CAPITULO ONCE

ISABELA

Por primera vez desde que fui capturada (tanto por los humanos y dragones) soy dejada sola por unas cuantas horas. Supongo que significa que estoy a salvo, porque Edward en el pasado ha estado sobre mí ante un indicio de peligro. Y siguió diciendo que porque he sido reclamada y me ha dado su "veneno" nadie más me mirará como pareja potencial. Ya no estoy en peligro por otros dragones y, por lo tanto, me pueden dejar sola. Debería estar complacida.

En cambio, me siento sola y más abandonada que nunca. Sé que no estoy actuando de manera racional. Sé que alejé a Edward deliberadamente. No quería que estuviera aquí conmigo, pero cuando se fue, eso no me alegró tampoco. Mi vida ha cambiado drásticamente debido a su presencia y me estoy desquitando con él. Estoy frenéticamente preocupada por Ángela y me estoy desquitando con él. Estoy confundida por cómo me siento hacia él... y lo estoy tratando mal.

Sé que es terrible. Sé que estoy siendo frustrante. Solo... Honestamente no sé qué hacer respecto a nada. Normalmente intento conformarme y seguir adelante con lo que tengo, pero esta vez estoy completamente avergonzada. Cada movimiento se siente como el equivocado. Así que no hago nada.

No es que pueda hacer mucho. Irme está fuera de cuestión: Edward enloquecería y no quiero eso. Tampoco es como si pudiera regresar a casa. Solo me arrestarán, me entregarán o me usarán como ventaja adicional si deciden conservarme. Mi libertad en el Fuerte Dallas ha desaparecido. No tengo más una casa. Busco alrededor del edificio de oficinas vacío y ruinoso, pero no hay mucho que hacer.

Hurgué aquí hace días cuando buscaba ropa y está tan lleno de cosas inútiles como lo estaba entonces. Una engrapadora no es para nada útil en un apocalipsis y tampoco un fax o veinte teléfonos que no funcionan. Le doy a todo un repaso rápido y luego regreso al baño que funciona y bebo suficiente del lavabo usando una taza astillada del "Mejor Jefe del Mundo". Mi estómago gruñe de hambre y pienso lo irónico que es.

Me estoy quejando por no poder ir a casa, al Fuerte Dallas y tener que quedarme con un dragón. Y, sin embargo, ese dragón siempre me ha alimentado y cuidado de mí y en el Fuerte Dallas he estado malviviendo y pasado hambre la mayoría de los días que puedo recordar. Tengo que reexaminar mis prioridades.

Pero no puedo superar el hecho de que Ángela está siendo retenida por los soldados. Está en problemas y es mi culpa. Y Sasha... intento no pensar en lo que Sasha hará. Siempre encuentra una manera de sobrevivir. Me echo agua en las manos, frotando mi rostro y brazos lo mejor que puedo. No hay más toallas de papel; usé las últimas en Edward.

Y eso me hace pensar en la manera en que me había besado y tocado. Cómo se había sentido ser apreciada y adorada por ese breve período de tiempo. Lo había devorado. No me había dado cuenta lo hambrienta de afecto que estaba hasta que él me mantuvo cerca, haciendo que nunca quisiera abandonar ese cálido abrazo. Realmente desea lo mejor para mí. Sigo diciéndome que esto está mal... pero, ¿por qué? Edward me enfurece con su posesividad y actitud autoritaria, pero es amable y cariñoso por encima de todo. No es su culpa que este mundo lo empuje hacia la locura.

Entiendo su necesidad también. Los destellos de locura que me ha mostrado son completamente aterradores. No es de extrañar que los dragones estén atacando ciudades y destruyendo todo. Sus cabezas están llenas con tanto horror que no saben lo que están haciendo. He visto cómo pequeñas cosas pueden hacer que malos pensamientos se alcen en la cabeza de Edward. Si soy la única que hace que las cosas se calmen para él... Entiendo por qué quiere conservarme. Solo que es horrible no poder decir nada al respecto.

