Capítulo 23.

La culpa de los Dioses.

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—Creo que mi padre lo descubrió todo… y Hades lo mató.

—¿Qué tan seguro estás de eso?—le preguntó, dejando el libro a un lado.

Harry se dejó caer en la silla de cuero que había frente al escritorio, levantando una nube de polvo que ni siquiera notó. Ginny arrugó la nariz antes de chasquear los dedos y limpiar la habitación entera.

—Algo que aprendí es que las coincidencias no existen, Ginny. Mucho menos con los dioses en el medio. —Apretó los puños con fuerza —¿Tenía este libro con la historia de los Guerreros de Hades y justamente es atacado por una lethifold? ¡Ja! Te lo aseguro, conozco la historia.

Ginny se apresuró a tomarlo de las manos mientras se arrodillaba a su lado, para así poder verle el rostro. Estaba temblando de rabia y sus ojos echaban chispas.

—¿Hades hace esto siempre?

—Cada vez que un humano se acerca demasiado a la verdad, él envía a un guerrero a solucionar el problema. —Miró la fotografía que había sobre el escritorio. La prueba de que en algún momento esa casa había sido un lugar feliz—Pero esto es mucho peor…

—¿A qué te refieres?

Señaló la ventana donde aún se veían las marcas de la lethifold

—Nunca debemos llamar la atención, los objetivos son eliminados sin dejar rastro de que fue un asesinato…. Pero el truco de fingir un ataque de lethifold, no se usa a menos que…

Ginny lo vio hacer una mueca, como si le produjera dolor la sola idea.

—¿A menos que… ?

—Cuando fui tras Katra, yo mismo dejé una escena como esta en su habitación —confesó —Cuando Hades desea que el humano llegué ante él sin morir primero, solemos fingir este tipo de ataques para pasar desapercibidos.

Las almas humanas, luego de morir pasaban por una etapa de confusión que les impedía razonar, recordar su pasado y hasta comunicarse con sus pares. Ese período podía durar horas o hasta semanas. Hades cómo todo inmortal, carecía de la paciencia necesaria para esperar ese tiempo por muy corto que pudiera llegar a ser. Así que, si deseaba hablar con un humano de manera inmediata, este era llevado ante él aún con vida.

—Eso quiere decir que Hades quería ver a tu padre…

—Es mucho peor, Ginny. Quiere decir que lo torturaron hasta la locura antes de matarlo…

Harry sentía que lo consumía un odio y un dolor que nunca creyó capaz de experimentar. Su padre había tenido el peor de los destinos por buscarlo.

Lo había amado con tanta intensidad que se había negado a aceptar la pérdida. Y al final, había dado con una pista que lo iba a llevar por la dirección correcta. Seguramente, Hades le había ordenado al guerrero que hizo el encargo, que lo llevara ante él para descubrir quién más conocía sus acertadas conjeturas.

—Harry—lo abrazó con fuerza, buscando darle un poco de consuelo.

—Si tan solo se hubiera olvidado de mí, él estaría aquí y mamá no estaría sufriendo sola…. Se tendrían el uno al otro y serían felices —soltó el muchacho con amargura. La rodeó con sus brazos y Ginny acabó sentada en su regazo, permitiendo que la abrazara tan fuerte como necesitara.

—No digas eso. Jamás volvieron a estar del todo bien después de que desapareciste. —Susurró la pelirroja con los labios apretados contra su frente—James necesitaba encontrarte. Necesitaba hacerlo por Lily, por ti y por el mismo.

—Merecía una vida feliz… al menos una muerte mejor.

—Entiendo cómo te sientes, Harry. Es una mierda, pero no hay nada que podamos hacer, es el pasado.

—Si no fuera porque para hacerlo tiene que hacerte daño a ti, juro que dejaría que Calixto matara a Hades. —soltó lleno de rabia.

—No digas esas cosas—se alarmó Ginny —No puedes dejar que eso pase.

—No lo permitiré, pero solo por ti—alzó el rostro para mirarla a los ojos con esa expresión de adoración que siempre le derretía el corazón. —En lo que a mí respecta, Hades puede irse al tártaro y perderse en el camino.

—Está bien—asintió alzando una mano para acariciar su mejilla —Pero hazme un favor. Guardemos esto en un cajón y no se lo mencionemos a nadie, mucho menos a Lily. Ella está feliz de tenerte, y honestamente saber cómo en realidad murió James, no va a cambiar el hecho de que está muerto.

Harry estuvo de acuerdo. La sonrisa de su madre cada vez que lo miraba era la cosa más maravillosa del universo. No quería empañar esa felicidad. Ginny tenía razón, saber la verdad no cambiaría el hecho de que su marido estaba del otro lado, esperando el día en que se volvieran a reunir.

—¿Qué haría yo sin ti?

Ginny sonrió a su pesar.

—¿Y qué haría yo?

La abrazó con todas sus fuerzas, como quien se aferra a un salvavidas en medio de un naufragio. Tenía que calmarse, no podía permitir que sus emociones lo controlaran. Lo que acababa de decir podía considerarse una declaración de traición. Si Astoria lo escuchaba, seguramente lo entendería, pero si aquello llegaba a oídos de Hermione o de cualquier otro dios, podía darse por muerto con un alojamiento de primer nivel en la mejor celda de los campos de castigo.

—Muy bien, creo que… ¡Oh! Siento interrumpir.

Lily estaba en el umbral del estudio, claramente sorprendida. De inmediato Ginny comprendió la escena que se habían montado y lo sugestiva que era la forma en que ella estaba sentada y como Harry la abrazaba. De un salto, se apartó con las mejillas encendidas, arreglándose la ropa arrugada lo mejor que pudo.

Aún sentado en el sillón de cuero, Harry frunció el ceño sin comprender la actitud de la pelirroja.

—¿Ya estás lista? ¡Magnífico! Sirius también vendrá. Invité a Remus y Dora, pero ellos lo pasarán en casa de sus padres. —soltó sin respiro, saliendo del estudio muy apurada.

Lily solo sonrió, dedicándole una mirada divertida a su hijo que seguía extrañado con el repentino nerviosismo de la pelirroja.

—¿A que es una chica muy bonita?—soltó con intención Lily, mientras seguían oyendo la cháchara de la chica escaleras abajo.

—La más bonita —le dio la razón sin ni siquiera darse cuenta. Se aclaró la garganta al notar la mirada divertida de la mujer. —¿Te molesta si me lo llevo? —volvió a tomar el libro de historias de la mesa.

—Puedes llevarte todo lo que quieras, mi cielo.

Sintió las mejillas arder al escuchar como lo llamaba. Nuevamente sintió un pinchazo de culpa al pensar en todo lo que había sufrido por su culpa. Ni viviendo mil vidas podría recompensárselo.

—Gracias… mamá.

La sonrisa de Lily fue la más grande.

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En tiempos de guerra, un momento como aquel tenía muchísimo más valor. Todos reunidos en la sala, riendo y charlando mientras el viejo tocadiscos sonaba, era una escena que Nick esperaba recordar toda su existencia.

Con un ánimo que parecía que nadie podría doblegar, sin duda la más feliz en aquella habitación era Lily Potter. Sentada junto a su amigo Sirius y su hijo, parecía incapaz de perder la sonrisa.

A su alrededor también estaba Astoria, que al descubrir que la chica había crecido junto a Harry, Lily no dudó en ponerla ante ella y llenarla de preguntas.

La guerrera, sentada sobre el piso alfombrado con las piernas cruzadas, hacia un esfuerzo para responder.

Había comentado que entre más tiempo pasaba, sus recuerdos sobre el Inframundo se volvían más extraños. Desde que había recuperado su alma, sentía que su pasado no era el suyo en realidad. Le había costado explicarse a pesar de los intentos de ayudarla de parte de Harry y Luna. Al parecer, sus recuerdos poco a poco comenzaron a parecerle los de alguien más.

—Es como si lo hubiera vivido a través de un libro o una película. –intentó describirlo cuando Harry se lo pidió— Es como si fuera la vida de alguien más y yo me limité a observar todo muy minuciosamente…. Y entre más días pasan, menos real parece. Esta misma mañana noté que me cuesta recordar algunas cosas.

—¿Qué cosas?

