Recuerdos.

– Mika me dijo que volviste a orinarte en la cama y que despertaste gritando. ¿Tuviste una pesadilla, Izuku? —con su tono de voz baja y delicada al tacto, calmando al niño peli verde que tiene en frente de ella, demostrando incomodidad en su rostro con pecas y avergonzado por su acto recurrente. Tiene su mirada en el suelo de su cuarto, sentado en la esquina de su cama sin ninguna manta o tela que cubra su colchón.

Nervioso ante la insistente mirada de su tía, el niño empuja su remera hacia abajo con sus manos tensas. Teniendo un leve temblor indeciso en sus ojos verdes, reprimiendo un impulso de ver el rostro de Akira para saber cómo lo está mirando por su curiosidad infantil.

– ¿Me lo dirías o no,Izuku? Antes me mencionaste que tenías pesadillas donde te dolía el cuerpo y no te podías mover, como si estuvieses paralizado. Dime, ¿qué pesadilla tuviste hoy? —continuando con su mirada fija, estando en cuclillas delante del niño de cabellos revoltosos por naturaleza. Su voz sigue siendo igual de suavizante que antes, pero sin poder lograr convencer que las palabras de Izuku respondan sus preguntas.

– Por favor. Respóndeme —poniendo sus manos suavemente en los pequeños puños de Izuku, para calmar el uso de fuerza al estirar su remera—. Tu mamá está preocupada que esto haya seguido hace meses, y yo te podre ayudar. Tengo conocimientos sobre la psicología, aunque últimamente no me ha gustado como son mis pacientes pero, puedo ayudarte a que tus pesadillas se calmen. Solo dime, ¿qué soñaste?

Mirando de reojo a las manos largas y finas de Akira, Izuku levanta solo unos centímetros sus pupilas para hacer contacto visual con los ojos de su tía. La cabellera azulada de tonalidad oscura ondulada en dirección hacia dentro, teniendo las puntas de sus cabellos en diferentes direcciones y otras respetando su trayecto original. Los iris púrpuras con su brillo propio, observan los claros ojos verdes de su sobrino no sanguíneo. Esperando la respuesta del niño, sonríe al ver los ojos de Izuku. Una sonrisa leve y diminuta, pero con el mismo tacto que hausado desde el comienzo de la conversación.

– Yo... vi a muchas sombras que daban miedo. No me podía mover, pero esta vez ellos me agarraban —teniendo nuevamente sus indecisos movimientos erráticos de pupilas hacia los costados, volviendo a tener la tentación de no ver más el rostro de su tía. Aunque ella se vea tranquilizadora, Izuku aún no se siente seguro con su tía. Después de todo, desde el comienzo de su vivencia en la familia Jiro hasta el presente de los sucesos, su confianza fue repartida hacia su madre adoptiva y su hermana no sanguínea. Y a nadie más.

– ¿Algo más? —soltando sus manos a las de él, al sentir como su tensión se va cada vez más al hablar con sobre su pesadilla.

– No. Solo eso —bajando su cabeza, mirando sus propias manos de tamaño promedio a la de un niño, observa como bajan hacia sus rodillas. Dando un poco de presión al estar nuevamente tenso, observa a su tía sin levantar su cabeza, sintiendo la mirada fija de ella cambiando levemente su semblante, estando presente una seriedad por sus palabras.

– Esta bien. Hablaré con tu mamá para ver que podemos hacer —levantándose del suelo sin eliminar su sonrisa del rostro, estira levemente su cuerpo hacia atrás, mientras que sus manos empujan su espalda baja hacia el delante. Y así, provocar que unos crujidos ahogados y poco audibles provengan del interior de su cuerpo—. Nos vemos después Izuku. Espero poder verte nuevamente el próximo domingo.

– Todavía es temprano. ¿Donde irás? —ganando su curiosidad común en su edad, observa como su tía le da la espalda para irse al abrir su puerta, pero detiene su andar al lanzar su pregunta. La voz del niño resplandece su notoria timidez.

– Hoy estoy ahogada de papelerío sobre mis clientes, y uno que otro documento importante que tengo que llenar —antes de irse, suelta una leve carcajada con fines amistosos. Prevaleciendo su imagen benevolente, desaparece al cerrar la puerta detrás de ella. Dejando solo al niño Izuku.

