Disclaimer: Los personajes, lugares y hechizos son propiedad de J.K Rowling, a menos de que se especifique lo contrario. No hay retribución monetaria con la traducción y publicación de esta historia.
Traducción autorizada de Hotel por susane en AO3
CAPÍTULO XIII
Tropezando al salir de la chimenea, Draco hizo todo lo posible para ocultar la emoción. Durante dos meses y medio sólo se le había permitido salir tres veces. Una vez, cuando salió del hospital por el incendio, la segunda para un chequeo en el departamento de "Maldiciones y Casos Inusuales" y la tercera vez, hoy, para un chequeo regular.
Todavía esperaba que todo esto fuera una pesadilla. Quería despertar en el hospital con esas personas queridas a su alrededor, tranquilizándolo y asegurándole que todo iba a estar bien.
Su mente había estado borrosa en ese entonces, llena de imágenes y recuerdos dispersos solamente. No mucho después, sin embargo, un hombre alto y delgado vestido de negro, caro, pero con túnicas gastadas, le sonrió desde su silla cerca de su cama de hospital.
— ¿Qué... quieres? —había dicho Draco con voz ronca.
El hombre se había levantado e inclinado después para que los Sanadores no pudieran oír sus palabras.
—Vamos, Draco, así no es como le hablas a tu padre.
— ¿Cómo... te atreves? —su voz fue un mero susurro, pero Lucius había sonreído aún más.
—Bueno, todo esto —había señalado su cuerpo como la principal prueba del accidente— no estaba en mi plan, tengo que admitirlo, el fuego por otro lado…
Había estado tan cansado que sólo pudo mover los dedos de las manos y de los pies, su pecho había estado tan pesado que apenas respiraba. Sin embargo, se había enfurecido.
—Espera a que mamá se entere...
— ¿Tu madre? —se había reído él en voz baja— Oh Draco, tu madre no dará muchos problemas. Al menos no ahora.
— ¿Qué le hiciste?
—Nada... todavía. Pero podría hacerlo si no me escuchas —se había detenido para sentarse—. Como tu familia, sólo a mí se me permite estar aquí sin tu permiso directo. Así que esto es lo que harás, Draco. No quiero a Potter o a algunos de sus estúpidos amigos aquí, ¿entendido?
Draco conocía ese tono. No prometía nada bueno y, teniendo en cuenta que su madre estaba en peligro, había asentido débilmente con la cabeza.
—Bien. En tres días Jeremy estará esperando fuera de esta habitación y yo seré quien te acompañe a casa. No tengo dudas de que Potter también estará allí, así que harás como si no existiera. Si le hablas de esto, Narcisa... —le había puesto un dedo en el cuello, arrastrándole después a lo largo y sonriéndole como un desquiciado.
Draco aún recordaba los escalofríos que le habían recorrido la columna vertebral.
—Estás enfermo.
—Llámame como quieras, sólo recuerda que ustedes tres están bajo mi control ahora, bajo mis reglas y totalmente a mi merced.
— ¿Tres?
—Estás embarazado, Draco... con la semilla de Potter, desafortunadamente. ¿No lo sabías? Pensé que una puta como tú sería capaz de darse cuenta de lo que hay dentro de su cuerpo.
El mundo pareció detenerse. Cada sonido se había silenciado mientras se repetía esas palabras una y otra vez.
—No puedo... —había empezado, pero no pudo decir más que eso.
—Sí, yo también lo pensé, pero sucedió que Jeremy te dio la poción y se la bebió él mismo también, ya que es lo que se necesita cuando quieres embarazar a un hombre. Desafortunadamente, Potter también debió haberla bebido y como le abriste las piernas al bastardo mestizo, ahora estás preñado. Naturalmente no lo permitiré, estoy seguro de que muchas mujeres y hombres han interrumpido sus embarazos accidentalmente, pero por ahora pretendamos que es de Jeremy y te dejaré fantasear con Potter. No por mucho tiempo, ya que estamos. —la última frase había sido la que Draco más escuchó. La amenaza estaba en el aire.
La misma voz ahora lo despertó de la memoria del pasado.
