El invierno Japonés está conformado por los meses de Diciembre, Enero y Febrero. No es raro que aumente el turismo durante esta época de año, desde las fiestas navideñas que pierden el significado religioso y pasa a una fiesta para parejas a un gran turismo, dependiente de lo que uno busque, como practicar esquí o snowboard. En definitiva no es tan raro ver extranjeros en búsqueda de cultura o el simple sentimiento de aventurarse en un país como Japón, incluso el probar nuevos alimentos, en específico alimentos de temporadas es una razón para visitar Japón, bueno, si tienes para cubrir tus gastos ¿Por qué no darle una visita?
No es raro ver extranjero en Japón y una ciudad como Fuyuki, que tiene una gran cantidad de casas e incluso mansiones de estilo occidental, un extranjero no debería ser algo tan exótico.
Bueno, este no era el caso.
La chica que apenas se mantenía en pie, en una caminata lenta y forzosa, era como si su vida fuera llevada por el viento.
La joven mujer que llevaba una túnica de color violenta lavanda, no vestía correctamente para invierno. Esas ropas no eran vestimentas para la oscuridad, no era para sobrevivir una noche invernal. Pero no era aquello lo que la estaba matando, era algo más mágico. Ella no era humana, ella era un espíritu muy parecida a un fantasma, pero de un rango mucho mayor, a algo que nunca podría alcanzar un espíritu. Es un Servant, una entidad invocada desde el trono de los héroes y anclada a una clase para luchar para cumplir su deseo. Aunque ella no era exactamente el mismo espíritu heroico que fue invocado bajo la clase Caster. Si, son las mismas personas, pero no en la misma época. Su físico e incluso su mente son distintos. El núcleo del todo, a cambiado.
Para ella todo fue un sueño.
Los recuerdos más felices ahí están, los días banales, en donde era una princesa que solo se tenía que preocupar por sus modales y las practicas de magia. Eso era todo, es lo que más recuerda con claridad, pero es la época en la que fue más feliz, tal vez eso le diferenciaba con la Caster que fue invocada.
Ella es la juventud, ella es la inocente. La otra era la tragedia y la impureza.
Ella debería ser ignorante ante todo lo que sucedió después, pero en la forma en la que está aquí ahora, lo puede ver todo. Son difusos y solo momentos concretos son los más fáciles de ver, aunque no comprende los sentimientos.
Los recuerdos están ahí, pero son solo imágenes. Es como si estuviera leyendo un libro o tal vez viendo algo como una televisión, esa tecnología moderna que desconoce el cómo funciona, solo sabe que puedes ver imágenes y eso es muy parecido a los recuerdos de su otro yo.
Existe un momento en donde ya no son sus recuerdos y son nada más que imágenes, el día en que escucho ese nombre.
Jason, el líder de los Argonautas.
Es la existencia de ese hombre que le separan como seres apartes. Caster no podría entender lo que pasaba en la cabeza de su otro yo, Jason no tuvo que tener un significado para la chica que alguna vez fue, nada debería causar una diferencia en su corazón, pero ahí están los recuerdos de suplicas hacia su padre, de permitir a ese hombre que siguiera su travesía. Una maldición de una diosa, ella fue maldita por la diosa Afrodita para cumplir sus caprichos, ella se enamoro locamente de un hombre que nunca había conocido. Ella solo tuvo que escuchar el nombre de aquel hombre para dejar se ella misma, lo que le hizo actuar a la muchacha que no era ella.
¿Ellas realmente fueron la misma persona alguna vez?
El asesinato de su hermano fue el momento en donde se rompió. Ya no podía verse como la misma persona, no podía creer que fueran sus propias manos con ese cuchillo maldito, ella no podía asesinar a su hermano.
El resto solo fue un mal sueño bañadas en una tormenta de asesinatos, traiciones, masacre, odio y dolor.
Pero no es su vida, no es lo que ella vivió, no es lo que quiere vivir.
Los recuerdos desde la invocación eran más vividos.
