¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.

Bueno a comenzar :D

La bendición del Caído.

Capítulo 10

El médico regresó cuando la luz del sol bañó la tierra, llevándose la enorme y grata sorpresa de ver a mi prima con vida y completamente lúcida. Aunque sus ojos rojizos estaban enmarcados por profundas ojeras que denotaban su cansancio, su rostro gozaba del rubor esplendoroso y vivaz de siempre.

Nadie podía creer que nuestra princesa todavía estuviera en el mundo de los vivos… y si yo mismo no hubiera sido testigo de lo que sucedió, estaría de acuerdo con ellos al decir que habían sido los dioses quienes le habían salvado la vida.

―Excelencia. ―La voz del médico me sacó de mis recuerdos, venía saliendo de la habitación donde mi prima descansaba, y tras realizar una venia ante mí, continuó―: He terminado de cerrar la herida de su alteza porque ya no hay riesgos de hemorragia interna y… bueno, en todos los años que tengo ejerciendo la medicina, jamás había visto algo así.

―Quizás anoche nos apresuramos al dar un veredicto.

El hombre negó con la cabeza.

―Sé lo que vi: su estómago fue alcanzado por la daga… Y aunque logré retrasar lo inevitable, no comprendo como hoy…

―Lo importante, doctor Liu, es que ella está fuera de peligro ―zanjé para que no siguiera dándole vueltas al asunto―. Y espero contar con su discreción como siempre ha sido. Nadie, absolutamente nadie, debe saber lo que ocurrió anoche. ¿Me he explicado bien?

El anciano que había sido nuestro médico de cabecera desde que tenía memoria, aceptó al inclinar su cabeza y se despidió sin indagar más, dejando las indicaciones que debíamos seguir para garantizar la completa recuperación de Meilin, aunque sabía muy bien que él no se quedaría tranquilo y comenzaría a investigar, lo cual no era bueno para la verdadera salvadora de mi prima. La discreción tenía que ser nuestro estandarte si queríamos mantener lo ocurrido en secreto como ella me lo había solicitado… y se lo debía. Ahora, Sakura Kinomoto estaba bajo mi protección y haría todo lo que estuviera en mis manos para cumplir mi palabra. Incluso mantener bajo vigilancia constante a todos los involucrados, incluido el viejo doctor.

―Mi señor. ―Esa vez, la voz que me llamó fue suave y calmada, era la doncella de Meilin que estaba acompañada por Layla. Sus ojos azules habían perdido parte de su brillo y su piel lucía más pálida―. Disculpe que lo interrumpa, pero su alteza desea hablar con usted.

Durante el interrogatorio, lo único que se pudo evidenciar fue la preocupación genuina que ella profesaba hacia mi prima. Por eso y por la misma solicitud de Meilin, accedí a que Tomoyo Daidoji volviera a su lado, aunque bajo mis premisas ya que no volvería a confiarme de nadie otra vez.

Dándole las gracias, ingresé en los aposentos que había dispuesto para mi prima, aquellos que deberían ser para mi futura duquesa. Mi madre había mandado a correr las gruesas cortinas para que ingresara la luz del sol y ahora el lugar tenía otro aire, uno más sano y lleno de vitalidad.

En la habitación privada estaba Meilin, recostada en la amplia cama, pero eso no le impidió girar su cabeza apenas sintió mi presencia cerca de ella. Sus labios se extendieron en un gesto débil y cansado, pero sonrisa al fin y al cabo que evaporó un poco de la carga que tenía sobre mí.

―Ven. ―Estiró su mano y sin dudarlo la tomé para dejar en ella un beso―. Esto no fue tu culpa…

―Lo fue ―le interrumpí―. Soy el señor de Zhuran y todo lo que pase en mis tierras es mi responsabilidad, así como tu seguridad, prima.

―Siempre tan terco. ―Volvió a sonreír―. Pero quizás ese sentido del deber y la responsabilidad es lo que atrae a todas las damas de la corte.

―Creo que la desagradable experiencia te ha nublado el juicio ―dije, correspondiendo su frágil sonrisa―. Sabes que soy el noble más huraño y no soy conocido por mi amabilidad precisamente.

―Y eso no impide que las personas te sigan… ―dijo, apretando mi mano―. Todos los que hemos tenido la fortuna de conocerte a profundidad, sabemos quién eres en verdad y confiamos plenamente en ti.

Esbocé una pequeña sonrisa llena de calma, mi prima siempre había sido así, un ser dulce que se preocupaba por los demás aun si eso significaba olvidarse de sí misma. Por eso y a pesar de estar agotada, deseaba hacerme sentir mejor con sus palabras, porque ella me conocía. Y como solía hacer cuando ella era una niña, me incliné sobre la cama para dejar un beso en su frente.

―Gracias, Mei ―susurré cuando me alejé―. Descansa para que te repongas completamente.

