Capítulo 23: Carrusel perpetuo.
—¡Está aquí! ¡Está aquí! —Habló una voz en la oscuridad—. ¡La barrera ha sido abierta!
—Aunque le tomó mucho más de lo esperado. —Respondió una voz a su lado—. Algo le ha contenido.
—Es muy tarde para oponerse a la voluntad de Arceus. —Aclaró una tercera voz que completaba al trío—. Nuestra realidad pronto será eliminada.
—A través de los eones pasados y venideros el sueño se repite. Una y otra vez. Los frutos crecen y son removidos a su debido tiempo con el único propósito de ser engullidos. Semillas nuevas entonces deben ser plantadas y regadas con lágrimas y luz de incandescentes sentimientos buscando repetir el proceso. El final marca el comienzo, y todo lo que comienza debe terminar. En un ciclo oscilante y armonioso del que nada puede escapar.
- 6 meses antes, en la capital de Áurea -
—No existe en el mundo un tipo de pieza melódica más armoniosa y matemáticamente perfecta, que una Fuga. —Explicaba una Audino que servía como guía dentro del museo más reconocido de la capital en su recorrido diario de la tarde—. Se trata de una composición que consta de tres o más voces que se añaden de manera sucesiva luego de que la primera voz termine de presentar al sujeto, siguiendo el resto de las voces una imitación a este, que se enfrentan y se contraponen como si de una especie de batalla o persecución se tratase.
—Esto es bastante aburrido. —bostezaba un somnoliento Floatzel a su mejor amigo Weiss el Zangoose—. Acabas de graduarte en el capitolio y lo primero que decides hacer es venir a este desolado sitio. Seguro que aún recuerdas todas las explicaciones de memoria. —Mencionó con un poco de flojera, abrazando al Pokémon de pelaje blanco por detrás para mecerlo suavemente de lado a lado. —¿No te gustaría ir a hacer otra cosa en un lugar más apartado~?
—Me gusta aquí. —Respondió sereno, rompiendo el abrazo de Tarçin con sus manos para seguir avanzando en su recorrido a través del abadonado museo—. Es bastante tranquilo.
—Más que tranquilo yo lo declararía muerto. —Respondió la nutria encogiéndose de hombros para seguir al gato—. Sólo espero que Red no se haga del rogar tanto como la última vez, que ya le tengo muchas, pero muchas ganas~
—¡Podrías mínimo apagar tu comunicador cuando hagas tus ruidos extraños! —Apareció el Pokémon de fuego detrás suyo mostrando una cara bastante avergonzada.
—¡Ay Red! —Se levantó de un salto apenas reconoció el timbre de su voz—. ¡Finalmente estás aquí! ¡Te extrañé tanto cada noche que no te tuve entre mis brazos! ¡Muchas veces tuve pesadillas soñando que fuera a olvidar tu calor y la esencia de tu aroma! ¡Ya preparé todo en el hotel Jubileo para celebrar tu ascenso a Coronel entregando nuestro amor en una lluvia de pasión descontrolada!
—¡Atrás patán! —Azotó su cola una Heliolisk justo a la mitad de la cara del Pokémon tipo agua—. ¡Red es mi novio y no dejaré que te acerques a más de diez metros de nosotros!
—Oh… Asfar… —Habló Floatzel en voz baja sobándose la frente, dejando en claro su inconformidad por ver a la novia oficial de Red—. Qué aburrido, ¿quién te invitó?
—¡Eh! ¡Que yo también ascendí a Coronel! —Se quejó la lagartija eléctrica—. ¡¿A mí no me felicitas?!
—Muchas felicidades~ —Expresó con un sarcasmo más que evidente—. Ojalá te mueras pronto en un campo sin nombre y tu tumba sean solo piedras amorfas… —Mencionó en voz baja.
—¡Oí eso! —Advirtió Asfar.
—Pero que buen oído tienes —Aplaudió Tarçin una vez, dejando las manos juntas—, ya te servirá mucho esta noche cuando escuches la forma en que Red y yo nos-
—¡Suficiente! —Mandó Red callar a ambos—. ¡Tarçin, a mi dime cuanto quieras, pero te prohíbo que vuelvas a dirigirle la palabra a mi novia! ¡Y Asfy, ya te he dicho que no prestes atención a lo que este chiflado diga! ¡Todo lo que sale de su boca es una pérdida de tiempo!
—Ay Red~ —Se hizo la nutria agua la boca—. ¡Tan demandante y poderoso ahora que tienes un título! Si quieres te puedo decir de qué manera puedes tener mi boca bien ocupada~
—¡Si solo me llamaste para tus cochinadas mejor nos vamos! —Amenazó el Pokémon tipo fuego—. ¡Aún tengo que ir a agradecer a mi maestro por todo su apoyo y el entrenamiento!
—¡Aguarda! —Se arrastró Floatzel hasta sus pies. —¡Me comportaré, me comportaré! ¡Sólo quiero que pasemos la noche juntos! ¡Los cuatro! ¡Acampando como cuando éramos chicos!
—Sólo lo hicimos una vez —Aclaró Red.
—Y tú de chico ya no tenías nada. —Añadió Asfar—. Era un viaje para nosotros tres y era tu misión cuidarnos. Qué miedo haber estado allá solos con un pervertido de tu nivel.
—¡Ya, ya, ya, ya basta! —Sacudió la nutria su cabeza de un lado al otro cubriendo sus oídos para no escuchar más todas las cosas feas que decían de él—. ¡Sólo quiero que me concedan ese deseo! ¡Después seré su esclavo obediente si quieren! ¡Pero por favor acompáñenme a acampar fuera!