Puede ver el rostro del hombre que le invoco. Atrum Galliasta, un mago enviado por la asociación como uno de sus representantes en la Quinta Guerra por el santo Grial o eso es lo que el antiguo Master de Caster dijo. La relación del Caster invocado y su Master, no inició bien, no termino bien y realmente puede empatizar con ella. No era un buen hombre antes sus ojos, un buen hombre no mataría a niños, aunque fuera por el avance de la magia ¿cierto? Aunque su otro yo tampoco era mejor, pero al menos mostro más corazón que aquel hombre, ¿aunque porque lo hizo? ¿Si su magia hubiera necesitado de aquellos niños, los hubiera usado?
Esa relación termino como la mayoría de las relaciones que tuvo aquella mujer, con el olor a ceniza y putrefacción.
Ella caminaba bajo la lluvia, su túnica era pesada por sus propios pecados. ¿Qué era esa mujer? ¿Una víctima o una victimaria? ¿Ella realmente cometió aquellos actos por un hechizo de amor o era su verdadera naturaleza?
Ninguna de las dos realmente puede entender la realidad de aquellos actos, la diferencia era que una los cometió y la otra solo lo observó.
Bueno, realmente ya no debería importar al momento que ella cayó. Sin Master, ella solo debería espera a que aquello acabara, pero no fue así, todo por aquel hombre.
Souichirou Kuzuki, un hombre extraño, aunque si hubiera interactuado con él, no cree que hubiera tenido problemas. Era y fue un buen hombre. Salvo a esa mujer que cometió horribles actos, salvo a esa mujer que debía morir.
Realmente le pareció raro. En una era moderna, es simplemente extraño que alguien aceptara la existencia de la magia y que decidiera ayudarla. Le entrego un hogar, le entrego apoyo y amor. Nunca tuvo una razón de aquello. Un hombre inexpresivo, pero un gran hombre.
Ella no llego a sentir lo mismo que su otro yo por el hombre. Para ella todo fue como un simple sueño ajeno, pero eso no negara la tristeza por esa injusta muerte.
Caster estaba trabajando en las defensas del templo. Sabía que esa noche sería ataca por Saber y Rider.
Ella inició a aumentar la cantidad de trampas en el templo, necesitaba separar a los Servant o a los Master y lograr tomar el control de uno. Si atrapaba al Master, su Servant le obedecería por completo al valorar la vida de su Master. Si atrapa al Servant, habría sido más complicado, seguramente se hubiera visto obligada a usar un hechizo de necesitaba atrapar a uno y tendría la victoria. Por ello trabajo todo el día. Pero falló en lo más importante, en protegerlo a él.
Incluso ella entendió el dolor de Caster como si fuera suyo. Ella había cambiado sus prioridades, ella quería vivir una larga vida, pero una larga vida con él.
(*)
—!Souichirou¡—Caster gritaba el nombre de su amado. Ella lo sintió, un Servant que entro al templo, pero ella no fue tan rápida, usando la energía a nivel de un hechizo de comando, se teletransportó a la ubicación de su amado, en las escaleras del templo. Si ella hubiera sido más rápida, si ella le hubiera convencido que se quedara a su lado. Ella le hubiera protegido.
Él hombre que alguna vez le salvo estalló en una explosión de fuegos artificiales.
Ella solo estuvo a unos pasos de alcanzarle.
La vida de su amado se escurría en sus ropajes.
Armas que brillaban como el sol estaban incrustadas por toda la escalera, un hombre, no, un hombre con sangres divinas estaba con una expresión indiferente. Un Servant que no conocía estaba al frente suyo. No le importaba su identidad, no importaba la existencia de un octavo Servant. Ella quería venganza.
Ella gritó, con la furia digna de una bestia acorralada. No le dirigió ninguna palabra a aquel hombre. Su respuesta era su magia.
Cientos de focos de energía mágicas nacieron en sus alrededores. Magia que dejaría anonadado a cualquier mago moderno. Explosiones de energía que dispararon hacia el hombre.
El hombre dorado no se inmuto, en un solo movimiento de brazo, cientos, no, miles de portales doraros se abrieron a su alrededor y en cada uno de ellos se asomo un Noble Phantasm. Caster estaba acostumbrada a la perdida, tal vez por eso pudo reaccionar con cabeza fría al ver a aquello. Ella no podía ganar.
Volvió a usar la energía equivalente a un Hechizo de Comando, aún cuando no tenía un Master, volviendo a los adentros del templo. Solo ahí podía tener una oportunidad.
