Naruto Y Hinata en:
EL LENGUAJE DE LAS FLORES
HORTENSIA
Frialdad e Indiferencia
La mansión que Naruto tenía en Londres estaba ubicada en Grosvenor Square y era una muestra más de su opulencia, él pasaba mucho tiempo en esa casa y reflejaba a la perfección su personalidad, mucho más que sus otras propiedades. Las chimeneas eran de un pálido mármol y las mullidas alfombras de colores sutiles con diseños sencillos.
Había gente que la describía como demasiado sobria, aburrida y más intimidante que impactante. Para Naruto eso era todo un cumplido. Una de aquellas mullidas alfombras estaba siendo muy castigada desde que había ido a visitar a Hinata en Russell Square tres días antes. No dejaba de pasearse de arriba abajo por delante de la chimenea de su estudio. Cada hora que pasaba estaba más impaciente.
Cuando visitó la casa de los Sarutobi no tenía ninguna duda de que Hinata le contestaría. Un juego en el que utilizar el lenguaje de las flores, un lenguaje por el que ella había mostrado mucho interés. Por fuerza tenía que estar intrigada, pero aún no había recibido ninguna respuesta a su desafío. A ella le gustaba jugar tanto como a él.
El primer día después de su visita a Russell Square había seguido con su rutina, seguro de que cuando llegara a casa encontraría allí su respuesta, pero no recibió nada. Al final del segundo día, aún no tenía ninguna respuesta, y empezó a preocuparle que ella no respondiera a su desafío.
A las nueve de la noche del tercer día, su confianza y su preocupación fueron sustituidas por un profundo y oscuro sentimiento de incertidumbre. Ésa era una emoción nueva para él y no le gustaba especialmente. Ahora, se paseaba delante del fuego, deseando con todas sus fuerzas que el hecho de que ella no respondiera no significara que no tenía intención de hacerlo, y empezó a pensar en una nueva táctica. Tenía que encontrar el modo de convencerla de que casarse con él era la única opción posible. Él había creído que con el juego de las flores, con su declaración previa de que iba a ganar, sería suficiente para lograr que ella contestara, pero si no lo hacía tenía que encontrar otro modo. De ninguna manera iba a abandonar.
La puerta del estudio se abrió y Naruto se detuvo cuando entró Quimby, su mayordomo en Londres.
─Suigetsu Hõzuki está aquí, señoría ─le informó Quimby.
El mayordomo se apartó de la puerta para dejar paso al compositor. Suigetsu era una de las pocas personas que no tenían que pedir cita previa para visitar al duque. Él siempre era bien recibido.
─Uzumaki, he venido a suplicarte que vengas conmigo ─dijo sin preliminares─. Ya no puedo soportar a ninguna otra diva petulante más.
─¿Problemas con tu nueva ópera? ─preguntó Naruto, pero con la cabeza en otra parte. No podía dejar de pensar en todo lo que había dicho aquella nefasta noche hablando con Ino. Tenía que encontrar el modo de convencer a Hinata de que ya no la veía de ese modo. Ahora veía a aquella mujer bajo la lluvia. Veía su preciosa cara que siempre intentaba esconder sus sentimientos, hasta que un día explotaba entre risas o enfadada, y ese enfado solía dirigirse a él. La veía con aquel horrible delantal mirando el fresco erótico y luego mirándolo a él con aquella mezcla de seducción e inocencia.
─No, no tengo problemas con la ópera, querido amigo, tengo problemas con su diva ─le corrigió Suigetsu─.Elena Triandos es una excelente soprano, pero es griega, y las divas griegas son especialmente insoportables.
Cuando me acuerdo de que fui yo quien insistió en darle el papel principal, me... La voz de Suigetsu se perdió en la distancia mientras Naruto giraba sobre sus talones y volvía a pasear por la alfombra, mordiéndose una uña y pensando.
Hinata necesitaba que la cortejara, y parecía que las flores no habían sido suficiente. Ella nunca había tenido oportunidad de disfrutar de los placeres de la vida, y Dios sabía que lo necesitaba. El modo en que su padre la había arrastrado por todo el mundo sin poner nunca a su alcance las comodidades de la civilización le disgustaba profundamente. Hinata merecía algo más aparte de los jabones perfumados, los bombones y el vestido rosa que se había comprado. Se merecía todos los lujos que la vida era capaz de ofrecer, y él podía dárselos. Se juró que, si tenía oportunidad, la colmaría de todo tipo de regalos. Lo único que necesitaba era una respuesta.
