Wizdad

Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.

Género: Romance/Family/Humor.

Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


La persona favorita de James

Harry sobrevivió al segundo día de visita a los Malfoy sin el menor inconveniente. Su secreto estuvo en que, a la hora del desayuno, cuando dijo que prepararía unos panqueques con formas de micropuff y bowtruckle para los niños, invitó a Narcissa a acercarse para "enseñarle" de manera discreta el cómo.

Ella no paró de verlo como si todavía no estuviese segura de qué pensar sobre su presencia en su casa, pero le hizo preguntas relacionadas a la cocina durante el almuerzo y la merienda, y prepararon la cena juntos, así que resultó bastante bien para los estándares de Harry, en cuanto a catástrofes.

Tuvo una breve conversación con Altair acerca de lo ocurrido la noche anterior. En realidad, se resumió de este modo:

—¿De dónde sacaste la idea de que salgo con tu padre, Alti?

—¿Se supone que no debería saberlo? —Altair se limitó a dirigirle una mirada estupefacta.

Quizás no disimulaban tan bien como Harry creyó que lo hacían.

Jugó Quidditch con Scorpius, le explicó algunas reglas básicas del juego a Narcissa para que pudiese ser la Guardiana de los chicos, intentó no reírse de la imagen de la bruja, con su ropa tan sofisticada, subiéndose a la escoba, y tuvo una charla de alrededor de una hora con Lucius sobre que no, Draco no aceptaría que les regalase nuevas varitas de práctica, más fuertes y con mayor variedad de hechizos a los niños, pero , sí podía ayudarlos con su aguamenti si quería. El resultado de esto último fue de dos niños con varitas de prácticas, una guerra de agua en un pasillo, un retrato de un antepasado Malfoy muy irritado, y un Lucius con la ropa escurriendo, mientras sus nietos se reían a carcajadas.

Draco los Apareció a ambos en las afueras de una oficina de trasladores donde podría tomar el que lo llevaría de nuevo a Inglaterra. Puede que se hubiese pasado varios minutos besándolo para darle las "gracias" por haber estado pendiente de los niños, mientras él ajustaba la receta medicinal. También puede que lo hubiesen hecho en uno de los baños.

Harry regresó a casa con la energía renovada y se durmió temprano en un hogar tranquilo y silencioso. No vería a los niños hasta el día siguiente.

0—

Draco regresó a Gran Bretaña después de su cumpleaños. Por las cartas que le mandaba, podía deducir que su padre ya no corría ningún riesgo, mientras se tomase la poción de forma correcta, pero que decidió pasar la fecha con ellos. De cualquier modo, Hermione estaba impresionada con las tareas que recibía de los mellizos, desde que su abuela estaba ahí para dedicar toda la tarde a ayudarlos.

Harry lo vio poco durante los primeros días. Tenía que pasar por el laboratorio para comprobar que las cosas se hicieron como ordenó, reunirse con George por unas pociones nuevas que terminó de preparar estando en Francia, asegurarse de que la donación mensual a San Mungo saliese a tiempo. Astoria y los niños le prepararon una fiesta de cumpleaños retrasada, pero también asistieron Blaise, Pansy y Ginny, así que no tuvieron tiempo a solas.

En realidad, no creía que hubiesen estado sólo ellos dos desde lo de la oficina de trasladores, hasta ese día.

Una clase de conceptos e historia del mundo mágico para los nacidos muggles había finalizado momentos atrás. Los niños se emocionaban al entender aquello que sus amigos sangrepura o mestizos ya sabían desde mucho antes, y solían demorar en salir del aula, por hablar con Harry o darle regalos en forma de caramelos y dibujos.

Una niña, en particular, un día le dijo "a mi mami le gusta mucho, profesor Potter, dice que votó por usted en la lista de Corazón de Bruja de este año". Ella lucía muy divertida. Su madre, la siguiente vez que vio a Harry, no tanto.

Y no era la única. Harry solía reírse con cierto nerviosismo en ese instante y luego olvidarse del tema; no conocía otra forma de reaccionar.

Incluso si les prestase atención, sus ojos sólo se desviaban hacia la persona que estaba recargada en el marco de la entrada al salón, mirándolo de vuelta. Los niños lo saludaban al salir y él les devolvía el gesto.

Debería dar las gracias a Merlín más seguido por esos trajes hechos a la medida que Draco utilizaba.

Apenas se quedaron solos, Draco echó un vistazo al pasillo, cerró la puerta, y se aproximó a su escritorio. Se sentó ahí mismo, sobre la mesa, con las piernas cruzadas y una actitud que hacía parecer que el mundo le pertenecía.

—¿No te han dicho que no debes sentarte en las mesas, Malfoy? —inquirió Harry, con una sonrisita.

—¿Le molesta, profesor? —Draco fingió una expresión inocente al presionar las palmas en el escritorio— ¿tal vez necesito aprender esa lección?

Harry tragó en seco. El tono sugerente de su última pregunta envió un escalofrío por su espalda y un tirón por su ingle.

—Ni se te ocurra —advirtió, divertido, poniendo sus manos en una de los piernas de Draco. Acarició con cuidado por encima de la tela—, no aquí.

Draco le mostró una sonrisita juguetona.

—Aburrido.

—Draco —Su tono de reprimenda habría sido más convincente si no se quedaba callado cuando él se inclinó hacia adelante, llevando las manos a los hombros de Harry.

—¿Sabes algo curioso? —susurró el ex Slytherin, muy cerca de su rostro—. Últimamente he empezado a apreciar bastante ese tono de enojo que tienes…

Harry se rio ante la provocación, llevó la otra mano a la parte de atrás de su cabeza, y tiró de Draco hacia abajo para besarlo.

Sí, aquello era todo lo que quería para el final de una buena mañana. Un beso largo que valiese por los últimos días atareados.

Draco se deslizó del escritorio a su regazo y se aseguró de lanzar un encantamiento de cerradura a la puerta, aunque lo único que hizo después fue rodear el cuello de Harry y dedicarse a enroscar uno de sus mechones en su índice.

