Capítulo 9

— ¿Cuánto tiempo tienen de no saber nada de Sakura? —Preguntó usando el dron que volaba sobre él.

—Han pasado casi 3 meses desde el último contacto, nos dijo que había encontrado un templo en el monte del Gran Buda, cerca de Nokogiri, al parecer un lugar hecho para la meditación y fue lo último que supimos de ella —contestó Akira— De la captura ¿cuántas cartas faltan?

—Seis cartas, cuatro de ellas no son de ataque: The Float, The Glow, The Sweet y The Bubbles. Las otras dos están juntas, siempre se acompañan…

—The Dark y The Light —completó Akira.

—Así es —Confirmó el ambarino— Les mantendré informados, ahora, si me permites, quisiera hablar con Meiling.

—Claro— dijo mientras se levantaba y daba paso a la pelinegra.

La joven espero a que Akira saliera de la habitación para comenzar a hablar.

—Hola —dijo la pelinegra, con un tono de tristeza en su voz— ¿Has pensado en algo? El consejo me contactó, quieren comenzar a ver los preparativos de la boda, están seguros de que no hay otra opción. Yo no puedo casarme XiaoLang, de verdad que no puedo, te quiero mucho y lo sabes, pero yo…

—Lo sé, no te preocupes. Tú no debes preocuparte, yo me encargo.

— ¿Pero cómo? —cuestionó con cara de consternación.

—Aún no lo sé, pero algo se me debe ocurrir, ya verás. Te pido que estés tranquila y disfrutes lo que sea que esté pasando con el ogro de Kinomoto —dijo con un tono de burla en su voz y una sonrisa socarrona— La chica de ojos color rubí se sonrojó como nunca y terminó la llamada mientras vociferaba cosas en chino.

Shaoran se retiró los audífonos negros sonriendo, pero pronto volvió el problema del consejo a su mente, alborotó su cabello en señal de frustración, debía pensar en algo para evitar el matrimonio y tener más tiempo con Sakura, no podía pedirle que se casarán de manera inmediata, ni siquiera habían formalizado.

Caminó hacia el campamento, observó a Kerberos dormido cerca de la fogata, ahora en toda su majestuosidad, ya que tenía las cartas suficientes para que el guardián pudiera tomar su forma real.

Antes de dormir, dedicó un último pensamiento a su amada ojiverde, esperaba verla pronto.

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Al abrir sus ojos no podía ver nada, poco a poco su sentido fue acostumbrándose a la obscuridad y comenzó a ver el mismo pasillo de sus últimas visiones con una puerta al final. Caminó hacia ella, de pronto se abrió lo que parecía ser una puerta, mostrando una luz que iluminó todo el pasaje, permitiéndole ver varias ventanas en las paredes, con diferentes momentos de su vida pasada, cuando recolectaba las cartas. No podía oír nada y en algunas no veía a todos los involucrados, sus caras estaban distorsionadas. Como la de un paseo en la feria, donde Tomoyo, Shaoran y ella estaban acompañados por alguien más, casi tan alto como su hermano, no sabía quién era, pero verle le causaba un enorme pesar en su corazón.

Dejó de observar la ventana, esta vez no se iba a distraer, debía llegar a la luz, tal vez así comprendería ¿por qué se sentía devastada cada que pensaba en el juicio final? ¿Por qué en ocasiones quería pasar más tiempo con Tomoyo pero algo le impedía profundizar la relación? o ¿por qué tenía la sensación de haber perdido algo aún más importante que las cartas?

Comenzó a caminar más rápido, pero de nuevo, cuando iba a alcanzar la luz, la puerta se cerró de golpe y ella fue arrojada por un viento hacia la obscuridad, la cual comenzó a consumirla. Abrió los ojos, respiraba con dificultad y sudaba un poco. Aún permanecía en posición de loto, tal cual como cuando comenzó a meditar, observó las primeras luces del sol y sintió su calor.

Por la mañana había despertado temprano para comenzar a entrenar, después se sentó al pie del Gran Buda a meditar, tal cual como el monje le había enseñado. Ya habían pasado casi 3 meses desde que llegó al templo, mismos que tenía entrenando y gracias a los cuales ahora dominaba todos los elementos, pero aún no disipaba la obscuridad en su interior, aún se sentía enojada consigo misma y con la sensación de pérdida a flor de piel.

— ¿Cómo te fue con la meditación? —Preguntó el asistente del monje, un joven muy amable, le transmitía tanta paz y su aura era hermosa, cálida. — Espero no haberte perturbado, te vi terminando de meditar y me atreví a acercarme.

—No te preocupes Yukito ¡estoy bien! —Sonrió.

— ¿Qué te parece si volvemos al templo? ¡Muero de hambre!— dijo tratando de animarla.

