23
El consuelo en el engaño
Lincoln se sentía bajo mucha presión más que nunca antes en su vida, tanto que prefería estar en aquellos momentos en medio de un examen importante para el que no hubiese estudiado, en vez de conduciendo hacia el campus donde Lucy recién cursaba la carrera.
Sorpresivamente Luna le había marcado en el hospital poco después de hablar con Lynn, a quien le explicó al igual que su madre, el por qué no podía donar sangre. Luna le avisó que tomaría el primer vuelo que encontrara a Michigan para reunirse con ellos, aunque no estaba segura si le permitirían hacer la donación incluso si llegase a ser enteramente compatible por el asunto de los tatuajes. Sus padres habían hecho revuelo un par de años atrás al enterarse, Lincoln deseaba que esto no diera pie a otra discusión por hacérselos. Por lo menos esperaba que no se hubiese puesto ningún tatuaje nuevo o piercing desde hace menos de un año a riesgo que por ello no le permitieran la donación. Tenía fe en que Lori pudiese ser de más ayuda y lo mismo con Luan, quien por cuestión geográfica sería la primera en llegar.
Tenía sus dudas con respecto a si Lucy podría ayudar. Aún recordaba la discusión cuando le marcó.
—¡Lucy! ¡Paso algo terrible!
—¡Lo sé, Lincoln! ¡Calma! Lola ya me habló para contármelo todo.
—¿En cuánto tiempo puedes regresar a casa?
Lucy suspiró. Su hermano detectó la ansiedad detrás de su reacción.
—Hay… tendré unas evaluaciones muy importantes.
—¿Más importantes que tu propia hermana?
—¡Lincoln! De verdad lamento lo que le ocurrió a Leni, en serio. Pero la ayuda que puedo darles allá es la misma que aquí. No puedo hacer ni cambiar nada al respecto.
El joven no podía creer lo que escuchaba.
—¡Lucy! Sé que siempre has preferido estar apartada de todos. Pero en este momento la familia necesita estar junta, así que quieras o no, te ordeno que vengas en este momento a casa, o juro que iré por ti en este momento.
Hubo un silencio muy prolongado. Lincoln estaba por agregar algo más, cuando ella le contestó con voz avergonzada.
—Haz lo que consideres necesario.
En esta ocasión el largo silencio vino por parte de Lincoln antes que le respondiera.
—Voy para allá. Más te vale estar lista.
Ahora mientras estaba a nada de llegar, reconocía haber perdido los estribos y que debió explicarle a Lucy que necesitaba su ayuda con una donación de sangre, aunque guardaba ciertas reservas.
La enfermera que lo atendió a él cuando intentó donar, curiosa e intentando coquetearle, esto último lo pensaría Lynn, le preguntaría el por qué decidió pintarse de blanco el cabello. Cuando Lincoln le explicó que este era su color natural al ser parcialmente albino, ella se mostró sorprendida y preocupada. Igual le hicieron la prueba, sólo para más tarde explicarle que la compatibilidad entre él y su hermana no era la suficiente para realizarle de su parte una transfusión. Lincoln guardaba la duda si simplemente era algo que puede suceder, o si su ligero albinismo tuvo algo que ver. "—Entonces a Lucy la rechazarían con tan sólo verla." Pensó.
No tuvo tiempo de darle más vueltas al asunto. Ya estaba en el campus, frente al edificio de los dormitorios donde Lucy se quedaba. Tomó su celular considerando volverlo a encender. Había temido que en su trayecto le diesen alguna noticia que lo alteraría más de lo que ya estaba y terminara sufriendo un accidente por distraerse. Sabía que no era correcto hacer algo así en momentos tan críticos, pero a pesar de todo decidió incluso dejarlo en el coche.
Una mujer de mediana edad lo detuvo al instante en la entrada. Era el ala de señoritas y los varones tenían terminantemente prohibido entrar.
—Sólo vengo a ver a mi hermana. Es Lucy Loud. Sucedió una emergencia familiar y estoy tratando de convencerla para que venga conmigo a casa.