— ¿Cómo fue tu pequeño viaje al hospital? —dijo con voz irónica. Lucius Malfoy estaba levemente recargado en el marco de la puerta, con una mueca burlona. Le encantaba mostrarle a su hijo quién estaba a cargo y humillarlo siempre que podía.
—Nada fuera de lo común, padre. —dijo Draco mientras se dirigía a su habitación. Jeremy fue más rápido y sujetó sus brazos con fuerza.
—No tan rápido, cariño, hablemos.
Draco miró de un hombre a otro y se dejó arrastrar al salón donde su madre estaba sentada, pálida y enferma, como los últimos meses. Cuando Draco era niño, ella solía cuidar de sus flores en los jardines, o hablaba con los elfos domésticos sobre los próximos eventos y qué comida prepararían.
Ahora su varita no descansaba en sus manos o bolsillos y tampoco la de Draco. Lucius las había confiscado el día que Draco volvió del hospital.
— ¿Mamá?
Sus ojos estaban rojos e hinchados, lo que no era tan sorprendente, pero parecía que había algunas lágrimas frescas rodando por sus otrora hermosas mejillas blancas.
—Siéntate, Draco. —dijo Lucius como si fuera un perro.
— ¿De qué quieres hablar? —dijo Draco mientras intentaba sonar lo más relajado posible.
Lucius se sentó al lado de su esposa, lo cual la puso tensa. Este no era el hombre con el que se había casado. Su matrimonio fue arreglado, eso era cierto, pero fue Voldemort y la guerra y la falta de fama lo que había cambiado al hombre que ella solía amar.
—Queremos asegurarnos de que nuestra familia siga siendo pura, Draco.
El rubio frunció el ceño; sintió un suave hormigueo en su estómago y se sintió incómodo. Había experimentado muchas náuseas los días anteriores, pero, de alguna manera, esta sensación era mucho peor que los vómitos.
—Yo... —su voz era bastante tensa— Hice todo lo que querías. Potter sabe que se acabó, Jeremy lo vio.
—Lo hice. —sonrió Jeremy, y a Draco no le gustó para nada esa sonrisa.
—Entonces no tendrás problemas para aceptar lo que te hemos preparado. —Lucius colocó una pequeña botella llena de líquido violeta en una mesa frente al sofá.
Draco era bueno con las pociones y supo inmediatamente lo que era. La poción era extremadamente complicada de crear. Tomaba más de siete horas en las que había que vigilarla constantemente y había que prepararla en una época específica del año.
—Cambiador- —comenzó.
—Cambiador de Genes, eso es —le interrumpió el patriarca—. Veo que el embarazo no te comió el cerebro —Lucius sonrió—. Lleva los genes de Jeremy y pronto, cuando llegues a la decimotercera semana, te beberás esto.
Draco se puso pálido como un papel, sus manos temblaban al examinar la botella. Tuvo que luchar contra el impulso de lanzarla contra la pared.
Todo el tiempo habían querido matar al bebé. Por lo tanto, Draco comía en ínfimas cantidades y algunas vitaminas. En sus pesadillas, Jeremy ponía una poción abortiva en su bebida o Lucius le lanzaba crucios mirando cómo empezaba a sangrar entre sus piernas.
Ahora su pesadilla no era nada comparado con esto. Esto lo matará... lo reemplazará, fingiendo que el bebé que Harry engendró durante su acto de amor... nunca existió.
—Estoy feliz de que estés de acuerdo, Draco —dijo Jeremy y deslizó su mano sobre la de Draco—. Y nuestro niño… —él bajó su mano hasta la barriga ligeramente más grande. Por primera vez, Draco deseó que el Avada Kedavra no fuera una maldición imperdonable— nuestro niño tendrá mis genes, así que deberíamos compartir dormitorio. No queremos que nuestro hijo cuestione nuestro amor, ¿verdad?
Draco se vio obligado a trasladar sus cosas a una habitación diferente y más grande esa noche. Lucius lo vigiló mientras sostenía el cuerpo de Narcissa contra el suyo. Todo lo que se necesitaba era un movimiento equivocado...
Harry tuvo que admitir que tenía sentido. El padre de Draco estaba tan loco como para mantener a su esposa como rehén para que su hijo le obedeciera. Jeremy era un bastardo, así que no era difícil de creer que amenazara a Draco.