El silencio en su cuarto es lo único que hay al estar él solo. Manteniendo su mirada en la puerta con precaución, sus ojos verdes son levemente ocultados por sus mechones que van hacia delante de su campo de visión al inclinar su cabeza adelante. Calmando su comportamiento desconfiado al ser el único presente, deja salir un suspiro.

«Quiénes eran esas sombras» preguntado a si mismo en su mente aquella pesadilla novedosa de vivir en su cabeza, observa en frente de él el espejo de cuerpo completo que a estado en su cuarto desde el comienzo de su vivencia en el.

Poniendo su espalda en la pared al sentirse aliviada de dejar su farsa bondadosa delante de Izuku. Akira inclina su cuello hacia atrás, chocando con la superficie de la pared con lentitud. Mirando hacia delante, sus ojos púrpuras se pierden en la realidad al estar centrada en sus pensamientos sobre las mañanas de su sobrino, siendo recurrente la orina en sus sábanas y su ropa de descanso.

«¿Habrásufrido alguna experiencia perturbadora o algo semejante para que le paso eso?» pensando en las posibilidades y posibles orígenes del pequeño percance de Izuku, al ser una extensión de meses sobre sus despertares sobre su orina. Akira tiene el presentimiento de ser por algún suceso de su familia sanguínea.

«Sé que su madre...»

– ¿Y qué paso, hermana? —del umbral del pasillo, Mika da presencia al mismo tiempo que su hermana tenía su pensamiento anterior, el cual fue interrumpido por su hermana, aunque no haya tenido tal intención.

– Nada, nada que me ayude a saber en su totalidad lo que le pasa. Aunque este graduada en psicología, mi área no son los niños —acercándose a su hermana teniendo sus brazos cruzados, su rostro delata su seriedad al hablar por creer que Izuku tiene algunaexperiencia mala en su anterior familia. O peor, algún trauma—.Tendrás que llevarlo a algún especialista, no soy de ayuda, lo siento.

– No deberías pedir disculpas, intentaste ayudarme. No hiciste nada de mi desagrado —apoyando su palma abierta en el hombro de su hermana, teniendo una sonrisa que contradice sus demás gestos faciales al delatar su preocupación por la inusual extensión del hábito matutino—. ¿Te acompaño a la puerta? No quiero quitarte más tiempo y complicarte con los documentos de tu trabajo.

– Es verdad. Me había olvidado de mi trabajo —soltando una carcajada por el comentario de su hermana, al hacerla recordar sus responsabilidades, queriendo sonar animada en un intento impredecible de mostrarse esperanzada en que Izuku pueda ser curado de tal hábito—. Vayamos. Iré a saludar a Kyoka e iré de vuelta a mi casa.

– ¿Nos veremos el próximo domingo? —preguntando a Akira mientras toman camino hacia el umbral, Mika intenta ocultar su preocupación, pero fragmentos de tal sentimiento que la ahoga sigue sumergiendo en su rostro lo evidente de su estado de ánimo.

– Claro. Nos veremos la próxima semana.

Al pasar por el umbral, del sofá de la sala una pequeña cabeza dobla para ver a las dos hermanas Jiro. El rasgo más distintivo de la niña es su cabellera corta de tonos púrpuras, siendo más claro que Mika.

– ¡Tía! —exaltándose en su asiento, dando un brinco para estar parada encima de las cobijas del sofá. Su sonrisa alegre que exponen sus dientes blancos, enternece a las dos adultas de cabellera de semejante color.

— —

La noche torna el cielo en la oscuridad sin poder opacar a las estrellas que brillan en su manto tan extenso y denso. El hogar de los Jiro se mantiene tranquilo luego de horas al haber recibido la visita de Akira. En la sala, la televisión de promedia gama y calidad anuncia sobre las noticias delhorario nocturno con un volumen tan alto que, en la cocina donde se encuentra Mika puede oír perfectamente mientrasesta preparando la cena. En el sofá, Izuku y Kyoka ven con cierto aburrimiento en programa mientras están en espera de la comida.

– Esto es bastante aburrido, ¿no lo crees? —mirando a los ojos de su hermano no sanguíneo, Kyoka da un ligero bostezo al observar a Izuku. En señal de su aburrido estado.

