No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.

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Isabella estaba de pie al lado de su intacto coche, el cuál había llegado a Des Moines cuatro horas antes que los buses. Edward se paró frente a ella, arrancándole distraídamente un botón de su blusa.

Ella miró por encima de su hombro, negándose a mirarlo. Cada vez que lo hacía, su corazón se estrechaba de angustia.

Isabella odiaba las despedidas. Especialmente las permanentes.

Deslizó una mano en el bolsillo del traje y tocó su tarjeta de presentación con indecisión. Sabía que continuar esto era un error y sólo sería un dolor de cabeza para los dos.

Además, ya habían sufrido en el pasado. Ella sacó la mano vacía de su bolsillo. Era mejor no tener ninguna unión.

Se miraron y hablaron al mismo tiempo.

―Yo…

―Nosotros…

Rieron y sus ojos se encontraron. Edward la abrazó y la besó profundamente, su agarré era fuerte. La garganta de Isabella se resecó. No llores, Isabella. Espera hasta que… Ella se alejó.

―La pasé bien contigo. ― Esperó que sonara impersonal, nada emocional.

―Este no tiene que ser el final. ― Isabella agachó la cabeza y se tragó las lágrimas.

―Sí. Lo es.

―Isabella…

Ella lo besó en la mejilla y se dio vuelta para abrir la puerta del coche. Estaba con seguro. Luchó con la agarradora por un momento antes de darse cuenta que las llaves estaban en su mano. Edward se acercó y le tomó los hombros con sus manos.

―Isabella…

Ella le quitó el seguro a la puerta con los dedos temblorosos. No llores. No llores. Finalmente la abrió, pero Edward no se alejó. Él la abrazaba por la espalda, rodeándole la cintura con sus brazos y con la barbilla apoyada en su hombro.

―Quédate. ― Susurró. ―Por favor.

―No puedo.

―Entonces dime que puedo volver a verte. ― Ella sacudió la cabeza vigorosamente.

―Adiós, Edward.

Isabella se alejó de él y subió al coche. Su familiaridad la consoló. Cerró la puerta y prendió el motor, obligándose a no mirarlo a través de la ventana. Se marchó, asegurándose que su rostro estuviera fuera de vista antes de que dejara que las lágrimas cayeran por su cara como senderos calientes.

Por el espejo retrovisor, vislumbró a Edward con las manos hacinadas en los bolsillos delanteros de sus jeans mientras se miraba los pies. Él tomó un profundo respiro, miró hacia el coche y luego regresó al bus solo.

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Ay, creo que quedó peor jajaja lo siento… debería subir otro capítulo? Siento feo dejarlas con este cap así jaja

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¡Nos leemos pronto!