Piercing

Sirius/Harry

Continuación de Kink Week II: Anillado a ti


Harry no quería cerrar los ojos, pero aunque la idea había sido suya, ahora ante el artilugio al rededor de su pene se sintió nervioso.

Sabía que el leve dolor que había sentido en sus pezones no sería nada comparado al que sentiría en pocos segundos cuando el perforador al que habían ido él y Sirius, perforara su glande para colocarle un piercing idéntico al que el mayor llevaba.

Harry se había graduado en la academia de aurores, y había querido celebrarlo con su pareja, dos años y medio después, seguían juntos.

Sí habían podido notar la desaprobación de algunos, sobre todo de los señores Weasley, para sorpresa de Harry, Remus los había defendido a capa y espada.

Y pensar que había estado completamente celosos de él en el pasado.

Sirius le había dicho que le regalaría lo que él quisiera por su graduación, y Harry había lamido el piercing de su pene largo rato, pero acabó pidiendo uno igual.

Sirius le había llevado al mismo lugar donde él se lo había hecho, una pequeña tienda de tatuajes en el Soho de Londres.

El hombre delante de su pene flácido era una muestra de mucho más de que lo que Sirius llevaba sobre su piel.

—¿Listo?—preguntó mirándole. Harry asintió, pero miró a Sirius a su lado.

—No tienes porqué hacerlo hoy—Le acarició el hombro. Pero Harry estaba convencido, quería ese aro de metal colgando de su pene, sentirlo duro contra su piel, y que Sirius lo lamiera hasta volverle loco.

—Dispara—dijo Harry, ganándose una sonrisa del tipo entre sus piernas.

Dolió, dolió una barbaridad, pero Harry estaba demasiado acostumbrado a ese dolor. El aro en su glande hinchado y no por la excitación, era más pequeño. En un mes podría cambiarlo si todo iba bien.

Pero lo que no le gustó ocurrió cuando Sirius pagó por su piercing.

—Ya sabes que debes limpiarlo dos veces al día, tener siempre las manos limpias cuando lo hagas y esperar hasta que la zona no te duela para mantener relaciones sexuales.

Sirius asintió, Harry no.

—Tenemos condones especiales por si queréis comprarlo para prevenir cualquier infección.

—Gracias, Arch—dijo Sirius comprando un par de cajas.

Cuando salieron, Harry podía notar su Príncipe Alberto tirar.

—¿Molesto? ¿Nos vamos a casa?—le preguntó Sirius.

—No, tenemos que ir a la fiesta de graduación, quiero mi puto diploma.

Cuando se desaparecieron en un callejón solitario, Harry aún se sentía tirante.

La graduación fue larga, pero acabaron borrachos como cubas, lo que era éxito seguro.

Harry llegó con las manos metidas en los pantalones de Sirius a casa, se lo quería follar en la mismísima entrada, porque el maldito no le había dejado hacerlo en los baños de la academia.

No sabía desde cuando tenía tanto remilgos en los sitios donde lo hacían.

—Vamos arriba—tiró de él Sirius besándolo, y haciendo brincar los aros en los pezones de Harry.

—Voy a romperte el culo—le prometió Harry tambaleándose, quizás si iban a necesitar la cama.

Pero cuando Harry se quitó los pantalones, el principito estaba rojo, y no solo por lo duro que lo tenía.

—Hoy vamos a dormir—le besó Sirius separándose de él.

—No, sexo, sexo—pidió Harry pareciendo el niño que había dejado de ser hacía muchísimo.

—Hoy no vas a meter eso en ningún lado—le recriminó Sirius—¿Acaso quieres perder la polla?

—Se me ocurre un sitio donde la quiero perder.—Pero la verdad es que le molestaba bastante, imaginar metiéndolo apretado le dio un poco de repelús.

Harry se sentó desnudo en la cama, mirando como Sirius se desnudaba y se sentaba al otro lado en la cama.