Múltiples armas se incrustaron el piso en donde ella se había encontrado hace un segundo y muchas otras chocaron contra los estallidos de energía mágica. Ningún ataque de Caster llego al hombre.
El hombre mantuvo su indiferencia y entro al templo, trayendo una tormenta dorada, una dorara muerte.
En ese templo fue donde las dos figuras chocaron. La mujer de túnicas oscuras contra el hombre que brillaba aún en la noche más oscura. La bruja utilizo todo su arsenal, cada hechizo ofensivo y defensivo que tuviera, ilusiones y engaños para confundir a su enemigo, mares de llamas que no distinguía entre el enemigo y los civiles que debían a ver estado durmiendo tranquilo. Entre estas llamas fueron consumidos el sacerdote principal junto a sus dos hijos.
(*)
Ryuudou Issei siempre ha sido un chico serió y directo, tal vez por ello encaja perfectamente como el presidente del consejo estudiantil, aunque tenía sus falacias, como ese miedo irracional a las mujeres, la cual encarnaba en su mayoría su compañera de instituto, Tohsaka Rin y ese sentimiento de incomodidad también se volvió a la mujer que trajo Kuzuki para casarse. Ese fue un golpe para el joven, el cual no podía sentirse cómodo con la mujer, pero había algo más en ella, podía sentir otro tipo de extrañeza en ella y ahora entendía bien.
Caster estaba en loa aires con unas ropas de una bruja, haciendo cosas que ningún ser humano debería poder llevar a cabo. No podía ver que era aquello, pero algo atacaba a la mujer, una lluvia dorara, la término perdiendo de vista.
Issei sin cambiarse de ropas, fue en búsqueda de su padre mientras el caos caía en el templo. El techo explotaba, gritos de terror y muerte en sus alrededores.
Una lanza empalo a unos de los monjes que choco con él un segundo antes. El carmesí nublo su vista por un segundo antes de entonar un grito y correr hacia la habitación de su padre.
Explosiones y gritos.
Los vio, a su padre y hermano mayor en el patio, aparentemente discutiendo.
—¿Qué están pensando? ¡Tenemos que salir de aquí!
Su hermano y padre le miraron y le llamaron, no, no le están llamado. Le día que se alejara
El calor de un sol es su espalda, terror en los ojos de su familia y un último destello.
(*)
El hombre ni se inmuto aún cuando la bruja utilizó cada gota que extrajo.
Su cuerpo estaba tendido en el suelo, apenas mantenía su forma material. Quería llorar, pero tenía demasiado orgullo para permitir a aquel hombre la viera llorar.
Tibio liquido rojizo, fluía desde su estomago, una herida profunda producida por una espada, solo por suerte sigue con vida. Oh, lombrices azuladas provenientes desde la misma herida, pensaba la maga moribunda.
El hombre dorado le miro.
—Patético.
Un portal en donde emergió una lanza dorada apareció cuando el hombre levanto la mano. El hombre que en ningún momento utilizo las ropas que debieron pertenecer alguna vez en vida, solo estúpidas ropas moderna. Caster odiaba todo lo relacionado al hombre y solo mantuvo una mirada digna en la espera de su muerte.
Al final nada cambió, ¿Cuánto tiempo fue? Solo un poco más de una semana desde que conoció a Kuzuki, pero aquel hombre le entrego felicidad… no, no esta satisfecha solo con eso. Debieron estar juntos por años, por toda una vida en donde ambos encontraron la felicidad plena. Los dioses la siguen maldiciendo aún en eras en donde no deberían tener influencias o ¿solo era las consecuencias de sus pecados? ¿Una castigo divino?
El Servant de ojos rojos frunció el ceño.
—Kotomine… no estoy para tu juego—declaró el hombre con notoria molesta.
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—Rey de los héroes, me disculpo ante esta contradicción, pero Caster aún puede ser útil.
El hombre se encontraba en la oscuridad de la capilla, observado y comunicándose mentalmente con el Servant que hace diez años fue su compañero en la Cuarta Guerra por el Santo Grial, el Servant de clase Archer, Gilgamesh, Rey de los Héroes. No fue el Servant que invoco, fue el Servant de su Maestro, el líder de la familiar Tohsaka Tokiomi, el hombre que apuñalo con el mismo cuchillo que le regalo como muestra de apreció. Una traición que nunca esperó el hombre, pero que Kotomine disfrutó.
