Resumen: Colaboración con Misao-CG. Durante las peleas contra los akumas de Papillon, Ladybug y Chat Noir son atacados por un nuevo enemigo que está detrás de algo más valioso que sus Miraculous, lo que traerá nuevas revelaciones sobre todo lo que ellos creían saber de sí mismos. AU Saint Seiya.

NOTAS:

1) Los personajes no nos pertenecen. Miraculous Ladybug es propiedad de ZAG y los créditos son para Thomas Astruc y su equipo. Saint Seiya fue creado por Masami Kurumada.

2) Esta historia NO fue realizada con fines de lucro, solo para divertirnos.

3) Puede tener spoilers de toda la serie y películas disponibles.

JUEGOS DE DIOSES

CAPÍTULO 13

(Escrito por Misao-CG)

Giudecca, Sala de Guerra. Inframundo.

En verdad había visto un fantasma. Hades no se imaginó ni en sus más locas teorías que Adrien fuera a presentarse ahí como si nada. Desde que había desaparecido que no dormía, pensando en donde podría estar, sin mencionar que se mantenía muy pendiente de todas las noticias que le llevaban sobre su muchacho. Se había pasado catorce años eludiendo su responsabilidad y no se iba a permitir un fallo así. Conocía bien a qué niveles podía llegar la maldad humana y tan solo pensar en su hijo, al que nunca había podido siquiera cuidar, solo y a merced de las circunstancias, no lo había dejado dormir en tres días. Perséfone no estaba mucho mejor, pero al menos ella había podido ordenar a la naturaleza que buscasen a su hijo y lo protegieran de ser posible.

Los espectros también estaban movilizados, pero a diferencia de la esposa de Hades, ellos no tenían tanta libertad para moverse por la tierra.

¡Que gran alivio sentía por abrazar por fin a su hijo! Era como si le hubieran quitado mil años de encima.

¡Perséfone! Ven a la sala de guerra AHORA. —la llamó Hades por la cosmonet, procediendo a ignorar sus consultas, para concentrarse en el chico— ¿Cómo llegaste aquí, muchacho? —le preguntó soltando el abrazo y permitirle que respirara. Su hijo era un dios como él, pero su esencia divina seguía muy anulada y prácticamente no parecía una deidad.

¿Por qué estaba respirando tan extraño? No lo quería soltar por ningún motivo, pero sí lo había observado con atención: parecía que se había caído de un barranco y golpeado con todas las piedras en el trayecto.

Una vez le había pasado a él…

… Ok. Más de una vez. Sobre todo al principio, cuando recién estaba conociendo el Inframundo.

—¡Vino Caminando! ¿Qué esperabas? ¿Qué viniera en un carro tirado por cuatro caballos negros? —Plagg salió de su refugio en el bolsillo y flotó delante de Hades. Se veía diferente e igual al mismo tiempo. Quizás más solemne y sin duda muy a la defensiva— ¡Deberías invertir en esos caminos, Hades! Están horrendos.

—¡¿Caminando?! ¡¿Se Vino Caminando hasta aquí, por el Inframundo?! —exclamó Thanatos escandalizado. A su lado, Hypnos frunció el ceño, tomó su teléfono y se alejó muy concentrado.

—No podía pedir un Uber… —confesó Adrien con una sonrisa nerviosa y cansada. Las inseguridades seguían acosándolo y el trajín de los tres días anteriores comenzaba a abrumarlo— ¿Cómo se llama…? Sé que eres mi padre, pero… ¿quién eres?

—Hades —respondió el dios, frunciendo el ceño preocupado. Adrien no estaba bien, y eso era evidente. Lo sujetó por los hombros, tratando de ser todo lo gentil que pudo, pero sin evitar algo de brusquedad— ¿Qué sientes, muchacho? —preguntó preocupado.

