Más tarde regresaré con las respuestas de las reviews anteriores, en un nuevo capítulo. Por ahora les dejo este.


"Tienes todo lo que no me gusta"

Capítulo 10:

Leah.


Hanamaru regresó a su casa con los ánimos por los suelos, pero al menos, sabía que todo entre You y ella había quedado en los mejores términos.

La espina en su corazón no saldría en algún tiempo, mucho menos los sentimientos que tenía, sin embargo, ahora solo podía pensar en una cosa: ¿Por qué la vida de You era tan triste? Tenía dos amigas que la aceptaban tal y como era, un futuro prometedor en la natación. Por lo visto, también tenía la facilidad para conquistar a cualquier chica que quisiera, su padre tenía un buen empleo y su madre era amorosa con ella.

¿Qué podría ir mal en una vida tan buena?

Se recostó en el suelo de su habitación y suspiró mientras cerraba los ojos. Los abrió de golpe al recordar que tenía el número de Kanan anotado en sus contactos, estaba a punto de llamarla cuando su mente reparó en un pequeño detalle, y ese era, ¿cómo llegar y preguntar algo así?

Obviamente sería extraño y quizá incómodo, así que desechó rápidamente la idea. Sin embargo, al no estar tan acostumbrada a un celular de pantalla táctil, terminó por llamar a su compañera peliazulada.

— ¿Hola?— se escuchó del otro lado de la línea.

— ¡Eh! ¡Ho-Hola zura!

— Qué inusual es que me llames, Maru, ¿todo bien?

— Eh sí... Sólo fue.. fue un error zura.

— Entiendo, bueno, entonces creo que te veré después.

— ...

— ¿Hola?

— You...

— ¿You? ¿Qué hay con ella?

— Yo em...

— ¿Te hizo algo?

— ¿Qué? ¡Claro que no! ¡Ella no lo haría zura!

— Eh... Lo sé, hablaba de... otra cosa...

— Lo...— Hanamaru se sintió nerviosa al suponer a lo que se refería su compañera — ¿Lo sabes zura?

— Sí, lo siento...

— No te preocupes... Supuse que You te contaría.

— ... Sí.

— Yo um... ¿Puedo preguntarte algo zura?

— Claro, dime.

— ¿Por qué You me dijo esas cosas?

— ¿Cosas?

— Ah, eh...— sus mejillas se tiñeron de rojo por la pena, Hanamaru había olvidado especificar el motivo de su llamada — Hoy... Me confesé, como podrás saber, y You me rechazó pero... me dijo que no podía sentir nada romántico con nadie, que me lastimaría de muchas maneras y cuando pude verla a los ojos esta tarde, noté algo por primera vez zura. Su sonrisa no parece real, pero tiene motivos para sonreír... Las tiene a ustedes, tiene una familia, talento, carisma... y muchas cosas más zura...

— Yo um— Kanan no sabía qué decir, así que le dijo lo primero que pensó — ... Puede que sea algo difícil de explicar... Creo que You simplemente no se siente emocionada por esas cosas, quiero decir, nos quiere, nos lo ha dicho y sabemos que es verdad, pero creo que en cuanto al amor, no tiene un "por qué" creer en el.

— ¿Un "por qué" zura?

— No lo puedo entender del todo, pero creo que ella no encuentra su propio camino, hace todo porque tiene que hacerlo, pero no hay nada en particular que pueda despertar su interés, al menos no tanto como para decir "quiero hacer esto por esta persona". Aunque en parte lo entiendo... tiene una situación familiar complicada.

— Nunca pensé que pudiera ser de esa manera...— reflexionó Hanamaru, para ella, You y todo lo que tenía alrededor, era perfecto.

— El exterior no es lo único que nos conforma como personas, pero para You, el exterior es todo lo que importa.

— No lo entiendo muy bien zura... Pero, ¿no hay algo que podamos hacer por ella?

— Esa misma pregunta nos la hemos hecho Yoshiko y yo desde hace mucho tiempo.

— Oh...

— Tranquila, todo cae en su lugar tarde o temprano. Pero no nos rendiremos.

— Sí... Gracias zura, y perdón por llamarte por algo tan extraño...

— Me sorprende que pudieras llamarme.

— ¡Oye! ¿Tú también Kanan?

— Lo siento, recuerdo que cuando éramos niñas You solía hacerte burla por este tipo de cosas.

— Sí... Yo también lo recuerdo.

— Nos alejamos bastante eh.

— Solo un poco, yo no sabía cómo hablarles de nuevo, después de todo no tuve mucho tiempo de convivir con ustedes ya que iban en otra escuela zura...

