La final de los exámenes chunnin se dio entre Hinata Hyuga contra Sakura Haruno luego de que la primera se enfrentara a Raigetsu Hōzuki y para la sorpresa de todos logró inutilizar su cuerpo de agua con un pergamino escondido en el suelo que desprendía rayos. De la misma manera que las agujas se clavaron en su cuerpo durante su combate contra Risa. Si bien la pelea entre ambas kunoichi comenzó pareja en cuanto la Hyuga utilizó su jutsu de ataque a distancia poco pudo hacer la Haruno con su fuerza extrema por lo que terminó por rendirse.
Dicha pelea no pudo ser presenciada por el rubio que aún se encontraba en cama en el hospital. Sus piernas recuperaron la movilidad luego de un día y una noche de profundo descanso pero su brazo derecho aún se encontraba enyesado y tardarían días en sanar. Se esforzaba en caminar sintiendo los pequeños latigazos que recorrían sus piernas con cada paso.
-Deberías quedarte en cama. –Le dijo Sasuke mirándolo desde la otra camilla.
-Ese golpe te ha dejado tonto. Más aún. –Bufó el rubio mientras se sentaba en la cama.
-Yo estoy bien, podría irme si quisiera. –Le sonrió con soberbia mientras su mano tocaba las vendas que cubría su cabeza.
-No eres el mejor compañero de cuarto del mundo.-Los sonidos que hacía el moreno al dormir lo despertaron más de una vez. -¿Qué soñabas?
-¿Q-Que? -Abrió ligeramente los ojos por la sorpresa y luego gruñó. –No te importa.
Lo cierto era que durante la visita de la Uzukage el Uchiha estaba despierto y pudo no solo escuchar perfectamente lo que sucedía al otro lado de la cortina, sino que además con un poco de ayuda de sus ojos pudo verlo y ahora en sus sueños se revivía esa imagen una y otra vez. Aunque él ocupaba el lugar de la pelirroja. Solo esperaba no hablar entre sueños.
-Eres raro. –El rubio se puso en pie y comenzó a caminar de nuevo. Se miró la mano izquierda con cortes y quemaduras.
-¡Vuelve a la cama! –Le gritó la Hokage entrando de un portazo en la habitación, miraba al rubio con ira. – ¡Estas retrasando tu recuperación!
-Las personas jóvenes nos recuperamos rápido. –Sentenció el rubio con una sonrisa, sabiendo que ella no lo golpearía si estaba en esa condición.
-Cierto… -Murmuró la Senju y sonrió con malignidad lo cual despertó el miedo en el Uzumaki. –Creo que hay que darte un tratamiento especial. Iré a buscar a Katsuyu, pasemos al siguiente paso de tu recuperación. –Acto seguido salió de la habitación y el Uchiha tragó saliva.
-Te toca el tratamiento especial… -Sacudió la cabeza. –cuando Kakashi-sensei me trajo de nuevo estaba tan dañado que me dieron esa cura.
-Solo intentas darme miedo. –Replicó aunque él tenía dudas luego de ver la sonrisa de la mujer.
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Era de noche cuando salió del hospital a paso lento. Hacía tan solo unas horas recibió el tratamiento final de Tsunade. La técnica que involucraba a la babosa invocación si bien no era dolorosa era traumática en otros sentidos. Pero al menos sus piernas ya no dolían al caminar y su brazo izquierda parecía sano no así su brazo derecho que aún conservaba el yeso. Suspiró, decidió pasear un momento mientras respiraba el aire puro. Sin darse cuenta terminó alejándose del centro de Konoha y llegando al antiguo recinto Uzumaki. A pesar de que ese lugar pertenecía a su familia no lograba hacerse a la idea de que le permitiera, no ayudo en nada que Jiraiya le dijera que su madre nunca había vivido ahí en un primer lugar. Sus padres tenían una casa muy cerca de allí.