Le mostró una identificación para corroborar que compartía el mismo apellido de Lucy. La mujer previamente había sido notificada por la estudiante sobre la posible visita que tendría, aunque esta se mostró recelosa al respecto, al menos hasta que comprobó el parentesco del sujeto con la chica.
—Está bien. Le advierto que tenemos cámaras en los pasillos, señor Loud. Por lo que sabremos si entró a un dormitorio que no sea el de su hermana.
Lincoln asintió ruborizándose. Podía comprender muy bien el porqué de las restricciones.
El nerviosismo por ver a su hermana conforme subía por el ascensor al piso donde se encontraba, ganaba terreno sobre la preocupación y la ansiedad que sentía. Sentía que su cabeza estaba en varios sitios a la vez impidiéndole concentrarse en algo en específico. En uno de los pasillos se cruzó con unas chicas que tras verlo hicieron unas risitas apenas audibles.
Una vez que llegó a la puerta, Lincoln tocó considerando muy tarde el dejar a Lucy hacer lo que le viniera en gana y marcharse con quienes le necesitaban de verdad.
Su hermana de dieciocho años, con el fleco de su cabello tan largo que cubría uno de sus ojos de tal forma que le recordaba a una de sus amigas de su infancia, le miró con aquél hermoso ojo azul claro sin expresión. Llevaba un sencillo conjunto negro para dormir que consistía en una blusa y unos shorts.
—Lucy… Leni está…
Ella de pronto lo atrapó en un abrazo y Lincoln comenzó a llorar. Ambos entraron y cerraron la puerta. La joven permitió que su hermano se desahogara todo lo que necesitaba.
Al recomponerse un poco, Lincoln miró a su alrededor. El espacio era pequeño. Había dos burós y dos camas, una en cada extremo frente a su respectivo escritorio. Se sentó junto a Lucy en una que imaginó se trataba de la suya. Vio en su lado de la habitación una pequeña maceta con una extraña flor blanca con pequeños tonos verde en forma de campana caída.
—No sabía que eras ya una chica de plantas.
—Mi compañera de habitación lleva un curso de botánica y consiguió un puñado de estas para un proyecto. Me dio una porque pensó que iba conmigo al ser una planta venenosa.
—¿Hiedra?
—Acónito.
—¿Tu compañera de habitación…?
—En una fiesta.
—¿Pensabas ir?
—Sí. Pero no lo vi apropiado cuando me enteré lo que le sucedió a Leni.
—Lo apropiado sería que fueras conmigo al pueblo.
—Ya te dije que estaré ocupada, pero le mando mis mejores deseos.
El chico podía sentir como una vez más comenzaba a molestarse.
—¿Eso es todo? ¿Es que piensas ayudar haciéndole un conjuro a distancia o una tontería así?
—No seas tonto —le contestó sin mostrarse afectada u ofendida—. Ya no tengo quince años. Lo que tenga que suceder con Leni, sucederá por obra del destino y no habrá nada que tú o yo podamos hacer al respecto.
Iba a darse la vuelta, cuando con cierta brusquedad Lincoln la sostuvo de la muñeca.
—¿Siquiera te importa tu hermana?
Lucy le sostuvo la mirada retándolo.
—Por supuesto que lo hace. Es mi hermana, debe de importarme.
—¿Te importa sólo porque es tu obligación?
La chica de un tirón lo obligó a soltarla.
—Tú mismo lo dijiste. Siempre aparté mucho mi vida de las de ustedes, casi tanto como ustedes mismos me apartaban de las suyas.
—En este momento nadie te está apartando. Si Lola te marcó para decirte lo que sucedió y yo estoy aquí por ti, es por algo. Leni necesita sangre para su tratamiento.
Lucy bufó.
—Hay está. No me necesitan a mí, necesitan una bolsa de sangre que les pueda ayudar. Me abruma el afecto que me guardan.
Lincoln perdió los estribos.
—¡Esto no se trata de ti, maldita sea! ¡Es Leni quien está grave y sin nuestra ayuda podría…! —se cubrió la boca—. ¿Cómo puedes ser tan egoísta?
