Resumen: Después de perder a sus padres, Katsuki se siente completamente solo, así que deja de hablar con los demás y se encierra en su dolor. Debido a que ahora nadie puede hacerse cargo de sus estudios, Katsuki es adoptado por Enji Todoroki, por lo que se ve obligado a pasar su verano en la casa de esa familia. Sin embargo, los cuidados de Shoto lo ayudarán a comprender que, tal vez, no estaba tan solo como creía. Mientras tanto, una mujer manipula el destino para lograr que Katsuki se una a los villanos.
Advertencias: OoC, ligero drama. No hay lemon.
Pareja: TodoBaku — Seme(activo)/Seme(pasivo)
Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Horikoshi Kohei.
La historia es completamente mía. No acepto que sea utilizada sin mi permiso por otras personas ni resubida en otras páginas. No acepto las adaptaciones.
|Di no al plagio, haz trabajar tu imaginación y crea tus propias historias. Las felicitaciones y votos por algo que no hiciste, ¿en realidad son para ti?|
.
.
No estás solo
Capítulo 12 — Un mal sentimiento que nace de la nada
Shoto observó el rostro del chico que dormía entre sus brazos. Desde que había pasado lo del accidente, Katsuki estaba más… ¿accesible? No sabía cómo llamarle a la actitud que Katsuki había desarrollado. Seguía enojándose por todo, pero cuando estaban solos, quería que lo abrazara y le permitía todos los besos que quisiera darle. Shoto podía acostumbrarse a eso. Era feliz de poder tener un novio cariñoso y que le demostrara lo mucho que necesitaba sus cariños.
Quería que siguiera así. No quería que volviera a sufrir, no quería volver a verlo triste y perdido en sí mismo. Sentía muchos deseos de protegerlo y que nadie pudiera volver a lastimarlo.
—¿A qué hora despertaste?
Shoto volteó nuevamente hacia el rostro de Katsuki, quien ahora estaba despierto y mirándolo con los ojos adormecidos. Eso lo hizo sonreír.
—Hace unos minutos —respondió.
—¿Y por qué me estabas mirando como idiota?
—Te estaba mirando porque eres hermoso y no puedo creer que estés junto a mí —respondió Shoto.
Katsuki frunció el ceño —No soy hermoso, soy guapo. No puedes decirle a un chico que se ve hermoso. Es ofensivo —se quejó Katsuki.
—Pero tú eres hermoso. Eres el chico más hermoso que he visto.
—No seas idiota —gruñó Katsuki incorporándose en la cama, pero su rostro estaba completamente rojo.
—¿Qué piensas tú de mí? —preguntó Shoto, sentándose también.
—No necesitas que te lo diga, ya lo sabes. Todas las chicas siempre están hablando de lo guapo que eres y un montón de tonterías.
—A mí no me interesa lo que ellas piensen, quiero saber lo que piensas tú. La única opinión que quiero es la de mi novio.
Katsuki volvió a sonrojarse y Shoto lo abrazó por la espalda.
—Muy-Muy guapo —tartamudeó Katsuki.
Shoto sonrió y besó su mejilla en recompensa, luego susurró junto a su oído —Te quiero demasiado, Katsuki. Nunca te alejes de mí, por favor, o voy a volverme loco sin ti —El escalofrío en el cuerpo de Katsuki fue notorio y Shoto lo abrazó con más fuerza.
—No digas… idioteces —respondió este, luego se quedó en silencio por varios segundos antes de volver a hablar—. ¿Quién es el que se va a volver loco sin quién? Yo sería el único que me volvería loco.
—¿Quieres iniciar una pelea?
—¡Es la verdad! —se quejó Katsuki—. Yo te necesito más, tú podrías encontrar a alguien que te amara, pero yo no encontraría a nadie que me quisiera como tú.
—¿Quién es el que dice idioteces ahora? —respondió Shoto, sorprendiendo a Katsuki. Shoto se alejó de su novio y lo volteó para poder mirarlo a la cara—. Tú eres único. Nadie puede reemplazarte y tampoco quiero hacerlo. Eres el único que quiero en mi vida. Quiero quedarme contigo hasta que no nos quede más tiempo.