—Cosas sin importancia, por ejemplo ¿de qué nos alimentamos allá abajo? —arrugó el ceño, como si le diera dolor de cabeza intentar recordar algo tan mundano como su alimentación.

—Frutos mágicos de Deméter

—Ahhh… cierto. —Asintió la chica, aunque no podía recordar su textura y mucho menos su sabor.

Harry se le quedó mirando sorprendido. Y sin poder evitarlo sintió un coletazo de envidia. ¿Entonces era eso lo que pasaba cuando un guerrero era liberado y recuperaba su alma? ¿Sentía que su vida de servicio era la de alguien más? ¿Y luego lo olvidaba todo?

Se alegraba por Astoria y Hermione, pero ¿eso donde lo dejaba a él? Si olvidar era la consecuencia de obtener su alma ¿significaba que él nunca tendría esa opción?

En el fondo no sabía si lo quería. ¿Sería un olvido completo? Si eliminaba sus recuerdos de guerrero, ¿eso significaba borrar a Perséfone y a Albus?

—¿Estás olvidando todo lo que te pasó hasta antes de recuperar tu alma? —Draco sentado al otro lado de Sirius, no se había perdido palabra y miraba con gran interés a la guerrera.

Astoria le dedicó una sonrisa cargada de cariño.

—Eso es lo raro, todos mis recuerdos desde que llegamos a la tierra no han perdido su claridad.

—¿Pero si recuerdas tu entrenamiento, verdad?—Lo único que le faltaba a Harry era que a sus colegas se le olvidara como pelear en plena batalla.

—No se preocupe, general—le sonrió divertida—Aún sé cómo hacerme cargo de los monstruos malos.

—¿Entonces no hay nada que puedas contarme de cuando era niño? —se lamentó Lily

—Podría contártelo yo mismo ¿no? —comentó Harry rodando los ojos.

—Si te pareces a James tan solamente un poco, estoy segura que solo me contaras lo que te conviene.

Sirius soltó una carcajada que se parecía más a un ladrido.

—Verdad, su lema era: niégalo todo aunque la profesora McGonagall tenga pruebas.

Lily sonrió aunque negaba con la cabeza.

—¿Cómo… cómo era él? —se animó a preguntar Harry.

—Tú te pareces mucho a él, tienes el mismo cabello negro indomable —sonrió la mujer al tiempo que acariciaba un mechón del cabello de su hijo—Era un bromista ¿sabes? Siempre planeando bromas y metiéndose en líos cuando estábamos en el colegio. No había semana en que no lo castigaran. Era todo un sinvergüenza.

—¿Y eso es bueno? —no pudo evitar preguntar Harry. Le extrañaba la sonrisa cariñosa que tenía su madre al recordar las andanzas de juventud de su marido.

Desde la más tierna infancia le habían repetido hasta el cansancio que no debía meterse en líos, que no llamara la atención, que fuera lo más tranquilo y controlado que le fuera posible…. Se reprendió con firmeza al notarse escandalizado por las aventuras de su padre. Estaba pensando como un soldado. Como un esclavo bien entrenado.

Estaba bien hacer travesuras y divertirse. Eso sí era una infancia sana, no lo que él había considerado como normal toda su vida.

Cuando él fuera padre jamás permitiría que sus hijos pensaran que estaba mal reír o llorar.

Aquella idea le calentó el corazón y le hizo pensar en Ginny. Casi de manera mecánica la buscó con la mirada, pero no estaba en la sala.

—También era brillante—continuaba hablando Lily —Con solo trece años, se convirtió en animago sin ayuda de un profesor.

—Yo también ayudé un poco—comentó por lo bajo Sirius, pero la pelirroja lo ignoró.

—Tenía las mejores notas y se graduó con honores de la Academia de Aurores.

A Harry eso le cuadraba. Solo un hombre excepcionalmente inteligente podría haber descubierto que el Ejército de Hades era real. Y había sido tan listo como para saber que debía cerrar la boca. El hecho de que ni su esposa ni su mejor amigo supieran nada de su investigación, demostraba que antes de morir, James había entendido que la información que tenía en sus manos era importante y ponía en peligro a quienes lo sabían.

—Era un gran amigo—añadió Sirius con una sonrisa nostálgica

—Si ganabas su amistad era para siempre. Puedes estar seguro que haría lo que fuera para ayudarte. —asintió Lily.

—Aún recuerdo cuando me echaron de mi casa. Tenía dieciséis años y ni un duro en el bolsillo. —le contó su padrino—Cuándo llegue a la puerta de la casa de tu padre, el desgraciado ya tenía una habitación preparada para mí y una jaula llena de enfurecidos duendecillos que iba a mandarles por correo a mis padres.

Rieron

—James siempre ayudaba a todo el mundo y no perdía oportunidad de hacer una broma en el proceso.

—Tenía una sonrisa tan bonita, torcida y un poco pícara, siempre que lo veías sonreír sabías que estaba tramando algo. —Lily parecía muy lejos de allí mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. —Tenía una risa contagiosa…

Astoria alzó la mano, dándole una suave palmadita en la rodilla a modo de consuelo. Harry se apresuró a entregarle el pañuelo que siempre guardaba en el bolsillo. Su madre lo tomó con una sonrisa.

—Y dime Astoria —Lily se aclaró la garganta y comenzó a hablar como si nunca se hubiera quebrado—¿Cómo se comporta mi hijo como general?

La guerrera le dedicó una sonrisa maliciosa a su hermano adoptivo.

—Todo un mandón—respondió fingiendo dramatismo— El rey de los perfeccionistas con síndrome obsesivo compulsivo.

—Uff ¿a quién me hace acordar? —soltó divertido Sirius mirando de reojo a su amiga, la cual de inmediato le dio un codazo.

—Bueno, tampoco es tan raro. Supongo que es consecuencia de ser hijo adoptivo de Perséfone, al fin y al cabo, ella es muy perfeccionista.

Astoria no notó su metida de pata hasta que vio la cara de espanto de Harry y el absoluto silencio que prosiguieron a sus palabras.

—¿Hijo adoptivo? —repitió muy lentamente Sirius.

—Es una larga historia. —respondió casi automáticamente Harry sin dejar de mirar a su madre. Lily lo miró a los ojos, como si estuviera buscando algo.

—¿Larga? ¿Cómo la razón por la que siempre conservaste tu alma?

—En realidad, son la misma historia.

—Genial, hay mucho tiempo antes de que se sirvan la cena. —asintió Sirius.

Harry suspiró resignado. En cierto punto le causaba un poco de maliciosa gracia todo aquello. Por años, Albus había ocultado aquel secreto con gran recelo, y ahora él se dedicaba a esparcirlo sin parar. No culpaba a Astoria por su desliz, al final, su familia tenía derecho a saber la verdad. Además, sentía que los únicos que habían creído que todo aquello era un secreto, eran solamente Perséfone y Albus. Tal vez Hades había sido engañado, pero no Calixto. Y Harry estaba seguro que todo el Olimpo lo sabía también. Tanto Snow como Eros trabajaban con las almas de cierta forma. Snow debió notar que el niño ante él tenía una en cuanto lo vio aquella noche en la biblioteca de Albus. Y por otro lado, según Ginny, Eros había hecho que Morfeo hiciera que soñara con la pelirroja antes de conocerla.

Un ser sin alma no puede soñar, así pues, Eros debía saber la verdad, de otra forma jamás le hubiera pedido nada al dios de los sueños.

Snow por su lado, era un ermitaño muy reservado, y seguramente no había dicho nada ya que al fin y al cabo no era un asunto que le incumbiera. Pero Harry podía estar seguro que Eros no había mantenido la boca cerrada. El dios de los enamorados era un charlatán, así que en cuanto lo supo, seguramente no dejó a nadie en el Olimpo sin saber aquel chisme…Era un milagro que Hades no se hubiera enterado. Supuso que era una suerte para Perséfone que su marido odiara salir de su reino.

Le contó la verdad a su madre, aunque todos en la sala escuchaban. Por nada en el mundo quería hacer algo que pudiera herirla y sentía que cada palabra que soltaba lo estaba haciendo de alguna forma.

En esta ocasión no hizo ninguna pregunta, dedicándose únicamente a escuchar, como el resto. Y cuando acabó, la sala volvió a quedar en silencio.

