Capítulo Doce
Los días siguientes a la comida que tuve con Edward pasaron de una manera mucho más tranquila, como si en realidad los dos nos hubiéramos quitado un peso de encima.
El humor de Edward parecía haber mejorado y el mío también. Volvieron las sonrisas y las pequeñas conversaciones, esperaba que esta vez definitivamente. A veces él salía de su despacho para comentarme una cosa y otra vez yo entraba en el suyo para hablar durante unos minutos.
Aunque eso no quería decir que la química sexual que había entre nosotros hubiera desaparecido del todo. A veces notaba como su mirada recorría mis piernas cuando llevaba una falda puesta o como cuando el miércoles me había puesto un sujetador negro debajo de una camisa blanca que estaba segura de que se transparentaba, él no podía evitar bajar la mirada cuando hablaba conmigo.
Pero él también me las devolvía. El jueves me hizo entrar en el despacho estando él medio apoyado sobre la mesa, con las manos metidas en los bolsillos lo que inconscientemente hizo que dirigiera la mirada hacía su paquete. O cuando decidió que lo mejor para repasar un informe es que nos sentáramos en el sofá de su despacho porque así los dos podríamos ver su ordenador y no dejó durante todo el rato de rozar su pierna contra la mía.
Sabíamos que estábamos jugando con fuego, pero a ninguno de los dos parecía importarnos porque al fin y al cabo solo se trataba de un juego y los dos éramos conscientes de donde estaba el límite.
El viernes por la tarde habíamos quedado las chicas en el Pippers para tomar unas cervezas.
"Dios que calor hace" se quejó Rosalie antes de sentarse en la mesa "Me suda todo"
"Pues dicen que el fin de semana será aún peor" le informó Alice.
"Uf, menos mal que mañana me voy con mis padres a pasar el Memorial Weekend a Connecticut" dio un largo trago a su cerveza fría "Os mandaré fotos desde la piscina"
"Eso es muy amable por tu parte Rose" Alice le miró entrecerrando los ojos.
"¿Vosotras que planes tenéis?"
No les había dicho nada a las chicas aún porque quería ver sus caras. "Yo el sábado tengo una cita con Riley, el chico que me dio su número el otro día en la discoteca"
Menos mal que estaba acostumbrado a los gritos de Alice, pero el resto de los que estaban en el bar nos lanzaron alguna que otra mirada "¿Dónde vais a ir? ¿Vais a cenar o solo a tomar una copa? ¿A qué hora habéis quedado? ¿Qué te vas a poner?"
"Dios Alice, toma aire" Rosalie se rió.
"Hemos quedado en vernos a las ocho para tomar algo en un bar del Greenwich Village, y si la cosa va bien después iremos a cenar. Había pensado en ponerme un vestido y unas sandalias. ¿He respondido satisfactoriamente a todas tus preguntas?"
"Por ahora sí, mientras no te olvides de llamarnos mañana cuando llegues a casa para contárnoslo todo"
"Yo espero que Bella esté demasiado ocupada para llamarnos" se rió Rose.
"¿Te refieres a que me unten el panecillo?"
Alice me tiró la servilleta que tenía en la mano "Estabas avisada"
"¿Y el lunes que vais a hacer?"
Dejé que fuera Alice la que contestara "Jasper quiere organizar una pequeña barbacoa en la terraza de su piso, así que pasaremos allí el día. Como si no hiciera ya bastante calor que hay que añadirle fuego"
"¿Tu también vas Bella?"
Asentí mientras daba un trago a mi cerveza "Al parecer Alice no puede ir a los sitios sola"
"Si fuera por ti una lechuga tendría más vida social que tu" me sacó la lengua.
"Tengo un problema" anunció Rose después de unos instantes, las dos nos la quedamos mirando para que continuara "Creo que el bombero me gusta más de lo que os había dicho"
Así que mis sospechas eran ciertas.
"¿Y dónde está el problema?" preguntó Alice.
"Ya sé que es horrible decir esto, pero digamos que intelectualmente no es la estrella más brillante. Pero por lo demás es realmente encantador. El otro día le dije que estaba teniendo un día muy malo en el trabajo y esa tarde me envió flores y bombones"
"¿Y qué piensas hacer?"