Ángela. Mi pobre hermana. La milicia nunca va a liberarla. Van a colgarla bajo mi nariz como una póliza de seguro para intentar conseguir que obligue a Edward a hacer lo que ellos desean. Ángela debe estar aterrada. He intentado mantenerla protegida de lo peor que el Fuerte Dallas tiene para ofrecer y no puedo protegerla por más tiempo. No es culpa de Edward y tengo que dejar de culparlo por eso.

Suspiro y me sacudo para quitar el agua de mi piel. Lo he culpado por muchas cosas: mi hermana, mi exilio, la mordida, mi miedo a él, y ahora que se ha ido por un tiempo, me doy cuenta de que nada de eso es su culpa. Si él hubiera sabido que no me gustó la mordida, que no la esperaba y que me asustó, creó que lo lastimaría casi tanto como me dolió a mí.

Está claro que tengo que hablar con mi dragón y resolver esto. Miro por el agujero en el techo de baño con optimismo, pero no hay señales de él. Intento alcanzarlo con mi mente también, pero no sé realmente lo que estoy haciendo y no siento que me responda nada. Raro, pero creo que extraño su presencia siempre atenta y dominante. Incluso su flirteo dracónico.

Solo se ha ido por unas pocas horas y me siento vacía y sola. Tal vez hay algo en este vínculo dragón, después de todo. Me sentía vacía y sola en el Fuerte Dallas, pero pensé que se debía a todo por lo que había pasado. Quizás haya algo más. Toco el lugar ardiente en mi cuello donde me mordió y me pregunto si el vínculo funciona en ambos sentidos. Si no es así, quizás tengo más sentimientos por mi dragón de lo que me gustaría admitir.

Poco tiempo después, un destello dorado en los cielos distantes llama mi atención y contengo un nervioso aliento. ¿Es mi dragón o es otro? Es difícil decirlo desde donde estoy parada. Me muevo al borde del edificio, donde las paredes se han derrumbado y los cielos se abren. Un paso en la dirección equivocada y caeré por el costado.

Por lo general lo evito, pero ahora me acerco sin temor. Pienso que hay dos escenarios: que sea un dragón misterioso dorado que me comerá si no puede emparejarse conmigo y moriré de todos modos, o es Edward y no me dejará caer. Bastante extraño, es consolador pensar que Edward me apoya sinimportar qué. Apartó mi cabello azotando salvajemente de mi rostro y miro los cielos azul claro. Nada. Quizás fue mi imaginación.

-¿Edward?- intento -¿Dónde estás?- se siente extraño estar hablando en mi mente, pero no sé si escuchará si hablo en voz alta... si es él.

Para mi alivio, el gran dragón dorado baja en picada cerca del edificio y comienza a dar círculos bajos en el momento en que digo eso. Sé que seguramente es su manera de saludarme. Protejo mis ojos de la luz del sol de la tarde, observándolo descender perezosamente a través del aire.

En verdad es hermoso así, pienso. Todo escamas brillantes y músculo enorme y fibroso. También es grácil a pesar de su enorme forma de dragón. Mientras lo observo, inclina sus alas y comienza a descender lentamente sobre el techo roto encima de mí. Enormes patas traseras con garras se apoyan en una de las paredes, y mete sus alas como un ave y luego mira al suelo. Lo saludo. Es automático y me siento un poco tonta, pero saludo.

Sus ojos destellan con un complacido dorado, y de inmediato cambia a forma humana, saltando ágilmente en la oficina donde espero. Hago una mueca cuando aterriza, rodillas dobladas, pero la larga caída no parece molestarlo. Los huesos de dragón deben ser más fuertes que los huesos humanos, porque un salto como ese habría roto mis dos piernas. Se endereza, y nuevamente, no puedo superar lo hermoso y grácil que es. No importa la forma, ver a Edward moverse es puro placer.

-Regresaste- digo y luego me siento patética y obvia. Claro que regresó. Siempre regresa por mí.

Camina hacia mí, cruzando el cuarto y retrocedo, insegura. ¿Está enojado? Sus ojos destellan entre el negro de una fuerte emoción y dorado, pero no hay enojo irradiando de sus pensamientos. Vacilo, preguntándome si debería correr. El gran cuerpo de Edward se mueve frente a mí y pone su mano en mi cintura, luego me arrastra contra él. Una mano rodea mi mandíbula, e inclina mi cabeza hacia arriba con suaves dedos, consciente de sus garras.