El lugar era un completo asco, la maleza cubría cualquier lugar donde llegara el suelo fértil, la mansión principal se encontraba derruida por el paso del tiempo y el mal mantenimiento. Las tejas rojas del techo hacía tiempo que se partieron y cayeron en el suelo. Dejó caer sus hombros con melancolía. Debía aclimatar ese lugar para cuando tuviera su familia.
-N-Naruto-kun. –La voz le llegó de sus espaldas y él se dio vuelta con rapidez dándose cuenta de lo abstraído que estaba.
-Hina-chan. –Saludó con entusiasmo el rubio y se detuvo, su última charla con ella no terminó bien.
-No estuviste en la fiesta… -Apuntó ella acercándose con cuidado a él.
-Sí, lo siento… recién salí del hospital. –Se disculpó con tristeza, le hubiera gustado ver la final de la Hyuga. -¡Felicitaciones por ganar!
-G-gracias. –Se sonrojó un momento ante las palabras del rubio y luego se quedó mirándolo, expectante.
-Sobre nuestra última conversación… -Inició sin saber muy bien por donde ir pero ella le cortó.
-¿M-Me amas? –Lanzó la pregunta con tanta rapidez que estuvo a punto de atragantarse y luego desvió la mirada. Tenía miedo de la respuesta del rubio. De que no la amara con la misma intensidad que ella profesaba.
-Si… -Confesó el Uzumaki mirándola a los ojos. Desde que se volvió a encontrar con ella en Sunagakure, en sus múltiples encuentros a escondidas donde hablaban desde lo más mínimo de sus vidas hasta lo más íntimo, cuando la abraza, cuando rodeándola entre sus brazos se sentía en paz, tranquilo y amado. Desde que intercambiaba carta con ellas desde Uzushiogakure su cariño por ella rápidamente se transformó en amor y en un profundo deseo de pasar su vida con ella, era un amor que no había sentido ni con Sakura. –Te amo, Hina-chan. Yo… sé que no tengo derecho a decirte esto luego de que…
Ella detuvo sus palabras con velocidad al besar sus labios durante unos segundos, un beso casto, amoroso y luego lo miró con una sonrisa tímida.
-Lo acepto… -Le susurró mientras ella su mano se entrelazaba con la izquierda del rubio.
-¿aceptar? ¿Qué? –Eso tomó aún más desprevenido al rubio que el beso inicial, no sabía de qué estaba hablando.
-El futuro, tu clan. Q-quiero estar a tu lado. –Acomodó la cabeza en la frente del rubio, con cierto pesar. –Sé que no seré la única, Risa-chan me lo dijo. Pero si me amas y nunca dejas de amarme quiero ser parte de tu familia. Estar contigo.
-Hina-chan…-El Uzumaki apenas daba crédito a lo que estaba escuchando, la mujer que amaba estaba aceptando ser parte de una familia donde no sería la única, una sonrisa amenazó con salir en su rostro pero sabía que estaba siendo egoísta al pedirle que aceptara aquello. –No sabes lo que estás diciendo… Eso no es justo para ti.
-Te amo. –Miró a sus ojos con determinación. –Sé que debes cumplir con tu clan, me lo inculparon desde pequeña. Pero esto no se trata del clan. Te conozco, Naruto-kun. Sé que no te casarías con alguien para hacerla infeliz y yo seré feliz a tu lado, solo te pido que me ames de la misma manera que yo te amo. ¿P-por qué lloras?
-Me haces muy feliz… -Declaró mientras unas pequeñas lagrimas recorrían su rostro, no solo se trataba de que correspondiera sus sentimientos y aceptara su deber, se trataba de que era la primera persona que lo aceptaba tal cual era. Rodeó su cuerpo con un intento de abrazo tonto debido al yeso y que ella tenía su mano agarrada, le sonrió. –Te prometo que pasare el resto de mi vida haciéndote felices.
-Te prometo lo mismo, mi Naruto… -Le susurró mientras colocaba su cabeza en el hombro del rubio.