– Creo lo mismo, pero debemos hacer caso a mamá. Ella si le gusta ver esto —correspondiendo el contacto visual con su acompañante, su ojos similar al color esmeralda con su mismo brillo, observa a los de su hermana menor.

– Tienes toda la razón, herma... —un sonoro ruido silencian la voz de Kyoka. Proviniendo de la puerta de entrada, aparte del ruidoso golpe que vuelve a surgir al cerrarse la puerta con violencia. Oraciones incoherentes de alguna persona masculina son escuchadas por los niños, estando confundidos por tales cosas.

– ¿Qué fue ese ruido? —saliendo de la cocina al escuchar el ruido que la pone alarmante, Mika observa a sus hijos al principio, consiguiendo la atención de ellos al principio. Hasta que una figura que reconocen al instante da presencia cuando cruza el umbral del corto pasillo de la entrada, sin haberse quitado sus zapatillas en el sitio correspondiente de tal uso.

– Llegue... querida —interrumpiendo sus palabras con una pobre fluidez un repentino hipo, a causa de su estado de ebriedad—. ¿Qué habrá de cenar? —como si su estado no sea un problema o algo inusual de su día a día, mantiene una mano apoyada a la pared mientras intenta avanzar con sus piernas débiles sinpoder soportar su peso.

– Kyotoku... ¿cuántos fueron esta vez? —sabiendo desde antes que su esposo ha estado bebiendo desde la tarde, cuando su hermana estaba en su hogar conversando y en estado de visita para ellos.

– No importa. Te pregunté que qué hay de cenar, ¿qué habrá de cenar? —volviendo a retomar su pregunta, su voz desequilibrada expulsan su irritación al no haber conseguido una repuesta instantánea de Mika.

– Lo que siempre cenamos los domingo —acercándose a Kyotoku para ayudarlo en su equilibrio, agarra uno de sus brazos de un grosor notorio de masa muscular, para reposar en su hombro y así conseguir que él tenga más equilibrio por su ayuda—. ¿No saludaras a los niños?

Sabiendo como es la relación de Kyotoku con su hijo adoptivo, notando como su esposo empezó en una adicción que arriesga su salud, ella aun así, tiene el deseo egoísta que ellos tenga una mejor relación. Despuésde todo, Kyotoku no ha golpeado nunca a su familia, sin importar cuanto le disguste tener a un hijo no sanguíneo.La misma expresión que presentosu rostro al hablar con su hermana sobre el problema habitual de Izuku, revive en este momento, al observar al ebrio Kyotoku. Sonriendo de manera diminuta al hombre que está ayudando, contradiciendo lo que muestra sus cejas arrugadas que se alzan de manera inconsciente, al igual que demás zonas fáciles que se contraen de la tensión.

– Tsk. Sabes cual es mi respuesta, Mika —negando la ayuda de su esposa al querer encargarse él solo en su peso. Intenta encontrar equilibrio por si mismo, pero no lo encuentra al dar cada vez más paso para caerse al sofá, donde Kyoka observa con cierto temor a su padre al verlo de tal manera desgastada, e Izuku ni levanta su mirada para observarlo, solo mantiene sus ojos hacia abajo, pero dando muestra el perfil de su rostro.

– Hola, pequeña princesa —observando a la niña en el respaldo del sofá, Kyotoku intenta sonar lucido en su estado que muestra todo lo contrario.

– B-bien papá —desagradando el aroma fuerte que lastiman su sentido olfativo de infante, siendo tan penetrante y desagradable que retrocede hasta la orilla del extremo del sofá, mientras que con una de sus manos se tapa sus orificios nasales.

Sin estar tan atento de la situación por los malestares que esta sufriendo a causa del alcohol en su sistema, como los mareos que siente, siendo tal malestar uno de las consecuencias de su adicción. Girando su cuello para ver al niño que tiene al lado de él, sin poder verlos a los ojos al estar siendo ignorado por Izuku. Volviendo a posar sus ojos en su hija, su mirada se concentra en su cabello, estando aún desconcertado al tener que ver el corte que se hizo ella hace días.