Adrien lo miró largo rato, como si en un principio no hubiera entendido la pregunta. Plagg apareció en su campo visual y lo miraba con tanta preocupación como Hades. De hecho, algo le dijo el kwami, pero Adrien no pudo entenderle palabra. En ese momento se escuchó el estruendo producido por puertas que se abren de golpe y rápidos pasos que se acercaban. Perséfone se detuvo apenas a unos metros de su esposo e hijo, y de la sorpresa se tapó la boca, conteniéndose apenas para no abalanzarse sobre ambos. Después de todo, no podía revelarse a sí misma a menos que…

Maman… —Adrien abrió los ojos como platos. No tuvo dudas en su corazón, esa noción le fue tan clara que casi le hizo explotar las neuronas. No fue algo que pudiera desconocer o incluso suavizar, simplemente lo reconoció y lo dijo.

Los ojos de Perséfone derramaron un río de lágrimas y se acercó al muchacho estirando las manos, en un claro gesto que antecede un abrazo, que se hizo mucho más urgente porque Adrien palideció muchísimo y finalmente colapsó. Hades impidió que cayera al suelo, pero Perséfone se lo quitó de los brazos y lo acunó en los propios.

—¡Me dijo maman! —exclamó Perséfone alterada. Detrás de ella, Pasitea y Hécate se tomaban de las manos, emocionadísimas y fangirleando sin vergüenza— ¡Hades! ¿Qué pasó, cómo llegó Adrien hasta aquí? ¡¿Qué le pasó?! ¡Míralo como está!

—Ya llamé a Asclepios. Viene en camino. —dijo Hypnos de pronto— Creo que el muchacho tuvo un par de caídas camino aquí…

—¡¿SE VINO CAMINANDO?!

—¡Pffff! ¿Qué no me escucharon cuando dije que se vino caminando? Esos caminos están incluso peor de lo que recordaba —Plagg se cruzó de brazos— El cachorro pasó las de Caín para venir a verlos, así que más les vale estar a la altura… y que tengan mucho queso por aquí, que estoy hambriento.

Todos los presentes intercambiaron miradas, pero fue Pandora la que reaccionó.

—¡Preparen una habitación! Y para ayer, que no quiero más retrasos.

—AHEM.

—Y alguien traiga un queso para el kwami.

Colegio Françoise Dupont.

En esos momentos. 8:05 am.

Cheshire de Caith Sith estaba sin duda en su mejor comportamiento. Estaba en una situación muy complicada y eso lo tenía preocupado. La gran mayoría de los espectros tenía ganas de arrancarle las entrañas por haber perdido de vista al pequeño señor, pero tenía que agradecer que en esos momentos estuvieran más enojados con Gabriel Agreste y con Seth, como para fijarse en un gato insignificante como él. Aún así estaba preocupado, pues Violate de Behemoth y Aiacos prácticamente le estaban respirando en el cuello y hartas ganas le tenían de darle una paliza para la inmortalidad.

Él mismo se sentía muy culpable. ¡¿Cómo fue que no se dio cuenta de la desaparición de Adrien?! Ciertamente que Caith Sith había infiltrado la mansión, así que fue testigo del encontrón que tuvo con Gabriel, pero cuando lo vio salir al jardín, no creyó que fuera a salir de la casa. Adrien también era un gato en el fondo, pero uno de casa, no callejero como él. Se confió que como tal, fuera a enroscarse a los pies de la estatua de Emilie y ya, ¡Pero no que saliera a la calle!

—Miau…

Cheshire se dejó caer en el escritorio sin saber qué más hacer. Al igual que muchos espectros (y que medio París), estaba dedicando todo el tiempo posible para buscar al pequeño señor sin éxito. Sus compañeros de salón estaban muy preocupados por Adrien, no porque fuera hijo de Hades, sino porque era un excelente amigo.

Y maltratado de paso.

El idiota de Gabriel no tenía idea a quien había enfurecido con sus malos tratos hacia su hijo, y eso que ya tenía un caso muy difícil de defender antes los tribunales de almas por maltrato a un menor que confiaba en él. Cheshire estiró los brazos y los dedos, procediendo luego a rascarse la cabeza, en una actitud muy felina.

