Luego de llegar a un acuerdo, Gaara y Deidara consiguieron burlar a la prefecta y los maestros, aunque claro, con bastante apoyo del resto de sus amigos. Todos querían ayudar así fuera en lo más mínimo.
Las cosas entre Naruto y Sasuke no podían terminar de esta manera, no después de tanto. No a pesar de tanto amor.
Estaban a punto de saltar una barda para poder escapar por la parte trasera sin ser vistos, cuando una llamada insistente hacía sonar el celular del rubio lo cual ponía en peligro toda su misión.
—¡Apaga esa cosa, Deidara! —exigió el pelirrojo terminando de escalar para cruzar al otro lado.
El nombrado sacó el móvil de su bolsillo izquierdo y al ver de quién era la llamada solo se alteró más. Se trataba de Itachi.
¿Qué debería hacer?
¿Contestar?
¿Decirle una mentira?
Además, había algo que estaba olvidando por completo, para llegar rápido necesitaría la motocicleta que Itachi le obsequió y esa se encontraba en el estacionamiento, de donde no podía tomarla puesto que ahí alguien podría verlos y todo se iría al carajo en un dos por tres.
Chasqueó la lengua y contestó.
—¿Qué pasa Ita?
—Acabo de pasar al salón para avisar que tengo que salir y no estabas ahí —el menor se mordió el labio inferior por el nerviosismo— Dime que no estás haciendo lo que creo que estás haciendo
—Depende de qué creas que estoy haciendo…
—Dei… —la voz del mayor denotaba frustración—. Escucha, tus padres están aquí. Los vi pasar a la dirección junto con tu abuelo.
—Lo siento, Itachi. Haremos esto con o sin tu consentimiento, pero sería mucho más sencillo para nosotros si me dejaras usar la moto.
—Quedamos en que no nos entrometeríamos más, hermoso.
—Una ultima vez ¿vale? —el rubio suplicaba— Te prometo que si no se arregla nada, no me volveré a meter…
El tiempo pasaba, segundos que a Deidara y a Gaara ya afuera de la institución les parecieron eternos, mientras que del otro lado de la línea telefónica no se podía escuchar más que la respiración del Uchiha, lo estaba considerando, claro que lo hacía.
—¿Qué voy a hacer contigo, amor? Eres todo un demente —suspiró cansado—. Vale, espérame dos calles adelante, voy a llevarte la moto.
Itachi colgó y Deidara sonrió triunfante, para luego proseguir en su acto de escape estilo estudiante de secundaria. Más vale que toda esta locura valga la pena.
Corrieron sin mirar atrás hasta llegar al lugar acordado, una vez ahí tuvieron que esperar otro rato hasta que el docente cómplice de sus travesuras llegó con el transporte.
El rubio pelilargo corrió en dirección a él para abrazarlo, sin importarle que estuvieran en plena calle y varias personas pasaran por ahí en ese instante. La escena para Gaara fue bastante embarazosa pues no ves a un profesor abrazar de esa manera a un alumno a diario, pero prefirió hacerse de la vista gorda.
—Ve con cuidado —solicitó el mayor apartándose un poco de él y acomodándole los mechones de cabello que cubrían su bello rostro.
—¿Tu qué harás?
—Sasuke quiere que lo lleve al aeropuerto…
—Pero Ita…—
—Debo hacerlo, si me niego sospechará y se irá en taxi de todas formas, ya lo conoces. Trataré de hacer tiempo porque tampoco quiero que se vaya, pero si aun con todo lo que planeas el decide marcharse, lo dejaremos en paz ¿vale?
El menor asintió y luego de llegar a ese acuerdo Itachi se fue caminando a prisa.
La puerta de la habitación 37 fue cerrada por el una ultima vez, con clama avanzó por el pasillo arrastrando una maleta detrás de suyo. Le resultaba extraño que todo pareciera estar tan tranquilo, sobre todo este día que, al ser el último, varios alumnos querían burlar.
Decidió esperar a su hermano mayor en el dormitorio de profesores pues de todas maneras ya tenía todo en orden.
