CAPÍTULO 13

El silencio reinaba en la habitación, al tiempo que Sakura sentía que su corazón se detenía, para escuchar a su esposo hablar. ―La conocí cuando estaba en la universidad, en una fiesta de la facultad. Yo era de esos muchachos que no faltaba a una rumba, y me… ―Miró de reojo a Sakura, y volvió la vista al suelo―. Estaba con muchas mujeres. Esa noche estuvimos juntos… Y algunas veces más. Era una rubia muy hermosa y… muy complaciente; sin embargo, tenía un problema con ella, y era que no entendía que no teníamos una relación.

Me llamaba constantemente, me celaba cuando me veía con alguien más, hasta me discutió una vez frente a mis amigos, porque me vio con Eva saliendo de una sala de cine. Ella no sabía que era mi prima. Varias veces pensé en alejarme, solo que… tenía…tenía sus formas de hacerme volver.

»Sabía que vivía con su hermana, en una casa comprada por sus padres, cerca de la universidad; y no me topé con ella hasta una mañana, después de que me había quedado a dormir, y me levanté más tarde de lo acostumbrado. Bajé a la cocina, mientras Samantha aún dormía, y como no recordaba la existencia de su hermana, lo hice en ropa interior. Lilly estaba preparándose el desayuno, se giró por el sonido de mis pasos, y cuando me vio, gritó, soltó el tazón que tenía en las manos y se tapó los ojos.

Me apresuré a ayudarla, cuando escuché un gemido de dolor. El tazón se había roto, y algunos vidrios cortaron sus pies. Ella trató de apartarse, me pedía que me alejara, que ella lo arreglaría; pensé que era muy tímida y me tenía miedo, y si bien lo era, el miedo no iba dirigido hacia mí, sino hacia su hermana. »Samantha entró a la cocina, y cuando me vio tratando de auxiliar a su hermana, se enfureció.

Comenzó a gritarle, a llamarla zorra, y otras ofensas que no repetiré en tu presencia. Lilly empezó a llorar, y al salir corriendo de la cocina, dejó pisadas de sangre que su hermana le ordenó limpiar. »Yo vengo de una familia en la que todos nos queremos y protegemos.

Una cosa es que Kendal y yo vivamos discutiendo, y otra muy diferente es que no me preocupe por él, o no me importe si algo le llegara a suceder. Lo quiero, pero estaba claro que Samantha no quería a Lilly. Me molesté tanto, que subí para terminar de cambiarme, con esa mujer detrás de mí, reclamándome por mi atención hacia su hermana. Le grité que yo no tenía por qué darle explicaciones, que no quería volver a verla, y me fui luego de que me la quitara de encima, cuando se abalanzó sobre mí para golpearme.

»Esa noche, después de apagar mi celular para no seguir recibiendo sus llamadas, me quedé dormido pensando en Lilly. Su cabello era de un color rubio… ¿rosáceo?… Era rosado en todo caso, algo así. Era hermosa en un sentido delicado. Mientras que su hermana provocaba lujuria, ella provocaba un deseo de protección. El lunes siguiente pregunté entre los conocidos de Samantha, si sabían algo acerca de Lilly.

Me sentía culpable por haber provocado ese altercado, y más por dejarla sangrando. Muchos ni siquiera sabían que Samantha tenía una hermana, porque nunca hablaba de ella; hasta que di con una chica que sí la conocía, y me comentó que la podía encontrar en la biblioteca. A esas alturas, Samantha no había dejado de llamarme. »Llegué a la biblioteca y ahí la encontré, vestida con un traje de verano, y su cabello medio recogido, que le caía sobre los hombros, se veía… Lo siento, eso no importa. Me acerqué a ella y la saludé.

Cuando levantó la cabeza se sorprendió, y miró rápidamente a todos lados. Me preguntó qué hacía ahí, y le dije que quería saber cómo seguía de las heridas, además de pedirle disculpas por haber provocado la discusión. Me aseguró que estaba bien, que no había sido nada, y que yo no tenía la culpa de lo sucedido. Me senté a su lado para conversar, y eso hizo que quisiera huir. Cuando empezó a caminar, me di cuenta de que cojeaba, y fue ahí cuando la obligué a ir a enfermería… Tengo mis formas de obligar a las personas a hacer lo que yo quiero.