—Pues… —Se rascó Charmeleon el cuello un poco antes de decidir—. Ao quería dar una fiesta en el gran salón del casino por motivo de mi ascenso.
—¡Por favor, por favor, por favor, por favor, por favor! —Suplicó Tarçin incesante en el suelo—. ¡Los casinos son aburridos! ¡A ustedes ni siquiera les gusta apostar! ¡Además dicen que esa noche habrá una hermosa lluvia de estrellas! ¡Sería un gran momento para que pidan estar siempre juntos!
Mirandose fijamente la pareja, no tuvo más remedio que ceder a las suplicas de Tarçin, comprendían bien que en el fondo no era TAN odioso, al menos no siempre lo fue, y buenos momentos claro que tuvieron riendo con él. Aceptaron su oferta más como una forma de intentar volver a ser lo que alguna vez fueron. Quizás ahora que compartían todos el mismo título se comportaría de una forma menos odiosa. Al menos eso quisieron creer durante el trayecto a las afueras de la ciudad. Haciendo un pequeño viaje en bote que los llevó hasta una isla deshabitada lejos de las luces y del ruido. En la que Red, Asfar, y Weiss se enfrentaron a la misión de sobrevivir 40 días por su cuenta varios años atrás.
Pasaron la noche juntos, riendo y bromeando sobre el pasado, contando además cómo había sido la vida de los tres este último año de internamiento en el capitolio, donde recibieron el título de Coronel. Sin desaprovechar en cada estrella fugaz que pasaba, el permanecer siempre juntos, y unidos, como la verdadera familia que ninguno de ellos pudo tener.
Mientras tanto durante esa misma noche, en el casino se estaba llevando a cabo una fiesta de gala, con Ao como anfitrión además de muchos invitados del ejército, aunque las estrellas del evento no se miraban por ningún lado.
—Gray, ¿no has visto a Red? —Preguntó el Lucario adulto.
—¡¿Qué?! —Respondió la Staraptor primero apenas sintió que le tocaban el hombro—. ¡No! ¡No lo he visto! ¡Y si llego a verlo al lado de ella juro que yo misma los mato a los dos! ¡No me importa que me den pena capital! —Se retiró pisando fuerte tras picotear la comida con fuerza un sin fin de veces hasta llenarse la boca.
—¡Sí… eso! ¡Ve a calmarte por allá! —Ordenó Ao—. ¡Mientras tanto yo seguiré en mi búsqueda por acá! ¿Dónde se metieron Light y Purple?
—Hace rato que se fueron. —Respondió un Monferno llevando dos copas de vino en cada mano y otra más en la llameante cola—. Y será mejor no buscarlos que se veían en un asunto "muy" serio.
—¿Qué asun-
Antes de poder terminar su pregunta, retumbó en los cristales y el suelo el sonido de una gran explosión en la cercanía. En el edificio continuo, aún parte del casino, una gran llamarada salía a respirar mediante una apertura recién creada en sus muros. Una figura salió de ahí primero saltando con agilidad evadiendo el fuego, y casi de inmediato le siguieron otras dos. Robando el vehículo de uno de los asistentes para escapar de ahí lo antes posible.
—Magenta… —Habló Ao con dificultad en medio de un gran bostezo. —No… ellos son…—Expresó sintiendo sus piernas entumecidas, volteando hacia atrás solo para ver como uno a uno iban cayendo sus aliados como rocas hacia el suelo—. La bebida… la han alterado con somníferos.
—A la media mañana siguiente el grupo de Red pisó de nuevo la capital solo para enterarse de la mala noticia en el lugar. Ao se retiró antes de que llegase Red por lo que ya no pudieron verse hasta mucho tiempo después. El evento pasó sin repercusión para nadie, pues debido a la humillación del ejercito decidieron ocultar todo lo referente a aquel hecho en las sombras.
La única prueba que quedó de ello fue una fotografía que tomó uno de los asistentes antes de caer inconsciente y que el ejército entero ignoraba su existencia. Una foto que Tarçin pudo recuperar en secreto intercambiándola por una de su cuerpo. La calidad no era muy buena, e incluso había salido borrosa, pero al menos se podía apreciar la silueta de esos 3 Pokémon que hicieron volar el muro.
—Finalmente apareció el sujeto… ¿Cuál será la respuesta que decida emitir este mundo? Que tengas mucha suerte… Amigo Venko
- Tiempo Actual. En algún lugar sobre el cielo de Aurea -
—Buen día mi General. —Saludó una Houndoom abriendo de par en par la puerta de una gran habitación completamente oscura y sin ventanas para dejar que esta se ventile.
Sin responder al saludo, el Kommo-o recostado en la gran cama del interior se estiró sin levantarse, haciendo lo posible por no incomodar a la Arcanine recostada a un lado suyo recién despierta que lamía las escamas del cuello del dragón con ternura. Sólo se dedicó a acariciar con la mano derecha el pelaje detrás de las orejas de su compañera de la noche que tan satisfecho le había dejado.
—Es mi deber informarle que hoy 20 de Octubre se realizó la llamada mensual entre Generales Dragón. —Señalo Houndoom alzando la voz con rectitud—. Tal como se nos fue indicado, evité despertarlo para eso y mandé silenciar todas las llamadosferas.
