Disclaimer: Los personajes no son míos.
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Elsa estaba segura que el tiempo que llevaba en esa habitación del hostal era poco, pero no podía evitar sentir que habían pasado mil años.
Aquella era su noche de bodas y el hombre al que desposó le salía con la… magnífica idea de pasarla en habitaciones separadas, la había dejado ahí sola y se marchó como si nada.
Caminó en círculos, pensando en qué debía hacer y solo se detuvo hasta que decidió que iría a su habitación y hablarían de una vez por todas, giró sobre sus finos zapatos y se dirigió a la puerta con decisión, la abrió de un tirón y dejó salir un silencioso jadeo de sorpresa al ver a su ahora esposo parado frente a ella.
―Deberíamos bajar a cenar― propuso el pelirrojo, Elsa resopló con molestia y se adentró a la habitación―. Elsa― la llamó mientras entraba y cerraba la puerta―, oye ¿No tienes hambre? La comida es excelente aquí, te lo aseguro…
―¡No quiero nada de cenar! ―exclamó, exasperada―. Eh pasado los últimos tres días queriendo estar a solas contigo, queriendo hablar contigo, queriendo saber…― se interrumpió para recuperar el aliento―. Entiendo que no desees verme, que prefieras estar en tu habitación separada a tolerar una cena sin hablar en nuestra noche de bodas; pero yo…
―No es lo que yo preferiría― la contradijo, calmado.
―Hans…
―Te equivocas― declaró con decisión, irguiéndose en toda su altura.
Elsa lo miró fijamente unos segundos antes de continuar.
―Has estado evitando mi presencia.
―Quería dejarte en libertad― explicó.
―Tú solo me has dicho unas pocas palabras― acusó, no se daría por vencida. No hasta que fuera sincero.
―Quería evitar decir cosas incorrectas.
―Apenas me has mirado a los ojos…
―¡Porque no soporto ver la miseria que te eh ocasionado!
Elsa negó con la cabeza.
―No es así― aseguró―. Yo fui la que te atrapó en este matrimonio.
―Yo te atrapé― desmintió―. Eh pasado estos tres días en agonía, incapaz de hablar contigo o de estar a solas contigo, porque yo sabía que tú no querías nada conmigo― la blonda no tuvo oportunidad de objetar aquello pues el cobrizo continuó―; y es entendible después de forzarte a hacer un sacrificio inimaginable. Querías una vida con hijos, una familia… querías una vida con un hombre que conocieras, querías… que hubiera amor y aún así…
―Y aún así esto no podría ser más diferente― terminó por él―. ¿Es lo que ibas a decir?
Hans la miró a los ojos, incapaz de emitir un sonido. Elsa suspiró.
―Te acompañaré a cenar momentáneamente― anunció y se dio la vuelta para buscar su abrigo, se sintió estúpida cuando una especie de sollozo escapó de sus labios.
―Todo lo que le dije a la reina fue cierto― reveló y Elsa se giró hacia él lentamente, el recuerdo de las dulces palabras del bermejo volvió a su mente―. No puedo dejar de pensar en ti.
Estaba siendo sincero, y solo por ello la blonda no se atrevió a decir nada.
―De las mañanas que aligeras a las noches que tranquilizas… a los sueños que habitas― siguió, dando pasos hacia ella―. Mis pensamientos por ti no cesan. Soy tuyo, Elsa, siempre eh sido tuyo.
―Yo… yo no lo entiendo.
Hans bufó con exasperación y apartó la vista para comenzar a pasearse por la habitación.
―¡No sé cómo podía ser más claro!
―Bueno, no te enojes…
―¡No estoy enojado! Yo…
―Te ves enojado, molesto ¡Hasta estás sonrojado! ―acusó.
―Sí, esto es lo que pasa…
―Cuando alguien se enoja, sí.
―¡Cuando alguien se quema por una persona que no siente lo mismo!
Elsa lo miró con sorpresa, estaba impactada.
―Tú… ¿te quemas por mí?
Hans soltó una pequeña carcajada incrédula y divertida.
―¿Por qué crees que te seguí hasta aquel jardín? ―la blonda jamás se olvidaría de ese jardín, nunca podría, gracias a ese beso indecente que se dieron en él se habían casado.
―¿Por qué crees que fui a ese jardín? ―preguntó en respuesta, en aquel momento sabía que la seguiría. Elsa continuó―. Si tan solo me hubieras mirado esta semana por más dos segundos, lo habrías notado. Eres tú al que no quiero sacrificar… yo me quemo por ti.
Aquello fue aliciente suficiente para que el bermejo acortara la distancia entre ambos y la tomara en brazos para besarla, el beso fue suave al principio, pero los labios de Hans se alejaron de los suyos para delinearle la mandíbula y llegar a su cuello, entonces comenzaron a bajar hasta donde el vestido cubría sus seños.
―¿Qué haces, Hans? ―preguntó, agitada.
―¿Quieres que me detenga? ―se separó de ella para mirarla a los ojos, los orbes de esmeralda de su esposo estaban oscurecidos por algo que solo pudo describir como deseo. La deseaba―. ¿Quieres que me detenga?
Elsa pensó en decirle que perdió su tiempo al repetir la pregunta, pero solo atinó a decir que no con la cabeza.
―Quiero enseñarte más― declaró en un susurro.
―¿Más?
Elsa se alzó en puntillas para reclamar su boca, mientras lo besaba, las manos grandes y hábiles del colorado se dedicaron a desabotonarle el vestido, dejándola solamente con el ceñido corsé que llevaba debajo. Se tomó unos minutos para admirarla y entonces la besó de nuevo antes de hacer que se volteara para poder desamarrarle aquella prenda.