Ella asintió y cerró sus ojos, regalándome un semblante tranquilo. Acomodé las sábanas sobre ella para que estuviera bien abrigada y me enderecé, jurando ante ella y a mí mismo que algo así no volvería a ocurrir, ponía mi honor en garantía antes de permitirlo.

Al girarme hacia la puerta, vi que mi madre estaba allí, manteniendo ese porte estoico tan propio de ella. Caminé en su dirección y tomé su mano para besar sus nudillos; no hubo palabras entre nosotros, pero tampoco eran necesarias porque éramos transparentes el uno para el otro. Mi madre era una mujer fuerte e inteligente, y precisamente de ella había aprendido a considerar todas mis opciones antes de tomar alguna decisión, mi padre solía llamarle a eso "ofensiva reposada".

―Vi que las reparaciones han comenzado, aunque no son muchas en realidad ―mencionó.

―Nuestras mayores pérdidas fueron las vidas que esos malnacidos sesgaron anoche ―dije, tratando de contenerme―. He pedido a Eriol que se encargue de informar a sus familiares y brinde la debida retribución de nuestra parte… junto con el agradecimiento del ducado.

Ella asintió.

―Hijo… ―Guardó silencio por varios segundos, quizás buscando las palabras adecuadas, pero luego, negó con su cabeza y sonrió sutilmente―. Por favor, descansa cuando tengas oportunidad. No quiero que sufras un colapso.

―Lo haré, madre.

Inclinó su cabeza ante mí y siguió su camino hacia mi prima. Estaba seguro que ella sabía mucho más de lo que aparentaba, sin embargo, optaba por no inmiscuirse y dejar todo en mis manos. Lo cual significaba mucho para mí.

Era hora de ponerse en marcha. Había cometido un error al esperar que ese desgraciado actuara primero, pero eso no volvería a ocurrir.

Con decisión, bajé las escaleras hasta llegar a la planta inferior y avancé hacia el despacho ducal que ya había sido limpiado. Sobre la superficie pulida del escritorio, descansaba el pergamino que esa maldita mujer había dejado atrás, antes de escapar con sus hombres: un mensaje del Caído.

Había cosas en todo ese despliegue que no tenían sentido para mí, empezando por las palabras que esa demente me había dicho sobre su señor, y el que hubiera venido expresamente a retarme al pensar que era yo era un usuario del hyfel, como todo aquel que me conocía… Eso me indicaba que estaba en la mira del enemigo. Y debía admitir que, siendo ella una verdadera portadora de la gracia del guerrero, me había costado un infierno mantener la maldita pantomima que enmascaraba mi verdadera bendición.

«Si la pelea se hubiera extendido más tiempo, no hubiera podido seguirle el ritmo y todo se habría venido abajo», pensé. Debía tener mucho cuidado de ahora en adelante… y averiguar qué tanto sabía el Caído de mí.

―Parece como si hubieran caído sobre ti los años del mundo. ―Alcé la mirada y me encontré con los ojos azulados de mi amigo―. ¿Está bien la princesa?

Asentí y enfoqué mi atención nuevamente en la misiva, era una clara amenaza en nuestra contra.

―"La osadía se paga con sangre" ―recité, apretando mi puño.

―Es obvio que se refiere a la alianza.

―Se suponía que sólo los miembros del Consejo de Guerra sabían de la decisión de Xiong ―dije―. Definitivamente hay un infiltrado.

―¿Y qué harás?

Había estado evaluando opciones, que de hecho eran muchas, pero sólo una de ellas era la que realmente me atraía, aunque fuera riesgosa. Eriol y yo ya habíamos discutido y evaluado lo que había pasado, porque iba más allá de una simple infiltración a mis tierras. Si los hombres que estaban vigilando la ciudad y los caminos no los habían visto, ¿de dónde habían venido los enemigos?... Dirigí la mirada al mapa de nuestro continente, Accanterra; Cerenia abarcaba gran parte del territorio central y tenía una posición geopolítica estratégica muy ventajosa ya que colindábamos con varios reinos… por eso pensaba que ese maldito no se estaba moviendo por mar: lo hacía a través de nuestro reino y por eso nadie los veía llegar. Él tenía libre tránsito por nuestro territorio, y aunque me costara aceptarlo eso podía tener un único y oscuro significado… Era la única explicación para que los ataques se dieran de tal forma en el continente y que hubieran llegado hasta Meilin sin problemas.

―Zhuran ya no es seguro ―dije, volviéndome de nuevo a mi amigo―. Así que creo conveniente que su alteza regrese a Diem.

―La capital es un nido de lobos.

―Pero yo soy el gran Señor de Lobos, es el título que viene con el ducado ―dije con una sonrisa astuta.

―Eso significa que también irás a Diem.

―Lo haré ―expresé con seguridad―. Me he dedicado a esperar a que los enemigos me ataquen para defenderme, pero es hora de que yo les devuelva la cortesía.

―Sí, ese es más tu estilo.

―Xiong necesita apoyo y guía para afrontar al Consejo de Guerra. Es astuto, pero le falta osadía, algo que a mí me sobra.

