DESPUES DE LA HISTORIA

CAPITULO 23

Luego de la terrible tarde que habían tenido por la reunión, llegó a su departamento, exhausto emocionalmente.

Se quitó su chaqueta y manga larga para sentirse más ligero, con una delgada sudadera sin mangas que dejaban libres, sus torneados brazos.

Encendió la tele, para romper el silencio que inundaba el ambiente.

Empujó su sofá de la sala a un costado, para poder hacer una sesión de brazos y abdomen.

Si había algo que le despejaba la mente y reducía su estrés, era hacer ejercicio.

Luego de dos horas, terminó.

Normalmente haría más, pero hoy tenía que leer un poco del libreto que estaban ensayando.

Tomó una toalla para secarse el sudor, parado frente al televisor.

La chica del clima no estaba nada mal.

"Hoy el clima se mantuvo estable, pero podrían ocurrir chaparrones y tormentas aisladas en casi todas las zonas de Seúl y provincias aledañas, recomendamos llevar un paraguas o ligero impermeable".

Frunció el rostro, ligeramente desanimado.

Era hermosa, pero portadora de malas noticias.

Le desagradaba ya de por sí, los días nublados y odiaba los días de lluvia.

Se metió a la ducha para revitalizar su entrenado cuerpo.

Ya en bata de baño y una toalla mediana en su cabeza para secar su larga cabellera, acomodó su sofá en su sitio original, para sentarse en él, con una cerveza en mano y en la otra el control del televisor y su libreto.

Las noticias se acabaron y empezó a dar una novela que no seguía.

Estaba a punto de hacer zapping, aprovechando que por fin se había comprado el pack de canales para adultos, cuando la escena inicial de la novela lo atrapó.

― ¡¿Por qué?! ¿Por qué me mentiste?! ―le gritó el hombre emocionalmente roto, mientras tomaba a la protagonista de los hombros, para que no lo esquivase con la mirada―. Confié en ti, en serio lo hice…

― ¡No te mentí! Es solo que… no podía decírtelo… lo oculté, porque temía que te afectara… ―la protagonista le respondió, empezando su llanto―. Por favor, contrólate, me estas asustando…

― ¿Temías que me afectara? ¿Crees que mentirme evitaría que me sienta peor? ¡¿Lo dices en serio?! ―El protagonista la soltó. Aun se mostraba enojado, pero ahora su rostro reflejaba decepción y un gran dolor―. Supongo que es culpa mía entonces… por creer que de verdad me conocías y confiabas en mí. Pero ahora lo veo todo claro… ―terminó diciendo este, empezando a caminar lejos de la prota.

Zen se llevó la lata de cerveza a la boca, para tomar un gran sorbo, sin dejar de ver la pantalla, totalmente cautivado por la actuación de los que parecían ser unos veteranos actores.

― Espera… ¿Por qué te vas? ―la protagonista empezó a caminar detrás de él―. No he terminado de hablar, puedo explicártelo, no te vayas…

Pero el protagonista ya se había montado al caballo que al parecer lo había traído a ese lugar, completamente decidido en irse, sin antes soltar una última oración.

― ¿Por qué debería quedarme con alguien a quien ahora solo le provoco miedo?

Luego de eso, se marchó sin mirar atrás, dejando a la prota parada, en medio de un grupo de caminantes curiosos.

― ¡Vuelve, por favor, vuelve…! ―gritó la prota en llanto, mientras corría detrás suyo, aunque de forma inútil, ya que el se encontraba a punto de desaparecer de su rango de visión.

Fui ahí que esta se derrumbó en el suelo, mientras se consumía en su sufrimiento, al parecer entendiendo que lo había perdido para siempre.

Volvió a tomar otro gran sorbo de cerveza, para terminar de disfrutar aquella escena perfecta del final de lo que parecía un trágico amor.

― Qué intenso… ahora que lo pienso, me recordó a esos dos… ―el cenizo dejó de poner atención en lo que siguió dando en la tele, para mirar hacia el techo, asimilando aún todo lo que había sucedido ese día.

Había algo que le causaba cierta intriga, pero no sabía exactamente qué.

Se preguntó si debería llamar a Yoosung, que luego de que la coordinadora lo hubiese dejado parado frente a todos, se quedó paralizado sin saber donde ocultarse, siendo él quien lo trajese a su lado, para que los acompañara en la reunión que no acababa.

