Epílogo

El guardia real terrestre cayó con un bufido al suelo del campo de entrenamiento, levantando la vista para ver a la responsable, una yegua terrestre blanca con una armadura roja y un águila dorada en el pecho, que sonreía amablemente.

- Lo has hecho mejor que la última vez- dijo mientras se acercaba para ayudarle a ponerse en pie.

Diana había estado ahí desde las seis de la mañana entrenando junto a los soldados de la guardia real de Celestia. Había llegado a Canterlot el día anterior, y gracias al oro que le proporcionó su madre, consiguió pagar su billete de tren hasta la capital. Tuvo la tentación de parar en Ponyville y ver a su hija y sus bisnietos, pero antes quería visitar la tumba de su amado Trevor y comunicar la decisión de Hipólita a las princesas. El guardia se levantó, y cuando se dispuso a intentarlo nuevamente, fue interrumpido por una voz calmada, que tenía un toque de diversión.

- Descanse, soldado, dudo que logres derrotar a alguien con más de 800 años de experiencia en combate y con una fuerza similar a Supermare.

- ¿Supermare?- dijo Diana con una ceja alzada, saludando brevemente al guardia que se retiraba.- ¿No será esa yegua con traje azul y capa roja?

- Esa misma, ¿cómo sabes quien es?

- Tenemos una forma de observar el mundo mortal.

Diana se acerco a la princesa y, para asombro de todos, le dio un abrazo que la alicornio correspondió. Ambas salieron del campo de entrenamiento y se internaron en los pasillos para ir al comedor.

- Espero que hayas pasado una buena noche.

- Así es, gracias por la habitación, Celestia.

- Lo que sea por mi prima favorita- dijo la princesa con una sonrisa.

Al llegar, se encontraron a Luna, que ya había comenzado su desayuno y esperaba a su hermana, pero la visión de Diana fue algo que no se esperaba, algo comprensible cuando no la recibió la noche anterior.

- Buenos días, hermana, ¿quién es nuestra invitada?

- Luna, te presento a Diana, princesa de Temyscira... y nuestra prima.

Luna abrió sus ojos como platos mientras observaba a la yegua, quien le dio una sonrisa un poco nerviosa. La princesa de la noche ya había escuchado la historia de Daybreaker desde que apareció en la pesadilla de Starlight, pero ver y conocer en persona a quien evitó que esa versión oscura de su hermana creara un gobierno de dolor y que era su prima era algo nuevo. Decidida, se levantó y fue junto a la amazona, mirándola de arriba a abajo antes de sonreír y alzar un casco para estrecharlo.

- Un placer conocerte al fin, Diana.

- El el placer es mío- contesto la yegua con un poco de alivio.


Más tarde ese día, pasando la hora del almuerzo, el tren en el que iba Diana, pagado con dinero ofrecido por las dos princesas, llegó al fin a su destino, la estación central de Ponyville. Bajándose, siguió las direcciones para salir del edificio y bajar a la calle, donde se quedó un poco perdida. Tras pedir una dirección a un semental que pasaba por ahí, se encaminó a Sweet Apple Acres. En esa ocasión vestía un largo abrigo negro que la cubría por completo, ocultando al mundo su armadura, aunque seguía atrayendo la atención, junto a unas alforjas con las únicas cosas de valor que quería llevarse de Temyscira. Tras media hora andando, logró vislumbrar los campos de manzanos, y fue cuando sintió una opresión en su pecho.

Hacía años que no veía a su hija, y sus bisnietos ni siquiera sabían de su existencia. ¿Su pequeña amazona la seguiría amando? ¿Habría empezado a pensar que no la amaba? ¿Sus bisnietos acaso no la aceptarían? Cuando enfilo la entrada a la granja, se obligó a sí misma a dejar atrás esos pensamientos y dejar que las cosas siguieran su curso. A medio camino del hogar de los Apples, vio a la que ella sabía era Applejack hablando con un terrestre verde fuerte, un trabajador en los manzanos. Se aproximó lo suficiente como para que la yegua se percatara de su presencia pero sin decir nada, esperando a que terminara de hablar. Al hacerlo, se giro con una sonrisa a la amazona.

- Hola, ¿en qué puedo ayudarte?