Katsuki se tapó la cara —Todas las cosas que dices son… Yo… también quiero quedarme contigo siempre, así que más vale que no me dejes.
Shoto alejó las manos del rostro de Katsuki para poder besarlo y este lo permitió. Fue un beso lento que hizo que ambos sintieran calor en el corazón. Shoto a veces se preguntaba por qué no había besado a Katsuki antes. Hubiera sido genial crecer con esos sentimientos y sabiendo que amas a alguien importante. Shoto besó por última vez los labios de Katsuki y luego se alejó.
—No vuelvas a decir estupideces que parecen propuesta de… matrimonio —se quejó Katsuki.
—Tal vez lo era. Y tú aceptaste —sonrió Shoto—. Ahora podemos decir que somos esposos.
—Te gusta decir demasiadas estupideces, una tras otra. Para estar casados se necesita una hoja que lo compruebe.
—Eso solo es una formalidad, nadie necesita una hoja para ser esposo de la persona que ama —aclaró Shoto.
Al parecer, Katsuki se quedó sin palabras, porque no respondió nada y su rostro se había vuelto a colorear. Shoto amaba verlo sonrojado. No podía creer que amara tanto a una persona, y mucho menos a alguien que había estado con él desde hace tiempo y a quien nunca había notado. No se alegraba de la tragedia que Katsuki había pasado, pero se alegraba de haber tenido la oportunidad de conocerlo y estar con él. Katsuki era la pieza que le faltaba a su vida para ser feliz.
Shoto tomó el brazo de Katsuki y lo atrajo nuevamente hacia él para poder besarlo, luego lo recostó lentamente en la cama y se acomodó sobre él. Amaba estar en la habitación de Katsuki porque todo olía a su esencia; era intoxicante.
Katsuki abrazó su cuello y tiró de su cabello. Esa era la razón por la que Shoto siempre terminaba despeinado, Katsuki era muy tosco con las caricias; lo tocaba con brusquedad y, a veces, sus palmas estaban tan calientes y sudorosas de nitroglicerina que encendían pequeñas flamas en la piel de Shoto. Por suerte, eso solo sucedía con su brazo izquierdo y esa misma zona del cuello. Incluso su cabello llameaba de vez en cuando. También había veces, como ahora, en que Katsuki se quedaba quieto, solo mirándolo fijamente. Shoto podía ver su mirada embelesada y eso lo hacía feliz. Él podía ver su reflejo en los ojos de Katsuki. Podía ver la parte izquierda de su cabello, llameando suavemente sin llegar a ser un fuego incontrolable. Sabía que a Katsuki le gustaba verlo de esa manera, por eso procuraba encender su cabello de vez en cuando.
Katsuki tiró de él para que volviera a besarlo. Shoto se apresuró a apagar sus llamas para no quemarlo.
Shoto lo apretó contra la cama y mordió su labio, porque sabía que a Katsuki le gustaba que hiciera eso. Nunca habían llegado más lejos de los besos y las caricias. Nunca se habían tocado en ninguno de los sitios peligrosos, aquellos que sabían que los volverían locos si se atrevían a tocar. Pero Shoto quería esperar a que Katsuki estuviera seguro de lo que sentía por él. Lo amaba y no iba a presionarlo. Y, aunque era muy tonto para dos adolescentes el hablar de amor, Shoto no iba a corregirse, porque sabía que lo que sentía por Katsuki no podía llamarse de otra manera.
Katsuki estaba sentado en la sala, con una botella de té helado de limón. Sabía rico y era refrescante, no necesitaba nada más.
Acababan de terminar el entrenamiento físico y Katsuki había escapado. Las mocosas de primero se habían abalanzado hacia ellos después de llegar, gritando tonterías ridículas y un montón de cosas más. Katsuki los había dejado lidiar con ellas, él no pensaba ensuciarse las manos alejándolas de él, era demasiado tosco como para pedirles con amabilidad que lo dejaran en paz. Además, no se le pegaba la gana verlas sobre Todoroki. El estúpido no sabía defenderse, y era muy idiota como para huir de ellas. Que los demás lidiaran con ellas, Katsuki no pensaba explotarles la cara a menos que se lo merecieran.
