No he dormido demasiado bien porque aún tenía el miedo metido en el cuerpo, pero cada vez que me despertaba veía a Josh y a Peeta conmigo, lo que me bastaba para volver a tranquilizarme. Por la mañana estoy cansada pero sé que no voy a poder a volver a dormirme así que me levanto sin hacer ruido y me meto en la ducha; hoy hay muchas cosas que hacer y pienso hacerme cargo de todo. Estoy preparando el desayuno cuando Peeta baja alterado.
- Buenos días –digo con una sonrisa, él me mira preocupado.
- ¿Estás bien? Me he asustado al no verte…
- Sí, estoy bien, no te preocupes –Peeta baja los hombros, relajado.
- Me alegro.
- Veo que hiciste la compra ayer –digo mirando la nevera. De nuevo no me creo que dejase a Peeta solo con todo esto.
- La hizo Haymitch, le obligué a hacerla –dice con una sonrisita. Eso me preocupa.
- ¿Sabe él que yo…? –Peeta asiente con solemnidad.
- No me atrevía a dejarte sola ni tampoco a los niños, así que tuve que pedirle el favor –asiento. Llevamos contando con Haymitch desde que le conocemos y sigue sin fallarnos hasta día de hoy.
- ¿Mamá? –Dandelion aparece en la cocina, dejo todo lo que tengo en las manos para acercarme a ella, abrazarla y darle un sonoro beso en la mejilla.
- ¡Feliz cumpleaños mi amor!
- Gracias, ¿te encuentras bien? –me pregunta preocupada. Odio cuando mis hijos se preocupan por mí así que esbozo una gran sonrisa.
- Sí, estoy muy bien, ¿nos ayudarás a tu padre y a mí a preparar la fiesta de cumpleaños?
- ¡Sí! ¡Iré a vestirme!
- ¡Espera! –Peeta la intercepta antes de que llegue a les escaleras– ¡Feliz cumpleaños tesoro! –le coge en brazos y empieza a dar vueltas con ella.
- ¡Bájame! ¡Ya soy mayor! –dice entre risas y Peeta la baja. Le da un último beso antes de irse escaleras arriba.
- Que "ya es mayor" dice –Peeta niega con la cabeza– pero si no mide más que medio palmo –de repente recuerdo a Rue, solo tenía un año más que Dandelion cuando murió. Trato de alejar ese pensamiento.
- Ya verás qué divertido será cuando pase la pubertad –me rio. Él me mira alarmado.
- ¿Pubertad? ¿Y eso qué es? Yo no pasé por eso –dice de broma aunque en cierto modo tiene razón, a Peeta y a mí nos robaron la infancia y la adolescencia.
- Oh sí pasaste por eso, te hiciste novia, ¿recuerdas? –Peeta hace como si de repente se acordara.
- Sabes, estoy contento de que tengamos ese arco tuyo en casa. A ver quién es el listo que se atreve a emparejarse con Dandelion –no puedo evitar reírme ante la perspectiva de Peeta como padre celoso.
- Tuviste suerte que el mío no estuviera, él sí habría dado uso al arco –Peeta se ríe.
Dejamos dormir a Josh un rato más y desayunamos. Nos ponemos de inmediato manos a la obra y los cuatro nos vamos a la casa de Peeta para habilitarla para los huéspedes. Mientras Peeta enciende la toma de corriente y comprueba que la caldera funciona, Dandelion y yo nos ponemos a barrer y a limpiar el cuarto. Al principio Josh está con nosotras, ayudando a traer las sabanas y las toallas limpias hasta que se cansa del trabajo, coge su cochecito y se va al patio a jugar. Por suerte las ventanas de estas habitaciones dan al exterior y puedo ir echándole un ojo. Peeta nos deja para ponerse a cocinar y Dandelion y yo terminamos de barrer y de pasar el polvo. El tiempo apremia.
Volvemos a nuestra casa y muevo los muebles del comedor de modo que quede espacio para cuando lleguen los invitados: aparte de Effie y Finnick, también viene casi toda la clase de Dandelion. Al parecer todos los niños del colegio querían venir después del súper éxito de la charla, pero hemos obligado a Dandelion a que redujera a los invitados a los de su clase. Cuando nos confirmó que vendrían doce niños casi me dio un ataque.