Por suerte los otros actuaron como que no habían visto nada de lo anterior, y siguieron hablando del otro tema que lo acontecía.

Sabia que la coordinadora tenia cierta personalidad seria, pero no la había imaginado que demostraría un carácter tan fuerte.

Tal vez estaba mal, pero no la juzgaba por ello.

No logró escuchar todo, y menos entender lo que se dijeron en su lucha verbal con Seven, pero si esto la afectó al grado de discutir con Yoosung, supuso que debió ser algo muy grave.

Si había algo en lo que sabía por experiencia, era el cómo se sentía la traición proveniente de alguien a quien de verdad querías y confiabas ciegamente.

Y sin duda hubiera reaccionado de forma violenta y hasta no descartaría la opción de dejar a una novia por traición o decepción.

Ya que también era del tipo que amaba y odiaba con intensidad.

Apagó el televisor y abrió su libreto.

Se apegó a repasar sus líneas y tomar tres latas de cerveza más, durante un par de horas.

Ya estaba cerca de ser media noche, así que decidió ponerle fin a su práctica.

Se fue al baño a lavarse los dientes y ponerse su crema nocturna, cuando en uno de sus movimientos pro cuidado, sintió un ligero dolor en su espalda.

Lo cierto es que había salido libre de heridas y moretones en la "pelea" que ocurrió en la reunión, a pesar de caer encima de una mesa de vidrio. Pero ahora que su cuerpo se encontraba relajado, aprovechaba para expresar sus más mínimas incomodidades.

Esa coordinadora, a pesar de su tamaño y masa corporal, parecía que pegaba como una…

Se detuvo en su cepillar de dientes, al sentir que las ideas que tanto habían flotado sin sentido en su mente, ahora empezaban a mostrar conexión.

Ahora que recordaba, ella no había mostrado ni la más mínima alteración cuando en el chat había mencionado que en el pasado había pertenecido a una pandilla.

Incluso había mencionado que podía darse una idea de lo difícil que puede ser vivir ese estilo de vida, cuando lo defendió del ricachón, que arremetía que los pandilleros sufren por que quieren y no por las circunstancias que terminan haciendo que vivan en la calle.

Eso… la forma desinteresada y demasiado sincera en que hablo la primera vez que entró al chat, al grado de incluso maldecir… y la forma en que redujo al insano Saeran por su cuenta, teniendo aun fuerza para arremeter con otros más…

No, nada de eso había sido solo coincidencia.

Las chicas normales, no eran así. Eran delicadas, apacibles, coquetas, pero no descaradas y con tendencia a llorar, que caer en una rabia iracunda.

Claro que había chicas que eran todo lo contrario, pero eso era porque tendían a tener mas personalidad de…

― Maldición… ¿Cómo no pude verlo antes? ¿Yoosung será consciente de que está saliendo con un tipo de chica así? ―Soltó preocupado el cenizo, para luego enjuagar su boca y sacar su celular del bolsillo de su pijama―. Sé que es tarde y debe estar afligido, pero no podré dormir, si no confirmo este temor…

Pero el rubio no le contestó y dejó de intentarlo a la tercera llamada perdida.

Se obligó a dormir, y en sus sueños, no pudo evitar recordar momentos de su vida pasada como pandillero y sus peleas con las demás pandillas, por territorio.

Ese nuevo día que recién comenzaba, por suerte solo tendría que asistir medio día de forma obligada a sus ensayos y tener la tarde en elección para prácticas.

Mientras tomaba el taxi para llevarlo a su trabajo, decidió intentar hablar con Yoosung de nuevo.

Luego de su temida deducción, ahora se encontraba más preocupado por este.

¿Habría llegado a su casa siquiera?

¿O estaría por ahí tirado, sufriendo por su pelea de novios?

A sus ojos, Yoosung era muy sensible, y ahora cualquier cosa le parecía una posible opción.

― ¿Hola? Yoosung, maldito, recién contestas, me tenías preocupado ―soltó sin pensarlo, al ver que este respondía a la primera.

― Ah, eras tú… Zen ―escuchó que le respondía apenas audible y débil, una voz melancólica―. ¿Qué quieres?

