XXIV
Manos


Dentro de un hospital ubicado en el centro de la ciudad, sentado en un sofá de la sala de espera, se encontraba Natsu Dragneel; su rostro reflejaba ansiedad, nerviosismo, y preocupación, movía con desesperación uno de sus pies a un ritmo rápido y constante. Junto a él estaba su amiga Erza, ella miraba por la ventana del pasillo hacia un parque ubicado al otro lado de la calle; veía jugar a los niños y pasar a las personas. Se volvió hacia Natsu y al verlo mover su pie se acercó a él y frotó su espalda para tranquilizarlo.

—Tienes que relajarte —le aconsejó. Natsu la miró de reojo—, o vas a sufrir un ataque; no querrás que ella te vea de esa forma, la vas a preocupar aún más.

—Tengo miedo —admitió el pelirrosado. Erza amplió los ojos; ella jamás escuchó a su amigo decir esas palabras—. Anoche no pude conciliar el sueño pensando en lo que podría pasar. No sé cómo es que Lucy pudo dormir.

—Tenía que hacerlo, o sino todo su esfuerzo hubiera sido en vano.

—Pero... —

—Fueron dos largos meses de preparación, Natsu —interrumpió la pelirroja. Natsu guardó silencio—. Yo la conozco, y aunque hubiera un mínimo de posibilidad...ella no dudaría en tomarla. Lo que ella quiere es convertirse en una mujer plena para ti.

—Eso a mí no me importa —replicó Natsu levantando un poco la voz; algunas personas del hospital los voltearon a ver—, ya se lo había dicho. Lo único que yo quiero es tenerla junto a mí. La amo.

La voz de Natsu se quebró al final; luego, inevitablemente, rompió a llorar. Erza, con mucho pesar en su corazón, agarró al pelirrosado de la mano y lo acercó a ella para abrazarlo. No podía verlo de esa manera, y menos en tales circunstancias; Natsu debía entender que él, ambos, debían ser fuertes, por Lucy. A ella no le gustaría verlos de esa forma. Aunque eso no quita que llorar no significa simplemente estar triste, a veces...uno llora para desahogarse. Y lo que ellos querían era desahogarse, quitarse ese feo sentimiento del interior y levantar la frente en alto.
La puerta automática de la sala de espera se abrió de par en par y un Doctor la cruzó; Erza lo vió entrar y se apartó con delicadeza de Natsu.

—El Doctor está aquí —le informó. Natsu se limpió las lágrimas y se giró hacia el Doctor.

—L-Lo siento, Doctor. ¿Cómo está Lucy? —dijo Natsu aún con un nudo en la garganta.

—Bueno...hubo ciertas complicaciones, y la señorita tuvo una reacción a la anestesia que le administramos —las emociones de Natsu y Erza estaban a flor de piel, a tope, y sabían que no podrían resistir alguna mala noticia. Rogaban porque todo saliera bien—; pero al final la señorita Lucy fue compatible.

—¿Eso quiere decir...? —inquirió Erza. El Doctor sonrió.

—La operación fue un rotundo éxito —los rostros de Natsu y Erza estaban inexpresivos—, Lucy fue compatible.

—¡SÍ! —gritaron Natsu y Erza al unísono, se abrazaron con fuerza y saltaron como un par de niños pequeños; la felicidad los había inundado, estaban celebrando, todo había salido bien. ¡TODO SALIÓ BIEN!

—¡Erza, Lucy está bien! —vociferó Natsu llorando todo un rio.

—¡Lo sé, me alegro mucho por ella!

—¡No puedo creerlo!

El Doctor sólo los miraba con una nerviosa sonrisa; estaba aliviado y conmovido por las reacciones de los jóvenes, y era eso mismo lo que lo frenaba de regañarlos. Estaban en un hospital, no podían armar tanto revuelo; pero no quería arruinarles el momento.
Natsu y Erza dejaron de saltar y se acercaron al doctor para abrazarlo con fuerza.

—¡Muchas gracias, Doctor! —dijeron ambos.

—N-No hay de qué, chicos. Si alguno de ustedes quiere, puede ver a la señorita Lucy —les comentó.

—¿Lo dice en serio? —preguntó Natsu apartándose del Doctor, al igual que Erza. El Doctor asintió.

—Entonces ve tu, Natsu —dijo refiriéndose al pelirrosado.

—¿Lo dices en serio, Erza?

—Claro que sí, Natsu. Aunque quisiera, Lucy no es mi novia. ¡Ahora ve con ella, maldita sea!

Natsu no perdió tiempo y cruzó la puerta de la sala de espera; tomó una bata, un gorro, y un cubrebocas limpios y se adentró en los pasillos del hospital.
Cuando finalmente llegó a la habitación de Lucy, y con el uniforme de enfermero ya puesto, respiró hondo y abrió la puerta lentamente. Dentro, con la luz del sol iluminando completamente la blanca habitación, ubicada en la pared izquierda estaba una cama, y sobre esa cama una chica rubia con los ojos cerrados descansaba después de un largo y duro día. Natsu, paso a paso, se acercó a ella mientras la contemplaba; a él siempre le gustó verla dormida, aunque tuviera el cabello hecho bolas y estuviera más enredado que una serie de luces navideñas. Él la amaba sin importar qué.
Como si pudiera sentir su presencia, la joven rubia abrió los ojos y volteó hacia Natsu. Él le dedicó una dulce sonrisa, aunque el cubrebocas le impidiera verlo, y se arrodilló junto a ella.

—Hola, Lucy —musitó. Entonces, de repente, Lucy comenzó a llorar—¿Q-Qué ocurré, te duele algo? —le preguntó ligeramente alarmado.

—S-Sí... —respondió Lucy con un hilo de voz.

—¿Qué te duele?

—Me duele la palma de la mano —pasaron unos segundos, pero Natsu entendió a qué se refería Lucy: Ella estaba sintiendo su mano, FINALMENTE LA ESTABA SINTIENDO—. Me duele la mano, Natsu.

—Lucy... —él se prometió que no lloraría en su presencia, pensaba que lo haría ver débil; pero ahora, en esos momentos, estaba muy feliz, y no pudo evitarlo.

Ambos rompieron a llorar. Lloraban de felicidad.

Siete años antes, un accidente automovilístico los dejó a ambos en el hospital; terminaron con heridas muy graves...en especial Lucy, quien iba conduciendo. Sus manos se incrustaron en la tabla de velocidades, los cientos de vidrios rotos quedaron clavados en varios tendones y músculos. No hubo de otra mas que amputarle las manos.
Luego de eso, tuvieron que esperar cinco años para que un donador compatible pudiera brindarle a Lucy la oportunidad de recuperar sus manos, lo que finalmente ocurrió.

Ambos agradecieron por la maravillosa oportunidad, y también por aquella persona que donó; debido a él, o a ella, Lucy puede ahora continuar si vida con normalidad. Y estaría completamente agradecida.

FINALE.