—Buen trabajo. —Expresó Kommo-o llegando la orilla de la cama luego de pedirle a la Arcanine que se levantara primero—. Esos imbéciles no hacen nada más que parlotear sobre lo incompetentes que son. Ninguno de ellos menciona algo útil y más les basta el regocijarse o presumir de sus pequeñas victorias ante un pueblo subyugado. Nada tengo que ver yo con ellos. —Prosiguió con su soliloquio mientras se daba una ducha en compañía de sus dos soldados—. De Celeste no se sabe nada hace años —Sacudió su cola para hacerla sonar una vez—, Verde casi nunca se une por estar ocupado en asuntos del parlamento —Hizo sonar su cola una segunda vez—, Amarillo dijo que tenía que resolver algunos asuntos pendientes con Malva —Comenzó a sacudir su cola con violencia de lado a lado a lado dando fuertes azotes contra el suelo—; ¡Entonces en la mesa de juntas solo queda el inútil de Violeta, el chiquillo insolente de Azul, y el anciano Rojo! ¡No sirve de nada hablar con ellos! ¡Esto es demasiado aburrido! ¡Necesito algo de acción! —Se quejó luego de echar una mirada al mar de nubes que sobrevolaban.
—¿Desea que traiga algún juguete personal señor? —Intervino Arcanine arrastrando las palabras de manera lasciva al mismo tiempo que le daba un gran abrazo por detrás al Kommo-o.
—Es inútil —Respondió—, Desde esa perra nadie me ha entretenido de la misma manera—. Sacó un plumero hecho con la cola de Amaranto que usaba para atormentar a Taupe—. Admito que ordenar matar al cachorro fue algo muy precipitado de mi parte. Lo que menos esperaba era el cuerpo de vuelta. Por supuesto que ver la cara destruía de aquél Ampharos cuando me entregó esto no tuvo precio. Pero ahora no tengo ninguna motivación para acabar con la vida de esa perra… Después de todo ya no hay nadie que llore su muerte. —Se quedó meditando en el balcón acerca del mismo dilema que cada mañana le carcomía el alma.
—¡Contesta las llamadas, maldita sea! —Apareció un Flygon de muy mala pinta gritoneando por detrás suyo—. ¡Me hiciste gastar una Telesfera porque no te das a la tarea de responder una puta llamada en dos horas!
—¡Verde! —Exclamó Naranja totalmente sorprendido de verle frente a frente en mucho tiempo—. ¡¿Qué haces aquí?!
—¡Te estuve esperando en la llamada de la mañana sin éxito! —Habló por demás enfadado—. ¡Tuve que aventarme dos horas de chachara innecesaria entre Rojo y Azul por nada!
—Ahora sabes exactamente por qué dejé de asistir.
—Como sea, eres el único de los disponibles con quien puedo hablar esto así que escucha con atención. ¡Es posible que Áurea y Plata caigan en los próximos días si no hacemos nada!
—¿De qué hablas? —Señaló el mar de nubes en la ventana—. No he descuidado el observatorio un solo día, te puedo asegurar que Kalos mantiene firme su posición en el cielo.
—¡No es por eso! ¡Presta atención que no voy a repetirme! ¡Wolframio acaba de avisarme que Bismuto encontró un plato de Arceus y está experimentando con él! ¡Hay registro de dos lecturas recibidas durante la madrugada!
—¡Imposible! ¡Pero si esa es justo la razón por la que se fueron!
—¡Exacto! Wolframio lo sabe bien, pero, así como me lo contó parece que Bismuto tiene su propia agenda en la cabeza. Si esto sigue así vamos a tener que declarar un ataque nosotros mucho antes de lo esperado. ¡Más te vale que estés preparado!
—¡Ya escucharon ustedes dos! ¡Obsidiana, reúne y llama a tus hombres, tienes prohibido mencionar la razón! ¡Basalto, trae a esa Lycanroc en este mismo instante! ¡Partiremos rumbo a Plata cuanto antes! —Esbozó una risa de satisfacción—. ¡Finalmente las cosas se pondrán interesantes!
- Tiempo actual. En algún lugar de plata dentro del territorio de Bismuto. -
—Comienza un nuevo día. —Menciona una Girafarig antes de colocarse su mochila sobre el cuello—. El sol brilla, el pasto crece, las aves cantan. ¡Nada puede salir mal! ¡Mamá! ¡papá! ¡Ya me voy a la escuela! —Salió la Pokémon psíquico de su casa sin echar una mirada a sus padres sentados dentro de la pequeña cocina.
—¡Qué tengas un buen día, cariño! —Respondieron estos sin prestar mayor atención.
—¡Buenos días señor cartero! —Saludó con efusión al Furret de pie fuera de su casa.
—¡Buenos días Anilina! —Regresó este el saludo—. Aún es muy temprano para ir a la escuela, ¿a dónde vas con tanta prisa?
—Voy a ver al señor del pan, el día de ayer prometí que iba a ayudarle a empacar el pedido de la mañana. —Aclaró trotando sobre su sitio—. ¡Quiero echarle una mano hasta que su esposa se recupere!
—Siempre tan considerada —Mencionó el Furret—, bueno, ¡anda con cuidado!
—¡Así es! —Continuó Girafarig la conversación pensando en su mente corriendo a toda velocidad rumbo a la tienda del panadero varias calles a la distancia—. En mis 16 años de vida he aprendido que existen tres reglas que uno debe cumplir si quiere alcanzar la felicidad. Uno: ¡Nunca abandones a alguien que lo necesite! Dos: ¡Hay que trabajar juntos por un mundo mejor! Tres: ¡Aprovecha el día jugando y durmiendo! Si me apego a esos tres mandamientos el mundo me sonreirá de vuelta he he he.