Sirius y Draco parecían sorprendidos, mientras que Nick lo miraba de la misma forma que lo había hecho la primera noche que estuvo en esa casa, y se enteró que los guerreros no elegían esa vida; aunque algo en su mirada le decía que lo que acababa de contar no era información nueva para el fantasma. Pero no era su reacción lo que le importaba más que nada. Lily se había quedado callada tomándolo fuertemente de la mano.

—¿Fue una buena madre? —preguntó al final con voz muy baja.

—Bueno… —¿Había sido una buena madre? Harry no sabía cómo se suponía que debía ser una madre real. Pero sentía que no. Perséfone había querido un hijo para hacer lo que ella quisiera con él, sin importarle mucho las necesidades de dicho hijo.

Albus le había dicho desde muy pequeño como debía comportarse con ella. Harry representaba un papel y aunque la amaba, sabía que el amor de la diosa sólo se mantendría mientras él fuera el hijo bueno y sumiso que ella deseaba.

Calixto no había podido hacer eso. Se había hartado de ser un hijo trofeo, un juguete que solo daba y casi nunca recibía.

—La idea de paternidad que tienen los humanos es muy diferente al de los Dioses —intentó explicarle.

—¿Te quiere?

Esa era la pregunta del millón. A pesar de sus múltiples fallas, Harry sabía la respuesta a esa pregunta.

—Fue ella la que le dijo a Ginny que me llevara a tu casa hoy… así que creo que de todos los dioses, ella es una de las pocas que entiende lo que es el amor de verdad.

Lily asintió, como si escuchar aquello le fuera suficiente. Harry se sintió aliviado cuando Sirius llevó la conversación por un camino más ameno. Al menos su madre no había tomado la postura de Ginny en todo lo que se refería a Perséfone.

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—Recuerdo que nos reíamos mucho en el colegio precisamente de esto.

Las palabras de Luna sacaron a Ginny de su recuerdo feliz. Sin darse cuenta había quedado con la mirada perdida, mientras ordenaba las servilletas en la mesa de la cocina, mágicamente alargada para que hubiera lugar para todos.

Miró a su amiga confundida al tiempo que está reía entre dientes.

—¿Qué cosa?

—Cuando estábamos en el colegio, nos reíamos de las caras tontas que ponían las chicas cuando tenían novio. —le recordó al tiempo que sacaba un humeante y delicioso pavo del horno. —Y ahora tú tienes la misma cara.

—Claro que no. —negó, pero no pudo evitar sonreír. Si, definitivamente tenía la misma cara de tonta que tanto había criticado de niña.

—Ese tonto debe hacerlo muy bien para tener a la desinteresada Ginny Weasley como una boba.

—¡Luna! —sintió las mejillas calentarse mientras agradecía que estuvieran solas en la cocina.

Luna puso los ojos en blanco

—Weasley, puedo ser una simple semidiosa, pero mis poderes son lo suficientes para notar cuando usas los tuyos para insonorizar tu habitación… o la cocina —arrugó la nariz al decir eso último. — En serio chica, ¿Qué te hizo mi cocina para que la mancilles de esa forma?

Ginny soltó una carcajada, aunque estaba tan roja como su cabello.

—Solo fue una vez —se defendió —Lo siento, no estaba pensando en la deshonra que suponía para tu querida cocina.

—Estoy segura que tenías otras cosas en la cabeza en ese momento…

Se miraron por un momento antes de comenzar a reír con ganas. Era maravilloso recuperar a su vieja camarada. Porque a pesar de que se querían y ya no había mentiras entre ellas, las cosas no habían vuelto a ser tan orgánicas como lo eran antes de la fiesta de Taby. Un pequeño milagro navideño, pensó Ginny al tiempo que le daba un desganado golpecito en el brazo a su amiga.

—En serio, me alegro por ustedes. —le dijo la rubia mientras la ayudaba a acabar de poner la mesa. —Después de toda la porquería que ha tenido que pasar Harry donde tú sabes, me alegra que te haya encontrado. Y tú, bueno, saben los dioses que se pasaron tres pueblos con todo lo que dejaron que le pasara a tu familia. Si alguien merece un poco de felicidad esa eres tú.

Ginny la miró con menos alegría. Su amiga era completamente sincera en sus palabras y eso le formaba un nudo en la boca del estómago. Por mucho tiempo había observado el mundo a través de una rendija diminuta y ahora con sus poderes permitiéndole ver el panorama entero, tenía una idea mucho más clara de muchas cosas que antes no habían tenido lógica para ella. Por ejemplo Luna. Amaba las criaturas mágicas, amaba la idea de recorrer el mundo y conocer nuevas especies…. Pero aún así, allí estaba. Estudiando medicina y lista para comenzar las prácticas en el hospital en que luego trabajaría el resto de su vida. ¿Y por qué? Porque su madre le había ordenado que nunca abandonara a Ginny Weasley.

No entendía cómo era posible que no la odiara con todas sus fuerzas. Al fin y al cabo, ella era la pesada ancla que le impedía ir por sus sueños.

—Gracias… Aunque la próxima avísame que significa encontrar a tu alma gemela para los tuyos —comentó, demasiado acobardada para tocar el tema que de verdad deberían hablar.

Luna rió, ajena a todos los sentimientos de culpa de su amiga.

—¿Te lo dijo, eh?

—Todos se mostraban felices y nos felicitaban como si acabáramos de casarnos…. Casi tuve que obligar a Harry para que me lo explicara.

—¿Te sorprendió?

Ginny se encogió de hombros.

—Es raro que para un montón de personas yo estoy casada ¡y con diecinueve años! A mi madre le daría un infarto. —Molly Weasley se había casado a los dieciocho años, pero seguramente no aprobaría que su hija hiciera lo mismo—Siempre creí que si eso ocurría, pasaría primero por un anillo y un vestido de novia.

—Si se lo pides, estoy segura que él te daría todo eso.

—Bueno, creo que mejor dejamos el tema aquí, antes que comencemos a elegir centros de mesa.

Había llegado al punto en que saber que Harry era su alma gemela era algo que la hacía feliz, pero la idea de caminar por el pasillo de una iglesia le parecía algo de otro mundo.

Luna dejó escapar una risotada y tomándola de las manos le soltó:

—Tendrán unos hijos hermosos.

—Muy bien, se acabó el hidromiel para ti, jovencita.

La semidiosa le sacó la lengua con los ojos brillantes de diversión. Aun así no soltó su mano y usando un tono más serio, le dijo:

—Tengo algo para ti.—sacó del bolsillo de su pantalón un relicario de plata en forma esférica y del tamaño de una canica.

—Pero ya me diste mi regalo.

—Este es de último momento….

Ginny frunció el ceño. Su repentino recelo fue confirmado en cuanto tuvo el obsequio en sus manos y el contacto del material le provocó que el vello de la nuca se le erizara por un segundo. Sin saber cómo, supo que eso no era algo que se podía conseguir en cualquier tienda.

—Mi madre me lo dio—le explicó cuando la mirada preocupada de Ginny la atravesó. Luna se apresuró a mostrarle la cadena con el amuleto gemelo que llevaba ella misma alrededor del cuello.

—¿Tu madre? ¿Ella estuvo aquí? —Miró alrededor, como si esperara ver a la diosa de la sabiduría en algún rincón de su cocina. No entendía porque se sorprendía tanto, al fin y al cabo, tanto Eros, Hestia y Cloto habían pasado por la casa. Pero Atenea… tenía tantas preguntas que tal vez ella podría contestar.

—Esta mañana, mientras tú estabas fuera…. —respondió—Pasaba por aquí y quiso darnos un regalo para las dos.

—¿No es solo un relicario común, verdad?

Luna la miró de forma elocuente.

—Mi madre jamás hace algo sin una buena razón. Ya aprendí que a veces es mejor no hacer preguntas y aceptar el camino que ella marca.

Parecía triste. Ginny intentaba ponerse en sus zapatos. La gran Atenea dejaba de verse tan impresionante al verla tratando a su hija como una simple herramienta. ¿Por qué los dioses no podían ser padres decentes?

Rodeó a su amiga con un brazo dándole un suave apretón. Luna suspiró, estaba decidida a disfrutar de ese día. Tomó el relicario de la mano de Ginny y la ayudó a colocárselo.

La pelirroja seguía mirándolo con desconfianza mientras lo hacía girar entre los dedos.