—No soy egoísta, soy realista. Sencillamente soy consciente que no puedo cambiar nada al respecto. Ahora, aunque agradezco tu visita para verme y tu preocupación "por mí", voy a pedirte que te marches. Tú lo has dicho, Leni en estos momentos te necesita más que yo, siempre hay alguien que te necesita sobre mí, ya sea Leni, Lynn, esa… niña. No lo sé. Siempre hay alguien.
Lincoln sentía que su cabeza estaba a punto de explotar, pero entre el coraje y la frustración que lo estaban invadiendo, también sintió un poco de lástima por su hermana, no mucha, pero si la suficiente para hacerlo sentir avergonzado.
—Eres mi hermanita y te amo no porque deba de hacerlo. Sabes que siempre te he querido de verdad, Lucy.
—Lo sé. Por eso me tuviste la confianza necesaria para jugar a expresiones de afecto por las noches cuando niños. ¡No! Me equivoqué. Esa era Lynn. ¿Era conmigo donde buscaste una confidente en quien apoyarte con tu relación con ella? ¿O esa era Leni? Cuando vivía en casa, no era a mí a quien esperabas ver durante tus visitas de la universidad, sino a Lily, las gemelas, a nuestros padres, incluso preferías ver a tu presunta hija antes que a mí. ¿Es que crees que no notaba cómo me evadías siempre que terminábamos juntos?
—¿Y qué esperabas si casi siempre buscabas ponerme en una situación incómoda? Tu misma provocabas que te dejara de lado. Puedes creer lo que quieras, pero siempre me importaste tanto como las demás.
—Por supuesto, quedando siempre en el escalón más bajo.
Furioso y con el estrés latente, Lincoln la tomó de los hombros haciéndole un poco de daño.
—¡Te quiero, maldición!
—Es fácil decir las cosas sin tener que demostrarlas. —Secamente le respondió sin inmutarse ni un poco.
El coraje de Lincoln estalló de pronto al creer comprender a lo que se refería.
—Todo esto siempre se trató de eso, ¿no es cierto, Lucy? Siempre se trató de mantenerme atado a esa promesa que me obligaste a aceptar cuando eras una niña. ¿Realmente nunca pudiste superarla? —su voz cambió. Lucy sintió temor al escucharlo desdeñoso y sarcástico—. ¿Tanto me amas que estas dispuesta a dejar morir a tu hermana sólo para fastidiarme?
Finalmente, la joven tuvo una reacción distinta a la indiferencia al temblar sintiéndose tan sorprendida como incómoda. Lincoln bajó un poco las manos de sus codos a sus brazos. Lucy temió que buscara hacerle daño como cuando niña una vez lo provocó peligrosamente y Lincoln estuvo a nada de pegarle. Ella no le contestó al quedarse sin palabras debido al impacto que le produjo la acusación. No se trataba de eso, por supuesto, pero su hermano no lo estaba viendo de esa manera.
De pronto y para su sorpresa, Lincoln la besó agresivamente. Lucy tensó los labios sorprendida, pero su hermano supo abrirse paso a través de los mismos. De pronto la pelinegra se inundó con una sensación que extrañamente relacionó con las zanahorias, a pesar que este no era el sabor que aquello en su boca la recorría. Repentinamente la soltó.
—¿Esto es lo que querías, Luz? ¿He?¡ ¡Esto es lo que quieres!
No le permitió responderle, volvió a besarla y aunque por el miedo en un principio Lucy pensó en empujarlo, algo instintivo muy dentro de ella terminó por abrazarlo y con sus manos acariciar con fuerza su cabellera blanca.
De pronto Lincoln la recostó en la cama y por un momento se detuvo. ¿Qué era lo que estaba haciendo? Viendo su indecisión, Lucy se sacó de un tirón la blusa quedando expuesta y sin nada debajo. Sus pechos tan blanquecinos como el resto de su piel no eran nada impresionantes, pero sin duda eran un poco más voluminosos que los de Lynn. Estos no tenían pecas y sus senos eran bastante claros, parecían carecer de aureolas alrededor.
