Dazai tomó el poder y a él como su perro el mismo día. Esa infantil pero sutil rivalidad entre ellos mediada por Mori se convirtió en una sincera carnicería cuando fue nombrado Jefe. Le puso una gargantilla como a Atsushi y a Kyouka pero era al único al que algunas veces encadenó a su silla durante las reuniones, obligándole a sentarse en el piso con la cabeza agachada como si realmente fuera su mascota. Le quitó los días de asueto a fin de mes y los alargó a algún fin de semana cada cuatro meses y así otro año se marchó, doloroso pero efímero. Había briznas de alegría que Chuuya juntaba para mantener su cordura: Ver a su madre comenzar poco a poco a recuperarse, dejando de llorar y clavarle las uñas siempre que se marchaba. Leer los borradores del libro de su tío Oda y escucharlo hablar con adoración al respecto. La relación que mágicamente había florecido con Atsushi. Dazai lo pisoteaba cada día con una rabia que nadie comprendía, como si hubiera robado algo inexplicable o intangible de él. Algunas personas decían que estaba resentido porque constantemente lo había desairado, otros que lo exhibía como un ejemplo de lo que ocurriría contra los que como él no se tomaran su poder demasiado en serio.
Pero Chuuya soportaba cada humillación de su parte con una sonrisa incluso cínica, desafiante, consciente mejor que él que la mitad de la Mafia lo odiaba porque su camino a la cima fue a base de pisotear a otros. Era cuestión de tiempo para que su vida fuera reclamada y él sería quien diera el tiro de gracia.
Dazai pensaba que el malo sólo puede ver maldad en el mundo, pero el inocente no puede dejar de serlo, por muy herido que esté. Y Chuuya seguía siendo una hermosa e inocente florecita de verano.
— ¿Se le ofrece algo, Jefe?
— Cierra la puerta.
Chuuya hizo una reverencia antes de darle la espalda y hacer lo indicado, quedándose de pie con la cabeza ligeramente inclinada en señal de respeto.Odiaba a Dazai con cada gota de su sangre, sin una pizca de la cimiente de amistad que llegó a sentir por él en el pasado. No había absolutamente nada en Dazai que le resultara valioso.
— Ven aquí.
Obedeció, caminando con la espalda siempre recta, los brazos cruzados y un suspiro aburrido. Era una mañana tan hermosa, le hubiera gustado quedarse un poco más en la cama con Atsushi o tomar el desayuno juntos aunque fuera. Se quedó frente al escritorio, esperando alguna orden, mirando con cierta extrañeza el cigarro que Dazai sostenía en sus labios. No solía fumar mucho y menos tan temprano.
— ¿Se le ofrece algo?
Repitió, el cabello rojo le caía por un hombro en un remolino de azafrán, contrastando contra el celeste claro del día llenando la oficina. El humo hacía un velo en el rostro de Dazai que impedía leer sus expresiones, causando que Chuuya comenzara a impacientarse. Lo había sacado de su departamento tan temprano y estaba yéndose por las ramas con las instrucciones. Tan típico de él.
— Quítate la gabardina.
Lo miró con una ceja levantada, exclamando un ¿Ah? que Dazai ignoró. Rodó los ojos con fastidio, obedeciendo, doblando la prenda y colocándola en la silla libre. Una sonrisa indescifrable en los labios de Dazai fue lo único que pudo mirar de él entre el humo.
— Ahora ven aquí.
Dazai se incorporó y Chuuya contuvo el aliento mientras se paraba a su lado. Un agudo escalofrío le sacudió cuando Dazai tomó su mentón y por instinto lo apartó de un manotazo, sin disculparse pero mirando al suelo escuchó la risa altanera de Dazai, como si hubiera adivinado su reacción. Lo tomó por los hombros, girándolo, doblándolo sobre el escritorio y Chuuya intentó contenerse. Odiaba que lo golpeara en la espalda pero últimamente le había dado por hacerlo muy seguido en esa postura.
Pero había algo muy distinto en esa ocasión. Algo lucía mucho más oscuro.
— Extiende las manos.
Chuuya comenzó a sentir frío en todo el cuerpo, uno tan profundo que incluso sus piernas comenzaron a temblar, pero obedeció, sobresaltándose cuando Dazai unió sus muñecas con la lámpara del escritorio con un grueso cable que le lastimó en el instante pero no hizo ningún ruido. Ni siquiera cuando Dazai se sentó en el filo del escritorio, sujetando su nuca mientras presionaba el botón del intercomunicador pidiendo por Atsushi.
Los dedos de Dazai en su nuca acariciaban también su cabello.
Ambos escucharon la puerta abrirse, pero la posición en la que estaba Chuuya no le permitió levantar el rostro. Tan sólo vio de reojo a Dazai haciendo un gesto con la mano y escuchó pisadas acercándose. Dazai tomó su cuello con fuerza obligándole a girar la mirada hacia la pared.
Atsushi se quedó de una pieza al ver a Dazai sentado en el filo del escritorio, sujetando el cuello de Chuuya que estaba sobre su vientre en el escritorio. Ni siquiera se atrevía a preguntar.