―Sin lugar a dudas ―rio―. Imagino que deseas que todo quede en orden antes de partir y que mande a preparar tu residencia en Diem.

―No quiero alertar a nadie de mis planes ―dije, rascando mi barbilla―. Puedes encargarte de eso estando allá.

―¿Ah, es que también debo ir contigo? ―preguntó, alzando una ceja.

―Obviamente, las personas de mi entera confianza vienen ―dije, palmeando su hombro.

―Layla no va a estar contenta… sabes que odia la ciudad y a los pomposos nobles.

―En eso los tres nos parecemos.

―Yo sólo odio a un noble en particular ―dijo, mostrando una sonrisa fría, esa que siempre enseñaba cuando salía a relucir el marqués de Blowel… su padre.

Sí, Eriol era un hijo bastardo que había vivido en la extrema pobreza junto a su madre durante su infancia. Años duros en los que cultivó un profundo odio hacia el hombre que lo había rechazado y desechado como si no tuviera ningún valor, cuando la verdad era que lo tenía y mucho, porque más allá de su grandiosa bendición, Eriol era extremadamente listo y sagaz, desde pequeño lo fue, y eso mismo fue lo que provocó en mi padre un sentimiento de empatía. No dudó en ofrecerle un futuro a él, al mismo tiempo que me brindaba un hermano a mí.

―No creo que el marqués esté en la capital, no es temporada y debe estar en su mansión solariega.

―En realidad, estimado amigo, no me extrañaría que el marqués esté involucrado y por eso podría casi jurar que está en la capital ―dijo con desdén.

―Es una acusación de peso, pero lo averiguaremos estando en Diem y es por eso que te necesito allí.

Eriol resopló y asintió con la cabeza.

―¿Cuándo partiremos?

―El doctor Liu me dijo que su alteza estará respuesta de su herida en unos diez días, quiero que todo esté listo para partir justo en ese momento ―mencioné y recordé también el otro asunto―. Y, por cierto, quiero que asignes a alguien de confianza que lo vigile y nos pase reportes. Es un hombre de honor, pero a veces su curiosidad lo lleva hacia lados que no nos convienen… Espero que no ocurra, pero es mejor prevenir. ―Más cuando la seguridad de Sakura Kinomoto dependía de ello.

―Así será ―dijo, haciendo una inclinación de cabeza―. Hablaré con Layla para enviar a uno de sus hombres, y haré llamar al administrador para dejar todo en orden. Imagino que la duquesa viuda quedará a cargo de Zhuran.

Asentí.

―También debemos pensar en lo que haremos para encarar los escenarios que enfrentaremos en la capital ―dije y me llevé la mano hasta la barbilla―. Que Layla envíe una misiva a nuestros hombres para que estén enterados de nuestra movilización hacia Diem. Eso retrasará las noticias… pero confío en que ellos nos informarán más rápido que cualquier otro sobre los movimientos en el sur.

―Pensando en nuestras deducciones y en el ataque sufrido… las probabilidades de que el Caído ataque en el sur se incrementaron al 75% ―dijo―. Si Zansyr cae, no sólo ejercerá presión sobre nosotros, también lo hará sobre Sion y eso disolverá las intenciones de una alianza.

―Xiong debe mover sus piezas pronto para garantizar una coalición, aunque no sea por matrimonio ―dije―. Tenemos mucho qué hacer cuando lleguemos.

―¿Le avisarás?

―Justo cuando partamos, enviaremos al mensajero con unas horas de ventaja ―dije.

―Bien, comenzaré con los preparativos.

Ante mi asentimiento, hizo una inclinación de cabeza y salió del despacho.

Diem sería un nido de sanguijuelas, pero yo era un especialista en sacarlas a la luz. El ataque frontal los descolocaría y les obligaría a replegarse para pensar en otra táctica. Además, el Caído pensaba que había cumplido su objetivo de acabar con Mei y debía seguir así, eso nos daría un margen de tiempo de paz que debíamos aprovechar para garantizar que mi prima llegara sana y salva al palacio.

―A veces el lugar más seguro… es precisamente el más peligroso ―susurré y miré el fuego.

Estaba tomando una medida drástica, por ello necesitaría un poco más de información… y afortunadamente una persona estaría dispuesta a dármela. Guardé la nota del Caído entre mis ropas y caminé por los corredores hasta las escaleras que daban hacia el sótano, los guardias inmediatamente me otorgaron el saludo militar y me dejaron pasar. Bajando las escaleras me encontré con los ojos cansados de Layla, aun después de haber perseguido sin éxito a esas escorias por el bosque oscuro, se había mantenido a mi lado durante los interrogatorios y se había ofrecido a encargarse de la seguridad de la mansión mientras me ocupaba de Mei… Por eso mismo, estaba allí con los hombres que aún se mantenían bajo custodia.

―¿Han dicho algo? ―Su cabello rojo se movió con su cabeza al negar.