Pasaron allí durante largo rato, solamente abrazados y sintiendo la felicidad que los asaltaba en esos momentos. Naruto parecía negarse a soltarse de ella en ningún momento. Ella estaba tan tranquila con su cabeza en su hombro y los ojos cerrados, inhalando su fragancia.
-¿Qué es este lugar…?-Preguntó luego de un rato Hinata mientras su mirada se dirigía al recinto.
-El recinto del supone que debo reacondicionarlo. –Dijo el rubio. –Pero mis padres no vivieron aquí, mi madre nunca estuvo aquí. Me parece tan… lejano.
-Cuando formemos nuestra familia no te parecerá tan lejano… -Le sonrió ella y captó sus ojos. Esas palabras al rubio le calaron hondo.
-Nuestra familia.-Miró a la casa.- ¿Te gustaría remodelarla a ti? Le diré a Ero-sennin que te de acceso a mis cuentas para que puedas acondicionarla.
-¿Y-Yo...? – Despegó la cabeza de su hombro para mirarlo sorprendida y él asintió.
-Si serás mi esposa viviremos juntos. Debes de estar a gusto en ella.
-Una de tus esposas… -Remarcó ella y la sonrisa del rubio se agrió por un momento. –Todas deberemos estar a gusto con ella. ¿Serán muchas?
-No. –Calló el Uzumaki, era una pregunta que la Hyuga tenía todo el derecho a hacerla pero lograba incomodarlo. –Particularmente ese asunto del clan, estoy siendo deficiente…
-Lo sé, Risa-chan dice que no estas contestando a las cartas que te envían. –Le informó y atrajo la mirada del rubio.
-¿Qué tanto has hablado con Risa? –Se interesó, en los asuntos del clan ella se había vuelto una especie de mano derecho en la toma de decisiones incluso más que Isane.
-hmmm. –Susurró y sonrió dando un besito en sus labios, dejando esa pregunta en el aire. No quería hablarle al Uzumaki de los sentimientos de su compañera, ella debía ser quien tomara la iniciativa de hacerlo.- Tendrás que hablar con mi padre.
-Sí. –El rubio asintió levemente. No se le pasó por alto que una de las propuestas que recibió fue del clan Hyuga pero no de Hinata precisamente lo cual llamó su atención en un primer lugar pero enseguida captó que era porque la joven contraría a años anteriores estaba destacando dentro de su clan. Sabía que dicha conversación no resultaría fácil para el rubio.
-Tranquilo. –Le sonrió y se pegó más a él. –Desde la junta del consejo habla muy bien de ti. "Un hombre que se debe a su clan" dijo mientras cenábamos.
/
Entraron juntos en el antiguo apartamento del rubio, tomados de la mano. Aquel lugar pese a que no fue visitado desde la última vez que estuvo en Konoha estaba extrañamente resplandeciente de limpio. Se besaron con intensidad nada más cerrar la puerta, abrazados el uno del otro. Sus lenguas danzaban con pasión deteniéndose solo para retomar el aliento durante unos segundos. Se desplazaron con rapidez a la cama donde Naruto la dejó caer con suavidad, bajando sus labios por su cuello mientras su mano abría la chaqueta de la Hyuga completamente sonrojada.
-T-te amo… -Le dijo entre jadeos a la vez que sus manos se aferraban a los cabellos del rubio con fuerza, apreciando sus labios en su cuello.
-Yo también te amo, Hina-chan. –se separó de ella un momento para mirarla a los ojos mientras intentaba subirle la camiseta para quitársela con dificultad debido a que solo utilizaba una mano y el nerviosísimo no ayudaba. -¿Estas segura…?
-Si… -Ayudó a quitarse su camiseta y luego la del rubio, su corazón latía con fuerza en su pecho producto del deseo y el nerviosismo que recorría todo su ser, agradecía que el sitió estuviera oscuro para no sentir la mirada inquisitiva de su amor sobre él.
