All For You

Capítulo 22

"Detrás De Las Lágrimas"

"Así que mira como me derrumbo, porque veo que todo está siendo arrancado de mi"

(N/A, notas de la autora)

-dialogo-

"pensamientos"

"recuerdos (dialogo)"

Narración


En su deseo de demostrarle a Candy lo buen jinete que era, no tenía previsto que un zorro y su madre se cruzaran en su camino, su instinto de alerta había comenzado en ese momento, sin embargo no lo había preparado para la reacción que tuvo su caballo al poner una de sus patas en la trampa para zorros, el dolor para el caprino fue insoportable que al querer deshacerse de esa sensación levanto sus patas delanteras con un fuerte impulso que logro lanzar a su hábil jinete varios metros lejos del piso y que al caer causara un aparatoso golpe.

-"No quiero, aun no, quiero estar más tiempo a su lado, Dios, luchare sin descanso para que Candy sea feliz, lo prometo"-pensaba el joven antes de caer al piso y que su destino se definiera a partir de que tan fuerte seria el golpe y que tan benevolente fuera su creador para concederle ese deseo.

-Anthony-la rubia había comenzado a llamarlo después de bajar de su caballo y acercarse temerosa al cuerpo del ojiazul.

-"Candy"-la había escuchado, pero solo podía llamarla en sus pensamientos.

-¡Por favor reacciona!-Candy lo seguía llamando sin tener idea de que Anthony estaba atrapado en la oscuridad, inmovilizado.

-"Candy, no puedo"-ni siquiera pudo darse cuenta cuando la ojiverde movió su cuerpo, solo podía sentir el viento y la voz de Candy siendo su guía.

-¡Anthony!-lo siguió llamando, pero al no tener respuesta y siendo presa del dolor y la tristeza al sentir que su corazón estaba siendo roto en mil pedazos, fue demasiado para su cuerpo cayendo finalmente desmayada.

-"Candy, aquí sigo, quédate conmigo, no te vayas Candy, ¡Candy!"-al ya no escuchar la voz de la rubia quien lo hacía luchar, la oscuridad comenzaba absorberlo más y más, despojándolo también de sus propios pensamientos y dejarlo finalmente inconsciente.


Horas después un grupo de búsqueda se hizo presente, en donde los hermanos Cornwell se habían separado para buscar a los rubios, siendo el menor quien tuvo éxito al encontrarlos. Sobresaltado se acercó a ellos revisando que la rubia solamente estaba desmayada con el rostro ardiendo en fiebre, y su primo quien no parecía tener un rasguño pero que aun así no respondía a sus llamados cuando lo puso cuidadosamente boca arriba, acerco su oreja a su pecho, asustado por no escuchar nada, pero el ruido del viento y el de su grupo de búsqueda gritando que finalmente los habían encontrado lo estaban distrayendo y haciendo que la desesperación hiciera que pensara lo peor, así que respiro hondo e intento una vez más, concentrándose únicamente en el ruido que hubiera en el pecho de su primo, allí estaba, silencioso y terriblemente lento, pero allí estaba la señal de que aún seguía vivo. No se despegó de él solicitando que su hermano fuera quien se encargara de Candy, no se separó de él cuando lo llevaron al hospital, hasta que lo dejaron fuera de su habitación cuando los médicos lo atendieron. Para cuando llego la tía abuela y los miembros más importantes del clan a excepción del tío abuelo y George, su mano derecha, habían declarado que el joven paciente estaba en coma. Fue una devastadora noticia para Elroy, para los demás miembros un terrible imprevisto y una falla en su plan B para el consorcio Ardley. Ante este panorama, Archie fue obligado a regresar a la mansión a pesar de su negativa logrando escabullirse y poder ver a escondidas cuando se había tomado la decisión, el joven sería trasladado al mejor hospital y declararlo muerto para evitar que cierta persona de ojos verdes intentara estar cerca de él y que las consecuencias fueran terribles, y para cuando él despertara enviarlo a una escuela que sería rigurosa con él para refórmalo y moldearlo como un verdadero líder, y solo tal vez, el verdadero heredero tomara sus responsabilidades al saber que su posible remplazo ya no estaba disponible, para ellos era un ganar, ganar. El menor de los Cornwell ante esa idea tan absurda que habían tomado los miembros más respetados del clan, hacían que se asqueara de pertenecer a una familia así. Por lo cual, en la menor oportunidad que pudo hablar con la tía abuela, agarro el valor suficiente para poder encararla.

-¿Por qué tía abuela, porque van hacer esa atrocidad, cree que a Anthony le gustara que le hagan eso?-pregunto sin importarle sus modales y que alguno de los ancianos del clan lo escucharan.

-Archibald, Anthony no está en disposición de decidir lo que está bien para él, no lo ha estado en mucho tiempo, desde que ella llego-había dolor en los ojos de Elroy, el miedo de perder a su amado sobrino logro despertar ese lado aún más sobreprotector, fue insoportable el día en que su hermosa Rosemary había fallecido, el estar a punto de perder a Anthony la hacía tomar y acatar aquellas medidas tan estrictas.

-¿De qué demonios habla?-cuestiono con palabras que Elroy no consideraba propias de un joven que estaba por formarse en ser un caballero-¿De Candy?, ¿Acaso no sabe cómo es realmente su propio sobrino, su favorito?, tiene un espíritu libre, justo, cree en la igualdad y es considerado con todos sus semejantes-dijo aquellas cualidades que para cualquier joven de sociedad no eran vistas comúnmente, más que envidiarlo, siempre lo había admirado-Candy y él son tan semejantes, son nobles, compasivos, ¿me está diciendo que eso no está bien para él?, ¡qué tontería!-le había tomado tiempo en aceptar que su primo se había ganado el corazón de Candy, pero ahora sabía que eso iba ser inevitable, era como si su unión ya hubiera sido predicha tiempo atrás.

-¡No te permito que me hables así!, tampoco tienes permitido hablar de esto con alguien más, ni siquiera con Alistear-el chico elegante no podía creer lo que estaba escuchando y tampoco estaba dispuesto a obedecer, expresión que la tía abuela pudo descifrar-Si lo haces los mandare a un Colegio lejos de aquí en donde no podrán ver a Candy-Archie comenzó a dudar por la severidad de aquel castigo, deseaba ser firme con la idea de desobedecerla –Y si se te ocurre decirle a Candy y llego ver alguna señal o un intento de ella por preguntar o buscarlo, hare que el abuelo William retire su adopción y regresara siendo una sirvienta-el joven estaba dispuesto a que le hicieran lo que sea, pero meterse ya con el futuro de la pecosa, quitándole algo que los tres paladines se habían esmerado en pedir con tal de que Candy tuviera un hogar, una familia, era demasiado.

-"No, no puedo permitir que regrese con los Legan"-pensó temiendo en el conflicto que tendría la rubia al estar bajo el yugo de esa familia tan perversa, seria humillada, sobre explotada y tal vez no dudarían enviarla a México sin dejar rastro. Archie estaba ensimismado en esas terribles posibilidades que no se dio cuenta cuando su tía abuela llamo a unos esbirros que se lo llevaron sin que él opusiera resistencia.


Cuando Candy finalmente despertó y se enteró de la muerte de Anthony, tuvo que fingir, mentir, pero al ver como se desmoronaba, no fue capaz de verla a los ojos, simplemente vio a través de la ventana mientras escuchaba su llanto, su lamento al haber perdido a Anthony, si hubiera un sonido que definiera un corazón roto, sin duda seria el sollozo de Candy, él también lloraba y aunque creyeran que era también por su muerte, era por la impotencia de no poder decir la verdad. El día del supuesto funeral había llegado, él tuvo que asistir, volver a fingir algo que realmente no debería estar sucediendo, indignándose por el teatro que estaba causando su tía, quien lloraba, pero no podía decir o más bien gritarle, reclamarle por aquella farsa, no lo haría, no cuando Candy estaba más vulnerable que nunca, ella seguía en casa recuperándose, incapaz de poder estar allí, por la fiebre, por la tristeza, junto a su hermano debían protegerla, como se habían prometido los tres paladines, y si tenía que mantenerse callado, lo haría.