— Nosotras tampoco le preguntamos a You por ti, o bueno...— Kanan recordó las veces que Yoshiko solía preguntarle insistentemente a la ojiazul acerca de Maru, o las veces cuando le pedía el nombre de las novelas que la castaña leía. Pero esto decidió omitirlo.

— Lamento haberme alejado zura.

— Tranquila, éramos niñas.

— Lo somos aún— dijo Hanamaru mientras reía.

— Supongo que tienes razón.

— Sí— Hanamaru escuchó la voz de su padre llamarla —... Me tengo que ir Kanan, luego hablamos.

— Seguro, cuídate, hasta luego.

— Hasta luego zura.

La llamada terminó, Maru dejó el teléfono a un lado y bajó a ver al señor Kunikida. Mientras bajaba las escaleras, tomó una decisión: No dejaría así a You, la ayudaría a creer aunque fuera un poco en el amor. No para tomar ese sentimiento para su conveniencia, sólo no quería que su amiga siguiera teniendo ese pesar en sus ojos.

Y tenía que aprender a usar un smarthphone adecuadamente, no quería pasar otra pena así nunca más.


— Entonces Yoshiko está enamorada de Hanamaru, pero ella lo está de You— recapituló Chika. Las cinco jóvenes se habían quedado a comer un helado.

— Sí, me sorprende que no se hayan dado cuenta antes— dijo Dia.

— A mí no me interesa lo que haga Watanabe You con su vida— afirmó una exasperada pianista mientras llevaba la cucharilla con helado a su boca.

— Caray Riko— suspiró la amante de las mandarinas —. Bueno, pues qué lío se ha armado, sólo espero que todo se arregle.

La salida a Numazu había salido bien, a pesar de lo ocurrido en el comienzo, todas fueron capaces de divertirse, conocerse y convivir: fueron a la librería, después a comer y finalmente a un karaoke. Pero al final del día, Chika y Ruby no podían ocultar su curiosidad acerca de lo que pasaba entre cierta castaña y la estrella del equipo de natación.

— ¿Tan problemático es que te guste una persona, Mari?— preguntó Ruby.

— ¿Eh?— la rubia se sonrojó al instante — ¿Por qué me lo preguntas a mí?

Todas la miraron con los ojos entrecerrados.

— Incluso Chika se ha dado cuenta de que babeas por Kanan, y eso que no es la persona más brillante en lo que a sentimientos se refiere.

— ¡Hey!

Wait a minute girls!— el nerviosismo se apoderó de la rubia — No saquen conclusiones así de la nada...

— ¿Son de la nada?— Incluso Riko se había unido al hostigamiento. Gran error, pues era Mari su víctima.

— ¡Ah! Ahora la señorita tsundere va a acusarme.

— ¡¿Cómo que tsundere?!

— ¡Si me harán admitir que me gusta Kanan, hagan admitir a Riko que le gusta You!

— ¡No me gusta esa presuntuosa!

That jealousy is seen by anyone...

It's not jealousy, I just don't like her.

— Creo que no me vendrían mal algunas clases de inglés— susurró Chika mientras veía cómo Mari y Riko comenzaban a discutir en tal idioma.

— Bueno, Mari le acaba de decir que el día que Riko confiese sus sentimientos, ella también lo hará.

— ¿Quieren apostar por quién se confesará antes?— dijo Chika, mientras hacía una mirada extraña.

— No creo que sea...

— Apuesto 200 a Mari— interrumpió la pelirroja.

— ¡¿Ruby?!

— Buu, yo también le iba a apostar a Mari. Bueno, 200 a Mari.

— Oigan ustedes...

— ¿Y tú Dia?

— ¿Eh?

— Vamos, ¿quién crees que se confesará antes?

— Vaya— la pelinegra seguía sin poder creer la manera tan espontánea en la que Chika movía todo a su alrededor, suspiró derrotada, quizá no sería tan mala idea dejarse llevar un poco por el brillo de la sonrisa de su compañera—... Apuesto 200 a Riko, entonces.

— ¡¿A Riko?!— exclamaron sorprendidas Ruby y Chika.

— Las probabilidades de que lo haga son pocas, pero las hay, y si yo gano, ambas me pagarán 200 yenes cada una.

— Pero si pierdes nos pagarás 200 a cada una.

— No recuerdo haber apostado 400 yenes.

— Pero...

— Han dicho sus cantidades, y yo dije la mía.

— Eres injusta, Dia.

— Ustedes son las que andan apostando con las situaciones amorosas de los demás.