- Buenas, ¿esta Granny Smith en casa?

- ¿Por?

- Soy una vieja amiga de la familia.

Applejack miró de arriba a abajo a la amazona, estudiándola, y al no ver intenciones ocultas detrás, la guió a la casa. Dentro, se encontró con un salón acogedor, y desde su puesto, pudo ver la cocina, en la que estaban la pequeña potra Appleblom, Sugar Belle y... su hija Granny Smith.

- ¡Abuela, tienes visita!

La anciana se giro con un bol en sus cascos hacia la voz de su nieta y observo a la invitada con una sonrisa, que se congeló al ver quien era y dejó caer el bol. El silencio reino durante un tiempo, con los presentes, a excepción de Diana y Granny, sin saber porque había reaccionado así. Ignorando a sus nietas que la llamaban preocupadas, se acerco a la amazona a paso lento.

- ¿E... eres tú? ¿D... de verdad... eres tú?

- Si, mi pequeña amazona, soy yo- dijo Diana sonriente, sintiendo una opresión en su pecho.

Este era el momento, este era el momento en el que, o su hija la aceptaba o la echaba a patadas. Granny avanzó un poco más, observando detenidamente a su madre, antes de romper a llorar y avalanzarse sobre los brazos abiertos de la amazona. Las otras tres yeguas se miraron entre sí sin comprender, observando en silencio el abrazo.

- Pe... pensé que nun... nunca...

- Shhh, ya estoy aquí, estoy aquí.

La anciana se separó un poco, mostrando una pequeña sonrisa, una que se convirtió en una risita avergonzada.

- Mírame, llorando como una potra.

- Para mí siempre serás una potra.

- ¿Alguien puede explicarme que esta pasando aquí?- dijo Applejack con duda.

Granny Smith miró a su nieta un segundo antes de suspirar y volverse a su madre.

- Ponte cómoda, iré a buscar mi álbum especial, tengo la impresión de que lo necesitaré para explicar esto.

Diana asintió mientras se quitaba el abrigo, sonriendo un poco al ver la reacción de las yeguas al ver su armadura, y colgándolo en una percha cercana antes de sentarse en el sofá ofrecido. Sus bisnietas y la esposa de su bisnieto la observaron dudosas hasta que apareció la abuela Smith cargando un álbum de fotos antiguo. Sentándose en su sillón, miró a su nieta Applejack con un poco de seriedad.

- Ve a buscar a tu hermano, esto es algo que debéis ver todos.

Con su curiosidad aumentando a cada segundo que pasaba, la terrestre salió de la casa y fue en busca de su gran hermano. Al poco rato, volvió, y tras saludar amorosamente a su esposa, que se fue de allí al sentir que era una reunión peivada, se sentó con cautela, mirando a la invitada inesperada. Al estar todos, Granny Smith suspiro y empezó a hablar.

- Decidme, ¿tenéis idea de por qué sois tan fuertes? ¿Bastante más que un poni común?

- ¡Lo llevamos en la sangre!- dijo Appleblom con energía.- ¡Somos Apple después de todo, los más fuertes de...!

- Si y no- interrumpió la anciana.- ¿Recuerdas cómo Big Mac arrastró una casa entera sin apenas esfuerzo?- al mencionar ese suceso, la potra agachó las orejas un poco, aún avergonzada or ello, antes de asentir.- Ningún poni normal, ni siquiera los Apple, podría haber hecho eso.

- Abuela, Big Mac lo logro porque es fuerte, tal como pa- dijo Applejack con una sonrisa orgullosa, a lo que su hermano contestó con otra.

- No era tal como tú padre, tu padre era aún más fuerte, y yo, a su edad, lo era aún más- Granny bajo la mirada, sintiendo la de sus nietos mirándola curiosos, jamás la habían escuchado decir eso, ¿su abuela había sido así de fuerte?- A los cinco años ya podía destrozar la corteza de un tronco enorme sin apenas esforzarme.

- Pero abuela, para eso se necesita entrenar, yo he tenido...

- Tu fuerza aún se está desarrollando, Appleblom, y como es muchísimo más débil que la que yo tuve en mi juventud, necesitarás varios años para llegar al nivel de tus hermanos.