—No es peligroso —le aseguró Luna

—¿Qué hace?—Intentó abrirlo, pero la rubia se lo impidió.

—No lo abras a menos que necesites ayuda.

Frunció el ceño aún más al escuchar eso. Con sus poderes cada vez más fuertes ¿Por qué creía Atenea que ella necesitaría ayuda?

Le daba miedo hacer esa pregunta en voz alta. Los dioses debían saber mucho más de lo que decían.

Agradeció el obsequio al tiempo que lo ocultaba bajo su suéter. Reprimió una mueca cuando el frío del material le produjo un escalofrío.

—Por lo que queda del día, imaginemos que somos dos personas normales—le pidió Luna volviendo a sonreír, intentando infundirle todo su ánimo—Nada de dioses, demonios o apocalipsis ¿de acuerdo?

—Pan comido.

Luna se encaminó hacia la sala para avisarles a sus invitados que la cena estaba lista. Ginny admiró el trabajo de ambas por un momento antes de seguir a su amiga.

La cocina parecía el lugar más acogedor del mundo y olía delicioso. Soltó un suspiro tembloroso mientras recordaba aquellas lejanas navidades de su infancia.

Ninguna cena navideña que pudiera hacer sería tan perfecta como las de su madre. Esa idea la había desanimado por mucho tiempo. Ninguna celebración sería perfecta sin su familia completa…

Sonrió tristemente. Por primera vez en años deseaba celebrar. El mundo podría estar a punto de estallar, pero esa sería una buena Navidad.

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Cuando Ginny y Luna entraron a la sala, está tenía un ambiente muy festivo. Todos hablaban o reían. Draco había arrinconado a Nick para saciar con él toda su curiosidad sobre el mundo de los Dioses. Al fantasma no parecía molestarle, al final, le gustaba su nueva capacidad de hablar con otras personas además de Ginny o Luna.

Por otro lado, Sirius le contaba todas las anécdotas que podía recordar sobre James Potter a Harry, que lo escuchaba fascinado. Mientras Lily, aún bien sujeta de la mano de su hijo, hablaba animadamente con Astoria.

Ginny había visto con una sonrisa como Lily, al enterarse que Harry consideraba a Astoria como a una hermana, había decidido que también ella la vería de esa forma. La guerrera tal vez ni lo intuía, pero estaba hablando con una mujer que ya la consideraba su hija y haría lo que fuera por ella.

Miró alrededor sin dejar de sonreír, mientras Luna anunciaba que la comida estaba lista. De inmediato notó la falta de alguien muy importante.

—¿Ron no ha llegado?

La sala quedó en silencio, como si todos hubieran estado tan entretenidos que no habían notado esa faltante.

—Sabes cómo es tu hermano— Sirius soltó una carcajada.—Tal vez alguna señorita ha hecho que se olvide de cómo llegar aquí.

—Oh, espero que no sea como la última que trajo hace unos años—Lily no contuvo una mueca al recordar las navidades en que Lavender Brown, le había mostrando el escote y lanzado miradas descaradas tanto a Draco como a Sirius en plena cena.

Ginny frunció los labios. De todas las fiestas, esas eran las que no podía perdonarle que faltara o apareciera a último momento con alguna de sus amiguitas. Por primera vez desde hacía años estaba emocionada y tenía grandes expectativas para esa noche, y su hermano iba a arruinarlo. Cuando lo viera le daría un buen zape para acomodarle las ideas y las prioridades. Y también le refregaría en las narices su nueva escoba, asegurándole que nunca en la vida dejaría que la montara. Seguramente eso último sería lo que más le dolería.

Pero mientras afinaba sus planes de venganza, una idea mucho más desagradable que la presencia de Lavender en su mesa, cruzó por su cabeza.

De pronto su enojo se esfumó y la imagen de su hermano, herido y completamente desvalido en manos de Calixto hizo que su estómago burbujeara inquieto, sobrepasado por el miedo y la ansiedad.

Si Ron acababa herido por su lucha contra Calixto nunca se lo perdonaría.

—¿Estás bien?—Harry se había puesto de pie y con las manos sobre sus hombros la miraba con mucha atención.

—¿Y si Ron no está porque Calixto le ha hecho algo?—No pudo ocultar su miedo, ni siquiera le importó.

Harry buscó las palabras para tranquilizarla mientras a su vez sopesaba aquella posibilidad. Pero fue Astoria la que, con su sonrisa amable y su aire positivo, hizo desaparecer todas sus preocupaciones al tiempo que le mostraba el pequeño espejo que siempre llevaba en su bolsillo.

—No tienes porque preocuparte. Calixto no tiene a tu hermano, te lo aseguro—dijo con firmeza— Tengo a todos los que son posibles blancos, bien vigilados. Si él estuviera a punto de estar en peligro, yo lo sabría y lo protegería antes siquiera que le hicieran ni un rasguño.

Ginny asintió agradecida. Al menos su hermano era un idiota que se olvidaba de su familia y no la víctima de un psicópata.

—Tranquila, ya aparecerá—Astoria parecía tan segura de sí misma que era imposible contradecirla.

—¿También tienes un ojo puesto en Hermione?—le preguntó Harry. Al llegar a la casa, le habían contado que Hermione había huido al enterarse de la posibilidad de encontrar a su familia biológica. De inmediato había querido ir a buscarla, pero Astoria se lo había prohibido. Según la chica, Hermione necesitaba tiempo a solas para digerir todo lo que le estaba pasando y entender los sentimientos que ahora la sobrecogían. "Es algo que debe hacer sola" le había dicho su hermana cuando había intentado comunicarse con la guerrera con su conexión telepática.

—Por supuesto— asintió Astoria — Si nos necesita, seremos los primeros en saberlo.—le guiñó un ojo antes de seguir a Luna, Sirius y Draco a la cocina.

—Cuando tu hermano aparezca, te prometo que me va a escuchar—le prometió Lily cuando pasó a su lado siguiendo a los demás. Le dio una palmadita cariñosa en el brazo y le sonrió. Ambas pelirrojas compartieron una sonrisa por un segundo antes de que la mayor se marchara. Por un instante Ginny se olvidó de todas sus preocupaciones al ver el rostro iluminado de Lily. Jamás la había visto de tan buen humor. Su sonrisa era genuina y sus ojos hacía años que no se veían tan brillantes y vivos.

Fue en ese momento cuando la comprensión la golpeó con la fuerza de una Bludger. Casi se le escapó una risita mientras la veía alejarse por el pasillo, al pensar en lo despistada que había sido todo ese tiempo. Desde el primer momento que se cruzó con Harry, no había parado de pensar que sus hermosos ojos verdes le resultaban conocidos. Ahora todo tenía sentido. Lily y Harry compartían la misma mirada, hermosa y expresiva. ¿Cómo no había reparado en eso antes?... más aún ¿Cómo era posible que nadie, a excepción de Draco, hubiera notado el inmenso parecido que había entre Harry y James Potter?

Ella no había conocido mucho al señor Potter. Solo lo había visto un par de veces y la última de ellas había sido cuando tenía catorce años, pero a pesar de eso, ahora no podía dejar de preguntarse cómo no lo había notado antes.

Volteó a ver a Harry que seguía parado a su lado para preguntárselo, cuando notó que los ojos del guerreros estaban fijos en la puerta que daba al recibidor, como si esperara que alguien apareciera por allí en ese momento.

—¿Te preocupa Hermione?

Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba al ver una prueba más de lo mucho que Ginny lo entendia.

—Astoria dice que lo único que podemos hacer por ella es dejarla tranquila, pero…

—Pero no te sientes cómodo haciendo eso. —acabó Ginny tomándolo de la mano.

Harry asintió.

—Nadie debería estar solo en su peor momento, ni siquiera Hermione. —dijo en voz baja al tiempo que le rodeaba la cintura con un brazo. — Podemos ser muy diferentes, y estoy seguro que nunca tendré con ella la relación que tengo con Astoria, pero somos compañeros de armas… hermanos aunque no lo parezca.

—Que tengan diferencias y no se lleven bien, no los hace menos hermanos —le aseguró la pelirroja, recordando a su hermano Percy, el cual no tenía muchos admiradores entre el resto de sus hermanos. —Ve a buscarla si eso te deja más tranquilo.

