Disclaimer: Todos los personajes conocidos son de JKR
¡Un poco atrasada, pero ahí vamos!
Reto FICTOBER, 2020 del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos"
Día 11: Vino
De la lengua parlanchina de Hermione
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Iba a necesitar varias copas de vino… no, la botella entera si planeaba quedarse en esa cena.
Cuando Hermione le mencionó a Ginny querer saber dónde trabajaba Draco, era para algo meramente informativo, como aparecer en la cafetería del área casualmente mientras él estaba ahí o mandar un memorándum pidiendo ayuda en su departamento, no para que la pelirroja lo acechara en la misma maldita biblioteca a la que habían entrado y lo arrastrara calle abajo hacia un restaurante ultra muggle.
Si algo recordaba Hermione del tiempo que pasó con Draco, fue que él odiaba de verdad los restaurantes muggles baratos. Ya había perdido la cuenta de todas las veces que el chico descartó sus comentarios sobre dónde comer mientras salían, diciéndole que ella no sabía absolutamente nada de la vida y menos de clase. Y dudaba mucho que algo de eso hubiese cambiado de un día para otro.
Draco Malfoy podía ser un trabajador muy fiable del ministerio y reducir su vida pública a salidas ocasionales con sus amigos, incluso ser bueno en la cama -asombrosamente bueno-, pero tenía un departamento extra grande de muebles finos y una mueca de desdén que todavía le hacía hervir la sangre, al elitista bastardo… De pronto, recordó a Malfoy llamando pobretón a Ron, cómo despreció a la misma Ginny o se burlaba de los padres muertos de Harry. Cómo no, si el maldito arrogante tenía todo, menos decencia…
La sangre comenzó a hervirle mientras pensaba en todo eso, mirando furiosa, su cabeza perfectamente platinada.
¿De verdad había sido tan idiota a los diecisiete para enamorarse de ese imbécil petulante?
Rechinó los dientes presa de una terrible furia.
Alfeñique…
Merluzo…
Abrazafarolas…
Alcornoque…
Pelele…
Pisaverde…
Gaznápiro…
Petimetre…
Carcunda…
Zascandil…
Crapuloso…
Fantoche…
—¿Hermione?
Hermione parpadeó, estaba sentada frente a Malfoy y Ginny tocaba su mano con suavidad. La pelirroja enarcó una ceja, ella negó con la cabeza.
Agradecida, tomó la copa de vino que el mesero le ofrecía, al parecer, ya habían pedido. ¿Dónde había estado ella?
—Hermione —intentó Ginny de nuevo—, te estaba preguntando sobre el nuevo libro que encargaste, ¿sí llegó?
Hermione parpadeó y su cerebro comenzó a trabajar de nuevo.
—Oh —contestó bobaliconamente—, lo olvidé.
Draco arqueó una ceja pero no dijo nada.
—Quiero decir —explicó rápidamente—, hicieron un alboroto allá atrás, entonces olvidé preguntar… pasaré mañana.
—¿Qué libro es? —preguntó Draco. Hermione se sintió tentada a ignorarlo, pero Ginny la pateó por debajo.
—Una versión extendida de aniversario sobre la segunda guerra mundial.
—A Hermione le fascinan las cosas que tienen que ver con rubios supremacistas —bromeó Ginny dándole un codazo a Draco.
La castaña frunció el ceño pero no dijo nada, bebiendo de su copa. Estaban en un gabinete, Ginny en medio, Draco frente a ella.
La mirada penetrantemente gris clavada en ella…
Su ira borboteando lentamente en su pecho.
Síp, iba a necesitar varias copas de vino para poder superar esta cena.
Días como hoy, se preguntaba cómo es que había terminado siendo amiga de alguien como Ginny… Tan… tan… irreverente.
Tomaba decisiones ejecutivas por las dos. Y luego se arrepentía de ellas.
Normalmente Hermione ya tendría un plan para cuando su "decisión ejecutiva" fallase. Pero hoy, no se le ocurría nada. Absolutamente nada.