Estudia mi rostro vuelto hacia arriba por un momento y mi corazón palpita salvajemente. Entonces su boca desciende sobre la mía en un leve roce de labios. Me estremezco ante la completa ternura de ese abrazo. ¿Por qué he estado peleando contra esto con tanta fuerza? A veces soy tan estúpida. Presionada contra él así, me siento protegida y amada. ¿Por qué no puedo ser feliz con eso?

-¿Esto significa que ya no estás enojado conmigo?- susurro.

-Nunca me siento enojado. Nunca. Mi Isabela. Mi pareja- escucho las palabras claras como el día en mi mente, y un momento después, me envía un breve destello de una imagen mental: yo extendida debajo de él, brazos levantados sobre mi cabeza, Edward entre mis piernas, follándome con fuerza.

Rompo el beso, retirándome. Sorpresa y excitación me recorren, junto con un poco de miedo. No quiero ser mordida de nuevo. Yo... no sé qué hacer. Lo deseo, pero al mismo tiempo, tengo miedo de lo que sucede cuando llegue al clímax. No lo puedo postergar para siempre. Va a tensar nuestra frágil relación. Quizás... quizás pueda enseñarle que a los humanos les gusta dar placer de otras maneras también. Así que deslizo mi mano por su pene y envuelvo mis dedos alrededor de este.

-¿Puedo tocarte así?- se mueve y lame la unión de mi boca, un movimiento que envía zarcillos de lujuria a través de todo mi cuerpo.

-Quiero complacerte.-

-Pero quiero darte placer. Hacer esto por ti me daría igual placer. Pusiste tu boca en mí... ¿por qué no puedo hacer lo mismo por ti?- y le doy un apretón alentador. Sus ojos se ponen negros un momento.

-¿Pondrías tu boca sobre mí allí?- me lamo los labios y observo cuando su mirada queda fija en mi lengua.

-Sí. ¿Está bien?- en respuesta, se retira y cierra los ojos.

-Tócame como quieras- estoy un poco perpleja ante esa respuesta, porque parece imprecisa.

¿Como si pudiera tocarlo, pero no le importa si lo hago? Esa no es la reacción que deseo. Pero cuando acaricio con mi mano su longitud arriba y abajo y su cabeza se inclina hacia atrás, labios separándose, observo su puño apretarse y me doy cuenta de que está disfrutando mucho esto. Me pregunto por qué no quiere mirar.

-Mis ojos se volverán negros. No quiero que te asustes- sin embargo, no suena como si estuviera perdiendo el control, así que no tengo miedo.

-¿Debido a una emoción intensa?- dejo que mis dedos tracen la cabeza de su pene, la gran cabeza con forma de hongo, la extensión de delicadas escamas.

El calor sale irradiando de él a raudales, y estoy fascinada de cómo alguien tan grande, fuerte y cubierto de escamas puede tener una piel tan sedosamente suave. Pero la tiene, y es placentero tocarlo, aunque parece mucho más placentero para él.

-Emoción intensa. Sí.-

-¿Te gusta mi tacto?- no puedo evitar pedir cumplidos.

-Nada es más placentero- observo con fascinación mientras se estremece cuando rasguño levemente con mis uñas el borde de sus escamas allí.

-¿Nada?- bromeo.

-Estar metido hasta el fondo en tu coño es mejor- Oh, charla sexosa de dragón de nuevo. Está dejándome sin aliento y quiero permanecer en control.

Así que hago un murmullo de reconocimiento y decido seguir distrayéndolo. Me pongo de rodillas, acomodándome frente a él, me inclino y dejo que mi aliento sople sobre su piel.

-¿Tu semen arderá hoy si te derramas?- hay una levemente y apasionante pausa, como si se estuviera imaginando todos los lugares a los que mi boca podría ir y dónde su semen podría ir si se corre.

