¡Tres semanas seguidas de actualizaciones! Permítanme un segundo para imaginar toda una ovación de aplausos solo para mi… Si, si ¡gracias! ¡gracias! ¡es todo por ustedes! ¡gracias!... Jmm, eso fue más gratificando de lo que esperaba. Al menos para mi pequeño ego XD

En fin, mis amores cada vez nos acercamos más a la recta final de esta historia, pero antes de llegar a eso finalmente conoceremos el motivo de toda la devoción que Steit le demuestra a nuestro amado hijo de Hades; lo cual también revelara un poco las intenciones de nuestro antagonista. Por el momento espero que disfruten de este capítulo tanto como yo lo hice al escribirlo.

Capítulo 23:

"Instinto-Parte 2"

Correr era una de las actividades favoritas de Steit, fue una de las primeras cosas que Nico aprendió de él. No era por hiperactividad como con los mestizos, sino que simplemente siempre tenía mucha energía para gastar. Además, le gustaba presumir lo rápido que era; en sus propias palabras, le encantaba sentir el viento en todo su cuerpo "Siento que podría llegar a cualquier parte solo así, es una sensación de libertad mucho más grande que solo volar". Al escucharle Nico pensó que sencillamente no lo comprendía, pero al mismo tiempo pudo sentir dentro de sí a lo que Steit se refería. Su cabeza aun no lo comprendía, pero su cuerpo sí ¿Y saben qué? También estaba de acuerdo.

Pero ese momento, trepado en el lomo del druida, Nico podía sentir una emoción completamente diferente provenir del lobo: miedo. Habían estado moviéndose por horas, aun después del amanecer cuando Nico creyó que se detendrían el druida continúo corriendo. Sus patas Iba tan rápido moviéndose sobre el asfalto, esquivando autos y camiones. Definitivamente era algo incómodo haber estado montando por horas, pero le preocupaba más esa sensación de desesperación que provenía del druida. Y a juzgar por la altura del sol debía ser bastante tarde ya, o temprano. Como fuera, no tenía tiempo para pensar en su gramática:

-¡Steit tienes que parar!-Grito por encima del viento, lo más cerca que pudo de una de las orejas del lobo. No hubo respuesta, pero si una sensación de negativa. Eso lo desconcertó, ¿desde cuando su lazo se había intensificado tanto?-¡Te digo que pares!-Como fuera, no tenía tiempo para pensar en eso, por el momento-¡Vas a caer por un infarto si no descansas! ¡PARA YA!-Su última orden pareció surtir un poco de efecto. La velocidad de las patas del lobo se redujo considerablemente. Nico comprendió lo que ocurría, pero pensó que esa era la mejor opción.

Steit continúo corriendo por unos cuantos kilómetros más hasta tomar un cruce en la carretera que más adelante se tornó en un camino de tierra rodeado por árboles. A causa de la velocidad Nico no alcanzaba a ver los letreros, además en cierto punto se internaron de lleno entre el follaje por lo que tuvo que inclinarse por completo para evitar ser golpeado por alguna rama. Después de unos diez minutos el paso del lobo comenzó a disminuir hasta terminar caminando, por lo que Nico juzgo que ya podría levantar la cabeza:

-¿Dónde estamos?-Fue lo primero que salió de sus labios. Es encontraban sobre una roca en la saliente de un alto muro de piedra natural, unos diez metros más abajo descansaba la superficie reluciente de un lago que se extendía varios kilómetros en adelante. De no ser por las montañas en el horizonte Nico habría pensado que habían llegado al mar-¡EH!-Solo que en lugar de una respuesta, Steit salto directo al vacío.

Por reflejo Nico se aferró a él, solo necesitaba un segundo para transportarse por las sombras a un lugar seguro, de preferencia en tierra firme. Solo que de repente se vio rodeado por los brazos del ahora humano Steit, lo último que Nico pudo notar antes de caer de lleno al agua fue su expresión de "No te preocupes".

El agua estaba helada. Mucho. Y además estaba sumamente turbia, por lo que no podía verse el fondo ni nada que estuviera a más de diez centímetros de su cara. Nico no pudo evitar sentir un pequeño escalofrió ante ese hecho, le aterraba que cualquier cosa pudiera tomarlo por sorpresa por lo que se apresuró en subir a la superficie dando una gran bocanada de aire, mitad respiración mitad "¡Esta fría!":

-¿Estas bien?-Al frente suyo Steit flotaba tranquilamente, su expresión preocupada se mantenía.

-¿Q-q-que estas pe-pen-pensando?-Pregunto tiritando el hijo de Hades.