Y luego estaba Malfoy, que se veía completamente relajado con ellas, inclinándose ligeramente hacia la pelirroja, riendo y guiñando su ojo…
¿La estaba ignorando? Entrecerró los ojos y bebió de nuevo.
Malfoy estaba escuchando alguna historia de Ginny sobre su suerte en las Arpías de Hollyhead.
Eso la ofendió un poco. Sí, quizá ella había desaparecido en todo este tiempo sin decir ni pío, pero él tampoco la había buscado, siendo sinceros. Y ahora, parecía ignorarla como si… como si hubiera sido una cosa absurda la que hicieron.
Idiota.
¿Y si mejor se iba?
Ella, en realidad, no quería hablar, o no demasiado. Sólo debería no sé, irse a su casa, lejos de él.
Otro país, ¿El ministerio aceptaría su cambio a alguna embajada? ¿Estaría todavía demasiado cerca Japón? ¿Qué tal Argentina?
Más vino.
Quizá debería tomarlo con calma, ya había bebido champaña una hora antes y apenas había comido algo antes de eso… todo esto podría ser peor y más incómodo si terminaba borracha.
La lengua solía soltársele cuando estaba en esas situaciones incómodas y ebria.
—Y entonces, Draco —dijo Ginny recargando los codos en la mesa y mirándolo con coquetería—, ¿estás casado?
Draco se atragantó con su bebida, comenzó a toser mientras sentía el horrible calor consumir sus mejillas. Ginny le dio unas palmaditas, solícita.
Hermione abrió los ojos y fulminó con la mirada a su amiga, pero apenas la miró. Bruja ladina, la estaba ignorando a propósito. Entrecerró los ojos y canalizó una combustión espontánea sin magia.
—No —tosió Draco mientras tomaba la servilleta que ella le tendía, sonriéndole como si fuera navidad.
Y un knut, se iba a emborrachar y hacer que Ginny le recogiera el cabello cuando vomitara…
—Es una pena —No sonaba apenada—. ¿Novia? ¿O… novio? ¿Te gustan las relaciones abiertas? ¿Qué opinas sobre las relaciones de una noche?
Una mirada significativa hacia ella.
—¡Ginny! —chilló Hermione mientras soltaba su copa, extrañamente vacía. ¿Cuántas llevaba? Dos… creo.
—Oh, vaya, ¡estás aquí Hermione! Pensé que te había comido la lengua el kneazle.
Hermione la fulminó con la mirada.
—No, está bien —dijo Draco recuperando el control—. No, no tengo nada de eso, pelirroja.
Se miraron unos momentos en mutua comprensión que Hermione se perdió por mirar enojada el mantel, deseando no haber entrado a la librería. Al demonio su libro sobre brujas asiáticas famosas y versiones de la segunda guerra mundial.
—Es una pena —repitió Ginny con una sonrisa y llamó al camarero—. Aquí hay un menú bastante delicioso para compartir en pareja.
—No me opongo a los tríos —guiño el rubio. Hermione los miró de hito a hito. ¿Qué estaba pasando?
—Uh, qué básico eres, Draco —sonrió su amiga mientras jugueteaba con su copa—, quién pensaría que quieres compartir con dos chicas.
—Soy un cliché —contestó él mientras se reían. De nuevo, ¿desde cuándo se hablaban así?—.Tal vez sí quiero robarme a la novia de Potter.
Demasiado. Esto era demasiado y ella ni siquiera pertenecía a esta mala pantomima. Hermione apuró su copa y se estiró por la botella.
Una mano la detuvo. Una mano grande, pálida, con un anillo familiar que se había enredado en su cabello mientras la presionaba contra el colchón hacía menos de un mes.
—Permíteme —Malfoy le sonrió mientras llenaba su copa—. Recuerda, adoro los clichés.
—Tan encantador, ¿no es así Hermione? Un partidazo, lástima que me voy a casar con el amor de mi vida… —murmuró Ginny con una sonrisa.
Draco se encogió de hombros, luciendo afectado. ¿En serio, estaban coqueteando frente a ella?
—Tendré que morir célibe.