― Perdón por no ser la persona que esperabas ―soltó Zen, algo alterado por sus palabras―. Solo quería asegurarme de que respirabas, maldito malagradecido… no se por que me tomo la molestia de preocuparme por ti…

― Obvio que iba a amanecer respirando… ―la voz del rubio se escucho ligeramente audible, como si estuviese recién despertándose―. Lo siento, me imagino que te preocupé por la forma en que ayer dejé el taxi… hum… disculpa, pero no tengo ánimos en este momento para hablar con alguien… voy a colgar…

― Oye hermano, sé que debes sentirte mal por pelearte con tu novia, créeme, me ha pasado antes, pero lo peor que puedes hacer, es quedarte encerrado en tu cueva de universitario ―trató de hablar rápido, al escuchar sus intenciones de cortar―. ¿Qué te parece si salimos a tomar algo más tarde? Despejar tu mente en un bar al aire libre, puede que acomode mejor tus ideas…

― No me gusta el aire libre, a no ser que sea de noche y este medio frio… y tampoco tengo fuerzas para beber.

― Bueno… entonces podemos salir ha… ―puso cara de pensar, al ver que sus opciones para animarlo empezaban a reducir―. ¿Y comer? Vamos a comer, ¿recuerdas que hablé de tener un amigo que tiene su negocio donde vende carne de cabra a la parrilla? Recién me dieron un adelanto de mi próximo trabajo, así que invito yo ¿Qué dices?

― ¿Carne? ―sonó ligeramente interesado, aunque lejos de sonar convencido―. Yo… no sé… lo voy a…

― ¡Perfecto! Iremos a comer entonces, te envió la dirección apenas este saliendo de mis prácticas. No te arrepentirás, es la mejor carne que probaras en tu vida.

― Espera… no te estaba confirmando que iría, voy a pensarl-

Cortó la llamada para no darle la oportunidad de rechazar su invitación.

Ese maldito… ¿Por qué me tomo tantas molestias por él? No había rogado así, ni con las chicas que alguna vez traté de ligarme ―pensó el cenizo, dibujando cierta gracia en su rostro, pero que después cambió por una actitud mas seria―. Ahora solo me falta verificar mis sospechas…

.-.-.-.-.-.-.

Había llegado a la dirección que me dio Zen.

Era una zona comercial, aunque muy recatada y nada glamourosa a comparación de las del centro.

― ¿Será aquí? ―murmuré algo confundida, parada en la entrada de un restaurante recatado y algo viejo, que no parecía el tipo de lugar que Zen frecuentaría, por lo menos no con su papel de modelo y actor. Estaba a punto de tomar mi móvil para llamarlo, cuando vi un rostro conocido acercándoseme―. Oh… acaso es usted…

― Lo mismo iba a decir, es usted… la señorita que me invitó a esa fiesta de caridad ―dijo el hombre con delantal, limpiándose las manos con una servilleta de cocina―. Señorita Shim ¿verdad? ―agregó sonriendo―. Me complace que haya venido a probar mi cocina, por favor, pase, pase…

― Ah, sí, soy yo… ―le seguí la corriente, a pesar de que no podía acordarme su nombre, y decirle que en verdad no venia a comprar su comida, no sería muy cortes―. Disculpe, pero ¿de casualidad está también aquí Zen? Se supone que deberíamos encontrarnos aquí, pero no logro divisarlo…

― ¿Zen? ¡Ah! Debes referirte a Hyun, si, aquí esta ese maldito engreído―río con gracia―. Se hace el fino ahora, con toda esa vaina de la actuación, pero no olvida sus orígenes y viene a visitar a los amigos cuando puede… sígame, como él es familia, siempre le dejo comer en el segundo piso de mi casa, ya que puedo confiar en que no me robará mis cubiertos buenos ―volvió a reír.

Me limité a asentir y seguirlo.

Lo cierto, es que me había olvidado hasta ese momento, que Zen tuvo una vida de calle antes. Aunque un lugar como este, era demasiado decente, para ser concurrido por pandillas.

No pude evitar observar que el señor tenía un enorme dragón tatuado en su espalda/cuello, y el como se las debió haber ingeniado para ocultarlo, cuando asistió a la fiesta, con traje de gala.

― Hyun, ya llegó la señorita que esperabas, aquí te la dejo, en unos minutos vuelvo con una buena porción de Kebab para ambos ―fue lo ultimo que dijo el señor, dejándome a solas con Zen, quien se encontraba parado, apoyado en el marco de la ventana grande que iluminaba el lugar, fumando un cigarrillo.