Llegando a la panadería aún cerrada Girafarig entró por la puerta trasera, y tras saludar al señor Politoed tomó el carrito de panes con gusto y jaló de el por las manzanas de la localidad hasta despachar todos los panes antes de volver a la panadería en lo que Politoed preparaba el pan de la tarde ahora que debía hacerlo solo desde que su esposa enfermó.
—¡Muchas gracias por la ayuda! —Expresó el señor Politoed con alegría—. ¡Por favor toma asiento y come un pan dulce, enseguida te llevo un poco de chocolate para acompañar! —Ofreció desde la cocina.
—¡Me encantaría, pero ya debo irme! —Retomó su camino saliendo por la puerta trasera—. ¡Se me hace tarde para la escuela! ¡Espero que su esposa se recupere pronto!
Algo agotada pero satisfecha de haber ayudado un día más, Girafarig se metió entre las calles burlando a veces por la izquierda, y a veces por la derecha, a Pokémon de todas formas y tamaños, saludando a todos por su nombre en el proceso. Una ruta muy bien establecida en la que no había alguien que no conociera su peculiar optimismo.
—Malas noticias, promesas rotas, días de hambre y otros en los que solo quieres ponerte a llorar… —Repasaba la jirafa en su cabeza—. Si trabajas duro y te sobrepones la felicidad te alcanzará donde sea que te encuentres. ¡Sólo debes tener fe y apuntar a lo más alto para que el milagro suceda!
Encontrando el portón de la escuela cerrado por llegar un par de minutos tarde, la chica se metió pasando por una pequeña abertura oculta entre los matorrales de la reja trasera y en silencio avanzó a su salón como si fuera una misión de sigilo.
—¿Alguien ha visto a Anilina? —Escuchó preguntar a su maestro desde el otro lado de la puerta.
—¡Presente! —Gritoneó abriendo la puerta de una patada, dejando ver, más que la figura de una Girafarig, la de un Pokémon agotado de tanto correr entre jadeos.
—Siempre tarde, Anilina. —Le regañó el maestro Mightyena con el resto de sus compañeros riendo en el fondo. —¡Pasa y toma asiento, por hoy dejaré que te quedes!
—¡Muchas gracias querido profesor! —Corrió hasta su sitio pidiendo disculpas a todos por el inconveniente. —Odio empezar con Matemáticas —Expresó con disgusto tomando nota de lo escrito en el pizarrón.
-Tiempo Actual. Sobre la carretera que lleva al territorio de Bismuto más allá de picos gemelos. -
"Abandona toda esperanza" Mencionaba un cartel dispuesto a un lado del camino por donde iba pasando el Jeep que transportaba a Amaranto y su equipo. Una señal colocada ahí por Izoold y sus amigos tiempo atrás para advertir a los Pokémon que cruzaban el continente en pos de perseguir el sueño por una vida mejor en el que no debieran pasar un solo día más sin techo y sin comida. Un lugar donde no importando los puntos que tuvieras o el tipo de tu especie, todos los Pokémon llevaban una vida tranquila en condiciones óptimas. O al menos eso es lo que se rumoraba entre las peregrinaciones de migración. Aunque Breloom por su parte consiguió convencer a Izoold de nunca intentarlo y en cambio lo hizo luchar por hacer desistir a quien se encontraran en el camino de pisar pie en ese sitio.
—Con esto bastará para disminuir la hinchazón en lo que llegamos a un centro médico. —Comentó Mienshao masajeando de forma lenta y firme el cuerpo de Cian con una pomada recién hecha a base de hojas lavanda.
—Muchas gracias… —Expresó Cian con una voz débil y unas mejillas coloreadas—. Lamento haberlos abandonado ayer en la noche. No fue mi intención. Pero al menos podemos decir que fue una noche bastante inolvidable ¿no? —Rió con un poco de pena.
—¿Una noche inolvidable? —Cuestionó mostrando confusión. —¿De qué hablas? Aun es de día afuera. ¡Mira, mira! —Señaló por la ventana hacia el cielo despejado mostrando un azul marino profundo sobre el paisaje montañoso.
—Disculpa, me confundí —Habló despacio tras pensarlo un poco, rascándose con dificultad detrás de la cabeza—. Muchas veces digo cosas muy raras ha, ha, ha…
—¿Cosas raras? —Se metió Shinx a la conversación—. Pero si es verdad que ayer pe- —Fue interrumpido por Lucario, quien cubrió su boca con ambas manos impidiendo el paso hasta de su respiración.
—¿Por qué no duermes un rato más? —Le sugirió Cian—. Se nota que sigues delirando —Rió nervioso.
—¡No te preocupes! —Respondió Magenta esbozando una pequeña sonrisa luego de ver y estudiar la forma tan rígida con la que Cian intentaba reír—. ¡Cian es Cian, y aunque diga cosas extrañas muy de tanto en tanto, es muy divertido estar a su lado y hablar con él!
—¡Oh! —Expresó Shinx aun luchando con Cian por liberarse de sus garras— ¡Entonces ustedes dos se gustan! —Vociferó el niño entre risas.
—¡Por supuesto que no! —Exclamó Cian al momento.
—Cian es… —Se quedó pensando Magenta en silencio antes de continuar—. Alguien muy simpático.