Prosiguió a besar nuevamente su cuello con cortos besos, bajando hasta sus pechos y centrando sus besos en su pezón mientras su mano izquierda masajeaba su pecho libre, era una sensación absorbente y mágica sentir la suavidad de su piel a la vez que sus dulces gemidos llegaban a sus oídos cuales caricias. Se dejó llevar por el creciente deseo que lo embargaba centrándose en darle placer a sus pechos mientras ella rodeaba su cintura con sus piernas, aprisionándolo y obligándolo a pegarse a ella.
-Te necesito, Hina-chan… -Declaró recuperando el aire y soltando levemente sus besos, ella se vio obligada a separar sus piernas al notar como él continuaba bajando hacía su abdomen, dando cortos besos en su vientre a la vez que terminaba por quitar su pantalón y ropa interior. Pegó sus labios a la intimidad de la muchacha besándola con pasión provocando que ella soltara un gemido de sorpresa y empujara su intimidad más al rubio.
-N-Naruto-kun… -Susurró con los ojos cerrados presa de las electrizantes oleadas de placer que recorrían su cuerpo, nada más existía en ese momento que ella y él juntos, nada más importaba. –AHHH… -Sus gemidos se intensificaron durante unos momentos mientras sus manos atrapaban al rubio contra su intimidad, impidiéndole alejarse aunque este ni siquiera pensaba en esa posibilidad. Su cuerpo se relajó de golpe, sonreía extendida en la cama.
-Mi Hina-chan… -Pronunció él mientras ascendía hasta sus labios, besándola y acariciando su mejilla con lentitud, deseando captar cada centímetro de su ser.
-Tuya… -Compartió el beso durante unos segundos, sonrió y empujo levemente al rubio, volteándolo y con timidez quitó su pantalón para luego subirse a horcajadas sobre él. Aun en la oscuridad sintió el miembro erecto del rubio rozando su intimidad, deseándola. Inconsciente llevó ambas manos a las del rubio, logrando aprisionar la izquierda pero con la derecha el Uzumaki soltó un leve quejido. -¡L-lo siento!
-Descuida. –Le sonrió el rubio, aferrando su mano libre a la suya, ese pequeño dolor valía increíblemente la pena. Sentía su húmeda intimidad pegada a su miembro, acercó más su cuerpo al de ella, necesitándola con urgencia.
Lentamente, se introdujo el miembro del rubio en su interior, mordiéndose el labio al notar como su intimidad era invadida por el hombre que amaba, tomando su pureza. Dejó escapar un leve suspiro cuando estuvo por completo en su interior y se quedó quieta unos segundos, apoyando la cabeza en su amor, acostumbrándose a la invasión.
Con calma, disfrutando las emociones y el placer que el contacto de sus cuerpos producía, comenzó a moverse, lento, de adelante hacía atrás, asegurándose que su intimidad fuera invadida por completo con cada movimiento. Mantenía su torso pegado al del rubio por lo que Naruto podía escuchar a la perfección sus gemidos volviéndolo loco. La húmeda cavidad de la Hyuga abrazaba su miembro cálidamente, otorgándole un placer tan intenso que apenas lograba concebir algo más allá de ella.
-Te amo, N-Naruto-kun… -Escuchar sus palabras entre jadeos en su oído le daba el mismo goce que los dulces movimientos de sus caderas.
-Y yo a ti… Hina-chan… -atrapó sus labios entre los suyos cuando sintió que ella incrementaba la intensidad de sus movimientos, pegados el uno a al otro se dejaron llevar por un clímax poderoso. El primero de la noche, pero no el último.
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Esa mañana despertaron abrazados el uno al otro completamente relajados y felices luego de la noche que pasaron. El rubio rozó sus dedos en la mejilla de la Hyuga con lentitud y dulzura, abstraído en ella, abrazada a él parecía más aun un ángel. Sabía que más pronto que tarde necesitaría separarse de ella pero aquella idea parecía negarse a aparecer en su mente.