—¿Dónde se habrá metido el amo? —se preguntó Cheshire muy aprensivo.

En eso, entró Marinette al salón. La desaparición de Adrien la tenía muy mal, se le notaba incluso a lo lejos, pero hoy se la veía un poco mejor de ánimo. Sonrió coqueto y sin pensarlo mucho, dio medio brinco apoyándose en su escritorio para caer con gracia y sentarse sobre el de Marinette justo en el momento en que iba a poner su mochila, lleno de orgullo.

—¡Cheshire! ¿Cómo estás? —preguntó Marinette con paciencia. Desde que sabía que este gato no era Chat Noir se había relajado un poco más. Por unos momentos se había asustado en serio, el nuevo sí que tenía actitudes muy similares con su partenaire y realmente creyó que era su gato, pero cuando supo que no lo era, sintió un alivio tremendo. Lo que sí… ¿por qué se portaba como gato? —¿Qué te trae a mi escritorio?

—¡Nada, prrrrrincesse! Solo quería ver tus ojitos azules.

Una gota se deslizó sobre la cabeza de Marinette. Cheshire no estaba mintiendo. ¿Qué onda? ¿Acaso tenía un imán para gatos?

—Aw, no seas adulador. ¡Mis ojos tienen dueño!

—¡Mentira! Los ojos son solteros. —retrucó Cheshire con picardía. Si hubiera tenido cola, la estaría moviendo de un lado a otro— ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?

Marinette carraspeó un poco. Un leve picor comenzó a subirle por la garganta, e intuyó que uno de los dos había dicho una mentira, pero no sabía si ella o Cheshire.

—Vine a clases, Cheshire. Como todos —le dijo la chica con tono cansino, mientras optaba por poner su mochila encima del asiento, cuando Cheshire volvió a interrumpirla sentándose primero.

—¿No te quieres sentar en mi regazo, prrrrrrincesse?

Cheshire puso su mejor sonrisa. Marinette era una chica maravillosa, cualquier gato estaría orgulloso de tenerla a su disposición. No podía evitar coquetearle: en esos pocos días le había tomado mucho cariño (sobre todo desde que le regalase dos éclairs hacía un par de semanas). Noooo, no pretendía quitarle la novia al amo Adrien, pero era muy divertido encelarlo. Además, quería saber si podía trabar amistad con ella.

Marinette rodó los ojos y sacó un pequeño spray con agua de su mochila.

—¿Una rociadita, Cheshire?

—Errrr. Nope. Me quito. —Usando otra maniobra muy elaborada, Cheshire se levantó de su asiento y le pasó por el lado, aprovechando la oportunidad para refregarle el brazo contra la espalda.

—¡Argh, Cheshire! —Marinette procedió a rociarlo dos veces con el spray— ¡No me obligues a tomar medidas, gato roñoso!

—¡ÑYAAAAAAA, HSSSS!

Cheshire volvió a su sitio y se dedicó a secarse la cara. Contra todo pronóstico, Marinette no estaba tan enojada como debería. Medio intuía que las acciones de Cheshire tenían que ver más con un gato tratando de ganar su amistad que con un coqueteo, pero de todos modos tenía que plantarle límites. El muchacho se quedó en su sitio, agraviado, dedicándose a acicalarse la cabeza, pero no tan molesto como se hubiera esperado: la joven ama, después de todo, solo había reforzado un límite que no debía cruzar y a él le tocaba obedecer…

¡MOMENTO! ¿Joven ama?

"Aaargh, genial" —pensó Cheshire, algo mortificado— "Como si no me bastase con el amo Adrien, ahora asumí que su novia es también mi ama. ¿Qué clase de gato soy?"