―La muerte que les espera si hablan, seguramente será peor que cualquier castigo que podríamos darles nosotros.

―Quiero una confesión: nombres, lugares… cualquier cosa que nos lleve al Caído, no importa el método ―dictaminé sin que me temblara la voz.

―Lo intentaré una vez más, excelencia ―aceptó tras un suspiro profundo.

―Pero antes de eso, acompáñame. Quiero averiguar algo ―dije, pasando por su lado.

Mis pasos me guiaron hasta una puerta de madera que no dudé en abrir, la habitación era pequeña y oscura, apenas había un par de velas iluminando el lugar y el olor a humedad era desagradable. En el centro había una silla donde estaba el comandante de la escolta de Meilin.

Su cabeza estaba gacha y sus manos atadas a su espalda, el capitán Han había respondido cada una de las preguntas que se le habían hecho una y otra vez, sin cometer ningún error de concordancia, lo cual era un indicativo de que decía la verdad pues había sido sometido a… situaciones tensas. Sin embargo, todavía me faltaba por saber de qué lado estaba y lo comprobaría justo en ese momento.

Rodeé la silla y tras sacar la daga que siempre llevaba en mi cinto, corté las cuerdas que lo mantenían sujeto.

―Si bien no estuvo involucrado en el atentado que se suscitó en contra de su alteza ―inicié―, debe entender que esos hombres estaban bajo su mando, capitán. La culpa también recae en sus hombros.

―Eso lo sé mejor que nadie, coronel ―dijo, sobándose las muñecas―. Le juré por mi honor a su majestad que protegería a su alteza… y le he fallado.

―Le daré una oportunidad para redimirse ―capturé su atención―. Quiero saber, ¿quién seleccionó los hombres que componían la escolta?

―Yo mismo escogí a los mejores ―dijo con orgullo, pero poco después su ceño se frunció―. Aunque a esos dos… los recomendó el comandante de la guardia real.

―¿El coronel Zhong? ―El capitán asintió a mi pregunta.

―Me pasó una lista de cinco hombres, escogí a esos dos porque los conocía de nuestras guardias en el palacio y sabía de sus habilidades… ―Frunció su ceño completamente―. Aunque no me enorgullezca reconocerlo, confié en lo que mi superior decía.

Si lo que decía Zhao Han era cierto, no hubiera importado a quienes escogiera, esos cinco hombres eran parte del complot. Maldición, entonces mis sospechas eran ciertas, el Caído tenía aliados poderosos en Cerenia. Y aunque Lao Zhong fuera inocente, alguien debió darle esa lista…

―¿Crees que el coronel esté involucrado? ―preguntó Layla a mi espalda.

―No puedo culparlo sin pruebas… ―mencioné, pensativo―. ¿Tiene la lista en su poder?

―No, él se la llevó cuando escogí los nombres ―dijo, sin relajar sus cejas gruesas. Tras un breve silencio en el cual evaluaba mis opciones, volvió a hablar―: Si me permite, coronel. ―El hombre se levantó y en sus ojos oscuros pude ver su determinación―. Imagino que está considerando enviar a la princesa de vuelta a Diem.

El capitán era listo, debía reconocerlo. Me crucé de brazos y enfrenté su mirada.

―¿Tiene alguna propuesta?

Asintió inmediatamente.

―Dijo que me daría la oportunidad para resarcir mi error: la tomaré ―dijo―. Yo le ayudaré a reunir esas pruebas una vez estemos en la capital.

―¿Y cómo puedo confiar en usted?

Zhao Han colocó una rodilla en el piso y llevó su mano derecha a su pecho.

―Estoy poniendo mi dignidad en juego, coronel ―dijo, mirándome desde su posición―. Y para hombres de batalla como nosotros, el honor lo es todo.

Lo observé por varios segundos, sus ojos no se desviaban de los míos tratando de hacerme ver que estaba hablando en serio. Ya sabía que Diem estaría plagada de ratas ocultas tras la capa de mi primo, por eso… quizás no era tan malo tener un aliado que supiera moverse por la ciudad y que, además, fuera un excelente espía. Aunque eso no significaba que gozaría de mi confianza todavía.

El tiempo diría si realmente Zhao Han era de fiar.

―Lo pensaré, pero de momento quiero que usted mismo se haga cargo del interrogatorio de esos traidores. Necesitamos información ―ordené.

―Le agradezco tal oportunidad, coronel… ―aceptó con una sonrisa gélida y, repentinamente, sus ojos comenzaron a brillar en rojo. Había activado su bendición―. Le aseguro que ellos no podrán mentirme y llegaré al fondo de esto.

―¿Eres portador del wirioned? ―ante la pregunta de mi amiga, el capitán amplió su gesto sediento de venganza.

―La verdad me pertenece por derecho, capitana Mao. Yo siempre logró obtenerla.

Una bendición habilidosa del elemento fuego, muy útil en tales tiempos sin lugar a dudas, pero más allá de eso, sentí la empatía que solamente podía forjar un sentimiento poderoso como el resentimiento.