Una serie de sucesos fueron llevando a Candy irse de Lakewood, entre ellos el hecho de que Anthony no estaría allí nunca más. Ella había dejado una nota y aunque sugirió ir a buscarla, el coche no estaba funcionando, fue cuestión de tiempo para que ellos supieran donde estaba, al igual para que el padre de Anthony, el Capitán Brower arribara Lakewood, inundado por la melancolía de ahora perder a su hijo, sintiendo que no le quedaba algo más por vivir, solo dejaría que pasaran los años hasta que un día llegara ser llamado por su amada Rosemary y su hijo. No obstante Archie pensó que los Ardley estaban yendo demasiado lejos al arrebatarle un hijo a un hombre que ya había perdido a su esposa, fue por eso, que a escondidas, al anochecer, salió de la mansión llamando a la servidumbre de su total confianza para tomar un carruaje y llegar al hotel donde se hospedaba el Capitán Brower ya que al día siguiente a primera hora dejaría nuevamente el país, a pesar de que era bastante tarde, el hombre accedió hablar con Archie, quien le explico todo el plan que llevarían a cabo los Ardley con su hijo que aún seguía vivo. Vincent al saber a detalle de la situación tomaría cartas en el asunto, para Archie fue una esperanza ya que con eso su primo estaría a salvo y algún día re aparecer.

-Por favor, cuando despierte, dele esto-menciono al extenderle un sobre con su nombre, Vincent lo acepto además de que estaba agradecido con el joven por devolverle una poderosa razón para vivir sus días.

Un par de días pasaron para que la tía abuela lo cuestionara si había sido él, el responsable por el cual Vincent Brower al ser el padre tuviera más derecho sobre su hijo más que ella, fuera por él y se lo llevara a Escocia, a lo cual Archie negó todo no habiendo pruebas de su intervención, Elroy no le creyó pero al no tener esa evidencia para inculparlo le aseguro de que estaría vigilado al igual que su hermano y Candy al ser enviados al Colegio Real de San Pablo en Londres, que más que una orden del tío abuelo, era una tradición en la familia. Él sabía que tarde temprano irían, por lo cual fue bueno asegurarse que el Capitán Brower le proporcionara una dirección a donde escribir cuando llegaran a Escocia y escribirle cuando fueran a Londres sin importar que vigilaran su correspondencia, aunque estaba consciente que cualquier paso en falso, seria Candy quien cargara con las consecuencias, no obstante estaba convencido de que Anthony regresaría pronto y acabar con aquella mentira.

Sus ojos finalmente se abrieron y al verificar en donde estaba, no pudo reconocer el lugar, haciendo que su respiración comenzara a agitarse, quería levantarse aunque sentía su cuerpo totalmente pesado.

-Candy, ¿Dónde está?-fue lo primero que dijo y que deseaba saber, sin embargo se sorprendió al ver un rostro que no esperaba ver pero que al mismo tiempo le alegraba-Papá-Vincent le regalo una cálida sonrisa que se ensancho al ver que su hijo finalmente había despertado.

-Gracias a Dios, finalmente despertaste, pensé que te había perdido para siempre-lo abrazo dejando escapar unas lágrimas, emocionado al poder aquellos ojos, esa mirada que le recordaba a su Rosemary.

-¿Por qué dices eso papá?-cuestiono sintiendo un poco más de fuerza en sus brazos haciendo que pudiera enderezarse mientras su padre lo soltaba y a la vez lo ayudaba a sentarse, sin embargo, hubo una sensación extraña bajo su cintura, como un vacío, con una de sus manos, toco sus muslos pero ninguno de los dos sintieron ese tacto y sus pies inmóviles a pesar de que su cerebro les indicaba que mínimo moviera un solo dedo, su respiración se agito nuevamente, asustado, alarmado, su corazón latiendo velozmente al terror que estaba presenciando-¿Por qué, por qué no puedo mover mis piernas?-pregunto desesperado al estrellar sus palmas sobre sus muslos pero su padre nuevamente lo abrazo para detenerlo, de calmarlo y que pudiera desahogarse, derramando lágrimas de impotencia-¿Qué está sucediendo papá?-cuestiono logrando que el miedo invadiera su corazón.

-Tranquilo, todo estará bien, yo estoy contigo-le decía en un intento por calmarlo a pesar de que seguía temblando. Se separó de él, tomando su rostro con ambas manos y secar bondadosamente sus lágrimas-Puede que sea una secuela por haber caído del caballo, pero llegando a Escocia hare que te atiendan los mejores médicos-el rubio al escuchar aquello abrió sus ojos desmesuradamente al percatarse que seguía sin reconocer el lugar en donde estaban y no tenía el aspecto de un hospital, que a pesar de ser sobrio, estaba adornado de manera elegante.

-¿Escocia, a que te refieres?, ¿Y Candy, donde esta ella?-a pesar de su estado, deseaba saber de ella temiendo que su traslado a ese país en donde se originó los Ardley le estaba impidiendo verla. Fue cuando su padre decidió contarle que estaban en un barco tras atlántico, que llevaban días navegando y apenas ese día él había despertado después de su caída. Le comento todo lo que Archie le había dicho esa noche, el que creyera que estaba muerto, lo que tenían preparado para él, el enfrentamiento que tuvo con los más viejos y poderosos del clan para poder llevárselo, ya que incluso a él le ocultarían la verdad, para que ellos pudieran moldear al líder que William Ardley aparentemente se negaba ser. Lo llevaría a su lado a cuidarlo, con la amenaza de que si hacían el intento para impedírselo, se encargaría de que nunca supieran más de Anthony, a pesar de todo, él seguía siendo el segundo en la línea de sucesión, una pieza importante si las cosas llegaran a una crisis, no tuvieron otra opción que aceptar aquella tregua.

-Archie me pidió que cuando despertaras te entregara esto-Vincent le extendió el sobre a su hijo, quien continuaba en estado de shock por el millar de cosas que habían sucedido mientras él estaba inconsciente.

"Anthony

Para cuando leas esta carta y estés con tu padre, es porque pude evitar que nuestra propia familia nos alejara de ti para siempre, por eso puse toda mi fe en tu padre, él te explicara con más detalle la manera en que mi tía abuela y los ancianos de clan deseaban moldear en ti al próximo líder de los Ardley, puede que el tío abuelo no se está ocupando por ser una persona mayor, sin embargo no les da derecho a hacer algo así contigo, eres libre y mereces decidir tu propio destino. A pesar de que no nos veamos por un tiempo, la tía estará al pendiente que Stear ni Candy sepan que realmente estas vivo, me amenazo con alejarnos de ella hasta incluso hacer que el tío abuelo revoque su adopción, sé que ninguno de los tres desea eso, después de todo hicimos lo posible por alejarla de esa vida con los Legan y protegerla, hare todo lo que este en mis manos para que eso no suceda, tu ocúpate de recuperarte y que puedas volver con nosotros.

Mis mejores deseos, tu primo Archie."

El joven seguía aun abrumado después de leer esa carta, a pesar de que había despertado de su letargo, no podía decir del todo que estaba recuperado, no sabía cuál era realmente su condición al no poder mover sus piernas, temía que esa secuela fuera permanente, no deseaba regresar y enfrentarse estando inmóvil, sin poder caminar, sin poder valerse por sí mismo. No, tenía que pensar que lo lograría, regresaría para estar al lado de Candy, tenía una promesa que debía de cumplir, por la cual podía decir que seguía vivo. Su padre le comento que Archie le había entregado algo de su ropa junto con la carta, a lo cual le pidió que se la entregara para revisarla y allí estaba, su chaqueta favorita, su primo lo sabía, busco en una de las bolsas internas hasta que finalmente lo encontró, una esperanza, una promesa de volver a repetir aquel día, la moneda de dorada que no se gastó y que al igual que la otra, también estaba separado de su dueña, con la ilusión de volverse a reunir algún dia.