—Lucy… esto no... Yo no…
—Estas frustrado y necesitas desahogarlo todo —le habló con voz quebradiza y el corazón latiéndole diez veces más rápido a lo acostumbrado—. Tal vez no pueda ayudar a Leni, pero puedo ayudarte a ti a sacarlo todo.
Con sus manos metiéndose por debajo de su camisa, Lucy recorrió el pecho de su hermano. Lincoln jadeó. La cabeza le dolía tanto que decidió entonces dejar de lado cualquier pensamiento o preocupación para entregarse de lleno al momento. Si esto es lo que Lucy siempre quiso, se lo daría con tal de sentirse liberado, no solamente de su promesa, sino de todo en general, aunque fuese por un momento para poder dejar de pensar.
Cuando tras quitarse la chamarra y la camisa, Lincoln comenzó a quitarse los pantalones, Lucy tragó saliva y se cubrió con la sábana. Por un instante, su hermano creyó que se estaba arrepintiendo, o al menos eso esperaba, cuando al suelo por debajo de la sábana cayó el short junto con la pantaleta que ella llevaba puesta.
Lincoln se metió a la cama a su lado apreciando el pálido cuerpo desnudo de su hermana Lucy, tan irresistible como el marfil, tan suave como la seda y tan cremoso en sabor como un helado.
El chico continuó besándola mientras sus manos tentaban sus pechos y con sus piernas y cadera buscaba abrirse entre sus suaves piernas, hasta presionar con su miembro la cálida entrepierna de Lucy. Estaba cubierta por un corto y finillo pelo púbico tan blanco que se perdía entre su piel a diferencia del suyo. Lucy resopló no tanto cuando la boca de Lincoln se dirigió hacia sus pechos, sino al sentir su virilidad rozándola por encima de su femineidad. Esa cosa era más grande de lo que recordaba, aunque quizás comprendió, también podría ser que su perspectiva sobre las dimensiones había cambiado al crecer. Sólo tenía la mitad de su edad actual la primera vez que se lo vio siendo este un adolescente.
—¿Tienes… un…? —Lincoln murmuró perdido besando el vientre de Lucy y bajando cada vez más hasta hacerla jadear.
— Mi… ¡Oh! compañera tiene pastillas y son… ¡Hmm! mis días seguros… ¡Aah!
Tras beber de ella, Lincoln volvió a subir para besar su cuello mientras Lucy acariciaba su espalda. En un extraño impulso que ni ella supo de dónde vino, con temor como si fuese a morderle por sólo tocarlo, tomó el miembro de Lincoln llevando su cabeza poco a poco a la entrada de su vagina. Al sentir lo que ocurría, Lincoln comenzó lentamente a invadir su interior. La húmeda y cálida sensación era muy placentera, aunque algo dolorosa la forma que con una mano las uñas de su hermana se aferraron a su espalda, mientras con la otra continuó dirigiéndolo más adentro.
Tras una última estocada y poca dificultad, de pronto Lincoln entró en ella por completo. Más que decepcionarse, se sintió agradecido al darse cuenta que no fue él el responsable de arrebatarle la virginidad a su hermana menor como lo hizo con Lynn.
Lucy que durante el ingreso mordiéndose los labios mantuvo los ojos cerrados, de pronto los abrió al sentirse por completo invadida, siendo su primer pensamiento un recuerdo.
—Esta es la "C" y esta es la "Y". ¿Puedes decirme que dice?
—¿Lucy? —le respondió siendo una pequeña de apenas cuatro años.
—¡Eso es! Dice tu nombre, hermanita. —Le respondió con alegría y orgullo el pequeño Lincoln de siete acariciando su cabello.
Lucy gritó horrorizada. Lincoln malinterpretando su reacción, aceleró el ritmo de sus embestidas estando encima de ella. A pesar de sentirse bien, ella no lo disfrutaba como esperaba hacerlo llegado el momento. El calor la inundaba, el placer también, pero ella no se podía concentrar en lo que estaba ocurriendo en ese instante.