Cheshire rodó los ojos molesto y decidió irse al fondo del salón para lamer su orgullo herido. Marinette le siguió con la mirada, pero pronto dejó de prestarle atención, pues en ese momento llegó Alya y ambas comenzaron a cuchichear entre sí. Él siguió en lo suyo hasta que alguien agitó un llavero delante de él. Se lo quedó mirando ensimismado: era brillante, tenía colores y tintineaba. Tentado estuvo de darle un toponcito con la mano.

—¡Tan predecible que eres, Cheshire! —dijo de pronto Lila, guardando el celular— En serio, ¿qué onda contigo y los gatos?

—Cosa mía nada más. Me siento libre de esa manera. —Cheshire ladeó la cabeza lleno de curiosidad— Tienes un llavero muy lindo, Lila.

—Te lo daría, pero no tendría con qué jugar contigo luego. —Lila se sentó junto al espectro y lo miró traviesa— ¿Enamorado de Marinette?

—¿Tan evidente soy? —preguntó Cheshire con mucho cálculo. El que le hubiera tomado cariño a la hija de Apolo, no quería decir que estuviera enamorado, pero… su instinto le recomendó seguirle el juego a esta chica.

—Ni siquiera haces esfuerzos en esconderlo.

—No tengo porqué mentir en mis afanes. Marinette me parece PRRRRRRfecta.

Lila rodeó los ojos hasta la luna y se obligó a sonreír. Cheshire se rió para sus adentros: así como él no disimulaba el cariño que le tenía a Marinette, Lila no pudo ocultar el desagrado que le producía la chica.

—Deberías tratar de conquistarla.

—¿Y eso?

—¡Se te nota que la quieres mucho! Ustedes dos harían una linda pareja. Solo tienes que poner más esfuerzo. —explicó Lila como quien no quiere la cosa— Si gustas, en lo que la conquistas, yo puedo distraer a Adrien, así tienes el camino libre.

—¿Por qué haría yo eso?

—¿Por qué no lo harías? ¿Acaso no te atreves?

La mirada que le puso Lila la había visto cientos de veces. Era manipulación descarada y otro más despistado seguro hubiera caído redondo en ese juego. Cheshire sonrió de costado: dos podían jugar ese mismo juego. Sabía muy bien que Lila odiaba a Marinette con toda su alma y que por capricho se quería quedar con Adrien, pero… digamos que él podía interferir en eso. Podía manipular la situación de manera tal que Lila no se diera ni cuenta que él la estaba manteniendo a raya, incluso dándole con ello una oportunidad a Adrien y Marinette de estar más cerca uno del otro. Eso facilitaría su trabajo, pues podría cuidarlos a los dos al mismo tiempo. Además, su especialidad era justamente manejar las intrigas de manera tal que salieran a favor de sus señores.

—¿Y qué gano yo con todo esto?

—El corazón de Marinette. La tendrías todita para ti.

—¿Y por qué me ayudarías?

—No lo haría. —Lila se revisó las uñas— ¡Ni los pajaritos cantan gratis! No distraeré a Adrien para que te puedas quedar con tu gata así no más. ¡Busco algo a cambio!

—¿Ah sí? ¿Qué cosa?

—Aw. Verás… Marinette tiene mi collar. Es una cadena dorada delgadita. Ella perdió una muy similar y el otro día en los vestidores tras la clase de gimnasia, confundió el mío con el suyo… Si lo recuperas para mi…

Cheshire tuvo que hacer esfuerzos para no reír. ¡No iba a tocar ni de chiste un regalo del mismísimo Apolo!, pero sí le dio mucha curiosidad saber hasta qué niveles quería llegar Lila. La pobre no sabía con qué fuerzas estaba jugando, solo le importaba su propio capricho. Sonrió con astucia, sabiendo lo que tenía que hacer. ¡Era el guardaespaldas personal del joven amo! Al menos de momento, y ¿qué mejor forma de cuidarlo a él y a la joven ama que controlando de cerca a Lila, haciéndole creer que estaba de su lado? Bien que podría tenderle una trampa que la pusiera en pésimo pie con los dioses y la expusiera ante sus compañeros.