-Te dije que te lo explicaría cuando estuvieras a salvo-Steit se acercó a él y le rodeo con sus brazos-Respira hondo.

-Te odio-Espeto acido el azabache, y por primera vez aquellas palabras no provocaron una sonrisa en el druida. De hecho, en su cara se pintó una expresión que claramente decía "Lo sé, lo merezco".

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Muy lejos de Long Island, la diosa Artemisa se detenía un instante en su carrera para verificar su rastro:

-No hay duda, desaparecieron…-Aun cuando se le hacía difícil creer que realmente quedaban dos druidas, durante su persecución se había visto emboscada por dos figuras más ocultas en la oscuridad. Y tan pronto como había llegado habían desaparecido, junto con su presa principal.

Como diosa no estaba realmente familiarizada con el concepto mortal de la "incertidumbre". Sin embargo, a diferencia de muchos de sus congéneres divinos, ella había pasado gran parte del tiempo de su existencia en la tierra conviviendo con los mortales. Era mucho más abierta a considerar las posibilidades, por mínimas o incluso absurdas que pudieran ser. Se preciaba de ser una diosa con un juicio sumamente racional y practico.

Su situación actual era prueba de ello. Su objetivo inicial era poner fin a la existencia del druida que había llegado de repente y se había estado moviéndose entre el Campamento Mestizo y el Campamento Júpiter; la aparición de un segundo druida era simplemente una pequeña elongación de su trabajo. Sin embargo, las cosas no parecía que fueran a ser tan simples. Un rápido juicio de la situación la hizo concluir que el segundo era un blanco mucho más importante.

Si tuviera que ponerlo en palabras más precisas seria: su presencia.

Ella tenía mucha experiencia enfrentando esa raza; después de todo ella fue la responsable de su casi extinción, dadas las circunstancias actuales. Aunque personalmente ella nunca estuvo de acuerdo, fue una decisión por consenso de mayoría de votos en el concejo de los Olímpicos. Fue una votación de once a dos, dado que Hestia también participo y siendo la única que compartía su opinión. Como fuera, con la decisión tomada no le quedo más opción que cumplir sus órdenes. Cazo a cada una de las tribus en todo el mundo, irónicamente eran trece también. Como diosa comprendía el temor de Zeus para con aquellas criaturas; su raza poseía algo más que un poder, era una cualidad que echaba por tierra una de las proclamaciones más antiguas del rey del Olimpo. Personalmente no las consideraba una amenaza. Su raza destilaba una esencia tan pura y natural que le era difícil no apretar los labios cada vez que ejecutaba alguno. Los druidas eran criaturas sumamente pasionales, era verdad, pero también eran una existencia armoniosa y equilibrada. O al menos, la mayoría.

Ese segundo druida, el que vestía formalmente y solo hablaba en su lengua natal, era una existencia completamente diferente a cualquiera que hubiera sentido antes. Casi se podía palpar como una Manía. Sus ojos, aunque enfocados no hacían más que transmitir inestabilidad, y un anhelo que rayaba casi en la demencia.

Era peligroso. Debía encargarse de él primero, y ahora también de sus compañeros.

El problema era que sus huellas habían estado difuminándose poco a poco a medida que las seguía hasta desaparecer por completo. Sin embargo, al final había señales de lucha:

-Los otros dos… ¿Vinieron para llevárselo?-A medida que miraba a su alrededor su hipótesis ganaba fuerza. No parecía una criatura fácil de controlar, ¿tal vez había llegado al campamento sin planearlo? Si ese era el caso le daba algo de tiempo. Debía informar sobre lo ocurrido a su padre. Aunque seguramente volverían a decidirlo todo por votación, esa era su ley y debía seguirla.

Solo que tenía el leve presentimiento que esta vez la solución no sería tan fácil.

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-Así que, ¿esto es alguna clase de refugio?-Inquirió Nico mirando a su alrededor.

Steit le había llevado bajo la superficie del lago, has lo más profundo del mismo donde habían cruzado la entrada a un túnel excavado en la roca hasta desembocar en una cueva subterránea. Era fácil entender porque estaban allí, a no ser que supieras exactamente donde estaba la entrada no podrías encontrarla oculta entre las rocas en el fondo de aquella agua turbia; pensaba que incluso Percy la tendría difícil. Todo el lugar parecía ser una estancia circular de no más de unos siete metros de ancho. El techo tenía una forma a modo de cúpula y del mismo colgaban varias estalactitas de aspecto sólido y el aire del lugar se sentía húmedo; y justo cuando comenzaba a preguntarse como podía ver tan claramente vio que la luz provenía de las mismas paredes a su alrededor:

-¿Musgo?-Ya antes había leído de las capacidades fluorescentes que algunas especies podían adoptar según el medio en el que se desenvolvían, pero nunca lo había visto en persona. Había mogotes de ese musgo esparcidos por las paredes a todo su alrededor, y a juzgar por el tenue brillo del estanque por el que habían salido también debía haber un poco creciendo bajo su superficie.

