"Cierre de capítulo: Bienvenido al nuevo"

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El ambiente que rodeaba a los dos enamorados hacía alusión a que estaban encerrados en una gran burbuja donde sólo ellos existían.

El pelirrojo veía todo con lujo de detalle, como si estuviera en primera fila, o en una sala VIP.

La emoción que emanaban sus amigos resultaba ser muy energética, que inclusive traspasaron a él, aquel canal de energía donde en lugar de sentir dolor por no ser el hombre que besaba a Midoriya, sentía gozo de que su amigo vivía un momento importante para él; de índole imprescindible.

No lloraría por lo que pudo ser con Midoriya, pues eso no es varonil de su parte. Si lloraría sería porque Bakugou completaba un logro.

Además, estaba contento con lo sucedido. Como si el logro visto en carne propia, lo había obtenido él mismo (Aunque en parte tuvo mucho que ver, puesto a que Bakugou se rehusaba a hacer algo al respecto y todo el mar de incongruencias y malentendidos surgidos fueron a raíz de eso).

De todos modos, no ponía una sola queja en el ámbito que respecta todo lo que ocurrió meses atrás, sino que lo dejaba en tela de juicio, para recordarlas con indulgencia, en lugar de verlos como un acontecimiento desafortunado.

Estando en su escondite, reconoció aquello, como una resolución que le daba palmadas en el hombro. Una resolución que lo reconfortaba por haberse involucrado en algo que no lo incumbía.

Aparte necesitaba un merecido descanso por su incansable labor.

Y uno de ellos, fue marcharse luego de haber presenciado el primer beso de su mejor amigo en brazos de su primer amor.

Además, se retiró con el conocimiento de que no todo sale como uno quiere. Ni siquiera con desearlo mucho.

Sus amigos no lo detuvieron en cuanto lo divisaron ponerse en marcha rumbo a la salida del parque, bajando la espalda y las manos en los bolsillos en un aire taciturno.

Dejaría que sus sabios pasos lo llevaran a otro lado, menos aquel.


No supo cómo fue que llegó ahí sin haber prestado la más mínima atención en el camino. Había llegado a la heladería en la que se encontró a Todoroki cuando su corazón dolía tanto que lo advertía llorar en el abismo sentimental que eran sus sentimientos en ese momento.

Llegó a la heladería sin tener antojo de comer nieve, pero ya que estaba allí y que no tenía nada que hacer, pues era el día que tenían libre, se metió al local. A esas alturas ya no tenía nada que perder. Ni una mínima parte de lo que pudo significar ser el hombre correcto para Midoriya.

Lamentarse conllevaba cargar una cuesta imposible de alcanzar.

Por alguna razón, se sentía más liviano en cuanto probó la nieve de menta con chispas de chocolate. Fue como si se quitara un peso menos de encima y la niebla del ayer se disipaba en el cielo despejado que constaba el hoy. Lo vivió tan de pronto que no lo vislumbró con entereza, sino con la liviandad que se le atribuía a su carácter; el viento soplaba por las nubes que apretujaban su pecho, transformando el ocaso de un corazón sanando en un mar de estrellas brillando incandescentemente en un simple cono de nieve, tras la derrota que sentía como victoria.

Sonrió pleno. Desinhibido del dolor que pudo haberlo estancado.

De un repente, sus ojos se fijaron en una distintiva cabellera bicolor sentada en el mismo sitio de aquella vez. Éranse esos evidentes paralelismos que lo guiaron a vivir un escenario bastante parecido al anteriormente vivido.

Era extraño que la misma persona los haya guiado al mismo sitio.

Sin pensárselo por una milésima de segundo, se dirigió hacia Todoroki y sonriendo por no sentirse tan solo, se sentó frente a él, quien no mostró un ápice de sorpresa de verlo ahí.

—Todoroki, hermano, ¿cómo estás?—Saludó el pelirrojo, despampanando alegría.

El bicolor asintió, quien de igual manera sostenía un cono de helado de color rosado. Tal vez era un helado de fresas, o de frambuesa.

—¿Tú?— Todoroki devolvió la pregunta, centrándose en el helado con una cara ofuscada.