Comemos a toda prisa y me pongo a preparar aperitivos como una loca mientras Dandelion y Josh decoran el salón a su gusto con globos y guirnaldas. Estoy terriblemente agobiada porque el tiempo pasa y en nada tendremos aquí a Effie y a Finnick. Miro el reloj y dictamino que no podemos esperar más.
- ¡Todo el mundo a cambiarse!
Subimos a las habitaciones y ayudo a los niños a escoger su ropa; Josh irá con una mini camisa muy adorable que lo hace parecer un pequeño hombrecito y Dandelion se pondrá su vestido favorito. Peeta se pone también camisa y cuando le veo dudando entre si ponerse corbata o no le digo que no se la ponga.
- Tampoco hay que pasarse de formal –le digo.
- ¿Sabes qué te pondrás tú? –ésa es una buena pregunta.
- Había pensado en esto –le enseño un vestido azul oscuro de manga corta.
- Guapísima.
- ¡Papá! –grita Dandelion.
- ¡Voy!
Aprovecho para vestirme y después de pensármelo mucho me pongo los zapatos buenos. Son incómodos, cosa que odio, pero por suerte no nos moveremos de aquí y podré hacer el cambiazo si me canso. Me pongo el colgante que me regaló Peeta cuando nació Josh (es un nueva versión del medallón, lleva una foto de Dandelion, de Josh y de él) y unos pendientes discretos. Estoy debatiéndome entre si maquillarme o no cuando me llaman.
- ¡Katniss! ¡Ven un momento!
- ¿Qué pasa?
- ¿Tú te acuerdas de cómo hacer el peinado que te hacía tu madre?
Peeta y yo pasamos casi quince minutos intentando averiguar cómo hacerle el peinado a partir de la foto que Dandelion nos muestra.
- No podías escoger un peinado más fácil, ¿verdad que no? –es ni más ni menos que el que yo llevaba el día del desfile en carroza de los primeros juegos.
- ¡Yo también quiero un peinado especial! –dice Josh y yo pongo los ojos en blanco; no vamos a terminar nunca.
Al final Dandelion se conforma con dos trenzas de raíz más o menos bien enredadas entre ellas en la parte de abajo y a Josh le pongo el pelo en punta hacia arriba porque me parece que le queda graciosísimo. Cuando llaman a la puerta yo aún no he logrado decidirme entre si maquillarme o no. Lo poco que tengo es lo que se dejaron Cinna y mi equipo de preparación cuando vinieron para la sesión de fotos del vestido de novia. La mitad de las cosas deben de estar estropeadas ya, aunque el pintalabios y el lápiz de ojo siguen rallando…
- ¡Peeta! ¡Santo cielo ni te reconozco! –la voz de Effie me decide; lo tiro todo al fondo del cajón de donde nunca debieron salir. No me maquillaré si puedo evitarlo, es un trauma que no planeo superar.
Bajo las escaleras a toda prisa.
- ¡Effie! –exclamo cuando la veo. De repente me doy cuenta de lo muchísimo que la he echado de menos.
- ¡Katniss! –corro hacia ella y la abrazo con emoción, aunque tengo que vigilar que una de las plumas que lleva en el sombrero no se me clave en un ojo. Ha venido con el look exagerado de Capitolio, Dandelion va a volverse loca en cuanto la vea.
- Muchas gracias por venir –me pone una mano en la mejilla.
- A ti por invitarme.
- ¡Dandelion, Josh! ¡Bajad a saludar a la tía Effie! –grita Peeta desde las escaleras.
Entonces le veo; un joven apuesto ligeramente pelirrojo. Sé quién es sin que tenga que decírmelo.
- Finnick –digo emocionada. Tiene el pelo de su madre pero el porte y los ojos de su padre. De repente es como volver a estar en presencia de mi amigo.
- Hola señora Everdeen –cuando sonríe y me ofrece la viva imagen de su padre, me vengo abajo.