—Lo haré después de la cena. No me atrevo a irme ahora y permitir que la cólera de su majestad Luna caiga sobre mí por arruinar su velada—soltó una risita.

—Si, Luna te mata si te vas ahora, y Lily tampoco te lo perdonaría.

—Creo que ella me perdonaría lo que fuera. —No se veía muy feliz al pensar en eso.

—Creo que tienes razón—sonrió—Te ama muchísimo, Harry.

—Si…. ¿pero qué he hecho yo para ganarme tanto amor?

Ginny arrugó el ceño al escucharlo decir aquello. Vivir en el inframundo siendo el hijo abnegado de Perséfone le había hecho creer que el amor era algo que se debía ganar con sangre y sudor. Algo que no se entregaba sin dar algo a cambio. Sin poder evitarlo le dio un buen tirón de orejas.

—¡Auch!—se quejó sobándose la oreja, sorprendido.

—Deja de hablar como si no entendieras cómo es posible que te amen— le regañó— Ya te lo dije, ella te ama desde el día que naciste y eso jamás va a cambiar.

—Vale, entendí.— agitó las manos en señal de rendición.

—¿Ves? Ya me hiciste enojar—le reprochó cruzándose de brazos.

—Lo siento—Harry se preocupó por un instante, pero rió al ver la chispa juguetona en aquellos ojos marrones

—Tendrás que hacer algo ahora mismo para que se me vaya el enojo, Guerrero.

Harry sonrió mientras rodeaba su cintura, acercándola a él. A lo lejos oía el alboroto de sillas y cubiertos, pero para él la cena de navidad ya no era algo tan interesante en comparación a la sonrisa provocadora de su pelirroja.

—Me pregunto qué podré hacer para que dejes de estar enojada—fingió pensárselo al tiempo que subía y bajaba sus manos por la espalda de la chica.

—Ya se te ocurrirá algo….

La besó con suavidad, disfrutando del momento. Disfrutando de aquella paz robada de aquel perfecto momento. Todo estaba bien. Las personas que le importaban estaban bien. Sanas y riendo en la cocina, mientras ellos podían disfrutar de ese instante. Por lo que quedaba de aquel beso, el mundo sería perfecto y todo estaría funcionando como debía.

—Te amo—la voz de Ginny no fue más que un susurro contra sus labios antes de acallar cualquier respuesta con un beso aún más apasionado, que Harry se apresuró a darle el impulso suficiente, como para que se olvidaran de las personas que los esperaban para brindar.

Harry sintió el golpe de su espalda contra un lado de la chimenea de la sala, pero no le prestó atención al dolor ni al calor que le proporcionaba la peligrosa cercanía al fuego que allí había encendido. No, su mente estaba borracha por el perfume a flores que tanto le gustaba. Con el corazón desbocado y el sabor de su boca en la suya, escabulló sus manos bajo la bruza de la pelirroja. No importaba cuantas veces tocara su piel cálida y suave, sus dedos seguían sintiendo electricidad con cada roce. Ladeó la cabeza a un lado, profundizando el beso al tiempo que ignoraba absolutamente todo a su alrededor.

—Ejem ejem.

Soltó una feísima palabrota en griego antiguo cuando Ginny se separó de un salto, sorprendida.

—¡Por los calzones de unicornio de Eros! ¿Cuándo será el día que me dejen besarme con mi chica en paz?—Gruñó molesto Harry.

Miró alrededor en busca del entrometido, listo para estrangularlo. Pero al parecer en la sala solo estaban ellos dos.

—¿Tu chica? ¿Cómo que tu chica?

Harry y Ginny dieron un salto hacia un lado cuando vieron el rostro indignado de Ron Weasley entre las llamas de la chimenea.

Aunque el fuego le daba de por sí una tonalidad rojiza a su rostro, Ginny lo conocía suficiente como para saber que su hermano estaba ruborizado hasta las orejas.

Ron podía ser un donjuán, y toda la cosa, pero a veces se comportaba como todo un niño de doce años que nunca había besado a una chica. Se notaba en su mirada que no le gustaba la idea de pescar a su hermana menor en una situación como aquella. Estaba incómodo y mucho.

Ginny rodó los ojos. Ella lo había encontrado en una situación mil veces más comprometedora y aún así nunca había puesto esa cara de haber chupado limón que tenía su hermano en ese momento.

Solo para molestarlo, volvió a rodear el cuello de Harry con sus brazos y con una sonrisa despreocupada le soltó:

—Sí, su chica ¿algún problema, Ronald?

Ron apretó los labios. Había visto noches atrás a su hermana deshacerse de medio ejército de demonios sin ni siquiera sudar. No era que le tuviera miedo, pero había llegado a tenerle un gran respeto a lo que podía hacer si se enojaba. Por esa razón prefirió callar lo que de verdad pensaba de encontrar a su hermana siendo manoseada por un tipejo.

—Supongo que estas mayorcita para que yo te diga que debes hacer con tu vida—dijo tratando de sonar calmado e indiferente.—Aunque me gustaría saber que opina Sirius…

Ginny llevó los ojos al cielo al oírlo usar esa carta en especial. Sirius era la única figura paterna que les quedaba a ambos. Aunque más que un padre, la pelirroja lo veía como un hermano mayor un poco inmaduro.

—Sirius está encantado de que salga con su ahijado.—le atajó con una sonrisa petulante—Si quieres, pregúntaselo tú mismo, si es que te dignas a venir a cenar de una buena vez. ¡Es navidad! ¿Dónde se supone que estás metido?—le reprochó cruzándose de brazos—Más te vale que no estés como una chica, como dice Sirius.

La cara de culpabilidad de su hermano fue tan obvia que Ginny soltó un bufido.

—¡No me lo puedo creer! ¡Cuando te agarre te convertiré en un chihuahua desdentado! —le amenazó.

—¿Puedes dejar de gritar cinco minutos? —gruñó Ron—No es lo que crees ¿podrías tener un poco de fe en tu hermano, no crees?

Ginny iba a replicarle, pero el muchacho la ignoró, posando su mirada en Harry, el cual continuaba allí plantado sin saber muy bien qué debía hacer mientras los dos pelirrojos discutían.

—Necesito hablar contigo, Potter.

Harry miró a Ginny automáticamente, mientras esta se ponía roja. No podía evitar sonreír orgulloso al ver que a pesar de estar enojada, ninguna lámpara de la sala había estallado, ni siquiera parpadeado.

—Ronald, no comiences con tus tonterías—le advirtió Ginny.—Harry y yo estamos muy bien juntos. Si a ti eso no te parece, ve y busca a alguien que le interese tu opinión.

Ron rodó los ojos. Era su culpa que ella estuviera tan a la defensiva. Siempre se había comportado de forma muy sobreprotectora con su hermana. Tal vez había sido demasiado exagerado.

—No te creas el centro del universo, enana.— Bufó —Esto no tiene nada que ver con ustedes dos.

Ginny frunció el ceño sin creérselo del todo. Por su lado Harry se situó en cuclillas frente a la chimenea, curioso.

—¿Es algo sobre Calixto? ¿Ha intentado contactar contigo?

Astoria había dicho que tenía un ojo puesto en su futuro inmediato. Pero tal vez Calixto se había presentado ante él, no como una amenaza, sino como un hábil negociante, dispuesto a intentar corromper a Ron para que entregara a su hermana.

El pelirrojo de la chimenea negó con la cabeza.

—Necesito que vengas a mi casa—le pidió.

Harry y Ginny volvieron a intercambiar una mirada rápida. Aquello sonaba raro.

—¿Para qué?

—Es complicado de explicar…. Es sobre Hermione.

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Ron se incorporó, sacando la cabeza de la chimenea. Movió los músculos de sus hombros para liberarse de la rigidez que le provocaba hablar por polvos flu, mientras acostumbraba nuevamente sus ojos a la luz de su pequeña sala. Odiaba aquel método de comunicación, pero no tanto como el ataque de risa que le provocaba a Ginny, cada vez que usaba el teléfono que tan tercamente le habían instalado en su casa.

—Son almas gemelas…

Dio un respingo al escuchar la voz de Hermione desde un rincón. Era la primera vez que abría la boca desde hacía una hora. Su voz estaba ronca y aún un poco temblorosa. Sus ojos, siempre indiferentes, aún estaban hinchados de tanto llorar.