Sakura sonrío y asintió. Ambos caminaron juntos de regreso. Al llegar unas pequeñas hadas la recibieron, aún no entendía como había pasado, pero la noche anterior The Float, The Glow, The Sweet y The Bubbles llegaron al templo y armaron un alboroto, afortunadamente el monje había salido de viaje al templo de Kioto. Al no tener el báculo le fue imposible sellarlas, pero pudo calmarlas jugando con ellas.

— ¡Hola pequeñas! ¿Cómo se portaron? Espero no hayan hecho travesuras de nuevo— dijo mientras les sonreía.

Todas bailaron a su alrededor mientras la guiaban al comedor, donde The Sweet había preparado un festín que flotaba, gracias a The Float, además el cuarto estaba lleno de pequeñas burbujas con destellos, cortesía de The Glow y The Bubbles.

—Completamente mágico— dijo Yukito que las había seguido hasta el salón— ¿Cómo dices que se llaman?

—Cartas Clow, aunque aún no son selladas, por eso pueden andar libres como las ves.

—Entiendo, pues mientras estén con nosotros, parece que no pasaremos hambre— comentó el peliblanco.

Ella sonrío mientras lo observaba comer a gran velocidad, el joven sacerdote sólo pensaba en comida.

—Ya avisé a Tokio que las cartas se encuentran aquí, así que mejor aprovechemos la comida antes de que sean selladas— Tomó asiento para comenzar a comer junto con Yukito, aunque no pudo evitar sentir muchos nervios, habían pasado casi 3 meses sin ver a Shaoran y la última vez hablaron de sus sentimientos, no sabía qué iba a pasar.

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Desde que Kerberos podía estar en su forma original, desplazarse por los aires era mucho más sencillo y rápido. Le sorprendió recibir la llamada tan temprano de Akira informando que Sakura había capturado cuatro de las seis cartas que faltaban, aún no entendía cómo, aunque con ella, todo era posible, pensó mientras sonreía.

—Te ves feliz— dijo el guardián.

— ¡Claro que estoy feliz! Ya casi terminamos con la captura— dijo mientras observaba el horizonte

—Pues a mí me parece que hay otra cosa que te hace feliz.

—Tal vez —Sonrío de medio lado— mejor apresurémonos ya no falta tanto para llegar.

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— ¿Estás segura que vas a irte?— preguntó el joven aprendiz mientras observaba a Sakura guardar todas sus cosas dentro de su mochila.

— Completamente, mi tiempo aquí ha terminado, el monje Satoshi fue un gran guía espiritual y mágico, estoy muy agradecida con él y trataré de verle en Kioto para agradecerle. Sin embargo, ahora necesito terminar con la misión que comencé, no sé cuánto le falte a Shaoran, pero me he dado cuenta que huir o alejarme no cambia las cosas.

En ese momento sintió el aura de Shaoran y contrario a los nervios que la habían invadido toda la mañana se llenó de una inmensa alegría, dejó lo que estaba haciendo y salió corriendo a su encuentro.

—Ya casi llegamos Kerberos, el templo debe estar detrás de aquellos árboles— Señaló el castaño.

Y efectivamente, ahí estaba el templo, todo miedo o nervio se disipó cuando la vio salir a su encuentro, parecía buscarlo. Comenzaron a descender y cuando se bajó del guardián vio correr a Sakura hacia él, se veía mucho más hermosa, esa sonrisa que le obsequiaba era única y su voz gritando su nombre, con tanta emoción, no pudo hacer otra cosa que recibirla cuando brinco a sus brazos, la estrechó como nunca antes lo había hecho. Ella le decía que lo había extrañado y su pecho se hincho de felicidad.

—Yo también Sakura, te extrañé mucho —decía mientras la separaba un poco de él para ver su cara, esas esmeraldas que tanto había extrañado, llenas de emoción. Se atrevió a posar sus manos en sus mejillas para acariciarlas, en ese momento sólo eran ellos, nadie más.

Tan absortos estaban que no se percataron de todos los que les miraban, sonriendo con complicidad. Las primeras en acercarse fueron The Bubbles y The Glow que los envolvieron en una lluvia repleta de destellos y burbujas. Salieron de su trance y sin soltarse observaron a su alrededor, hasta que se toparon con 2 ojos color miel que los miraban con una sonrisa, lo que hizo que se separaran rápidamente mientras el color rojo de su cara delataba el nerviosismo que tenían.

—Bienvenidos, soy Yukito, aprendiz de monje del templo del Gran Buda —dijo mientras hacia una reverencia.

Shaoran se sintió un tanto nervioso con la presencia del monje, más allá de la vergüenza, no sabía describir qué era exactamente lo que le provocaba, por lo que respondió el saludo un poco abrumado por ese sentimiento.

