Prompt: Lágrimas
Condición: Debe aparecer un bebé o un niño.
El fugitivo
Dean está en la cuna. William Thomas lo arropa con la manta y luego coloca una mano en su pecho, notando su respiración. Permanece de esa forma tanto tiempo como puede permitirse, mientras los ojos se le llenan de lágrimas, que trata inútilmente de apartar con los dedos.
Escucha un ruido en la habitación de al lado y, sobresaltado, se desaparece al instante. Vuelve a aparecer en una calle de Cambridge, frente al motel que ha sido su hogar durante la última semana. El viento frío lo golpea en la cara, haciendo que note la humedad que ha permanecido en sus mejillas. Se limpia con el dorso de la mano y desea regresar a la que fue su casa, pedirle perdón a su mujer por haberse marchado sin explicación. Bastaría con mostrarle la varita y decirle que no es coincidencia que tantas casas se derrumben en York o que cincuenta personas hayan sido envenenadas en un pueblecito de Birmingham.
Cruza la calle de forma distraída. Por el rabillo del ojo ve a una persona apostada frente al motel, pero su mente no la relaciona con peligro hasta que es demasiado tarde.
Algo coge su pie y lo obliga a caer al suelo. Su codo arde cuando golpea la acera, pero no tiene tiempo a quejarse; la misma fuerza invisible tira de él, alejándolo de la entrada del motel y llevándolo hacia el callejón que se abre a la derecha del edificio.
Mientras es arrastrado, William pone la mano en el bolsillo e intenta buscar su varita, tratando de ignorar la fricción que está hiriendo su espalda. Justo cuando roza la madera, la varita se le escapa.
Se detiene. William se sienta en el suelo, respirando con fuerza.
—Última oportunidad, Thomas.
En el callejón hay un hombre vestido de negro, con una máscara plateada sobre el rostro. Es un poco más alto que el hombre que, el mes anterior, lo abordó al salir de su casa con una propuesta.
William vuelve a poner la mano en el bolsillo. El hombre debe pensar que está totalmente indefenso ahora que no tiene varita, por eso no se altera al verlo rebuscar entre la ropa. Tampoco reconoce el arma que saca.
William aprieta el gatillo. El mortífagos grita cuando la bala lo alcanza en el costado. Por eso necesitan a un experto en el mundo muggle como William entre sus filas, porque no tienen ni idea de qué sorpresas depara el mundo que pretenden aniquilar.
—Esta es mi respuesta —dice William, mientras el mortífago se dobla en dos, sujetándose la herida—, no es mi guerra.
Él trata de ponerse en pie, pero entonces una cuerda se enrosca en su garganta. Otra le aprieta la muñeca, obligándolo a soltar la pistola.
—Te arrepentirás —dice una mujer a sus espaldas.
Quiere pensar en Dean y en su mujer, pero cuando la soga se cierra todavía más contra su piel, asfixiándolo, lo único que ocupa su cabeza es pánico y dolor.
NA.
Del padre de Dean solo se sabe que lo mataron unos mortífagos después de dejar a su familia, así que el resto es headcanon mío.