—Quiero pedirte dos cosas.

—Ya me parecía a mí que la visita en el trabajo y el beso eran demasiado buenos para ser gratis…

Draco le atinó un débil golpecito en el pecho, que le arrancó otra risita.

—Después de que tuve una reunión de cumpleaños retrasada —siguió Draco, más suave—, pensé que me gustaría tener otra pequeña celebración contigo. Me encantó que Lily ayudase a Astoria y los mellizos con el pastel, fue adorable, y el regalo de Albus fue muy bien pensado para un niño de diez años. Pero, ya sabes, me refiero a algo sólo nosotros dos.

Harry sonrió y le besó la mejilla. Parece que se había adelantado a lo que él quería proponerle para ese fin de semana.

—Está bien, déjame que piense en algo para ti.

—No vamos a ir de campamento —Draco lo señaló con un dedo acusador, y él se echó a reír.

—¡Te encantó esa noche viendo las luces mágicas!

—Sí, pero la experiencia de no tener baño no es algo que quiera repetir en un futuro cercano.

Harry siguió riéndose, mientras él refunfuñaba. Le tomó alrededor de un minuto de besar a Draco, tanto para distraerlo, como para dejar de contener la risa.

—Te prometo que pensaré en algo único para ti, que no le cause conflictos a tu diva sangrepura interior.

Draco se enderezó sobre sus piernas y simuló agitar su cabello al aire.

—Por fin lo comprendes.

Harry rodó los ojos y lo atrajo hacia sí para otro beso. Aquello le quitó la farsa de presunción.

—¿Qué era lo otro que querías pedir?

Pensó que no lo había escuchado, porque habló en un murmullo, y Draco se tardó unos segundos en contestar.

—Más que una petición, es una aclaración —indicó, hablando casi contra el cuello de Harry—. Quería decirte que yo estoy bien si alguien nos ve. Me refiero a que no sé si tú estarás de acuerdo con eso, porque no te he preguntado y no me lo has dicho, pero en cualquier caso, yo lo estoy, no me importa, así que…

Oh.

—Skeeter va a comenzar a escribir sobre ti en cuanto se entere —advirtió Harry.

Draco volvió a erguirse, aunque fue para verlo esa vez.

—¿Crees que no han escrito lo suficiente sobre mí ya? La publicidad para mi nombre sigue siendo publicidad, incluso si es para quejarse de mí.

—Puede escribir sobre Altair y Scorpius, Draco, esa mujer es insoportable y no conoce límites.

—Me gustaría ver que lo intente —Draco estrechó los ojos—, Granger no es la única que se dio cuenta de cómo consigue sus noticias.

Curiosamente, también era por ese tipo de actitudes que Draco le gustaba tanto.

—No es que tengas que estar de acuerdo con eso de pronto —agregó, más bajo, haciendo ademán de ponerse de pie—, sólo lo decía por si…

Harry lo rodeó con los brazos y tiró de él hacia abajo cuando estuvo a punto de levantarse. Draco lució un poco sorprendido.

—A la mierda los demás, ¿cómo voy a tener un problema con que me vean contigo? —Harry se hubiese reído de la idea, si no notase que Draco en serio le dio vueltas en su cabeza antes de mencionárselo—. Pensé que estarías más cómodo siendo discreto, es todo. Creí que estaba bien ir lento, no forzar las cosas.

—No estoy diciendo que le compres el catálogo de fuegos artificiales a George y escribas mi nombre en el cielo sobre el Callejón Diagón con un corazón al final, Harry.

Él se carcajeó.

—Ni yo que lo haré —contestó Harry, divertido. Juntó su frente a la de Draco—. Pero, suponiendo que alguien cuya opinión me interese al menos un poco, me lo pregunta…

—Supongo que podrías decirle que sí salimos.

—¿Y que somos pareja?

Harry pensó que tentaba a su suerte cuando se percató de que Draco apretaba los labios un instante.

—¿Estás seguro de querer ser asociado con un ex-Mortífago de esa manera? —indagó muy, muy bajito—. "Salir" suena a algo más casual que-

—¿No acabo de mandar a la mierda a la prensa hace un segundo? —Harry arqueó las cejas—. Hasta podría escribirle una carta a Skeeter para que se entere de que Draco Malfoy es mi pareja.

Supo enseguida que era la respuesta correcta. Más de lo que él se esperaba. El brillo en sus ojos le sacó una sonrisa a Harry.

—Entonces, si alguna persona cuya opinión te importe al menos un poco, te pregunta, le puedes decir que somos pareja —aceptó Draco.

—Bien.

—Bien.

—¿Y si se lo digo de forma para nada disimulada a Blaise Zabini?

Draco contuvo una risita.

—Sólo se echará a reír, pero adelante.

—Perfecto —Harry sonrió más.

Cuando estaba por besarlo de nuevo, la puerta se abrió. La única persona en toda la escuela que podría quitar un hechizo de cerradura de Draco, además del mismo Harry, era la directora.

Hermione se llevó una mano al rostro y se apretó el puente de la nariz, al encontrarlos a los dos allí, sobre la silla del profesor.

—Voy a fingir que esto jamás sucedió —aclaró, despacio—. Sólo quería avisarte que Albus acaba de dejar a Lily en mi oficina.

—¿Qué? —Harry arrugó el entrecejo— ¿por qué?

Ella se encogió de hombros.

—Porque no la soportaba, supongo, le dijo que te esperase ahí y que él iba a estar en el patio con los Malfoy.

Sí, eso sonaba a Albus.

Harry suspiró. No podía esperar que un niño tuviese tanta paciencia, y Lily andaba más parlanchina que nunca, cosa que ni siquiera sabía que era posible.

Observó a Draco, todavía sobre su regazo. No se había movido ni un centímetro, a pesar de que lo de la puerta los tomó por sorpresa a ambos.

Luego volvió a fijarse en su amiga.