-No- líquido pre-seminal está brillando en la cabeza de su pene, así que decido probar esa teoría por mi cuenta.

Todo es risa y juegos hasta que Isabela salga quemada, después de todo. Así que suavemente paso un dedo sobre la gota de humedad. Se siente extremadamente cálido, pero no tanto que tenga que preocuparme de que me queme. Y después, porque soy curiosa, me inclino para probarlo. Calidez explota en mi lengua al mismo tiempo que escucho su entrecortada inhalación. No estoy preparada para la dulce especia de su sabor.

He tenido la experiencia unas cuantas veces y no recuerdo que una mamada tuviera un sabor como este. El aroma especiado de Edward parece estar amplificado miles de veces en su sabor y es delicioso y adictivo. Es injusto que tenga tan buen sabor. Sería mucho más fácil apartarlo cada vez que quisiera tocarme si apestara en el sexo, tuviera un micro pene y supiera a lavandina y repugnante.

No puedo evitar mi pequeña exclamación de placer y envuelvo mi mano alrededor de su largo pene de nuevo. Tengo que parar. Diablos, necesito calmarme. Quiero ser la que le esté dando placer, porque no quiero tener sexo con él de nuevo. Quizás pueda hacerlo tan adicto a las mamadas que nunca tendrá que morderme mientras tiene un orgasmo de nuevo. Si tiene este sabor, puedo vivir con eso, y bastante feliz también.

Arrastro mi lengua sobre la cabeza de su pene, dándole lengüetadas a las gotas de líquido allí. Y aprieto mis piernas firmemente, porque no quiero que huela lo excitada que me estoy poniendo. Tengo que permanecer firmemente a cargo. Si no lo hago, voy a ser arrojada al suelo y follada, igual que antes. E igual que antes, va a asustarme y lastimarme. Así que me centro en hacer que se corra y que sea rápido.

-Dime lo que te gusta- le envío probando nuestro vínculo mental a la vez que mis labios exploran su longitud.

-Todo- viene la respuesta entrecortada -todo lo que me haces, me gusta.-

-Sabes realmente bien- le digo, y arrastro mi lengua a lo largo de la gruesa vena de su pene -podría hacer esto más a menudo.-

Es la verdad; estoy amando el sabor especiado y casi picante de su líquido pre-seminal. Me está encantando la sensación caliente de su piel contra la mía. Es tan grande que mis dedos no pueden envolverse completamente alrededor de él y es suficiente para saber que nunca voy a ser capaz de tomar todo de él en mi boca. Su piel está moteada con el patrón de escamas aquí y rugoso a lo largo de la parte inferior de la corona de su pene hasta el punto que me pregunto si siguen siendo escamas, pero solo más pequeñas y juntas.

Exploro todo de él con mi lengua, incluso el calor de su saco. No tiene ningún vello en ninguna parte, pero cuando arrastro mi lengua sobre la suave piel de allí, siento un tipo estriado de resistencia, como escamas. Y puedo sentirlo en mi mente cuando gime, asombrado por el placer.

-Isabela. Tu boca. Harás que me derrame.-

-Esa es la idea, chico grande- envío como respuesta y voy bajando mientras dejo besos en la cabeza de su pene.

Giro mi lengua sobre esta y luego lo meto, alimentando su gran longitud en el pozo caliente de mi boca. Puedo sentir su reacción asombrada, y entonces envía una imagen a mi mente de él empujando su pene dentro de mí, centímetro a lento centímetro y el éxtasis en mi rostro a medida que lo hace. Un gemido se me escapa.

Es tan injusto. Se mantiene tan quieto que, de no ser por nuestro vínculo mental, no sabría si esta disfrutando de esto para nada. Es tiempo de jugar un poco a hacer trampa. Así que continúo chupándolo, tomándolo tan hondo como me atrevo y apretando la succión a la vez que lo acaricio de un lado a otro sobre mi lengua, intentando hacer como si estuviera follando mi boca.