Una vez que terminó, sus labios volvieron a atacar su cuello en tanto sus manos le quitaban el corsé para dejarlo caer al suelo y finalmente cerrarse en torno a sus pequeños, redondos y turgentes pechos. Elsa suspiró, aquellos se sentía demasiado bien…
Hans volvió a girarla para tenerle de frente, se agachó para desabotonarle la delgada enagua de seda, ésta cayó por sus piernas delgadas junto a la ropa interior y en un segundo estuvo de pie de nuevo, listo para desvestirse.
Comenzó sacándose el saco que llevaba encima, se desabotonó la camisa y finalmente quedó desnudo del pecho; por primera vez fue del todo consiente de lo anchos que eran sus hombros, de la amplitud de su pecho y aquellos bíceps que tuvo oportunidad de ver. Al tenerlo de frente, fue consciente de lo que se había perdido.
A la luz de las velas, las pecas que los bañaban le parecieron virutas de canela sobre nieve.
Elsa estiró una de sus manos para poder tocarlo, admirando lo suave que era aun cuando se sentía duro y resistente, enredó sus pálidos brazos delgados que hicieron un contraste delicioso con la piel de durazno y Hans atrapó sus labios una vez más. Danzaron hacia la cama donde la recostó.
―¿Te tocaste tú misma, cómo lo que hablamos?
¿Tenía que sacar aquello en un momento cómo ese?, aún así, la blonda asintió.
―Enséñame― pidió.
―Yo… no puedo hacerlo― el bermejo le sonrió y tomó su mano con la suya, y la guió hacia el sur de su anatomía, ahí en ese lugar tan recóndito que, hasta el momento, solo había tocado ella.
La albina suspiró al sentir la delicada presión en ese rosado botón oculto, la mano de su esposo guió sus movimientos.
―Dime lo que pensaste cuando estabas sola.
―Yo… yo pensé en… ah… ―suspiró―. Hans, te quiero más cerca.
El bermejo se inclinó para besarla, soltó su mano y entonces se levantó. La blonda lo vio deshacerse de sus pantalones, pero se olvidó de ellos cuando la masculinidad de su esposo quedó finalmente frente a sus ojos. Observó con fascinación lo grande que era, erguida de manera majestuosa y lista para incrustarse en su interior.
Hans volvió a subir a la cama, posicionándose sobre ella y la miró a los ojos.
―Esto puede que duela un momento― Elsa asintió ante su aviso y se preparó, abrió las piernas mientras Hans guiaba su masculinidad hasta su centro.
La blonda jadeó al sentir la intrusión, si a la vista era grande, tenerlo dentro le hacía honores al tamaño; por su parte, el colorado fue lo más cuidadoso que pudo pues no deseaba lastimarla, pero Dios en el cielo sabía el control que estaba teniendo para no moverse.
La había deseado por tanto tiempo que la sola idea de que pudiera ser solo otro de sus más oscuros sueños le pareció enfermo; no deseó alargar aquello y entró definitivamente de una estocada fuerte y precisa, Elsa gimió de placer mientras sus pulcras uñas se enterraban en su espalda.
Aguardó varios segundos hasta que ella se acostumbró y cuando comenzó a mover sus pequeñas caderas, descubrió con placer que se sentía mil veces mejor de lo que pudo imaginar; movió sus caderas también y acaricio una pierna delgada, disfrutando de los gemidos de su esposa.
Jamás, en sus veintitrés años de vida, ninguna orquesta había tocado una pieza que fuese tan buena como aquella melodía.
―Pensé en ti― reveló Elsa, mirándolo a los ojos―, cuando me toco siempre pienso en ti.
Hans aumentó la velocidad de sus embestidas al instante, sus gemidos y jadeos, un poco menos audibles que los de la muchacha, se mezclaron con los suyos; estaba tan cerca…
Las paredes de Elsa se cerraron entorno a su miembro y la blonda gritó al terminar, Hans se empujó un par de veces más y salió de ella de inmediato, gimiendo y vaciándose en la ropa de cama.
Se dejó caer junto a la albina y se giró hacia ella al recuperarse.
―¿Cómo te sientes? ―preguntó, acariciando su nívea mejilla sonrojada.
―Me siento…― sonrió―. Me siento de maravilla.
Elsa se dijo que aquello era, por mucho, la mejor experiencia que había tenido a lo largo de sus dieciocho años de vida.
Hans sonrió y volvió a besarla.
Lástima que por aquí no se puedan poner los emojis porque sin duda quedé como payasa al actualizar por aquí, doy pena ajena ke zad.
Pues mis bellos lectores, la escena del día corresponde al nuevo— ni tanto— éxito de Netflix: Bridgerton. Personalmente me encantó la serie, son pocos capítulos, pero sin duda me atrapó, con vergüenza admito que terminé de verla el mismo día.
Sobre el protagonista masculino, en la serie es el guapísimo Regé-Jean Page, y es de color, solo lo transformé a personaje caucásico porque la escena era demasiado buena como para no hacerla Helsa. Una disculpa por ello.
Espero que les haya gustado y si no, nuevamente me disculpo. ¡PREGUNTA RANDOM! ¿Ya vieron WandaVisión? Me encantaron los dos primeros capítulos, muero por ver los que siguen. Ahora sí, feliz inicio de semana personitas bellas, Auntie Harry loves you.
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