—¿Puedes darme sólo unos minutos más con mi novio, Mione? Lily se distrae sin problemas, voy para allá apenas salga de aquí…

Hermione rodó los ojos y cerró la puerta, mientras refunfuñaba sobre cómo ella no recibía a Ron en su oficina precisamente por eso, pero con un tono demasiado divertido para tomárselo a mal.

Draco lo veía de una manera un poco diferente cuando se quedaron a solas de nuevo. Harry le enseñó una sonrisa.

—¿Estás seguro de que no es buena idea lo de los fuegos artificiales y tu nombre en el cielo?

—Creo que me conformaré con esto —Draco negó, le sujetó el rostro, y lo acercó para un último beso.

Tuvieron que recordarse que debían darse prisa.

0—

Las reacciones no se hicieron esperar. En cuanto Harry sacó a Lily de la oficina de Hermione y se encontró con Ron en el patio, buscando a Rose, su amigo le palmeó la espalda y le dijo un "por fin, ¿no?". Para ser honesto, le sorprendía la velocidad a la que el matrimonio Weasley-Granger compartía información. Creía que sus anillos de matrimonio estaban hechizados, o algo por el estilo.

Ese mismo fin de semana, en el almuerzo familiar en La Madriguera, incluso Percy sabía de la existencia de un "alguien". Él no tenía idea de cómo. Molly simplemente se echó a llorar al recibirlo, diciéndole lo feliz que estaba de que tuviese a alguien, y que no se preocupase, porque era de la familia, así que podía ir cuando quisiera y llevar a su "novia".

A unos pasos de distancia, Ginny y Hermione se reían sin disimulo.

Bill también le dijo que sería genial que la invitase, antes de que Charlie le diese un manotazo en el brazo y le dijese "no creo que sea una 'ella', Billy". Por suerte, Ginny intervino para distraer a sus hermanos de cualquier intento de conjetura. Le guiñó un ojo a Harry y simuló colocarse un cierre en la boca.

—Creo que me mudaré con Astoria dentro de poco —mencionó, desviando por completo la conversación, cuando parecía que Bill iba a preguntarle a Harry sobre su misteriosa pareja.

Teddy le escribió una carta para curiosear al respecto. Y el lunes, cuando El Profeta llevaba un artículo de Skeeter con una fotografía de Harry hablándole al oído a Draco frente a una tienda del Callejón Diagón, con un brazo en torno a su cadera, volvió a escribir, con muchas, muchas preguntas.

Después Molly se disculpó por asumir que salía con una mujer y finalizó con un "¿a quién le importa? ¿Cuándo vas a traerlo? ¿Cuál es su platillo favorito?". George se pasó dos semanas enteras haciendo bromas acerca de que lo echaría de Laboratorios Malfoy&Weasley si los encontraba a mitad de una escenita con su socio en horas de trabajo. No ayudaba demasiado que Draco le respondiese que, incluso si lo echaba, él podía abrirle el acceso de nuevo, porque la magia del edificio los obedecía a los dos.

Harry se lo dijo a Blaise, de la forma menos discreta que se le ocurrió, justo como prometió que lo haría. Y como Draco predijo, su ex compañero se echó a reír con ganas, palmeándole el hombro y diciendo frases como "calma, león".

Pansy soltó un chillido aturdidor cuando lo supo. Luego alegó que era obvio y que esperaba ese momento desde Hogwarts. De algún modo, los dos terminaron sentados en su oficina, escuchándola planear un artículo sobre ambos con sesión de fotos y entrevista incluidas para Corazón de Bruja.

—¿No es un poco…?

Por supuesto que a Harry le resultaba exagerado. Y a ella no.

—¿Estás loco? ¡Dos de mis magos del Top 10 de Europa están juntos! ¿Cómo quieres que deje escapar eso? —replicó ella, incrédula, mientras supervisaba el trabajo de tres vuelaplumas sobre notas, un borrador que se reescribía, y las tonalidades de la impresión de esa semana—. Se va a vender de maravilla, Harry, si a todos les gustas por tu cuenta, con Draco al lado…ni Merlín será tan famoso como ustedes dos.

No hubo forma de convencerla de lo contrario, aunque Pansy se aseguró de respetar su privacidad más allá de ciertos límites, y se ocupó de la entrevista para hacer muchas bromas y mantenerlo relajado.

Omitiendo el artículo extenso de Corazón de Bruja y el hecho de que fuese el número más vendido de los últimos seis meses, según las estadísticas de Pansy, haberlo dicho fue más bien liberador. Las personas que antes los veían como si se preguntasen "¿por qué caminan juntos?" cambiaron a un "¿por qué son pareja?", pero a él no le podía importar menos. En realidad, los dos se reían por dentro cuando alguien no sabía cómo reaccionar.

No había sorpresa si Draco llegaba antes a la escuela y se distraía unos minutos en el aula de Harry cuando sólo quedaban ellos dos, ni porque pasase algunas noches a la semana en Godric's Hollow, o al revés. Además, no hacían preguntas cuando Harry llevaba a dos pequeños Potter y los mellizos por el Callejón Diagón un día cualquiera, después de que Draco le pidiese recoger una túnica a la medida para Altair, ya que él no podía dejar el laboratorio hasta dentro de otro par de horas.

Todo parecía ir bien.

Los supervisores del programa de educación mágica le informaron a Hermione que las clases de Harry eran una excelente idea, los hijos de muggles se sentían más cómodos en Hogwarts, la distinción entre sangrepuras y el resto disminuía, y también se les daba mejor la magia avanzada.

Lily había decidido que su primer acto para convertirse en una bruja poderosa cazadora de magos oscuros malvados sería entrenar un kneazle que la ayudase; él no sabía por qué asociaba las ideas, pero Lily se estaba haciendo responsable de su comida, conducta y limpieza, así que no tenía problemas. Albus insistía en preparar el desayuno casi a diario; de nuevo, Harry no sabía por qué, y no pensaba quejarse al respecto.

Entonces, cuando menos se lo esperaba, su burbuja se rompió.

No fue ese día en el andén, en que Harry y una emocionada Lily esperaban a James. Ni en el momento en que este bajó charlando con una de sus primas.