Se deslizó lentamente por la pared del hospital, la superficie desmenuzable dejando una fea marca en sus jeans negros y su camisa azul.
Durante dos meses había tratado de averiguar por qué el rubio lo había dejado. ¿Por qué su novio le cerraría las puertas delante de su cara? ¿Por qué Jeremy era el único al que Draco abrazaba, aunque despreciara al hombre?
Tenía sentido...
Se sentó allí durante unos segundos, tal vez minutos. Estaba demasiado emocionado. No entendía por qué nadie bailaba y cantaba por las noticias. Draco lo amaba...
—Eh... ¿Harry? —la voz tranquila del Sanador lo devolvió a la realidad.
— ¿Mark?
Esperaba que el hombre lo entendiera. Que sonriera y dijera que todo estaría bien y que él estaba bien.
—Harry, ¿él era tu...? —hubo un atisbo de decepción, pero Harry no escuchó la ira que temía.
—Era mi ex, Mark. Estuvo aquí un día después de un accidente de incendio y-
—Te dejó y se fue a vivir con su padre.
Harry lo miró con asombro.
— ¿Cómo lo sabes?
— ¿Crees que el hecho de que Harry Potter rompiera con su novio en nuestro hospital, quedaría entre ustedes dos?
Harry se quedó en silencio durante un rato y finalmente susurró:
—Lo siento, Mark... pero todavía lo amo.
Resultó que esperar un ataque de ira era estúpido. El Sanador sonrió y se sentó justo al lado del moreno.
—Puedo ver eso. Para ser honesto, ser tu amigo parece ser mucho mejor. No te ofendas pero... no me gusta tocar fondo y... me gusta alguien también —dijo Mark y la culpa estaba su tono. Extrañamente, Harry se sintió casi extasiado al saber que el hombre no guardaba emociones fuertes para él. Después de un rato, mientras Harry sonreía y le aseguraba que estaba más que bien seguir siendo amigos, Mark habló de nuevo: —. Ustedes deberían volver a estar juntos, especialmente ahora...
Harry lo miró con curiosidad.
— ¿Ah?
Mark parecía sorprendido.
—No lo sabes…
—Bueno, no sabía que su padre era tan imbécil, ¿qué padre obligaría a su hijo a casarse, amenazándolo con la seguridad de su madre?
Esta vez, Mark abrió mucho los ojos.
— ¿Qué?
—Pensé que estabas hablando de su mensaje. Esperaba que supieras lo que significaba o algo así, ya que eres su Sanador y todo eso...
Mark se puso de pie, seguido por Harry y caminaron en dirección a su oficina.
— ¿Qué mensaje? No escuché nada, Harry. Pensé que se había comportado como un idiota y que tú… —se quedó en silencio por un rato, Harry cerró la puerta tras él y se sentó en una silla frente a la mesa— Harry, eres un Auror, ¿verdad? —dijo, golpeando nerviosamente la mesa con sus dedos.
—Lo soy —admitió Harry, todavía confundido—. Usaré todo lo que pueda para ayudar a Draco y a su madre.
Mark asintió y cerró los ojos, no debería hacer esto, el estado médico de sus pacientes no era para decirlo a gente al azar…
—Harry... ¿cuál fue el mensaje que te dijo?
El moreno repitió todo:
—"Ayúdame, Harry. Él tiene a mi madre como rehén. Ayúdanos antes de que sea demasiado tarde, lo quieren muerto." Es simple, lo están obligando a casarse con Jeremy y lo amenazan usando a su madre como escudo.
El hombre parecía aún más asustado ahora.
— ¿Sabes... lo que significa la última parte?
Harry empezó a sentir una fea presión en su estómago. Como si fuera un bulto que anidaba en su pecho y le hacía sentir más pesado de lo que realmente era.
—Yo... no he pensado en ello todavía. Tal vez se refiere a eh... no sé, algún tipo de-
Mark le cortó el paso:
—Harry... eh, sabes qué departamento es este, espero.
—"Departamento de Maldiciones y Casos Inusuales", creo, ¿por qué?
El hombre tragó saliva.