―Sasuke miró a Sakura por un par de segundos―. Tú sabes muy bien a qué me refiero. La revisaron, y tenía las heridas de la planta del pie en estado muy delicado. La incapacitaron por una semana, y aunque en un principio se negó a dejar de asistir a clases, la convencí de que yo mismo recogería los apuntes con sus compañeros, y se los llevaría a su casa.

»Sakura, mi amor, no te voy a irrespetar contándote cómo cortejé a esa chica, solo te diré que en los dos meses siguientes, nuestra relación creció, al igual que el odio de Samantha hacia nosotros dos, o mejor dicho, hacia ella. En realidad, lo que tuve con Lilly no pasó de un par de besos robados de mi parte; ella era muy tímida, y además, temía por la reacción de su hermana, que no hacía otra cosa que buscarme y provocarme. »

Eva estudiaba en un colegio para señoritas, cerca de la universidad a donde yo asistía, porque los dos insistimos en quedar lo más cerca posible cuando me fui a estudiar, por lo que se mantenía al tanto de todo lo sucedido. Le presenté a Lilly, y se hicieron amigas al instante, a pesar del temperamento tan diferente que tenían.

Eva odiaba a Samantha, y el par de veces que se encontró con ella, la enfrentó, incluso la amenazó. No sirvió de nada. No volví a estar con esa mujer, incluso un día le grité que estaba enamorado de su hermana, la cual sí era una mujer para valorar, no como ella… Ese fue mi error, esa explosión de ira, fue lo que disparó el gatillo la noche siguiente.

»Esa tarde, Samantha me llamó. Yo le había regalado a Lilly un peluche, un león de melena oscura, al que nombró «Sasu» porque según afirmó, su cabello y el mío eran iguales. ―Sasuke sonrió con tristeza―. Samantha había encontrado el peluche, y me dijo que así como había destrozado al muñeco, así destrozaría el obstáculo que se interponía entre los dos.

Mis alarmas se encendieron, pues su voz era calmada, a diferencia de las ocasiones anteriores, por lo que llamé a Lilly para saber dónde se encontraba, y me dijo que estaba entrando a su casa. Sasuke emitió un gemido, al tiempo que se halaba con fuerza el cabello. Fue en ese momento que Beth se percató de que él estaba llorando, y ella también.

―Escuché gritos y la llamada se cortó ―continuó Sasuke―. Llegué en el menor tiempo posible, abrí la puerta de la calle que se encontraba sin seguro, y escuché un llanto en la cocina. Al entrar, Samantha le apuntaba a Lilly con un arma. Me miró y dijo «Ahora nada se interpondrá entre tú y yo, mi amor», y disparó. El silencio se hizo de nuevo en la habitación, fría y blanca, del hospital. Sasuke emitió un par de sollozos antes de continuar.

―Me abalancé sobre ella para tratar de quitarle el arma. Forcejeamos no sé por cuánto tiempo, hasta que un disparo se escuchó. Me quedé paralizado. Mentalmente analicé las sensaciones de mi cuerpo, en busca de dolor, y fue ahí cuando el cuerpo de Samantha cayó al suelo. Creí que la había matado. Llamé a emergencias sin importarme lo que me sucediera, y también llamé a Eva. Lilly había muerto instantáneamente, al impactar el proyectil en su corazón; Samantha seguía con vida. »Eva, a pesar de ser tan joven, pudo sobornar a todas las personas que se vieron involucradas: médicos, personal de emergencias…

A los señores Henderson les dijeron la verdad a medias, y al parecer era algo que esperaban que sucediera, pues al creer que Samantha había huido, la maldijeron, y declararon que su «única» hija había muerto, y que la otra no existía. Lo que en verdad sucedió con Samantha, fue que la bala se le incrustó en la columna, y la dejó cuadripléjica de por vida, o al menos eso fue lo que me dijo el médico que contraté para que la atendiera, además de la enfermera que la cuidaba.