-N-Naruto-kun… -Susurró abriendo los ojos y mirándolo, sorprendida de la mirada del rubio sobre él.
-Hina-chan… -Susurró y sonrió.- ¿Cómo has dormido?
-Muy bien… -Ahora a ella le tocó sonreír y aferrarse a él.
-Deberíamos desayunar… -Señaló aunque sin hacer atisbo de moverse. –Esta tarde me reuniré con tu padre.
-¿Q-Que? –Eso la tomó por sorpresa y tuvo que acomodarse en la cama para mirar al Uzumaki, pero este no demostraba estar bromeando. – ¿Esta tarde?
-Sí, cuanto antes mejor… -Dio un besito en sus labios y sonrió.- ¿O ya te has arrepentido de estar conmigo?
-Nunca. –Le sonrió y correspondió el beso.
Luego de estar unos minutos más en la cama se obligaron a levantarse y desayunar algo leve decidiendo pasar todo el tiempo posible juntos hasta la tarde. En un momento, entró una lechuza por la ventana sorprendiendo a la Hyuga. Naruto tomó el papel que esta tenía atada a su pata y la leyó. Acarició levemente la cabeza del animal y este desapareció.
-Isane y mi equipo se irán pronto a Uzushiogakure. –Le dijo. –Yo me quedare aquí por el momento.
-No pareces contento con eso… -dijo con tristeza al mirarlo pero el sacudió la cabeza, quitándole importancia.
-Estoy contento de estar aquí contigo. –Se quedó a su lado y le sonrió un momento.-Lo que me molesta es…. –guardó silencio un momento. –Uzushiogakure está entre Kumogakure y Kirigakure.
-Y estos están batallando mucho últimamente. –Comprendió ella que escuchó los últimos rumores sobre una posible guerra. –Ellos…Ustedes quedarían en el medio.
-Podemos defendernos. Pero dos grandes aldeas. –Suspiró, él aún tenía sus dudas de cómo se inició las hostilidades entre ambas aldeas. –Además el daimyo del país del agua comenzó a respaldar a Uzushiogakure
-¿Cómo? –Que un daimyo cambiara su respaldo de esa manera era inconcebible, prácticamente estaba reconociendo que Uzushiogakure era mejor para protegerlos que Kirigakure.
-Así es. –Se divirtió al ver su reacción. –Luego de ver los exámenes chunnin y el patetismo de la niebla decidió que no podían salvaguardar sus intereses.
Todos los subterfugios que utilizaba Isane no hacían más que incrementar su duda hacía ella, sabía que luego de que se supiera del cambio de intereses del país del agua el resto de las aldeas tendrían en la mira a Uzushiogakure, esta contaba con el respaldo de Sunagakure y probablemente de Konoha pero aun así sus ninjas eran pocos aunque muy fuertes. Atraer la ira de Kirigakure no sería lo mejor para ellos. En silencio se preguntaba qué tanto de eso era plan suyo o de Aizen, este último lo único que desataba en él era ira y asco.
-Sera mejor que vayamos ya… -Suspiró el rubio y ambos salieron de allí rumbo al recinto Hyuga.
Nada fue como lo planearon. El Uzumaki se presentó en el recinto con un increíble nerviosismo que apenas lograba controlar. Por su parte Hinata no estaba mucho mejor, temí la reacción de su padre. ¿Y si este no lo aceptaba? ¿Y si su padre los repudiaba a ambos? ¿Se negaría al compromiso? Sin embargo en cuanto entraron fueron recibidos por Hiashi en personas que con seriedad los guió hasta su oficina principal. Tomó asiento y le indicó a los dos jóvenes que lo imitaran.
-Has tardado menos de lo que esperaba en aparecer, Uzumaki-san. –Pronunció con seriedad el Hyuga mientras lo miraba. El rubio hacía lo posible por seguirlo. –Desde su intervención en los exámenes preví que aparecería ante mí. Entendí porque rechazo mi primera propuesta.