—Me especializo en maldiciones ligeras y embarazos masculinos. Draco Malfoy es mi paciente... y está de diez semanas.
Harry tuvo que agradecer que estaba sentado.
El agua fría corría por sus mejillas enfriando su cara. Apoyándose en el lavabo, cerró los ojos para percibir el silencio y la paz que había conseguido. Era irónico que el único lugar donde podía tener algo de privacidad fuera el baño.
Jeremy siguió molestándolo y siguiéndolo durante todo el día de ayer. Durante los últimos dos meses, el tipo visitaba la mansión con regularidad. Su padre le hacía pasear con el bastardo por los jardines o sentarse con él en uno de sus salones de té.
Una vez, cruzó la línea. Una noche Jeremy puso las manos en sus caderas y luego las deslizó para acariciar sus piernas. Esa vez, Draco fingió que era Harry quien mordisqueaba su costado o le susurraba palabras suaves al oído.
Pero sólo duró un segundo. El hombre no tuvo oportunidad de seducirlo de nuevo. A pesar de todos los regalos que traía o los toques que robaba, Harry era el único en el que Draco pensaba en sus sueños -normalmente sueños húmedos-, en los que sentía sus manos sobre él, tocando todos los lugares adecuados. Harry era lo que Draco quería tener, amar. Quería que Harry supiera que esperaban un hijo juntos y quería criar al bebé con el moreno.
Ahora, su mente se dirigía nuevamente a Harry, en el cual sólo podía pensar en privado y odiar cuando estaba junto a Jeremy. Una imagen de él y Harry criando a un niño o dos le hizo sonreír suavemente. La última vez que se sintió así, fue cuando descubrió que le encantaría tener un pequeño hotel.
Tener una familia era su sueño ahora. El hotel era genial y lo amaba; le encantaba trabajar con Verónica y los otros y le encantaba lo simple que se había vuelto su vida.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas.
Una pequeña botella, esta vez de un feo color marrón, estaba en el lavabo delante de él. Estaba abierta y olía a huevos podridos, lo que hizo que el estómago de Draco se pusiera al revés.
Poción de aborto.
Sería fácil. Si se bebía el contenido, Jeremy no reemplazaría a su hijo con su semilla.
Si se la bebía, no tendría que enfrentarse al eterno miedo de criar a un niño en una familia donde no hay amor, sólo odio.
Si se la bebía, no tendría que sufrir al ver crecer un hijo que no era el de Harry.
El borde de la botella tocó su labio inferior; tuvo que cubrirse la nariz o de lo contrario vomitaría casi inmediatamente.
Una imagen apareció en su cabeza. Harry, con una niña pequeña en sus brazos, acariciando con su nariz un pequeño bulto rosado, sonriendo mientras la niña se reía y le tiraba suavemente del pelo. Una niña con el pelo rojo salvaje y los ojos plateados.
El líquido se sentía como leche agria, atravesando su lengua con un sabor asqueroso.
Algo caliente y húmedo corrió por sus pantalones y sintió un suave hormigueo dentro de su estómago.
En ese momento, se inclinó sobre el inodoro, vaciando su estómago. No tragó, pero sólo pensar en hacerlo era lo suficientemente malo como para enfermarlo.
— ¿Qué he...? —se susurró a sí mismo. El bebé era suyo y de Harry y él había querido matarlo. Casi acabó con la vida inocente que llevaba dentro.
Estalló en sollozos fuertes y cayó contra una fría pared de azulejos mientras enredaba sus brazos alrededor de su abdomen.
—Mi pequeño… Mi bebé —el hipo hizo que su voz titubeara—. Lo siento... Lo siento mucho.
Escuchó cómo se cerraba la puerta de su habitación. Jeremy probablemente acababa de entrar, feliz de compartir la cama con Draco.
—Será mejor que te apures, Harry Potter... —susurró, mirando a su barriga— Tu bebé te necesita.
...
Nota:
Yo amo a Lucius; en lo que escribo él siempre es el 'cool dad' o alguien super opuesto a éste de aquí. Por eso es que me sabe tan mal leer a un Lucius desquiciado como este, y lo único que quiero es que arda en el infierno.
¿Quién se apunta a lanzarlo?