No sucedió durante esa primera semana, en que James se dividía entre tiempo con su padre, con su madre, sus hermanos, y fastidiar a Teddy, intentando convencerlo de que estudiase un poco más cerca de Hogwarts para verlo seguido.

De hecho, lo que debió haberle dado una pista fue esa expresión que James adoptó en la comida familiar de La Madriguera, cuando los mellizos Malfoy llegaron corriendo desde la sala a la cocina, se robaron unos dulces, y subieron las escaleras, en busca de Lily y Albus.

James se fijó en Draco, que había abandonado la chimenea sin tanta prisa, y procuró relajar el ceño.

—Hola, señor Malfoy —musitó, seguido de un cabeceo. Luego desapareció en dirección al patio para hablar con sus primos.

Pero, siendo justos, el verdadero inconveniente no llegó hasta la segunda semana del verano. James se contuvo de preguntar por qué Draco pasaba una noche en su casa, quizás asumiendo que sería algo relacionado al trabajo; sin embargo, apenas se enteró de que los mellizos llegaban la noche siguiente y dormirían en el cuarto de Albus, no pudo seguir fingiendo que no se daba cuenta.

En retrospectiva, Harry sospecha que lo que le sorprendió ni siquiera fueron los Malfoy, sino el hecho de que Lily recogiese sus almohadas, un peluche y su manta, y se fuese a pasar un rato con su segundo hermano y los mellizos.

Harry se lo encontró en la cocina. Draco cumplía con su rutina nocturna usual, los cuatro niños charlaban y se reían en el cuarto de Albus. James le fruncía el ceño a un vaso de leche, como si este hubiese cometido algún tipo de ofensa en su contra.

—¿Jamie? —llamó, en tono suave—. Sino te gusta, hay jugo de naranja también, y creo que algo de chocolate- Altair y Lily usan la leche como premio para los trucos del kneazle, así que a veces tiene pelos dentro, entiendo si no quie-

Tan pronto como James lo encaró, se percató de que no era un cartón de leche con pelos de gato, ni el hechizo que usaban para suavizar su textura y que los ayudase a dormir si tenían pesadillas, lo que lo puso así.

—¿Cuánto tiempo vas a trabajar con el señor Malfoy, papá?

—¿Trabajar? —Harry arrugó el entrecejo—. No trabajo con Draco, Jamie.

James lució horrorizado por alrededor de dos segundos. Luego cuestionó, más bajo:

—¿Entonces se quedó sin casa?

—No- ¿qué? ¡No! —Harry intentó no reírse, porque su hijo parecía en serio aturdido—. Draco y sus hijos tienen casa, tranquilo, Jamie. Incluso si no la tuviesen, pueden ir con los padres de Draco, o con Astoria.

—¿Entonces por qué no va con ellos? —James frunció el ceño de nuevo—. ¿O están haciendo una pijama? —Y luego, como si jamás se le hubiese pasado por la cabeza la idea, agregó:— ¿los adultos tienen pijamadas, papá?

Harry titubeó. Lily y Albus nunca cuestionaron por qué Draco se quedaba; para ellos, era tan normal como si los mellizos lo hiciesen, y aún más divertido si traía a sus hijos con él.

Pero, claro, James estaba en Hogwarts durante ese tiempo, y no se vieron desde diciembre.

—Sí, tenemos…tenemos algo parecido a las pijamadas.

Gracias a Merlín ninguno de sus hijos resultó un legeremante nato.

—Ah —James lo sopesó un rato—, ¿y eso es muy seguido?

—Un poco, sí —admitió Harry—. A veces sólo Draco, a veces sólo sus hijos, y a veces los tres.

—Ah —repitió James, asintiendo—, bien.

Luego de considerarlo otro par de segundos, le preguntó si podía tener una pijamada con los gemelos Scamander también. Él le aseguró que sí, en cuanto los Malfoy se hubiesen ido; de otro modo, no estaba seguro de cómo lidiar con tantos niños en casa.

Harry, ingenuamente, pensó que aquello no pasaría a mayores.

0—

La verdad es que ni siquiera hubo un responsable, a menos que quisiera culpar a Rita Skeeter, cosa que le hubiese gustado. James supuso que Draco y su padre tenían una relación similar a la suya y de Lorcan Scamander.

Una mañana en que los Scamander despertaban en Godric's Hollow, Albus había insistido en que lo dejase hacer el desayuno porque quería practicar una receta de panqueques de chocolate de su abuela, y Lily tenía a Harry buscando un unicornio en el patio, no había un adulto disponible en la cocina a la que la lechuza del periódico mágico pudiese entregarle el ejemplar del día.

En realidad, Harry era consciente de la lechuza que ingresaba a su propiedad, del mismo modo en que lo era de que el unicornio que Lily vio (suponiendo que sí vio uno) ya no se hallaba en el terreno, que Albus tenía cuidado con el fuego de la cocina, y que James estaba en el comedor con sus amigos. Magia. Los hechizos de detección de problemas le facilitaban la vida, y lo cierto es que el hecho de que un niño le dé una golosina a una lechuza y tome el periódico en lugar de su padre, no es considerado un "problema".

A menos, por supuesto, que en dicho periódico hubiese un artículo de Skeeter con una pequeña fotografía de su padre en un momento cariñoso con otro hombre, en uno de los restaurantes del área mágica de Londres.

Para el momento en que Harry regresó a la casa con su desilusionada hija que esperaba ver un unicornio y adoptarlo, James ya había terminado de leer el artículo de Skeeter.

—Papá —Fue lo primero que le dijo, apenas lo vio—, ¿tú…? ¿Qué es esto? —Optó por cambiar la pregunta a último momento y pasarle el periódico.

Harry distinguió su fotografía de inmediato y maldijo en voz baja, para que Lily no lo oyese.

Alrededor de una hora más tarde, Luna había tomado la chimenea para llevarse a sus hijos, los platos del desayuno estaban limpios, y Harry se sentó en un sillón individual de la sala, mientras sus tres hijos ocupaban el sofá, con James en el medio.

