Parte 9 Fría como el Hielo

"He fallado."

─¿Uh?

Ami claramente escuchó la voz de Rei dentro de su cabeza. No quería creerlo, Rei había sido derrotada, ¡era imposible! No supo qué contestarle.

─Rei, tú no has sido vencida, aún luchas.

Podía sentir su aura en todo su esplendor, podía sentir su calor en el alma, el mismo confortable calor que le mantuvo viva, cuando niñas eran víctimas del frío y del maltrato. Era ese calor. Cerró los ojos.

~ o ~

─¡Wow, eres increíble, Rei!

─Gracias.

Era la primera vez que Rei hacía su Mándala Ardiente. Haruka y Michiru le miraban con orgullo, Ami con admiración. La pequeña Rei lucía satisfecha consigo misma.

─Eres muy fuerte ─le dijo Ami, aún maravillada─. Quiero ser tan fuerte como tú.

Rei le sonrió, un poco sonrojada.

─Algún día, Ami, también podrás hacer cosas como esas ─le dijo Haruka, acariciándole el cabello.

─¿Podré sacar fuego?

─No. Tu naturaleza es distinta, quizá no sea fuego, pero sí algo tan poderoso como él.

─¿Usted cree, Amo?

─No lo creo, puedo asegurarlo.

Ami sonrió y siguió felicitando a Rei.

~ o ~

─Tu siempre has sido más fuerte que yo, Rei, por eso no te han vencido ─pensó Ami, para después hacer una conexión mental con ella.

"Rei."

"Ami."

"Déjamelas a mí, yo las venceré."

"Acaba con todas."

"¿Quién fue?"

"Minako Aino. Usó una técnica llamada Rayo Creciente."

"Um, estoy segura que ella ya no podrá moverse en este momento."

"No peleará por un buen rato."

"Yo me encargaré de todo, Rei."

"Gracias."

Cortaron la comunicación. Ami contempló el santuario a su alrededor y sonrió para sí misma. Estaba en su elemento, nadie podría vencerla.

~ o ~

─Supongo que ya sabrán que su siguiente adversaria es Ami ─dijo Michiru─. ¿Quién peleará ahora?

Se miraron entre sí. Makoto llevaba a Minako en su espalda, la pobre ya no podía moverse, apenas resentía los efectos de los ataques de Rei y estaba sin fuerzas. Era verdad, Rei por poco y la vencía, fue increíble como adversaria.

─Yo pelearé ─dijo Hotaru, empuñando su guadaña─. Ami me debe un duelo.

─No, yo lo haré ─le interrumpió Setsuna─. Tú y Kino deben de estar intactas para poder enfrentar a Tenou. Incluso la niñita debe descansar.

─¿Niñita? ─Minako alcanzó a quejarse pese a su lamentable estado físico.

Michiru sonrió. Qué ingenuas, pensar que podrían llegar a Haruka. Con Rei tuvieron suerte, pero Ami era muy, muy diferente. A ella no la vencerían ni en sus mejores sueños. No a la Ami a la que le inculcó el arte de la pelea inteligente.

~ o ~

─No... No... Ya no... ¡Ya no puedo!

Ami salió de la cascada y se tiró en la orilla del río. Había estado varios minutos sentada bajo la helada cascada, pero su espalda ya no soportó la presión del agua, que le golpeaba con fuerza, sin contar que la temperatura era tan baja que le dolía la piel. Tenía demasiado frío, se estaba congelando.

─Ami, ¿qué te pasa? ¿Porqué te rindes así?

─Señorita Michiru, yo no soy tan fuerte como Rei. No soy fuerte, nunca podré serlo.

Michiru le acarició la cabeza y le sonrió.

─Ami, la fuerza no sólo está en el cuerpo, ¿entiendes?

─¿Uh?

─Tu fuerza está en tu mente, eres muy inteligente, debes usar ese don para pelear, ¿entiendes?

─¿Cómo?

─Fácil. También eres muy rápida y puedo ver que tu elemento es el agua, ¿a ti qué se te ocurre?

Ami se quedó pensando un poco mientras Michiru le miraba con paciencia.

─No intentes ser como Rei, sus naturalezas son distintas y, por lo tanto, también su forma de pelear.

No respondió. Michiru le palmeó el hombro con suavidad. Siempre había sentido más predilección por Ami, mientras que la favorita de Haruka era Rei.

─Vuelve a la cascada, si el Amo ve que no estás entrenando, se va a molestar.

Asintió con la cabeza y regresó al agua. Su mente trataba de acomodar y entender lo que le dijo Michiru.

~ o ~

La chica aguamarina les llevó hasta una puerta hecha de hielo. El frío en el lugar era impresionante, sin contar los centenares de charcas que adornaban el suelo de la cueva. Bajo la puerta pudieron ver que una niebla helada se escapaba. Conocían esa niebla.

─Meiou, ten mucho cuidado, Ami es muy rápida y puede cubrirse con esa niebla.