- Llámame Katniss –le abrazo tratando de contener las lágrimas. Cuando me doy cuenta que soy una desconocida para él me aparto–, lo siento, menuda primera impresión te estaré dando –digo apartándome las lágrimas a manotazos.
- No se preocupe.
- Tutéame por favor. Y lo siento, es solo que me has recordado a tu padre… –no puedo apartar la mirada de él. El pecho me duele una barbaridad, aún recuerdo cómo gritó mi nombre justo antes de volar en pedazos.
- Mi madre me ha contado que erais muy buenos amigos –dice amablemente.
- Fue un gran apoyo en uno de los momentos más difíciles –la imagen de nosotros dos haciendo y deshaciendo nudos me golpea con fuerza–. Además que le salvó la vida a Peeta, estamos en deuda con tu familia –la emoción amenaza con hacerme llorar de nuevo pero pongo todo mi empeño en evitarlo–. Por favor, entra. Y muchas gracias por venir.
- ¿Eso es tu pelo? –pregunta Josh señalando la extravagante peluca naranja de Effie.
- Josh, no señales con el dedo –dice Peeta bajándole la mano.
- ¡Y qué zapatos tan raros!
- Josh… –vuelve a insistirle Peeta.
- Déjale, no entiende de moda –dice Dandelion que rápidamente se pone a elogiar el vestuario de Effie.
- ¡Qué suerte que tú y yo nos entendamos tan bien Lion! ¡Por cierto! Te he traído un regalo –dice Effie pasándole un paquete.
- Eso es para después –digo metiéndome en la conversación.
- No, tiene que ser ahora, lo necesita para el evento de esta tarde.
- ¿Puedo abrirlo mamá? –pregunta dando pequeños saltitos.
- Vale, sí. Adelante –Dandelion destruye el papel a la velocidad de la luz y deja ir un pequeño chillido al ver que se trata de ropa del Capitolio.
Yo me pongo nerviosa de inmediato y trato de averiguar cómo de estrafalario (y seguramente inapropiado) es ese atuendo, pero para mi sorpresa se trata de un conjunto que está bastante bien: un top negro con brillantitos y una falda roja con varias capas a conjunto con unas zapatillas negras.
- ¿Te gusta? –pregunta Effie emocionada.
- ¡Me encanta! –dice dando saltitos– ¡Voy a ponérmelo ahora mismo!
- ¿Quién eres tú? –pregunta de repente Josh, ahora su dedo apunta a Finnick.
- Oh, perdona Finnick no os he presentado –Effie y su regalo me han absorbido completamente–. Él es Josh, el pequeño de la casa y él cariño es Finnick, el hijo de Annie, un amigo –Finnick se agacha y le ofrece la mano.
- Un placer Josh, me gusta tu peinado –el pequeño duda pero termina aceptando su mano.
- Gracias –entonces le observa con detenimiento– ¿eres mi tío? –eso nos arranca una sonrisa.
- No Josh, es hijo de unos amigos –le explica Peeta.
- Pensé que era como tío Haymitch y tía Effie…
- De hecho tienes razón –interviene Finnick–, pero yo soy más como un primo. Mi madre es tía Annie, así que tú y yo somos primos –Josh sonríe y yo también, que se lleven bien me llena de alegría.
- ¿Primos?
- Sí, claro. Yo ya te considero mi primo pequeño, ¿te gusta la idea?
- ¡Me encanta! –y se le echa a los brazos. No tenemos mucha familia, contando a Haymitch solo somos cinco, así que es normal que se entusiasme al oír hablar de primos– ¿Qué hacen los primos?
- Jugar a un montón de cosas, ¿por qué no me enseñas tus juguetes?
- ¡Sí! ¡Vamos! –le coge de la mano y tira de él hacia el comedor.
- Uy, uy. ¡Atención todos! –anuncia Effie mirando hacia la escalera– ¡Aquí viene la cumpleañera! –me quedo congelada; Dandelion está guapísima. Casi que parece que lleve el traje en llamas que yo llevé para la entrevista. Me quedo conmocionada.