"Es que no lo sé" Rosalie se llevó las manos a la cabeza "Sé que no me veo con él en el futuro, pero ahora mismo no me apetece dejar de verle"
"Pues no lo hagas" le dije "Disfruta mientras puedas y si la cosa se pone más seria ya tomarás una decisión"
"Me lo pensaré este fin de semana. Por cierto, ¿habéis podido echar un vistazo a la pagina que os he enviado?"
"¡Sí!" exclamó Alice "Como si ya no tuviera bastantes problemas con mi tarjeta de crédito"
Yo no había tenido la oportunidad de mirar el enlace del que estaban hablando así que me puse a buscar el móvil en el bolso, pero no aparecía por ningún sitio. Me toqué las pantorrillas pero recordé que la falda que llevaba no tenía bolsillos.
"¿Qué pasa Bells?"
"No encuentro mi móvil" les dije mientras vaciaba todo el contenido de mi bolso sobre la mesa "Mierda, espero no haberlo perdido"
"¿Dónde ha sido el último sitio que lo has visto?"
Intenté recordar "En mi mesa de la oficina. Pero juraría que lo había cogido"
"Estará allí"
"¿Os importa si me voy a buscarlo? Si lo he perdido hay tantas cosas que tendría que hacer" me estaba agobiando solo de pensarlo.
"No, claro que no. Escríbenos cuando lo tengas" me dijo Alice mientras ya me iba.
Era imposible intentar correr con esos tacones, pero fui hasta allí lo más rápido que me lo permitían. Ya había anochecido pero seguía haciendo calor, así que cuando llegué a la oficina estaba sudando, sin aliento y me dolían los pies.
La oficina estaba a oscuras, pero salía luz del despacho de Edward. Me dirigí a mi escritorio y suspiré aliviada cuando vi mi móvil encima.
Llamé a la puerta de su oficina. Edward estaba sentando en su mesa, pero no llevaba la chaqueta del traje puesta, las mangas de su camisa estaban arremangadas y se había desabrochado los botones superiores. Su pelo estaba completamente despeinado e incluso parecía enredado sin duda de pasarse los dedos tantas veces.
Al verme me sonrió pero su sonrisa no llegó a sus ojos. Parecía muy cansado "Bella, ¿qué haces aquí?"
"Me había olvidado el móvil. Menos mal que estás aquí porque si no me habría quedado sin teléfono hasta el martes" Edward tan solo asintió "¿Puedo?" le pregunté señalando una de las sillas que se encontraban enfrente de él.
"Claro, me vendría bien algo de compañía"
Había algo raro en el despacho pero no sabía muy bien que era hasta que me di cuenta de que había música puesta.
"¿Te queda mucho?" le pregunté.
"Dios espero que no" se volvió a llevar la mano al pelo "Tengo que terminar el presupuesto para el próximo año y no parece que cuadren ninguno de los números" suspiró "Perdona, no quiero ser el típico jefe que no hace otra cosa que quejarse"
"¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?" nunca había visto a Edward así.
Negó con la cabeza "No, pero gracias por preguntar. Es simplemente que estoy tan jodidamente cansado. Me gustaría no tener que pensar en esta compañía aunque fuera solo un día. Con un día me conformo" se rió sin humor.
"¿Seguro que no hay nada que pueda hace por ti?"
Volvió a sonreír "De hecho sí. ¿Tienes prisa por irte a casa?"
"En realidad no"
"Perfecto" pareció animarse notablemente "Pero tienes que prometerme que no le contarás a nadie lo que vas a ver a ahora"
Hice una cruz sobre mi corazón "De todas formas he firmado un contrato de confidencialidad"
"Ah sí, ¿el general o el que también te prohíbe comentar cualquier cosa con gente de la editorial?"
"Ese último"
"Te contaré un secreto Bella, ese contrato es papel mojado. Para lo único que sirve es para meter miedo a la gente. Cosas de Jane"
"¿No tiene ninguna validez legal?"