─No te preocupes, Kino, sabré arreglármelas con ella.

Michiru empujó la puerta y más niebla salió de ahí. La sorpresa de las retadoras fue inmensa al encontrarse en un santuario hecho de hielo. Las paredes, los pilares, el techo... El piso era un fino espejo de agua fría que les cubría hasta los tobillos. Entre todos esos destellos azules y blancos distinguieron la presencia de Ami, cuyo cuerpo era rodeado por un poco de aquella niebla helada.

─Setsuna Meiou, ahí está su rival: Ami ─anunció formalmente Michiru.

Ami se acercó un poco, hasta quedar en medio del salón. Setsuna le miró, se notaba fuera de sí y se dirigió a ella. Sacudió la cabeza para recuperar el control.

─Es un gusto verlas ─dijo Ami con su suave y dulce voz─, espero que estén listas para pelear.

─Lo estoy ─respondió Setsuna, seria.

─Me alegra, comenzaremos cuando usted quiera, Capitana Meiou.

Setsuna le tomó la palabra y, concentrando su aura de color obscuro en sus manos, apareció el Orbe de Gránate; una legendaria arma capaz de canalizar la energía de su dueño y enviarla a su adversario en una espesa esfera explosiva. Ami se limitó a sonreír, el asunto le pareció muy interesante.

─¡Aquí voy! ─gritó Setsuna, corriendo hacía Ami y girando hábilmente el largo cetro entre sus manos.

Quedó cara a cara con la discípula de Tenou y le mandó varios golpes con su arma, pero Ami mantuvo su sonrisa y esquivó todos los ataques de Setsuna con increíble facilidad, dejándola sorprendida y molesta. La joven capitana no perdió el tiempo y siguió atacándola, pero Ami siguió evitándola y, con un veloz salto, quedó de pie en la punta del orbe. Setsuna estaba sin habla.

Makoto, Minako y Hotaru no podían ocultar su impresión. Esa no era la Ami con la que se encontraron en los bosques de Venus. Había algo en ella que lucía diferente, ¿qué era?

Setsuna trató de tranquilizarse y giró el orbe a manera de que, cuando Ami cayera, pudiera golpearla con el otro extremo de su arma.

Sólo la mitad de su plan se cumplió.

Antes de hacer contacto con su rival, ésta desapareció ante los asombrados ojos de Setsuna.

─¡Meiou, cuidado, está detrás de ti! ─gritó Makoto, aterrada.

A Setsuna sólo le dio tiempo de voltear a ver a Ami por encima de su hombro.

─¡Ilusión Acuática!

Un chorro de agua que salió directo de las manos de Ami la bañó por completo, congelándola al instante. Pero no estaba dentro de un cubo de hielo, toda ella era una estatua de cristalino hielo.

─¡Meiou!

─¡Setsuna!

Michiru sonrió, satisfecha, y miró de reojo a las retadoras restantes. Todas estaban aterradas, contando a Kino. Ami permanecía tranquila, contemplando con un gesto extraño su obra.

─¿Quién sigue? ─preguntó Michiru a trío.

─Regreso en un minuto ─dijo Ami, saliendo por una puerta alterna─, mientras, pueden planear algo si lo desean.

La joven aguamarina quedó un poco extrañada, pero pronto adivinó lo que pasaba por la brillante mente de Ami.

─La única manera de que Setsuna Meiou regrese a la normalidad es venciendo a Ami ─explicó Michiru.

─Déjame a mi, Kino, podré con ella.

─Hotaru, mejor lo hago yo, ella es muy rápida.

─No discutan ─intervino Minako─. Makoto, deja que Tomoe la canse, después tú podrás derrotarla. Me encantaría ayudarles, pero aún no me recupero.

─Mejor hazle caso, Kino. Puedo cansarla, y si me congela, tú terminarás la pelea.

─De acuerdo.

~ o ~

─¿Puedo saber porqué no estás peleando con Kino y compañía?

─Amo, yo... Yo las derrotaré a todas, lo juro. Pero...

Haruka arqueó una ceja y miró a Ami, que seguía de rodillas y con el rostro bajo. No tardó en comprender sus deseos.

─Si todas quedan como estatuas de hielo, perdonaré la vida de Rei, de lo contrario, te mataré a ti antes que a ella, ¿de acuerdo?

Ami le miró sonriente y asintió.

─Sí, Amo, déjemelo a mi.

─Ahora vete, deben estar esperándote.

La chica se retiró de inmediato. Haruka se limitó a sonreír con malicia. Por Rei, Ami era capaz de hacer cualquier cosa. Seguía siendo muy inocente a su manera.

─Pero eso no te quita lo letal, mi pequeña Ami. Acaba con todas.

~ o ~

─Ya llegó ─advirtió Michiru al sentir la presencia de la joven.

Las tres miraron a Ami, que se situó de nuevo al lado de la estatua de Setsuna. Sus ojos brillaban de forma extraña.

─Yo lucharé contigo, la última vez dejamos nuestra pelea pendiente.