—Lincoln, ¿puedes ayudarme más tarde con mis poemas?
El chico peliblanco de once años dejó a un lado el modelo que estaba armando en su habitación, dándose la vuelta para ver a su hermanita de pie en la entrada.
—Por supuesto, Luz. Podemos hacerlo ahora si quieres.
—¿No interrumpo algo?
—Nada que me impida ayudarte si me necesitas.
Ruborizada, la niña se enterneció.
—Gracias. Sé que siempre puedo contar contigo.
—Y nunca lo olvides. Tu hermano mayor te cubre la espalda.
Sintió cuando Lincoln salió de ella, pero no entendió cómo es que de pronto su rostro estaba contra la almohada. Respingó cuando lo sintió entrar nuevamente apoyando las manos sobre sus caderas recargándose un poco contra su espalda. Lucy mordió la almohada ante la sensación más placentera que dolorosa con sus posaderas chocando contra la cadera de su hermano mayor mientras la embestía.
Su hermano. Su hermano mayor. ¡SU HERMANO!
—¡Lincoln, détente!
Y él lo hizo. Lanzando un quejido, Lincoln se detuvo cuando sintió que había llegado a su límite y en su orgasmo, dejó salir toda la tensión que había estado cargando desde que las gemelas avisaron lo que le sucedió a Leni, quizá la que acumulaba desde aquél día en el juego cuando se enteró que Lynn esperaba un bebé. La frustración que sintió desde que supo lo que le ocurrió a Leni con ese maldito, también la desquitó en ese momento.
Lentamente ya rendido, salió de ella por última vez dejándose caer a un lado de la cama quedando su espalda contra la de Lucy, sin percatarse de las lágrimas que su conmocionada hermana derramó en silencio.
Con un fuerte sentimiento de culpa al seguir recordando viejos sucesos de su juventud, culminando con aquél cuando compartió cama inocentemente tanto con Lincoln, Lynn y Leni, de pronto abrió la boca sintiendo su voz como el quejido de una niña pequeña.
—Quisiera donarle sangre a Leni.
Lincoln frustrado miraba la mancha de pizza en el techo preguntándose cómo había llegado ahí, pero no por mucho.
—¿Cuándo te hiciste ese tatuaje?
Lucy se llevó una mano hacia su nuca antes marcada con la imagen de dos alas de cuervo. Había sido algo atrevido de su parte, no se había arrepentido de nada, salvo ahora de no haber esperado un poco más a hacérselo. Supuso que Lincoln debió de verlo cuando la…
—La semana pasada.
Lincoln suspiró. Ya no tenía que preocuparse por si la condición de Lucy le impedía ser donadora.
—Mamá y papá enloquecerán cuando lo vean.
Aunque recordó la reacción que tuvieron cuando vieron el primer tatuaje de Luna, a Lucy le tenía sin cuidado su opinión a diferencia de la de su hermano presente. Había pensado que enloquecería cuando lo viera. Intentó desviar su atención.
—¿Cómo están Lynn y… tu hija?
—Lynn está bien, estable. Leni es quien ahora tiene dificultades. Liena… no quiero hablar de eso. Lynn está cuidándola —aguardó a que dijese algo, pero no lo hizo— ¿Vas a venir conmigo a Royal Woods?
—Tengo exámenes. Lo siento.
Temía lo que seguiría a continuación. Lincoln la sermonearía una vez más por no poner primero a su familia, acusándola que con todo y lo que acababa de ocurrir se mostrara tan pasiva o despreocupada. Ella entonces trataría inútilmente explicarle de nuevo que sus estudios estaban en una etapa crítica, esperando que como sus padres pudiera entenderlo, mientras por dentro aunado al encuentro íntimo entre ambos, también existía el remordimiento que la carcomía por mentirle.
Sencillamente no quería regresar a casa. No estaba lista para ver a nadie, mucho menos a Liena, pero sobre todo a Leni en ese estado que le describieron, pues por mucho que la quisiera y amara como hermana, el resentimiento persistía por haber encadenado a su hermano a una responsabilidad que no le correspondía por alguien que no lo merecía, tanto como el que ahora le guardaba a Lynn desde que Luan le dio la noticia sobre su embarazo al desoír la supuesta paternidad desconocida.
