Capítulo 23

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El desinfectante ardía como el carajo, a pesar de lo suaves que las manos de Karin pudieran ser al aplicarlo, y por más que quisiera hacerse el valiente, en momentos no podía evitar que su rostro se contrajera por las sensaciones que parecían quemarle las heridas que Sasuke le había dejado en el rostro.

—… vas a necesitar puntos en la mejilla si no quieres que quede cicatriz —murmuró.

La única respuesta que obtuvo fue un movimiento de las pupilas que se alejó aún más de ella. Inspiró y se contentó con tenerlo en el sillón y poder atenderle las heridas, después del tiempo que duró en el pasillo avergonzándose al rogarle que pasara; comprendía, desde el punto de vista de él, que aquella situación era la más odiosa e indeseable en la que podía estarse y que ella era la última persona con la que él querría hablar o incluso compartir el aire.

Empujó sus lentes, distraída, usando el dorso de su mano y con sumo cuidado aplicó el desinfectante en el labio partido de Shikamaru. Los golpes se habían hinchado y, aunque no eran motivo de alarma, eran demasiado vistosos para una persona que dependía de una buena imagen para tener un buen desempeño en su trabajo. Ante aquella idea las lágrimas se amontonaron en sus ojos y, aunque se rehusó a dejarlas ir, pronto sintió cómo escurrían por sus mejillas.

—No te muevas, voy a cortar las banditas.

Las pupilas se mantuvieron clavadas en el techo. Quería irse y podía irse, pero su cuerpo se rehusaba a moverse y el golpe en el estómago había empezado a dolerle ahora que volvía a respirar con normalidad y la adrenalina comenzaba a abandonar su cuerpo.

—¿Por qué? —pronunció, lastimándose el labio reventado.

Respiró profundo y carraspeó, tomando de nuevo los algodones. —No hables… estás sangrando de nuevo.

—¿Por qué? —insistió.

Permanecieron en silencio luego de eso, Shikamaru mirando obstinadamente al techo y Karin juntando cuidadosamente la piel con las banditas adheribles.

Al terminar apretó las manos sobre su regazo, sintiendo que contener el temblor se volvía imposible y miró a Shikamaru, el ojo que Sasuke había golpeado estaba dolorosamente hinchado a esas alturas y comenzaba a obtener una coloración que resaltaría bastante dentro de unas horas. Las lágrimas escurrieron con más insistencia y al separar los labios para hablar solo salieron suspiros de llanto.

Se mordió un dedo y desvió la mirada a un lado.

—…quisiera decir que no sé por qué lucía así al salir o por qué me besó —murmuró —, pero estoy segura que era una de sus estúpidas venganzas.

No mostró señales de querer hablar aún, pero la miró por el rabillo del ojo, sin asentir. Karin seguía mirando a un lado.

—Pero no pasó nada, Shikamaru, te lo juro… a mí también me sorprendió verlo afuera y nunca antes nos habíamos besado… si eso cuenta como uno…

La vio limpiarse las lágrimas con un movimiento brusco y comenzar a guardar los desinfectantes y medicamentos en la caja donde los había traído, repitiendo que quizá debería ir al hospital a que le atendieran la herida en la mejilla.

Volvió a mirar el techo.

Karin se alejó para tirar los algodones sucios y aquello habría supuesto un buen momento para meditar a solas lo que había ocurrido, pero no le dio tiempo suficiente y el dolor en su cara comenzaba a aturdirlo. Escuchó los sonidos suaves de las zapatillas de Karin al arrastrar y luego apareció una extraña bolsa llena de gel frente a él, que fue acomodada sobre su rostro, enfriando los golpes.

La pelirroja se sentó de nuevo frente a él, con un contenedor de comida en las manos y sin mirarlo, y lo agradecía, no quería verla a los ojos. Desvió la mirada de nuevo y cerró los ojos.

—Sh… Nara —corrigió, sintiéndose indigna de llamarlo por su nombre —, si tienes sueño quizá sea mejor que vayamos al hospital.

—Estoy bien —arrastró, sin mirarla. —¿Por qué no me dijiste lo de Sasuke?

Se había llevado un enorme bocado de arroz frío a la boca y detuvo sus movimientos a medio masticar, pasando el bocado inconscientemente y luchando contra la incomodidad y el rechazo de su garganta. Tosió lo más silenciosa que pudo y rodó la mirada antes de posarla sobre Shikamaru, allá iba su apetito. Arrojó la cuchara dentro del contenedor y lo cerró, dejándolo sobre la mesilla que se mantenía a lado del sillón.