Las tres amigas se miraron y comenzaron a reír sonoramente.

— ¿De qué se ríen?— preguntó Riko.

— De nada, ¿cómo quedaron entonces?— Chika fue la primera en calmar su risa.

— Mari me retó a confesarle mis supuestos sentimientos a You, si yo lo hago, ella lo hará a Kanan.

— ¿Te confesarás?— dejó salir Ruby con cierto brillo en los ojos.

— ¡Claro que no!

— Cielos...— suspiró la amante de las mandarinas.

— ¿Por qué les es tan difícil decirlo? Es tan obvio...— secundó Ruby.

Después de un rato molestando a Mari y Riko, el grupo de amigas se despidió para irse cada quien a su casa.


Era lunes, así que cierta chica de cabello púrpura se estaba preparando para ir a su primer día de clases como estudiante de Uranohoshi.

— ¿Estás lista, Leah?— preguntó Sarah, entrando en la habitación de su hermana menor.

— Sí, solo tengo que llamar a Hanamaru.

— Llámala en el auto, vas tarde.

— Tú vas tarde más bien— el rostro de Sarah se puso completamente rojo al saberse descubierta por la pequeña.

—Bueno sí, quiero pasar a dejarte antes.

— Gracias— Leah salió de la habitación.

Ya en el auto, la menor de las Kazuno tomó su móvil y llamó a su amiga, avisándole que la vería en el salón de clases.

— ¿Qué dijo Hanamaru?— preguntó Sarah una vez su hermana colgó la llamada.

— "Genial zura"— imitó Leah.

— Suenas igualita— rió la mayor.

— Oye hermana...

— Dime.

— ¿Cómo te has sentido en este lugar?

— Bien, no te preocupes— le sonrió a su hermana menor, intentando calmarla.

— Tienes que decirnos cualquier cosa, cualquier cambio— insistió la pelimorada.

— Lo haré, mamá— Sarah levantó el fleco de su hermana y le dio un beso en la frente—. Listo, aquí es.

— Gracias por traerme, que te vaya bien— Leah la abrazó y se fue corriendo a la entrada.

— ¡Ten un buen día, me saludas a Hanamaru!— gritó la universitaria mientras veía la espalda de su pequeña alejarse.


Identificó inmediatamente a Hanamaru, y probablemente a aquella chica que le robaba los suspiros a su amiga: You Watanabe.

Debía admitir que destacaba, pero creía que podía encontrar a una chica más bonita que aquella peligrisacea. En silencio miró alrededor del salón, sus ojos se posaron en unas esmeraldas brillantes; sonrió. Justamente lo que había pensado antes. Había encontrado a una chica más hermosa.

— Mucho gusto, mi nombre es Leah Kazuno— se presentó, para después tomar asiento al lado de Hanamaru.

Las ganas de hablar con la castaña la estaban quemando por dentro, pero tuvo que esperar a que la clase terminara para finalmente saltar a abrazar a Hanamaru.

— Te has vuelto más efusiva zura— sonrió Hanamaru.

— Sólo un poco, he aprendido muchas cosas gracias a ti— codeó a su amiga.

— Simplemente haz madurado.

— Y me sorprende que con lo mucho que me insististe en dejar la pena de lado, tú estés en esta situación— el rostro de Hanamaru se puso colorado —. Cierto, con lo de la mudanza y los papeles ya no me contaste nada, ¿cómo te fue en tu cita?

— Yo em... bueno...— Maru bajó la mirada con un poco de tristeza.

— Entiendo— mientras el salón se vaciaba por el cambio de clase, Leah se sentó en su pupitre y lo jaló hacia el de Hanamaru.

— Es el cambio de salón, debemos ir al...

— Tenemos tiempo— La chica de cabello púrpura tomó la manga del suéter de su amiga y la hizo sentarse en su banca—. Cuéntame todo.

El intermedio entre clases fue tiempo suficiente para que la chica de ojos ambarinos le narrara todo lo sucedido a Leah, quien no dijo una palabra hasta que la castaña dejó de hablar. Después de eso, la chica suspiró pesadamente.

— Es muy complicado, aunque creo poder entender a You— la chica de ojos rojizos recargó su barbilla en el dorso de su mano —. Me he preguntado varias veces por qué la gente se esfuerza tanto en ciertas cosas, pero al final siempre pienso que es el destino, es el camino que debemos seguir.

— Yo nunca había pensado en la vida desde ese punto de vista, así que no estoy segura de poder entender del todo zura.

— Cada cabeza es un mundo, pero si lo que quieres es ayudarla, déjala que se golpee un poco, al final la vida enseña así.