—Uff —Suspiró Amaranto recuperando la tranquilidad—. Creí que esta iba a ser una de esas escenas bochornosas, pero… "Simpático" ¿eh? Parece que no tienes ninguna oportunidad con ella ni en un millón de años, Cian. Siempre torpe, siempre un paso atrás. Tonto, tonto, tonto. —Se burló con gusto de su compañero.
—Eso no me interesa —Se cruzó de brazos el perro azul, luchando por no pensar más en la forma tan poco interesada en que Magenta expresó su sentir de Cian—. Sólo quiero volver a Áurea y ver a mi amigo Red.
—¿Red? —Cuestionó Amaranto curioso.
—¡Red! —Afirmó Cian con emoción—. ¡El coronel de Áurea, un Charmeleon con un ejército de casi 100 hombres a sus pies! ¡Capaz de realizar una técnica devastadora de fuego y que fue instruido por el General Ao! —Presumió sacando el pecho.
—Interesante —Respondió Amaranto sin emoción luego de un rato en que nadie más dijo nada.
—Ao es mi padre, por cierto. —Añadió al ver la nula reacción de todos. —¡¿No vana impresionarse por eso tampoco?!
—Ya lo me lo habías dicho.
—Era tan obvio como sumar uno más uno.
—Su nombre es bonito.
—Mi papá le gana.
—Pues no me importa —Expresó con disgusto—, porque yo voy a ser más grande que todos ellos. ¡Cuando vuelva a Áurea comenzaré a vivir como se debe! ¡Voy a superar a Red, a mi papá, y al resto de generales, pero sobretodo voy a superar al papá del mocoso! —Fue lo último que pudo decir antes de ser mordido en la mano con fuerza por Shinx y ser mandados callar por Levigis.
Continuando el viaje en silencio, el grupo se encaminó sin mayores inconvenientes durante poco más de dos horas por la vía de una sola dirección siguiendo un mapa que Levigis encontró en la guantera del vehículo.
—¡Muero de hambre! —Se quejó Shinx por cuarta vez ante el grupo libre de alimento y de dinero—. ¿Cuándo carambas vamos a llegar a comer algo? —Demandó por una respuesta sacudiéndose de lado a lado, repitiendo lo mucho que moría de hambre una y otra vez.
—¡Cállate ya! ¡Cómo putas jodes! —Levantó Amaranto la voz ya harto de la actitud del niño—. ¡Todos tenemos hambre, no hemos comido nada desde ayer en la tarde! ¡Pero así es la vida! ¡A veces no hay nada que comer por días! ¡A veces te das cuenta que los valores de este mundo son un mal chiste y entonces aprendes a agradecer por cada pequeña ocasión en que logras tener comida en tu plato! ¡¿Tú crees que no estamos buscando árboles de bayas o cualquier casa en los alrededores?! ¡Eres el único que no está haciendo nada acá aparte de llorar! ¡Si tanto dices que eres un hombre será mejor que comiences a actuar como uno de una jodida vez! —Terminó de gritonear entre jadeos con la garganta deshecha a un niño por demás asustado que podía ver como cubría sus orejas entre tambaleos mediante el retrovisor.
—Lo siento… yo solo —Intentó contestar.
—¡No me interesan tus disculpas! —Ladró el Lycanroc continuando su sermón—. ¡Sólo ponte a trabajar o no digas una palabra!
El grupo volvió a quedar en silencio, con Shinx buscando consuelo en los brazos de Magenta.
—Él no es quien debía disculparse… —Musitó Cian volviendo a centrar su mirada hacia el exterior.
—¡Si sales a la izquierda aquí mismo llegaremos a encontrar comida en un pequeño pueblo! —Alzó Magenta la voz con sorpresa.
—No se observa ningún pueblo en este plano. —Mencionó Levigis con duda revisando el mapa con cuidado—. Tampoco parece que este sea una carta muy vieja; será un poblado muy reciente, o quizás uno que ya no debería estar en el mapa… De cualquier modo, soy más un fiel creyente de las predicciones de Magenta que de otra cosa. —Solicitó a Amaranto que hiciera caso a la advertencia de Mienshao—. La forma en la que Magenta se movió la noche anterior esquivando los ataques de aquél titán… no me quedan dudas de su habilidad. —Pensó en silencio echándole una mirada por el espejo lateral.
Con todos los miembros del equipo a la expectativa, se pusieron en marcha andando por aproximadamente quince minutos haciendo su propio camino en medio de los pastizales hasta que finalmente llegaron al destino predicho por Magenta. Un poblado no muy grande pero que al menos desde la distancia se mostraba ya como un lugar más amplio que Hala. Su condición sin embargo no se miraba mejor que el del sitio antes mencionado.
—Mantengan alta la guardia y no se separen, es por demás extraño que este pueblo no aparezca en el mapa. —Señaló Levigis.
—Una cosa es acertar con un encontrar vías de tren en algún punto del futuro… —Meditó Cian la situación—. Pero encontrar un pueblo que ni siquiera aparece en los mapas… Magenta, ¿lo tuyo de verdad es una simple intuición… o acaso habrá algo más?
—¡Vamos! —Se adelantó Magenta al grupo con Shinx en brazos para tratar de mejorar su estado de ánimo.
—Ya tienen tiempo viajando con Magenta ¿no? —Cuestionó Cian extrañado.
—Serán… alrededor de unos seis meses más o menos. —Respondió Amaranto.
—¿Y nunca ha podido recordar nada? —Indagó Lucario.