— Gracias por venir tan deprisa. Necesito que comiences por bajarle el pantalón.
Presionó su cuello cuando lo sintió intentar levantarse, sonriendo por lo confundidos que lucían los ojos violetas de Atsushi.
— Lo haría yo mismo pero no soy tonto, si lo suelto va a hacer volar esta oficina sino es que el edificio mismo.
— Temo que no estoy entendiendo.
— ¿Qué es lo que no entiendes, si te di una orden muy sencilla?
Atsushi sentía cada músculo temblarle, avergonzado, confundido, pero ningún sentimiento era mayor al del miedo que aquél hombre le producía. Tomó los pasos que lo separaban del escritorio y con manos temblorosas comenzó por el cinturón, después la cremallera.
— Con que se lo dejes en los tobillos está bien, no es necesario que le quites los zapatos.Ahora la ropa interior.
Atsushi estaba pálido, sudando frío sin poder encararlo, sin poder defender a Chuuya como en el fondo hubiera deseado. Pero Dazai lo había moldeado para ser sólo un sirviente.
Chuuya sintió el aire en sus piernas cuando la prenda le fue quitada, juntándolas por reflejo, escuchando un silbido de parte de Dazai que le hizo sonrojar en rabia, morderse los labios para no insultarlo.
— Con el traje no se nota tanto pero tienes un trasero muy lindo ¿No crees, Atsushi?
— De verdad no creo que esto sea necesario.
— Eso depende de muchas cosas, Chuuya ¿Realmente comprendes qué es esto ?
Hubo un pesado silencio que le hizo sonreír más agudo, más inclemente.
— Atsushi me ha servido de la manera más leal que ha podido, no puedo imaginarme a alguien más confiable y entregado que él, por eso voy a tener la consideración de permitirle ir primero.
— ¿Ir primero?
— Verás, Chuuya, la moral de la asociación ha estado un poco baja estos días, haber perdido esa embarcación con armas y el problema que dejaste sin resolver en Tokio de verdad ha impactado mucho la eficacia de mis subordinados. Eres parte del dogma central de la Mafia, tienes mucha gente tras de ti que toma tu trabajo como ejemplo. Si tu desempeño es tan mediocre haces que el resto se conforme con ser mediocre ¿Entiendes lo que te estoy diciendo? Ser Jefe no es un trabajo fácil, Chuuya, por mucho que me duela debo castigar cualquier error para no bajar la calidad de mis trabajadores.
— ¿Me van a golpear?
— Hay muchos tipos de violencia, pequeño.
— Dazai, yo...
— Shh, Atsushi, no tienes porqué ponerte tan nervioso, no estoy molesto contigo. Pero agradecería que te apuraras, hoy va a ser un día muy atareado.
— De verdad no comprendo.
— Como te he dicho, quiero subir la moral de mis subordinados, entonces me puse a investigar un poco al respecto y llegué a un artículo bastante interesante sobre cómo lograban los soldados mantener su espíritu en alto, qué les ofrecían como trofeo y entre los crímenes de guerra encontré mi respuesta. Los superiores solían ofrecer como recompensa a las mujeres de las aldeas o países atacados. Toma a una persona a la que ya le han quitado su identidad cultural, su tierra y después mancilla su dignidad. Puede parecerte infame, claro, pero si estás del lado de los malos es justamente lo que buscas— el silencio se hizo más pesado, incluso pudo escuchar el corazón de Atsushi detenerse en su pecho cuando comenzó a rebuscar en un cajón, extendiéndole un condón.
— No puedo hacer esto, de ninguna manera.
— Si necesitas un minuto para masturbarte o que alguien traiga viagra está bien por mí, pero esto es una orden de mi parte, Atsushi, y de verdad agradecería que no te tardaras mucho. Como sabes tengo cerca de cincuenta hombres a mi cargo y estoy seguro que al menos uno me pedirá una segunda vuelta.
— No puedes hablar en serio.
Las piernas de Chuuya volvieron a temblar, sintiendo la saliva detenerse en su garganta, incapaz de moverse.
— Atsushi, estoy esperando.
Esa pesada mirada café asomaba los rincones más oscuros del infierno en donde lo había encerrado más de una ocasión, quebrando su espíritu, privándolo de cualquier rastro de valentía que alguna vez pudo tener.
— ¿Puedes al menos no mirar?
Estaba aterrado, asqueado, pero completamente aleccionado.
— Tengo ganas de divertirme un poco.
Dijo con una sonrisa que Chuuya no pudo ver pero que se quedó a fuego en Atsushi, que no atinaba a moverse, a razonar. Chuuya y él eran una pareja, tenían sexo pero siempre que ambos lo deseaban, nunca siquiera se habían dado un beso si el otro no parecía desearlo. Atsushi comprendía lo que estaba ocurriendo, había escuchado que en otras asociaciones, sobre todo las involucradas en explotación sexual, era muy común el abuso, pero dentro de la Port Mafia era algo que Mori nunca había permitido. El rostro tembloroso y suplicante de Atsushi se atrevió por primera vez a encarar a Dazai en una muda súplica, desesperada y desgarradora, pero la sonrisa de Dazai nunca cambió.