—No le vi el caso —murmuró.

—¿Ni cuando te hablé de Ino?

—… ese día no encontré el valor, quise decírtelo… no podía con la ironía y aun así no pude decírtelo.

—¿Y después?

—Después… —murmuró.

La mirada roja lo evadía con maestría y la dueña no se estaba esforzando por disimular, Karin de verdad no parecía contenta con aquella pregunta. Apretó apenas los puños, incapaz de mantener la tensión, el cuerpo le dolía… quería urgirla, estaba hundiéndose más y más en la necesidad.

—… iba a decírtelo, aquella noche en Osaka —recordó, sin despegar la mirada del suelo —, pero dijiste que el pasado no importaba y…

Se encogió de hombros, realmente no tenía excusas. Levantó a penas la mirada, encontrándose con la de Shikamaru, y huyó inmediatamente.

—Sí…

Recordaba aquella noche, y la ausencia de la tristeza en la mirada de Karin luego de aquel día. De pronto esa renuencia a ir más allá tenía sentido… y los cambios en el semblante al escuchar el nombre de Ino. Inspiró, no tenía el valor para exigirle más explicaciones que saciaran aquella necesidad que le carcomía el estómago, tampoco tenía cara. Volvió a mirar a Karin, su rostro lucía extraviado y la mano que no dejaba de estrujar un mechón de cabello obviaba lo dispersa que se encontraba.

Desvió la mirada al techo, se perdió en las grietas que había, ya fuera en la pintura o en el yeso… estaba demasiado cansado para fijarse en ello.

—¿Por qué Sasuke?

—… quizá por la misma razón que te llevó a Ino.

Dubitativo, bajó la mirada, se encontró de lleno con las pupilas rojas de Karin, que le miraban por encima de los lentes. Tragó saliva, con un poco de dificultad, había esperado escuchar otra cosa… quizá que se había sentido sola, que en momentos de necesidad había sido Sasuke quien se encontraba cerca, que solo pasaba cuando estaba perdida luego de una borrachera, lo que fuera, pero no aquello.

—¿Lo quieres? —pronunció.

—¿Crees que si lo quisiera hubiera saltado a defenderte allá afuera?

Negó una sola vez, resignada, cambiando ligeramente su lenguaje corporal, pero manteniendo el muro que se había erigido, lentamente, desde la tarde anterior. Sonrió de lado y bajó la mirada, se sentía fastidiada de nuevo. Mordió el interior de su mejilla unos segundos, negando, aquel era el peor momento para hablar de aquello. No había esperado volver a verlo tan pronto, mucho menos luego de que sus llamadas fueran ignoradas… aunque eso ahora tuviera explicación.

—Entiendo que no te guste la idea, es Sasuke, después de todo… el prometido de Ino, el amor de tu vida… —escupió.

Las palabras se atoraron entonces en su garganta, contenidas por el recuerdo de Ino que estaba atragantándola y asfixiándola. Empujó los lentes, distraída, intentando luchar contra la sensación que empezaba a subirle por el borde de los ojos, no quería llorar con más fuerza.

—Ino no es el amor de mi vida —aseguró.

—… el amor de tu infancia entonces —corrigió, dándose un momento para respirar profundo. —Mira, si estás celoso o lo que sea…

—… no estoy celoso.

—¡Entonces lo que sea! —espetó, mirándolo de nuevo. —Mira…

Se cubrió el rostro y gruñó, sorprendiendo a Shikamaru, que se tragó las palabras al escuchar las palmas golpear con fuerza los muslos y ver el rostro, ligeramente colorado, que no ocultaba la molestia que la atacaba de pronto.

—Metí la pata —dijo al fin.

Enarcaba las cejas, con una sonrisa irónica que le recordó a Shikamaru los gestos que conseguía al principio de todo eso.

—¿Debí decírtelo? —asintió, con un gesto de obviedad. —Probablemente debí escupirlo el día que escupiste lo de Ino o cualquier otro día después de eso. ¿Ok? ¡Lo admito! Debí decírtelo, lo sé… pero tenía demasiado miedo y luego tú aseguraste que el pasado no importaba y no debí confiar en eso, sé que lo correcto era decirte lo que había pasado, pero no quería perderte- ¡Ah!