—Ni una sola vez. —Respondió Levigis con solemnidad—. No sabemos cuál es su condición, pero sí que hemos intentado ayudarle. El resultado siempre es el mismo a pesar de su personalidad cambiante. Solo termina enojándose con nosotros hasta el final del día. Entonces al siguiente es como si no hubiéremos intentado nada.
—¿Por qué de la nada te interesa Magenta? —Preguntó Lycanroc—. La noche que te lo dije no parecía importarte mucho eso. No irás a decirme que en verdad has empezado a sentir cosas por ella pillín. —Le miró haciendo una mueca de presunción.
—¡No es eso! —Respondió directo—. Es solo qué… —Cerró los ojos recordando las palabras de Toxtricity—. Debo involucrarme en los problemas de mis amigos… —Pensó sin decir nada. —. Es un poco triste ¿no? ¡Han vivido tantas cosas juntos, hemos vivido diversas aventuras y situaciones que jamás podrá recordar! ¡Tenemos que hacer algo por su bien!
—No somos especialistas, Cian. —Cortó Levigis su discurso—. He intentado un sinfín de veces ayudar con mis habilidades, pero es algo que escapa por completo de mí.
—Además, ¿es muy triste para quién exactamente? —Añadió el lobo nocturno—. Nunca le hemos obligado a estar con nosotros y ella se ve siempre llena de vida disfrutando cada momento… —Cerró los ojos tratando de imaginar su situación—. A veces es posible que no tener ningún recuerdo que atormente tu presente sea una bendición…
Pensando en su propio pasado, Cian se quedó apreciando la forma en la que Magenta corría de lado a lado, saltando entre las piedras del camino y apreciando las flores silvestres como si nada en el mundo le afectase. Dejándose sorprender por las cosas más simples de la vida como si el presente fuese lo único que tuviera. Imaginando por un instante cómo sería su vida si él también pudiera olvidar el abandono de su padre, la ruptura de su grupo de amigos y la muerte de su madre. Si no pudiera recordar todas las historietas que leyó de niño, la vez que luchó al lado de Red, o el momento en que saltó al mar helado en la noche del barco, o aquella pequeña fiesta cuando se unió al grupo de Levigis.
—¿Qué sería entonces de mí? —Se cuestionó encogiéndose de hombros, agachando la cabeza, frustrado de no poder llegar a una respuesta clara.
—Sólo te digo que no te emociones por las miradas que ha llegado a darte —le dio Amaranto unas palmaditas en la espalda para tratar de reconfortarlo—, la forma en la que ella ve a todos… es como si te viera y no te viera a la vez, es como si estuviera en una frecuencia totalmente ajena al resto de seres vivos. Mientras que tú la revisas de pies a cabeza ella ya estudio tus medidas, tu peso, la forma en que te mueves e incluso la forma en que planeas hacerlo. Es un don que solo ella puede tener.
—Ya hemos caminado bastante y no hemos visto a nadie —Cambió Levigis el tema para hacer notar lo que era necesario—, las condiciones del lugar y la falta de información en el mapa parecen indicar que en efecto este lugar fue borrado de todo registro. No hay señales de guerra ni de conflicto. ¿Qué hace que un pueblo desaparezca de este modo?
—¡Pues comida no fue! —Exclamó Amaranto con alegría viendo como Magenta corría hacia un gran árbol de bayas entregando un par de ellas a Shinx y se sentaron a comer en lo que esperaban al resto.
Ya con comida en mano el grupo se volvió a reunir con alegría sentados todos a la sombra de ese gran árbol, aunque Shinx se posicionó en el lado más alejado de Amaranto, tenía miedo de verlo a los ojos luego de la forma en la que le gritó y mejor decidió comer en silencio como castigo a su pobre trabajo en el equipo.
Una vez que terminaron de comer el grupo fue al baño en parejas; primero Levigis en compañía de Amaranto, después Magenta lo hizo sin un acompañante, y finalmente fue el turno de Cian y Shinx.
—¿Sigues triste por la forma en la que Amaranto te grito? —Preguntó Cian sin ninguna consideración—. No te fijes demasiado, el perro tenía hambre y habló de más. Por eso te he dicho y dicho que vuelvas a casa, no tienes nada que estar haciendo con estos chicos.
—¡No! —Respondió con molestia—. ¡Todo fue mi culpa! ¡Siempre es mi culpa! ¡No debí ponerme de ese modo sin hacer nada! ¡Siempre soy yo el que hace todo mal! Amaranto solo dijo la verdad sobre lo que todos piensan de mí siempre. Aún si duele… saber lo que hago mal me ayudará a convertirme en hombre.
—No te castigues tú solo de esa forma tan severa. —Se quedó Cian pensando en la respuesta de Shinx un momento y después se apresuró a ser él el primero en salir del baño—. ¿Qué es esto? —Llamó su atención algo en el pasillo que de frente parecía no tener una forma claro, sin embargo, al verlo del otro lado lucía como un adorno de jardín hecho de piedra.
—¿Qué miras? —Se unió Shinx a él por detrás cuando lo vio agachado a lo lejos.
De pronto en el pueblo comenzó a sonar una melodía proveniente del centro. Si bien se escuchaba bastante débil. La falta de ruido y de personas cumplían muy bien con transportar la melodía a todo el pueblo. Y cuando cesó, cuatro campanadas lentas se dejaron escuchar.
—Tenemos que volver a con Levi y Magenta —Cargó Cian a Shinx sobre su espalda para echarse a correr con prisa.