«¿Y si me manda una indiferente nota en la que educadamente me dice que me rechaza? Eso sería mucho peor que si no me mandara nada.»
Sentía cómo la duda lo estaba carcomiendo con cada minuto que pasaba sin tener noticias de ella. ¿Qué ocurriría si nada de lo que él pudiera hacer o decir fuera suficiente? Negó con la cabeza. No, eso él no podía aceptarlo. No podía creerlo. Lo único que tenía que hacer era encontrar la respuesta adecuada, las palabras justas que decirle. No, no iba a rendirse.
─¿Qué es lo que te tiene tan alterado que no puedes dejar de pasearte con esas ansias? ─preguntó Suigetsu mirándole─. ¿Algún problema político en la Cámara? ¿Algún problema en el museo? Si es así, tiene que ser muy grave, nunca te había visto tan preocupado.
Naruto miró distraído a su amigo, pero no contestó. Lo que tenía que hacer era lograr estar a solas con ella. Eso podría hacerla cambiar de opinión. Cuando visitó a Hyuga, le contó cuáles eran sus intenciones. Estaba seguro de que a Hinata no le había gustado pero se había visto obligado a hacerlo. Sabía que si la sociedad no la veía como a uno de ellos no la aceptarían, y ella sería la víctima perfecta de aquellas lenguas viperinas. Por muy discretos que fueran los Sarutobi, no se podría mantener en secreto que la estaba cortejando.
Naruto temblaba sólo de pensar que pudieran decir que era una oportunista que lo único que quería era atrapar a un duque. Ya que dentro de poco todo el mundo creería que estaban prometidos, quizá pudiera estar a solas con ella. Poder besarla, tocarla, decirle lo preciosa que era por dentro y por fuera.
─¡Maldita sea, Uzumaki! Si das un paso más sin decirme lo que te pasa te juro que te doy una paliza.
Naruto no tuvo oportunidad de responder, porque en ese momento Stephens, uno de sus sirvientes, apareció en la puerta con una caja de madera en las manos.
─Es de DeCharteres, señoría ─le informó el lacayo─. El señor Quimby me dijo que ya que usted había estado preguntando si había llegado algo se lo subiera enseguida.
El alivio se apoderó de todo el cuerpo de Naruto. De repente sintió tal tranquilidad que tuvo que cerrar los ojos y tomar aire. «Ya era hora.» Abrió los ojos y le indicó al sirviente que entrara en la habitación y dejara la caja encima de su escritorio.
Cuando salió, Naruto se acercó a la mesa y la observó. No le importaba lo que le hubiera mandado, el hecho de que le hubiera mandado algo ya le daba esperanzas.
─¿DeCharteres? ─Suigetsu se acercó al escritorio, intrigado, pero sin entender aún nada─. ¿La mejor floristería de Londres manda ahora huevos a la nobleza? ¿O quizá entre tanta paja hay escondida una delicada papaya para tu famoso invernadero?.
Naruto estaba demasiado ocupado sacando manojos de paja como para contestarle. Quería ver qué le había mandado. Finalmente descubrió una maceta envuelta en papel. Cuando la sacó, vio que tenía un aspecto lamentable. Sus hojas estaban secas y rotas y la tierra seca. Se dio cuenta de que el sencillo tiesto que la contenía estaba totalmente congelado y Naruto empezó a reírse.
Su amigo miró la patética planta y levantó una ceja. ─¿Qué demonios es esto?
─Un regalo de una joven dama ─ contestó él entre risas. Una planta helada. No había ninguna nota, pero no hacía falta. Muy propio de Hinata pensar en algo ingenioso y que diera justo en el clavo.
─Está muerta. ─Suigetsu señaló lo que era obvio mirando el aspecto que ofrecían las negras hojas─. Y además está congelada. ─Miró sorprendido a Naruto─. ¿Esto es un regalo de una dama y tú lo encuentras divertido?
─Sí, mucho ─contestó Naruto sonriendo mientras acercaba aquella planta tan fea a la chimenea. La colocó en el centro de la mesa─. Pero lo que es más importante: es un hecho alentador. ─Miró por encima del hombro a su amigo y añadió─: Ya que estás vestido para la ocasión y me has suplicado que te distraiga de tus excéntricas divas, puedes acompañarme.