―Encárguense ambos ―dije, dándome la vuelta―. Esperaré las noticias.

―¡Sí, señor! ―dijeron al unísono.

Layla solía ser demasiado suave a veces, pero los gestos, el tono de voz y las palabras del capitán, me habían mostrado su determinación de hacerse con esa verdad. A él no le temblaría el pulso para obtener lo que ambos queríamos: respuestas y un castigo para esos sujetos que habían puesto en riesgo la vida de una niña como Meilin.

Estando de regreso en la planta principal de la mansión, me permití mascullar una maldición y asestar un golpe contra la pared, necesitaba llegar al fondo de esto para saber cómo actuar en la capital.

―Excelencia ―escuché la voz de Wei llamarme y enseguida sentí mi pulso acelerarse. Mi mayordomo venía en sentido contrario, aun así, preferí darle alcance a paso apresurado.

―¿Despertó?

―Así es ―respondió―. En realidad, lo hizo hace treinta minutos, pero consideré pertinente que se aseara adecuadamente, antes de su audiencia con usted.

―¿Ella… ha recuperado sus fuerzas?

El anciano arrugó un poco su gesto.

―Su piel aún luce pálida y no pudo levantarse por sí sola, tuve que pedirle apoyo a la señora Wu para que la asistiera en su aseo.

Fruncí mi ceño, había notado la ausencia de color en sus mejillas cuando la dejé en su habitación tras su colapso, pero ingenuamente pensé que estaría recuperada al despertar. Demonios, deseaba conocer los secretos que esa mujer ocultaba con tanto ahínco, pero no era tan desgraciado como para obligarla a hablar cuando no podía ni andar sobre sus pies.

―La dejaré descansar entonces ―determiné―. Avísame cuando ella esté en condiciones, por favor.

―De hecho, excelencia, fue ella quien me pidió que viniera por usted ―dijo, sorprendiéndome―. Sus palabras exactas fueron: "Cumpliré mi palabra porque él seguramente está esperando lo contrario".

Sin poder evitarlo, una pequeña sonrisa se dibujó en mi boca, eso era algo que ella diría sin lugar a dudas. Aun en ese estado tan lastimoso, le gustaba buscar discordia.

Asentí y emprendí camino hacia las habitaciones de la servidumbre en completo silencio, tratando de ordenar mis pensamientos. ¿Debía enfrentarla con un interrogatorio directo, o esperar a que cumpliera su palabra y me contara todo por voluntad propia? Siendo sincero, Sakura Kinomoto era la mujer más enigmática a la cual me había enfrentado y, por primera vez en mi vida, no podía predecir el actuar de una persona.

Era impetuosa, orgullosa y su desfachatez no tenía límites, pero su valor e inteligencia debían ser reconocidos. El poder que ella poseía era magnífico y peligroso en partes iguales, uno que seguramente se había esforzado en ocultar, pero que se atrevió a usar delante de mí para salvar la vida de Mei, previamente asegurando su propia seguridad con mi palabra de por medio.

La chica era audaz sin lugar a dudas.

Wei alzó su puño para golpear la puerta con suavidad apenas estuvimos frente a ella, la amable voz de la señora Wu no tardó en escucharse y poco después se asomó, mostrando sorpresa al verme allí.

―¡Excelencia! ―exclamó, inclinando rápidamente su cabeza.

―¿La joven está despierta?

―¡Oh! Sí… sí lo está, pero no se siente bien, al parecer la mala experiencia que pasó anoche le afectó mucho y…

―Señora Wu ―escuché su voz cansada ondear detrás de la puerta―. Deje que pase. Lo estaba esperando.

Mi ceja izquierda se alzó ante aquella frescura, aunque no debería sorprenderme viniendo de ella. Di un paso al frente y entré en la pequeña habitación ante la mirada atónita de la señora Wu, divisando inmediatamente a la pequeña belicosa tendida sobre la cama. Cuando giró su cabeza hacia mí, evidencié las profundas ojeras debajo de sus ojos verdes que no brillaban con la misma intensidad de siempre… No había fuego en ellos, sólo resignación.

―Déjennos, por favor.

―Pero excelencia, no es…

―Señora Wu, le tengo un gran aprecio y respeto, usted lo sabe, pero he dado una orden y debe cumplirla ―dije, sin alzar mi voz.

La mujer que me había visto crecer, inclinó su cabeza y salió de la habitación inmediatamente, cerrando la puerta tras ella. Cuando el silencio nos rodeó, sus ojos cansados se posaron sobre mí mostrando sus finas cejas arrugadas junto a esa respingada nariz: estaba molesta.

―No tenías que tratarla así.

No le respondí y me limité a seguirla observando desde donde estaba; ella mordió su labio inferior, mostrando su indecisión de dar el paso. No pude evitar el evocar aquel primer encuentro en casa de Eriol, ella toda temerosa, débil y con un futuro incierto. En cierta forma podía comprenderla y hasta me reflejaba en ella, porque yo sabía muy bien lo que era guardar en secreto una bendición para poder… vivir.

