Karma
-- ¡¡Quiero un chocolate!! – dijo Mayu seguida del trino* de su pájaro.
Faltaban pocos días para Navidad y en la escuela de Mayu habían hecho varias actividades y manualidades para celebrar la fecha. Hoy era su último día de clases para entrar de lleno a las vacaciones de invierno y había salido a las 11 am de clases. Así que decidimos pasar el resto del día caminando antes de ir a encontrarnos con Nagisa.
Caminamos sin rumbo, tan solo apreciando el paisaje en el Parque Central de Shinjuku* donde la gente se encontraba comiendo y tomando sus almuerzos. Había nieve por todos lados, pintando el pasto de blanco y dejando los árboles completamente escarchados. Yo bebía un café y Mayu se entretenía con un chocolate caliente. Ambos tomados de la mano disfrutando el paisaje invernal haciendo paradas cada cierto tiempo para jugar con la nieve. Y fue en unas de esas paradas – mientras nos aventábamos bolas de nieve – que le pegamos a alguien.
De inmediato nos disculpamos hasta que notamos que era un niño. Uno muy pequeño, casi de la edad de Mayu. Su pelo era negro como el carbón al igual que sus ojos; vestía por completo de negro: un suéter delgado, unos pantalones y guantes. Una vestimenta muy ligera para el frío que hacía. El niño comenzó a llorar escandalosamente, sin embargo ninguna de las personas que estaban por el lugar hacía caso. Estaba solo, eso lo confirmó el; a pesar de preguntarle, en ningún momento nos quiso decir ni su nombre ni donde estaba su familia. Un niño completamente olvidado, concluí.
Compré un chocolate caliente para él y a pesar de que me dijo "Yo no necesito comer" – con un tono de voz realmente escalofriante – se tomó el chocolate con un gusto y velocidad peculiar. Mayu para disculparse por lo ocurrido quiso hacer algo para él con la nieve, así que lo jalo para que jugaran juntos.
Algo... no me gusta pensé. El niño era muy extraño y una sensación de incomodidad se había instalado en mi pecho al instante en que toque ligeramente sus manos al darle la bebida.
-- Hace frío, ¿no? – dijo el niño sentado a mi lado.
Me sobresalte, pues claramente había visto como se había ido con Mayu a jugar entre la nieve.
-- ¿Cómo es que tú...?
-- El chocolate estuvo delicioso. Muchas gracias, Karma Akabane.
La manera en la que pronunció mi nombre y apellido me hizo confirmar mis sospechas, este niño no era alguien normal. De inmediato recordé lo que me había dicho Nagisa "Eres un perfecto alimento para demonios" y si como hubiera leído mis pensamientos me sonrió.
-- No temas, nos soy un demonio Karma. Así que puedes quitar esa cara de susto. Y aunque lo fuera, no podría comerte, eso sería muy gay – se rio de su propio chiste.
-- ¿Dónde está Mayu? – pregunté provocando que dejara de reír.
-- Jugando conmigo por supuesto.
Giré mi mirada y vi a Mayu jugar entre la nieve completamente sola, sin embargo sonreía y platicaba con el viento como si alguien estuviera ahí.
-- Dejándonos de juegos, yo no te podría comer. Tienes una protección muy fuerte a tu alrededor, aunque... como soy yo talvez si la podría romper. Pero no pienso hacerlo, sería descortés y ese no es mi estilo. Yo soy elegante, discreto y muy conocido. Comer humanos haría que me pongan un castigo más fuerte que el que tengo ahora. Y no pienso alargar mi tiempo de castigo, ¡No señor!, ¡Me rehuso!
No entendía nada, ese niño estaba hablando completamente diferente al de un niño de su edad, si bien eran infantiles sus palabras, se podría saber a simple vista que tenían un trasfondo más grande al que aparentaba.
— ¿Quién eres?
— ¡¿Eh?! ¡Que malo! Tu y yo ya nos conocemos desde hace tiempo. ¡Me duele que no me reconozcas! Pero bueno,... — hizo un berrinche para luego levantarse y mirarme con una sonrisa de oreja a oreja — Yo puedo liberarte, Karma.
— ¿Qué?
— ¡¡Yo puedo liberar a todos!! — gritó dando vueltas sobre sí mismo.
Al detenerse me miró con una expresión que calaba los huesos. Al igual que Nagisa su sonrisa era impecable, pero tétrica. Mi primer instinto fue correr, pero mi cuerpo estaba totalmente paralizado. Mis extremidades ya no respondían a mi cerebro y parecían estar bajo una especie de hechizo mortal. El niño con una lentitud tortuosa se sacó los guantes dejando ver su pequeña y blanca mano.