— Lo siento, de verdad lo siento mucho.
Susurró mientras comenzaba a desabotonarse la chamarra, quitándose el cinturón, girando la cadera para que Dazai no lo viera tocarse sobre la ropa interior, mordiéndose los labios, evitando su mirada para que no viera las lágrimas que no lograba mantener en sus ojos. Era imposible que lograra una erección en ese estado y fue algo que Dazai logró notar con algo de decepción, extendiéndole la mano.
— Conste que intenté dejarte ir primero, pero al parecer necesitas que te muestre cómo se hace.Sujétalo del cuello mientras.
Le arrancó el condón de la mano bajándose de un salto del escritorio. Chuuya estaba petrificado hasta ese punto que la presión en su cuello disminuyó y por un momento pensó en usar su habilidad pero el agarre de Atsushi le hizo pensar que iba a obligarlos a pelear si intentaba huir, además en apenas dos segundos escuchó el cierre del pantalón de Dazai bajarse y otra vez su mano en su cuello mientras con la otra lo escuchó rasgar el envoltorio del condón. Su respiración comenzó a alterarse cuando sintió sus manos en sus caderas y después todo se volvió ruido blanco.
—x—
— Dios...Con razón tienes tan buen humor desde que duermen juntos, es de los mejores que he tenido.
Los puños apretados, los ojos fuertemente cerrados porque no quería ver a Dazai quitarse el condón y limpiarse la entrepierna con la gabardina de Chuuya, porque no quería escucharlo sollozar con rabia, con impotencia.
— ¿Ya estás listo para tomar tu turno? Será mejor que te aflojes un poco, pequeño, te espera un día bastante ocupado.
— Ya fue suficiente.
— Casi me conmueve que estés dispuesto a faltarme de esa manera al respeto por tu novio, Atsushi, pero sabes bien que no soy esa clase de persona. Si no quieres hacerlo es tu problema. Ahora ve a buscar a Tachihara, estoy seguro que él sí va a valorar este regalo.
— Por favor, no.
— ¿Dijiste algo, Chuuya?
— No lo voy a soportar.
— ¿Dónde está tu confianza? ¡Tú eres tan fuerte! ¡Mira qué excelente condición física tienes! Estoy seguro que podrás recuperarte, no serás el primero ni en último que sobrevive algo así.
— Por favor.
— ¿Sabes, Chuuya? Los favores en ese mundo son muy caros. Quizá podría considerar olvidarme de esto si tú me ofreces algo a cambio.
— ¿Qué quieres?
— Lo mismo que te he ofrecido desde que me nombraron Jefe y no has sabido apreciar. Quiero que seas mi consorte ante la Mafia.
— ¿Por qué insistes con eso, Dazai?
— No necesitas conocer mis motivos, tan sólo obedecer. Mira por ejemplo lo feliz que estaba Atsushi cuando sólo tomaba órdenes sin tener un noviecito que lo motivara para la rebeldía.
— Púdrete.
— Como prefieras— se encogió de hombros, apretando el intercomunicador—. Necesito que Tachihara venga a mi oficina. Hirotsu también.
Se quedó mirando al vacío, girándose después a Atsushi.
— ¿Puedes ir a comprar más condones? Aquí sólo tengo unos veinte. Y algo para el dolor, se me va a entumir la mano de estarlo sosteniendo. Aunque si mi intuición no falla para el sexto vas a desmayarte. Cincuenta es un número relativo. Puede que lleguen a ser más.
Un pedazo de su vida le acababa de ser arrancado. Algo en un sitio intangible dentro suyo había sido borrado y el dolor era insoportable. Mucho más que todos los golpes que había recibido, mucho más que cuando usaba Corrupción. Dolía en un sitio invisible y por eso no había manera de sanarlo, de brindarse un torniquete para continuar sin prestarle atención a esa herida. Podía reponerse, eso era cierto, probablemente necesitara sólo un par de días para volver a estar de pie.
Pero el corazón se le estrujaba a cada latido de su cuerpo sintiendo el peso de Dazai todavía sobre él,el martillear de sus caderas contra su cuerpo.
No le tenía miedo al dolor físico, ese pasaría. Pero el dolor en el alma era algo que nunca había vivido y lo estaba matando. No. Peor. Lo estaba obligando a seguir viviendo bajo el recuerdo.
Dazai lo había violado.
No podía con la idea de que ocurriera de nuevo.
Simplemente no podía.
— Está bien,
Susurró, y Dazai se lamió los labios volviendo a apretar el intercomunicador, diciendo que ya no necesitaba la presencia de nadie. Que de hecho necesitaba un momento a solas con su nuevo y flamante futuro consorte, exclamó, mirando a Atsushi, quien no pudo dejar de temblar mientras caminaba hacia la puerta.