Las manos le cubrieron el rostro en esos momentos. El tono de voz escalaba, de poco en poco, pero esta vez Shikamaru se encontraba más centrado y no cometería el error del día anterior… y dada la situación, las cosas no terminarían con ella huyendo de ahí.

—… solo quería alargar lo que teníamos —murmuró, sin descubrirse el rostro. —Lo supe siempre, sabía que no ibas a tolerar esto y que probablemente fueras a irte, pero no quería… no puedo soltarte… Esa noche en Osaka confié en ti… al menos de eso no puedes renegar… ni culparme.

—No te estoy juzgando, ni culpando Karin —apresuró. —Solo quiero saber cuándo.

—¿Cuándo qué? —murmuró, dejando caer las manos, rendida. —¡Cuándo qué, Shikamaru!

El silencio estaba durando demasiado. Shikamaru no terminaba de reunir el valor, no quería escucharlo, pero sabía que no podría seguir adelante si no lo sabía.

—¿Cuándo estuviste con Sasuke? —pidió.

Se relamió los labios y lo miró fijamente, no entendía la importancia de aquello y no estaba consciente de que en esos momentos no escuchaba razón alguna, ni siquiera sus propios recuerdos. Quiso tirarse del cabello, pero ni siquiera se atrevió a gruñir.

—¿Por qué te importa? —chilló.

—¿Por qué no te atreves a decírmelo?

Karin retrocedió inconscientemente, su gesto cambió de uno de confusión y desesperación a uno de verdadera molestia y fastidio.

—¿Tú vas a decirme cuando estuviste con Ino por última vez, Nara? ¿Vas a decirme cuándo fue la última vez qué pensaste en ella con ese tipo de cariño?

No asintió, no parpadeó, ni se removió. Karin exhaló y negó una sola vez, aquello la enfermaba.

—… no tengo cara para reprochártelo y no tenía intenciones de hacerlo, yo me metí con Sasuke sabiendo que estaba con Ino. Y no me importaba saber nada de eso hasta ahora, así que gracias por eso —murmuró, con amargura en los labios.

Negó de nuevo y al empujar los lentes por su rostro una sonrisa llena de ironía se extendió por sus labios.

—La primera vez que Sasuke aceptó fue... hace mucho, mucho tiempo y luego tiempo después... después de la muerte de Itachi… —se frotó el rostro y su gesto dio a entender que había cierta confusión en sus recuerdos. —La última vez fue este año.

—¿Cuándo?

Enarcó la mirada, aquel gusto empeoraba. —… no lo sé, Shikamaru, no marco esos eventos en el calendario para celebrarlos después.

—… las tienes bien contadas —murmuró, desviando la mirada a la pared.

—¡Porque fueron tres veces! ¡Solo necesito una puta mano para contarlas y me sobran dedos! —estalló, con la mano señalando las tres ocasiones, levantándose de la silla y caminando a la ventana y luego de vuelta a la silla, pero no se sentó. —¿Cuántas veces estuviste con Ino?

Exhaló silencioso y aunque sus ojos se mantuvieron clavados al frente, dejaron ver toda la frustración que aquel comentario le hacían sentir.

—¿Puedes contestar la pregunta? —pidió.

—¡Este intercambio no es justo, Nara, contesta tu primero! ¿Cuántas veces te acostaste con Ino?

Un silencio los rodeó por unos momentos. Karin lo miró fijamente, tragándose todo el enojo que la había obligado a levantarse de la silla y la estaba orillando a una desesperación que no había conocido antes. Miró fijamente a Shikamaru, con las lágrimas inundándole los ojos, pero no permitió, bajo ninguna circunstancia, que se derramaran por sus mejillas.

Shikamaru separó los labios para hablar, pero guardó silencio, podía tener una cuenta clara de las veces que había visto a Ino ese año, pues no eran muchas, pero no sabía qué tan errados pudieran estar sus cálculos si contaba los años anteriores. La miró unos momentos y se arrepintió, las delgadas cejas de Karin se juntaron y el rostro se contorsionó en un gesto de dolor profundo; los párpados escondieron las pupilas y empujaron a las lágrimas, que bajaron rápidas por sus mejillas.

Karin giró el cuello ligeramente y al abrir los ojos miraba hacia la ventana, sintiendo las lágrimas deslizarse por sus mejillas de nuevo. Negó una sola vez.