― Hola… es bueno ver que no tardaste en venir ―soltó, para luego apagar su cigarro en el cenicero que tenia en el borde del ventanal―. Tenemos mucho de qué hablar…

― Hum ¿Por qué de repente me tratas de forma tan seria? ―solté, ya algo harta del aire extraño con el que me llamó y seguía demostrando―. ¿Tiene que ver con "eso" importante que debes decirme?

― Si, tiene mucho que ver con eso. Pero siéndote sincero, no sé por dónde empezar ―se dio la vuelta, para verme directo, aun apoyado en la pared―. Pero tampoco me gusta perder el tiempo con vueltas, así que te lo preguntaré de forma directa… Tú… ¿formabas parte también de una pandilla? ¿Aun sigues siendo una pandillera?

No pude evitar sentir cierta frialdad recorriendo mi espalda, luego de escucharlo.

Al parecer, Zen era mas inteligente de lo que todos creerían.

Obviamente, una inteligencia nacida y formada en la calle.

― No, no lo soy, ni nunca lo fui.

Le respondí de forma directa, ya que no quería alargar esa "charla" que vi que me seria inevitable tener, por sus deducciones.

― ¿En serio? No sentí que tu respuesta sea del todo sincera ―dejó de apoyarse en la pared―. Supuse que no me lo dirías a la primera, así que… discúlpame desde ya, por lo que estoy a punto de hacer, si es que en serio dices la verdad, claro…

¿Hacerme qué?

Fue la pregunta que apenas pude formular en mi mente, antes de poder ver en cámara lenta, como el cenizo se acercaba con determinación, para saltar y tratar de darme una patada voladora.

¡¿Qué demonios?!

Al parecer de verdad quería asegurarse de que no era una matona y la única forma que se le había ocurrido era atacándome.

Si me golpeaba y caía al suelo, seguro se daría por satisfecho, pero, si lograba neutralizar su ataque, demostraría lo contrario.

Mis palabras eran ciertas, pero no dejaría que alguien me tocase de esa forma.

No era propio de mí, no dar pelea o como mínimo protegerme.

Tomé la silla que había a mi costado lo mas rápido posible, para recibir su ataque.

Su patada traspasó el fondo de la silla y me movió unos centímetros hacia atrás.

― Sabia que mentías ―expresó al verme aun de pie, forcejeando con él.

― ¡Cálmate, jamás te mentí! ―le hablé fuerte, mientras giraba la silla, para que no pudiese zafar su pie, y así evitar que volviese a atacarme, para comprobar su no tan errada teoría―. Jamás fui parte de una pandilla, pero si… si fui parte… de una banda metal ground…

― ¿Qué?

Esta vez fue el cenizo quien se quedó sin palabras ante mi confesión.

― Si, lo que escuchaste, alguna vez tuve la idea loca de ser la líder de una banda de groove metal… quiero creer que éramos buenos, pero supongo que no fuimos lo necesariamente buenos, ya que nunca logramos debutar como profesionales… ―solté la silla, ya que pude ver que sus intenciones de atacarme se habían desvanecido―. Aprendimos a ser rudas, ya que vivíamos en barrios de muy mala reputación… teníamos que serlo, si es que no queríamos que nos robaran a diario el equipo.

― Oye, lo siento… no sabía… debí pensar en esa opción también.

― Está bien, supongo que es mi culpa no haberlo mencionado antes…

― Ahora que lo pienso, si tienes la cara… eso explica como soportaste tanta tensión cuando te uniste al grupo ―enunció Zen, mientras sacaba su pie de la silla, al mismo tiempo en que el señor del local entraba con dos enormes platos de Kebab.

― ¡Hyun, prometiste que no romperías nada, maldito, te lo agregaré a la cuenta! ―dijo este último, algo molesto, para luego desaparecer con la silla destruida.

― Ah, lo siento viejo, por favor cóbramelo.

Nos quedamos en silencio por unos segundos que parecieron minutos. Unos muy incómodos.

― ¿Y si comemos?

― La verdad, no tengo mucha hambre que digamos, solo vine aquí por que creí que me dirías algo sobre Yoosung… como no he hablado con él desde ayer, me tenía algo preocupada…

― Si, no me he olvidado de que ustedes están peleados ―me dijo el cenizo, ya cómodo en una silla, con un poco de carne de kebab en la boca―. Si te consuela saberlo, hablé con él esta mañana, así que está vivo, pero sonaba como si hubiese llorado toda la noche.

― No tengo dudas de que estaría vivo… nunca imaginaria que Yoosung actuaria de forma drástica, como adolescente suicida que se lanza de un puente solo porque se enemistó con su novia… No deberías subestimarlo, el odia que hagan eso.

