Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, tampoco la idea del Fictober!


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Octubre SasuIno

Día 13

Innecesario

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En lo profundo del bosque, lejos de todo y de todos, había una casa vieja y abandonada.

Por fuera era solo una casa maltratada como cualquier otra donde nadie ha vivido en mucho tiempo; sin embargo, había algo sobre esa residencia en particular que la hacía diferente a todas las demás: había sido el escenario de un horrible crimen, y, según las historias del pueblo, nadie que entrara a esa casa saldría con vida. Por ese motivo nadie se acercaba; era estúpido e innecesario el riesgo, así que la mayoría de las personas del pueblo solo se atrevían a mirar la casa desde lejos. Pero Ino Yamanaka no era como la mayoría.

Se adentró en la vieja casa al final del camino, haciendo que la madera vieja y podrida crujiera bajo sus pies en protesta. La casa estaba oscura y silenciosa, pero, además de unas cuántas arañas, no había nada mucho más aterrador. Aun así, Ino se sintió inquieta al notar que hacía mucho frío dentro, demasiado. El vaho escapaba de sus labios cuando sintió el gélido aliento de alguien respirando detrás suyo, haciendo que un violento escalofrío la invadiera, haciéndola voltear. Pero no había nadie allí.

Ino suspiró; quería irse, pero algo la retenía allí y la obligaba a seguir avanzando. Quizá porque, de repente, el lugar se le hizo familiar. Las paredes en tono pastel y los pisos de madera tenían algo que la hacían sentir extraña, como si ya hubiera estado ahí.

Crujido. Un paso más y llegaría al otro lado de la casa, donde nadie más se había atrevido a llegar. Los haces de luz de luna que se filtraban a través de las ventanas tapiadas iluminaban su camino hasta la que debía ser la habitación del asesino y su esposa. Otro crujido.

Ino empujó la puerta negra y mohosa, que se abrió con un chirrido. Del otro lado encontró una cama vieja, con las sábanas raídas y llenas de manchas negras; entonces sintió esa respiración gélida sobre su hombro otra vez, pero ahora, en lugar de asustarse, lo recordó todo.

Recordó que estaba casada, y que esa había sido su casa; se recordó a sí misma en esa habitación, desnuda sobre el hermano de su esposo. Y recordó los ojos llenos de odio y desesperación de Itachi cuando los encontró de esa forma, y volvió a sentir el frío beso del plomo atravesando su pecho. Entonces volvió a escuchar la madera crujiendo tras de ella, pero supo que esos no eran sus pasos. Y ni siquiera intentó huir, no era necesario

Porque ella nunca había salido de esa habitación con vida, y nunca podría hacerlo.