DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling

Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".


Espero que a mi Amigo Invisible, Milenrrama, le guste la historia :)

Y quiero dar las gracias también a Kristy SR por toda la paciencia al betear la historia.


όνειρο

capítulo 11: in Morphei somnium

Cogía una de sus corbatas con el puño derecho. Su cabeza reposaba en una cama de la enfermería, al lado de la de Albus. Antares estaba recostado a sus pies, con los ojos cerrados. McGonagall y Padma se encontraban a un lado, preparadas para lanzar el encantamiento.

Podía morir, por eso no le había dicho a su padre que estaba realizando ese encantamiento. Podía morir, pero por Albus valía la pena. Podía morir, y aún así tenía los ojos cerrados.

Había sido su apoyo durante todo ese tiempo. No lo había juzgado ni mirado con pena. Estaba siempre allí. Y los recuerdos en el momento en que Regina se había levantado, habían hecho que tuviera claro qué tenía que hacer. Esa vez no dudaría.

Entonces. Empezó a oír el hechizo.

Laberetur in somnum et volant, in Morphei somnium congregāre.

Despertó en uno de los pasillos de Hogwarts, con la corbata aún en su mano. ¿Debía buscarlo?

Empezó a caminar. Se dio cuenta de que Antares no estaba a su lado, que no había accedido a ese sueño.

―¿Albus?

Los pies parecían ir solos, pasando por esquinas y puertas que veía todos los días. El cuadro de la Señora del Veneno, que tanta gracia les hacía; la conmemoración de la guerra, el retrato muggle de Dumbledore… Esa quietud empezaba a ponerle ansioso. Nunca había estado tan solo por el castillo. Entonces, de repente, le pareció oír una voz en la distancia.

―¡Albus!

Giró la última esquina en dirección a la enfermería: las puertas estaban abiertas. Dentro, Albus se giró. Albus estaba de pie en medio de todas esas camas. Albus, con los ojos abiertos. ¡Vivo! Albus… con lágrimas cayéndole por las mejillas.

―¡Al! ―Corrió y se lanzó a sus brazos. En su pecho ya no había nervios, sino felicidad. Albus estaba bien. Estaba allí. Notaba cómo respiraba. ¿Sabía qué estaba pasando? Lo estrechó con más fuerza aún, con miedo a que se desvaneciera. Quería que notara que estaba allí, que no era un sueño.

―Scor… Ha sido todo muy raro. Llevo días caminando por aquí. No hay nadie. Hogwarts… Tú… Creía que…

―Está bien, estás bien.

Se quedaron el uno delante del otro. Scorpius mantenía sus manos en los hombros de Albus, repasando cada detalle de su rostro; el miedo quería apoderarse de él. Pero no podía porque estaba allí, junto a él. Porque, por fin, estaba seguro de que no sufría.

―McGonagall ha estado aquí. La he oído. Creen que es una enfermedad… mental. Porque estoy muy cerrado en mi mismo ―empezó a decir el chico de pelo azabache. El otro esperó a que continuará―. Y creo que tengo que decirte algo, Scorp. Yo…

―Te quiero.

La sorpresa en los ojos de Albus hizo que estuviera a punto de arrepentirse. No quería haberse equivocado. Fue un impulso… Pero era cierto. Lo de Regina eran celos, y había sido un sinvivir el pensar que le iba a pasar nada.

Su madre lo había escrito: cuando tu alma gemela muere, te quedas sin tu mitad. En el caso de su padre, aquella mitad había sido sustituida por su existencia. Por eso Astoria nunca había dudado, siempre había querido tener un hijo. Un hechizo de amor capaz de mantener la esperanza de alguien, aunque su ser más querido muriera.

Esos nervios, ese malestar...Era la pérdida de Albus; su desaparición. Aquello le había dejado sin comer y sin dormir. Notaba que él mismo estaba muriendo.

―Te quiero desde hace tiempo. No solo como amigo. Y necesito que me ayudes en este hechizo. Necesito que regresemos, necesito que… No quiero que mueras. No quiero despertarme sin los graznidos de Scuttle, ni pensar que no me anudaras la corbata. Ni siquiera que Alex no te va a vacilar y quizás me ponga celoso. No quiero volver al castillo y no tenerte para compartir mis dramas o todas las alegrías. Te quiero, y me he dado cuenta realmente tarde. Lo siento, Al.

Albus se acercó a él y le rodeó el cuello. Entonces, la corbata empezó a brillar. Una luz cálida los empezó a envolver poco a poco. Una luz que gritaba esperanza.


Gracias por leer :)