"El general sí, porque cubre todo el tema del espionaje corporativo y derechos de autor" se levantó de su silla "Pero el otro no sirve para nada, aunque no sé si debería estar diciéndote esto. Ahora espero que no vayas por ahí aireando mis trapos sucios"
Me reí "Aún no he descubierto ninguno jugoso"
"Recuerda que me has dado tu palabra" me sonrió antes de dirigirse a la estantería. Abrió una de las puertas, después otra y en su mano aparecieron dos cervezas. "Espero que te apetezca una"
"Claro" me levanté para coger la botella "¿Tienes un minibar en el despacho?" pregunté realmente impresionada
"Sí" Edward se rió "Tengo whisky si lo prefieres y creo que Aro guarda en el suyo una botella de tequila"
"¿Para mantener contentos a los escritores?"
"O a nosotros. Hay días que se hacen eterenos"
Los dos nos sentamos en el sofá cada uno en una esquina aunque con el cuerpo medio girado para poder mirarnos a los ojos.
"¿Qué planes tienes para este fin de semana?" me preguntó.
"¿Realmente quieres saberlo?"
Asintió mientras no apartaba su mirada de mí. Yo dudé entre decirle la verdad o no, pero me decidí por lo primero "Mañana tengo una cita con un chico…"
"No, tienes razón, no quiero saberlo" se rió. Pero yo tampoco quería saber si Edward tenía citas o no.
Decidí que era mejor cambiar de tema "¿Te imaginabas esto así?"
"¿Imaginarme el qué?"
"Tu trabajo. Cuando ibas a la universidad y estudiabas literatura, ¿te imaginabas que te pasarías el día haciendo hojas de cálculo y yendo a reuniones?"
"Te mentiría si te dijera que sí" y otra vez sonrió tristemente "Estudiar literatura fue el único acto de rebeldía que me permitieron. Mi abuelo quería que yo le sucediera al frente de la editorial y desde el instituto me estuvo preparando para ello. Él hubiera preferido que hubiera estudiado economía o empresariales, lo que visto desde el punto de vista de ahora hubiera sido una decisión mucho más inteligente por mi parte"
"Bueno, supongo que le darás algo de utilidad a tu título siendo el CEO de una editorial y eso"
"Ya ni recuerdo la última vez que tuve tiempo para leer un manuscrito"
En las palabras de Edward había cierta amargura. A veces las cosas no parecían lo que eran y estaba descubriendo otro lado de él.
"¿Te puedo contar otro secreto?" clavó sus ojos en los míos. Asentí mientras bebía "A la empresa no le va bien, no tenemos el suficiente efectivo como para hacer frente a prestamos y demás gastos. Es por eso por lo que los números no cuadran. Y me paso 14 horas al día intentando arreglar todo esto sin tener que tomar las decisiones que quiere el presidente del consejo de administración"
Era consciente que las industria editorial no estaba pasando por su mejor momento. Toda la crisis digital había provocado que todas las editoriales disminuyeran el número de ventas y además la gente ya no leía como antes.
De repente todas las malas palabras de Edward, su tono seco y cortante, su mal humor tenían sentido. Estaba sometido a mucha presión, tanta que yo ni siquiera me lo podía llegar a imaginar. Las responsabilidades de Edward no terminaban cuando apagaba el ordenador, algo que sospechaba no hacía nunca.
"Perdona, te estoy amargando la noche"
"No, no, al contrario" le sonreí "Esta bien descubrir que mi jefe en el fondo tiene un corazoncito"
Edward soltó una carcajada y me alegré de haber podido relajar un poco el ambiente.
"¿Tan malo he sido?" me preguntó divertido.
"Lucifer y tu primos hermanos" me reí.
"Vas a herir mis sentimientos Bella"
"Ah, ¿pero tienes alguno?"
No sabía cómo pero ya no estábamos cada uno en una punta del sofá, habíamos ido moviéndonos y prácticamente nos habíamos encontrado en el medio. Edward tenía apoyado uno de sus brazos en la parte de atrás del sofá y uno de sus dedos había empezado a acariciarme el brazo por encima de mi blusa.
"Sabes que sí" de nuevo sus ojos se clavaron en los míos y yo sentí todo mi cuerpo en llamas. Se debió dar cuenta de la situación tan comprometida que nos encontrábamos porque tras unos segundos se levantó del sillón. Eché de menos el contacto de su mano.
"¿Cuál es tu libro favorito?" le pregunté en un intento de volver a recobrar la compostura, estaba segura de que podía notar en mi respiración el efecto que tenía en mí.