Finalmente llegaron a Escocia, a una modesta mansión que el capitán Brower había comprado con la intención de vivir allí su retiro, antes tenía la intención de recibir a su hijo si este deseaba estar con él en sus vacaciones, pero nunca imagino que lo tendría por mucho más tiempo. A pesar del largo viaje, Anthony se mantenía envuelto en los mismos pensamientos, sobre todo recrear en su mente aquellos ojos verdes ese día en la cacería de zorros.

-"El joven del que le iba hablar, el hermano de mi madre, su príncipe, entonces, ¿Por qué yo?"-se preguntaba una vez más, recordó que era imposible que fuera el segundo en la línea si había otro joven disponible, seguía sin entenderlo. Estaba ensimismado en sus reflexiones que no se dio cuenta cuando una señora de rostro amable los recibió a la entrada de la mansión.

-Buen día señora Fraiser, quisiera presentarle a mi hijo, Anthony-menciono mientras sostenía la silla de ruedas en donde estaba postrado el joven con la mirada perdida en un punto fijo-Anthony, ella es la señora Isobel Fraiser, es quien se encarga de la cocina y el mantenimiento de la casa-el ojiazul finalmente levanto su mirada viendo la sonrisa afable de aquella señora de mediana edad, bajita, con un cuerpo robusto sin llegar a ser regordeta, a simple vista una persona dulce, confiable y amable.

-Mucho gusto joven Anthony, bienvenido sea-respondió sin mostrarse imprudente o sorprendida por su condición, al contrario estaba siendo cálida y afectiva.

-Igualmente es un gusto conocerla Sra Fraiser, gracias-Anthony contesto mostrando una leve sonrisa, a pesar de no estar muy animado, podía asegurar que ya le agradaba, sentía que era una persona de confianza.

Pasaron algunos días más hasta que su padre llego finalmente con la persona que podría darle la respuesta a su condición. Se trataba de un hombre de edad avanzada, un médico experto, respetado en el gremio y quien además estaba dando clases en la Universidad de Edimburgo el Dr. Benjamin Klaise. A primera instancia pudo ver que era un chico sano a pesar de permanecer en su silla de ruedas y que sus ojos, su mirada carecieran de vitalidad como él llamaba aquel brillo que caracterizaba a cada persona. Examino las circunstancias en las que se originó aquella inmovilidad y el estado preciso de sus piernas.

-Tuvo una fractura en su columna y cadera, pero no es tan grave-aclaro rápidamente antes de que ambos, tanto padre e hijo se desanimaran por el diagnostico-Con el tratamiento que le daré y algo de tiempo lo lograremos, es un chico fuerte, sin duda podrá caminar-por primera vez desde su llegada a Escocia el rubio pudo mostrar una sonrisa deslumbrante, llena optimismo y esperanza, sin duda daría todo de su parte para poder lograrlo.

Al día siguiente una carta de Archie había llegado, su padre le había mencionado previamente que le había compartido su dirección para que pudieran comunicarse. Leyó aquella misiva en donde su primo primeramente esperaba que haya despertado, y posteriormente explicarle que todos seguían pensando que él estaba muerto, por lo tanto Candy aún permanecían fuera de peligro, le dio a conocer que tanto él como su hermano habían llegado al Colegio Real de San Pablo en Londres, como previamente la tía les había dicho y que era una tradición para los Ardley ingresar, por lo cual pronto Candy asistiría, con esto también le expresaba su deseo de que se recuperara pronto y de recibir alguna respuesta de su parte. Tan pronto al terminar de leer se dirigió a escribir su respuesta, dando señales de que finalmente había recobrado la conciencia, no obstante tenía que pasar tiempo antes de que pudiera regresar debido a su inmovilidad en sus piernas, pero que haría todo lo posible para volver a caminar y enfrentarse el mismo a los Ardley, aclarando de una vez que era dueño de su propia vida y así regresar al lado de su Candy, pidiéndole a Archie que siguiera cuidándola, no importaba si debía callar con tal de que ella siguiera protegida.

El tratamiento daba su inicio, que a pesar de que pasaban los días y lo hacía parecer lento, prometía ser efectivo, también le daba tiempo para continuar con sus estudios si es que quería alcanzar a sus primos, por lo cual su padre le otorgo todas las facilidades para contratar varios maestros privados e incluso el mismo para practicar los idiomas que había aprendido en sus diversos viajes. Otra carta de Archie había llegado, en el mismo instante en que sus dedos la tomaban la abría para ver su contenido, le informaba que Candy finalmente había llegado al colegio dispuesta a convertirse en toda una dama a pesar de la travesía que la llevo ingresar con Klint. Le advirtió además que el tío abuelo estaba en Londres pero era imposible localizarlo a pesar de que le había enviado una carta a la pecosa, quería verlo tanto como Candy para hablar de su supuesta muerte y asegurarse de que la ojiverde no saldría perjudicada, pero no hubo dicho encuentro. Anthony lamentaba lo último siendo que el jefe del clan era una persona llena de misterio, sin embargo se alegraba de que la rubia siguiera dentro de la familia y tenía la certeza de que se convertiría en la dama que siempre imagino.

En uno de los tantos días en los que el Dr. Klaise iba a la mansión Brower, había llegado con una jovencita que era de la misma edad que el paciente, sin embargo parecía comportase como una persona mayor, era una sobrina del doctor que sus padres habían enviado a Escocia para que la cuidara un semestre antes de que ingresara a una escuela de señoritas especializada en artes en Londres.

-Anthony, ella es mi sobrina Karen, espero que no te haya molestado que la trajera, pero pensé que ustedes podrían llevarse bien-comento antes de acercarse más a su paciente para susurrarle-Casi no tiene amigos-

-¡Tio!, tampoco soy una inadaptada, no exageres- reprocho la joven frunciendo su ceño a pesar de que mantenía su postura erguida-Mucho gusto Anthony, sé que nos llevaremos bien-la joven sonrió amenamente, estaba aliviada de que podía hablar con alguien más aparte de su tío, no es que lo odiara, al contrario, pero si quería abrirse al mundo, la amistad era un paso importante.

-El gusto también es mío Karen y también sé que nos llevaremos bien-respondió ofreciendo su mano para que la estrechara, a lo cual ella acepto dando inicio aquella amistad que ninguno de los dos esperaba, pero que tal vez necesitaban.

Mientras intercambia correspondencia con su primo acerca de sus avances y de como él, Stear y Candy sobrevivían en el colegio, su amistad con Karen a pesar de no ser tan estrecha, le agradaba tener a alguien con quien hablar, siendo que además no había otro interés de por medio como el que tenía Elisa con él, pensando que tal vez ella hacia lo posible para que nadie más se le acercara, intentándolo también con Candy, pero fue imposible, lo suyo con aquella niña de ojos verdes era cosa del destino y algo que sería para siempre. Karen era un torbellino, parecía arrogante y engreída como Elisa, pero en vez de obtener algún beneficio a costa de alguien más, Karen deseaba hacerlo por sus propios medios, ambicionando ser una actriz reconocida en el futuro.

-¿Qué es lo que sucede, porque esa cara, tan mal te fue con mi tío?-cuestiono la castaña después de una sesión que tuvo el rubio, notando en su mirada ansiedad y desesperación-De acuerdo, creo que te hará bien tomar algo de aire fresco-sin esperar una respuesta tomo la silla de ruedas para ir cerca de una colina que daba vista panorámica a un lago-¿Hubo algo que no te gusto leer en esa carta?-cuestiono bajo el cielo parcialmente nublado, con el viento meciendo su cabello, y con su mirada en el regazo del joven en donde tenía un sobre una hoja de papel doblado.

-Tendré que ponerte en contexto para que me puedas entender-argumento él dando inicio el relato de él y la niña rubia de ojos verdes que cada día añoraba ver.

-Creo que viendo tu estado, te habrás dado cuenta que la carta de La Muerte no tiene un significado literal, ¿cierto?-interrumpió la joven quien ya se había sentado sobre el césped a un lado del rubio, quien se mostró curioso ante la observación en tono de burla de Karen, ella chasqueo su lengua antes de proseguir-Esa carta significa cambio, la muerte o final de una situación y el nacimiento de algo nuevo, podría decirse que de cierta forma si cumplió la predicción-

-¿Tú realmente crees en esas cosas?-cuestiono el rubio ya que después de haber acudido con aquella adivina del pueblo se mostraba escéptico, al contrario que la rubia, quien se mostró preocupada por la advertencia de esa longeva señora.