—¿Qué ocurre? —Preguntó el león nervioso— ¿Qué era eso?
—¡Se terminó la clase! —Habló el profesor Mightyena dejando salir a su grupo—. Nos vemos aquí mañana viernes. ¡Que todos tengan una excelente tarde!
—¡Nos vemos! —Se despidió Girafarig, pero justo antes de salir una amiga le llamó para invitarla a salir.
—¡Anilina! —Le gritó una Roserade aún desde su asiento—. Antes de que vengan los exámenes iremos piridina, purina y yo a la casa de Fenol y Tolueno. ¿Quieres unirte?
—¡Me encantaría! —Respondió cordial llena de su característica alegría—. ¡pero tengo que ir a recoger unos materiales para mi papá al centro del pueblo y después tengo que ir con el sastre por un vestido de mi mamá! ¡Que se diviertan mucho sin mí, chicas!
—¡Claro! —Se despidió Roserade—. ¡Cuídate!
—¡Hasta mañana! —Salió a toda marcha en dirección al centro no muy lejos de ahí.
—¡Cian, Shinx! —Los alcanzó Amaranto—. ¿Ustedes también lo vieron? Levigis y Magenta están en el centro del pueblo. ¡Algo muy extraño ocurre aquí!
Llegando hasta donde Levigis guiados por Amaranto para asegurarse que Cian no se pierda esta vez, los cinco se juntaron en la plaza central, donde descubrieron algo bastante inusual en el escenario desolado de ese pueblo.
—Son… adornos de jardín… —Hablo Shinx inquieto de ver tantas estatuas de Pokémon reunidas en un mismo lugar, pero a la vez tan dispersas.
—¿Qué es esto? —Se acercó Cian a la estatua de un Marshtomp y acarició su rostro con la misma curiosidad que miró al Piplup en el pasillo de aquel baño público.
—Si son adornos de Jardín el que eligió la decoración es un maldito enfermo. —Mencionó Amaranto empujando una estatua hasta hacerla caer, fragmentándose en múltiples pedazos desde la cabeza a los pies.
—La eternidad… nos está alcanzando… —Musitó Levigis entre dientes.
—¡Hay alguien en aquella casa! —Indicó Magenta con su mano izquierda.
Acercándose hasta el lugar con la mayor velocidad posible haciendo el menor ruido, el grupo se acercó por una lateral del negocio, su intención era entrar de manera discreta, pero antes de poder hacerlo. Una Girafarig salió de la instalación y sin percatarse de la presencia del grupo se retiró en dirección a su hogar. Dejando a todos con el corazón al aire.
—¡Shinx! —Llamó Levigis la atención del niño apenas sintió su presencia detrás suyo— ¡Creí que ya habías ido con Cian al baño!
—¡Lo siento, lo siento, lo siento! —Se agachó el león avergonzado y muerto de miedo.
—¡Aquí dentro no hay nadie! —Gritoneó Amaranto desde el interior—. Sólo otra estatua…
—¡Magenta! ¡Cian! —Tomó Levigis el mando con diligencia—. ¡No permitan que ese Pokémon se pierda de nuestra vista! ¡Síganle de cerca y vean a dónde se dirige!
—¡A la orden mi señor! —Salió Magenta corriendo sin rechistar, obligando a Cian a seguirle el paso preparándose para lo peor.
—¡Oye Anilina! —Podía escuchar Girafarig cómo diversas voces le llamaban en su carrera hasta el sastre—. ¡Bonita noche! ¿Quieres venir a jugar con nosotros? ¡Será divertido! ¡Iremos a pescar al río!
Rechazando todas las invitaciones con cordialidad, Girafarig se metió a la casa del sastre cuando vio que este no atendió la puerta.
—¡Buenas tardes! —Gritoneó la Girafarig— ¡Señor naftaleno! ¡Estoy aquí por un encargo de mi mamá! ¡La señora Pirulina!
—¡Oh Anilina! —Respondió el Glameow desde su oficina—. ¡Ponte cómoda! ¡Ya salgo!
—¡¿Qué significa todo esto?! —Cuestionó Cian más que confundido— ¿Qué es eso que hay sobre todas las estatuas?
Gracias a Magenta, pese a que habían perdido de Vista a Girafarig, pudieron encontrarla con facilidad cuando se acercaron lo suficiente a la casa del sastre. Y siguiendo las órdenes de Levigis se asomaron por la ventana en cuanto escucharon que estaba teniendo una conversación bastante vivida del otro lado del muro.
—Amaranto y el señor Levigis no tardan en pasar por aquí, iré a advertirles sobre nuestra ubicación —Habló Magenta dejando a Cian solo en la investigación.
—¿Con quién habla? —Trató de correrse lo más que pudo en la ventana para ver al interior de la oficina.
—¿Y como sigue la mujer de mi amigo Benceno? —Cuestionó el Glameow.
—¡Creo que va mejorando! —Respondió Girafarig gustosa de informar la buena nueva—. ¡Esta mañana le ayudé a repartir el pan!
—¡Ay, si vi que me dejaste una concha en la entrada de la casa! —Agradeció el señor Naftaleno—. ¡Eres una niña muy buena! ¡Tus padres seguro que están orgullosos de ti!
—¡No es para tanto! —respondió un poco apenada—. Ya saben lo que dicen. ¡En esta vida hay tres reglas que debes acatar si quieres alcanzar la felicidad!