- ¡Estás guapísima! –exclama Josh que abre exageradamente la boca. Dandelion baja las escaleras y viene hacia mí.
- ¿Qué te parece? –no sé qué decir. Está preciosa por supuesto, pero me choca demasiado verla en llamas. Tengo demasiado dolor asociado a ello.
- Escogí este diseño especialmente en honor a ti –me dice Effie poniéndome las manos en los hombros.
- ¿Me parezco a mamá? –pregunta ilusionada.
- Ya lo creo que sí –susurra Peeta que tampoco sabe cómo tomarse esto.
- ¿Te gusta mamá? –daría mi vida para que ella no tuviera que pasar por lo que yo pasé y sin embargo aquí está, vestida con llamas.
- ¿Te gusta a ti? –esquivo la pregunta.
- Sí, porque quiero ser como tú –eso me desarma y la brazo.
- No tienes que vestirte así para ser como yo.
- Pero eras tan guapa y la gente te quería tanto… quería ser tú por un día –eso me emociona profundamente.
- Tú eres mucho más guapa que yo, y la gente también te quiere muchísimo más que a mí. Además, ya somos como dos gotas de agua –digo riéndome; ha heredado mi testarudez, mi fuerza de voluntad, mi debilidad por las causas justas y una fuerte personalidad.
- ¿Y a ti papá? ¿Te gusta? –pregunta con timidez.
- ¿Tener a una mini Katniss por aquí que sea hija mía? Por supuesto –la abraza y le da un beso en la frente– Te quiero Dandelion.
- Y yo a ti.
- ¡Lion! –interviene Josh– ¿Has visto ya a nuestro primo? –Josh se encarga de hacer las presentaciones con Finnick.
- ¿Puedo darle su regalo de cumpleaños ahora también? Creo que le quedará bien con el vestido –dice Finnick.
- Sí, claro. Pero no tenías por qué molestarte…
- No es molestia, son mis primos pequeños al fin y al cabo, ¿no? –dice con una sonrisa– De hecho os he traído algo a los dos –se saca del bolsillo algo enrollado con un cordel. Es todo un detalle que haya pensado en los dos. Josh está entusiasmado por tener regalo también y lo coge con alegría. Lo desenrollan y revelan un colgante en forma de anzuelo muy artístico– Es algo típico del Distrito 4 donde destacamos por la pesca –explica–. Y yo tengo uno también, no es exactamente igual pero vienen a ser lo mismo –enseña el que él lleva y de nuevo recuerdo a Finnick. No puedo ubicar exactamente en qué momento vi algo parecido, pero creo que él también llevaba uno. ¿Quizás el día de la Cosecha?
- ¡Me encanta! –dice Dandelion mirándolo desde todos los ángulos.
- ¡Pónmelo! ¡Pónmelo! –dice Josh yendo hacia Peeta. Él se arrodilla y se lo pone.
- Te queda genial Joshie –dice contento, creo que Peeta también está emocionado con todo esto.
- ¡Gracias primo Finnick! –pero no todo el mundo parece compartir el entusiasmo.
- No pega con el vestido… –susurra Effie y yo me río porque no nos podría importar menos.
Charlamos un rato hasta que empiezan a llegar los niños. Effie destaca inmediatamente y Dandelion se encarga de presentársela a todos como su tía del Capitolio. Josh por su parte, se encarga de presentarle a todo el mundo a Finnick, su recién descubierto nuevo primo.
- Le encanta ser el centro de atención, ¿verdad? –dice Peeta mirando a Effie. Los adultos estamos en la cocina, viéndolo todo desde lejos.
- Puedes apostar que sí –dice Haymitch dando un sorbo a su café.
- ¿Habéis visto a Finnick? ¿No es increíble el parecido que tiene con su padre? –pregunto con interés.
- Es increíble –corrobora Peeta–, es casi como tenerlo de nuevo con nosotros.
No puedo dejar de mirarle, sé que él no es su padre, pero no puedo evitar sentir que he recuperado una parte de mi amigo. Veo que Josh por fin lo libera de su juego y le hago señas para que venga a la cocina con nosotros.
- ¿Te está dando mucha guerra el pequeño? –pregunta Peeta.