-¿Así está bien?-A unos metros de él, Steit caminaba cerca del muro con su mano extendida en dirección a las plantas. Allá por donde pasaba el musco parecía sufrir un fuerte estimulo, crecía como si estuviera viéndose a través de una lente acelerada; su brillo amarillo se intensificaba, brotaban botones que florecían en grandes y brillantes flores, que incluso de algunas saltaban pequeños puntos brillantes que se quedaban flotando en el aire.

-Es suficiente luz-Respondió Nico, haciendo grandes esfuerzos por no perderse en la hermosa visión que se extendía ante él-¿Ya podemos hablar?-Se obligó a presionar.

-Si, ven…-Steit le hizo señas para sentarse en la roca que, aunque estaba seca, Nico sentía sumamente fría. Y como si le leyera el pensamiento el mayor golpeo su mano contra el piso entre ellos. Un agradable fuego comenzó a arder-¿Estás mejor?

-¿Estás haciendo largas?-Aunque la preocupación en los ojos de Steit era tan genuina como de costumbre, Nico pensó que una pequeña broma ayudaría a aligerar el ambiente tan tenso que generaba estar ocultos en una guarida subterránea. Su plan fue un éxito, a juzgar por la pequeña media sonrisa que se dibujó en los labios del otro.

-Nico, antes de decirte esto…-Sus ojos se conectaron con los suyos y brillaban de un tono amarillo que por instinto Nico asociaba con el miedo-Necesito que me prometas que me escucharas hasta el final. Y que no me abandonaras luego de saberlo-Sus palaras tenían la súplica impresa en cada letra.

-No puedo prometerte lo segundo-Sin embargo, por mucho que estrujara su pecho no podía tomar tan a la ligera su situación-Lo ciento Steit, pero si es algo peligroso-

-Está bien-Le corto el otro con un gesto de la mano-Pero, entiende que esa respuesta es justo la razón por la que no quería decirte esto. No aún. No estás listo-Agrego con gravedad.

-Ahórrame las advertencias-Su respuesta provoco una reacción extraña en Steit: risa.

-…-No era una burla, sino mas bien. Un gesto resignado, como si hubiera estado esperando esa respuesta-Un poco-Soltó de repente el druida-Y no, no puedo leerte la mente-Agrego al tiempo que Nico abría la boca para hablar.

-¿Entonces como lo sabes?-Inquirió el hijo de Hades-Siempre, parece que sabes lo que estoy… Sintiendo-Esa no la palabra que quería decir. Simplemente había brotado de él-Steit.

-Lo sientes, ¿verdad?-Dijo del druida presionando su pecho con su mano-Poco a poco, puedes sentirme ¿no es cierto?

Pasaron varios segundos en silencio antes de que el azabache respondiera:

-¿Cómo…?-No podría negarlo jamás, mucho menos cuando también podía sentir aquella sensación de hormigueo en su propio pecho justo por sobre donde Steit presionaba contra el propio-¿Por qué?

-Porque yo pertenezco a ti-Esas habían sido las palabras del druida en su primer encuentro. En su momento, todos las habían tomado como una alegoría para la toda la devoción que Steit profesaba para con quien se consideraba un guardián. Ahora, Nico comenzaba a entender que tenían un significado mucho más profundo. Tal vez, incluso literal.

Justo antes de que las palabras "¿Qué significa eso?" tomaran forma en su mente, Steit procedió a contarle la misma historia que alguna vez él y sus hermanos escucharon de sus padres.

En la historia, los druidas siempre han sido considerados figuras sabias. Los pobladores siempre acudían a sus moradas en busca de consejos, remedios y guía; eran figuras que inspiraban respeto y autoridad. Sin embargo, esa era solo una idea remanente de la impresión de humana. Como raza, eran más que eso. Mucho más.