Se miró la polla, Harry tenía un buen miembro, y se veía genial con ese aro metálico, una gotita solitaria salía de su prepucio, y le dijo que esa noche en esa cama iba a haber sexo.

Sirius le miraba, le conocía de sobra para saber que Harry era incluso más cabezota que él.

—He sido un excelente recluta, he sacado las mejores notas, y no me he pegado con casi nadie—dijo levantando la manta con la que Sirius se había cubierto, su polla estaba más dura de lo que Sirius quería reconocer, y coronada por su propio piercing.

—Buen chico—Sirius le palmeó el abdomen marcado, pero Harry no se quitó para nada.

No, Harry meneó la argolla de Sirius, haciendo que su polla se endureciera más, la mano de Sirius se colocó en su cadera, haciéndolo parar. Igual que Sirius le conocía a él, Harry conocía a su padrino. Eso era un no mayúsculo.

—Fóllame—se inclinó Harry.

No es que no lo hubieran hecho nunca así, pero era verdad que no era lo que Harry más amaba.

—Esperaremos unos días—se negó Sirius.

—Y una mierda.

—Merlín, tienes la boca más sucia del mundo.—Le miró rodando los ojos Sirius.

—La quiero completamente sucia.

Ambos se miraron, el príncipe Sirius estaba lleno de preseminal, no le disgustaba tanto como él quería hacerle ver a Harry. El suyo tiraba, pero Harry estaba demasiado cachondo.

Sirius le besó, y hizo rodar a Harry en la cama hasta dejarlo bocarriba, notaba la punta roma de la polla de Sirius ya en su entrada, joder, para no querer.

Le lanzó un hechizo de lubricación y comenzó a acariciar su ano con su piercing, Harry empezó a joderse la cabeza. Sirius lo estaba haciendo a posta.

Se metió poco a poco, debía darle mérito, Harry era mucho menos delicado, pero ahora se sentía un donut relleno. Era raro, era molesto, pero era jodidamente excitante.

Harry le mordió un pezón a Sirius, y este le hizo pagarlo dándole mucho más duro.

Se inclinó sobre Harry, en esa postura, lleno de tatuajes, con sus pezones taladrados, y su pelo largo cubriéndolos se hubiera podido morir del gusto.

Sirius no solo lo encendía sexualmente, sino, eso no hubiera funcionaba como lo hacía. Harry buscó sus labios, y el beso fue mucho más dulce de lo que el acto parecía.

—Sin manos—le advirtió Sirius cuando vio a Harry ir a tocarse.

Harry tenía conseguidísimo el ángulo que hacía a Sirius ver las estrellas, pero Sirius no tenía tanta práctica con él. Miró hacia abajo, duro como una piedra, mojado, y con el brillo del piercing.

Le gustó demasiado la visión de su propia polla, los movimientos de Sirius dentro de él, sus pelotas en las que también tenía un pequeño piercing rebotando contra él.

Harry pensó que tardaría más, pero un espeso y grueso hilo blanco le dio en toda la cara. Sirius sonrió mientras machacaba sin parar el culo de Harry hasta que él mismo se corrió.

Pero no se dejó caer sobre él, Harry diría que estaba todo bien, pero le escocía la polla horrores, y se estaba haciendo el duro.

Sirius se levantó, tomó su varita y una gasas para retirar los restos de semen, aplicó la solución antibaceterial suavemente, y Harry suspiró aliviado.

Sirius se abrazó a su espalda y metió la cabeza en el hueco de cuello.

—Mañana va a dolerte el culo—le susurró, y Harry quiso deshacer el abrazo pero Sirius no se lo permitió.

Al final, tan solo besó sus manos.

Al menos durante una semana era muy probable que a Harry le volviera doler el culo recurrentemente. Pero estaba bien, todo estaba bien siempre que fuera con Sirius.


Con este no tuve la más mínima duda que sería una continuación de ellos dos.

Hasta mañana.

Besos.

Shimi.