-Ah, ¿no te lo había dicho?, soy vidente-dijo a lo cual ambos estallaron en risas, logrando que finalmente el ojiazul dejara atrás esa cara llena de zozobra-En realidad creo que hay cosas que están destinadas a ser y otras que están bajo nuestro poder, en decidir hacer o no hacer algo, yo soy de carácter curioso y me gusta saber un poco de todo, es por eso que se algo de tarot, pero no sé leerlo realmente, así que por favor, continua-confeso estando aun interesada por lo que estaba contando el rubio, llegando finalmente a la situación que el remitente expresaba en aquella carta.

-Dice que hay una persona con la que Candy está conviviendo mucho, el hijo de un Duque, que su reputación no es buena por ser agresivo, por lo cual no está de acuerdo que lleven una amistad, y en su afán de ella por defender esa relación, Archie estaba a punto de decir la verdad, pero al ser malinterpretado, decidió detenerse-dijo finalmente la razón por la cual su ánimo se había visto afectado.

-Es por eso que deseas recuperarte pronto y reunirte con ella, ¿acaso, temes perderla?-Karen era así, directa a pesar de que su afán no era lastimarlo, esa verdad y aquella pregunta eran el centro de todo su miedo-No es porque sea mi tío, pero sé que él lograra hacer que vuelvas a caminar y que pase lo que pase, tu estarás con Candy-la castaña estaba tan segura de ello, como que algún día ella actuaría en Broadway.

-En el fondo eres una romántica Karen-el joven bromeo más animado gracias a las palabras de aliento de su amiga-¿Te has enamorado alguna vez?-cuestiono logrando que la castaña se mostrara pensativa mientras abrazaba sus piernas.

-No y tampoco deseo un matrimonio arreglado, quiero vivir por mí misma y no por lo que me de mi marido, quiero se Karen Klaise, y no Karen la esposa de alguien por su renombre, si voy a casarme algún día, será con alguien que yo elija y no por su herencia o apellido, entonces, creo que sí, soy una romántica después de todo-dijo orgullosa por no ser una chica común y que por sus pensamientos radicales le era difícil conseguir amigas, solo había conocido chicas que solo están ansiosas a la espera de tener la edad de casarse pensando así que su vida estaba resuelta, no, ella quería resolver su vida ella misma.

-Creo que algún día encontraras esa persona-menciono Anthony esperando que la castaña encontrara la dicha de un amor correspondido que las jóvenes de sociedad no tenían la oportunidad de vivir.


Los días continuaron y Anthony entre los ejercicios de flexionar sus piernas que tanto el Doctor y su padre le ayudaban, estaba como parte de su rehabilitación hacer el intento de dar mínimo dos pasos mientras se apoyaba de unas barras paralelas, sin embargo hubo varias semanas en donde ni siquiera poder dar un solo paso, caía a veces de manera estrepitosa dejándole uno que otro moretón, sin embargo su determinación, esa moneda que conservaba como su amuleto, su deseo por regresar al lado de la dueña de aquellos ojos que siempre pensaba antes de dormir y aquel rostro hermoso lleno de pecas hacían que lo volviera intentar una y otra vez. Vincent temía ver que se estaba sobreexigiendo, sin embargo el Dr. Klaise lo dejaría llegar a ciertos límites que él consideraría prudentes. El ojiazul continuaba intercambiando correspondencia con su primo, comentándole lo complicado que era para los tres adaptarse en el colegio, aunque estando él seguramente ya se hubieran metido en mil problemas con la terrible hermana Gray como lo había estado haciendo Candy. La alegría y entusiasmo lo invadieron cuando le comento que entre sus cosas había una foto de él más joven y que Candy había pedido quedarse con ella. El rubio también deseaba tener una foto de ella, pero no podía quejarse por la foto que había enviado Archie donde salía él y Stear en su elegante uniforme.

La primavera había llegado a las tierras escocesas brindándole un brillo esplendoroso y con ello los resultados de la perseverancia del joven, al poder dar más pasos, aunque aún faltaba hacerlo sin el apoyo de esas barras, se sentía regocijado y aunque tenía como meta recuperarse por completo en Mayo, el Doctor no le podía asegurar dicha meta en tan corto tiempo. Y así fue, además de que su primo le informo que Candy, a pesar de que tomaron en cuenta la fecha de aquel día en que le regalo la Dulce Candy como su cumpleaños y así ser el espíritu de la flor en el festival, no iba poder ir debido a que fue castigada por querer ayudar a una amiga, no la culpaba, ni la juzgaba, pero lo lamento profundamente. A pesar de que en sus cartas había mayor interés por Candy, Archie no evitaba mencionar el malestar que le seguía causando Terry Grandchester, no obstante, Anthony le daba poca importancia y se seguía enfocando en su anhelo por volver a verse con su pecosa.

A pesar de su corta edad, los profesores de Anthony decidieron que ya era momento de que se graduara del bachillerato y pensara seriamente que carrera y en donde deseaba aplicar el joven. Aunque su plan era alcanzar a sus primos y a Candy en el Colegio San Pablo, tampoco podía dejar de pensar que era lo que queria hacer él realmente y no lo que la familia Ardley deseaba para él.

-Y bien, por allí me entere que ya estás listo para entrar a la Universidad, ¿has pensado que es lo que quieres estudiar?-pregunto el Dr. Klaise a modo de platica mientras realizaba su chequeo rutinario.

-Si voy a regresar y enfrentar a los Ardley, seguramente me harán estudiar negocios o derecho-respondió estando recostando fijando su vista hacia el techo.

-Pero eso no es lo que quieres tú, ¿cierto?-menciono notando lo contrariado que estaba el joven, hablaba de enfrentarlos, más sin embargo aun había control sobre él.

-No, en realidad hay un pensamiento que no me ha dejado en paz desde niño, desde la muerte de mi madre, ni un solo médico pudo dar con un diagnóstico y curar la extraña enfermedad de mi madre-comento sintiendo nuevamente ese dolor e impotencia, que a pesar de ser hombres de ciencia, no tenían todas las respuestas.

-Todos los días, todo el tiempo hay avances en la medicina, puede que en el futuro haya muchos más-argumento el experimentado médico, el cual siempre trataba de actualizarse, había muchos métodos que en su época de estudiante ya no se usaban actualmente.

-Quiero hacerlo-dijo repentinamente el ojiazul, sonriente, con su corazón inflado de emoción, con un propósito que deseaba alcanzar-Quiero estudiar medicina, ayudar a la gente, luchar para que no pierdan a un ser querido, ser alguien como usted, quien se ha ganado toda mi admiración en ayudarme en volver a caminar, muchas gracias-menciono con palabras que logro conmover al longevo hombre, quien carraspeo antes de seguir hablando.

-La Universidad de Edimburgo tiene un excelente plan de estudios, yo estoy por jubilarme pero los profesores que hay, además de mí, son excepcionales, aunque no es tan fácil ingresar y mantenerse-menciono al ser una escuela en donde se tenía que entregar todo el tiempo y esfuerzo en cada materia, en cada examen.

-Puede que estudie en América una vez que regrese con mis primos-respondió ante la sugerencia de su médico, pero si quería mantenerse cerca de Candy tenía que estar en donde ella estuviera.

-Bueno, si cambias de opinión, te puedo ayudar a estudiar para el examen de ingreso-se ofreció el reconociendo el potencial del joven que además de brillante era perseverante, cualidades perfectas para un médico.

-Se lo agradezco-respondió a pesar de que creía que no sería necesaria su ayuda si todo continuaba su curso como lo tenía planeado.


Anthony estaba entusiasmado de que llegara el verano después de la carta que le había enviado Archie al informarle que tanto él como Stear y Candy irían a la escuela de verano en Escocia. Estaba casi listo ya que casi podía caminar, aunque esto lo hacía con la ayuda de un bastón y solo unas pocas horas al día para no cansarse. Karen estaba a punto de irse a Londres para un curso previo a entrar a la escuela de señoritas, prometiéndole a su amigo que se mantendría en contacto, así él le contaría de su progreso y su posible re encuentro con su amada.