Nadie conocía su origen real ni su momento de nacimiento. No tenían registros ni leyendas. Ellos simplemente no se preocupaban por cosas como esas. Para ellos, era como si siempre hubieran estado allí, en sus pequeñas tribus repartidas por todo el mundo. Sin conocerse entre sí, pero sabiendo de la existencia de los otros. Era comunidades separadas, independientes, pero todas familiarizadas entre sí. Eso era por su profunda conexión con la naturaleza; podían conectarse y hablar con ella, pedir favores y hasta controlarla a su voluntad. Como cambiaformas nacían con un aspecto salvaje determinado, generalmente asociado a su tribu; caballos, dragones, grandes felinos, y más. Pero con el tiempo desarrollaban la habilidad para adaptarse a su entorno casi a capricho; sin embargo, era algo que tomaba mucho tiempo. Solo los más ancianos lograban alcanzar la habilidad de fundirse con la tierra misma. Por esa razón no eran criaturas agresivas, aun las más territoriales eran sumamente reacias a sucumbir ante la violencia.

Cualquiera podría pensar que ese era el motivo por el cual se llevaban tan bien con las demás razas. Especialmente la humana. Una raza capaz de crear maravillas y evolucionar. Sin embargo, esa no era la verdadera razón.

La razón era porque sabían… No. Sería más apropiado decir que lo sentían de esa forma. En lo más profundo de sus almas podían sentir como sus instintos les gritaban una verdad innegable: No estoy completo.

Aquel era el instinto más básico con el que nacía cada uno de ellos. Nadie sabía porque era así. Porque nunca podían nacer un ser entero. Y también sabían que lo mismo les ocurría a los humanos. Una vez más, nadie sabía por qué. Era un sentimiento desesperante, del cual nacía la avaricia y el odio que orillaban a la locura.

Pero los druidas tenían una ventaja, y eran sus mismos instintos. Gracias a eso, en algún momento de sus vidas ellos podían sentir la presencia de su otra mitad; algunos nacían sintiéndola, oculta en alguna parte del mundo, otros la descubrían eventualmente. Sin importar que tan lejos estuviera, ellos partirían y la encontrarían. A veces su otra mitad era también un druida, otras veces era un humano. Eso no era importante.

-… lo importante es que, una vez juntos. Finalmente estaban completos-Steit concluyo con una leve mota de temor en sus palabras. Pero no era momento para echarse para atrás-Luego de perder a mi familia, vague por todo el mundo intentando comprender a la raza humana. Estaba seguro de que nunca podría aceptarlos; entonces no me daba cuenta, pero el odio me iba consumiendo poco a poco. Me convertí en un monstruo, pensaba que pasaría el resto de mis días así. Que si el siguiente pueblo no funcionaba comenzaría a cazarlos de nuevo, y entonces… Conocí a María.

-No sigas-En ese momento no podía notarlo, pero la voz de Nico era un perfecto ruego.

-No, Nico, tienes que escucharlo…-Steit podía sentir como su pecho ardía. Era el dolor de Nico-Cuando naciste, incluso antes yo ya sabía que tú eras mi otra mitad-Le dolía pensar que podría ser el origen de todo ese dolor; su única reacción fue adelantarse y rodear a Nico con sus brazos-Nunca ha sido mi intención forzarte a nada, Nico.

-Steit… Por favor…-Suplicaba el hijo de Hades enterrando sus dedos en la ropa de su interlocutor-Por favor no sigas… No podría. No puedo soportar una decepción más. Por favor. Ten. Piedad-Rogo con sus ojos ahogados en lágrimas. Pero su respuesta solo fue una brillante sonrisa:

-Lo sé-Las lágrimas inundaban también los ojos de Steit, pero la determinación en su mirada era más fuerte-Puedo sentirlo. Pero tú también ¿no? Sabes que es verdad. Nico, yo te amo más que a nada en este mundo, pero esto no es amor.

-Eres mi hermano, pero sin serlo-Completo el azabache. Podía sentir algo muy dentro de Steit: era su alma. Vibrando. Resonando en conjunto con la suya-Te amo, más de lo que nunca me he querido a mí mismo.

-No…-De repente, las palabras habían dejado de ser necesarias-Esos sentimientos que tienes por mí, son la prueba de que esas palabras no son verdad. Si me amas, te estas amando a ti mismo…

-Es extraño… Lo entiendo, y eso es aún más extraño-En ese momento las pequeñas flores de luz y sus semillas flotantes fueron las únicas testigos de la genuina risa de alegría que inundo aquella pequeña cueva oculta.

Continuara…

Y así hemos llegado al final de un capítulo más de nuestras fascinantes aventuras (y no, no era mi intensión que sonara a presentador de programa para niños) espero que hayan podido disfrutar del capítulo tanto como para dejar muchos reviews XD

Nos vemos en una semana (aproximadamente)