Para llegar hasta ahí tuvo que atravesar gran parte de la institución, recorrido lugares que solo sirvieron para abarrotar su mente de recuerdos tanto gratos como desagradables:
Cerca de la entrada pudo ver la fuente y revivir el momento fue como una bofetada para él y su corazón todavía lastimado:
—No tengo idea de cómo se baila esa canción
—Y yo no tengo idea de cómo se lleva una relación, pero quiero llegar al fondo de esto contigo, teme.
—Iremos con calma ¿vale? Te quiero tanto Naruto.
Continuó su recorrido con una leve sonrisa melancólica jugando entre sus labios.
El pasillo principal le trajo el recuerdo más reciente, ver a Naruto huir después de golpearlo por creer que besó a Sakura:
—De todas las personas en el puto colegio te tenía que encontrar así con ella… ¡¿Por qué tenías que escoger precisamente a ella?! ¡¿POR QUÉ A SAKURA?!
¿Por qué todo tuvo que ser así? Tan difícil de conseguir y tan fácil de destruir.
Por un momento fue como si una alucinación de ellos dos se hiciera presente solo para atormentarlo.
—Así se dará cuenta de que el "amor" y las relaciones de pareja son una verdadera estupidez
—¿Me das un beso de buenas noches?
—Bésame, Sasuke… bésame
—Me encantas, Naruto
—Y tú a mí.
—Eres un dobe
—Pues este dobe es tu novio y te encanto.
—Mi primer error fue creer que lo nuestro podría funcionar, que podía terminar por corresponder tus sentimientos. Lo siento mucho Sasuke, pero creo que es mejor que busques a alguien más, yo no… Yo no siento lo mismo por ti.
—¿Amor? No sé de qué hablas, para mí fue solo sexo…
Fue como si la vida se empeñara en no permitirle olvidar nada y si, posiblemente así seria, difícilmente llegaría a ignorar o borrar todo lo vivido con ese rubio en tan poco tiempo, pero está seguro de que su camino no termina aquí. A sus casi 18 años el show debe continuar, porque hay muchos sueños por cumplir todavía con o sin Naruto.
No lo considera un error, ni siquiera una piedra u obstáculo en su camino. Solo una lección de la vida, una experiencia de sonrisa encantadora y ojitos color cielo que lo ha transformado de muchas maneras.
—¿Todavía te quieres ir? —la voz de Itachi lo trajo de vuelta al presente, no se dio cuenta en que momento su hermano llegó ahí.
—Claro que sí.
De esta forma fue como Sasuke Uchiha abandonó el instituto un viernes después del medio día.
Las ultimas horas de clases tenían lugar, dentro del salón perteneciente a uno de los grupos de segundo año Shikamaru Nara movía algunas de las piezas de aquel juego que le servía para entretener al profesor. De esta manera el docente ni siquiera reparaba en la ausencia de algunos alumnos.
Tal vez por ser el ultimo día de clases o porque simplemente le preocupaba más no dejarse ganar por su alumno, lo importante es que esta distracción les venía como anillo al dedo.
Uno a uno fueron entrando los estudiantes que faltaban, en tanto el resto se dedicaba a perder el tiempo entre platicas y relajo.
—¿Y? ¿Qué pasó? —preguntaron las tres chicas al unisonó.
—Está hecho —informó Sai.
—Lograron saltarla sin problema, ya deben estar en camino —agregó Suigetsu orgulloso—. El problema es que también Shino alcanzó a ver salir a mi compadrito junto a Itachi.
—Ahora solo nos queda esperar —los demás asintieron mientras Chouji le indicaba el éxito de su parte al Nara levantando el pulgar.
A kilómetros de ahí, el aire les daba con fuerza en medio rostro.
Deidara escogió el camino más corto para llegar a su casa, pero el tráfico no ayudaba en lo más mínimo. Al principio conducía con cuidado, sin embargo, entre la desesperación y la presión del poco tiempo con el que contaban, el cuidado debió quedar tirado en algún lado.
Estaba estrenando su motocicleta por todo lo alto, seguramente ya se había saltado un par de semáforos en rojo e incluso su compañero trató de hacérselo notar, pero no hizo caso.
Dobló a la izquierda y a partir de ahí solo faltarían un par de calles para llegar, pensar que tal vez sus padres podrían regresar y atraparlo ahí lo hizo detenerse de golpe, derrapando un poco sobre el asfalto.