- No, qué va, es encantador.
- Le has causado muy buena impresión.
- ¿Café? –pregunto. Solía odiarlo pero últimamente es lo único que me mantiene despierta.
- Sí, gracias.
- Tienes buena mano con los niños –dice Peeta, él sonríe.
- Pues no tengo mucha experiencia, pero me hacía ilusión conocerles. Y bueno, a vosotros también, sois toda una leyenda –es mi viejo amigo, lo veo en su complexión e incluso en su forma de hablar, tan seguro de sí mismo.
- ¿Azúcar? –pregunto sin darme cuenta de lo que digo.
- No, gracias –eso me provoca un terrible shock.
- ¿No te gustan los azucarillos Finnick?
- No me gusta lo dulce en general –se excusa. Cuando consigo salir de mi aturdimiento empiezo a reír a carcajadas. Me mata lo irónico de la situación: ¡al hijo de Finnick no le gusta lo dulce ni los azucarillos!
- ¿Nos explicas el chiste preciosa? –dice Haymitch, todos me miran como si estuviera loca.
- Lo siento –respiro hondo y me recompongo–. Tu padre me ofreció un azucarillo el día que nos conocimos. Me ha hecho gracia que no te guste lo dulce con lo que le gustaba a él…
- No sabía que le gustase el dulce –entonces entiendo por qué ha venido hoy aquí realmente.
- Supongo que tendrás preguntas –él asiente.
- De hecho sí, hay cosas que me gustaría saber de mi padre. Mi madre me ha contado muchas cosas por supuesto, pero hay cosas que no me ha contado nunca y no sé si es porque no lo sabe o porque no quiere hablar de ello.
- ¿Qué te gustaría saber? –pregunta Peeta.
- Pues… cómo murió, por ejemplo. Vosotros estabais con él cuando pasó, ¿verdad? –desvío la mirada. Yo le maté. Miro a Peeta y él entiende de inmediato mi agobio. Sé que merece una explicación pero no me siento capaz de dársela.
- Has empezado con los temas fáciles, ¿eh? –dice Haymitch soltando una risotada, se termina el café de un sorbo y se levanta– Voy a rescatar a Effie de los niños –ésa es su forma de darnos privacidad.
- Siento haber sacado un tema incómodo –se excusa Finnick.
- No, no lo sientas. Es normal… –trato de recomponerme pero no puedo, miro a Peeta para que hable él.
Peeta le cuenta cómo le salvó la vida durante el Vasallaje y cómo luego le ayudó una vez volvió del Capitolio. Finnick siempre trató de incluirlo en el equipo y lo protegió mientras estábamos en la guerra, fue un buen amigo. Sé que Finnick (hijo) agradece los detalles que Peeta le está dando, pero también sé que la información que realmente quiere saber solo se la puedo dar yo.
- ¡Mamá! –grita Josh entrando en la cocina.
- ¿Qué pasa cielo?
- Hay una señora en la puerta –supongo que debe de ser alguna de las madres.
- Vamos a ver quién es. Hablamos después –digo y siento un gran alivio por haberme librado de esto (de momento). Cojo a Josh de la mano y vamos a la entrada–. ¿No sabes quién es? –le pregunto por el pasillo.
- Es una señora mayor, no la había visto nunca. Ha dicho que quería verte –esquivamos a unos niños que van corriendo.
- ¡Despacio! –les digo aunque no me hacen caso.
Llegamos a la puerta y cuando veo a la persona que hay ahí me quedo completamente paralizada. Ahora mismo preferiría seguir en la cocina porque he salido del fuego para caer en las brasas.
- ¿La conoces? –pregunta Josh cogiéndose a una de mis piernas.
- Es tu abuela.
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***Nota autora: ¡Hola! Perdón por tardar en actualizar. Subiré muy pronto el siguiente capítulo (que es el último) y el epílogo. Con el epílogo pasa algo curioso y es que no recomiendo del todo leerlo, pero eso ya lo avisaré en su momento. Espero que os haya gustado este inicio de fiesta de cumpleaños. ¡Muchas gracias por leerme! Besos.