Bajo su atenta mirada, me desplacé hasta una esquina para tomar una silla que allí estaba y la acerqué hasta la cama para poder sentarme a su lado. Daría yo el primer paso.

―Quiero iniciar nuestra conversación, agradeciéndole por salvarle la vida a su alteza. ―Sus ojos se abrieron completamente―. ¿Por qué se sorprende?

―Pensé que tu orgullo no te permitía dar gracias.

―Sigo diciendo que usted tiene un concepto equivocado sobre mi persona.

―Es lo que me has mostrado. ―Viéndola intentar enderezarse, me incliné hacia adelante para brindarle mi ayuda y así logré recostarla en la cabecera de la cama―. Aunque sí debo reconocer tu sentido de la caballerosidad. ―Un quejido salió de sus labios al tratar de mover su brazo―. Me siento como si me hubiera arrollado camión.

―¿Qué ha dicho?

―¡Que me siento como si me hubiera arrollado un maldito carruaje!

―¿Seguimos con las palabras inadecuadas?

―Oh, no ha escuchado nada, excelencia. Mi léxico es bastante amplio en cuanto a groserías, ya se lo había dicho antes.

Solté un suspiro… esto no estaba avanzando hacia ningún lado.

―¿Está dilatando el momento a propósito? ―pregunté, alzando una ceja. Sus mejillas se sonrojaron en el acto―. Sí lo está haciendo.

Ella no respondió, sólo desvió la mirada hacia su regazo y comenzó a jugar con sus dedos, era como una pequeña que había sido pillada en su travesura. El silencio volvió por varios minutos y en consideración a la dama no lo rompí, estaba dispuesto a ir a su ritmo. Cuando se armó de valor, sus ojos de jade volvieron a mí.

―¿Me… delatarás?

―Usted cumplió con parte del trato, yo cumpliré con lo que me corresponde.

Susurró un "gracias" apenas audible y volvió a sumirse en el mutismo, quizás evaluando la forma de revelarme su verdad porque podía ver en su lenguaje corporal que, a pesar del miedo que tenía, ella cumpliría con su palabra.

―Mi poder… no preguntes nada de él porque ni yo misma lo comprendo ―dijo al fin―. Yo… perdí a mis padres y a mi hermano en un accidente cuando tenía ocho años, esa misma noche descubrí mi don porque… gracias a eso… yo no morí.

―¿A qué se refiere?

―Yo… además de poder sanar a las personas, me recupero con extrema rapidez ―dijo, torciendo los labios en una mueca―. Esa noche yo… sufrí múltiples heridas, huesos rotos… o eso dijeron los testigos, pero cuando llegué al hospital, los doctores dijeron que mis heridas apenas eran superficiales.

―¿Funciona con cualquier herida o…? ―Ella negó con su cabeza, interrumpiendo mi pregunta.

―Sólo si la vida se ve amenazada…

Era un poder interesante, sin lugar a dudas, pero peligroso si caía en manos enemigas.

―¿Y por qué el agotamiento? Debo admitir que me dio un gran susto el verla desplomarse.

Ella sonrió levemente y miró hacia su regazo otra vez.

―Siempre me pasa… ―Soltó un suspiro y continuó―: Después de tantos años lo único que he logrado comprender de mi poder, es que transmito mi energía vital. Es por ello que…

―Se desmaya ―completé.

―De donde yo provengo, eso no es normal ―dijo, frunciendo su ceño―. Sería catalogada como un fenómeno o me considerarían objeto de estudio… Es por eso que lo he mantenido en secreto… hasta ayer. ―Alzó la vista hacia mí.

―Le di mi palabra y pienso cumplirla ―dije con seguridad―. De mi boca no saldrá nada a menos que usted así lo desee.

―Es… extrañamente liberador tener con quién hablar de esto ―dijo… y yo mejor que nadie, la entendía―. Pero habiendo llegado hasta aquí… debo abordar el siguiente punto. ―Frunció su ceño y señaló hacia el pequeño armario―. Entre la ropa que hay allí, encontrarás una almohada, ¿puedes traérmela? ―La miré haciendo una mueca y ella enseguida frunció el ceño aún más―. Si te suelto todo sin pruebas, me llevaras con un loquero.

Decidí cumplir su solicitud, aunque me pareciera una necedad. Removí entre las pocas cosas que ella guardaba allí y conseguí lo que me había pedido, pesaba más que una almohada común, así que… debía contener algo. Se la acerqué y ella no tardó en sacar la almohada para luego vaciar sobre sus piernas todo el contenido de la funda… dejándome perplejo.

―Por tu expresión puedo intuir que jamás habías visto algo como esto ―dijo, señalando los distintos objetos. Negué con mi cabeza, sin desviar la mirada de ellos―. Yo… no soy de este mundo.

―¿Cómo dice? ―pregunté apenas en un susurró; ella mordió sus labios.