– Aún no entiendo el porqué de que te hayas cortado el cabello. Antes lo tenías largo como una verdadera princesa. Ahora, te pareces a un chico —sin ser sus intenciones, sin saber que produciría en el interior de su hija tales palabras, sin ser consciente en el sentido que puede ser tomado a causa de su poco razonamiento al estar intoxicado, confiesa su opinión verdadera de su nueva apariencia—. Este mocoso te dijo que lo hagas, ¿no? —sin captar como el rostro de su hija se retuerce en enojo y lágrimas que florecen por las comisuras de sus ojos. Encarando al tímido Izuku, que además de estar incómodo por su actitud, también está intimidado a su presencia.

– ¡Kyotoku, no le digas cosas así! Es tu hijo —reaccionando sin pensar, solo teniendo en mente la discriminación cometida por su esposo delante de ella a Izuku, no considera la reacción predecible de Kyotoku.

– ¡No es mi hijo! Maldita seas, ¡cuantas veces te tengo que decir que este no es mi hijo! —apuntando con una estabilidad baja con su dedo, teniendo temblores en toda su mano. Asustando a los dos niños que les da la espalda para gritarle a las palabras ofensivas de su esposa. Brincando uno de los niños en las cobijas del sillón, siendo el caso de Kyoka al escuchar la intimidante voz de Kyotoku gritar.

Al ver el estado de su esposo, sus brazos comienzan a temblar sin cesar, incluso los temblores llegan a sentirse hasta más haya de sus hombros, donde sus latidos tienen un fuerte arranque de rápidos y consecutivos bombeos de sangre por el temor creciente y la sorpresa repentina. Kyotoku llevándose por el enojo de las palabras dichas por su esposa, mantiene sus ojos irritados fijos a los de ella, los cuales se llenan en líquido ocular en sus ojos, en cambio, los ojos de Kyotoku tienenla parte blanca de los ojos de él, están rojizos por alguna irritación, además que también sus delgadas venas resaltan en su mayoría.

– ¿Papá? —a sus espaldas, la joven Kyoka se atreve a llamar la atención de su padre por instinto a querer evitar de alguna manera poco eficaz que haga alguna acción agresiva a base de su carácter actual.

Dando la vuelta con dificultad en su estabilidad, ya que dio una pisada mal y causó que se tambalee, observa delante de él como su hija tiene un recorrido de varias lagrimas en su rostro. No por el grito de su padre, el motivo de aquellas fueron el comentario anterior que le hizo a ella. Sorprendido la expresión de temor de su hija y el húmedo recorrido de aquellos líquidos producido de su emoción reciente. Su falta de consciencia es disminuida ligeramente, estando ahora más cuerdo sin importar el alcohol digerido.

– Lo siendo, princesa. ¿Vamos a...? —teniendo una propuesta para estar con su hija y sacar las malas ideas que posiblemente estén invadiendo su mente. Kyotoku se queda callado al ser interrumpido por la suave voz de Izuku, siendo igual de tímida que siempre cuando Kyotoku está presente.

– Kyoka, ¿estás bien? ¿Te duele algo, hermanita? —acercándose a la pequeña niña para poner sus dos palmas abiertas en sus hombros tensos y alzados. Siendo evidente su preocupación al semblante temeroso de Kyoka, a causa de su repentina acción para aliviar a su hermana y secar las lágrimas que rondan sus mejillas con su mano.

La acción de Izuku provoca que Kyotoku, en frente de tal espectáculo, se quede callado mientras tiene su mirada fija ysorprendida en el niño peli verde. Sintiendo una oleada de sentimientos sin alguna relación pasada a él. Pero, una de aquellas desconocidas sensaciones, impulsan a hacer una acción nunca antes hecha hacia su familia.

– ¡Mocoso de mierda! —sin previo aviso, llevado a un éxtasis que llena su sangre hasta su corazón de una ira influenciable y de gran densidad, con una mano agarra el costado superior del respaldo para tener equilibrio y no caerse al finalizar su acto, su otra mano se tensa para formar un puño y así, posiciona su brazo detrás de su cabeza.