─Claro, pero ¿adónde vamos?
─A Haydon Rooms.
Ahora fue el turno de reírse de Suigetsu. ─Estás de broma. Las Haydon Rooms son demasiado mundanas para ti, ¿no crees? Estará repleto de chicas decentes buscando posibles prometidos. ¿Qué hombre medianamente inteligente quiere conocer a una chica que piensa en el matrimonio?
Naruto se dio la vuelta para mirar a su amigo. ─Vamos a ver a mi duquesa.
─Lady Shion no pondría nunca uno de sus delicados pies en un sitio como ése. Antes se muere. Y tampoco creo que ella haya sido capaz de enviarte una planta muerta. ─Se interrumpió y estudió a su amigo durante un momento ─. Has cambiado de idea. Has escogido a otra. Dime que sí, te lo ruego.
─Sí, así es.
─Estoy oyendo cómo cantan los ángeles, Uzumaki. No estarás tomándome el pelo, ¿no? De cualquier modo, estoy tan aliviado que no me importa. Así qué, ¿quién es tu nueva elección? ¿Qué tipo de futura duquesa acude a un baile en las Haydon Rooms y te manda una planta muerta? ¿No será una chica del campo?
─Más o menos, pero sería más preciso decir que es una chica de mundo.
─Me tienes intrigado.
─Lo sé ─respondió Naruto caminando hacia la puerta con su amigo pisándole los talones. Estaba convencido de que así sería.
Hinata pensaba que la primera vez que asistiera a un baile en Londres se pasaría el rato sentada mirando cómo la gente bailaba, pero le sorprendió ver que se equivocaba, y que le solicitaban bailes en varias ocasiones. Ninguna de sus parejas podía compararse con el hombre que le había enseñado a bailar, pero ella no podía evitar hacerlo.
─¿Cuánto tiempo va a quedarse en Londres, señorita Hyuga? ─le preguntó sir Toneri Otsutsuki mientras participaban en una cuadrilla─. ¿Ha visitado ya algún museo?
─Sí, claro ─respondió ella intentando concentrarse en su pareja y no en la puerta de las Haydon Rooms. Una planta helada simbolizaba el rechazo de unos avances, pero no sabía si Naruto iba a aceptar su respuesta. Temía que apareciera por allí en cualquier momento.
─Siendo hija de quien es, seguro que encontrará fascinantes los museos de Londres. ─Sir Toneri continuaba hablando, y ella volvió a intentar concentrarse en lo que decía tratando de no bostezar. Su pareja era bastante agradable, pero no la motivaba en absoluto. Era el tipo de hombre que no le partiría el corazón con sólo mirarla, y que era incapaz de llegar a su alma con sólo tocarla. Debería alegrarse de ello.
La música se paró de golpe, y todo el mundo dejó de bailar. Su pareja tenía la mirada fija en algún punto por encima de su hombro y Hinata se dio la vuelta.
A pesar de no llevar las gafas, no las necesitó para saber quién acababa de entrar. Todos los murmullos se fueron acallando y la habitación quedó en completo silencio. Incluso aquellos que no lo conocían podían distinguir que se trataba de un miembro de la nobleza. La gente empezó a inclinarse y a hacer reverencias delante de él como sauces meciéndose al viento.
Aunque aún no podía verlo bien, Hinata, notaba que él la estaba mirando. Distinguía lo bastante como para darse cuenta de que había empezado a caminar hacia ella, pero que se había detenido de repente.
Otro hombre seguía a Naruto y se paró a su lado. Un hombre vestido todo de negro a excepción de la camisa blanca. Había tal silencio que todo el mundo pudo oír lo que decía.
─En serio, Uzumaki ─se quejó─, basta con que tú llegues para que se acabe la diversión. ─Con un gesto de aburrimiento continuó─. Están todos parados. Vamos, haz eso que hacen los duques y diles que pueden continuar. Si no lo haces, no vamos a poder bailar con ninguna de las damas aquí presentes.
─Eso sería una pena ─contestó Naruto, y ella notó cómo él seguía mirándola─. Me he aficionado mucho a bailar últimamente. Él dejó de mirarla un instante para saludar a la gente allí reunida. ─Pueden continuar.
La música volvió a sonar y su acompañante siguió bailando con ella.