Al parecer, Eva no fue la única que logró sobornarlos, y no podía pedir muchas opiniones médicas, porque entre más personas se involucraran, más riesgo corría el secreto.

»Compré una casa en un pueblo al norte de Inglaterra, para que viviera ahí con un par de empleados y una enfermera, que se comunicaba conmigo cuando ella tenía ganas de gritarme. La amenacé con que si se comunicaba con alguien, o si lograba salir de la casa, la denunciaría a las autoridades, a pesar de que sabía que no podía moverse.

Era cierto que no podía hacerlo. Según investigó Eva ayer, ella sí había estado paralizada, solo que luego de unos seis años de terapias, tratamientos, y cirugías que se hizo a escondidas, logró recobrar la movilidad de su cuerpo, y no fue hasta hace un año, que estuvo totalmente lista para regresar a su vida normal.

Me lo ocultó, al parecer, esperando el momento de regresar para que estuviera con ella, pues nunca dejó de decir que yo le pertenecía, y que debíamos estar juntos.

Tanto a ella como a mí nos convenía que la verdad no se supiera, y por eso la noticia nunca salió a la luz, por eso el secreto se mantuvo oculto por tantos años. Y ese es el secreto que he estado guardando por casi diez años, ese secreto es el que te he ocultado, y por el que ahora te encuentras aquí… Por el que casi te pierdo, a ti y a nuestro hijo. »

Sakura, yo te amo. El día en que te conocí, me di cuenta de que lo que había sentido por Lilly solo fue una atracción, una fascinación por una chica hermosa y dulce, que me inspiraba buenos sentimientos, nada más. Lo que siento por ti no lo he sentido por nadie, nunca, ni siquiera por ella…

Pero sé que soy culpable de su muerte, sé que en cierto modo yo disparé esa arma, al no advertir la amenaza que era su hermana; por haber estado con Samantha, por mi maldito deseo de acostarme con todas las mujeres que se me atravesaban. Por eso visito su tumba todos los años, cuando se cumple el aniversario de su muerte, porque yo soy tan culpable de ello como Samantha. El llanto de Sasuke se desbordó, y comenzó a sollozar como un niño pequeño.

―No. No lo eres ―declaró Saku, llorando también―. No eres un asesino, no eres culpable de su muerte. Tú solo fuiste una víctima como lo fue ella, una víctima de una mujer trastornada.

―Tú no entiendes, Sakura ―sollozó Sasuke―. Yo debí protegerla. El día que la conocí, debí percatarme del peligro que significaba su hermana para ella, y sacarla de esa casa, alejarla de su lado. ―Se levantó de la silla y caminó, alejándose de la cama―. Tanto poder, tanto dinero y no me sirven de nada… ¡Yo no sirvo para nada! No pude proteger a Lilly, y ni siquiera pude protegerte a ti de mí mismo en nuestra noche de bodas.

―Se giró, y la miró a los ojos con una expresión de intensa agonía y tormento―. Yo abusé de ti, Elizabeth. Te violé sin importarme que eras virgen, y no me excusa el hecho de que no era consciente de lo que hacía. Y ahora casi los pierdo a ustedes dos por mi negligencia.

―Sasuke no, por favor ―rogó Sakura, temiendo que se alejara.

―Esa no fue la mujer que se presentó en mi oficina a hacer la entrevista ―continuó él, ignorándola―. Eva averiguó, y la verdadera enfermera fue la que asistió a la entrevista conmigo, así como el día en que la cité para hablar de tu seguridad en el embarazo.