― ¿En serio? Mmm… tal vez si lo subestimo un poco. Creo que es por que a veces lo veo como si de verdad fuese mi hermano menor, y tiendo a ser algo sobreprotector cuando se trata de mi familia, o por lo menos lo era... antes… En fin, desde ahora trataré de verlo como tú lo ves…

― Es algo raro verte decir algo lindo… supongo que también debes estar afectado por lo de ayer, al grado de hablar de tus sentimientos ―lo miré con cierta tristeza, recordando que aparte de mi discusión con Yoosung, aún estaba el otro enorme problema con el grupo―. Creo que cambié de opinión… te acompañaré a comer un poco, aunque no se si pueda terminar este enorme plato de carne yo sola ― me senté a su lado, tentada por el olor, ya que tenía el estómago vacío.

― Hey, no te preocupes por eso, en minutos llegará alguien a ayudarnos.

― ¿Alguien más? ¿A quien invitaste? ¿Será Jaehee? ―le llené de preguntas apenas lo mencionó.

― ¿Jaehee? Claro que no, ella no combina con este tipo de ambientes, ahora que se acostumbro a la vida de Gangnam ―abrió una lata de cerveza de las varias que había dejado el señor del Kebab, junto con los platos―. Y aunque viniese, seguro se sentiría incómoda, se nota que su familia fue siempre clase media alta…

― ¿Lo era? Bueno, me imagino… para conseguir un trabajo en C&R debió de estudiar en una universidad elite y no una publica como la mía jajaja

― Oye al menos fuiste a la universidad, yo solo pude costearme cursos de actuación en una academia de prestigio inexistente, que ahora creo que ni existe ―agregó Zen con gracia también―. Pero lo cierto, es que invité a Yoosung a que viniera.

― ¿Qué? ¿Sabe que estoy aquí? Siéndote sincera, aun no estoy segura si quiero hablar con él… o él quiera hablar conmigo…

― Si, mi plan inicial era juntarlos sin que supiesen, para que hablaran de lo suyo, sé que estoy siendo bastante metido en su relación, pero créeme que Yoosung debe estar sufriendo mucho con esta situación, es bastante sensible, a comparación tuya, que según veo en tus ojos, ni parece que hayas llorado por el conflicto que tienen.

― No todas las personas sufrimos de la misma forma; a comparación de él, no soy tan emocionalmente expresiva, pero mi sufrimiento es igual de tormentoso… Pero, ¿en que parte de tu plan entra el que me hayas querido dar una patada voladora? ¿Por qué querías asegurarte de que no fuese una pandillera?

― Eso… es porque quería estar seguro de que apoyarlos valdría la pena. Si de verdad hubieses sido pandillera o tenido un pasado como tal, te delataría y me opondría en tu relación con Yoosung.

― Vaya… debes haber tenido muy malas experiencias con mujeres pandilleras, como para que decidieras algo tan drástico.

― Si, lamentablemente.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

No supo en qué momento había conciliado el sueño a pesar de llorar en desmedida.

El ruido de su celular lo despertó.

Era el tono de llamada.

Inconscientemente se abalanzó hacia él, para responder la llamada, con la esperanza de que tal vez seria ella pidiéndole disculpas.

Pero no, resultó ser Zen, con quien habló apenas y le terminó insistiendo que saliesen a comer más tarde.

Lo cierto es que no tenia ganas de hacer nada y deseaba quedarse sufriendo en silencio en su cama, pero…

Mrmrmrmrmrm… miau… mrmrmrmr… miau…

Su pequeña compañera de departamento necesitaba de sus cuidados y atención.

Además, era sábado de limpieza. Si no limpiaba ahora, no tendría ropa limpia para toda la semana.

Con pesar y debilidad se levantó para ir al baño, donde se lavó la cara y descubrió frente al espejo, como sus ojos estaban algo hinchados por llorar.

Nunca los había tenido antes, de esa forma.

Le sirvió sus croquetas a la pequeña felina y aunque el no tenía muchas ganas al principio, se decidió en hacerse un café mitad y mitad, con unas Nuggets de pollo, que por suerte había comprado antes y pensaba usar en caso de emergencia, en el que no quisiese preparar algo elaborado como este.

Pero antes de sentarse a desayunar, puso a lavar una carga de ropa. Si se apuraba, para en la tarde ya habría terminado con la montaña de ropa sucia que tenía.

