Epílogo

Rarity aterrizó frente al castillo junto a Sinestro, reuniéndose junto a sus amigos, Lanterns incluidos. Sonrió un poco al ver a Kilowog hablando animadamente con Dash. Nada más llegar, Applejack se abalanzó sobre ella en un abrazo, antes de separarse y sonreír.

- Sabía que lo lograrías.

- No le des muchos ánimos, si no fuera por nosotros, estaría muerta- dijo Ch'p acercándose.

- ¿Quién fue el que fue atrapado por una planta carnívora gigante?- contestó Rarity con una ceja alzada.

- ¡Fue una sola vez y prometimos no volver a mencionarlo!

- Lo que tu digas- dijo la unicornio mientras rodaja los ojos y miraba al resto.- Gracias por venir, os debo una.

- No hay de que, Rarity- dijo Tomar-Re sonriendo.- Es nuestro deber.

Rarity sonrió a Tomar-Re antes de girarse hacia Sinestro, que la observo detenidamente antes de acercarse.

- Debo admitir, que al principio pensé que no merecías ese anillo. ¿Una especie apenas en desarrollo con el arma más poderosa del universo? Pero... Me equivoque. Eres la digna sucesora de Abin Sur, y me enorgullece haber sido tu instructor.

- Gracias, señor.

- No obstante, debemos volver con los Guardianes, querrán hablar contigo.

- Cierto- Rarity suspiro y empezó a elevarse junto a los otros, despidiéndose de sus amigas, antes de recordar algo.- Pero quizás tú quieras quedarte un poco.

- ¿Por qué?

- Twilight- la aludida miró con una ceja alzada a su amiga, quien le dio una pequeña sonrisa.- Avisa a la princesa Celestia que un gran amigo del piloto caído quiere presentar sus respetos.


Sinestro salió del tren ecuestre, saliendo en la estación de Canterlot, y siendo guiado por Twilight junto a varios guardias. Muchos ponis no se habrían fijado en el, de no ser por el traje y los dedos de sus cascos. Avanzaron sin detenerse hasta el castillo, deteniéndose ante las grandes puertas de madera, frente a la que estaba la princesa del sol y varios guardias. El semental rojo no era ajeno a la realeza, por lo que se inclino rápidamente al ver a la que supuso era la regente de ese reino.

- Por favor, puedes levantarte. Después de haber ayudado a salvar mi mundo, creo que eso no es necesario- dijo con una sonrisa, sorprendiendo a Sinestro, definitivamente, está era una realeza muy distinta.- Es un placer conocer a otro miembro de estos... Green Lanterns. ¿Esto significa que tendremos contacto con otros mundos?

- Me temo que no, esta no es la primera vez que pasa algo similar. Tendrá que esperar como todos a que el consejo los considere listos.

- Bueno, se esperar- dijo Celestia con diversión, empezando a guiar el camino.

La procesión llegó paso a los jardines y, después de unos minutos, llegó al cementerio real. Pasaron varias tumbas, todas con estatuas de los que allí descansaban, pero se dirigieron sin demora a un santuario en concreto. Abriendo las puertas, Celestia indicó a su acompañante que entrara, y no pudiendo aguantar más el suspense, ingreso en la sala, quedando paralizado. Ahí, en perfecto estado, estaba el cuerpo de su mejor amigo, y salvo la herida que le dio muerte, estaba como si solo estuviera durmiendo. Pasó uno de sus cascos sobre la superficie, incrédulo, mientras miraba a las dos princesas.

- ¿Cómo?

- Lo hayamos en el bosque Everfree, decidí mantenerlo aquí por si alguien volvía a por el- dijo Celestia con amabilidad.- ¿Quieres llevarlo? Podría preparar varios hechizos para...

- No, en su cultura, cuando se le enterraba definitivamente, su cuerpo no debe ser removido. Me mataría si tratara de llevármelo- Sinestro dio una leve risa al recordar a su amigo.

- En ese caso, déjame hacer unos retoques.

El cuerno de Celestia se iluminó, y sobre la piedra que mantenía el ataúd, apareció un grabado.

"Aquí yace Abin Sur, protector de este sector y un gran Green Lantern, descansa en paz".

Bajo la inscripción, se dibujo la insignia de los Lanterns, y Sinestro se permitió soltar algunas lágrimas.