Tomó una funda de cuero negro y la abrió, extrayendo de su interior una pequeña tarjeta que me extendió.

―¿Reconoces estas letras?

La tomé, sintiéndome completamente inseguro y la examiné. El material era más duro que el cartón, pero a su vez maleable, y en él estaban impresos caracteres que no podía leer, sólo comprendía los números, y… lo que me dejó más impresionado fue el pequeño retrato tan realista de la mujer que tenía en frente.

―Es mi identificación ―dijo y señaló su imagen―. Esto es una foto, una especie de retrato, pero más real… y las letras que no puedes leer dicen toda mi información: nombre, apellido, edad, fecha de nacimiento, tipo de sangre y otras cosas.

―¿Cómo es… esto posible?

―Lo mismo me pregunto yo… ―Su voz sonaba vacía de esperanza―. En un cerezo apareció una luz extremadamente brillante que me tragó y me arrojó en el bosque donde estuve perdida, eso fue dos días antes de que tú me encontraras.

―Por eso sus ropas… ―dije, recordando ese día.

―Es común que las mujeres usemos pantalón en mi mundo ―dijo, sonriendo un poco―. Déjame mostrarte.

Tomó uno de los objetos y después de presionar uno de los bordes… este mostró una luz. Algunos colores aparecieron en él y luego… una imagen de la chica con dos personas más… Impresionante.

―Esto es un celular, puedes usarlo para comunicarte con personas que estén lejos instantáneamente y tiene otras funciones como tomar fotos ―dijo mientras deslizaba sus dedos sobre la superficie que parecía vidrio, y luego me mostró. La imagen me dejó aún más estupefacto de lo que ya estaba―. Este es mi mundo ―dijo―. Es la última foto que tomé antes de ser transportada aquí.

Lo tomé entre mis dedos y observé las grandes estructuras que se alzaban hacia un cielo anaranjado, un atardecer. Definitivamente, no había lugar así en este continente ni en ningún otro.

La joven volvió a recalcar que en aquel mundo no existían las bendiciones y que por ello había mantenido la suya en secreto, sintiéndose fuera de lugar… vacía e incomprendida. Completamente sola y todo por culpa de ese poder que ella no comprendía… y no pude evitar sentir empatía, porque había descrito a la perfección como yo me sentía con respecto a mi bendición.

―Estás muy callado… eso es raro en ti.

―Creo que es la primera vez en mi vida que no sé qué decir ―me sinceré.

―Eso es un logro muy importante ―dijo, tratando de relajar el ambiente tan tenso que se había impuesto―. Debo añadir a todo esto que, de alguna forma extraña, también puedo comprender tu idioma, aunque por tus letras sé que no es el mismo que yo hablo… el japonés.

―¿Lo está hablando ahora?

―No tengo ni idea ―dijo, soltando una risa rebosante de sarcasmo―. Me di cuenta de ello cuando leí el primer libro en tu biblioteca… e ingenuamente se lo achaqué a la magia que me trajo aquí.

―No sé si eso sea posible… En realidad, todo esto me parece inverosímil ―dije, observando el objeto en mis manos.

―Imagina cómo me siento yo… ―suspiró pesadamente―. ¿Tú sabes algo de mi poder? Yo… creo que fui enviada aquí para descubrir de qué se trata, pero… apenas pude leer algo de las bendiciones en tus libros y no supe cómo calificar la mía o si es realmente una bendición.

―Es una bendición sin lugar a dudas ―aseveré porque, si era lo que yo creía, su bendición era la contraparte de la mía… Y el hecho de haber sentido esa sincronía entre los dos cuando ella la usó, al punto de revelarse mi poder sin que yo así lo quisiera, era una prueba casi irrefutable.

―¿Dijiste algo?

Negué con mi cabeza y proseguí:

―Si es lo que sospecho, se trata de una muy especial y por eso no encontrará nada de ella en mis libros. Necesitaré más información para darle una respuesta contundente.

―¡¿Entonces me ayudaras a entenderla?! ―preguntó y se atrevió a tomar mi mano libre―. Tenía la esperanza de poder volver a mi mundo si salvaba a tu prima, pero no funcionó… Quizás es porque no he descubierto de qué trata mi poder… y las malditas voces me abandonaron...

―¡¿Voces?! ―pregunté y fue imposible disimular mi interés.

Ella asintió y me comentó que antes de ser absorbida por el portal, unas voces le dijeron que era su destino venir aquí y por eso asumió que era su deber salvar a Mei. Voces susurrantes, así las había descrito… Eran las mismas que yo oía.

―También mencionan una palabra que no sé qué significa.

―¿Cuál palabra?

―Heiran. ―Al escucharla, tragué grueso, porque si bien lo había susurrado antes de colapsar, en voz alta y con tanta seguridad… traía a mí las mismas emociones que vivía en mis sueños―. ¿Sabes lo que significa?