—Bakugo.
Katsuki levantó la cabeza desde su posición derrumbada sobre el sofá, y observó a Kirishima frente a él.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó a su amigo, era raro que no estuviera con los demás deteniendo a las gritonas.
—Corrí tras de ti —dijo con decisión, luego se acercó y dudó un momento antes de sentarse junto a él en el sofá—. Últimamente te vez más feliz —mencionó.
Lo estaba, porque tenía a Todoroki con él, pero no podía decirle eso.
—Mis problemas se resolvieron. Creo que… ya estoy mejor —respondió.
Kirishima asintió —Yo no sé si puedo considerarme tu amigo. No puedo decir eso en realidad —inició, sorprendiendo a Katsuki—. A pesar de que siempre he creído que soy el más cercano a ti, en realidad es mentira. Solo era algo que yo decía para sentirme mejor conmigo mismo y para creer que ya no soy el mismo cobarde que era antes.
—Kirishima…
—Te fallé —interrumpió su amigo, mientras apretaba los ojos y los puños con fuerza—. No pude apoyarte ninguna de las veces en que necesitaste ayuda. Intenté decirme a mí mismo que solo había fallado una vez, pero la siguiente iba a apoyarte, sin embargo tampoco hice nada y te dejé sufriendo. No soy lo suficientemente confiable para que me cuentes tus problemas, porque no puedo ayudarte. Lo siento.
Katsuki lo miró, sintiéndose culpable por no notar que su amigo tenía sus propios problemas y que él le estaba causando aun más. No sabía por qué, pero Kirishima siempre se culpaba por no ser valiente y hablaba de sí mismo como un cobarde. Creía que tenía la responsabilidad de poder resolver cada uno de los problemas que se presentaban a su alrededor, eso lo llevaba a situaciones peligrosas con las cuales no podía tratar. Pero Kirishima no tenía la culpa de nada.
—¿Por qué tendrías que ayudarme? No era tu obligación —aclaró Katsuki.
—Porque soy… era tu amigo.
—Eres mi amigo, pero eso no te hace responsable de resolver cada uno de mis problemas. Yo tampoco sé si podría ayudarte a resolver los tuyos, ¿entonces, por qué tu si podrías ayudarme? —regañó.
Kirishima lo miró con los ojos llorosos y Katsuki pudo ver la verdadera personalidad que siempre estaba oculta tras la valentía de Red Riot. Kirishima probablemente se obligaba a ser valiente en los momentos más difíciles. Katsuki era un alebrestado que no comprendía a las personas temerosas, pero debía reconocer la fortaleza en el interior de su amigo para obligarse a hacer cosas que normalmente no se atrevía a hacer.
Kirishima se secó los ojos —Lo siento, Bakugo. Debo parecerte tan miserable. Comprendo si ya no quieres que me acerque a ti.
Katsuki estiró una mano y tiró del cabello de Kirishima para acercarlo hacia él y mirarlo a los ojos —No vuelvas a decir que no eres mi amigo, y más te vale que te juntes conmigo o voy a matarte. ¿Por qué sería miserable una persona que puede mostrar sus sentimientos? Los únicos miserables son aquellos que no tienen sentimientos y que piensan en ellos mismos antes que en los demás. Tú no eres miserable.
—Bakugo —dijo Kirishima sorprendido, mirándolo fijamente.
—Y la próxima vez que te sientas de esa manera, ven a decírmelo. Yo siempre voy a escucharte —aclaró Katsuki.
Kirishima le sonrió y Katsuki no pudo evitar regresarle la sonrisa.
De pronto, alguien se aclaró la garganta frente a ellos.