—Ah no, con eso no me meto. No seré yo quien tome ese collar. Puede que sea un error honesto…

—¡Pero he intentado hacerla razonar y…!

—Dije que no lo tomaría yo, pero podría darte la oportunidad. Así lo tomas tú.

A Lila le brillaron los ojos.

—¡Me encanta como piensas!

Giudecca. Inframundo.

Horas después.

AAAAAARGH

Se había ido a negro ni bien vio a esa mujer. Su maman, como su corazón le había dicho. Incluso más parecida a él que la misma Emilie, por quien seguía guardando un inmenso cariño. Había sido una buena inconsciencia: la sensación de seguridad no tenía precio, pero ahora, de pronto, un tremendo dolor en el tórax lo despertaba.

—Sí… tiene las costillas rotas. Dos —dijo una voz que no reconoció— Por eso respiraba extraño.

—¡Vaya que fue un buen porrazo!

Tan cómodo que había estado inconsciente.

Adrien estaba tendido sobre una cama a torso desnudo. No estaba solo, había bastantes personas más con él y por lo visto estaba recibiendo atención médica. Respiró como si tuvieras fugas de aire, pero el profesional que lo atendía se apresuró en hacerlo sentir cómodo. Alguien sujetaba su mano y quiso buscarlo con la mirada. Intentó tomar aire y desperezarse, pero el gesto le resultó muy doloroso y se quedó jadeando por el esfuerzo. Inmediatamente, ni bien se quejó, Plagg apareció en su campo visual, y otros tres rostros más.

Le dolían hasta las pestañas.

—Calma chico, estás con un doctor. —se apresuró en decirle Plagg.

—¡Buenas tardes, joven paciente! Soy Asclepios —se presentó el dios mientras le revisaba las pupilas— ¡Es bueno verte despierto!

Hades también estaba ahí. Miraba todo con bastante seriedad, pero no era esa presencia ominosa que siempre había tenido Gabriel, sino muy por el contrario, era alguien que estaba a la espera de noticias. Perséfone en seguida se inclinó hacia él y le despejó los cabellos del rostro.

—¡Sé fuerte, gatito! Tus heridas están siendo atendidas, por eso el dolor, pero casi acaba.

—¿Eres mi maman? —preguntó débil.

Recordaba a esta mujer, se le hacía muy familiar. Tenía la impresión de haberla visto hacía muy poco. Hades se asomó un poco en su campo visual, muy serio, pero sus atentos ojos no se perdían de detalle. Estaba preocupado por su bienestar, por gruñón que se viera.

No, no era la misma presencia que Gabriel. Ahora se sentía protegido, más con Perséfone ahí metida.

—Soy yo, cariño —la diosa le despejó algunos cabellos.

—Señora Perséfone… mi paciente. —interrumpió Asclepios con delicadeza, apartándola a un lado— Todavía tengo trabajo con él.

—Muchacho… duerme —dijo de pronto su padre— Será mejor así.

Hades estiró la mano y le tocó la frente. Una vez más Adrien se dejó envolver en una suave inconsciencia, en la que logró descansar como nunca. No tuvo esa sensación de ansiedad, sino por el contrario, se fue a negro en confianza. En algún momento soñó con Emilie, quien le sonreía con alegría, pero la gran mayoría de sus sueños incluyeron a Marinette. No tuvo noción de cuánto tiempo estuvo inconsciente, solo que por fin comenzó a despertar.

Estaba tendido en una cama muy cómoda. Tenía un pijama fresco y de tela muy agradable, aunque se notaba que hacía mucho frío afuera. Un suave aroma permeaba sus sábanas y ya no sentía tanto dolor. Si sentía las articulaciones como entumecidas, pero nada grave. Se incorporó en la cama y bostezó con gusto, restregándose los ojos y acicalándose la cabeza igual que un gato.

—¡Buenos días, cachorro! —lo saludó Plagg, mientras le daba vueltas a su alrededor, como asegurándose que estaba bien— O más bien buenas tardes. Me tenías preocupado.