—Pensaba decírselos de un modo más "suave" cuando James llegase, pero no supe hacerlo, y creo que…no hay forma más fácil de decirlo que esta —Harry inhaló profundo y se encogió de hombros—: estoy saliendo con Draco.

Por un instante, los tres tuvieron la misma expresión en blanco. De repente, Albus abrió la boca y arrugó un poco el entrecejo.

—¿Como salen mamá y Astoria? —indagó— ¿como…como si fuesen el tío Bill y la tía Fleur?

—Sí, algo pare-

Lily saltó de su asiento y se puso a dar grititos.

—¡Entonces Altair es mi hermano! ¡Tengo nuevo hermano!

James observó a su hermanita con horror.

—Al y yo somos tus hermanos, Lil-

—¡Y Altair! —replicó ella, emocionada— ¡Y Scorpius!

—¿No es un poco extraño que mamá salga con su mamá, y tú salgas con su papá? —siguió Albus, que parecía asimilarlo a su manera, sin reaccionar a la disputa de sus hermanos—. Es…algo enredado…

Lily volvió a gritar, haciendo uso de esa vena Banshee que él juraba que venía de los Weasley.

—¡Somos doblemente hermanos! Se los tengo que decir, es- ¡es lo mejor del mundo, papá! —Y corrió hacia Harry, subiéndose a sus piernas para abrazarlo.

Bueno, al menos no era una reacción negativa. James boqueaba y Albus aún lucía pensativo.

—Pero —Albus lo retomó, con calma—, en ese caso, ¿tú serías la tía Fleur, o la tía Fleur sería Draco?

Harry en serio no quería contestar a esa pregunta. Estaba seguro de que diría una estupidez, y con cualquier respuesta, Albus sólo tendría más cuestiones.

—O los dos serían como el tío Bill —alegó Lily, colgada del cuello de su padre. Le estampó un beso en la mejilla—. ¿Tengo que decirle a Draco "papá", o le digo "tío" como a Astoria a veces, o sólo le sigo diciendo…?

—¡No! —James contuvo la respiración cuando se dio cuenta de que el hecho de que levantase la voz atrajo la atención de los tres de nuevo a él. Tragó en seco—. Es que- —Intentó reírse—. Es que no es su papá, papá. Ni Astoria es tu tía, Lily. Tus tías se llaman Fleur, Hermione, Angelina y Audrey.

—Pero es la novia de mamá, van a vivir juntas, y ella dijo que le podía decir así —contestó Lily, seguido de un bufido.

—Si se casan —Albus frunció más el ceño—, ¿Scorpius sería mi hermano también?

—¡No! ¡Nadie aquí se va a casar con nadie, y tu único hermano soy yo! —insistió James. Miró a Harry—. Nadie se va a casar, ¿verdad? Es…que "salgan" no quiere decir eso. Teddy salió con Victoire, y ahora Victoire sale con alguien más, y- y esas cosas pasan.

—A ellos podría no pasarles —Lily le respondió de inmediato, ceñuda—. Y Draco podría venir a vivir aquí como la tía Astoria con mamá-

—Hey, no, no —Harry intentó calmarlos, antes de que aquello se le fuese de las manos por completo—, nunca dije que Draco vendría para acá, es decir- va a venir como ha estado haciendo, pero no se va a- bueno, no hemos-

—Yo preferiría vivir en la casa de los Malfoy —comentó Albus, desinteresado.

—¡A mí también me gustaría! —Lily dio otro saltito, riéndose.

James emitió un sonido frustrado y se pasó las manos por el cabello, desordenándolo más de lo que ya lo tenía de por sí.

—¿Es que se volvieron todos locos? ¿Qué es lo que les pasa?

Harry bajó a Lily de su regazo y se puso de pie para acercarse, pero James se levantó también y retrocedió un par de pasos, chocando con una mesita.

—No hay más papás, ni más hermanos, ni…

—Si papá quiere estar con alguien —replicó Lily—, puede estarlo. Papá es grande y no te tiene que pedir permiso, bobo.

—Lily, no le digas así a-

—¡Tú sólo quieres más "hermanos"!

—¡Sí los quiero! Altair sería un buen hermano, y no se pondría a gritarme sólo porque su papá sale con alguien y está feliz, porque eso sólo lo hace un tonto como tú-

—¡Lily! —La reprendió Harry, incrédulo.

—¡Ya dejen de gritar los dos! —lloriqueó Albus, irritado.

—¡Pero es que James…! —Lily soltó un sonido frustrado idéntico al de su hermano mayor segundos atrás—. Él no entiende que mamá y papá están felices, y vamos a tener una familia grande, y eso es divertido, ¡y genial!

—¡Porque es una locura!

—No —Albus intervino antes de que su hermanita pudiese saltar sobre James—, tú no lo entiendes porque eres un tonto, así que ya dejen de gritarse.

—¡Albus…!

Bien, aquello oficialmente se había salido de control.

James se mordió el labio inferior por unos segundos. Cuando Harry creyó que se había calmado y podía sentarlos para hablar de forma tranquila, estalló.

—¡No importa, me voy a Hogwarts en septiembre! ¡Y si soy tan idiota y tanto les molesto, no voy a venir para acá en vacaciones!

—¡Bien! —Le gritó Lily de vuelta, roja hasta las orejas— ¡ojalá te vayas ya!

James abandonó la sala dando pisotones. El silencio en la habitación fue sorprendente después de eso.

Harry se debatió entre seguirlo, atraerlo de vuelta con un hechizo de cuerda, pese a sus protestas, o dejarlo. No creía que forzarlo a hablar en ese estado fuese a resultar en algo diferente a más frustración para James.

Se dejó caer en el sillón y comenzó a masajearse las sienes, preguntándose qué acababa de pasar.

Lily se acercó con pasitos vacilantes y se metió a su campo de visión, formando pucheros.

—Eso estuvo mal —susurró para ella—. Sabes que James te quiere mucho, y le dijiste que se fuera, Lil.

—Estaba siendo un-

—Estaba confundido —aclaró Harry, más suave.