-¿Primera propuesta? –Intervino Hinata incrédula ante esas palabras. ¿Qué significaba una primera propuesta?
-Luego de su actuación frente al consejo acerqué una propuesta al joven Uzumaki-san. –Le informó a su hija, su mirada pasaba de su padre a Naruto. –Propuse a tu hermana como su esposa, como una de ellas. Pero la rechazo.
-¿Hanabi-chan? –Intercaló la mirada entre los ambos hombres. -¿Por qué ella…?
-Porque esperaba que tu asumieras como líder del clan. –Volvió a mirar a su hija.- Has progresado increíblemente y lograste que incluso yo me retractara, eres una digna Hyuga capaz de liderar al clan en algún momento. Pero no podrás hacerlo si te casas por fuera del clan. ¿Aceptas esto?
-Oto-san… -Las palabras de su padre lograron exaltarla, ella nunca creyó que su padre la creyera digna de sucederlo en su puesto y ahora la estaba reconociendo para tal posición. –A-Amo a Naruto-kun y quiero pasar el resto de mi vida con él.
-Que así sea. –asintió con levedad Hiashi y miró a Naruto. – ¿Y usted, joven? Esta sorprendentemente callado.
-Amo a Hinata, señor… y quiero pasar el resto de mi vida a su lado. –Declaró con determinación el rubio. –Me pasare el resto de mi vida haciéndola feliz. ¡Se lo prometo!
-Tomare tu palabra y velare porque la cumplas. –Señaló el Hyuga para luego tomar una carta sobre la mesa y la extendió al Uzumaki. –Sin embargo, debo pedirte que ambos lo mediten con cuidado. Como jóvenes, son impulsivos por lo que para aceptar su matrimonio debo pedir que se esperen hasta la mayoría de edad de ambos. –El rubio estuvo a punto de hablar pero Hiashi levantó la mano. –Y me refiero a que ambos cumplan dieciocho años. El argumento shinobi no te servirá dos veces.
-Pero… -Murmuró el rubio deseando poder estar con ella lo más pronto posible.
-Esa es mi única condición para aceptar el matrimonio. –Finalizó el hombre.
-Lo entiendo, oto-san. Gracias por aceptarlo. –Intervino Hinata de pronto poniéndose en pie y realizando una relevancia hacía su padre. Su corazón latía con fuerza en su pecho, cierto era que debían esperar hasta poder casarse pero eso no impedía que estuvieran juntos y además su padre lo aceptaba.
-Cada día me recuerdas más a tu madre… -Esas palabras lograron descolocar a la Hyuga que lo miró sorprendida. –Me gustaría tener unas palabras en privado con Naruto, ¿Nos disculpas?
-Pero… -Miró al rubio que tomó su mano y asintió suavemente, también reprimiendo una sonrisa.
-Es un asunto de clan a clan. –Dijo el Hyuga logrando que su hija saliera de la habitación, miró al rubio con seriedad. –Has puesto a mi hija en un grave peligro.
-Lo sé. –Naruto se puso serio de inmediato, había estado intentando proteger a la muchacha alejándose de ella pero ahora que su relación era pública atraería muchas miradas. –Pero la protegeré con mi vida, no dejare que nadie la dañe.
-Tus enemigos no son simples gennin, o Anbu… Se lo de tu ataque. Y por desgracia para ti, tienen armas más letales que Anbu para ir contra ti. –señaló con seriedad. –Eres fuerte, lo has demostrado ampliamente. Pero no te servirá la fuerza contra ellos.
-Lo sé. –Admitió con reticencia. –Lo supe desde que entre en la sala del consejo. Son un nido de serpientes rastreras. –De detuvo. –No todos.
-Todos lo somos. Es política. –Una sonrisa amenazó con florecer en su rostro. –Eres demasiado joven e impulsivo pero con el tiempo tú también te convertirás en una. Hacemos lo que hacemos para proteger a nuestras familias.