—Hola Plagg… —Adrien miró a su alrededor. Mil dudas le acosaron los sentidos, pero… al mismo tiempo se sentía en casa. ¿En verdad había pasado todo eso? ¿Y donde estaba? ¿Acaso estaba solo? No veía a nadie…— ¿Cuánto tiempo dormí?

—Como dos días. Esas caídas y el trajín que traías te jugaron una mala pasada. Te curaron las heridas, y aprovecharon para desintoxicarte del veneno de Seth. —explicó Plagg con calma—Deberías estar bien, pero te tienes que tomar todo con calma.

—Ya veo… —Adrien se sujetó el puente nasal— … siento náuseas. Como que todo es más claro… me marea.

—Acostúmbrate. Es el ambiente y estás entre los tuyos —le dijo Plagg muy serio— Tu cuerpo simplemente se está adaptando. Tus padres son dioses… eres una deidad: eso comenzará a manifestarse poco a poco…

—Eso… eso suena muy rebuscado. No me siento así —Adrien tragó saliva, sin querer pensar mucho en ese aspecto de él mismo. El muchacho comenzó a mirar a su alrededor, aunque no con mucho ánimo— Oh… —Adrien bajó la cabeza— Estoy solo de nuevo…

—¿Y acaso estoy pintado?

—Oh, Plagg, sabes que no me refiero a eso, yo…

—¿Acaso ellos están pintados?

Plagg señaló a su derecha. Ahí había un sofá en el que Hades y Perséfone dormían bien abrazados y muy profundo. Donde el dios tenía la boca abierta y roncaba un poco, la diosa apenas hacía ruido, pero no soltaba su agarre de su esposo. Adrien abrió los ojos como platos. Mientras más los miraba, más sentía que sí, eran sus padres. ¿Y qué hacían aquí? O sea, no es que no le gustase que estuvieran con él, pero… ¿acaso en verdad se habían quedado con él? ¡¿No estaba solo?!

—Han estado aquí los últimos dos días. Tu mamá solo ha salido al baño, tu padre va y vuelve, pero no te han dejado solo mucho rato.

—¿En serio estuve dormido dos días?

—¡Completitos!

—¿Y en serio se han quedado conmigo?

—Oh sí.

Adrien tragó saliva y se aventuró en intentar levantarse. Hacía frío y resintió salir de esa cama tan cómoda, pero de todos modos lo hizo. Se acercó lleno de cautela hacia sus padres, como un gato curioso. A poca distancia de ellos, Perséfone arrugó un poco los párpados y abrió los ojos, como percibiendo la cercanía de su cachorro. Cuando se dio cuenta que Adrien estaba despierto y de pie a poca distancia, despabiló por completo. En el brinco que dio despertó a Hades, al darle un buen golpe en el estómago que le quitó todo el aire.

—¡OOOOMPH!

—¡Chéri, despertaste! —exclamó la diosa a punto de abrazarlo. Se detuvo por un asunto de respeto. Adrien se tensó por completo— ¿Puedo… darte un abrazo?

—¿Maman?

—¡Ya dale un abrazo, niña tonta! —reclamó Plagg— Los dos lo necesitan.

Perséfone abrazó a Adrien, volcando con un cariño que ni Emilie habría podido. Con timidez abrazó a la diosa, sintiéndose seguro, pero con mucha emoción atorada en la garganta. Con razón Athena le había dicho que su vida cambiaría radicalmente, y no se arrepentía de haber emprendido aquél difícil viaje. Toda su vida había anhelado esto.

—¡Lo siento tanto, chéri! ¡espero que puedas perdonarme! —Perséfone separó el abrazo, solo para tomarle las mejillas— ¡Si hubiera estado más pendiente, nadie te habría arrancado de mi vientre! No sé como compensarte. ¡Lo siento mucho, hijito!