Si de repente la acusaba por lo de hace un momento, ella le echaría en cara que él malinterpretó las cosas teniendo tanta culpa en iniciarlo, como ella en permitirlo seguir a pesar de ser consciente sería un tanto injusta. Pero nada de eso ocurrió, Lincoln sencillamente volvió a suspirar y sin cambiar su expresión ausente se dio la vuelta y la miró. Lucy casi pudo intuir su desprecio hacia ella, ignorando que éste ni siquiera era la mitad del que Lincoln sentía por sí mismo.
—No dejo de cometer errores —soltó mirando la pared que tapizó con distintos posters—, venir aquí fue otro de ellos.
No estaba segura si se refirió a lo de hace un momento, o a que llegó esperando fuese donadora de sangre para Leni. Deseaba que fuese por esto último.
—Debiste preguntarme primero antes que…
—No lo hice porque ya sabía lo que me responderías, Lucy. De verdad esperaba equivocarme, pero ya lo sabía.
Tampoco era eso. Sólo se trataba de que rehuyera de su familia. Si buscaba hacerla sentir más culpable de lo que ya se sentía, pues bien. Al menos eso lo había conseguido.
—¿Entonces a qué viniste? ¿Sólo para saldar tu deuda? ¿O fue para cargarme una?
—Quizá… no lo sé. Tal vez tengas razón y fue lo primero, aunque creo que también quería… buscar consuelo, aun cuando sabía que era el lugar incorrecto para hacerlo.
Lucy se giró hacia él cansada de darle la espalda. Con la mano Lincoln le hizo a un lado parte de su cabello, mirando indiferente su expresión acusatoria, aunque su ojo azul parecía por el contrario suplicante.
—¿Qué es lo que harás ahora?
—Conducir de regreso a casa. Por el momento ya no puedo hacer nada por Leni, pero Liena y Lynn me necesitan. A mí me corresponde cuidarlas.
—No son tu responsabilidad…
—¡Liena es mi hija!
Lucy tragó saliva intimidada por la firmeza y seguridad de sus palabras.
—¿Y Lynn?
—¿De verdad vas a preguntarme eso?
Cierto, pensó con amargura. La pregunta venía sobrando. Su hermano se levantó y comenzó a vestirse. Lucy lo contempló vacilando un momento.
—¿Qué hay de mí? ¿No crees que necesito que me cuides también?
—Tú siempre has dicho que puedes cuidarte por tu cuenta, también ya lo has demostrado últimamente, en eso pareces ser buena. No me necesitas, quizá… nunca lo hiciste. Yo sólo soy… un bestia.
Y esas fueron sus últimas palabras antes de marcharse sin decirle o hacer nada más. Lucy no lo detendría ni le dedicaría siquiera una mirada. Se quedó en su cama reflexionando lo que acababa de ocurrir esperando tomar una decisión, hasta que finalmente se puso de pie para vestirse e ir a las duchas para intentar con un baño nocturno borrar sus pecados y sus culpas.
Lincoln siempre tuvo razón. Lo reconocía ya demasiado tarde. Ella era su hermana, solamente eso. Durante todo ese tiempo estuvo confundida como la niña que era y quizás seguía siéndolo. Hace unos momentos había conseguido lo que por tanto buscó tras presionar, pero no se sentía precisamente amada y plena.
Se sentía vacía.
Arrugó un poco la nariz. Todo su cuerpo olía al de su hermano. Con prisa se acercó al inodoro para volver el estómago, recordando intensificada la sensación del desagradable primer beso cuando niños, junto con la sensación que le produjo el sentirlo venirse dentro de ella.
Al regresar a su habitación, se sintió tentada a desojar el acónito y beber un té de él, sentimiento que Lincoln tras encender su celular y ver las llamadas perdidas, compartiría con ella al comprender que acababa de traicionar a Lynn.