Cuando ya estaba en medio desayuno, fue que recibió otra llamada.

Desafortunadamente, tampoco era quien quería que fuese, sino Jaehee.

Esta primero se mostró amable, preguntando si necesitaba algo, para luego terminar preguntándole el motivo de por qué él y la coordinadora se encontraban enemistados.

Lo cual le pareció desagradable, ya que no quería que sus peleas de pareja fuese la charla del momento en el chat.

A pesar de su insistencia y la forma en que le pedía saber del tema, se decidió en cortar la llamada sin responder sus preguntas.

Si se lo estaban preguntando a él, era por que seguramente ella tampoco había deseado hablar del tema.

Por lo menos en eso habían coincidido.

Terminó de comer y lavó su plato, junto con todos los enceres de cocina que necesitaban una limpieza. Justo cuando había acabado, la alarma de la lavadora empezó a sonar, avisando que ya tenía una carga de ropa lista para poner en la secadora y poner otra carga de ropa a lavar.

Mientras esperaba el tiempo para repetir la rutina, aprovechó para tender su cama, aspirar su alfombra, barrer y trapear el piso de la entrada, cocina y baño.

Seguía triste, pero mantenerse ocupado no le daba campo para volver a llorar.

Y tal vez eso era lo mejor.

Su celular volvió a vibrar, esta vez por un mensaje de Zen, que le mandaba una dirección.

Si no se equivocaba, ese era el lugar donde el tacaño le había "invitado" a comer en el pasado, pero terminó pagando la cuenta en su totalidad.

Parte de él no quería ir, pero la otra parte le hacia pensar que seria malo dejar plantado a Zen.

"Ni se te ocurra no venir, Yoosung Kim", le llegó otro mensaje continuo del cenizo, tal vez porque no le había respondido.

"Esta bien, pero mas vale que pagues tu esta vez, por que no tengo mucho dinero", le respondió.

"Si, tu ven, yo invito el Kebab".

Entonces se decidió en ir.

Espero que la lavadora terminara la última carga, para poner la secadora y programara que se apagase apenas terminara su función.

Llenó el plato de su pequeña michi, y se alistó para salir, luego de ponerse el parche que debía usar en su ojo izquierdo, para evitar infecciones al aire libre.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Por suerte, a pesar de ser sábado, el metro pasaba por la estación de forma frecuente, a pesar de ser fin de semana.

Llegó rápido al restaurante del señor que vendía Kebab.

Este ultimo lo reconoció y le dijo que podía pasar sin que lo acompañase, a ver a Hyun, que se encontraba en el lugar de siempre.

Entonces subió las gradas para llegar al segundo piso, donde recordaba que Zen solía comer en ese lugar.

Justo cuando estaba por cruzar la puerta, se detuvo al escuchar que este hablaba de forma amena con alguien.

Esa voz de ese alguien.

La reconoció al instante.

Pero ¿Qué estaba haciendo ahí?

Ese maldito Hyun… ¿había hecho esto a propósito para que se hablaran de una vez?

¿O ella le había pedido ayuda a Hyun?

No.

Eso no sonaba como algo que hiciese ella.

Ella misma dijo que le hablaría de forma directa cuando estuviese lista para volver a hablarle.

Tenia que ser cosa de Hyun.

Dudó por varios segundos, para luego retroceder lentamente.

Sintió que aun no era tiempo, que en el fondo aun estaba molesto y herido.

Estaba a punto de darse la vuelta, para irse, aprovechando que no habían notado su presencia, cuando el señor del Kebab, lo empujó y habló alto diciendo que no se perdiese, ya que sus amigos estaban justo en la habitación cercana, dejándolo justo en la entrada de esta, para luego entrar y dejar una jarra de refresco que había olvidado llevar, dejándolo a la vista de los primeros dos que habían llegado.

Un silencio se produjo de forma instantánea.

Zen al notar que ninguno de los dos lograba verse a los ojos y sus expresiones aun mostraban molestia, se levantó para hacer que el rubio se sentase, ya que parecía que saldría corriendo en cualquier momento.

― Yoosung, que bien que llegaste, justo estábamos hablando de ti ―lo arrastró consigo para sentarlo a su lado, frente a la coordinadora―. Ahora que estamos los tres, disfrutemos de esta carne de cordero, pruébenla, con un poco de cerveza sabe exquisita…

FIN DEL CAPITULO.