Adrien no tenía idea de lo que Perséfone le estaba hablando, pero en sus palabras no había más que verdad. Tuvo imágenes muy locas y aleatorias del instante en el que fue arrancado de un lugar muy seguro por alguien quien le inspiraba mucho terror, pero no quiso ahondar más. Hades puso la mano sobre su cabeza en ese momento.

—Espero que me perdones a mi también. Mi incapacidad por protegerte a ti y a tu madre terminó contigo arrancado de nosotros. ¡Lo siento mucho!

Plagg bajó los ojos, suspirando con tristeza. Este par era bastante irritante a veces, pero ya desde la antigüedad que habían buscado sin éxito convertirse en padres, solo para que la oportunidad que se les había dado les fuera arrancada de sus manos por los celos iracundos de Démeter, si se le podía decir de alguna manera. Adrien hizo pucheros, sin saber qué pensar. Sus padres eran sinceros, podía verlo, y en verdad, al menos en cuanto a lo que a ellos refería, no podía hacer nada. Se había pasado una vida lejos de sus verdaderos padres, ¡no se iba a poner idiota ahora y atacarlos por algo que estuvo ajeno a su control!

—No vine aquí a reclamar nada… —dijo por fin el muchacho—… Yo vine por mis padres. Todo lo demás no tiene importancia para mí, solo… no digamos que soy mucho, así que no se emocionen. Solo… solo soy yo.

Hades y Perséfone suspiraron de sorpresa: habían estado convencidos que el muchacho se iba a poner en modo adolescente y a reclamarles por las ausencias de toda una vida, pero aquí venía y los sorprendía no solo con un perdón inesperado, sino con una disculpa ¿por no ser suficiente?

—Te lo agradezco, Chéri, pero no me digas que no eres suficiente… —le dijo Perséfone con firmeza— Trabajemos a partir de aquí, ¡pero no digas que no eres suficiente!

—Eres nuestro hijo, Adrien Agreste. Con eso nos basta. ¡Y escucha a tu madre! Puede que no podamos cambiar el pasado, pero ya estamos aquí. —Hades volvió a revolverle el cabello— Además eres Chat Noir y hemos visto lo que eres capaz de hacer.

—¡Y lo que has hecho por otros! No solo por Ladybug. —añadió Perséfone, cubriendo a Adrien con su chal— ¿Cómo se te ocurrió venir aquí?

—Errr… —Adrien se tragó el nudo que sentía en la garganta. En serio creyó que sus padres iban a estar decepcionados de él, no era la gran cosa, pero que le demostraran lo contrario y que incluso supieran que era Chat Noir fue otro nivel. Intercambió una mirada con Plagg, quien tenía una sonrisa bonachona en el rostro y suspiró— Una chica no mucho mayor que yo me dijo que viniera… que me estaban esperando. Hmm. Dijo que era Athena.

Una tremenda gota resbaló por la cabeza de Hades, pero en su defensa no tuvo ningún tic nervioso ni otra expresión de enojo. Perséfone sofocó una risita: sin duda que la diosa de la estrategia le había ganado un punto a su marido. Si eso apuraba la firma del tratado de paz, no se enojaba.

—Sí, sí, mucho ya. ¿Es que no tienen hambre? —preguntó Plagg— Vi un camembert en la cocina…

Perséfone sonrió.

—Creo que no sería mala idea discutir esto al desayuno.

Colegio Françoise Dupont.

Dos días después. Recreo de las 11:30 am.

Marinette volvía a estar de muerte y no quería salir al patio. Plagg no había regresado a buscar nada más y ella sin tener noticias de Adrien. El silencio radial nuevamente le pesaba en el corazón. Se dejó caer en su asiento y suspiró: estuvo chateando largo rato con Athena la noche anterior, hablando de diversas cosas, sobre todo respondiendo preguntas sobre como ella y Chat Noir habían derrotado a akumas específicos y como podrían haber hecho diferente las cosas.