—Sabes qué, no quiero saberlo… no lo digas… no importa Nara, no quiero saberlo —sus manos se apresuraron a limpiar las lágrimas y respiró profundo. Negó una sola vez, aún sin mirarlo. —No sé… no sé cuándo estuve con Sasuke por última vez, solo sé que fue este año, y que ya te conocía… no marqué la fecha, no la atesoré en mi corazón… ¿feliz?

Unos golpes a la puerta llamaron la atención de Karin, que giró el cuello para mirar antes de alejarse a atender.

Shikamaru notó que no había sorpresa, ni fastidio y que los hombros habían caído suavemente, como si lo hubiera estado esperando. Se quitó la compresa y palpó su rostro, la piel estaba fría gracias a la compresa, pero la sensación de calor no tardó en empezar a crecer en las áreas lastimadas.

Los pasos de Karin se escuchaban acompañados de otros y cuando levantó la mirada se encontró con el gesto sorprendido de Naruto, que le miraba fijamente.

—¡¿Qué te pasó?!

—¿Qué haces aquí? —murmuró.

—No me agrada la idea de dejarte ir solo —aclaró Karin.

—Estoy bien —insistió, presionando ligeramente la compresa contra su rostro e ignorándolos.

Karin lo miró fijamente, ignorando a Naruto, que se mantenía al margen pero no dejaba de mirarlos a ambos, desesperado por saber qué había pasado.

Sabía cuáles eran las consecuencias de una pelea, años atrás alguien había perdido la vida tras una de ellas, y aunque confiaba en que Sasuke había perdido la forma y el toque de aquellos años y en que Shikamaru no era tan enclenque como otros podrían serlo, no dejaba de preocuparse.

—Solo deja que Naruto te acompañe a casa.

Shikamaru exhaló, pero no dijo nada.

—¡¿Qué demonios pasó aquí?! ¡¿No piensan decirme?! —estalló Naruto.

—Que él te diga —murmuró Karin, alejándose hacia la habitación. —No tienen que irse aún, pero cuando se vayan cierren bien la puerta, por favor.

Las puertas se cerraron detrás de ella y Naruto y Shikamaru se quedaron en la sala, rodeados de silencio y de las vibras preocupadas de Naruto que solo iban en aumento.

Karin se dejó caer en la cama y se cubrió el rostro con el antebrazo, apretando los párpados con fuerza y tensando su cuerpo para no llorar. Empezaba a sentir que perdía la batalla consigo misma cuando el sonido de unos golpes a la puerta y estas deslizándose la obligaron a sentarse y mirar al rubio, que se asomaba a penas.

—¿Qué quieres?

Entró, tomando aquello como una invitación o un permiso, y cerró las puertas cuidadosamente detrás de él acercándose a Karin con las manos en los bolsillos.

—¿Está todo bien? —susurró.

Lo miró, cansada y asintió. —Sí… todo bien.

—¿No vas a acompañar a Shikamaru a su casa? —murmuró, un poco inseguro. —… para cuidarlo…

Una de sus manos se dirigió hacia su rostro y frotó sus labios con las puntas de sus dedos unos momentos, sin dejar de mirar al muchacho. Se encogió de hombros luego de unos momentos, negando a la vez.

—¿Por qué? —insistió.

El aire salió por su nariz y sus labios se extendieron, pero no estaba feliz, no se burlaba… el corazón se le partía en mil pedazos. Bajó el rostro, en caso de que las lágrimas la traicionaran, y asintió una sola vez.

—… porque no.

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Aquellas últimas semanas habrían podido abatir hasta al más veterano. Sakura viajaba como una autómata, bajando en sus paradas de milagro e incapaz de recordar el trayecto a pie hasta su apartamento… así que las cosas pasaban desapercibidas con facilidad. Bostezando, fantaseando con una ducha caliente, una buena taza de té, añorando las horas de sueño bien merecidas, llegó a la puerta de su apartamento y parpadeó, las reacciones le llegaban lentas gracias al cansancio.

Ino mantenía la cabeza entre las manos, sentada sobre su equipaje, miraba el suelo fijamente, mientras uno de sus pies no dejaba de moverse, agitándole el cuerpo completo en un tic de ansiedad. La falta de sueño se le acomodó en la cabeza en forma de un dolor fastidioso que no le permitía sentirse cómoda por más que lo intentara. El sabor amargo del café que había bebido minutos atrás se le quedó en los labios, amplificado por todo lo que había sucedido en su vida hasta ese momento, por las palabras dichas durante la noche, las verdades desveladas, las realidades que se burlaban de ella con aquel silencio apabullante.