—Me habló feo —alegó Lily, más seria—, y mamá dice que no tengo que aguantarme que alguien me grite o me hable feo.

No creía que Ginny se refiriese a ese caso en particular, cuando se lo dijo.

Ginny, recordó. Harry la imaginó como Merlín regresando de la tumba para salvar el día. Esperaba que no tuviese entrenamiento esa tarde y pudiese contestar un par de notas de auxilio.

—Sí, James hizo algo malo, pero es porque él no sabe que los Malfoy son muy buenos y nos quieren mucho.

Lily arrugó el entrecejo.

—¿Cómo no lo va a saber?

—Porque él estaba en Hogwarts —Harry le peinó el cabello hacia atrás, con cuidado—, y no está acostumbrado a que pasen tanto tiempo aquí. James pensaba que sólo eran amigos de los dos, no que serían, uhm…—Mala idea, mala idea, se decía. Otra parte de sí le advertía que era el único modo de que Lily entendiese el punto— hermanos. Y él no esperaba tener más hermanos.

—Ah —Lily boqueó por un segundo—. Tiene que ver que serían buenos hermanos.

Harry decidió que esa conclusión era tan buena como cualquier otra y le ofreció los brazos. Lily volvió a subirse en su sillón.

—Si le gritas a James cuando es "idiota", él no entiende —Le contó, en un murmullo. Lily lo observaba como si le estuviese revelando uno de los mayores secretos de la humanidad.

—Porque es idiota —dijo ella, muy segura.

Harry se rio y negó.

—No, porque a él tampoco le gusta que le griten, como a ti.

—Ah —repitió la niña.

Frente a ambos, Albus se masajeaba las sienes de la misma manera en que él lo había hecho momentos atrás.

—¿Te vas a casar con Draco, papá? —preguntó, de pronto.

Harry sintió la mirada intensa y curiosa de Lily encima. Supuso que la decepcionaba que sacudiese la cabeza.

—No, somos pareja, pero para casarse hay, ahm, ciertas cosas que pasan antes.

Sí, eso sonaba a una buena explicación para él. Tenía suerte de que Albus simplemente resoplase y no estuviese de humor para cuestionar qué "cosas".

—¿Entonces para qué tantos gritos? —protestó Albus, en voz baja. Se levantó, caminó hacia el sillón, y se sentó en el reposabrazos opuesto al lado que Lily ocupaba, para inclinarse hacia su padre—. ¿Estás seguro de que James no es idiota, papá?

—Muy seguro —juró Harry, riéndose.

—¿Cómo estás seguro de eso?

—Magia de papá.

Albus asintió, despacio, como si tuviese sentido.

—¿Puedo avisarle a Altair que somos doblemente hermanos? —indagó Lily. Él asintió y la dejó marchar; no creía que fuese a hacer algún daño, si Altair ya lo sabía.

Se quedó en el sillón con Albus y se hizo a un lado, para que él pudiese meterse en el espacio entre su cuerpo y el reposabrazos. Estaban un poco apretados, pero Harry lo envolvió con un brazo.

Le tocó la sien, llamándole la atención.

—¿En qué piensas tanto, Al?

—No es "raro" —explicó el niño, vacilante—, bueno, sí, es algo raro porque seríamos doblemente hermanos como Lily dice. Pero cuando Draco está aquí sí es como tener otro papá, a veces nos compra cosas, y cocina, y regaña a Lily cuando ella me quiere golpear, y me regaña a mí también si le digo algo feo. Y hay más personas que tienen dos papás también.

Harry sonrió, le besó la cabeza, y se dedicó a revolver su cabello, hasta escuchar un débil quejido de su parte.

—Pero también vas a regañar a James por ponerse así, ¿verdad?

—Hablaré con él —respondió Harry, más seguro de lo que se sentía. Albus asintió, admitiendo que le resultaba justo.

Lily volvió poco después y se subió al sillón, quejándose para que le hicieran espacio, porque ella también quería estar ahí.

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A pesar de que la situación se salió de su control, eso tampoco fue lo más preocupante. No, sino más bien a la hora de la cena, cuando recogió la comida de James en una bandeja y la llevó a su cuarto.

Nadie le abrió al llamar. Tocó de nuevo, por si acaso, y asumió que estaría dormido, así que abrió para dejarle la cena dentro.

James no se molestó en acomodar sus almohadas de manera que pareciese que alguien ocupaba la cama. Su baúl estaba abierto, los libros afuera, el uniforme de Quidditch sobre la cama, y una nota en el escritorio.

"Volví a Hogwarts"

Era extraño que las barreras no lo hubiesen detectado saliendo.

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El primer pensamiento racional de Harry fue que, a menos que hubiese encendido un auto mágico volador o conociese al conductor del expreso de Hogwarts, James no podría llegar al colegio por su cuenta.

El segundo fue que, si él tuviese doce años y se hubiese escapado solo para ir a Hogwarts, habría intentado llegar a uno de estos dos lugares: el andén 9¾, o La Madriguera. El andén no aparecería en esa fecha, pero la estación seguía ahí, y era relativamente fácil hallarla. En La Madriguera, James tenía a tíos y primos de visita que eran mayores, y por tanto, seguramente sabrían darle una respuesta, según él.

El tercero fue que sus barreras no fallarían sólo porque sí, pero si James estuviese en algún problema real, los otros hechizos que ponía sobre su brazalete favorito lo habrían advertido.

Harry le avisó a sus hijos que irían a terminar de cenar en La Madriguera, procuró que no le temblase la voz, y les dijo que James no viajaría con ellos. Escribió una rápida nota para Ginny y otra para Molly, mientras Lily buscaba sus zapatos, y Albus hacía preguntas sobre otros temas sin relación a su hermano o lo sucedido en la tarde.

Tomó una de las plumas de James de su cuarto, antes de seguir a los niños hacia la chimenea.

Después del estallido inicial de preocupación, Molly histérica intentando distraer a los niños, y Ginny que se Apareció en La Madriguera exigiendo una explicación, en realidad fue bastante simple encontrarlo.