"Hay una pista en esta oficina" sacó otras dos cervezas de la pequeña nevera que tenía oculta, no me había dado cuenta de que ya nos las habíamos acabado.
Miré a mi alrededor y me fijé en el único cuadro que colgaba de una de las paredes, era como una especie de grabado en blanco y negro, apenas unas líneas que representaban una especie de barco y un octópodo de casi el mismo tamaño.
"¿Veinte mil lenguas de viaje submarino?" le di un gran trago a la cerveza que acababa de pasarme Edward, notaba mi boca muy seca.
"Sí. Cuando tenía seis años o así mi abuelo empezó a leérmelo. Un capítulo cada vez que íbamos a verlo los domingos y recuerdo que me pasaba toda la semana imaginando que era lo que iba a ocurrir en el siguiente. Era un libro con ilustraciones y cuando mi abuelo terminaba de leérmelo yo copiaba en un folio en blanco alguno de los dibujos, y lo repetía una y otra vez, coloreándolo de distintas formas. Mi abuelo siempre quiso transmitirme la pasión por la literatura que él sentía y lo consiguió con ese libro" hizo una pausa "Por desgracia ese ejemplar se perdió y nunca he conseguido encontrar otro de la misma edición"
"Es una historia preciosa"
"Sí" Edward estaba mirando por uno de los grandes ventanales de su despacho pero yo no me moví de mi sitio. "¿Cuál es el tuyo?"
"Desde luego no hay una historia tan significativa detrás. Mi libro favorito es La edad de la inocencia de Wharton"
"Dios Bella" Edward suspiró y apoyó la cabeza contra la ventana.
"¿Qué pasa? ¿Lo detestas?" le pregunté un poco sorprendida por su reacción.
"No" negó con la cabeza. "¿Por qué me haces esto?"
"¿Hacerte el qué, Edward?"
Y él parecía más sorprendido porque no entendiera lo que quería decir "Si tuvieras que describirle a alguien ese libro en una frase, ¿cuál sería?"
Pensé durante un momento "La historia de una pasión que no puede ser" al instante me di cuenta del por qué de la frustración de Edward.
Nos quedamos callados durante unos instantes. Yo me debatía entre irme o quedarme, parecía que las conversaciones con Edward estaban llenas de temas que teníamos que evitar a toda costa.
"Las vistas desde aquí son incluso más espectaculares de noche" se giró para mirarme "¿No quieres verlas?"
Negué furiosamente con la cabeza. Edward se quedó mirándome extrañado pero después de unos segundos levantó sus cejas con sorpresa y soltó un carcajada.
"¿Tienes miedo de las alturas?"
Me ofendí al instante "No sé que tiene de gracioso, es un miedo muy común"
Se acercó hasta donde estaba sentada y me tendió la mano "Ven conmigo, te prometo que es completamente seguro"
Dudé un instante pero finalmente acepté su mano y me incorporé. Con pasos algo inseguros nos acercamos hasta la ventana y respirando hondo me atreví a mirar a través de ellas. Edward tenía razón, las vistas te robaban el aliento, se veían cientos de luces de decenas de edificios y al fondo algunas de ellas reflejadas en las aguas del río Hudson.
"No mires abajo si tienes vértigo" me dijo prácticamente en un susurro.
Pero no era ahí hacia donde se dirigía mi mirada sino a nuestras manos entrelazadas. Edward pareció seguirla con sus ojos y apretó aún más mi mano entre la suya.
Y otra vez volvía a sentir las mariposas en mi estómago. Todo esto se nos estaba yendo de las manos. Estábamos metiéndonos en territorio muy peligroso.
Así que solté su mano y di unos pasos atrás "Se está haciendo tarde y tu aún tienes que terminar eso"
"Tienes razón, perdona por haberte entretenido tanto"
"No Edward, lo he pasado muy bien esta noche. De verdad"
"Yo también. Muchas gracias por todo. Necesitaba algo como esto" y a pesar de las palabras que nos estábamos dedicando los dos éramos incapaces de sonreír.
Cogí mi bolso.
"Bella, sí que me gustaría pedirte una cosa más"
"¿El qué?" esperaba que no fuera nada relacionado con el trabajo.
"No disfrutes demasiado mañana por la noche"