Katsuki volteó y encontró a Todoroki mirándolos con seriedad, una expresión que parecía normal para Kirishima, pero no para Katsuki. En ese momento notó el rostro de Kirishima muy cerca del suyo, ambos voltearon a verse e inmediatamente se alejaron. Katsuki pasó saliva con nerviosismo; había estado sujetando la cabeza de su amigo para mantenerlo cerca y se había perdido en el momento amistoso.
—Bueno… yo ya me voy. Nos vemos, Bakugo, Todoroki —se despidió Kirishima con rapidez y algo de nerviosismo, luego salió corriendo. Probablemente para que Todoroki no notara sus ojos llorosos.
Cuando se quedaron solos, el silencio se hizo largo e incómodo. Katsuki no comprendía por qué.
—Estaban…
—Hablando —completó Katsuki—. Kirishima se sentía mal por no haberme apoyado cuando pasé por mis problemas.
Todoroki se le quedó viendo en silencio, luego se acercó y se sentó junto a él, puso una mano tras la cabeza de Katsuki y lo atrajo hasta su rostro.
—¿Estaban platicando de esta manera? —preguntó.
Katsuki se puso completamente rojo. Solo Todoroki le causaba esas reacciones al acercarse tanto, nadie más podría lograrlo. No se sentía nervioso con nadie más que con él.
De pronto Todoroki cerró los ojos y lo besó. Katsuki ni siquiera se quejó, tampoco lo hizo cuando Todoroki lo empujó lentamente hacia atrás hasta que quedó recostado, luego ambos comenzaron a saborear sus bocas y a compartir suspiros de satisfacción por el beso que los hacía sentir muy bien.
Al oído de Katsuki llegaron los sonidos de unos pasos, entonces explotó la cara de Todoroki y huyó. Su rostro estaba completamente rojo de vergüenza. ¿Cómo había dejado que esto pasara en medio de la sala común?
Shoto sacudió la cabeza para recuperarse de la explosión directa en el rostro, por suerte, no había sido tan potente como Katsuki acostumbraba.
—¡Todoroki-kun! ¿Estás bien? —preguntó Midoriya sorprendido.
—Sí.
—Bakugo es un salvaje, podría haberte lastimado. Siempre ataca a los demás sin ninguna razón —se quejó Iida.
—No es así. Fue mi culpa por molestarlo —aclaró Todoroki, mirando el lugar por el que Katsuki había desaparecido.
—Todoroki-kun, ¿qué le hiciste? —preguntó Midoriya con nerviosismo.
—Hubo algo que me hizo enojar, así que me desquité con él. Creo que debo disculparme —dijo poniéndose de pie.
—No puedo creerlo, Todoroki. ¿Tú, actuando de esa manera? —reprendió Iida.
—También me sorprende, pero al parecer, hay cosas que no puedo controlar —finalizó, luego se alejó de ellos.
Era cierto, había cosas que no podía controlar, como la cercanía de su novio con otras personas o que hablara con sus amigos. Todo eso era normal. Lo que no era normal era la manera en que Katsuki trataba a Kirishima, como si fuera muy importante para él. Ni siquiera a Midoriya lo trataba de esa manera, ¿cómo iba a tratar así a Kirishima, con quien no tenía ningún lazo?
Todoroki sacudió la cabeza. No sabía que era celoso, pero nunca antes había tenido nadie a quien celar. Eran tonterías, porque a Kirishima no le gustaban los chicos como Katsuki. Suspiró con cansancio. ¿Qué había intentado hacer con Katsuki? ¿Marcar su territorio? No podía hacer eso. Ambos sabían que se querían y eso era suficiente.
Katsuki tomó un trago de refresco y esperó a que Kirishima procesara lo que le acababa de contar. Ya era de noche y todos sus compañeros estaban en la sala viendo la televisión o haciendo otras cosas que a Katsuki no le interesaban, por lo que había decidido que era momento de ser honesto con su amigo.
—¿Entonces golpeaste a ese héroe porque fue responsable de la muerte de tus padres? Yo… si lo hubiera sabido…
—No podías hacer nada —interrumpió Katsuki—. Ni siquiera yo pude hacer nada.
—Lo siento, Bakugo —se disculpó Kirishima con tristeza.