—¿Por qué te detienes? —cuestionó Gaara a su espalada.
—Puede que mis papás ya estén por volver y creo que ya me arriesgue lo suficiente —se quitó el casco y trató de acomodar su cabello—. Tendrás que ir tu solo desde aquí mapache, yo esperaré en este lugar por si Naruto se decide.
—Vale, si es así lo mandare para acá y yo me regresaré al colegio en taxi. No será prudente andar los tres en la moto.
—Cuento contigo, hm.
Todavía algo desorientado, Gaara bajó de la moto y recorrió a prisa el tramo faltante hasta llegar a aquella puerta y tocar el timbre de forma insistente, solo esperaba que la madre e Naruto no fuera a golpearlo por sus imprudencias.
Pasaron algunos segundos en los que nadie abría, así que se decidió por golpear la puerta todavía más desesperado obteniendo un ¡Ya voy! que se oía lejano. Para su fortuna era la voz de una persona bastante conocida para él.
Enseguida la puerta se abrió, permitiéndole identificar delante de el a un rubio maltrecho, despeinado que entrecerró los ojos para acostumbrarse a la luz proveniente del exterior.
—Joder Naru… luces terrible —comentó ahorrándose un saludo más educado.
—Oh, gracias por el cumplido —el rubio se rascó la cabeza avergonzado— ¿Qué pasó? ¿Qué haces aquí?
Ignorando olímpicamente los cuestionamientos de ojiazul, Gaara entró sin pedir permiso mirando en todas direcciones.
—¿Están tus padres?
—No, deben estar en la escuela ¿Por qué?
—Bien, no podría ser mejor —tomó a Naruto por el brazo y literalmente lo arrastro escaleras arriba.
—Oye, oye —se quejaba intentando apartarse— ¿Qué demonios te sucede Gaara?
—Nada, nada. Ya te explico, pero vamos a tu cuarto, necesitamos privacidad absoluta.
—¡¿Qué?!
Naruto estaba completamente asustado, esa actitud dominante y tosca no era propia del pelirrojo, eso era lo que más le ponía los pelos de punta. Las alarmas de su cerebro se activaron, sea lo que sea que Gaara tenga intención de hacer el no esta dispuesto a participar de forma voluntaria.
—No se qué bicho te picó el día de hoy pe…—
No pudo decir nada más porque su boca fue cubierta por una de las manos del Sabaku, para ese momento ya estaban en la puerta de su habitación, el chico extendió su otra mano en la cual sostenía una especie de sobre blanco con su nombre. A pesar de encontrarse algo aturdido por la situación, pudo reconocer inmediatamente la caligrafía y solo entonces se relajó.
—Necesito que leas esto ahora mismo, tienes que ser rápido. No tenemos mucho tiempo Naru…
—¿Sasuke te envió? —preguntó esperanzado.
—Solo entra ahí y léela, yo te esperaré abajo. Date prisa.
Sin preguntar nada más, Naruto se metió en su cuarto, analizó aquel sobre y finalmente lo rompió por un costado, sacando así la impecable hoja blanca perfectamente doblada, no había duda de que era de parte de su adorado teme.
Se sentó en el borde de su cama y comenzó a leer todavía sonriendo de la emoción:
Naruto
Hubiera preferido despedirme de ti en persona, pero sé que ya no quieres verme y seguramente no me tomarás las llamadas, así que no tuve más opción que escribir estas líneas y tratar de ser breve.
Recuerdo la primera vez que te vi, estabas huyendo del encargado del comedor y, con total torpeza, terminaste empujando a una reportera sin siquiera detenerte a disculparte. Tonto, alelado, cabezota como solo tú puedes serlo.
Desde ahí captaste toda mi atención, pensé que tal vez no sería tan fácil volver a encontrarte en un colegio tan grande, sin embargo, un rato después apareciste de nuevo ante mí. Parecías algo molesto y aun así tus radiantes ojos azules se cruzaron con los míos por algunos instantes; te confieso que me sentí algo intimidado y por eso dije aquello, pero por dentro me alegraba que también me estuvieras mirando tan atentamente.
Luego, en mi primer día de clases, no pude sentirme más afortunado al verte ahí, en la misma clase a la que me habían asignado. Fue la primera vez que me interesé en alguien, desgraciadamente todo se fue a la mierda demasiado pronto.