Ron apartó la mirada sólo para darle un poco más de privacidad cuando un par de lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Era como observar un animal herido. Completamente derrotada estaba acurrucada en uno de sus sillones, con uno de sus suéteres viejos y una taza de té en las manos que nunca le había llegado a dar ni un sorbo.

Quería hacer algo para aliviar su tormento, pero no se atrevía ni a acercarse. Tenía miedo de cómo reaccionaría, ella no era la misma que había pasado la noche con él en la oficina. La chica ante él estaba rota.

—¿Por qué dices que son almas gemelas? —le preguntó sólo para poder seguir escuchando su voz y apartar sus pensamientos de su remordimiento.

—Eros, el Dios de los enamorados, se lo dijo hace unos días. —le respondió sin notar la mirada de asombro de Ron — Desde entonces están pegados todo el día…. Es un poco incómodo.

Ron no detectó repulsión en sus palabras. No los estaba juzgando, más bien parecía tenerles un poco de envidia.

La miró por un momento. Quiso estirar la mano y tocarla, decirle que no estaba sola, que él estaba con ella. ¿Pero qué consuelo era ese? Eran desconocidos. Lo que habían compartido no había significado nada, en especial para ella.

Aún así deseaba poder decir algo para ayudarla. Si antes su sensual indiferencia lo atraía, ahora su vulnerabilidad lo impulsaba a querer protegerla. En cualquiera de sus formas, una parte de él necesitaba alzar su mano y acariciar su mejilla…. ¿Que estaba mal en él? Si seguía ese impulso, sólo lograría que le cortara la mano o llorara con más fuerza. No quería ninguna de las dos.

Preparó otra taza de té solo por hacer algo. En ese momento escuchó el inconfundible sonido de las llamas cuando alguien aparecía con la red flu. Suspiró. Lo que fuera a ocurrir, esperaba que no fuera tan malo como Hermione pensaba.

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Definitivamente aquel medio de transporte no iba a ser de su agrado jamás. Mareado y con la sensación que iba a vomitar las galletas de su madre, Harry tardó unos momentos en ubicarse cuando dejó de dar vueltas como un trompo en la chimenea de Ron Weasley.

Lo primero que notó al ponerse las gafas que se había sacado antes de usar la red por recomendación de Ginny, fue lo mal que se veía Hermione. Acurrucada en un sillón tan grande que la hacía ver muchísimo más pequeña de lo que era, parecía una criatura asustada y malherida. Por un segundo le hizo recordar a Cloto en brazos de Draco. Estaba llorando, ni siquiera intentó ocultarlo cuando sus miradas coincidieron. Jamás había visto algo semejante, ni Astoria se había mostrado tan vulnerable

Impulsado por la preocupación intentó acercarse a ella, pero en el acto percibió como tanto Hermione y Ron se tensaban. Harry frunció el ceño. Reaccionaban ante un peligro inminente. Tardó medio minuto en comprender que ese peligro era él.

Dio un paso atrás mientras Ron se posicionaba sutilmente entre ambos guerreros.

Harry no comprendía nada ¿pensaban en él como una amenaza? ¿Para quién? ¿Para Hermione? La idea era ridícula. Los guerreros no podían herirse entre ellos, iba contra las reglas. Además ¿por qué iba a querer lastimar a su compañera de armas?

—¿Qué es lo que está pasando?

—Como ya te dije, es un asunto complicado. —Ron intentaba ser el mediador, pero no entendía porque era eso necesario ¿desde cuándo Hermione necesitaba el apoyo y protección de un hombre?

Harry miró a su colega, buscando las respuestas de todas sus dudas. Ella agachó la cabeza cuando sus miradas volvieron a encontrarse.

—¿Es tu alma, hermana? —le preguntó, usando el griego antiguo que habían aprendido desde la cuna. De pronto creía entenderlo todo. Le había ofrecido su guía a Astoria, pero nunca se había planteado que Hermione también necesitaba ayuda. Si, había intentado hablar con ella el primer día, pero cuando lo mandó a volar, simplemente había dejado de intentarlo. Era más fácil así. Relegar a Hermione a un rincón de sus pensamientos, minimizando sus penas.

Nuevamente llegaba a la misma conclusión: tantos años solo preocupándose por él mismo en el Inframundo, lo habían convertido en un egoísta.

Seguía viéndola como una guerrera sin alma, pero ya no era tal cosa. Tenía un alma y estaba rota.

—Hice cosas terribles...—respondió usando también el griego. Su voz se oía rasposa, como la de quien salía de una fuerte gripe. Se puso de pie, hasta ese momento Harry nunca había reparado en lo pequeña que era en realidad. También notó lo delgado y pálido que se veía su rostro. Alzó una mano para tocarla, pero se detuvo a medio camino cuando notó como la chica se encogía con temor.

—Nada de lo que has hecho es tu culpa, Hermione. —Le aseguró —Eran órdenes que no podías desobedecer. Sé que es difícil dejar atrás todo eso y aceptar que nada es tu culpa. —Verle el rostro bañado en lágrimas le estaba rompiendo el corazón —Pero te prometo que todo mejorará. Astoria me dijo que comienza a olvidar su vida en el inframundo. A ti también te pasará. En unas cuantas semanas solo será un mal recuerdo, algo así como un sueño.

Hermione se apartó agitando la cabeza.

—Ya comencé a olvidar….

—Bien, eso es bueno. —le sonrió, intentando darle un poco de ánimos.

La guerrera lo miró fijamente, antes de echarse a llorar con más fuerza.

—Ey tranquila —Ron intentó acercarse, pero a él también lo rechazó.

—¿Por qué eres amable conmigo? ¿Por qué eres bueno a pesar de todo? ¡Eres odioso! —miró a Harry enojada.

El guerrero frunció el ceño. Hermione actuaba como toda una lunática.

—¿Quieres que te trate mal? —Zeus decía que las mujeres estaban todas locas, y Harry comenzaba a darle un poco la razón. —No lo entiendo. ¿Qué tiene que ver mi amabilidad con tu alma?

—No merezco tu amabilidad, mucho menos tu compasión—se llevó una mano a su cabello enmarañado y comenzó a tirar de él con todas sus fuerzas. Antes de que Harry pudiera hacer algo, Ron la tomó de la muñeca, obligándola a detenerse.

La guerrera se deshizo de su agarre de un empujón especialmente violento, aunque de inmediato parecía arrepentida. Miró al chico avergonzada antes de volver a acercarse a Harry.

—Solo hay un recuerdo en mi cabeza que no pierde su intensidad…no sabía porque hasta esta mañana cuando llegó Draco…

—¿Cuál? —Sin saber porqué, sintió su estómago burbujear. En aquel instante, Hermione hizo algo que nunca había hecho. Alzó su mano y acarició su mejilla. Jamás se habían tocado, no de esa manera. En el entrenamiento había recibido y devuelto infinidad de puñetazos, aquella guerrera era tan dura como los demonios. Así que sintió un escalofrío cuando sus dedos fríos lo rozaron. Era una sensación extraña que fue sustituida rápidamente por algo mucho más conocido pero no menos incómodo.

Su visión se volvió borrosa por un segundo. Si había algo que odiara más que la telepatía como medio de comunicación entre guerreros, era aquello. Hermione estaba abriendo su mente, y con aquel contacto físico, le estaba entregando aquel único recuerdo del cual no podía escapar y le provocaba tantísimo remordimiento.

La inconfundible voz de Hades resonó con aquel toque autoritario y soberbio que tanto lo caracterizaba a la hora de dar órdenes a sus soldados. Le estaba dando instrucciones a Hermione, aún Hermione que apenas contaba con quince perlas negras en su pulsera. El dios hablaba sobre un humano molesto pero inteligente que había encontrado información peligrosa. Un simple humano que se había convertido en una amenaza por estar metiendo las narices donde no lo llamaban. El padre de un guerrero incapaz de aceptar la desaparición de su hijo….

"—Traerlo con vida." — había finalizado su orden y Hermione no titubeó, ella nunca lo hacía, por eso la había elegido a ella para aquel encargo.

Lo siguiente que vio fue un estudio apestado de libros y mapas en sus paredes. Un hombre de cabello negro desordenado leía un grueso libro que descansaba sobre su lustroso escritorio. Solo estaba la luz de una veladora y el resto estaba en penumbras.