Confesó que Samantha le pagó para ayudarla en su plan. Aun así yo debí exigir verla en la casa, debí estar más al pendiente, debí darme cuenta de que la mujer que iba todos los días a nuestra casa, a cuidarte a ti, era justamente de quien deseaba protegerte. ―Su mirada cambió, se tornó extraña, oscura, culpable; y la voz que salió de sus labios, pareció ser de dos personas que hablaban al mismo tiempo

―. Te hemos fallado tantas veces, Sakura, que nos preguntamos cómo es posible que aún nos ames. Sasuke caminó hacia la puerta, y salió de la habitación. Sakura se quedó en silencio. Quería gritar, quería enloquecer, y por alguna circunstancia, nada salía de ella. Sabía que esas últimas palabras habían sido pronunciadas por sus dos grandes amores. Sasuke nunca había hablado en plural al referirse a sí mismo, y por la intensa mirada que le brindó, no le quedó duda alguna de que Kopján también se sentía culpable.

Ya él la había perdido hacía tanto tiempo. Quizás su espíritu sentía remordimientos por su muerte a manos de Sarolta, y luego llega Sasuke para sentirse igual, porque casi muere por culpa de Samantha. «¿Cuándo nos dejarás en paz, Sarolta?», pensó con la imagen de

Samantha en su mente. Ya tenía un nombre que ponerle en el presente, y sobre todo, un rostro. Pensó en su bebé, y en que estuvo a punto de perderlo; y también en Sasuke, en su sufrimiento, en su sentimiento de culpa, tanto por la muerte de Lilly, como por su «accidente», y las lágrimas comenzaron a caer de nuevo de sus ojos. Lilly, esa pobre chica había sido una víctima.

Curiosamente no sentía celos de ella, a pesar de que fue la primera y única mujer, aparte de ella misma, en la que Sasuke pensó con el corazón. Le habría gustado conocerla, aunque seguramente si ella no hubiese muerto a manos de su hermana, en esos momentos sería quien estuviera al lado de Sasuke, casada con él, y siendo la madre de sus hijos. En definitiva, algo tenía que suceder para que al llegar a Londres, encontrara a Sasuke soltero, solo.

Sakura habría preferido encontrarlo divorciado, o en cualquier otra situación, que no implicara la muerte de una inocente y dulce chica. Lloró también por ella, por Lilly Henderson. Donde sea que estuviera, le pedía perdón… No sabía porqué, simplemente sentía la necesidad de hacerlo. En ese momento, Lissa entró a la habitación, y se acercó a la cama con timidez.

―Señora, ¿se encuentra bien? Sakura negó con la cabeza y comenzó a sollozar. Lissa se acercó a la cama, y le tendió la mano sana para que se la apretara, y así reconfortarla un poco.

―No llore, señora. Quien quiera que sea esa mujer, no logró su cometido, y ahora menos conseguirá el corazón del señor Sasuke.

―¿Qué sabes? ―preguntó Sakura en medio del llanto.

―Nada. Bueno, lo que supongo es que fue una mujer en el pasado del señor, por las palabras que dijo, y que él la odia. Yo no me desmayé al caer, por eso pude ver su reacción. La tomó en brazos y comenzó a gritar como un loco. Creí que se ahogaría en su propio llanto, cuando nos dirigíamos acá al hospital, con Dacre manejando como si llevara el diablo atrás. Creo que fue Dacre quien llamó a la señorita Eva, porque cuando llegamos, ella ya se encontraba aquí. Ella lloraba, pero se mantuvo calmada, y fue quien le pudo explicar a los médicos que usted había caído por las escaleras, porque el señor estaba fuera de sí.

Tenía la camisa y las manos manchadas de sangre, por la herida que usted tenía en la cabeza. Sus gritos se escuchaban por todo el lugar, y tuvieron que agarrarlo entre varios hombres, y aplicarle una inyección para dormirlo.

Cuando me separaron de usted para revisar mi brazo y enyesármelo, comenzaba a hacer efecto lo que le inyectaron, y fue ahí cuando pude entender que desvariaba, porque decía su nombre junto con otro algo raro.

―Erczebeth ―dijo Saku en un suspiro.

―Así es, señora, eso era lo que decía ―aseguró Lissa, sin preguntar qué significaba―. Esa mujer, Hannah, o como se llame, escapó. Nadie se preocupó por atraparla, porque todos estaban pendientes de usted, además de que no saben que fue ella quien la empujó. Todos creen que usted sufrió un mareo, y yo no pude detener la caída. También que la enfermera temió la reacción del señor y huyó.