El día finalmente había llegado y Archie pudo escabullirse para dirigirse a la dirección a la que siempre enviaba las cartas y no quedaba tan lejos del colegio en donde estaban acudiendo.

-Joven Anthony, tiene visitas-menciono la Sra. Fraiser al entrar acompañada en un pequeño estudio en donde el rubio se dedicaba estudiar uno de los libros que el Dr. Klaise le había recomendado para introducirse un poco a la medicina.

-¡Anthony!-la voz de Archie se elevó al ver a su primo quien se levantaba para recibirlo y que podía dar un par de pasos sin su bastón.

-¡Archie!-ambos se fundieron en un abrazo en donde fueron inevitables la lagrimas-Los he extrañado mucho-menciono antes de soltarlo y ver que el tiempo había comenzado actuar en ellos.

-Yo también, estoy feliz de que estés bien, de que te estas recuperando-respondió mientras se secaba las lágrimas y después ser invitado a sentarse en una sala que había en la habitación, pidiéndole a la Sra. Fraiser té y unos bocadillos.

-¿Cómo están, tú, Stear y Candy?-pregunto, siendo el nombre de la pecosa el que había pronunciado con dulzura.

-Mi hermano y yo estamos bien, Candy es la misma de siempre, reponiéndose a las dificultades, aunque como te he mencionado, sé que te extraña cada día-argumento dándole a entender que a pesar de que la rubia seguía creyendo que él había muerto, siempre estaba presente-¿La tía abuela ha tratado de contactarte?-cuestiono repentinamente causando que el rubio cambiara drásticamente su mirada.

-Si-le había restado toda importancia al asunto, que se había enfocado únicamente en su recuperación y en las cartas de Archie-Cuando vino a Londres, me envió un telegrama pidiendo verme, pero yo me negué, me envía cartas pero yo no le contesto, si ella me declaro muerto, que así lo crea entonces-le dolía que siendo la mujer que fue parte de su crianza al final de cuenta le interesara el estatus, la reputación, que el amor hacia su sobrino.

-Aun me pide que no les diga nada, entonces, ¿Cómo haremos para que te veas con Stear y Candy?-pregunto siendo el tema principal por él cual los dos estaban ansiosos para que ese verano llegara.

-Si la tía abuela y los Ardley tienen ojos en todas partes, hay que hacerlo de manera inesperada, el ultimo día-propuso suponiendo que estarían demasiados confiados creyendo que estaría ansioso por encontrarse con su primo y la ojiverde lo más pronto posible y de manera improvisada, que no pensarían que lo haría de forma más organizada el ultimo de su estancia en Escocia.

-Bien pensado, hagámoslo-dijo el chico elegante y así ambos proponer ideas hasta llegar a una, en donde se encontrarían cerca del lago a una hora precisa-No creo que tenga problemas para hacer que ellos estén allí-menciono el castaño al levantarse de su lugar dispuesto a regresar lo más pronto posible antes de que su hermano comenzara a sospechar.

-Estaré ansioso porque llegue ese día-respondió con una sonrisa, alegre por ver finalmente a su primo, que consideraba al igual que Stear, un hermano.


A partir de ese entonces contaba los días y las horas para llegar a ese esperado encuentro, tanto así que días después de la visita de su primo pensó que alguien gritaba su nombre, con esa voz inconfundible, con la misma voz que lo había llamado para que reaccionara después de caer del caballo, se acercó a su ventana que se encontraba en su estudio, sintiendo como el viento acariciaba su rostro y su cabello, tocándose el pecho, su corazón también había escuchado ese llamado, sintiendo ese misma opresión al recordar ese triste recuerdo que había marcado su separación.

-Candy-susurro sin percatarse que una lagrima descendía por su mejilla, guardando el anhelo por acudir a ella, abrazarla una vez más y perderse en su mirada.

Pasaron los días y la ansiedad aumentaba, saber que ella estaba tan cerca y no podía arriesgarse a buscarla, sin duda lo estaba consumiendo. Fue por eso que a pocos días de la fecha acordada con Archie, salió de la mansión Brower para pasear a los alrededores del lago, a paso calmado y con su bastón como apoyo, disfrutaba del clima veraniego que sin duda era diferente al de Lakewood, había un viento fresco y puro como aquella mansión de las rosas, pero era un poco más gélido y estridente logrando que las hojas de los arboles entonaran una sinfonía natural, la luz del sol, tan deslumbrante pero que se disfrutaba debido a que la mayoría de los días eran nublados. Se fue acercando al lago adentrándose en donde había varios árboles que otorgaban una agradable sombra, sin embargo una imagen hizo que se detuviera y de inmediato esconderse atrás de un árbol, allí estaba ella, la niña que ahora era una jovencita, no imagino que se vería más hermosa que de lo que recordaba, pero no estaba sola, estaba sentada junto con un joven de melena oscura. Charlaban, pero estaba demasiado lejos para saber de lo que estaban hablando, sin embargo seguía atento.

-"¿Podría ser el joven del que me hablo Archie?"-se preguntó viendo lo cercanos que eran y lo cual le molestaba Archie por ser un bribón y un rebelde, sin embargo, él parecía mirarla con ternura siendo atrapado por el encanto de Candy, pero también noto que ella le sonreía con gentileza y dulzura, esa sonrisa que creía era él, el único que tenía ese honor de provocar en ella.

Vio como él se levantó y le ofreció su mano para que la pecosa aceptara, cuando ella estuvo de pie, comenzaron a bailar sin necesidad de que sonara un vals. Anthony comenzó a sentir que la respiración comenzaba a fallarle cuando alcanzo a escuchar a lo lejos la risa de Candy, ella lucia tan esplendorosa y feliz, su deseo, su razón por la cual estaba vivo se estaba cumpliendo, pero no era él quien estaba a su lado. Los latidos lastimeros de su corazón comenzaron a ensordecerlo mientras se mezclaba con la risa de Candy, hasta que estas se detuvieron al igual que su baile, dejando que siguiera sonando el retumbar de su corazón, hasta escuchar como había estallado al ver que habían unido sus labios, su vista comenzó a nublarse mientras daba un par de pasos atrás, dejando caer su bastón, sin ser capaz de seguir viendo, se alejó rápidamente con pasos veloces sintiendo que aquellos árboles eran interminables y que no sería capaz de escapar de ese lugar, le importaba más alejarse de allí que limpiarse las lágrimas que habían surcado su rostro, quería concentrarse en llegar a su casa pero esa imagen, ese beso se repetía mil veces.

-"No tiene sentido que yo regrese, yo sigo muerto para ellos, para ella, ¿para qué regresar, para que ella tema ser feliz porque no seré capaz de ocultar lo que siento por ella?, no, ella tiene que ser feliz, no puedo estar en su vida"-pensaba hasta que finalmente llegaba a su casa, siendo interceptado por su padre, quien lo vio preocupado por la mirada perdida de su hijo.

-Anthony, ¿Qué pasa y tu bastón?-cuestiono intentando que el rubio reaccionara y volviera a la realidad, aunque por otro lado estaba asombrado de que haya caminado sin la ayuda del bastón.

-Es tarde, necesito estar solo-menciono sin referirse a la hora y con una voz plana dejando confundido a Vincent, pero lo dejaría por ahora, después iría ayudarlo con lo que sea que estuviera guardando.

El resto del día el joven no salió de su habitación, preocupando tanto al Capitán Brower como a la Sra. Fraiser, quien le había dejado comida en su puerta pero este no había probado bocado alguno. Al día siguiente, Vincent deseando respetar aún la privacidad de su hijo se tomó el atrevimiento de abrir la habitación de su hijo, viendo que estaba sentado junto a la ventana con la vista perdida en la hermosa vista que le daba de las demás casas y algunos castillos que se encontraban en la zona.