—¿Ino?

Soltó su cabeza al escuchar la voz y levantó la mirada, encontrándose con el gesto cansado y los ojos hundidos de Sakura.

—Sakura…

—¿Qué haces aquí?

Las lágrimas le brotaron y escurrieron por sus mejillas, como si aquellas hubieran sido las palabras mágicas que las invocaran; Sakura se alarmó e intentó consolarla de inmediato, dejando caer algunas cosas al suelo al apresurarse a reconfortarla. Se aferró a la cintura de la muchacha y luchó contra el llanto que no le permitía hablar.

—Sasuke terminó conmigo.

El gesto de Sakura se cargó aún más de preocupación y asintió, frotándole la espalda. —Vamos adentro… este no es un buen lugar para llorar.

Entraron al apartamento y Sakura vio a Ino desplomarse en un sillón, tomar uno de los cojines y apretarlo con fuerza entre sus brazos, llorando lágrimas silenciosas. Se desembarazó de su identificación y sus llaves, en aquel ritual de la mañana, con miles de cosas pasándole por la cabeza.

—¿Quieres hablar de ello? —preguntó, acercándose al sillón.

Ino negó con la cabeza y hundió su rostro en el cojín. Sakura se irguió y asintió, ahogando un bostezo. Cruzó la corta estancia hasta la cocina y calentó agua para dos tazas, distrayéndose un poco al no saber qué mezcla sería preferible consumir en esos momentos; observó las cajas en silencio, aun cuando la tetera anunciaba que el agua ya estaba caliente, y espabiló gracias a un bostezo.

Sirvió el té y volvió a la sala, con las tazas en las manos. Acomodó una cerca de Ino y se recostó en el sillón que sobraba, esperando a que el té hiciera infusión, sin dejar de mirar la lámpara de techo. No tenía la más mínima idea de qué había pasado, pero podía imaginar que aquello se debía al enredo con Shikamaru y conociendo a Sasuke, sabía que estaría furioso y nada podría calmar las ansiedades y los deseos que refulgieran en su interior en esos momentos.

—¿Ino qué pasó? —murmuró.

Ino descubrió su rostro y la miró. —Lo sabe… no le dije que Chouji y tu sabían… tampoco le dije que se trataba de Shikamaru, pero lo intuyó.

—Ay, no…

Sakura se acercó a ella, sentándose en el suelo. Sus uñas golpearon lentamente la cerámica de su taza y miró a Ino, preocupada… no muy segura de cuál era el alcance de aquella promesa, ni qué había dado pie a ello.

—… puedes quedarte aquí, si no tienes a dónde ir —murmuró.

Ino la miró unos momentos y asintió. —Gracias… no quiero preocupar a mi mamá.

—No te preocupes —susurró, jugando con el flequillo de la rubia. —¿Qué tan mal está esto? Del uno al diez…

Negó y miró frente a ella unos momentos, luego se encogió de hombros. No tenía la más mínima idea. Las lágrimas salieron con más insistencia de sus ojos y oculto su rostro contraído tras el cojín.

Sakura entristeció, pero mentiría si decía que sentía pena por Ino, se había buscado aquello y se había ganado lo que fuera que hubiese pasado, a pulso, Sasuke no sería capaz de perdonarle todo eso. Un sonido lejano las rodeó el tiempo que tardó en comprender que su móvil estaba sonando; corrió a su bolso y el corazón se le detuvo al ver el nombre del contacto.

Sasuke-kun.

Miró a Ino y se alejó al baño para contestar.

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No perdieron demasiado tiempo en el apartamento de Karin luego de que la pelirroja echara al rubio de la habitación.

—… no tenías que venir —murmuró Shikamaru.

—Sí, bueno…

Prevenido por el mensaje, se había trasladado ahí por medio del transporte público y de sus propias piernas, y ahora manejaba en silencio el auto de Shikamaru, luego de aferrarse a no dejarlo conducir en aquel estado. La tensión entre ellos no era incómoda, pero era la suficiente para obligarlos a mantener las miradas clavadas en lo que tenían al frente y dejarlas ahí.

Shikamaru no tenía el valor de ser el dueño del desencanto de Naruto aquel día y Naruto, a su vez, no tenía el valor de preguntarle a Shikamaru quién lo había dejado así. Las manos apretadas, sobre el volante y sobre el regazo, y los sonidos de la ciudad que se colaban por las rendijas de las ventanas abiertas apenas lo suficiente coronaban aquella extraña incomodidad llena de familiaridad.