Sakura miró a Lissa a los ojos y le sonrió. Esa chica era una gran persona, alguien en quien podía confiar, además de que le había tomado mucho cariño. ―Esa mujer se llama Samantha, y tienes razón al pensar en que fue una mujer que Sasuke tuvo en el pasado, solo que nunca dejó de creer que él la amaba, y que le pertenecía. Ahora él se siente culpable. Me dijo que era un hombre inservible, que no podía cuidarme, y que me había fallado.

Tengo tanto miedo de perderlo. De que decida alejarse de mí, por creerse el causante de todo esto, cuando no es así. Él no tiene la culpa de que esa mujer esté obsesionada con él, hasta el punto de asesinar. Tengo miedo, Lissa.

―Él la ama, no dude eso. Y por lo poco que sé sobre los hombres, puedo decirle que los que son como el señor, no pueden vivir apartados de la mujer que aman. Y más ahora que tienen un hermoso bebé. Sakura sonrió al pensar en su hijo.

―¿Cómo está Naomi? ―He llamado, y me dicen que está algo inquieta por su ausencia. Los gatitos están bien, Ron se apareció y ella lo echó. Sam y Leo aúllan constantemente, y pasan la noche merodeando la casa. Es como si sintieran que algo malo sucedió. Es mejor que duerma ―pidió Lissa―. Seguramente cuando despierte, el señor estará a su lado. Dele tiempo. Él es hombre y piensa que debe protegerla, por eso se siente mal, porque cree que le falló. Déjelo pensar.

―Gracias, Lissa, por estar aquí, por tus cuidados, tus palabras y tu apoyo. Gracias por todo.

―Con el mayor de los gustos, señora. Lissa ayudó a Sakura a acostarse y salió de la habitación. Había visto a Sasuke dirigirse a la cafetería, por lo que siguió el camino, y al llegar, se

quedó en la entrada. Eran las once de la noche, por lo que la estancia se encontraba casi desierta, con una pareja joven en un extremo, cuya mujer era consolada por el hombre; al otro lado, un hombre de mediana edad hablaba por celular; y en otra esquina, casi oculto por las sombras, se encontraba Sasuke.

Se lo quedó mirando por un momento, en parte recreándose con su belleza ―como hacía cada vez que tenía la oportunidad de observarlo a escondidas―, y en otra, armándose de valor para acercarse a hablarle. Caminó lentamente, pensando cada paso que daba. Al llegar, si bien Sasuke no levantó la cabeza, Lissa pudo observar las gotas en la mesa.

―Se…Señor, ¿puedo sentar… sentarme? ―tartamudeó, rogando que no se pusiera en pie, porque se pondría a llorar ahí mismo.

―Lo siento, Lissa. Quiero estar solo. Lissa asintió y retrocedió, dispuesta a irse. Caminó unos pasos, se detuvo, apretó la mandíbula y se giró. Se sentó en la silla frente a él, y con la sensación de que su cabeza se estaba incendiando, colocó la mano sana en la mesa, como si deseara aferrarse a ella con todas sus fuerzas.

―Lissa… ―comenzó Sasuke, negando con la cabeza.

―Si yo tengo el valor de estar aquí, sentada ante usted, a pesar de que su sola presencia me aterra, usted debería tener ese mismo valor para superar lo que sea que lo atormenta, y estar al lado de su esposa, que tanto lo necesita en estos momentos, y así no permitir que esa mala mujer consiga separarlos como quiere. ―Sasuke levantó la cabeza y la miró, asombrado. Lissa tomó aire, luego lo botó lentamente, y se llevó la mano al pecho

―. ¡Casi me ahogo! Sasuke parpadeó varias veces, y comenzó a reír; primero suavemente, y luego a carcajadas. Se levantó, se acercó a Lissa, y le tomó la cara entre las manos, antes de que ella lograra escapar; se agachó y le estampó con fuerza un beso en los labios.