-Haré lo que sea necesario para proteger a mi familia. –Declaró determinado el rubio. No dejaría que nadie dañara a su familia, haría todo para protegerla.
-Lo veo en tus ojos. –Se puso en pie y el rubio lo imitó. –Tienes el respaldo del clan Hyuga en tu hacer. Si el consejo va tras de ti significa que ira tras nosotros.
-¿Por qué? –Inquirió, que un jefe de clan ofreciera un respalda así nunca era gratis, ese hombre esperaba algo a cambio y por su historia sabía que no era solo la felicidad de su hija.
-Porque yo protejo a mi familia.
Ambos se estrecharon la mano con firmeza. Cada uno de ellos tenía planes diferentes de como su familia florecería.
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-¿Qué se supone que es esto? –Exclamó indignada Tsunade mientras miraba la carta frente a él. En este había tres firmas.
-Un contrato matrimonial. –Señaló el rubio mirando el papel y luego a ella. –Para dentro de tres años, con Hinata.
-¿Pero qué estás diciendo?-Las palabras del rubio apenas le resultaban creíble era demasiado joven como para casarse y menos aún para planificar aquello. Probablemente en unos meses se arrepintiera pero una vez que esos contratos se firmaban eran difíciles sino imposible de romper. – ¿Lo has pensado siquiera?
-Hace demasiado tiempo que lo pienso. –Confesó el Uzumaki. –No es algo espontaneo.
-¿ya piensas en casarte? Mira que se termina la diversión… -Añadió Jiraiya intentando aligerar el ambiente tenso en la sala, sabía de los sentimientos de su alumno pero también le sorprendía que ya pensara en casarse.
-¿Y tú como lo sabes? Si huyes del matrimonio como un condenado. –Se burló el Uzumaki provocando una leve carcajada de ambos Sannin.
-En el país del viento hay un burdel donde te ofrecen la experiencia matrimonial donde….
-¡No hace falta saber eso!-Le cortó Tsunade con furia y centro su mirada en el rubio. -¿Lo haces por deber?
-No. –Reconoció. –Lo hago porque la amo. Porque ella aun sabiendo lo que tengo que hacer me acepto.
-Naruto… -Suspiró y selló la carta, lo impulsaba su deber como Hokage sabía que ese contrato estaba hecho entre dos líderes de clanes y por más que deseara que el rubio no se precipitara no podía intervenir.
-¿Cómo va el asunto de los consejeros? –Se interesó el Uzumaki deseando cambiar de tema.
-Unas palabras aquí, otras allá… -Jiraiya sacudió la cabeza recordando como hacía que el Uchiha implantara conversaciones en la mente de los civiles.
-Eso me sigue pareciendo una mala idea… -apuntó Tsunade que se había enterado del plan poco después de que lo iniciaran y no le gustaba que jugaran con la mente de los civiles. –podría provocar que el resto de los clanes apoyaran a los ancianos.
-Entonces solo serán oposición. –La frialdad en la voz del rubio sorprendió a ambos Sannin que lo miraron con sorpresa. –Hinata ahora forma parte de mi familia. Si van tras ella, no dudare…
-Naruto, tú no eres así… -Los ojos de la Senju fijos en el lograron incomodarlo. Parecía mirarlo con duda y dolor.
-Hay tres personas a las que considero mi familia. Ustedes dos y Hinata. –No les paso por alto que en la lista de nombre no estuviera la de Isane, su familiar más cercano. –No dejare que los dañen por politiquería.
-Soy la Hokage, a mí nadie me dañara.- se ofendió Tsunade que la considerara débil pero le enterneció que la considerara de su familia.
-Nadie puede contra el legendario Sannin Jiraiya. –Apuntó con orgullo el peliblanco. –Y tú debes dejar de querer cargar con el peso de todo tu solo.
