Disclaimer: Rowling, ya sabemos que son tuyos, pero a estos déjalos en paz, ¿vale? No intentes enriquecerte más con ellos, que me das miedo.

"Este fic participa en el minirreto de diciembre para La Copa de la Casa 2020/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

Petición: Hitzuji pidió un WI en el que Sirius se convirtese en vampiro y los merodeadores tuvieran que encontrar la manera de convivir con su nueva condición.

Beta: Nea Poulain.


Sangre, lágrimas y anhelos

Colagusano fue el primero. Me había preguntado cuánto tardarían en aparecer. Se limitó a sentarse en el sofá del acompañante, en silencio. Comenzó a mover la pierna, nervioso, sin saber bien qué decir.

Cuando me harté, bufé, observando su reacción. Dejó de golpetear el suelo con el talón y me miró, con los ojos muy abiertos, pero sin miedo en la cara.

—¿Cómo fue?

Había sido una estupidez. La moto había empezado a echar humo cuando volvía de un concierto muggle en Liverpool y había aterrizado en medio de un bosque a la altura de Nottingham.

—Supongo que tuve suerte —respondí, lacónico, sabiendo que no estaba contestando su pregunta.

—¿Tienes sed ahora? —Negué con la cabeza. Las enfermeras me estaban alimentando con bolsas de sangre procedentes de un hospital muggle—. Lunático ha estado leyendo…

—Ya imagino —contesté, resoplando.

—Dice que si tienes cuidado con tu alimentación, si no dejas que tu sed te controle… —continuó Peter sin amilanarse.

—Nadie correrá ningún peligro. Dumbledore estuvo aquí ayer.

—¿Volverás a Hogwarts?

—Dice que si han podido hacer que un licántropo estudie allí, no ve razón para que yo no termine mis estudios.

—¿Cómo te alimentarás? —preguntó, curioso.

—Igual que aquí. Por lo visto los muggles tienen almacenes enteros con ella. No me termina de agradar, pero… —Supongo que ese matiz desagradable que noto cuando la bebo se debe a que no es fresca.

Peter guardó silencio unos minutos.

—Es genial que vuelvas —dijo finalmente, con una sonrisa sincera.


—Colagusano nos ha escrito. Dice que estás deprimido y apático.

—Yo no estoy…

—Toma, esto es para ti. —Cornamenta me tiró en el regazo una bolsa de papel antes de sentarse en el borde de la cama.

—Hay un sillón, Cornamenta —le espeté, malhumorado.

—No seas idiota, Canuto.

—¿Qué coño es esto? —mascullé con un gesto de desdén, sacando las golosinas rojas que contenía la bolsa.

—Piruletas de sangre —contestó James, con una sonrisa enorme en el rostro, como si fuera la mejor broma del mundo.

Resoplé para contener una carcajada, sin éxito. Jadeé histérico, incapaz de parar de reír y consciente de que Cornamenta me miraba preocupado. La risa se convirtió en un hipido desesperado por coger aire y un reguero de lágrimas rodó por mis mejillas.

Sollocé, desatando el nudo que se había instalado en mi pecho desde que el puto vampiro me había mordido aquella noche, cuando sólo pretendía intentar miniaturizar la moto y aparecerme lo más cerca posible de la casa de los padres de James.

—¿Recuerdas algo? —preguntó James, poniendo su mano sobre la mía, cuando me tranquilicé.

Asentí, cerrando los ojos. El golpe en la espalda que me había tirado al suelo. El dolor punzante. Los dientes del vampiro clavándose en mi carótida, abriendo una brecha por la que mi sangre salía en chorros que mancharon la nieve del suelo de carmesí. Sus labios sobre mi piel, succionando. Su garganta tragando con avidez.

—Estuvo a punto de matarme —admití, temblando—. Chupó durante tanto tiempo que las piernas me fallaron y se me nubló la mente.

Cornamenta me apretó la mano.

—Creo… —dudé—. Que se arrepintió cuando me vio tirado en el suelo. Me… me hizo beber algo. Sangre. Suya, creo. Luego se marchó.

—Me alegro de que se arrepintiese. De que estés con nosotros, Canuto.


Era noche cerrada cuando apareció Lunático. Supe que era él desde el momento en que la puerta se abrió, dejando que la tenue luz del pasillo invadiese la habitación, pero nadie entró antes de que se cerrase. Podía haber sido Cornamenta, pero la sangre de Lunático olía diferente. De una manera apetitosa, pero más… animal.

—Lo siento. Era luna llena —musitó Lunático a modo de disculpa, quitándose la capa.

Se arrodilló al lado de mi cama, cogiéndome la mano y besándola con timidez, acariciando la piel, recorriendo con los dedos la nueva textura, más cerúlea, que había adquirido.

—Intenté venir nada más me enteré, pero no dejaban que nadie te visitara.

—Era peligroso. Tenían que aplacar mi sed —le expliqué.

—Luego ya se metió la luna llena y…

—Lunático —le interrumpí, con las lágrimas de nuevo acudiendo a mis ojos.

—Estoy aquí. Estoy aquí, Canuto.

—Gracias —musité, apretando su mano con fuerza, intentando no llorar.

—He estado leyendo. —Me eché a reír con una carcajada amarga. Por supuesto que sí—. Todo va a salir bien, no será peor que mi pequeño problema peludo.

Paré de reírme, intentando no ponerme histérico de nuevo. Los dedos de Remus me enjugaron una lágrima solitaria en la mejilla antes de acariciar la cicatriz de mi cuello.

—Hazme sitio —susurró, descalzándose antes de meterse dentro de la cama, acurrucándose contra mi cuerpo como solíamos hacer tantas noches en Hogwarts.

—No creo que sea conveniente —murmuré al oler su aroma, incitante, incapaz de oponerme más firmemente.

—Tonterías. —Se quedó callado unos segundos antes de continuar—. Sólo tienes que cerciorarte de estar bien alimentado para controlar la sed. No necesitas desangrar a alguien si tienes cuidado.

El olor de Remus era increíblemente apetitoso. Froté mi nariz contra su cuello. Lejos de asustarse, Lunático movió la cabeza, ofreciéndomelo.

—Mejor en la parte que pega contra el hombro, Canuto.

—Es peligroso. —Sabía que tendría que hacerlo en algún momento, aunque me alimentase de reservas de sangre. Si quería mantener la sed a raya, necesitaba sangre fresca y tener cuidado de que no se me fuese la mano.

—Yo no me convertiré en vampiro. Ya soy un licántropo, no hay riesgo si tienes que devolverme sangre —me animó Remus en voz baja.

Mordí, con los ojos empañados en lágrimas, intentando no desgarrar como habían hecho conmigo. Dos puntos de sangre brotaron y pegué mis labios a ellos, succionando despacio. Sabía sabroso. Una chispa de electricidad nos recorrió a ambos. Gemí y Lunático se frotó contra mi entrepierna, suspirando de placer. Saciado, paré al cabo de un par de minutos, lamiendo las dos pequeñas heridas. La sangre dejó de brotar de inmediato.

Respiré profundamente. Todo iba a salir bien.


NdA. Iba a dejar una extensa nota de autor sobre cómo me he planteado el vampirismo para este fic, su transmisión, consecuencias, síntomas... pero creo que el fic no necesita tanta explicación. Si de todos modos la deseas, indícamelo y me pongo a fanboyear por privado contigo xD.