Esta noche el primer Héroe le permitió el honor de observar la grandeza de su Rey, un honor que claramente nunca le volverá a conceder ante tal intromisión.
—Le concederé la muerte, he abierto mi bóveda ante tu petición. Esta es una ofensa ante tu Rey—Palabras firmes, que harían temblar hasta el hombre más fuerte.
—Me vuelvo a disculpar, Rey de los héroes. Me he dejado llevar por mis más bajos placeres.
Agacho la cabeza, aunque nadie le observaba.
—Placeres… dime Kotomine, ¿Acaso tu nueva petición no te contradice?
—No se equivoca, Rey de los Héroes. Ciertamente es una contradicción, en cierta medida dejar vivir a Caster permitirá que sus esperanzas vuelvan a surgir. El dolor se marchite y una nueva flor vuelva alzarse, pero mientras más hermosa la flor, más agonizante es cuando se marchita. ¿Es un pecado permitir que la flor crezca cuando las raíces siguen luchando por vivir? ¿Es pecado observa a la belleza morir entre las manos del destino?
El Rey guardo levemente silencio antes de Rey en una gran carcajada, una carcajada que cualquiera consideraría profana ante el infierno que se alzaba en sus alrededores. ¿Quién podría reír ante el paisaje de un infierno en la tierra, en donde cuerpos destrozados y quemados se encontraba? ¿Reír ante una mujer agonizante?
—Es tarde, Kotomine. La bruja no sobrevivida.
—El Rey de los Héroes es más grande que cualquier otro hombre que tocara este profano mundo.
—No será barato, Kotomine.
—Ofrezco todos los Hechizos de Comando, para que permita que Caster sobreviva esta noche.
—Bien—los ojos rojos se posaron en la moribunda Caster—Vivieras una noche más, ese es el designio del Rey.
El portal con la lanza desapareció, abriendo un segundo portal, pero a diferencia de todos los que abrió esta noche. De este no se extrajo un arma, solo un frasco tan dorado como todos los objetos que sacaba.
(*)
Fue como volver a nacer, su respiración era pesada y sus reservas estaban agotadas, pero la herida ya no estaba. Su apariencia e incluso sus ropas eran distintas
Su núcleo había cambiado.
Logro salir antes que Saber y Rider llegaran. Igual no importa, no encontrarían nada en el lugar, más que los cadáveres de las personas que permitieron que ella se quedara con ellos…
Las lágrimas caían.
La otra Caster no lloró, se mantuvo digna hasta el final, ella no era igual. Tenía que llorar las lágrimas que ella nunca se atrevió.
Solo era una niña desconsolada que caminaba entre las nieves.
Sus reservas eran poca, casi nulas. Sin un Master que le anclara y llenara sus reservas, desaparecerá. Ella es una maga muy habilidosa, solo debería entrar a una casa e hipnotizar a la primera persona que encuentre para volverla su Master y después podría buscar otra forma de reabastecer su mana, pero ¿Por qué lo haría?
La nieve caía en su rostro, arrastraba sus pies en las blancas calles. Se dejo caer bajo la luz de un poste.
Lo vio en los recuerdo de ella, todo acabaría mal, como siempre. Durante toda la vida de aquella mujer fue igual, nunca encontró un hogar, nunca pudo volver donde fue amada. Solo trajo fuego y muerte a su alrededor.
Nada ha cambiado.
(*)
Gilgamesh frunció el ceño.
Observaba todo desde las alturas.
Tenía que mantener a esa mestiza viva por esta noche, no era por la orden de Kotomine, si no porque utilizo uno de sus tesoros en ella, tenía que ver hasta donde le levo su decisión, pero al parecer la rabia que ardía en ella de disipó a volver a sus años de juventud.
Sus ojos se desviaron a otro ser digno de su desprecio, el Master de Saber que caminaba a unas cuadras de Caster, solo.
Entendió inmediatamente lo que pasaba. Saber a caído. Un sentimiento amargo emergió, el mismo sentimiento amargo que si Caster moría, le había quitado su propiedad algún perro sarnoso, el cual degollaría.