-Anthony, hijo, ¿estás bien?-pregunto, pensando por un momento que su hijo no respondería, este suspiro y cruzo su mirada con él, mostrando una sonrisa diferente, desolada y sus ojos carentes de ese brillo que siempre lo habían caracterizado.

-Estoy bien, vamos a desayunar-dijo mientras se alejaba de la ventana y salía de su habitación dejando a su padre atrás, preocupado.

Desayunaron, tranquilos y en silencio, incluso la Sra. Fraser no se atrevía a preguntar y fue reforzada a no hacerlo ante la negativa que le dio el Capitán Brower. Al terminar y sin decir una palabra, el rubio regreso a su cuarto, un par de horas después Vincent lo visito de nuevo a su habitación con una idea nueva. Entro una vez más sin su permiso y sin que él se molestara ya que lo había encontrado de nuevo mirando por la ventana.

-Es una vista increíble-dijo Vincent en un intento de abrir una conversación con su hijo, que desde el día anterior le era difícil entablar.

-Si, por eso ayer camine un rato y la vi-el rubio comenzó a hablar sin mostrar algún sentimiento en su voz, algo que extraño de sobremanera al Capitán, ya que si se traba de esa amiga que tanto estimaba su hijo, era imposible que él se expresara de esa manera-Con un chico, creo que era ese Terry del que me hablo Archie, si, debe ser él-dijo aquello ultimo de manera pensativa-Se veían tan unidos, tan felices y ese beso…-el silencio del ojiazul y el desconcierto de Vincent se hicieron presentes, vio cómo su hijo sufría, pero parecía luchar por no sentir o expresar ese dolor.

-Anthony, ven conmigo-ordeno sin estar dispuesto a recibir un rechazo, tomo a su hijo del brazo, y este simplemente se dejó llevar por su padre hasta el salón que además de ser donde recibió su rehabilitación, era un gimnasio. Anthony sin cuestionar y sin reprochar nada, vio como su padre comenzó a vendarle las manos para después ponerle unos guantes de box que le habían pertenecido, estaban gastados pero aun servían bien-Viendo que te has recuperado, deberás recuperar tu fortaleza, así que te enseñare boxeo como lo aprendí en la marina, pero claro, no será para que golpees a la gente a diestra y siniestra, el boxeo es mucho más que eso-tomo el pao de boxeo que también le ayudaría como escudo.

-Papá…-quería decirle que no estaba de ánimos, pero su padre dejo el pao a un lado y se acercó atrás de su hijo para indicarle la posición correcta, al terminar de nuevo tomo el pao para poder iniciar sus indicaciones.

-Golpea, sin temor, tu padre no es tan débil como crees-dijo bromeando a pesar de que el rubio no le causo efecto alguno, así que empezó con un golpe certero pero débil con su puño izquierdo-¿Eso es todo Anthony?-cuestiono en forma de reproche y también en un intento por provocar a su hijo-Piensa en todo lo que deseas sacar y que tú mismo estas impidiendo que salga, hazlo o si no, el único que saldrá más herido serás tú-el joven comenzó a golpear el pao con ambos puños, uno tras otro, pero aun había temor en sus golpes-¡Mas fuerte, sin miedo, déjalo salir!-ordeno siendo que nunca se había dirigido así con su hijo, pero había sido un efectivo estímulo para que Anthony golpeara cada vez más fuerte, pensando desde su accidente, lo que tenían planeado los Ardley, la amenaza de su tía abuela para que nadie supiera la verdad, su recuperación y que al final se encontrara con aquel resultado, no podía odiarla, no quería, aunque su corazón doliera, aun deseaba que fuera feliz. Cada golpe era cada más fuerte, más rápido, con una ira que ya no podía contener, hasta que termino exhausto, con la respiración agitada, arrodillado en el piso apoyando sus manos aun enguantas en el suelo, gotas de sudor chocaban en el piso, pero él sabía que no era lo único que estaba derramando, sus lágrimas comenzaron a ser más abundantes y con ello finalmente un grito de dolor salió de sus labios, aquella expresión que venía conteniendo desde el día anterior. Su padre se acercó a él para abrazarlo y que su sollozo continuara, había frustración, tristeza, un corazón roto-Así, sácalo, no tiene de malo hacerlo-el Capitán también lloraba, sabia el dolor que se sentía al perder a la mujer que había amado tanto, odiarse por no haber estado en sus últimos días, por eso se prometió que nunca dejaría a su hijo, quien ahora lo necesitaba más que nunca.


El día que tanto había esperado, no acudió a la cita. Por eso, casi al anochecer, Archie había llegado apresurado a la mansión Brower a pesar de que tenía el tiempo contado antes de que su hermano o alguna de las monjas supieran que no estaba en su habitación, temía que algo lo suficiente grave hubiera sucedido como para que su primo no fuera al lago como habían acordado. Sin embargo se tranquilizó al verlo bajar las escaleras con toda la facilidad, demostrando que estaba recuperado completamente, solo físicamente, porque en su mirada el brillo y la ilusión que había visto la vez anterior se había esfumado.

-Anthony, ¿Qué sucedió, porque no fuiste?-cuestiono a lo cual su primo mostro una sonrisa contrariada, algo que comenzaba a ser común en él.

-Decidí no hacerlo-respondió firme después de respirar hondo.

-¿Qué, acaso tienes planeado otra cosa?-cuestiono al ver a simple vista que no había ningún impedimento para aquel encuentro.

-Sí, tú y Stear seguirán protegiendo a Candy, asegurándose de que ella sea feliz con él-menciono el ojiazul mientras ponía su mano sobre el hombro de su incrédulo primo.

-¿Con él, de quien hablas?-cuestiono, pero de inmediato el nombre del hijo del duque vino a su mente-No, Anthony, estas mal, por favor no lo hagas-le suplico, no obstante Anthony negó levemente con su cabeza.

-Los vi, junto al lago, cuando se besaban-era difícil decirlo pero sobre todo recrear esa imagen, pero debía aceptar la realidad y dejar de idealizar un futuro con Candy.

-Ese imbécil, ¿Cómo se atrevió?-Archie quería salir para darle una golpiza al castaño, a pesar de que días antes se portó amigable con él, sobre todo con su hermano al permitirle usar una de las avionetas del duque, pero nunca estaría por encima de su primo.

-Archie, no, basta, será mejor que cada uno continúe con su vida-dijo el rubio logrando que el chico elegante se paralizara.

-¿Qué quieres decir con eso?-temió preguntar y más cuando el ojizaul mostraba una sonrisa triste pero con una mirada determinada.

-Dejare que sigan creyendo que estoy muerto, no tiene caso que yo regrese y causarle conflicto con mi presencia, aunque también lo hago por mí mismo, no estoy listo para verla con alguien más, tampoco soy muy bueno disimulando, yo no soy nadie para juzgarla o reclamarle para que este a mi lado, es por eso que yo…-

-No, no, no hagas esto por favor, por lo menos a Stear-menciono con la esperanza de que accediera y así reforzar su suplica al tener a su hermano de su lado, pero Anthony sabía de antemano esa jugada, a lo cual nuevamente se negó.

-La tía abuela aun los tiene amenazados, así que con mayor razón no debo aparecer ni mucho menos que sepan de mi-esas palabras causaron que los ojos de Archie comenzaran a llenarse de lágrimas.

-Anthony-en su corazón temía que no se volverían a ver en mucho tiempo, que no serían como en sus días en Lakewood, los tres juntos, con sus aventuras y bromas.

-Prométemelo-el rubio tomo a su primo de ambos hombros haciendo que lo mirara de frente-Prométeme que harán lo posible tú y Stear para que Candy sea feliz-el menor de los Cornwell asintió mientras derramaba una lagrima y con ello recibir el fuerte abrazo del rubio quien también dejo escapar una lagrima al renunciar a la vida que tenía al lado de ellos y también al lado de ella.

-Pero podemos seguir en contacto, ¿verdad?-menciono Archie aun negándose a soltar a su primo.

-Si-se fue soltando lentamente de él-Quiero que me pongas al tanto de ti de Stear y de Candy para asegurarme que están cumpliendo su promesa-dijo con una sonrisa, siendo el ultimo recuerdo de Archie antes de regresar a Londres y finalizando el colegio de verano en Escocia.