Una mirada peligrosa de la pelirroja y Hermione casi pudo adelantar la siguiente frase letra por letra.
—Célibe es lo que me dijeron que no eres…
—Está bien, ustedes dos —chilló la castaña perdiendo la paciencia—. No sé qué clase de juego es este, pero paren. No es gracioso.
Draco y Ginny giraron la cabeza mirándola como si estuvieran sorprendidos de verla ahí.
—Pensé que estabas en el baño o algo así —comentó la pelirroja inocentemente. Hermione la fulminó con la mirada, las manos le temblaban de una furia inexplicable. Respiró ruidosamente y se puso de pie. Apuró lo último de su copa en el proceso.
La cabeza le daba vueltas, quizá no llevaba apenas tres copas…
—Lo siento… Tengo que irme —murmuró mientras tomaba su bolso y se escabullía, avergonzada de su conducta—. Disfruten su cena.
Draco y Ginny miraron salir a Hermione anonadados. Entonces la pelirroja se giró y lo golpeó en las costillas con fuerza.
—Ahora ve y no dejes que huya.
Draco se puso de pie tropezando un poco y se giró hacia la chica. Ginny estaba bebiendo con calma, apenas lo miró mientras jugaba con su copa.
—No lo eches a perder.
—Te debo una cena.
Ginny agitó sus manos y él echó a correr sin antes guiñarle un ojo. El camarero se acercó con la cena servida. La pelirroja bebió un poco más y le sonrió agradablemente.
Tan pronto como la puerta se cerró y Draco desapareció, algunos cuadros del vestíbulo se cayeron.
Ginny observó la escena impasible y le sonrió al camarero.
—Póngame todo para llevar, por favor.
Bueno, al menos, esta noche no debería cocinar.
—¡Hermione! —Draco tiró de ella antes que pudiera aparecerse. De verdad no quería tocarlo, pero habían estado sentados tan cerca, sus rodillas golpeando nerviosamente contra él, sus dedos rozándose cuando le sirvió más vino… A estas alturas ¿qué más daba si la sostenía por la muñeca?
La castaña se giró, bastante indignada mientras Draco la observaba. Soltó su mano y ella se estiró la ropa, incómoda.
—¿Sí?
—¿Por qué te fuiste?
Hermione se encogió de hombros.
—Porque es muy incómodo ver a la prometida de mi mejor amigo coquetear con… con… —la cabeza le daba vueltas, ¿cómo se le había olvidado que el vino era su debilidad al beber? Apenas media copa y podía acabar alegrementee bailando la macarena sin ropa. Draco la miraba fijamente, sus merluzos ojos grises observándola como un cachorrito perdido. Tosió y se acomodó el abrigo, tenía mucho calor—. Con su antiguo compañero de colegio.
Draco arqueó la ceja y su postura desenfada cambió.
Hermione tragó, ¿era tan alto? No se acordaba…
—¿Antiguo compañero de colegio? —preguntó quedamente—. ¿Eso es lo que soy para ti?
La chica levantó la nariz y lo observó con su miradita de sabihonda.
—¿Qué más deberías ser? ¿El chico con el que mi amiga está coqueteando?
Draco se pasó una mano por la cabeza y la miró con el rostro desencajado.
—¿Estás celosa?
Hermione se sonrojó, el vino le desenredaba la lengua y no pudo contenerla mientras se escuchaba decir:
—¿Y qué si lo hago?
Draco soltó una carcajada.
—¡Eres imposible!
—Pero si habla el rey de Roma —Se apoyó en un muro cercano, todo le daba vueltas. Sólo quería acurrucarse en sus brazos, ahora que se había dado cuenta de lo alto que era y lo tan bien en forma que estaba.
¿Se dio cuenta de eso mientras lo hacían? Definitivamente nop.
Tal vez necesitaba, no sé, otra ocasión, para confirmar… El vino la ponía así, cálida.
—Ni siquiera voy a fingir que entiendo de qué hablas —exclamó Draco soltándola y dando vueltas. Hermione quiso poner los ojos en blanco y al mismo tiempo acurrucarse contra él—. Pero eso ni siquiera es lo que te he preguntado —La miró con fuerza y sus piernas temblaron—. ¿Por qué te fuiste?