Envío imágenes propias también. De él poniendo sus manos en mi cabello y retorciendo sus dedos en los rizos rojos. De él guiando mi cabeza, empujándome a tomar más y más de él, más y más profundo. De él follando mi boca meciendo sus caderas, y encantándome tanto que deslizo una mano entre mis piernas y comienzo a tocarme...

Puedo escuchar su jadeo amortiguado, puedo sentir el momento en que su control se rompe. El gruñido bajo comienza en su garganta de nuevo, pero no tengo miedo. Está aquí en este momento conmigo. Puedo sentir la conexión entre nosotros, y cuando una gran mano toca mi cabeza, solo siento excitación.

-Sí. Sí. Aliméntame con tu pene. Folla mi boca como lo harías con mi coño- estoy tan excitada por mis propias imágenes que me estoy retorciendo en el suelo, incapaz de quedarme quieta.

Estoy en el momento con él cuando guía mi cabeza, follando mi boca con golpes grandes y seguros. Siento el pinchazo de sus garras contra mi cuero cabelludo, pero no tengo miedo. Solo agrega un borde de emoción y cuando sus movimientos se vuelven erráticos e irregulares, su aliento más áspero, estoy alentándolo a que pierda el control.

-Córrete- exijo -déjame probarte. Quiero sentir que te corres en mi boca- y le envío imágenes pecaminosas que no dejan dudas al respecto sobre lo que estoy pensando.

Se corre con un gruñido y su cuerpo se estremece. Mi mente se llena con una explosión de placer y estoy sorprendida por ello, como también la repentina explosión de semen especiado en mi boca. Lucho por beber todo de él, pero hay mucho más volumen de lo que anticipé, y para cuando sus ojos se abren, estoy limpiándome lo goteado por mi barbilla, lo que solo le da más satisfacción. Lo siento latir en mi mente.

-Mi pareja- prácticamente ronronea en su cabeza.

No respondo nada a eso, solo me limpio los labios. Estoy agotada y adolorida por la paliza mental de nuestros pensamientos mezclándose, pero casi se siente como si me hubiera corrido también. La humedad dolorosa entre mis piernas me dice lo contrario, pero puedo vivir con eso.

Respirando con dificultad, Edward me pone de pie. Me jala contra él, y su boca reclama la mía en un beso feroz que me dice que no ha acabado, no todavía. Y estoy llena de necesidad, pero al mismo tiempo, eso es todo lo que quiero por el momento. La mamada fue para que no quisiera sexo, no un aperitivo para el plato principal. Así que lo aparto, poniendo una mano en su pecho.

-No. Espera- se aparta. Claro que lo hace. Siempre se aparta cuando digo que no. Se inclina y simplemente roza sus labios contra los míos.

-Me gusta probarte. ¿Puedo hacer eso?- cuando asiento, me besa la boca de nuevo -¿Los humanos hacen mucho esto? ¿Presionar boca contra boca?- puedo sentirme ruborizando, por alguna razón, como si me preocupara que mi explicación fuera a parecer tonta y no fuera a querer hacerlo más. Me pondría triste si dejáramos de besarnos, creo. Él lo hace increíblemente bien.

-Es una señal de afecto entre parejas- le digo. Eso parece la explicación más fácil.

-Entonces, cuando presionaste tu boca sobre mí, ¿estabas aceptándome como tu pareja?- satisfacción se arrastra a través de sus pensamientos. Oh, cielos.

-No exactamente. La gente besa solo para probar a su compañero. No siempre significa que tomarás a alguien como pareja- gruñe bajo en su garganta, su mandíbula endureciéndose mientras me mira.

-¿Has hecho esto de "besar" con muchos humanos?-

-No muchos- admito. Cuando parece descontento, le doy a su pecho un pequeño empujón -deja de ser tan posesivo- retrocede, dándome espacio y me contempla. Un momento después, me jala cerca y acaricia mi cuello de nuevo, cariñoso.

-Lo lamento, Isabela. Tus costumbres me son extrañas, pero las aprenderé. Algunas son bastante placenteras- sí, lo son. Especialmente cuando vienen de él. Pero no sé si debería admitir comprometerme a ser su pareja.