Kyoka e Izuku, se espantan por el grito de su padre, pero al observar como él se coloca en una posición extraña que resalta el enojo que muestra en su rostro arrugado y tenso. Detrás de Kyotoku, su esposa se tapa sus labios con sus dos manos abiertas, demostrando abiertamente su sorpresa y lo aterrador leparece la acción deKyotoku. Dando un grito agudo y bastante alto, cierra sus ojos cuando presencia como su esposa dobla su espalda mientras su brazo que tiene su mano cerrada se abalanza a su hijo. Sin valor a verlo, se limita a sollozar en su sitio al escuchar los siguientes sonidos en su oscura visión. El ruidoso golpe hacia el suelo, los gruñidos de Kyotoku, el grito de Kyoka estando aterrada y el llanto de Izuku.

– ¡Papá, deja a mi hermano, le haces mal! —escuchando ruidos de pisadas junto a la voz quebrada de Kyoka y sollozos que interrumpen su habla. Mika sigue con sus parpados cerrados y sus palmas en su boca, tapando su llanto sin éxito en su totalidad, sintiendo como sus dedos empiezan a mojarse por las lágrimas de ella.

– ¡Que no es tu hermano, maldita seas! —sin querer oír o creer lo que los ruidos le indican, Mika abre sus ojos luego de escuchar algo caer al suelo junto a la queja ahogada de su hija. Como creyó, su esposo por primera vez, ha levantado su mano para dañar físicamente a sus dos hijos. Y ella, sin poder hacer nada, sus piernas se debilitan de la impresión e impotencia, continuando su llanto en el suelo. Observando a el cuerpo acurrucado en el suelo mientras llora de Kyoka, siendo lo único que puede escuchar de Izuku son su llanto, mantiene sus ojos en su hija. Kyotoku que también presencia la escena por unos segundos, desaparece de ella cuando se va al comedor con su tambaleó y algunos murmullos.

Esa noche, en el presente, esta en la mente de Kyoka, Izuku y Mika como un suceso que abrió a demás puertas de sufrimiento domiciliario por Kyotoku. Siendo las acciones, que evolucionaron para cambiar la anterior imagen sin tantas manchas de Kyotoku, a un abusador familiar con adicciones más arriesgadas que el alcohol.

— —

Las leves brisas que mueven las hojas de los arboles que están rodeando un edificio de gran magnitud, corresponden a los toques delicados del viento al zarandear con movimientos a la misma dirección de la fuerza del aire. Las brisas llegan hasta dos jóvenes que descansar en el tejado de la academia U.A, almorzando en el silencio de un día escolar, siendo el segundo día de la semana, después de un escándalo que es de hablar en el presente, un escándalo relacionado a la cafetería.

– Es bastante tranquilo estar aquí —comentando para hablar con su mejor amiga y acompañarte de almuerzo, Yaoyorozu mantiene su mirada al paraíso que tiene en frente de ella, pero esta obstruido por las rejas que rodea la orilla del edificio. Sonriendo al sentir la brisa en su cabellera, sintiendo como sus cabellos se mueven pero sin desordenarse tanto—. Tenemos que comer en el tejado más a menudo —mirando al costado suyo, donde Kyoka está y evita mirar a su amiga, teniendo un semblante angustiante. Teniendo sus piernas alzadas hasta su mentón, su falda deja revelar su interior unos instantes, hasta que ella pone sus pantorrillas juntas delante de su entrepierna.

– Vendré siempre aquí. No volveré nunca a la cafetería —evitando los ojos de Momo al observar fijamente los edificios a las afueras de la academia.

– ¿Tanto te esta afectado esto? —alejando el recipiente con comida en su interior al costado suyo, estando ahora en la orilla de la banca. Acercándose más a su amiga, arrastrando su falda hacia la localización de Kyoka, disminuyendo su distancia. Haciendo la misma posición de la peli púrpura, teniendo menor cercanía de sus rodillas ella por susvoluminosos pechos.

– ¿Cómo crees, Yaomomo? Ahora soy el centro de atención y la persona que están hablando todos —dejando salir un suspiro al sentir hartazgo con solo haber estado unos minutos en la cafetería, teniendo las miradas de todos los estudiantes de todos los años en su presencia. Incluso los susurros de algunas personas que tenían en su cercanía puso escuchar. Todos aquellos que puso oír eran comentarios de ella y su hermano—. Son unos estúpidos al creer que estamos saliendo, es mi hermano. Eso es algo inmoral.

– ¿Eso es lo único que te molesta? —sin cambiar su posición o desviando su mirada al rostro parcialmente tapado por las rodillas de Kyoka. La joven Jiro se confunde a tal pregunta, girando su cabeza para mirar a los ojos de su mejor amiga.