Levanto su mano, el mestizo merecía su castigo por la muerte de su reina, pero… podía utilizar esto como una oportunidad para cumplir con aquel trato con Kotomine y tal vez disfrutar de un placer, distinto al del sacerdote, un peor castigo al pelirrojo que perdió a su reina.
Mestizo con mestizo.
Tenía una infinidad de objetos mágicos en su tesorería.
Tenía el tesoro perfecto para atraer al chico al lugar adecuado.
(*)
El estallido de energía mágica fue intenso y agobiante. Caster miro confundida el origen de aquello y se encontró un destello dorado del hombre que le arrebato todo a la mujer que era Caster.
¿Por qué? ¿Por qué hacia aquello?
Las preguntas eran muchas, pero no había querido pensar en ellas.
¿Por qué la dejó vivir? Debe tener planes para ella, pero no intento que forzara un contrato con él. Ese hombre es un Servant y por ello debe tener un Master, este Master le ordeno que atacara el templo, pero que no le matara o cambió de opinión antes que aquello ocurriera. ¿Por qué? Apenas tenía recuerdos de los momentos antes que su núcleo espiritual cambiara. No sabe lo que le hicieron, pero algo le cambio, le rejuveneció. ¿Una pócima de la juventud? ¿Qué Servant podría tener aquello y usarlo con tanta facilidad en un enemigo?
¿Ahora porque hace aquello? Es como si fuera una gran fogata en una oscura cueva, atrayendo a cualquiera que pudiera detectar energía mágica… oh, ya entiende. Claro que la quiere con vida, tiene planes a su alrededor. Esto era una señal para cualquier mago que anduviera en los alrededores, pero algo fallaba en aquello, podía atraer a un mago que ya es un Master.
Casi como si leyera sus pensamientos, el octavo Servant dejó de producir aquel foco de energía.
Caster esperaba expectante, no sabía que pensar. ¿Sería obligada a continuar en la guerra o le traerían una muerte violenta? Un escalofrió ante tal pensamiento. No era lo mismo una muerte tranquila y una violenta.
Estaba en la misma situación que aquella mujer al matar a su primer Master.
No fueron ni segundos cuando se encontró con la figura de una bestia. Solo pudo reaccionar con terror.
La figura se alzaba en la noche, un Caronte moderno en búsqueda de su alma. Sus ojos se encontraron, ojos dorados, ojos de acero.
Los recuerdos de un estudiante comprando, un chico pelirrojo que demostraba sabiduría en las artes culinarias. Tal vez una figura casual con la que se encontró la mujer que fue invocada antes de ella, una figura que volvió un enemigo que debía vencer, incluso una mala broma e insulto. Un hombre que se acerco a ella solo para burlarse y sacar la mejor carta en la Guerra del Santo Grial. Si hubiera sabido que sería el séptimo, lo hubiera tomado y vuelto su esclavo… para la chica que solo observo aquello, fue una pequeña traición. Era un recuerdo casual, pero era una charla feliz, una charla amistosa como ninguna en años de recuerdos que no eran suyos.
Ahora ese chico amigable se acercaba con dos dagas negras a tomar su vida.
Nota del autor:
Finalmente he vuelto con es esta historia. Dije que me tomaría un mes para organizarme, pues no sucedió, ya que realmente solo fueron dos días libres que tuve (si los conté) para organizar algo de la historia y seguir escribiendo, realmente falle en el cálculo de tiempo con la universidad.
Ahora hablando de la historia, pude ver que algunos notaron la identidad de la chica al final del capítulo pasado y pues tenían razón. Como pudieron ver, estoy jugando mucho con la personalidad de Medea Lily, principalmente porque tiene los recuerdos de la Medea adulta, pero solo como una observadora imparcial, la razón que tal vez no actué mucho como la Medea lily que conocemos o tal vez sí, todo puede ser.
Por otro lado creo que debería mencionar esto, quiero terminar esta historia este año, así que intentare ser lo más activo posible con los capítulos, principalmente porque esta historia causa que abandonara historias originales y con el tiempo en que estado alejada de ellas, eh pensado en como corregir algunas y otras nuevas ideas. Por eso esta historia debería acabar este año. ¿Seguiré subiendo capítulos cada dos semanas? No lo sé, no puedo prometer aquello, pero lo intentare.
Espero que pasen un buen año.