Ginny se había dirigido de inmediato a la estación. Molly envió a Bill y Percy a buscar en los alrededores de Godric's Hollow, y Harry, en el comedor, probaba el tercer hechizo de rastreo sobre la pluma, que giraba y giraba, y giraba, sin cesar.

—¿Cómo es que salió, si tienes barreras en la casa? —lamentaba Molly—. Por eso desde que ciertos chicos robaron el auto, pongo el doble de barreras, y una vinculante a cada uno, porque es que los niños siempre…

Claro. Harry lo entendió de repente, mientras observaba su hechizo fallido en la pluma.

Las barreras sentían a los niños, no los veían. Era fácil desviar su atención, tratándose de una esencia mágica que fuese familiar en la casa.

Los hechizos de rastreo que había utilizado también eran simples de evadir para un mago que los conociese bien. Su hijo no lo haría, por supuesto, porque sólo tenía doce años, pero si acudía a alguien mayor, que hubiese visto durante años a Harry realizando hechizos como esos, seguramente podría desviarlo igual que la barrera.

Eso era una pista importante por sí misma.

Molly le preguntó si ya tenía una idea cuando se levantó. Harry se aseguró de que Victoire distrajese a Albus y Lily, observó a la mujer, y asintió, esperando que su expresión la calmase.

—Sí, sólo salió con su persona favorita.

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Andrómeda soltó un débil resoplido al encontrarlo del otro lado de su puerta. Harry pensó que Aparecerse afuera resultaría menos intrusivo que irrumpir en la chimenea y alterar a James de nuevo. Las entradas discretas eran una mejor opción.

—Tardaste demasiado —alegó la bruja, haciéndose a un lado para permitirle el paso.

—Alguno pudo enviarme un patronus

—¿Y correr el riesgo de que el niño lo oyese, o que tú enviases uno en respuesta, y decidiese huir de aquí también? —Ella negó y cerró la puerta—. Está más tranquilo con Teddy de lo que estaba cuando llegó, y sabíamos que te ibas a dar cuenta.

La bruja lo acompañó hasta el umbral de la sala, señaló el sillón, y desapareció por el pasillo. De espaldas a él, Teddy asentía, con su cabello de un opaco marrón. Había una cabeza flotante a su lado. A medida que se acercaba, Harry se percató de que James era un ovillo sobre el mueble, enrollado en la capa de invisibilidad hasta el cuello.

Su hijo tenía chocolate en la comisura de la boca y le fruncía el ceño a la chimenea. Teddy, de algún modo, había encontrado su brazo en medio de la tela, y le daba ligeros apretones en el hombro.

En cuanto su ahijado levantó la mirada, Harry cabeceó hacia el pasillo. Él entendió el punto y los dejó a solas.

James arrugó más el entrecejo y lo ignoró.

—Una de las veces que me escapé de casa de mis tíos —Le contó Harry, en su mejor tono despreocupado, sentándose a su lado—, terminé en el autobús noctámbulo. Ni siquiera lo conocía. No sé cómo logré no vomitar. Pero antes de eso, la primera vez, no tuve tanta suerte. Tenía unos ocho años, había soñado que mis padres estaban esperándome en un sitio, y me salí de la casa.

Tras unos segundos, James murmuró.

—¿Qué pasó esa vez?

El tío Vernon estaba furioso. Pero James no necesitaba saberlo.

—Choqué con una maceta de mi tía, mi pie se atascó en otra, me caí en medio del patio, tirando abajo la mitad de su jardín, y todos en la calle escucharon. Ahí se acabó mi plan de escape sigiloso.

James se cubrió a medias el rostro con la capa, para que no notase que se reía. Le llevó unos instantes lucir de nuevo decaído.

—Teddy no quiso llevarme a Hogwarts —explicó, quejumbroso.

—Es porque estás de vacaciones —aclaró Harry, en voz baja. Él rodó los ojos y asintió.

—Pero me dio chocolate —James se mordió el labio un instante y volvió a fruncir el ceño—, y me dijo que es poco probable que tengas un bebé, y que incluso si los tuvieses, no te vas a olvidar de mí mientras estoy en Hogwarts.

—Nunca me olvidaría de ti, Jaime —Harry extendió el brazo hacia él, despacio, y como no mostró oposición, le revolvió el cabello.

—¿Seguro?

Muy seguro.

—¿Cómo estás seguro? —James entrecerró los ojos en su dirección.

Harry le sonrió.

—Magia de papá.

Era una excelente respuesta para todo.

James soltó una risita y se arrastró por el mueble para acercarse. Se tendió sobre el pecho de Harry, ocultándose por completo bajo la capa, de manera que sólo lo notaba por su peso. Lo rodeó como pudo con ambos brazos.

Se prometió ajustar las barreras apenas volviesen. Y hacer que Lily y James se disculpasen con el otro.

De momento, lo que más le importaba era su pequeño león recostado encima de él y temiendo que lo olvidase. A los doce años, Harry estaba en peligro mortal por segunda vez, pero todavía eran niños a esa edad. James lo era. Le preocupaba esas cosas, no un mago psicópata.

—Te quiero mucho, Jaime —susurró contra el peso oculto bajo la capa y no le importó no obtener respuesta, porque después de todo, James estaba en esa edad—, mucho, mucho, mucho, ¿bien? Mucho, mucho, mucho, mucho-

—¡Ya entendí! —James se rio.

—Mucho, mucho, mucho —siguió Harry, también riéndose—, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho…

—¡Papá!

James se enderezó y se quitó la capa para arrojársela a Harry encima.

Volvieron a La Madriguera poco después.

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—¿…y Gin qué dijo?

—Que se le pasaría, que necesitaba un poco de tiempo para asimilarlo, que no era mi culpa, pero tampoco suya —Harry se encogió de hombros—. Tiene doce, se fue a un internado, y cuando regresó, descubre que no sólo sus dos padres tienen pareja, sino que sus hermanitos consideran "hermanos" a otros niños. Y James puede negarlo cuánto quiera, pero adora a Lily y Albus incluso más que a Ginny y a mí.