—Li, XiaoLang, mucho gusto. Gracias por cuidar de Sakura. Él es Kerberos, guardián de las cartas Clow. —dijo señalando a la bestia, quien sólo asintió a manera de saludo, no dijo nada y se quedó observando al monje, como si lo estudiara.

—Pasen por favor, ya casi es hora de la merienda, deberían comer algo antes de irse —dijo mientras caminaba al interior del recinto— Además, puedo ver que su guardián está muy entusiasmado con la idea—. Sonrió a Kerberos a quien todo rastro de misterio le había abandonado para dar paso a una sonrisa y estrellas en los ojos.

— ¡Anda Shaoran! Yukito cocina delicioso y sería bueno que nos pusiéramos al corriente con lo que hemos pasado estos meses sin vernos ¿no crees?

Era imposible decirle que no a esos ojos hermosos que lo observaban con tanta alegría — Claro, suena bien —Correspondió con una sonrisa mientras se atrevía a tomar su mano para entrar al templo.

Ella se sonrojó hasta las orejas, pero no la retiró, al contrario, le tomó con determinación y su corazón se estremeció cuando le sintió acariciar su mano con su dedo pulgar.

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Después de comer y llenarse de postres hechos por la carta, Shaoran selló a las 4 hadas que habían acompañado a Sakura estos 2 días. El tiempo había volado platicando de todo lo que les había pasado y cuando las cosas se pusieron un poco más serías tanto Yukito como el guardián salieron del comedor para dejarles solos.

—Sakura, sé que estás enterada de que debo comprometerme en un mes para poder ser el líder de mi clan, pero quiero que sepas que estoy viendo la forma de tener más tiempo para cumplir con este requisito. Yo quiero mucho a Meiling, pero como mi prima, como una hermana. Y ella está interesada…pues en alguien más —sonrió al recordar de quien se trataba— Sera mejor que ella te diga quién es esa persona. Pero bueno, lo que estoy tratando de decirte, es que…—bajó un poco la cabeza, buscando las palabras correctas y pudo ver que ella jugaba con sus manos, así que las tomó de nuevo, debía ser valiente, ya no era un niño— Me gustaría que estuviéramos juntos, que me permitieras hacerte feliz porque esto que siento por ti, jamás lo había experimentado y sé, que mi futuro está a tu lado.

Sakura, le observó. Su rostro pasó del nervio, a la emoción para terminar con sorpresa. Afianzó el agarre y respondió —Yo…no tuve el valor de decirte lo que sentía de frente, tenía miedo, miedo de perderte como amigo, miedo de verte lejos de mí, pero sobre todo… —suspiro, su voz se estaba quebrando — Temía muchísimo tener que ser testigo de tu boda con alguien más, de aceptar lo que sentía para después perderte para siempre.

De pronto todo se puso negro como la obscuridad que había estado viendo cuando meditaba, pero ahora no estaba sola, Shaoran estaba con ella y mientras ella comenzaba a ser tragada por la penumbra, él se aferraba a no perderla, diciéndole que no debía temer, que él estaría con ella, que seguirían siendo un equipo y que lucharían contra lo que fuera para estar juntos, que él sería su luz dentro de la obscuridad.

Y así, ambas cartas aparecieron frente a ellos:

—Ambos han comprendido, la importancia de tenerse el uno al otro, del cómo se complementan, en esta ocasión tú Shaoran le has dado luz a Sakura, salvándola de la obscuridad que la aquejaba. —dijo The Light

—Los papeles podrán cambiar con el tiempo, lo importante es recordar que juntos, todo lo pueden lograr—. Completo The Dark.

Shaoran y Sakura agradecieron a las dos cartas, pero antes de que el castaño las volvieran cartas, éstas agregaron:

—Cuando nos sellen, Yue aparecerá y con él recuperaran lo que habían perdido— comentó la mujer de cabello negro.

—No olviden todo lo que han vivido, sus sentimientos y las pruebas que tuvieron que pasar, necesitarán aferrarse a lo que tienen para no perder en esta ocasión. —completó la carta de la luz.

—Gracias, dijeron ambos castaños.

Li conjuró su báculo, mientras que sakura se preparaba para la batalla final. Al terminar de sellar las cartas, dentro del templo, una luz cegadora se hizo presente, Kerberos salió volando por una de las ventanas en su pequeña forma y completó su transformación cuando se posó al lado de su dueño.

Yukito salió flotando del recinto, mientras unas alas plateadas le envolvían, para después dejar ver a Yue. Éste les observó y en ese momento, todo regresó de golpe, recordaron que al perder, no sólo desataron desgracias en Japón, sino que todos los que estuvieron con ellos como aliados o amigos, había perdido su sentimiento más importante.

Sakura y Shaoran, ahora comprendían mejor que antes, lo que era querer y amar a alguien, estaban seguros que juntos ganarían esta batalla.