Sé que no fui precisamente amable y cortés al principio, quería acercarme a ti pero no tenía idea de cómo hacerlo, por lo que preferí comportarme arrogante y presuntuoso para hacerte repelar, porque incluso enojado me parecías encantador. Inclusive ahora y después de todo, todavía lo creo así.
Con nuestra pelea en el comedor, las cosas se dificultaron demasiado, estaba molesto contigo y conmigo mismo por haber llegado a esos extremos, por eso me rendí. Decidí no intentar nada, no acercarme a ti, ni tratar de que fuéramos amigos … porque no solo heriste mi rostro con tus golpes, también un poco de mi orgullo.
Aun así, tú has sido siempre tan… tu. Haces lo que te viene en gana y no te detienes por nada, fuiste capaz de pedirme disculpas pese a que implicaba doblegarte y desde ahí no me soltaste… hasta ahora.
Te aferraste a mí y yo lo hice también de manera inconsciente, me incluiste en tu vida, en tu circulo social y, gracias a ello, pude hacer amigos (aparte de Suigetsu) por primera vez en la vida. Gracias a ti he conocido personas, he hecho cosas que creí que jamás me atrevería a hacer, he experimentado sensaciones nuevas para mí.
Creo que esta carta será más larga de lo que planeaba, pero no quiero quedarme nada…
Gracias a ti, Naruto, conocí la sensación extraordinaria de estar enamorado.
Descubrí que también puedo reír como idiota, gritar como un loco y saltar de alegría.
Disfruté de cada abrazo que me diste, esos que no te pedí y los que nacieron de mí.
Saboreé cada beso que nos dimos, desde el primero hasta el último y cada parte de tu piel. Nunca olvidaré ese día, la forma en que nos entregamos no pudo ser fingida, qué pena que para ti no haya sido suficiente.
Gracias a ti, me voy siendo una mejor persona, alguien más relajado y amable, alguien capaz de sentir. Sin embargo, también me llevo mi corazón en pedazos.
Y no, no es reclamo ni nada parecido, es solo que esperaba poder despertar en ti la milésima parte de lo que por ti yo siento. Ojalá me hubieras permitido, verdaderamente, llegar a ti.
Me disculpo por los daños causados y lamento no poder quedarme porque de verdad me acoplé a este lugar, pero no quiero incomodarte más con mi presencia. Debo poner distancia por el bien de los dos.
Quiero que recuperes esa sonrisa tan bella y deslumbrante que te caracteriza, esa que me atrapó por completo. Naruto, quiero que seas feliz ¿puedes siquiera prometerme eso?
Espero que algún día, superes tus miedos y le des la oportunidad al amor. Te prometo que aun con todo no es tan malo como parece, además… ¿Quién no se enamoraría de un sol como tú?
Estoy completamente seguro de que a donde quiera que vaya te recordaré. Siempre lo haré, dobe.
Te amo. No lo olvides…
Sasuke
Una gota tras otra fueron cayendo sobre aquellas letras corriendo así la tinta que las trazó, una mezcla de emociones desbordantes hacían añicos su corazón y, de sus ojos, no paraba de brotar un llanto amargo y doloroso.
Sus manos comenzaron a temblar al comprenderlo todo, quiso arrugar aquella carta ahora prácticamente bañada por sus lágrimas, pero si lo hacía ¿qué recuerdo se quedaría de él? Aunque seguramente no necesitaría de algo físico para que se Sasuke se colara en su mente a cada rato, el nombre de ese chico yace tatuado en su corazón y en su cuerpo para bien o para mal, por eso no puede procesar tal noticia.
Algo dentro de el se rompió, entrando en pánico al creerlo todo perdido.
Quería hacerse bolita sobre su cama y llorar a sus anchas, pero un impulso venido desde lo mas profundo de su ser, le hizo levantarse de golpe rápidamente, ponerse un par de zapatos, buscar sus llaves y salir de su cuarto.
Si acaba de recibir esa carta y Gaara le espera allá abajo, solo quiere decir que todavía tiene una oportunidad…
Pronto darían la una de la tarde y el rubio todavía no salía de su habitación, Gaara apretó el botón a un costado de su celular para ver la hora por enésima vez en los minutos que llevaba esperándolo, tratando de no caer en la desesperación.