-Edward…-

-Isabela- me dice suavemente, mi nombre el más bajo de los susurros -sé que no deseas ser mi pareja y que te asusto. Puedo oler tu miedo- me estremezco, un poco preocupada de cómo va a reaccionar.

-Hueles todo- lo recuerdo oliendo mi excitación. Solo pensar en eso es vergonzoso.

-¿Cómo no podría?- Sus garras acarician mi mejilla, trazan la curva a lo largo de mi barbilla -lo eres todo para mí. Le presto atención a tu felicidad. Cuando estás triste, lo siento. Cuando estás excitada, eso me excita más. Eres valiente y fuerte a pesar de tu tipo frágil. Me complaces. Haré lo que sea necesario para hacerte feliz, pero no te dejaré abandonar mi lado. Eres mi pareja y perteneces conmigo.-

-¿Y si quisiera dejarte? ¿Y si eso me hiciera feliz?- Espero a que se vuelva loco, pero simplemente me acaricia la mejilla suavemente.

-Te convencería de lo contrario. Pondría mi boca en tu coño y lamería ese pequeño nudo enclavado allí hasta que ruegues permanecer en mis brazos- el calor me inunda. Una declaración tan descarada y hace que me moje. Pero si sigue excitándome, me preocupa que no seré capaz de apartarlo si quiere más que la mamada que acabo de darle. Así que doy un aviso osado y decido contarle la verdad.

-Me lastimaste cuando tuvimos sexo. No me gustó- los ojos de Edward se ponen negros y se queda inmóvil a mi lado.

-¿Te lastimé?-

-Cuando me mordiste- mi mano va a mi cuello -todavía se siente caliente. Se relaja y las garras acarician mi piel de nuevo.

-Eso es porque te di fuego. Nosotros no lo damos cada vez que tenemos sexo. Es como nuestro beso, lo haces para reclamar a tu compañero.-

-Bueno, no me gustó. Y no me gusta ser reclamada.-

-Haré que te guste- jura -dime qué puedo hacer para complacerte. ¿Debería acostarte y presionar mi boca a tu carne de mujer? Puedo oler tu necesidad. Te gustaron las imágenes mentales que te envié- ¿No hay secretos para un dragón? Va a costar acostumbrarse.

-Quieres complacerme, ¿eh?-

-Más que nada- sus remolinantes ojos son de un intenso dorado, con un dejo de negro en los bordes. Está excitado, pero más que eso, conoce lo que quiero.

Y tengo que pensar. ¿Qué quiero? Quiero a Ángela. Quiero que Sasha esté a salvo. Pero si no puedo tener eso por el momento, tengo que centrarme en lo que está frente a mí. ¿Qué me haría estar más cómoda aquí? Nunca imaginé en un millón de años que estaría tomando a un dragón como mi "pareja", pero supongo que nunca pensé en grande o con bastante locura. De acuerdo, si voy a pensar en grande y con locura, voy a darlo todo.

-Quiero una casa- esto lo hace detenerse.

-He reclamado este territorio. ¿No es aceptable como una casa?- Niego con la cabeza.

-No es cómodo. Necesito cosas humanas para hacer de este un buen lugar donde vivir. Si voy a quedarme contigo, por el momento, entonces quiero un lugar realmente donde dormir. Una cama. Un baño. Algo que comer. Café. Cosas como esa. No puedo vivir así- le señalo a la ruina de la torre. En todo caso, está aún peor desde que llegamos, porque a Edward le gusta aterrizar en los bordes y estos se desmoronan hacia dentro, derramando roca y concreto -este no es un lugar donde mi gente duerme cómodamente. Quiero eso.-

-¿Quieres un nido?- Puedo escuchar orgullo en sus pensamientos -¿Para hacer una casa conmigo? No disfrutaría de nada más, mi Isabela- por alguna razón, su placer ante mi pedido me pone contenta. Si no puedo tener a Ángela y Sasha, al menos puedo no vivir como un maldito animal.

-Quiero una casa. Un baño. Y algo de comer- y tiempo para acostumbrarme al concepto de ser su pareja. Satisfacción destella en sus ojos.

-Dime qué te gustaría primero y haré que suceda.-