— ¿Quieres? — dijo extendiéndome su mano.
Mi cuerpo se sentía como el de una marioneta. Lentamente quise tomar su mano hasta que alguien me detuvo. Nagisa me sujetaba con fuerza sacándome de la ensoñación. El niño sonrió mucho al verla y se le lanzó, no sin antes ponerse de nuevo los guantes.
— Hola, Koro-sensei.
— Hola Nagisita. ¿Me trajiste lo que me prometiste?
De la carretilla donde llevaba las jaulas de las aves sacó una caja. Al recibirla el niño comenzó a brincar de felicidad y sacó de su interior una enorme rebanada de pastel - que reconocí, puesto que había sido cocinado en mi casa - la cual comenzó a comer rápidamente.
— Nurufufufu, ¡Las tartas de Nagisa son lo mejor! — dijo mientras comía grandes bocados.
Nagisa suspiró pesadamente llevando una de sus manos a su frente mientras negaba continuamente.
— Lo siento Akabane, estoy segura que te dijo cosas raras.
— Y-yo.
— ¡¡Qué cruel eres Nagisa!! ¡¡Yo que siempre procuro visitarte aunque esté ocupado!!
— Usted solo viene cuando hay dulces de por medio.
La situación parecía una comedia barata de esas que salen en televisión. Aún con la sensación de terror que me había hecho pasar aquel extraño sujeto, miré mi mano detenidamente pensando en lo que había pasado anteriormente.
— Aunque... — dijo el niño dejando el tenedor con el que había comido la tarta de lado — Nagisa, esto no es algo que tú hayas preparado sola, ¿Verdad?
El ambiente había dejado de ser parte de una comedia para pasar a algo más serio.
— Si.
— ¿Por qué lo pregunta? — me atreví a hablar.
El chico me miró y sonrió de oreja a oreja dando el último bocado de tarta.
— La comida no es solo algo que podríamos calificar como rico o desagradable, la manera en cómo está preparada influye mucho en el sabor, lo que verdaderamente le da la esencia, es la persona que lo prepara y los sentimientos o intenciones con la que los hace. La comida de Nagisa sabe a ella; es como un mar cauteloso, los sabores siempre están bien cuidados haciendo un sabor suave y nostálgico. Esta tarta sabe diferente... ¿Tu recomendaste la receta, verdad Nagisa?
— Si.
— A decir verdad la tarta sabe a lo mismo. Pero las sensaciones que transmiten son diferentes; este sabor me recuerda a las hogueras de otoño. Pero sobre todo... es un sabor muy puro. Este pastel definitivamente fue hecho por alguien muy especial. ¿Esto era lo que querías mostrarme, Nagisa?
— Sí.
Lo miré caminar en círculos mientras chupaba el tenedor.
¿Alguien especial? pensé
— No eres tú Karma, de eso estoy seguro... hum... Ella sería de los pocos que conocería desde pequeños... hum. Su linaje no está establecido así que es obvio que no ha despertado sus habilidades, interesante — dijo pensante.
— ¿Entonces? — preguntó Nagisa.
— Tienes razón Nagisa. Ella es un exorcista. Aunque no como los otros que conoces, pero algo es algo.
En ese momento una señal de alarma se instaló en mi mente.
No puede ser
— ¿Quién?
— Ya lo sabes, Karma. Aunque lo niegues lo que es, es y no hay vuelta atrás.
Miré a Mayu desde lejos jugar con la nieve, su "amigo imaginario", el pajarito y Jack.
— ¿Lo sabías? — le pregunté a Nagisa con el ceño fruncido.
— Lo sospechaba... — dijo desviando la mirada.
Cubrí mis ojos con las manos soltando un gruñido de frustración y enojo. Sentía la mirada burlesca del niño mirarme en todo momento.
— ¿De qué se trata?
— Lo exorcistas son personas que pueden exterminar demonios. Aunque yo puedo ver a las almas y exorcizarlas, no puedo hacer nada contra un demonio. No tengo la capacidad...
— Los exorcistas — continúo el niño caminando hacia mí — son personas sumamente especiales. Pero a diferencia de las personas como Nagisa ellos no nacen al azar. Ellos tienen completamente un lazo de sangre que se transmite de generación en generación.
— En Japón existen algunas familias dedicadas completamente a ello. Se entrenan desde pequeños y pasan los conocimientos almacenados en miles de años.