El sonido de algunos pasos descender por la escalera lo hizo girarse para encontrarse con un Naruto empapado en su propio llanto.
—No llores, tu así lo quisiste — aseveró completamente serio, recargado en el marco de la puerta de entrada a la vivienda.
—Ya lo sé —respondía limpiando su rostro en la manga derecha de su chamarra— Es solo que… no hay necesidad de que se vaya por tonterías como haber terminado…
—Oh, no —el pelirrojo negaba con leves movimientos de su cabeza y mirada reprobatoria—. Quiero escuchar algo que valga la pena, no estoy perdiéndome mi ultimo día en el mejor colegio del país por nada. Todos nos estamos arriesgando de cierto modo, por ti, por ustedes dos. Así que dame razones para seguir.
Segundos más transcurrían en lo que Naruto reflexionaba, solo instantes le tomó armarse de valor
—Tengo que ir por Sasuke
Tal vez era solo imaginación suya, pero el trayecto gasta el aeropuerto le pareció excesivamente largo, era eso o Itachi realmente manejaba al paso de una tortuga.
—Se debe conducir con prudencia, otouto —fue la justificación del mayor.
Afortunadamente aún quedaba tiempo suficiente antes de que tuviera que abordar, una vez que todo el proceso estuvo hecho, solo debía esperar pero su hermano no quería separarse de él.
De repente Itachi sintió la necesidad de hacer una llamada -creo que todos sabemos a quién- y buscaba su celular una y otra ves entre su ropa, pasando de un bolsillo a otro haciendo que sus movimientos se volvieran desesperados. Acción que para Sasuke no pasaría desapercibida.
—¿Qué te pasa, Ita? ¿buscas algo? —indagó el menor.
—Mi teléfono, no lo encuentro…
—¿No lo dejaste en el auto?
—No, estoy seguro que lo guardé en mi bolsillo derecho después de subirme a la mo…to.
Cayó en cuenta de que durante ese ajetreo pudo haberse caído, de poco le serviría preocuparse en ese momento, quizás solo son cosas del destino. Si Naruto debe llegar a tiempo lo hará aun cuando el no tenga su celular.
—¿Cuál moto? —Sasuke no tenia idea de nada en lo absoluto.
—Ninguna —sonrió a medias— ¿Quieres un abrazo?
—Ya vas de nuevo…
Estaba fingiendo fastidio, claro que en ese momento agradecía las atenciones y muestras de afecto por parte de su tan admirado hermano mayor.
—¿De dónde sacaste esto? —preguntaba Naruto acomodándose a sus espaldas.
—¿No te había dicho? Es mi regalo, me lo ha dado Itachi —se colocó el casco y se preparó para arrancar—. Ahora agárrate fuerte hermano mío, porque tendremos que ir todo lo que esta belleza nos permita.
—Itachi te dijo que fueras con cuidado —le recordó Gaara parado sobre la acera.
—Pero él no lo sabrá, hm.
—Gracias por todo Gaara —agregó el menor—. Dile a los demás que no olvidaré esto nunca.
—Luego nos agradeces invitándonos a comer, con Sasuke a tu lado. Ahora váyanse.
Y así, emprendieron el camino rumbo al aeropuerto, el cual se hallaba bastante lejos para su desgracia, pero la esperanza es lo último que muere ¿no?
Itachi lo abrazó esta vez de una manera definitiva. Era solo una despedida temporal pero no por eso dejaba de ser difícil.
—Iré a verlos en navidad —prometió separándose de el—. Incluso llevaré a Deidara para que te moleste.
—Al menos tengo tiempo para hacerme a la idea.
—Cuídate mucho ¿vale?
—Tú también. Y ya déjame o romperás a llorar como nenita —se burló desviando sus ojos negros hacia el costado.
Sasuke tomó su maleta y la observó dubitativo, ya era hora de irse. Afirmó su agarre sobre esta y caminó sin mirar atrás…
Solo dos o tres capítulos mas
Aprovecho para agradecer por sus lecturas e invitarles a pasarse por mi nueva historia SasuNaru: Déjame amarlo, de la cual he publicado ya dos capítulos.
Espero que sea de su agrado, denle una oportunidad :3