─El duque de Konohagakure ─dijo sir Toneri en uno de sus encuentros─. Nuestra pequeña reunión no puede tener ningún interés para él. Me pregunto qué hace aquí.
─No me lo puedo ni imaginar ─ mintió ella cuando volvieron a separarse.
Hinata siguió bailando con sir Toneri, y se mantuvo todo el rato concentrada en los pasos, pero cuando la música finalizó, vio que Naruto y su amigo estaban con los Sarutobi. No podía escapar de él.
─Señorita Hyuga ─dijo él al saludarla─, es un placer volver a verla. Permítame que le presente a este caballero. ─Señaló al hombre que estaba a su lado─. Éste es Suigetus Hõzuki, mi más querido y viejo amigo.
Hõzuki, ella es la señorita Hyuga. Quizá haya oído a hablar de Suigetsu, señorita Hyuga, es uno de los mejores compositores de Inglaterra.
─Exageras mi talento, Uzumaki. ─ El hombre de negro le hizo una reverencia─. Tengo entendido que es una gran viajera, y que ha estado en un montón de lugares exóticos, señorita Hyuga. Sir Naruto me ha contado sus aventuras en el desierto con su famoso padre. ¿De verdad ha montado en camello?
─Muchas veces ─contestó ella evitando mirar a Naruto─. Pero no hay nada exótico en ello. Un día a camello, y uno es dolorosamente consciente de todos los músculos que tiene en el cuerpo. Es tan poco romántico como que te arranquen un diente.
Todo el mundo se rió, incluso Naruto, pero cuando los músicos volvieron a tocar, su expresión se volvió seria. ─Me encantaría saber más sobre camellos, señorita Hyuga. Si no tiene otro compromiso, ¿me concedería el honor de bailar conmigo? ─dijo Naruto.
─Yo no creo... ─se interrumpió, consciente de que todo el mundo la estaba mirando, y supo que no podía decir que no. Si le rechazaba lo ofendería públicamente ante toda aquella gente.
Por supuesto, señor ─murmuró ella mientras él le ofrecía el brazo─. Será un honor.
Hinata se cogió de él y le permitió guiarla hasta la pista de baile. Sentía cómo todo el mundo los miraba mientras Naruto le pasaba la mano por la cintura y levantaba la otra. Estaba segura de que tropezaría, así que miró al suelo.
─Mírame a mí, Hinata. No al suelo.
Ella se decantó por un punto intermedio. Fijó la vista en su corbata e intentó no pensar en que todo el mundo los estaba mirando. Pero su miedo a hacer el ridículo desapareció cuando empezaron a sonar las primeras notas del vals, pues su cuerpo se acordaba de todas las veces que habían bailado juntos, y le siguió con soltura.
─Me alegra tener finalmente la oportunidad de verte con el vestido rosa ─dijo él cuando empezaron a bailar─.Me acuerdo de lo contenta que estabas el día que te lo compraste.
Sorprendida, Hinata lo miró directamente a los ojos. ─¿Te acuerdas de eso?
─Claro. ─Había algo en sus ojos, algo intenso y apasionado─. Me acuerdo de todo.
Ella podía sentir cómo temblaba por dentro. Tenía miedo. Tenía miedo de ser su pasión de hoy pero no la de mañana, miedo de lo mucho que le dolería si volvía a confiar en él y se equivocaba.
─Estás preciosa ─dijo él─, el rosa te sienta muy bien.
─No hagas eso ─le ordenó con la voz controlada─. No me halagues, por favor.
─Muy bien. Cambiaré de tema y te diré lo mucho que me ha gustado tu regalo. Lo he recibido hace un rato, y debo confesarte que nunca en mi vida me había sentido tan aliviado al recibir algo. Él ni siquiera parpadeó cuando ella lo miró escéptica, ni cuando suspiró como si no le creyera.
─Te digo la verdad, has sido muy cruel teniéndome en ascuas durante tres días. Estaba empezando a perder la esperanza de recibir respuesta alguna.
─No era mi intención causarte tal inquietud ─comentó ella─. Esa cosa tenía que estar tres días en hielo para que estuviera totalmente muerta.
Él soltó una carcajada y ella vio cómo un montón de gente se volvía a mirarles.
─Shhh ─le riñó─. La gente nos está mirando.