─Estoy de acuerdo. Cuando quieras, Tomoe.

La primera en atacar fue Hotaru, con el filo de su guadaña por delante. De nuevo, Ami la esquivó. Hotaru no perdió ni un segundo y siguió atacándola, pero Ami era muy rápida.

─Acabaré con todas ─le susurró al oído, al momento de aparecer a las espaldas de la joven de ojos violeta.

Hotaru quedó helada de terror, no se dio cuenta en qué momento se movió.

─¡Ilusión Acuática!

Por escasos milímetros, Hotaru se salvó de quedar como estatua de hielo.

─Un golpe de suerte ─murmuró Ami, mirando el pálido rostro de Hotaru─, lástima que sólo sea uno, ¿verdad?

Hotaru apretó los dientes en señal de frustración y empuñó su guadaña con fuerza. Si no se cuidaba quedaría igual que Setsuna. De pronto, ocurrió lo que no quería que pasara. La niebla comenzó a ascender a la señal de Ami, cubriendo toda el área. Ahora menos podría verla.

─¡Ilusión Acuática!

Hotaru estaba paralizada, hasta que escuchó la voz de Makoto.

─¡Viene por la izquierda, muévete!

Obedeció de inmediato. Sólo vio cómo el chorro de agua le pasó por encima.

─¡Cuidado, viene por el otro lado!

Volvió a moverse y sólo vio la mano de su adversaria sosteniendo su daga. Otro poco y le atravesaba el abdomen. Estaba aterrada, desorientada y lo único que deseaba era volver a escuchar la voz de Makoto. No sabía cómo contraatacar a Ami, era muy rápida. Aún le quedaba un ataque, pero era demasiado peligroso incluso para ella, una verdadera arma de dos filos.

De pronto, con un movimiento demasiado veloz como para que Makoto lo percatara, Ami quedó a espaldas de Hotaru y le rodeó suavemente la cintura.

─Quedarás igual que tu amiga ─le susurró al oído.

La joven de ojos violeta quedó en shock.

─Ilusión...

¡No, Ami ni siquiera estaba agotada! Kino quedaría agotada (en el caso que pudiera ganar) y Aino aún no se recuperaba. No le quedaba otra opción, derrotaría a Ami sin importar las consecuencias de su letal ataque. El resto dependería de Kino.

─... Acuática.

─¡Revolución de Muerte y Resurrección!

El cuerpo de Hotaru brilló de forma cegadora antes de que el lugar se cimbrara con una impresionante explosión, mezcla de su ataque y el ataque de Ami. Absolutamente nadie se esperaba eso, nadie. El santuario se llenó de polvo y vapor de agua, impidiendo la visibilidad por varios minutos. Cuando todo se aclaró, descubrieron el cuerpo de Hotaru tirado en media sala, sin sentido, Ami ya no estaba y, más allá, pudieron ver que Setsuna ya había recuperado su condición normal.

─No ─murmuró Michiru con horror─. Ami...

─¡Hotaru!

─Vamos, Makoto, ya puedes bajarme. Yo iré por Meiou, tú revisa a Tomoe.

─De acuerdo.

Por suerte, Hotaru seguía viva, pero muy débil. La cargó en su espalda y fue con Minako, que le estaba ayudando a Setsuna a ponerse de pie.

─¿Qué pasó? ─preguntó Setsuna, un poco desorientada.

─Hotaru derrotó a Ami ─respondió Makoto─. Usó un ataque que nunca había visto, fue muy fuerte y se quedó sin energía.

─¿Y tú, niñita, ya estás bien?

─¡No me digas niñita! ¡Y sí, ya estoy mejor, gracias!

Michiru seguía de una pieza, con gesto incrédulo. Ami no se veía por ningún lado. ¿Acaso ese ataque destrozó su cuerpo?

─Mi Haruka, a ti no podrán tocarte ni un cabello. No te derrotarán, mi Rey del Cielo.

Recuperó la compostura y se acercó al grupo de retadoras.

─Continuemos, el Amo Tenou les espera.

Se miraron entre sí. Michiru lucía un gesto frío e indiferente.

─Meiou, ¿puedes moverte? ─le preguntó Makoto.

─Un poco, mi cuerpo aún está muy frío.

─Yo te ayudaré.

─Como quieras, niñita.

─¡Que no me digas así!

Hotaru seguiría desmayada otro rato más. Ese ataque pudo costarle la vida. De Ami no había rastro alguno en ese desastre, ni siquiera su energía. Caminaron tras de Michiru en completo silencio, abandonando el frío santuario que había quedado en ruinas.

A los pocos minutos alguien entró al lugar. Era Rei, que llegó casi arrastrándose. Contempló el santuario, triste, y buscó a su compañera con la mirada. No se veía por ningún lado.

─Ami ─murmuró, soltando algunas lágrimas.

"Rei..."

"¿Uh?... ¿Dónde estás?"

"Perdóname, Rei, he fallado."

Continuará...