—No es tu culpa, además, ese tipo ya está pagando por lo que hizo.
—¿Entonces ya estás bien? —preguntó Kirishima con inseguridad.
—Sí, estoy jodidamente bien —respondió Katsuki, comprendiendo que era verdad.
No se sentía solo, no estaba triste y no quería encerrarse en su habitación; se sentía tan normal que era extraño. Incluso estaba en la habitación de su amigo, hablando con él como en los viejos tiempos. Quería recuperar el tiempo perdido y entrenar más para poder convertirse en un héroe que les patee el culo a los otros héroes que no cumplan con las obligaciones de un héroe.
—Que bueno que ya estás bien, Bakugo, ahora podemos seguir entrenando juntos y podemos hacer equipo durante las misiones —se emocionó Kirishima.
Katsuki asintió. Ya podía hacer esas cosas nuevamente. Ya podía seguir siendo feliz y nadie iba a detenerlo.
Se quedó hasta tarde hablando con Kirishima. Jugaron, rieron y volvieron a ser amigos.
Shoto observó a Katsuki golpear a Kirishima en la cabeza. Había vuelto a ser el mismo Bakugo que era antes del accidente. Ahora había vuelto a hacer equipo con Kirishima, Sero y Kaminari durante las clases de entrenamiento. Shoto se daba cuenta de cuanto había necesitado Katsuki a sus amigos, porque ellos despertaban otro lado de la personalidad de Katsuki que con él no utilizaba. El Katsuki gruñón, gritón y temerario solo despertaba al lado de las personas que lo incentivaban a ser valiente. Con Shoto se portaba bien y lo dejaba besarlo, pero él también quería ver ese lado de Katsuki.
Frunció el ceño y se dio cuenta que estaba celoso otra vez. ¿Qué podía hacer para dejar de sentirse celoso?
En ese momento vio a Katsuki caminar con Kirishima hacia el grifo de agua que estaba al otro lado del pasillo; Kirishima reía a carcajadas mientras Katsuki lo empujaba con enojo por la espalda, pero también parecía feliz.
Shoto caminó tras ellos silenciosamente, cuando llegó hasta Katsuki, lo abrazó por la espalda y apoyó la cabeza en su hombro.
—¡¿Qué mierda?! —se quejó Katsuki asustado.
—¿Todoroki? —preguntó Kirishima sorprendido.
Katsuki intentó quitar los brazos que rodeaban su cuello, pero Shoto no lo permitió.
—¡Suéltame! —insistió Katsuki, con el rostro completamente rojo.
Shoto negó con la cabeza y luego volteó hacia Kirishima, aun resguardado tras la espalda de Katsuki.
—Katsuki es mi novio —confesó Shoto, logrando que Katsuki se quede petrificado y que Kirishima lo mire con la boca abierta.
El rostro de Katsuki estaba tan rojo que podía explotar en cualquier momento.
—Si quieren —inició Kirishima con vacilación, mirando a su amigo—… no se lo diré a nadie.
—Sí, haz-haz eso —tartamudeó Katsuki.
Kirishima se fue apresurado y los dejó solos.
Katsuki se soltó por fin y lo miró con enojo —¿Por qué mierda hiciste eso? —regañó.
—¿Hay algún problema con que Kirishima lo sepa? —sospechó Shoto.
—¡No es eso, imbécil! —gruñó Katsuki, luego se tomó un momento para respirar antes de continuar—. No puedes hacer esas cosas sin preguntarme mi opinión antes. Ambos debemos de estar de acuerdo cuando decidamos decirle a alguien sobre… ya sabes.
—Lo siento —dijo Shoto, luego se fue.
No sabía por qué a Katsuki le molestaba tanto que su amigo supiera que ellos eran novios. ¿Cuál era el problema? Ambos se querían y no importaba quien se enterara de su relación, no iban a separarse.
Katsuki suspiró frustrado.
No sabía que le pasaba a Todoroki, pero últimamente se estaba comportando muy extraño. Él nunca se portaba así.
¿Qué le estaba pasando?