Ya habiendo tomado la decisión, no tardó mucho en acudir con el Dr. Klaise quien ya se estaba preparando para irse de la residencia que estaba cerca de la Universidad, esto porque finalmente ya se había jubilado y sus días como profesor habían terminado.

-¡Doctor Klaise!-gritaba mientras continuaba corriendo y veía al longevo hombre quien estaba afuera de su caso viendo como subían sus muebles arriba de las camionetas.

-Vaya muchacho, si está bien que hago milagros, pero no abuses de tus pobres piernas-dijo mientras sacaba una pipa de su bolsillo y la prendía para poder fumarla mientras el rubio recuperaba el aliento-Sí que caminaste mucho, debiste venir en bicicleta por lo menos-

-Para nada, fue bastante revitalizante-el rubio no echaría en balde ese consejo, pero sin duda había disfrutado su larga caminata-Vine a pedirle su ayuda, quiero entrar a la Universidad de Edimburgo-comento con una postura firme causando que el Doctor lo mirara con asombro.

-Sabes, que no usare mis influencias, ¿verdad?-argumento dejando en claro a pesar de que sabía que el rubio era un joven honesto, quien en vez de ofenderse asintió enérgicamente-Muy bien, te ayudare a estudiar-acepto haciendo que el ojiazul sonriera de alegría, estaba emocionado por entrar a una Universidad de renombre-¡Regresen todo muchachos, Florida va tener que esperar!-los de mudanza se quejaron a pesar de que la paga seria doble, los muebles y libros del Doctor Klaise eran bastantes.

-Muchas gracias Doctor-dijo sintiéndose levemente apenado de que el Doctor tuviera que cancelar su viaje, retrasar su esperado descanso en las hermosas y cálidas playas de Florida.

-Aun no me lo agradezcas, hazlo cuando te gradúes, así que prepárate, a partir de ahora, olvídate de tu vida social y tus ocho horas de sueño-aunque parecía una broma era una advertencia, ya tenía pensado como formar a ese joven que tenía un gran potencial.

Y así fue que comenzó a estudiar el extenso material de estudio que el Dr. Klaise había preparado para que estuviera listo para el examen de ingreso, eran tantas la horas de estudio y tan poco el descanso que no tenía tiempo ni siquiera para contestar las cartas de Archie que comenzaban acumularse. Hasta que finalmente había logrado pasar el examen con una calificación sobresaliente, sin embargo, antes de que el Dr. Klaise partiera ahora si a Florida, le advirtió que lo difícil apenas empezaba. No obstante por muy dificil que fuera, estaba fascinado y entusiasmado por cada materia que tenía, por cada libro nuevo que abría y así llenar su cabeza de todo ese conocimiento. Para cuando se enteró de la trampa que había puesto Elisa en contra de Candy y Terry ya habían pasado meses, de igual forma el que Candy se fuera del colegio posteriormente a que el hijo del duque lo hiciera, sentía algo afilado atravesar su pecho el imaginar a la pecosa persiguiendo a Terry, incluso seguirlo hasta América, sin embargo reanudo su comunicación su primo. El tiempo siguió pasando entre exámenes, nuevas amistades, gracias a sus compañeros de la facultad, con los que a veces practicaban arquería, tenis, esgrima, ajedrez, futbol, aunque él siempre destacaba por el boxeo gracias al continuo entrenamiento de su padre. Pero cuando tenía que estudiar arduamente, pasaba días en la biblioteca sin percatarse que tanto adentro del recinto y afuera a través de la ventana era observado por las jovencitas, algunas estudiaban arte, música y literatura en la universidad. Y aunque intentaban animarse una a la otra para hablarle debido a que les parecía un chico bastante atractivo, ninguna se animó y más cuando parecía que sus pensamientos estaban alrededor de esos libros y cuando descansaba tomaba una siesta siendo un deleite para ellas. Cuando intentaron dejarle una manzana mientras dormía, al despertar él pensó que se le había olvidado a alguien y decidió dejarla con la bibliotecaria quien además tenía advertido que estaban prohibido los alimentos en el recinto.

Cuando necesitaba seguir estudiando lo hacía en su casa, pidiéndole previamente a la Sra. Fraiser que lo enseñara a cocinar debido a que comía a deshoras y era bueno comer algo nutritivo y recién hecho mientras seguía estudiando. Por medio de Archie se había enterado que él no era el único que había elegido el camino de la medicina, también Candy al estudiar enfermería, una emoción broto de su corazón, pero debía retenerla y únicamente desearle lo mejor. La guerra había estallado y sus primos tuvieron que regresar a América, precisamente en Chicago en donde afortunadamente habían trasladado a Candy para prepararse y presentar el examen para graduarse, cuando él estaba a poco tiempo de hacerlo. Una carta después de expresarle a Archie que él se estaba preparando para su examen, este le respondió lo feliz y lo orgulloso que estaba de él, además de comentarle de la visita de Terry a Chicago quien se había convertido en un actor de Broadway, recordándole que Karen recientemente le había anunciado su ingreso a la compañía Straford, sin embargo tanto el castaño como Candy, no lograron verse, la tía abuela seguía despreciando a la pecosa, cosa que le molestaba inmensamente. Anthony finalmente se había graduado con honores, su padre se sentía dichoso por ser testigo de ese evento, el joven por su puesto se encargó enviarle una carta tanto al Dr. Klaise para agradecerle todo lo que había hecho por él, expresando una vez más su admiración, de igual modo a Karen y a Archie enviándole una foto que tendría que guardar celosamente. No obstante al momento de iniciar sus trámites para comenzar sus residencias y ver el ánimo decaído del hospital por el personal que iba al frente, se había abierto una convocatoria para formar un equipo de investigación en Suiza, esto para continuar en obtener más hallazgos sobre la medicina y sus respectivos tratamientos, solo se aceptaría a gente excepcional, de ser posible uno que representara su Universidad, sería un grupo de elite, además de que el país de los Alpes se mantenía neutral ante el enfrentamiento, por lo cual solamente estarían enfocados en la salud, en salvar vidas todo lo contrario a lo que causaba una guerra. Su interés no solo fue porque aún faltaba descubrir que era lo que había enfermado a su madre, si no también su deseo de que la gente no perdiera a su ser querido por algo que se pudo tratar a tiempo.

Archie había respondido, comunicándole que Candy también se había graduado, como muestra, le había enviado una foto que al verla le paralizo el corazón y sentía que todo el mundo había desaparecido, sin embargo las demás noticas que venían adjuntas no eran alentadoras, Stear comenzaba a tener pensamientos acerca de la guerra, el consorcio Ardley comenzaba a estar inquieto, aunque era un misterio el por qué y Candy había sido invitada al estreno de Romeo & Julieta en Broadway, en donde el actor seria Romeo. Anthony al saber eso, tenía la certeza que estando en el lugar de Terry, no dejaría ir a Candy nunca más. Viendo la foto de Candy y sacando aquella moneda como su amuleto que había abandonado por un tiempo, mientras preparaba su ensayo para ser elegido a ir a Suiza, Anthony se sentía revitalizado, no evitaba sonreír, aunque de vez en cuando se le escapaba una fantasía en donde ellos dos tuvieran que atender un paciente, sabía que eso sería imposible, pero para su corazón era un suave y dulce bálsamo imaginar aquello.

Los días pasaron y con ello la espera de alguna respuesta por parte del Hospital Universitario en Zurich, era de sus primeros días de residencia aun sin asignarle una área, mientras atendía a un paciente, uno de sus compañeros de la facultad y ahora colega se acercó a él para informarle que el jefe del hospital quería hablar con él, ambos sabían que podía significar varias cosas, a lo cual, le deseo suerte al rubio. Al llegar a la oficina del Director, le entrego un sobre con el escudo de la Universidad de Edimburgo, su mano tembló ligeramente al tomarla y al abrirla sus ojos se abrieron desmesuradamente al leer el contenido y su aceptación al grupo de elite en Zurich, al notar aquella expresión el medico en jefe lo felicito de antemano. Al terminar su turno fue a su casa para comunicarle la noticia a su padre, la Sra. Fraiser le comento que el Capitán no se encontraba, también estaba ansiosa por decirle la noticia a aquella generosa dama, pero iba esperar para darle la noticia tanto a su padre como a ella. Inesperadamente la Sra. Fraiser le extendió dos sobres dirigidos a él, una de Archie y otra de la tía Elroy, pensó en desechar esa última, pero llevaba tiempo sin escribirle por lo cual se le hizo extraño que volviera a insistir.