El hombre se puso de pie de un salto, alertado por algún sonido que Hermione tuvo el descuido de producir o la simple sensación de ser observado. La encaró desafiante al tiempo que su mano volaba hacia donde descansaba su varita a sólo unos palmos de distancia.

—¿Él te envió? —su voz no daba muestra alguna de sorpresa, mucho menos temor. Alzó su varita, listo para luchar.

La guerrera agitó perezosamente su dedo índice, como quien reprende a un niño desobediente

—Ven por las buenas conmigo, humano. No me obligues a atacarte. —le soltó con una voz monótona que podía helar la sangre, pero el hombre no bajó su varita. — Si hacemos escándalo, ella despertará y tendré que matarla. Mi señor solo te quiere a ti.

James Potter miró hacia la puerta del estudio. Lo único que le quedaba era su esposa, y Hermione sabía que él haría lo que fuera para proteger a la pelirroja que en aquellos momentos dormía plácidamente en la habitación principal.

Dejó la varita sobre el escritorio y tomando un trozo de papel dorado que había por ahí, marcó la página del libro que había estado leyendo….

Cuando la mente de Harry regresó a la pequeña sala de Ron, sentía que iba a vomitar, mientras la imagen de su padre aceptando su destino sin presentar batalla, para así mantener a salvo a su esposa, quedaba grabada en su retina para toda la vida.

Parpadeó. La guerrera estaba de rodillas ante él, llorando en silencio. Dio un paso atrás. Vio a Ron allí parado, mirándolos a los dos por turnos. Tenía la varita en la mano y estaba muy tenso. Fue en ese momento en el que entendió porque lo veía como una amenaza para Hermione desde que puso un pie en su casa. El también sabía, y a pesar de que había llegado a conocer a James, había decidido defender a la chica.

Volvió a mirar a Hermione ante él. Ella ya no era la guerrera sin alma que era inmune a cualquier ataque. Estaba allí con la cabeza agacha mirando sus manos que estrujaba entre sí, haciéndose daño. Aquellas manos, las que habían secuestrado, torturado y asesinado a su padre….

La voz de Hades seguía dando vueltas por su cabeza. "Tráelo con vida." Ya lo sabía, las marcas en la ventana de su estudio era toda la confirmación que había necesitado. Y claro que había sido un Guerrero el que lo había hecho, Hades jamás hubiera puesto un pie en la tierra para hacer algo semejante, jamás se hubiera ensuciado las manos él mismo. Para eso tenía sirvientes.

—Esta mañana vio una fotografía de James que Draco tenía, desde entonces no ha parado de… Bueno, ha estado así todo el día.—La voz de Ron sonaba muy lejana, aunque aún estuviera a un par de metros, sin atreverse a consolar a Hermione.—Te aseguro que lo lamenta…

Harry no apartó sus ojos de la guerrera. ¿De verdad lo lamentaba?

De pronto pensó en la advertencia de Hermione a su padre…. Aquello le había salvado la vida a su madre. "Mi señor solo te quiere a ti."

Recordó la única vez que había ido a por un humano por órdenes de Hades.

En la casa de Katra, ella no había estado sola. Su hermano menor se había quedado dormido en el sillón de la sala, sus padres charlaban en la mesa de la cocina mientras su abuela tejía junto al fuego…. Esos cuatro extraños. Cuatro nombres que intentaba olvidar. El también les había arrebatado a un ser querido.

Hermione permaneció inmóvil cuando Harry se puso de cuclillas para que sus rostros quedaran a la misma altura. Estaba mortalmente pálido y sus ojos brillaban. Pero cuando tomó sus manos, no fue brusco, todo lo contrario. En ese momento se dio cuenta que se había clavado las uñas con tanta fuerza que su mano izquierda estaba sangrando. Harry observó la herida y con su varita la hizo desaparecer.

Alzó la mirada para verlo con más detalle. Su rostro era hermético, como siempre lo había sido en el inframundo. No podía ni imaginar lo que había sido para él vivir en aquel lugar oscuro y frío siendo aún dueño de su alma.

Ella sentía que quería arrancársela con sus propias manos y lanzarla lo más lejos posible. Quería acallar la culpa que la comía por dentro y se avivaba cada vez que Harry se comportaba como lo estaba haciendo en aquel momento, curando su herida y no mostrándose enojado como sabía que debía de estar.

—Lo siento…

—Había una chica en Nueva Delhi, había creado una fórmula muy similar a la ambrosía. Le daba juventud e inmortalidad a quien la bebía.—comenzó hablar Harry en voz tan baja que solo Hermione podía escucharlo— Se llamaba Katra, era muy joven pero fue una de las mentes más brillantes de este siglo. Y creó aquel elixir solo para salvar a su abuela que estaba muy enferma…. Ella era una buena persona, Hermione. Quería mucho a su familia y ellos le querían mucho a ella…. Pero yo se las arrebaté porque Hades me lo ordenó.

Su voz se quebró y Hermione supo que él sabía exactamente cómo se sentía en ese momento.

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Tomándola por sorpresa la abrazo. Sintió como la chica se tensaba entre sus brazos. Jamás se habían abrazado, jamás se habían imaginado siquiera haciéndolo. Aún así, ella también le regresó el abrazo, enterrando su rostro en su pecho. Por un segundo la sintió estremecerse, hasta que al fin la escuchó soltar un suspiro tembloroso. Había dejado de llorar al fin.

Harry sabía lo que le estaba entregando a Hermione en aquel momento. Le estaba dando algo que él había deseado muchísimo. La estaba perdonando. Ella estaba recibiendo el perdón que él hubiera querido recibir de la familia de Katra.

¿Pero qué culpa tenían en realidad? Tanto ella como él no habían tenido una segunda opción. Las órdenes debían ser cumplidas y ellos eran esclavos. Los dioses hacían y deshacían a su antojo, y ellos estaban allí metidos en el medio, sin posibilidad alguna de escapar.

—La culpa es de Hades. Es él quien destruye familias… nosotros solo fuimos sus herramientas.—se apartó lo suficiente para verla a la cara— Si no hubieras sido tú, hubiera mandado a cualquier otro para que mataran a mi padre.

Hermione entrecerró los ojos por un segundo, como si su mente volviera a perderse en sus recuerdos.

—Yo no lo maté.— dijo al fin— Ni siquiera lo torturé. Se suponía que debía hacerlo, pero Hades, a último momento, me ordenó que me fuera y se encargó él mismo….

Harry alzó las cejas sorprendido. Así que al fin el gran dios del inframundo se había ensuciado las manos. Pero ¿Por qué?

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Ginny prefirió no hacer ningún comentario cuando vio a Ron, Harry y Hermione entrar a la cocina. No comentó nada sobre la cara de póker que tenía su hermano, ni mucho menos de la expresión de espanto que puso por un segundo Hermione cuando Lily se puso de pie para estrechar su mano.

Harry le dio una palmadita en la espalda a su colega, infundiendo ánimo.

No, no dijo nada. Ni siquiera cuando Hermione se disculpó por llegar tarde, con la voz gastada de alguien que había estado llorando mucho, muchísimo.

Harry se sentó a su lado sin decir nada. Sabía que algo ocultaba. Sus ojos hacía mucho habían perdido la capacidad de engañarla. Por debajo de la mesa le tomó de la mano, dándole un suave apretón. Lo vio sonreír y con suavidad alzó sus manos entrelazada y le dio un corto beso al dorso de su mano, sin importarle que toda la mesa lo estuviera observando

Nick volvió a contar las bochornosas anécdotas de la infancia de la pelirroja como lo había estado haciendo antes de que llegaran ellos tres. Después de un rato fue como si todo en el universo estuviera bien. Rieron y brindaron hasta por las cosas más absurdas.

El mundo no se iba a terminar esa noche. Los demonios no existían y los dioses eran seres demasiado ajenos a ellos como para ser importantes.

Ginny sintió el pecho calentarse y las mejillas enrojecer gracias al hidromiel que había traído Sirius. Mientras reían, era como un escudo, aún más poderoso que la llama de Hestia, los estuviera protegiendo. En aquella mesa, mientras reían y hasta seguían los villancicos que cantaba a toda voz Nick, Calixto no representaba ninguna amenaza.