— Eres demasiado fría, Leah.

— No, sólo dejo que todo siga su curso, y creo que ella también lo hace, aunque quizá le falta darse cuenta de una cosa o dos.

Hanamaru sólo pudo asentir antes de tomar sus libros y dirigirse al laboratorio, pero justo cuando atravesó la puerta del salón, alguien pasó corriendo, tirando todo lo que llevaba en los brazos.

— ¡Lo siento!— reconoció la voz del ángel caído.

— No te preocupes zura, ¿por qué corrías?— preguntó Hanamaru, feliz de tener la oportunidad de hablar con Yoshiko. Si le hablaba tan normalmente quería decir que al menos entre ellas dos nada había cambiado.

— Eh... Iba tarde a mi clase...— ambas miraron las cosas en el piso, y cuando iban a agacharse para recogerlas, golpearon su cabeza con la de la otra.

— Auch...

— ¡Lo siento!— casi de manera automática y con algo de pánico, la chica de cabello azulado se agachó y recogió las cuadernos y plumas, entregándolos a su dueña con los mismos movimientos robóticos — Yo... Eh... perdón— hizo una reverencia.

— Gracias, Yoshiko— sonrió Maru, causando un sonrojo en la datenshi.

— ¡Sí! Cuando quieras... Eh... ¡Adiós!

"Actuaste como estúpida allá atrás", se recriminó Yoshiko mientras entraba a su clase. No esperaba encontrarse con Hanamaru, de hecho, podría decirse que la había intentado evitar durante la entrada y el primer cambio de clases, pero al encontrarse con su amor imposible, y encima, chocar con ella, había entrado en pánico y los nervios se apoderaron de su diabólico ser por completo. No se había preparado para algo así.

Mientras tanto, Hanamaru y Leah habían reanudado su camino.

— Y entonces, ¿ella quién era?

— Ella es Yoshiko Tsushima, es otra amiga mía.

— Vaya, parece que está loca por ti.

— ¿Tú también con eso zura?

— Ah, ¿entonces no soy la primera que lo nota?

— Alguien... ya me había dicho que yo le gustaba...

— Pues ahora yo te lo digo, y te lo confirmo.

— No creo que sea algo así... Ella nunca ha sido buena socializando zura, y con alguien tan tímida como yo... Seguramente no sabe cómo tratarme, creo que nunca ha sabido.

— Es una posibilidad también, ¿hoy la verás?

— ¿Eh? Bueno, supongo, Chika nos dijo que hoy comeríamos las nueve juntas, bueno, ahora somos diez zura.

— ¿Chika?

— ¡Ah! Otra amiga del salón de al lado, ella tiene el cabello color mandarina y ojos rojizos, algunos tonos más que los tuyos, también está Riko, es pelirroja y suele enojarse mucho con You, y You, bueno... de ella ya te he contado casi todo lo que sé zura.

— Le gustan los uniformes, excelente nadadora, cuerpo envidiable y con tendencia a escuchar Kudai.

— ¿Kudai?

— Te falta conoce... No, olvídalo, estás bien así.

— Bueno... Después está Kanan, es una chica de cabello azul y ojos color amatista, admito que se ve algo masculina, después está Mari, es rubia y... am... no sé cómo describirla zura, ya la conocerás— entraron en el laboratorio y tomaron sus lugares —. Y aquí, esa chica de la fila de enfrente, se llama Dia, es algo estricta pero es muy amable y la chica a su lado...— Esto llamó más la atención de Leah — la pelirroja, se llama Ruby, es adorable y muy tierna zura.

— Supuse que era ese tipo de chica.

— ¿Eh?

— Cuando entré en el salón y miré a You, pensé que podría encontrar a una chica más bonita, y entonces la vi a ella. Pienso que es muy linda.

— ¡¿Eh?¡

— ¿Ocurre algo señorita Kunikida?— preguntó el profesor.

— ... No, disculpe zura— dijo Hanamaru, apenada, para después, dirigirse a su amiga — ¿A qué vino eso?

— ¿Qué?

— Lo que dijiste de Ruby...

— ¿Qué es bonita? Pues lo es...

— Ah...

— Cielos, no caigo tan fácil como tú.

— Eres una bravucona Leah...

— Sí, sí, ahora vamos a anotar.

Hanamaru sonrió y comenzó a copiar los apuntes del pizarrón. Su ánimo se encontraba renovado gracias a la presencia de su amiga.

— Gracias, Leah.

— ¿Por qué?— preguntó sin apartar la vista del pizarrón.

— Por todo— sonrió.