— Lo que es inusual es que nunca nos hayamos dado cuenta de una casta como la suya. De seguro son parte de una rama secundaria de alguna familia de templo...
— Yo no soy parte de ninguna.
— Ay, Ay, Karma. Ya te dije que no eres tú.
— Manami... estoy segura que al igual que Mayu nunca supo de su linaje, así que creció sin saber nada ni despertar su poder.
Estaba atónito.
— No te preocupes, Karma; mientras no reciba el entrenamiento adecuado o la estimulación necesaria no despertará su poder. Así que estará completamente segura... adem...
— ¡¿Y cómo están seguro de eso?, ¿Cómo saben que ella es una persona de esas?, ¿Cómo lo comprueban?, ¿Cómo...?!
No podía creerlo.
— Ella me llamó, Akabane — interrumpió Nagisa — Ese día... Yo no planeaba ir para ese lugar. Sin embargo,... No lo sé, de repente en vez de venir a este parque como casi siempre, fui a la alameda... yo... solo sentí que debí ir ahí...
-- Como sea, lo que es, es. Hacer berrinche e intentar cambiar algo no influiría ya. Los engranajes están comenzando a moverse y ahora son indetenibles. Estuvo delicioso, Nagisa, Karma y también Mayu. Lo que venga ahora solo será cuestión de ustedes. – Se giró dándonos la espalda con intención de retirarse -- Me dio mucho gusto verte, Nagisa. Tú también has comenzado a cambiar, y eso es bueno. GoodBye – Agitó su mano comenzando a caminar.
-- ¡¡Espera!! ¿Quién eres? – grité antes de que se fuera.
-- ¿Yo? – se giró y miró un árbol que, a pesar de estar en invierno, estaba cubierto por follaje. El niño se retiró los guantes y tocó el tronco haciendo que inmediatamente comenzara a secarse y pudrirse – Soy la muerte – nos sonrió para desvanecerse entre la nieve.
Nagisa miraba hacia el suelo y su cara expresaba angustia y tal vez un poco de tristeza.
-- ¡¡NAGISAA! – Mayu corrió a abrazarla a modo de saludo.
Manami...
-- Papá, ¿Estas bien? Estas todo blanco – preguntó Mayu con su voz infantil.
-- Si... ¿Ya terminaron de jugar?
-- ¡SI! Ahora podemos ir a nuestras clases de cocina con Nagisa. ¡Recuerden que hoy hay que practicar la tarta de mamá!, ¡Ya se acerca navidad y tu cumpleaños! ¡¡Necesitamos un simulacro!!... ¡¡Ya comenzó a nevar!!
La nieve cayó de repente haciendo que la gente poco a poco dejara el parque. De esta manera llegar a casa se nos haría un poco difícil y Mayu no traía la suficiente ropa para estar en una nevada – aunque los demás dijeran que parecía un muñeco de nieve, yo no me arriesgaría a que se enfermara – me quedé pensando un momento en si era buena opción pedir un taxi o ir en bus.
Debo comprar un auto pensé seriamente.
-- Si quieren podríamos ir a mi casa... Está cerca y tengo varios ingredientes allá – sugirió Nagisa.
-- ¡¡¿Tienes casa, Nagisa?!! – se sorprendió Mayu.
-- Por supuesto, ¿En dónde más viviría?
-- ¡Siempre creí que vivirías bajo un puente!
-- Que cruel...
-- Es mentira, ¡Pero si me emociona conocer tú casa! – Tomó a Nagisa de la mano y señaló al horizonte -- ¡Vayamos a una incursión en tierras desconocidas!! ¡¡Vamos!!
Nagisa rio rendida y sujetó con fuerza la correa del perro quien a la par de una entusiasmada Mayu comenzó a caminar casi arrastrando a Nagisa. Por mi parte me queda atrás observando la escena. Concentré mi atención en la nieve pensando:
¿Podré descubrir más de ti en muerte que en vida?
Y comencé a caminar siguiendo al escándalo que Mayu montaba mientras la pobre Nagisa se dejaba llevar con resignación. En verdad, ella está logrando un cambio y con el tiempo que llevamos juntos dejé de temerle a eso.
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*Trino: El sonido que hace un pájaro (pio, pio?)
* El Parque Central de Shinjuku se encuentra justo detrás del edificio del Ayuntamiento de Tokyo, (Dónde según yo trabaja Karma, ¿Por qué? Porque si) en la capital japonesa. En la zona se encuentran algunos de los edificios más altos del país como el hotel Hyatt Regency, además de importantes instituciones gubernamentales y bancarias.
Besitos en la cola, chao