Le había sugerido llevar un registro de akumas, con sus debilidades, fortalezas y como los habían derrotado, lo cual no sonaba tan mala idea. Marinette estaba medio convencida que le estaba intentando dar lecciones de estrategia.

—Hola Marrrrrrrrrrrinette. —la saludó Cheshire de pronto, saltando sobre su escritorio— ¿Dormiste bien? Tienes ganas de querer tomar una siesta.

—Hola Cheshire…

—Jejejejeje.

—¡Largo de mi sitio, Cheshire! —Alya llegó como un huracán y corrió al espectro con un cuadernazo— ¡Marinette! ¡te tengo noticias!

—Hola Alya… err… ¿pasó algo?

Marinette le puso más atención. El nivel de entusiasmo de Alya solo podía deberse a tres cosas: la presencia de un héroe en las cercanías, un akuma o algo que favoreciera a uno de sus amigos. Como fuese, era algo gordo, a juzgar por el entusiasmo de su mejor amiga.

—¡Tengo noticias de los Agreste! ¡¿A que no adivinas a quien acabo de ver entrando en la oficina de Monsieur Damocles?!

—¿A esta hora? —preguntó Cheshire, quien parecía saber más de lo que aparentaba— Seguro que a un alumno castigado.

Marinette miró a Cheshire con los ojos muy grandes antes de volverse a Alya. El espectro casi daba saltitos de la emoción. Se había pasado los últimos días escapando de Violate, quien lo amenazó con arrancarle el espinazo no solo por perder de vista a Adrien, sino además por pasarse de listo con Marinette, pero ya sin preocupaciones. El joven amo había aparecido en Giudecca hacía unos días, noticia que se esparció rápidamente entre los espectros, quienes sabían que más temprano que tarde, iban a regresar al muchacho a París. Y si sus cálculos no le fallaban, lo más probable es que en esos momentos estuvieran ingresando a Adrien al colegio, tras justificar su falta tras días desaparecido.

Alya vibraba de emoción. Una intuición en el corazón comenzó a latirle con fuerza y Marinette hasta comenzó a acumular aire en los pulmones.

—¿Alya? ¿A quién viste…?

—¿Marinette?

¡ESA VOZ! Marinette exclamó aire y casi tuvo un patatús. Tuvo que forzarse a girar sobre sí misma para ver a la persona que la había llamado por su nombre y al ver a Adrien, casi se le detuvo el corazón. Su partenaire se veía bien, como si hubiera tenido una gran aventura, quizás con algunos cardenales extra, pero contento de volver a verla. En sus manos llevaba un tulipán rojo, que le ofreció con timidez.

Marinette hizo un puchero, y con más timidez de la que estaba expresando Adrien en esos momentos, aceptó el tulipán sin poder controlar el temblor de los labios. Alya se sujetaba el corazón, la escena la estaba matando de alegría, y Cheshire se divertía pensando en todas las bromas que le haría a su joven amo por la audaz jugada que había tenido al momento de elegir el tulipán.

Después de todo, en lenguaje de flores, un tulipán rojo simboliza el amor perfecto, eterno, el fuego y la pasión… y si se entregan al inicio de una relación, sirven para declarar amor sincero y para expresar el compromiso de pareja.

No sabía si Marinette conocía ese significado, pero alguna idea debía tener, pues tras recibirlo, había asentido con bastante recato.

—Volviste. —dijo la chica.

—Volví. —dijo el chico.

Acto seguido se abrazaron como si hubieran vuelto de la guerra.

CONTINUARÁ…

Nota de Misao: Creo que le compensé a estos tontorrones el estrés de los últimos días. Adrien ya sabe quien es en verdad y Marinette tiene de regreso a su gato. A ver su ahora logran conversar como corresponde, aunque… todavía tienen que escapar de Seth.

Nota de Abby: Tienes razón, necesitaban descansar del estrés al que lo hemos sometido, peeeero... es tan divertido hacerlos sufrir un poquito, ¿no? Es mi turno, así que aquí voy...