– ¿Qué? ¿Qué quieres decir?

– Sé que estás molesta por algo más, y que se relaciona firmemente con tu hermano. Y no, no es sobre el beso —callando la voz de Kyoka al ver como ella abre su boca para interrumpir sus palabras. Al saber cómo iba a ir todo, Kyoka capta lo que su amiga quiere llegar. Lo que provoca su intento de explicar todo adelantando—. En toda las primeras horas estuviste viendo bastante a tu hermano. No creo que sea por el beso, tuvieron ayer las circunstancias perfectas para hablar sobre eso. Después de todo, vienen en la misma casa, comparten las horas de las comidas. Además, como me dijiste antes, tú y él son bastantes unidos y no lesgustan que estén los dos incómodos.

Dejando a Kyoka con su boca abierta, estando al principio de su acción con la voluntad de contestar al argumento de la única hija de la familia Yaoyorozu, pierde tal convicción al sentir que si confiesa como esta la relación con su hermano, sufrirá un momento de vergüenza.

– ¿Qué es lo otro que te está molestando? —la seriedad de Yaoyorozu se presenta en su semblante levemente, sin deshacer por completo su toque suave. Kyoka vuelve a observar delante de ella hacia el paisaje pero ahora, con una inclinación hacia el lado puesto donde tenía su mirada en el rostro de Momo. Diciendo unas maldiciones en murmullos, sin tener el volumen necesario para ser entendible. Suspirando para luego mirar a los ojos de Momo, el rostro de Kyoka se torna rojo por la vergüenza de sus siguientes palabras.

– En realidad... —contando todo a Yaoyorozu, sobre la situación con su hermano y que no hancharlado sobre el beso ayer ni hoy a la mañana. También revela con escasez de información sobre la situación de la pelea familiar que tuvieron ayer, siendo en mayoría la culpa de ella, ya que la otra parte fue a causa de Izuku y su madre al ocultar a ella.

Estando en silencio las dos, observando el paisaje sin decir nada, siguiendo con la misma posición de tener sus piernas flexionadas mientras que sus pies piensan la orilla de la banca. A sus lados sus recipientes con sus almuerzos en su interior, están fríos y con varios restos de su almuerzo a medio terminar.

– ¿Y... que opinas? —estando avergonzada por todo lo dicho, estando sonrojada de su lástima hacia si misma por haber hecho nada para dejar tal incomodidad que tienen ella y su hermano a causa del beso. Baja su barbilla para ocultar la mitad de su rostro en sus rodillas.

– Bueno... —repentinamente un sonoro ruido escandaloso y de volumen fuerte, callan la voz de Momo. Exaltando a las dos chicas, poniéndolas alertas por unos segundos hasta identificar que es el timbre de la conclusión de su tiempo para almorzar—. Además que debemos volver a nuestro salón, tienes que hablar con tu hermano para solucionar todo. No creo que tu hermano le guste a

estar así contigo, después de todo, son bastante cercanos y tienen muchos años juntos como familia. Soluciona todo, antes que haya algún obstáculo en su camino que torne peor su relación. Por ejemplo, Mina puede volver aún más incómodo todo. Ya que ella hizo que Jiro te déel beso sin algún permiso de él.

Terminandode hablar, se levanta de su asiento y acomoda su falda al pisar el suelo con sus pies. Agarrando su almuerzo, observa por unos instantes las porciones que quedan frías en el recipiente.

«Comí bastante poco»

Maldiciendo por tal corto tiempo de su receso, agarra su lonchera de madera con diseño ambiguo junto a los palillos de madera, para luego observar a los ojos de Kyoka que no corresponde tal acto. La joven Jiro también tiene en manos su recipiente, estando encima de su regazo al estar sentada con normalidad en la banca, sus ojos se mantiene en el suelo por unos segundos.

– Tienes razón, tengo que buscar la oportunidad para hablar con él.

«Espero que no se arrepienta» sabiendo como es la actitud de su amiga, Momo espera que al llegar tal oportunidad, Kyoka no adopte una actitud cobarde ante Izuku—. Entonces, si ya terminamos, vayamos a la aula. El profesor Aizawa ha estado bastante hostil hoy.