—Mejor, hermano— Admitió entre su sonrisa dientona.

—¿Eso significa que te sentías peor?

—No, no— buscó negar, pero en la mitad se retrajo, operando por sincerarse. —Bueno, sí— Sopló. —Me sentía fatal hace unos días, en especial hace unas horas. Ya sabes, por todo el rollo ese de que Midoriya y Bakugou son pareja ahora, y hoy era el día en que tendrían su primer beso, ¿sabes? Yo tenía que verlo con mis propios ojos para poder dejar ir a alguien tan valioso como lo es Midoriya, porque ya no me puedo estar martirizando por una batalla perdida.

Todoroki puso expresión complacida.

—Haces bien en pensar eso— Opinó el bicolor.

—¿Hubo algo que te llevó a pensar así?— Interrogó interesado.

—Pues, no mucho— Confesó desairado. —Quizá lo que me hizo cambiar de opinión es mi historia. No puedo sufrir tanto en mi adolescencia teniendo en cuenta mi tortuosa infancia. En lugar de ser feliz con Midoriya, terminaré quemándome con mis propios sentimientos, a raíz de mis traumas que distan mucho de ser loables en mi vida.

—Tú sí que piensas en todo, hombre— Dijo en tono de elogio. —Yo no había pensado en nada de eso. Solo me centré en el presente y me quedé plantado ahí— Rió amistoso.

—Puedes pensar lo que quieras, Kirishima. Nadie te dice lo que tienes que pensar. No se trata de si te muestras como alguien que es débil o no lo es, sino de lo que sientes.

Al silencio de Kirishima, añadió:—Solo es una opinión. No te lo tomes tan a pecho. No lo dije con mala intención.

Esto desató luz verde en el cerebro de Kirishima de que debía responder.

—No, sí tienes razón— Reaccionó amistoso. —Tienes tú punto, hombre. Es demasiado bueno que necesitaba unos momentos para procesarlo.

—No es para tanto.

—¡Sí, lo es!— Insistió el pelirrojo.—Es raro que hables, Todoroki. Y cualquier cosa que digas, es importante para mí el saber escucharte.

—No creo que nadie quiera escuchar lo que tengo que decir—Replicó Todoroki, ciñendo las cejas.

—¡Por supuesto que sí!— Exclamó Kirishima. —Las cosas que dices, no tienes porqué reprimirlas. Di todo lo que quieras y más. No te detengas en el camino, Todoroki. Si eres una persona excepcional. Y aunque no convivas con todos, estoy seguro de que la mayoría piensa que tienes mucho que aportar en la clase, como en todo lo demás. Vales más de lo que crees.

El bicolor sonrió pequeño.

—Gracias por tus palabras— Agradeció. —Son de mucha ayuda, cuando ya no tengo a Midoriya que me apoye como lo había estado haciendo hasta ahora. Y…— Hizo una pausa, le dio una lamida a la nieve, esbozando otra sonrisa en el acto.—Tú también vales mucho más de lo que crees.

—A estas alturas, es mejor tenernos a nosotros mismos que recurrir a las dulces palabras de Midoriya— Sugirió Kirishima.

—Es una buena idea— Optimizó. —Podemos tenernos a nosotros mismos.

—Sí, por supuesto—Sonrió confianzudo. —Que Midoriya y Bakugou sean felices por su cuenta.

Todoroki asintió y los dos hombres retomaron el labor de terminarse el helado que amenazaba con derretirse, pero que gracias al quirk de Todoroki, que recuperó la forma original de la nieve, pudieron terminarlo sin problemas.

—Sí, ya nosotros sabremos que hacer después— Añadió el pelirrojo, animado por el sentimiento.

Vio que el bicromático asintió, pese a que no era de muchas palabras, lograron comunicarse amenamente y tener un ambiente tranquilo, detalle que hizo que Kirishima pensara que tal vez y sólo tal vez, las cosas no serían tan complicadas si tenía a alguien como el bicromático a su lado.