─Ya lo sé ─dijo él sonriendo─.Las palabras no pueden expresar lo feliz que me hizo recibir esa planta muerta y congelada. Es una señal de lo mucho que te importo.
─¿Feliz? ─le atacó ella─. Me siento decepcionada. Esperaba que tus sentimientos tomaran otra dirección, más hacia la tragedia que hacia la alegría.
─Ni mucho menos. Quizá cuando mañana recibas mi respuesta sabrás que vivo pendiente de lograr tu atención y tus favores.
─¡Oh, para ya, Naruto! No me gustas cuando te comportas así.
─¿Así, cómo?
─Todos esos cumplidos y este despliegue de sentimientos. Apesta a insinceridad, y eso no es propio de ti.
─Ya te dije que cuando doy mi opinión soy siempre honesto. No lo habría dicho si no fuera cierto. Pero no te culpo por no creerte mis cumplidos ─añadió antes de que ella pudiera responder─. Después de todo, no he sido muy buen pretendiente, hablando de obligaciones, del honor y del deber cuando debería haber hablado de la pasión, del romance o de lo bonitos que son tus ojos.
─¡Calla ya! Me estás haciendo enfadar.
─¿Tú, Hinata? ¿La mujer que me tiró una espátula a la cabeza? No puedo creérmelo.
─No te la tiré a propósito ─le recordó─. Si lo hubiera hecho, te habría dado.
─No tengo ninguna duda.
Ella volvió a bajar la vista hasta su corbata, apretó los labios y no dijo nada más.
─¿Por qué estás enfadada conmigo, Hinata?
Ella no estaba enfadada. Intentaba endurecerse frente a él, pero la dulzura de su voz la estaba poniendo nerviosa. Lo miró a los ojos, apartó la mirada y volvió a mirarle.
─Fuiste a ver al barón y le dijiste que íbamos a casarnos. ¿Cómo pudiste decir tal cosa si te rechacé claramente?
─Sí, fui a ver a Hyuga. Y no, no le dije que fuéramos a casarnos. Como él es tu pariente más cercano, le dije que tenía intención de casarme contigo, y le pedí permiso para cortejarte honorablemente. Eso es todo.
─Sabías desde el principio que él aceptaría encantado tu solicitud.
─Sí, claro ─admitió el tratando de no sonreír─. Pero ya te confesé hace tiempo cómo aborrezco que me digan que no. Esperaba que en algún momento decidieras pasar por alto mis defectos y que aceptaras casarte conmigo.
─Yo no quiero casarme contigo, ya te lo he dicho. ¿Por qué no puedes aceptarlo?
─Porque no puedo dejar de pensar en ti. En nuestros bailes, en nuestras conversaciones y en la primera vez que te oí reír. No puedo dejar de pensar en nosotros dos, en esa noche en la antika ─dijo él con una voz entrecortada que le llegó al corazón─. Me acuerdo de cómo tu piel estaba fría al principio, de cómo sentía que se calentaba a medida que te acariciaba. Me acuerdo de lo preciosa que estabas con la luz de la luna reflejándose en ti mientras yo te acariciaba los pechos.
─Por favor. ─Se estaba sonrojando delante de toda aquella gente.
─Me acuerdo de cómo repetías mi nombre una y otra vez mientras te tocaba, y de cuánto me gustó oírtelo pronunciar, me acuerdo de cómo llenaste todos mis sentidos hasta que ya no podía ni pensar.
Ella se tragó un sollozo de pena y de furia.─ Eres cruel, Naruto ─le susurró enfadada─. Es cruel decirme todas esas cosas cuando ambos sabemos que lo único que te importa es la determinación de salirte con la tuya.
─Ambos hicimos algo que odiamos hacer, Hinata. Ambos perdimos el control. Yo acepté toda la responsabilidad porque yo sabía lo que estaba haciendo y no fui capaz de detenerme. ¿Y dices que yo soy cruel? Tú ni siquiera me permites reparar el daño que he hecho. Si estoy decidido es sólo porque quiero cuidar de ti. Eres tú quien está siendo cruel, Hinata, al negarme eso.
El baile acabó y la música se detuvo. Mientras la acompañaba junto a los Sarutobi, él desafió todas las miradas y le susurró directamente al oído.
─ Me acuerdo de todo, y no me creo que tú lo hayas olvidado. Y si lo has hecho, haré que lo recuerdes. Juro por mi vida que lo haré.
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Continuará...