Al menos fue así hasta que los invitados comenzaron a tomar sus abrigos para marcharse bien entrada la noche, y Astoria les recordó el peligro que había allí afuera, al tiempo que se ponía entre la puerta principal y Lily.

—Calixto la usará —le advirtió a Harry mostrándole su espejo mágico. —Ahora que sabe que la has dejado entrar en tu vida, sabe que se ha vuelto un buen señuelo.

El guerrero volteó a ver a su madre apenado.

—Lo siento, no era mi intención meterte en esto.

—Con tal de conocerte, no me importa enfrentarme a absolutamente nada. —le dedicó una sonrisa que le quitaba diez años de encima.

—Te quedarás aquí, todos se quedarán aquí al menos hasta que veamos que podamos hacer. —Luna no estaba consultándole a nadie. Era una orden.

Ginny convirtió la sala de estar en un dormitorio lo suficientemente cómodo para su hermano, Sirius y Draco. Mientras, Harry llevó a su madre a la última habitación del pasillo de arriba.

La mujer entró dejando la muda de ropa que le habían prestado sobre la cama de la pequeña pero bien ordenada habitación. Vio a Harry tomar una mochila que descansaba a un lado de la cómoda y se la colgaba al hombro. No pudo evitar mirarlo interrogante.

—Son mis cosas, esta era mi habitación antes.—le explicó, mientras se agradecía a sí mismo nunca haber desempacado.

—¿Entonces dónde dormirás tú?

Se ruborizó un poco antes de responder.

—En la habitación de Ginny.

—¿Para así cuidarla mejor? —había comenzado a sonreír de forma juguetona, haciendo que su hijo volviera a verla mucho más joven

—Se que no es muy profesional—. Se defendió con más agresividad de la que hubiera planeado— Soy un guerrero de Hades y mi misión es protegerla. Sé que no debería involucrarme de la forma que lo hago, pero no me importa. Eros dice que esto es real, que somos almas gemelas. Así que si muero enfrentando a Calixto, al menos lo haré sabiendo que pasé mis últimos días con ella, y te aseguro que no me arrepentiré de nada.

Lily agitó la cabeza divertida antes de acercarse lo suficiente a su hijo como para alzar la mano y acariciar su cabello desordenado.

—Te pareces tanto a tu padre. Él también amaba con esa fuerza y pasión. Cuando éramos jóvenes yo siempre lo rechazaba cuando me invitaba a salir, pero él nunca se rindió. Decía que éramos almas gemelas, que habíamos nacido para estar juntos.— Sus ojos brillaron —Me alegro que tengas algo así de especial con Ginny, ella es una buena chica.

Harry regresó a la habitación de Ginny, la cual ahora también era suya, con la idea de sus padres siendo jóvenes, en la dulce etapa del principio de la relación. Podía imaginarlos como los protagonistas de una de esas películas románticas ochenteras que tanto amaba Perséfone.

Sintió el corazón en un puño al pensar en su padre. ¿Qué mal había hecho para merecer el final que había tenido? El mismísimo Hades le había dado muerte. Aquello era mucho peor de lo que hubiera pensado en la mañana cuando encontró el libro de mitos en el viejo despacho.

Se había aferrado al consuelo de que su madre algún día volvería a ver a su esposo. Que su separación terminaría y volverían a ser felices en su propio rinconcito de los campos elíseos…. Pero eso ya no era una posibilidad. Cuando un dios mataba a un humano, no sólo destruía su cuerpo físico, sino que también destruía su alma.

Lily y James no volverían a verse, porque él ya no existía en ninguna otra forma.

Deseó destruir algo, lo que fuera, aunque supiera que aquello no le presentaría ningún consuelo. Era todo tan injusto. James sólo lo había amado, ese era su único pecado. Amar demasiado a su único hijo.

"¿Por qué?" Miró el techo sobre su cabeza. "¿Por qué, Moiras? ¿Que había llevado a Hades a hacer algo tan nefasto?"

Entró a su habitación sin ni siquiera darse cuenta. Podía escuchar la voz de Ginny, que desde su pequeño tocador le hablaba mientras se quitaba el maquillaje que había estado usando. Pero no le escuchaba. Su mente estaba en el Inframundo, preguntándose si a la mañana Hades había matado a su padre y luego había ido a entrenarlo por la tarde. ¿Había sabido que había matado al padre de su mejor soldado? ¿O sólo había sido otro molesto humano sin importancia?...

—Ya veo. ¿Así que Hermione fue quien vino a buscar a James?

Harry se sorprendió de encontrar de pronto a Ginny parada ante él, mirándolo con el ceño fruncido.

—Prometiste que no volverías a meterte en mi cabeza.—le recordó, rodando los ojos.

—También prometí dejar la cafeína y aquí me tienes, sin ser capaz de socializar adecuadamente sin mis dos tazas de la mañana.—respondió con desfachatez, sonriendo de esa manera que hacía que al guerrero le fuera imposible enojarse con ella. —No te cierres, Harry —añadió en un tono más serio pero a la vez suave. —No tienes porque cargar todo tú solo. Yo estoy aquí, para lo que sea.

El muchacho cerró los ojos cuando Ginny acarició su rostro, pasando sus dedos por su mejilla hasta acabar con el cabello que había detrás de su oreja derecha. Podía sentir el calor de su piel tan cerca de la suya.

—Hades mató el mismo a mi padre—susurró —No puedo parar de preguntarme por qué. ¿Que tenía de especial James para que le hiciera eso?

—Harry. —Abrió los ojos al escuchar el miedo en su voz. Ginny lo miraba con preocupación —Prométeme que no harás nada estúpido.

Sonrió al escuchar esa tan específica petición. Como respuesta, besó sus labios, luego su cuello y fue bajando mientras comenzaba a desvestirla con manos que se habían vuelto ágiles con la práctica.

—Harry… —Protestó sin mucha convicción.

—Te necesito, amor. Te necesito más que nunca. —Y era verdad. Esa noche necesitaba el consuelo de sus caricias más que nunca antes.

Ginny asintió, comprendiéndolo sin necesidad de explicaciones. Tomó su mano y tiró de él hacia la cama, sin pasar por alto que Harry no le había prometido que no haría estupideces.

Ginny llevaba un buen rato profundamente dormida, cuando Harry salió de la cama con el mayor cuidado para no despertarla.

Se vistió en silencio, poniéndose por primera vez desde que había llegado a la tierra, su uniforme de combate. Por suerte hace décadas habían dejado de usar armaduras como las que usaban los antiguos espartanos. Ahora su indumentaria se asemejaba a la de cualquier ejército moderno, aunque era totalmente negra en lugar de camuflaje.

Se miró por un segundo en el espejo del rincón. Era su uniforme, echó a la medida para él, pero aún así se sentía extraño. Como quien se disfraza para interpretar un papel. Un papel que conocía muy bien.

Le dio un beso de despedida a su pelirroja que seguía dormida y salió de la habitación.

Había recorrido el pasillo y bajado las escaleras sin ser descubierto cuando se llevó una sorpresa al llegar a la cocina cuyas luces estaban apagadas.

En la penumbra, se encontró con Hermione sentada a la mesa, con una taza de té en las manos. A pesar de la poca luz que se colaba por la ventana, podía verla sonreír mientras alzaba una ceja.

—Ginny le dijo Astoria qué harías algo estúpido —le explicó sin darle muchas vueltas.

—Ni creas que me detendrás.

—No estoy aquí para eso. —se puso de pie, y en ese momento se percató que ella también llevaba su uniforme de combate. —Vamos, general. Tenemos que apurarnos si queremos regresar del Inframundo antes que tu esposa despierte.

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Hola gente hermosa! Aquí les tengo un nuevo capítulo, no quería dejar de subir algo para esta navidad (y que mejor que este, que aun tiene temática navideña) ¿Qué tal les pareció? ¿Les gusto? Tengo que admitir que la parte de la confesión de Hermione me costó muchísimo. Estoy muy emocionada con esta historia, el próximo capítulo será muy importante: solo diré que Harry y Hermione tendrán una aventura muy interesante. Quisiera decirles que lo subiré pronto, pero la verdad será un capitulo muy largo, así que tardare un poco.

Espero que estén bien, y que a pesar de todo puedan disfrutar de unas lindas fiestas.

Muchas gracias por leer.

Feliz Navidad.