Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 13 – El Padrino.
Felicidad, era lo que Sirius había estado sintiendo en los últimos meses. Creyó que su fuga de Grimmauld Place había sido un éxtasis de otro mundo, pero que equivocado estaba. Nada se podía comparar a lo que le estaba sucediendo. Cada mañana cuando se despertaba miraba hacia su lado derecho para cerciorarse que no se trataba de un sueño, allí siempre estaba Bellatrix dormida. Para su sorpresa la mujer dormía hasta la hora del almuerzo. Estaba relajada, ya no despertaba a horas vespertinas. Cuando bajaban a comer, no si antes regalarse placeres, Bellatrix era la primera que se servia y degustaba con ansias los manjares que los elfos les preparaban. Estaba relajada, comía con satisfacción y sin mirar las calorías. Sonreía al verla, había recuperado los kilos que tanto necesitaba. La tardes las dividían entre encuentros placenteros y otra clase de entretenimientos. Bellatrix no dejaba de sorprenderle, le confesó que le gustaba la música. Esperaba algo tan aburrido como las tétricas baladas macabras que escuchaban los sangre limpias, pero no fue así. Le gustaba el rock, el pop, la musica clásica...
–¡Esto te va a encantar!
Era cierto que le importaba bien poco ya cual era su objetivo, pero aún tenia esperanza de conseguir que Bellatrix le diera la espalda a Voldemort y que pudieran comenzar una vida alejada de cualquier tipo de bando o clase. Por eso no perdía la oportunidad de hacerle ver la grandeza de los muggles. Apuntó con la varita al gramófono e hizo cambiar la canción, tras un breve silencio una delicada música invadió el lugar.
Bellatrix escuchaba atentamente. Cerró los ojos. Sirius observaba como su pie su movía siguiendo la melodía. Estaba relajada y ya no escondía sus sentimientos.
–Nunca antes la había escuchado. ¿Qué ser mágico la ha compuesto?
Se aguantó la risa mirando hacia el techo del salón. Estaban tumbados en suelo sobre mullidos cojines y tapados con una ligera manta que protegía sus cuerpos desnudos del frio verano inglés.
–Chopin. –Le respondió.
Bellatrix abrió los ojos.
–No le conozco. ¿De que familia sangre limpia proviene?
Podría decirle la verdad, pero aún no era el momento.
–De una que ya no existe.
Bellatrix asintió y no hizo más preguntas.
Aquella era su rutina. Cualquiera que los viera podía pensar que eran una pareja normal y corriente, no un mujer casada que le estaba siendo infiel a su marido con un primo traidor que hacia años con el que solo mantenía una relación de odio. Pero contra todo pronostico ahí estaban, felices y ajenos del mundo exterior. Quizás aquel plan de rescatar a Bellatrix lo tenía que haber llevado a cabo antes, cuando solo eran dos escolares. Se podrían haber evitado muchos problemas, pero no podía mirar al pasado sino a un futuro que cada día comenzaba a vislumbrar con mayor claridad.
Un futuro junto a Bellatrix.
Sin duda, apostaría por ello.
–Sirius… –Bellatrix se acurrucó contra su pecho. Ponía esa voz melosa que le erizaba el vello de la nuca. Detrás de esta, siempre solía venir algo que le satisfaría mucho. –¿Qué sabes de Potter?
–¡¿Qué?! Yo no se nada. –La voz le temblaba. Un miedo incomprensible se adueño de él. ¿Le verían hablar con James y Remus? ¿Su hechizo desmemorizador a Dolohov no funcionó? Miles de preguntas se arremolinaban en su cabeza.
Bellatrix le miró y sonrió.
–Obvio que no sabes nada. –Puso los ojos en blanco. –Quiero decir, que si no ha intentando ponerse en contacto contigo. No creo que se haya tomado nada bien que su "amigo" le hubiera mandado a paseo.
Suspiró aliviado.
–Potter y toda su panda de traidores y sangre sucias… –El último termino aún le costaba, pero ya se estaba acostumbrando. –No me importan lo más mínimo.
Observó como la boca de Bellatrix se abría, parecía que iba a volver a preguntarle. Temiendo que fuera a ser algo que no pudiera contestar, hizo algo que siempre le funcionaba. La besó. Aquello hizo que ambos se olvidasen de lo que estaban hablando, así que continuaron con otra sesión de darse placer mutuo. Descubrió que se trataba de una forma muy gratificante para cambiar de tema de conversación cuando Bellatrix trataba de hacerle alguna pregunta sobre James, la Orden o cualquier otra cosa relacionada. No sabía si Bellatrix se había dado cuenta de su estrategia, pero por si acaso también la besaba cuando le hablaba de cualquier otro tema. No se podía arriesgar.