- ¿A dónde quieres llegar con esto, abuela?- dijo Applejack con duda.

Granny observo a su madre, que se acerco y le colocó un casco sobre el suyo, dándole apoyo. Respirando, abrió el álbum y les mostró a sus nietos la primera foto.

- Sois así de fuertes, porque mi madre aquí presente es la hija de un dios.

La foto mostraba a su bisabuelo, de eso no cabía duda, su abuela siendo un bebé, y en vez de su bisabuela, vieron a la misma yegua que estaba con ellos. Era en blanco y negro, pero era reconocible sin problemas.

- No... puede ser...- dijo Applejack mientras observaba la foto detenidamente.

- Yo tampoco me lo creí cuando mi padre me lo explicó, hasta que llegó la guerra- dijo la anciana mientras pasaba la página, mostrando una nueva foto.

Esta había sido sacada con una cámara portátil de época, regalada por su padre, y mostraba el paisaje de una inmensa isla, tomada desde un barco en el que viajaban otras yeguas vestidas con armaduras que les recordaban a las de las civilizaciones griegas de la antigüedad.

- Para protegerme, me mando a la isla natal de mi madre, Temyscira, y allí estuve durante cinco años.

- Recuerdo la cara que tenías- comentó Diana con una pequeña risita.- Era inolvidable.

- Era la primera vez que veía algo así, no me culpes- contestó la anciana con una risa compartida.

Mientras madre e hija tenían esa pequeña risa, sus nietos agarraron el álbum y empezaron a pasar las fotos. Vieron a una Granny Smith al lado de la yegua que resultó ser su bisabuela en un coliseo, entrenando junto a varias amazonas, junto a una terrestre que parecía ser la gobernante... Applejack levantó la vista y se centro en la amazona, que le devolvió la mirada, esperando su respuesta.

- Si esto es verdad, ¿por qué no has venido nunca?

- Temía dejar Temyscira sola con Ares, me llevo mucho tiempo aceptar que era seguro.

Los tres Apple se miraron entre sí antes de centrarse nuevamente en Diana, siendo la elemento de la honestidad la primera en avanzar. Durante unos segundos, si rostro se mantuvo impasible, hasta que sonrió y abrió sus patas delanteras para un abrazo.

- Entonces, te doy la bienvenida a la familia.

Diana sonrió y acepto el abrazo, al que pronto se unieron los otros. Ya habría tiempo para revelarse al mundo, pero ahora quería estar con su familia.


Un grupo de ponis, de las tres razas, estaban tratando de traspasar una enorme puerta de piedra incrustada en una cueva inmensa en lo más profundo del Everfree. Cuando consiguieron romperla, uno de ellos fue a buscar a su jefe mientras el resto entraba en lo que parecía ser un antiguo templo. Encendieron las antorchas que se encontraban, iluminando una sala con diversos gravados y una puerta aún más grande al fondo, haciendo que muchos gimieran.

- ¿Puede alguien recordarme por qué estamos aquí?

- Por órdenes mías.

El unicornio que hizo la pregunta se congeló y se giro para ver a su jefe, un terrestre marrón y de crin negra, el doctor Caballeron, que ahora tenía un ojo de cristal blanco como ojo izquierdo. Ahora no era conocido solo como el villano de Daring Do, que había sido un shock para los ponis descubrir que era real, sino que también se le conocía por haber enfrentado a la heroína conocida como Alicorn Marvel. Hacía poco que había escapado de la cárcel aprovechando el lío con ese ser oscuro que vino de más allá de las estrellas. El semental avanzó hasta la gran puerta, pasando su casco derecho por la superficie de piedra.

- ¿Sabes quienes son Solaris y Selena?- pregunto al que había hablado en primer lugar sin girarse.

- Esto... Los padres de las princesas Celestia y Luna.

- Si... Pero antes de ellas, nació un alicornio, el primogénito caído en desgracia, señor de los bosques. Tras esta puerta está un método para contactar con él y ganarnos su favor.

Los ponis se miraron entre sí con duda, pensando que su jefe se había terminado de volver loco. Pero Caballeron sólo siguió observando la puerta, convencido de que si ayudaba al señor de los bosques, le recompensaría con la magia que tanto deseaba y así cumplir su venganza.