos y conociéndose más.
¡De verdad, gracias por darle una oportunidad a ésta historia!
Próximamente, se viene otro proyecto kacchako que espero que vea la luz muy pronto.
¡Un abrazo enorme a todxs!