Sin noticias de Voldemort ni de la Orden, Sirius comenzó adoptar la figura de un marido sangre limpia. No entendía que le había llevado a tomar ese camino, sería que notaba que Bellatrix no era simplemente la mujer con la que estaba pasando un buen rato. Su subconsciente le decía que no solo la amaba sino que quería mostrar al mundo lo que sentía por ella. Por eso aceptó de buena gana la invitación de Narcisa para celebrar la llegada de su primogénito al mundo. Iba a presumir de mujer y que mejor que delante de las familias más importantes del mundo mágico.
–¿Estas seguro que quieres ir? –Bellatrix se terminaba de preparar. –Yo tengo la obligación de ir porque ese niñato es mi sobrino.
Asintió. Iba a ir, es más tenía hasta ganas de ir. ¿Quién lo diría? Estaba deseando estar rodeado de toda esa gente a la que en teoría odiaba.
–Venga deja de echarte toda esa porquería en la cara. No haces más que ocultar tu belleza natural. Le ofreció la mano para ayudarla a levantarse del tocador.
Bellatrix aceptó gustosa su mano.
–Al final voy a tener que darle la razón a todas esas adolescentes. –La miró sin comprender. –Que eres todo un caballero.
Sonrió con satisfacción y la acercó contra su pecho para después besarla. Aprovechó el momento para apretarla contra si y aparecerse.
–Que feo es.
–Tienes razón. –Sirius no podía estar más de acuerdo.
Cuando se aparecieron en la Mansión Malfoy, Narcisa enseguida les llevó hasta la cuna donde se encontraba el recién nacido. Unos segundos después, les dejó a solas con el pequeño para atender a los invitados.
–Pensaba que siendo mi hermana su madre, iba a salir algo más agraciado, pero no contaba con que los genes de Lucius fuera a ser tan fuertes.
Sirius se aguantó la risa. El crio era tan pálido y rubio como su padre, tenía un aspecto enfermizo que parecía que fuese una…
–Rata albina.
Bellatrix le miró riéndose. Ni que le hubiera leído la mente.
–Una pena que no se parezca un poco a su tía. –Bromeó.
Le pasó una mano por la cintura y pretendió darle un beso. Bellatrix le apartó.
–No es lo más conveniente… Alguien podría vernos.
Se sintió dolido. Entendía el por qué, aún no era el momento adecuado, pero no podía evitarlo. Quería gritar su amor a los cuatro vientos pero no. Por ahora debía ser secreto. Para su suerte o desgracia, Narcisa regresó.
–Bella, ¿por qué no vienes conmigo? Tengo que enseñarte la habitación del niño. –Bellatrix puso cara de fastidió cuando su hermana comenzó a tirar de su brazo para dirigirla hacia las escaleras. –Sirius, ve a hablar con los demás. Están reunidos en el salón principal.
Ahora el que puso cara de fastidio fue Sirius. No le quedó otra que obedecer, aún estaba en medio de su propia misión. Cuando Bellatrix se fue al piso superior hizo el recorrido hacia el lugar que le había indicado su prima menor.
Las familias sangre limpia que habían acudido a la celebración eran las mismas de siempre. Su madre estaba sentada junto a su tía Druella, ambas le saludaron de forma animada con la mano, las imitó con fingida emoción. Nunca se sabía, quizás Druella dejaba de ser su tía en un corto periodo tiempo. Su padre y su tío Cygnus hablaban con otros hombres de edades parecidas. Los jóvenes, en cambio, estaban degustando un suculento licor.
Whisky.
Así podría tolerar mejor sus comentarios racistas.
–Sirius Black. –Dolohov fue el primero que le saludó con una palmadita en la espalda. No había vuelto a ver a ninguno desde la misión, pero parecía que el mortifago le tenía cierto aprecio desde entonces. Obvio, le había "salvado" la vida. –Mi compañero de batalla favorito.
–No fue para tanto. –Rosier se tomó de un sorbo el contenido de su copa. Parecía molesto.
–¿Qué no fue para tanto? –Exclamó Karkarov. –Pero si el sólito se cargó a los Prewett. Llevábamos meses detrás de ellos y ni siquiera les habíamos arañado. ¡Hasta que llegó nuestro Sirius! –Karkarov levantó las manos como si de un partido de quidditch se tratase y estuviera animando a su equipo.
Negó con la cabeza. No le gustaba que le alabasen por eso. Es más, había olvidado hasta lo que había echo, que era un asesino. No quería hablar más de ello por lo que cambió de tema.
–Enhorabuena. –Se dirigió a Malfoy. –El crio es igual que tú.