Cerrando mis ojos asentí y evoqué en mi mente la imagen de aquel lobo que descansaba en su regazo, mientras ella me pedía que no olvidara mi promesa.

―Lobo oscuro… ―susurré.

―¿Por qué dirían algo como eso? Y lo repiten hasta el cansancio…

―No lo sé… pero es algo que puede verse después ―dije, alzando nuevamente el aparato, para evitar caer en ese tema que era delicado para mí.

No iba a compartir con ella mis sueños de momento, no valdría de nada y le causaría más preocupaciones de las que ya tenía sobre sus hombros.

Me atreví a deslizar mi dedo como ella lo había hecho y otra imagen apareció, parpadeé al ver una imagen de la chica con esas mismas dos personas que había visto antes.

―Son mis tíos, ellos se encargaron de mí cuando mis padres fallecieron ―dijo, al tener su objeto de vuelta―. Deben… estar preocupados por mí. ―Su voz se quebró al final―. Li… sé que eres un duque, alguien de la nobleza y yo en este mundo no soy nadie, pero… ahora que sabes todo esto, eres el único en quien puedo apoyarme. Sólo tú puedes ayudarme.

Nuestro acuerdo sólo me obligaba a mantener todo lo que me había dicho en secreto y velar por su seguridad, pero algo en ella me obligaba a ir más allá… quizás inducido por lo que mis sueños provocaban en mí. Esa necesidad de comprender, de descubrir los misterios que ellos encerraban y que nos envolvían a ambos, porque si todo seguía desarrollándose como hasta ese momento… era probable que ese escenario tan temido llegara, aunque esperaba que fuera más metafórico que literal.

Pensé entonces en nuestro viaje a la capital, dejarla sola en Zhuran era un riesgo porque aun siendo muy cuidadosa, no tardarían en descubrirla. No, debía encontrar una forma de llevarla conmigo sin que fuera tan sospechoso, además, estaba seguro que en Diem podría encontrar más información de su bendición, de mis visiones y del maldito favorito del sueño que no me dejaba en paz.

―Le ayudaré.

―¿En serio? ―Asentí sin dudarlo―. ¡Muchas gracias! De verdad te lo agradezco. ―Apretó mi mano y liberó las lágrimas que estaban retenidas en sus ojos.

«Destinos enlazados», escuché en mi cabeza y por su expresión ella también lo había hecho. Y aunque fuera una locura, le di la razón a las voces… porque de alguna forma nuestros destinos estaban conectados y en Diem descubriríamos por qué.

¡Hola, chicos! Aquí tienen el capítulo diez de esta aventura :D Al duque se le han venido un montón de cosas encima y parece ser que el Caído sabe y está interesado en él :O También vimos que se ha hecho de un aliado con una interesante bendición: el poder de obtener la verdad :O Shaoran está tratando de dejar todo en orden porque habrá un cambio de escenario hacia uno más hostil. ¿Se esperaban que Eriol fuera un hijo bastardo? A mi me encanta la historia de él, porque teniendo todo en contra, logró surgir y volverse la mano derecha del duque :D

Ahora con Sakura, le ha dicho toda la verdad a Shaoran y ya vimos lo que él piensa. Aun cuando no dice de que se trata, su poder es la contraparte del suyo si sus sospechas son ciertas, ¿lo serán? :O ¡Y ha prometido ayudarla y protegerla! Pero antes debe encontrar una forma de poder llevarla a Diem con él, ¿cómo lo logrará?, ¿qué pasará entre ellos ahora que son aliados?, ¿Sakura se ganara la confianza de Shaoran y le confesará su parte?, ¿qué encontrarán en Diem?, ¿el Caído volverá a atacar? Eso lo veremos en los siguientes capítulos.

Muchas gracias a todos los que se han animado a dejarme sus valiosos comentarios, me muestran cuando disfrutan de la lectura y espero que este capítulo haya sido de su agrado, porque deja bastante información, especialmente de las bendiciones de Sakura y Shaoran. Siempre respondo a todos sus mensajes, pero quiero dejar un saludo especial a los Guest a quién no puedo responderles, en especial a Lau, un beso enorme para ti :) Y a Kawalina que se puso al día en menos de una semana haha.

Y nuevamente, les agradezco a mis lectores cero Pepsipez y WonderGrinch que me prestaron sus ojitos para la revisión y por sus comentarios oportunos :D

Espero sus opiniones acerca de este capítulo, estaré encantada de leerlas. ¿Seguimos juntos en esta aventura? Espero que sí. Los siguientes capítulos serán interesantes y el próximo es de mis favoritos XD

Les recuerdo que todos los miércoles dejo adelantos en mi página de Facebook, así que pasen por allí para estar enterados de esto y mucho más :D Y por cierto, quiero agradecer a todos los que se conectaron conmigo en el live que hicimos sobre "El Príncipe de la Máscara", fue genial poder hablar un poco más de la edición y de lo que vendrá :D

Nos leemos en el siguiente.

Un beso para todos y mucho ánimo chicos,

CherryLeeUp.