En cuanto los dos adolescentes terminaron el helado, salieron de la heladería, charlando amigablemente en el camino de regreso a los dormitorios, pues no querían durar mucho tiempo fuera de la escuela, además de que no faltaba mucho para que fuera el toque de queda y no convenía salir regañados por Aizawa, que es muy duro para los castigos.

Lo que no esperó de cuando llegó a los dormitorios fue que vería a Midoriya y a Bakugou llegando poco antes que ellos, puesto que después de despedirse de Todoroki, quien se excusó diciendo que iría por soba a la cocina, de modo que solo y mejor de ánimos, se topó con la nueva parejita de la UA en el pasillo luciendo bastante sintonizados y en armonía.

Esbozó una sonrisa.

Se miraban bien juntos.

Para no hacer ruido, se quedó plantado en el pasillo sin mover un músculo. Lo bueno es que no lo ubicaron en el pasillo, que daba con el cuarto del rubio de temperamento explosivo.

De seguro, con lo caballeroso que es el pecoso, prefirió dejar a Bakugou primero en su habitación y después irse a la suya.

—No me tienes que dejar en mi habitación, idiota. Tengo piernas, puedo ir perfectamente bien por mi cuenta— Alegaba el rubio, frunciendo el ceño directamente a la sonrisa amorosa de su novio pecoso.

Definitivamente, se trataba de eso.

—No tengo problema con hacerlo, Kacchan—Reponía Midoriya, amable. —Además, quería darte esto en la puerta de tu dormitorio— Sacó algo de su mochila, provocando un gesto curioso en el rubio.

—¿Qué harás, estúpido nerd?

De seguro, son los chocolates picantes, pensó Kirishima, quien estuvo en lo correcto, porque se trataba de eso.

—Ten— Midoriya se los entregó a un rubio que emanaba una mezcla de bochorno y sorpresa de su rostro.

—Deku…— Pestañeó, viendo la caja de chocolates, ceñudo. —Yo no te compré nada. Carajo.

—Ah, Kacchan. No es necesario que me des nada.

—Argh, Deku— Se quejó. —No puedo ser el único que reciba cosas en esta relación. Déjame al menos darte algo de regreso.

—Está bien, Kacchan. No te preocupes por eso— Aseguró el pecoso, irradiando confianza.

—¡Deku!— Gruñó el rubio, enfadado. —¡Carajo! Déjame darte algo a cambio.

—Tu compañía es suficiente para mí— Dijo, sacándole un furioso sonrojo en su amigo. Aprovechando esa distracción, vio que Midoriya posó una mano sobre su frente, levantando sus mechones rubios y plantó un firme beso en su frente.

El rubio se quedó sin habla, simplemente abriendo los ojos.

Kirishima miraba el espectáculo, preguntándose desde cuándo un tipo tan dulce como Midoriya podía ser tan galán con su pareja. Parecía un príncipe sin el traje azul, ni el corcel blanco.

Midoriya se separó de su novio explosivo, siendo recibido por la expresión ofuscada del rubio.

—Eres todo lo que necesito, Kacchan— Y con eso, Midoriya se despidió con una sonrisa radiante, dejando al rubio en una especie de trance en la puerta de su dormitorio, con sus manos aferrándose a los chocolates como si fueran una preciada reliquia.

Kirishima supo que todo comenzaba a tomar el rumbo que debían tener todos por igual. Cada quien recibiría lo que se merece. Y Bakugou ya recibió lo que él se merecía.

Sólo faltaba él, buscar el rompecabezas del cual encajaría como Midoriya encajó en el rompecabezas de Bakuogu y viceversa.

De alguna manera, sabía que el rompecabezas que buscaba encontrar, estaba más cerca de lo previsto, pero eso sería un capítulo que le tocaría vivir muy pronto.

¿FIN?

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NOTA: Me tardé más de lo previsto, pero ya terminé esta historia. Espero y les haya gustado, porque disfruté el recorrido que me llevó el reto de escribir esta idea.

No tenía contemplado hacer alusión de otro ship al final del camino, puesto que no sabía si les gustaría o no. Hasta el título me salió cursi. No sé si lo cambie o no, pero mientras tanto se quedará así hasta nuevo aviso.