—Shikamaru…

Los ojos azules clavados al frente, los ojos negros mirando por la ventana.

Silencio.

—¿Qué pasó?

—Tuve una discusión…

—¿Con quién? Esto no puede quedarse así, Shikamaru.

—Hm… ¿estás seguro?

La cabeza se movió un poco suelta y los ojillos negros se clavaron fijamente en el rostro de Naruto, que perdió los aires de grandeza que comenzaba a darse. El frío le trepó por el cuello de nuevo. Asintió. Pero Shikamaru volvió a mirar por la ventana y decidió seguir guardando aquel secreto. Lo dejó ser, pero no pudo evitar apretar las manos sobre el volante, dejando que la impotencia lo consumiera.

—¿Quién fue?

Sus ojos reaccionaron un poco y se quedaron prendados de la gente que caminaba tranquilamente en las aceras, Naruto no iba a dejar el tema, por más que él se lo pidiera, no tenía respeto para ese tipo de silencios.

—… Sasuke.

—¿Qué? ¿Por qué?

—… por Ino.

—¡Qué!

Alejó la mirada del frente, alarmado y más confundido que antes, miró a Shikamaru unos segundos antes de volver la mirada a la vía.

—Ese teme… se le fue la mano esta vez, de veras. Fue por lo que pasó ayer, ¿verdad? Fue por el berrinche de Ino.

—No…

Naruto balbuceó algo. —¡¿No?!

—… fue porque me acosté con Ino —murmuró, avergonzado.

Un ruido extraño escapó de la garganta de Naruto, quizá producido por la sorpresa que se atoró en su pecho con las preguntas que le surgieron de pronto, luego de esos balbuceos no volvió a hablar y Shikamaru no tenía interés en dar los detalles.

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Aunque el interior de su boca estaba lastimado, más allá de la curación en la ceja y una puntada para evitar una separación tan notoria, Sasuke no había necesitado demasiado su atención; pero sus ojos casi expertos sabían que en la mano era donde residía el problema, desde el momento en que la viera, completamente inútil, supo que ella no debería haber sido llamada y que Sasuke debería encontrarse en un hospital.

—Podría darte esperanzas diciendo que solo te fracturaste los nudillos —dijo, observando bien los movimientos de la piel ante cualquier tipo de presión —, pero estoy segura que vas a necesitar cirugía. ¿Duele?

Sasuke tenía el rostro tenso, asintió una sola vez.

—¿Qué demonios golpeaste? —preguntó, bajando la mano con cuidado. —Estoy casi segura que dañaste el ligamento…

Recordó, como envuelto por bruma, el momento en el que golpeara a Shikamaru, pero no recordaba si había sido un hombro con lo que había impactado su puño.

—Algo muy duro.

—¿Una pared? —insistió, haciéndose la que no sabía nada, aunque tuviera algunas ideas.

—… a alguien —murmuró, apretando los dientes.

Hizo una pausa, en la que agradeció que sus ojos siguieran clavados en la mano que examinaba, y luego lo miró, esperando algo más, pero Sasuke no compartió más detalles luego de eso y presionó un botón en el teléfono que se mantenía sobre su escritorio, la voz de su asistente no tardó en resonar por el altavoz y Sasuke anunció que debería salir y que sus compromisos de aquel día debían ser pospuestos, cancelados o encargados a alguien más. Aquel corto intercambio le dio tiempo de alimentar los temores que iniciaran durante la parca conversación que había mantenido con la rubia en su apartamento.

El botón de momentos antes volvió a ser presionado y la conversación terminó.

—¿Qué hiciste, Sasuke? —su voz salió trémula.

—Nada que no debiera hacer —aseguró —. Acompáñame al hospital, quiero estar seguro de tener un buen diagnóstico.

Forzó una sonrisa y una risa alagada, al tiempo que se ponía en pie. —… no me necesitas, sabes que apenas estoy terminando la residencia.

—Anda…

—Bueno, ¿pero vas a decirme qué pasó o tendré que esperar a que estés bajo los efectos de la anestesia?

Abrió la puerta, para ahorrarle a Sasuke el esfuerzo de usar una mano que no acostumbraba y lo miró fijamente, rogando por que la mentira no brillara en sus ojos y su sonrisa. Sasuke ni siquiera pareció inmutarse, quizá distraído por el dolor que estaba soportando en esos momentos.


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Jueves, 28 de enero de 2021