―Gracias, Lissa. Siempre supe que nos harías mucho bien. La joven parpadeó un par de veces y se desvaneció en la silla.

―¡Mierda! ―exclamó Sasuke , evitando que callera al suelo. La levantó en brazos y la llevó a la zona de enfermeras. Les explicó que la chica se había desmayado, aunque omitió el motivo, y la llevó hasta la pequeña habitación que tenía destinada junto con Becca, como acompañantes de la paciente. Becca le preguntó qué había sucedido.

―Se desmayó, creo que está cansada. ―Es demasiado delgada. No sé cómo no se partió toda en la caída ―comentó Becca, levantándose para examinarla. Sasuke se retiró, y se dirigió a la habitación de su esposa, que era la puerta de al lado. Entró con cuidado, procurando no hacer ruido por si ella estaba dormida, y así era.

La miró por un largo rato, recriminándose el estado en el que se encontraba. Le dolía verla así, y más saber que era su culpa; pero Lissa tenía razón, si ella fue valiente para afrontar su miedo irracional hacia él, lo mínimo que él podía hacer era estar al lado de su esposa, siempre que ella así lo deseara, sin importarle su propio sufrimiento. Se acercó a la cama, revisó que no tuviera conectado el suero, y se acomodó a su espalda, abrazándola por la cintura con cuidado.

―Perdóname ―susurró en su oído, lo suficientemente bajo como para no despertarla. ―Lo único que tengo que perdonarte, es que me hayas dejado sola hace un momento. Sasuke la besó en la oreja

. ―Lo siento, por todo lo que te he hecho y lo que no. Lo siento mucho.

―Lissa me dijo que cuando despertara te encontraría aquí ―comentó Sakura con los ojos cerrados―. Adivinó. ―No. Ella me fue a buscar. Sakura se giró un poco y lo miró, asombrada.

―¿Te habló? ―Tan rápido que casi se ahoga. ―Los dos rieron―. Luego la besé en los labios. Ni siquiera lo pensé.

―¡Sasuke! ―exclamó, palmeándole el brazo―. ¡Pobre chica! Debe estar temblando. ―En realidad está tranquila. Desmayada, pero tranquila.

―¡Ay, por Dios! ―Volvió a pegarle―. ¿Está bien? ―Sí, nena, tranquila. La llevé a su habitación. Sakura se quedó en silencio y Sasuke la acompañó. Luego de unos minutos, Sakura fue quien habló.

―¿Harías cualquier cosa por mí? ―Lo que quieras, lo que pidas, lo que sea. ―Entonces te pido, porque así lo quiero, que dejes de sentirte culpable por las acciones de Samantha.

―Sakura…

―No, Sasuke. Tú no tienes la culpa de la locura de esa mujer. Lilly murió por mano de ella, solo por ella. Si fuera tu culpa, entonces la sería de todos los hombres que se enamoran de una hermana y no de la otra. No sé si deba decirte esto, pero Lissa está enamorada de ti, y aun así, salvó mi vida y la de Gabriel. Samantha está loca, Lissa no. ¿Entiendes lo que digo? Sasuke lo pensó por un momento.

―No me había dado cuenta de que Lissa estaba enamorada de mí.

―Ustedes los hombres nunca se dan cuenta de nada, a menos que les convenga. ―Suspiró y le acarició el brazo a su esposo―. Lo que quiero decir es que no tienes la culpa de que esa mujer se haya encaprichado contigo, así como yo no tengo la culpa de que tú lo hayas hecho conmigo. ―Lo mío no es capricho, es amor.

―Lo mío también. ―Le tomó la mano y se la besó―. Prométemelo.

―No lo volveré a decir, te lo prometo.

―Lo que quiero es que no lo vuelvas a sentir ni a pensar. Sasuke frotó su rostro en el cabello de Sakura, y lo besó.

―Lo intentaré, te lo prometo. Lo intentaré. Para Sakura no fue suficiente, sin embargo, tuvo que conformarse. Después de todo, ella estaría siempre ahí para apoyarlo, ayudarlo, y aunque pareciera ilógico, para protegerlo.