Estirándose lo más que pudo, Cian finalmente obtuvo la confirmación del Pokémon con el que la Girafarig hablaba. Sin embargo, de la impresión tan fuerte que tuvo cayó al suelo en un impacto que resonó hasta dentro de la casa.
—Se está haciendo tarde ya. —Habló Glameow luego de que Girafarig hiciera una pausa a causa del ruido—. Lleva el vestido a tu madre y dile que no se preocupe, que no es nada.
—¡Muchisimas gracias! —Se levantó Girafarig saliendo a toda prisa de la casa—. ¡Nos vemos mañana!
—¿Qué es esto? —Se quejó Amaranto en el portón delantero tomando un extraño material duro apilado por montones detrás de la puerta—. Parecen piedras… pero definitivamente no lo son. No tengo idea de qué sean.
—¡Chicos, no van a creerlo! —Salió Cian corriendo a toda prisa. —¡Tienen que venir a verlo ustedes mismos!
Llegando a la casa de Girafarig lo antes posible con ayuda de Magenta, los cinco observaron con atención una escena bastante atípica a todo lo que habían visto antes. Girafarig se movía de lado a lado conversando ella misma simulando conversar con las estatuas del interior con ayuda de la voz de su cabeza trasera que imitaba a la perfección las voces de otros Pokémon.
Se miraba tan viva y tan feliz que hasta dudaron en interrumpirla, esperando que dijera algo de valor por su cuenta; no obstante, toda la conversación entre ella y aquellas dos estatuas de la cocina se relacionaba a lo que cada uno había hecho durante el día como si estuvieran viviendo un día de lo más normal en sus vidas.
—¿Quiénes son ustedes? —Los asaltó un Grumpig sorprendiendo al grupo por detrás—. ¡Por favor no entren a la casa! —Suplicó cuando todos pudieron poner su corazón de nuevo en su sitio—. No la interrumpan.
—¿Quién es ella y qué ocurrió en la introducción de este relato?
—Su nombre es Anilina. —Comenzó a explicar el Grumpig con serenidad—. Ella y yo somos los únicos Pokémon que quedamos en este pueblo. El resto, como ya habrán visto por su cuenta se volvieron todos de piedra de un momento a otro sin una razón aparente.
—¿Qué quieres decir con "sin razón aparente"? —Demandó Levigis por que aclarase el punto—. ¡Los Pokémon no se vuelven de piedra de un momento a otro sin una razón aparente!
—¡No lo sé! —Confesó el Grumpig con los ojos fijos en Levigis para mostrar sinceridad. —Yo tampoco lo entiendo, y mucho menos me doy una idea sobre por qué Anilina o yo no sufrimos esa transformación cuando también estábamos en este pueblo durante el incidente. Pero lo que si me queda claro son las intenciones de Anilina. Y es que aún hoy, después de 10 años no ha dejado de insistir en vivir el mismo día una y otra vez… —Suspiró—. Todos los días se levanta, saluda al cartero en la entrada, jala el carrito del pan, va a clases, después al centro, luego con el sastre; entonces regresa a casa y me esperan para cenar…. Entonces se va a dormir esperando que todo sea un sueño y que mañana al despertar todo haya vuelto a la normalidad… Así es ella y nunca va a cambiar, por más que le insista en que vea la realidad.
—¿Y por qué no te vas tu solo? —Preguntó Cian con miedo de escuchar la respuesta.
—¿Alguna vez has amado a alguien? —Respondió Grumpig con una pregunta—. Cada vez que pienso en irme llega un nuevo día y entonces… es como si la viera por primera vez. Cada día, jugar y enamorarme de ella es algo que podría hacer toda la vida… toda la eternidad tomaría siempre la misma elección. No me arrepiento de la forma en que elegí vivir a su lado.
—El tormento de mil demonios puede ser tolerado cuando conoces al ángel indicado. —Citó Levigis una antigua frase. —No es de nuestra incumbencia lo que sucede en este lugar.
—¿Pero y todo lo que hicimos y corrimos fue por nada entonces? —Se quejó Amaranto de no haber tenido la oportunidad de hacer algo en el día.
—¡Vámonos dije! —Se adelantó Espeon por su cuenta.
—¡¿Pero y qué pasa con el misterio de las estatuas?! —Reclamó Shinx.
—Hace diez años de aquél evento y los Pokémon no han vuelto a la normalidad. —Hizo Levigis la observación—. Tampoco ha venido nadie a molestar a esa Girafarig o Grumpig… Dudo mucho que encontremos alguna pista de utilidad teniendo un sitio más grande por explorar justo al lado. No podemos perder un solo segundo en este sitio.
—Bien… —Volvieron todos desanimados al auto retomando el curso de su destino con el estómago lleno y la vejiga vacía.
Recordando la conversación que tuvo con Levigis y Amaranto Cian se quedó pensando en la situación de Magenta, pensando también en las palabras de Shinx, pero sobretodo en la última respuesta Grumpig.
Cada vez que pienso en irme llega un nuevo día y entonces… es como si la viera por primera vez. Cada día, jugar y enamorarme de ella es algo que podría hacer toda la vida… toda la eternidad tomaría siempre la misma elección. No me arrepiento de la forma en que elegí vivir a su lado.
—Magenta, ¿quieres jugar a algo?
—¿A qué? ¿a qué?
—¿Qué te parece si vamos contando las estrellas que aparecen en el cielo?
—¡Suena muy divertido!
—¡Yo también quiero jugar!
—Juguemos todos… hoy y mañana también si es necesario…