El rubio hincho el pecho de orgullo. Sabía que le gustaría ese comentario.
–Gracias Sirius. Casi no llegó al nacimiento. –Confesó. –Estaba en una misión con Rodolphus. Tuve que dejarle con todo y venirme.
Eso le llamó la atención. Así que Lestrange no había solo...
–¿Cómo esta Rody? –Dolohov preguntó en su lugar. Así se libraba de miradas sospechosas.
–Peor que al principio. Asumo que pasaran meses hasta que volvamos a ver su patética cara.
Todos rieron, incluido él. Aunque no por lo mismo. Eso le daba tiempo, no solo para estar con Bella si no para lograr su objetivo.
–No hablemos más de ese fracasado. –Instó Dolohov. –¿Sabéis de lo que me he enterado? –Dijo con un alo de misterio. –Que Potter esta a punto de tener un hijo. Así que Draco va a tener oportunidad de patearle el culo tal como hacíamos con el padre.
Tuvo que morderse la lengua para no sonreír por conocer de la ampliación de la familia Potter. Su mejor amigo iba a ser padre, no podía estar más feliz. Se apenaba por no poder estar con el para compartir el momento, pero lo primero era lo primero. Ya tendría tiempo de jugar y malcriar al pequeño. Le contaría sus aventuras, especialmente esa que estaba viendo ahora mismo.
–Más mediocridad que inundará nuestro mundo. –Snape se había mantenido callado hasta ese momento.
Iba a rebatirle, pero otra vez su prima Narcisa le salvó.
–Por favor un poco de atención. –La bruja estaba en medio de sala con su hijo en brazos. –Querido, ven con tu hijo. –Lucius acudió veloz.
Bellatrix se posicionó a su lado con una extraña sonrisa.
–Ya verás… –Le susurró.
No entendía lo que ocurría, pero la risa burlona de la mujer le preocupó. Tragó saliva y fijó su mirada en el rubio matrimonio.
–Gracias a todos por honrarnos con vuestra presencia y darle la bienvenida al mundo nuestro hijo Draco. –Lucius tomó la palabra. –El nacimiento de un sangre limpia se ha convertido en un acontecimiento cada vez menos común, por desgracia. La mezcla de sangres esta haciendo que nos veamos abocados a la desaparición... Con el fin de evitarlo, debemos de criar a nuestros hijos fomentandoles nuestro valores.
–Por eso… –Continuó Narcisa. –Es el deber de todos que formemos parte de la vida de nuestros descendientes. No solo los padres deben de lograr el arduo trabajo, los padrinos son importante en tal cometido. Por lo que pensando en que queremos lo mejor para nuestro pequeño Draco, hemos elegido a dos personas que sabemos que siempre estarán con nosotros y que quieren que la pureza de la sangre se mantenga.
Era como si se tratase de una película de terror y estuvieran en una secta. Su madre estaba en modo éxtasis total con los ojos cerrados y asintiendo. Druella se secaba las lágrimas con un caro pañuelo. Su padre y su tío Cygnus aplaudían a cada palabra. Algo parecido pasaba con el resto.
–Narcisa ha decidido, y estando totalmente de acuerdo con ella, que la madrina de Draco sea su hermana, Bellatrix Lestrange.
Miró a Bellatrix que sonreía a los que la felicitaban. Conocía perfectamente esa sonrisa y era la que decía "me estoy muriendo del asco pero tengo que aparentar que no quiero cruciar a toda la sala".
–El padrino… –Tenía muy claro quien iba a ser, si Bellatrix era la madrina, lo normal entre los sangre limpias era que los padrinos fueran un matrimonio. Rodolphus se convertiría en el padrino de esa rata albina. –El padrino también lo he elegido yo. –Determinó Narcisa. –Y me hace mucha ilusión darle de nuevo la bienvenida a la familia haciendo padrino de mi hijo a… Sirius Black.
Bellatrix no aguantó más la risa y se desternillaba a su lado. Ahora entendía el por qué de su extraña sonrisa. Narcisa le debía de haber contado lo que había decidido.
–Acercaros y coger a vuestro ahijado. –La rubia les ofrecía al bebe.
Se vengaría. Comenzó a empujar a Bellatrix por la espalda en dirección al pequeño. Tenía muy claro que se lo iban a depositar a ella en los brazos. Algo bueno había en que fueran las mujeres las que se encargarán de los bebes… Pero Bellatrix que va casi dos días por delante de él, hizo algún movimiento con el que logró que el bebe fuera a parar a sus brazos. Eso o el pequeño Draco acababa en el suelo.
Los invitados rompieron aplaudir.
No le quedó otra que seguirles el juego y acunar a aquella rata albina.