—Debió ser shockeante —reconoció Draco, con un asentimiento, mientras secaba al micropuff de Scorpius con una toalla miniatura y mantenía al bowtruckle apartado de la bola de pelo, para que no lo pinchase con su espada de diente de león. Cosas de su día a día—, lo mejor que puedes hacer es pasar mucho tiempo con él este verano.

Harry asintió. Ese era el plan, en realidad. Había programado desayunar en casa de los Malfoy, mientras sus hijos estaban con Ginny; ella retrasaría su mudanza hasta después de que James se hubiese ido a Hogwarts de nuevo, y esa misma tarde, los dos los llevarían a un campamento familiar. Hermione era quien lo organizaba. Dos semanas enteras de lo que fuese que su amiga pensase que debían hacer las familias con niños mágicos.

Francamente, Harry se estaba preparando psicológicamente para lo que fuese. Ron, que llevaba una semana fuera con sus propios hijos, le había advertido que llevase más ropa de la que necesitaría, lentes de repuesto, y golosinas. Muchas, muchas golosinas. Las necesitaría.

A pesar de que James intentó fingir que no le emocionaba lo que su madre le contó del campamento, tenía el baúl listo desde ese mismo día, y había ayudado a Lily con el suyo. Albus era el que no paraba de preguntar si en serio tenía que ir.

—Te invitaré a una cita apenas vuelva —prometió Harry, estirándose para besarle la mejilla.

—Oh, creo que puedo sobrevivir algunos días sin el Elegido para que venga a salvarme —Draco jugó con el cabello de Harry, enredando los dedos en los mechones por un instante y echándolos hacia atrás, en vano—. Lo peor que puede pasarme es que Bolita se vuelva a llenar de barro, y Scorpius me pida ayuda para secarlo.

En cuanto lo dijo, apartó la toalla miniatura del micropuff. Colocó ambos brazos entre Bolita y Feroz, para que el bowtruckle no lo pinchase.

—Scorpius, Bolita ya es Bolita Rosa y no Bolita Lodosa. Altair, Feroz está intentando convertirlo en Bolita Herida, ven aquí —llamó Draco, elevando un poco la voz, para que sus hijos lo escuchasen desde donde fuese que estuviesen.

Scorpius apareció primero desde el corredor, buscando a su pequeño amigo, antes de que pudiese ser lastimado por la mascota de su hermano. Lo abrazó contra su pecho y le pidió en susurros que no volviese a ensuciarse así. Altair se demoró un poco más; traía una rama consigo que colocó frente a Harry.

—Para Lily —indicó, como si él se la fuese a quedar.

Harry la recogió con solemnidad e intentó no lucir demasiado aturdido.

—¿Qué es, Alti?

—Endrino, una cosecha mágica —contestó el niño, distraído por su bowtruckle—, solamente se entierra y se le echa un poco de agua para que el árbol empiece a salir. Lily quiere plantarlo allá para después traerlo aquí y cuidarlo hasta que tenga que entrar a Hogwarts, así consigue la madera de su varita de ahí. Ella me dijo que le eligiese un árbol.

Draco le pidió que no empezase a cuestionarlo con un gesto. Cuando Altair se alejó unos pasos y le dijo algo a su mellizo, se inclinó sobre la mesa del comedor, para explicarle a Harry.

—En la familia de Astoria acostumbran sembrar sus propios árboles de cosechas mágicas unos años antes de ir a Hogwarts y tomar la madera de ahí, para hacer una varita personalizada, con tallados y toda la cosa —Draco agitó una mano en el aire.

—¿Ellos tienen sus árboles también?

Él asintió.

—En el patio, de cerezo y sauce.

Podía imaginar cuál le pertenecía a quién. Harry decidió encoger un poco la rama, aplicarle un hechizo de preservación, y guardarla en su bolsillo.

Notó que Draco observaba a sus hijos conversar con una expresión pensativa.

—¿Cómo reaccionaron? —preguntó Harry, al recordar que Lily les escribió una carta cuando él les contó sobre su relación con Draco.

—Altair me dijo que ya lo sabía —Dejó escapar una risita y meneó la cabeza—. Scorpius estuvo un poco confundido al principio. Dijo que pensó que a veces las mujeres salían con otras mujeres porque les parecían más bonitas, así que suponía que pasaba lo mismo con los hombres —Draco alzó las manos en señal de rendición ante esa lógica—; no creí que hubiese nada que explicarle después de eso.

—Suena a que al menos no hubo un escándalo.

La verdad era que Harry se sentía un poco aliviado tras oírlo. Draco se limitó a restarle importancia con un gesto.

—Scorpius nunca ha sabido armar un alboroto solo, y Altair no tiene berrinches sino es algo que lo afecte, así que…dudo que siquiera les importe.

En ese momento, Scorpius caminaba hacia Harry. Se paró junto a su silla y tiró de su brazo con la mano en que no llevaba al micropuff. Harry se inclinó para que pudiese hablarle al oído, frente a un divertido Draco que fingía no notar los susurros.

—Queremos ir al parque acuático —musitó el niño, muy serio—, Altair dice que si se lo pide a nuestro padre, él nos va a dejar ir.

Harry observó de reojo a Altair, quien simulaba estar atento a su bowtruckle y no a la plática. Luego a Draco, que arqueó una ceja en su dirección, en una pregunta silenciosa.

Oh, puede que a los pequeños Malfoy no les hubiese importado. Pero sí que intentaron aprovecharlo.


Un detrás de escenas a lo largo de los años:

Ginny: ¿quién es su persona favorita?

James de siete años: ¡Teddy!

Albus de cinco años: mamá.

Lily de tres años: ¡papá!

Ginny: ¿y ahora?

James de nueve años: Teddy.

Albus de siete años: Scorpius.

Lily de cinco años: ¡papá!

Ginny: ¿qué tal ahora?

James de doce años: …todavía Teddy.

Albus de diez años: sigue siendo Scorpius.

Lily de ocho años: ¡Altair! ¡Y Draco! ¡Y Astoria! ¡Y…!