—Ya te contesté por qué.
Draco rodó los ojos y se sacudió una pelusa imaginaria.
—Bien, ni siquiera sé porqué te estoy preguntando, es imposible razonar contigo. Adiós, Hermione.
Hermione bufó y su lengua se adelantó.
—Porque no estoy segura qué estaba pasando, sí, tuvimos sexo, pero sé que no eres de la clase de chicos que esperan que las cosas pasen de una noche y sé que tenemos una historia anterior, pero… también sé que no te gusta enredarte en una relación y yo no sé qué sentí, y quería que lo pensáramos, y luego tú desapareciste y yo no sabía dónde buscarte. Intenté regresar a tu casa casi cuando llegué a la mía, pero Zabini me bloqueó la red flu. Y luego lo intenté de nuevo una semana después y tampoco pude utilizarla. Estoy bloqueada o algo así. Y luego Zabini dijo que era una cualquiera y que estaban acostumbrados y yo… entendí —Hermione tomó aire y siguió hablando. Su ser racional se había ido de vacaciones—. Tú no me buscaste, ni una lechuza, nada. Entonces supongo que encontrarnos aquí, fue… raro. Y luego estás coqueteando con mi amiga, que por cierto se va a casar con mi mejor amigo y yo… estoy ahí y te digo compañero de colegio y te enfadas, pero ni siquiera sé cómo llamarte… tú… yo…
—Esto no está sucediendo —siseó bastante exasperado. Hermione se encogió de hombros, ofendida e hizo el ademán de irse. Draco la tomó de la muñeca—. No me estás haciendo que me sienta culpable de algo que no hice, ¿verdad? —su rostro sonrojado a muy pocos centímetros del suyo—. No me estás diciendo que me estás ignorando porque no te busqué después de que te fuiste de mi casa, ¿verdad, Hermione?
—Te estoy explicando más cosas, ¿puedes concentrarte, por favor?
Draco entrecerró los ojos y la miró. Luego, negó con la cabeza y se rio, de nuevo.
—Estás borracha.
—¿Y qué si lo hago? —preguntó Hermione con la mandíbula tercamente afilada—. Ya soy bastante mayorcita.
El rubio asintió y su expresión cambio, había dejado de estar enfadado y la contemplaba, pensativo.
—¿Desde qué hora no comes?
Hermione, que estaba apoyada en la pared, intentó meditar, pero la cabeza estaba en su propia órbita.
—En la mañana me comí un croissant…
Draco se llevó la mano a la cara y la miró.
—Eres muy imprudente para ser la bruja más inteligente de nustra generación.
Hermione se burló de él.
—Eso quiere decir que los demás son unos idiotas.
Draco coincidió y suspiró.
—Vamos, creo que deberías ir a comer algo.
—¿A dónde? —Enredó una de sus manos en la suya mientras ella lo observaba, sospechosamente.
—Vamos, te prepararé la cena.
—¿Te estás aprovechando de una bruja ebria, Draco Malfoy?
—Salazar no quiera —fingió un escalofrío—. Pero… Hablas mucho y quiero hacerte unas preguntas ahora que puedo.
—Eso también es aprovecharse.
—Lástima —No tenía lástima—. Vamos.
Hermione lo siguió.
¿Había estado enojada con él? No recordaba por qué, en realidad, debería estar avergonzada por sus escenas… Se detuvo de nuevo, mirándolo confundida.
—¿No estoy restringida de tu departamento o algo así?
Draco suspiró y negó con la cabeza.
—No, solo… hemos tenido unos problemas…
—¿No los molestaré?
Volvió a suspirar, resignado.
—Nada que millones de galeones no pueda arreglar. Afortunadamente tengo algunos tantos.
Hermione se rio mientras desaparecían.
Pero Draco no estaba bromeando.
¡Hola!
Les agradezco enormemente sus comentarios, son increíbles.
Y sí, todo esto tiene que ver con Pansy y Astoria y el librito extraño.
Besos draconianos,
Paola