Al abrir la carta de Archie, noto la angustia en cada una de sus palabras comunicándole que Stear insistía en ir a la guerra, viéndose en la necesidad de suplicar por su regreso e intentar convencer a su hermano de no cometer esa locura. Termino de leer la carta inseguro si su presencia haría alguna diferencia, posteriormente abrió la carta de su tía abuela, expresando el pesar que sentía por no querer comunicarse con ella, lamentando enormemente el error que había cometido, pero que sin embargo, tenía fe en que aquella carta tuviera una respuesta y más cuando solicitaba su regreso a América, que viniera a Chicago y se hiciera cargo de las empresas debido a la desaparición de su tío abuelo y de continuar así, el consorcio se vería en grandes problemas, la guerra estaba causando estragos enormes en la economía y sin una figura que los dirigiera, todo se derrumbaría.

Anthony estaba indignado, su plan era decirle a Archie que se iría a Suiza y que su comunicación sería más complicada, pero también lo hacía para evitar una carta en donde dijera que Candy ya se había casado. Ahora le pedían que regresara, no solo para salvar a su primo, si no también al consorcio de la familia que lo declaro muerto, pero, ¿Quién lo salvaría a él si llega a ver a Candy feliz y en los brazos de aquel actor?, quería que fuera feliz, pero egoístamente no quería ser testigo de ello y más cuando tenía un camino prometedor por delante.

-"¡Que cobarde eres Anthony!"-un pensamiento surgió entre la duda y después la imagen de Lakewood, las rosas, su madre en medio de ellas, mirándolo, con aquellos ojos verdes y una hermosa sonrisa, pidiéndole ir hacia ese lugar .No se perdonaría si debido a la crisis tuvieran que vender aquella propiedad, no, no podía. Estaba ensimismado recordando aquellos hermosos días antes de su accidente, que no se percató que su padre había llegado.

-¿Sucede algo Anthony?-pregunto, haciendo que el rubio lo mirara. El rubio reforzó su idea de que Lakewood representaba a su madre y aunque su padre le dolía frecuentar ese lugar, estaba seguro de que le dolería que estuviera en manos de alguien más.

-Papá, hay algo que tengo que decirte-menciono habiendo tomado ya una decisión, dejaría la cobardía atrás y tomaría las riendas de su propio futuro.

El cielo estaba repleto de nubes grises por lo cual era difícil distinguir la presencia del sol, pero si el de un clima gélido. Pero no era eso exactamente la causa por el cual el hijo del capitán Brower estaba temblando por mucho que intentara reprimirse.


Anthony vio como subían sus maletas al inmenso navío que cruzaría el océano para llevarlo a su destino, la última vez que se subió a uno ni siquiera estaba consciente al inicio de su travesía mientras lo alejaba del lugar a donde tenía que regresar. Lo admitió, internamente, tenía miedo, pero no por ello se iba a echar para atrás, cumpliría su palabra ya que a diferencia de algunos miembros de la familia Ardley, tenía honor y haría lo posible para que los miembros que más le importaban no se vieran afectados con la crisis que se avecinaba. Y estaba el tema de su primo, quien estaba dispuesto a enlistarse a una tonta guerra, en donde no habría ningún ganador, lo sabía, el resultado siempre seria el mismo, todos perderían, vidas valiosas, tiempo perdido, lo sabía, porque eso era lo que estaba viviendo, se lo habían arrebatado, pero tampoco iría a intentar recuperarlo, sobre todo tener una vida con la dueña de esos ojos verdes que veía antes de dormir y ocupaba sus pensamientos por mucho que se desviara de esos recuerdos.

-Ya es hora-su padre fue el encargado de regresarlo nuevamente a la realidad y decir aquellas palabras para que ambos se dieran cuenta del peso que recaía esa despedida.

-Cuídate mucho papá-sonrió un poco forzado, quería mostrarse optimista y no preocupar al capitán Brower. Pero él supo leer su mirada y sin dejar pasar un segundo más lo abrazo fuertemente, logrando que el joven rubio recobrara fuerza.

-Tu también Anthony-se separa de él y lo tomo del rostro, reconociendo una vez más lo mucho que se parecía a su Rosemary más que a él, por lo cual también le era difícil dejarlo ir cuando en el pasado estuvo a punto de perderlo para siempre-Tratare de alcanzarte si tú decides...-

-No papá, ya hablamos muchas veces de esto, regresare en cuanto todo termine-contesto firmemente, convenciéndolo a él, convenciéndose a sí mismo.

-Tal vez el destino, tenga algo más preparado-aquello solo logro que el rubio mostrara una sonrisa contrariada, no quería pensar en el después, no quería guardar esperanzas.

-Siempre he pensado que uno es el arquitecto de su propio destino, por lo cual reitero, regresare-si estaba en sus manos lo haría, ya era lo suficientemente mayor para no dejar que nadie intervenga con sus decisiones, ni mucho menos con su futuro.

-Estoy orgulloso de ti, escríbeme lo más que puedas-no quiso contrariarlo, sobre todo cuando la mayoría de los pasajeros ya habían abordado.

-Lo hare, te quiero papá-con una sonrisa fue subiendo al navío, los nervios intentaban dominarlo pero se repetía internamente que todo estaría bien.

El barco estaba zarpando mientras los pasajeros se despedían de sus familiares, lo mismo hizo Anthony al ver a su padre, lo echaría mucho de menos, valoraba los años juntos, por lo cual a veces no reprochaba del todo en como su futuro fue manipulado, su padre dejo ir sus miedos y lucho para recuperarlo, no le gustaba pensar como hubiera sido, si las cosas hubieran sucedido de otra manera.

Al alejarse del puerto se dirigió a la proa, estaba consigo mismo, mirando el gris del cielo, chocando con el azul de sus ojos, pero en su corazón deseaba ver otro color, uno más vivo aunque solo fuera en sus recuerdos y sin poder detenerse, de su chaqueta saco la foto más actual de la dueña de esos ojos que lo perseguían, aquella que sin querer se había convertido en su inspiración, a pesar de que estaba consciente de que ella y el actor se reunirían en Nueva York y tal vez nunca la vería y se encargaría de que su presencia fuera un secreto, era una de sus tantas reglas al aceptar ir a América. Era doloroso y no por ello dejaba de admirar su belleza, era doloroso y aun así deseaba que ella fuera feliz, era doloroso y aun así hizo un esfuerzo sobre humano para reprimirlo, aunque sus ojos hicieron lo contrario, parpadeo rápidamente logrando que sus lágrimas no salieran a relucir mientras inhalaba de manera entrecortada y del cielo, copos de nieve caían como si compartieran su dolor.

-Si eres feliz, no tengo derecho a interferir- su mirada se dirigió al mar y en la espesa neblina en el horizonte, como si en ella se ocultara el consuelo que su corazón anhelaba.

CONTINUARA…


¡Hola!

¡Feliz cumpleaños Anthony!

Espero que les haya gustado este capitulo para iniciar el cumpleaños de nuestro amado rubio, aunque fue un regalo en donde lo hice sufrir un poquito, y a ustedes también. Preferí hacer esto desde su perspectiva mientras Candy se entera de todo lo sucedido por medio de las cartas que intercambiaban ambos primos. Hubo lagrimas de por medio, lo sé, y si, todavía faltan algunas cuantas, pero no se asusten, aun queda una sorpresa más en este cumpleaños.

Dios, a pesar de los malentendidos es imposible no enamorarse de él. ¿Ustedes que opinan?

Me entusiasma y agradezco infinitamente los comentarios.

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Cuídense mucho y hasta la próxima.

#Quedateencasa

Besitos.