- Ponte en pie, Rarity Belle- dijo uno de los Guardianes.

La unicornio hizo caso a su superior y lo observo impasible. Había sido escoltada hasta allí por varios Lanterns, y era algo que esperaba. Lo que no se esperaba, era ver a Salakk junto al gigantesco Libro de Oa.

- Desobedecieste una orden directa- dijo otro.

- Conseguiste que 5 de tus compañeros te siguieran- habló uno más.

- Y, sin embargo- termino otro.- Venciste a Parallax y demostraste que... nos equivocamos. Tus acciones, probablemente nos salvaron, y, por ello, te damos las gracias.

Todos los Guardianes se inclinaron ante Rarity, quien se sintio un poco abrumada, y más cuando el resto de los Lanterns en la sala hicieron lo mismo. Uno de los Guardianes se separó de su asiento y levito hasta el libro, abriéndolo en una página en blanco.

- Hoy será un día que todos deberán recordar.

En la página, salió la imagen de Rarity, flotando en el espacio junto a Sinestro, observando a Parallax ardiendo en el sol. En la sala y más allá se escucharon cientos de gritos de júbilo, y la unicornio supo lo que sentio Twilight cuando se volvió una princesa. Aún así, sonrió a todo aquel que la felicitaba, pues era un día feliz, después de todo.


- Entonces... ¿Te divertiste?- pregunto Applejack a su novia con duda.

- Cariño, podrías haberme llevado a ver la peor película del universo, y me hubiera divertido igualmente- dijo Rarity divertida.

Había pasado una semana desde Parallax, y la vida había vuelto a la normalidad rápidamente. Esa noche volvía a casa después de una cita en el cine con Applejack, y no podría estar más feliz. Se detuvieron en la puerta y se miraron un tiempo.

- Te invitaría a entrar, pero Sweetie Belle esta en casa, y como quiero hacerte gritar en nuestra primera vez...

- ¡Rarity!- dijo Applejack con el rostro rojo y mirando alrededor, antes de suspirar y sonreír a su novia.- Eres incorregible.

- Y me amas por ello.

Ambas se fundieron en un beso antes de separarse, entrando Rarity en su casa con un suspiro feliz. Gimiendo un poco al ver la cocina destrozada por la cena de Sweetie Belle, "¿cómo diablos ha ensuciado tanto? ¡Sólo tenía que meter la comida en el microondas!", subió al piso de arriba. Viendo que la luz de la habitación de su hermana seguía encendida, se asomo para verla dibujar sobre una cartulina blanca en su escritorio, aunque desde esa perspectiva, no podía ver el dibujo.

- He vuelto. Una vez más, siento haberte dejado sola, cariño.

- No pasa nasa Rarity, estuve dibujando un póster- dijo Sweetie por encima de su hombro.- ¡Y acabó de terminar!

- ¿Otro sobre Batponi?- dijo la yegua entrando y mirando los dibujos del murciélago por toda la sala.

- Nop, Batponi es genial, pero he encontrado a un héroe igual de genial que el.

Antes de poder preguntar cual, la niña se giro y le mostró sonriente el nuevo póster. En el salía Rarity, vestida con su uniforme de Green Lantern y con tres gemas verdes sobre ella.

- ¿Qué te parece? También me gustaría tener tu símbolo para ponerlo debajo del de Batponi en mi puerta, y algunas sábanas y... ¿No te gusta?- dijo Sweetie preocupada.

Rarity se había quedado en blanco observando en dibujo, incapaz de saber que decir. Pronto, unas lágrimas surgieron a su rostro y se lanzó a abrazar a su hermana, quien acepto el abrazo aliviada. Después de un tiempo, la unicornio se separó y observo a Sweetie Belle con una sonrisa radiante.

- Si te has vuelto una fan, ¿qué te parece tener una copia a escala real de mi linterna?

- ¿Linterna?

- ¿Cómo crees que recargo esta cosa?- dijo señalando el anillo en su cuerno.- Si quieres, puedes ver como lo recargo.

Completamente encantada, Sweetie Belle salió corriendo a la habitación de su hermana, seguida de Rarity, quien no cabía en sí de la alegría. "Ser una Lantern esta bien, pero ser admirada por ella, es mejor aún".


El cementerio Real estaba silencioso esa tarde, muy pocos iban allí, a excepción de las dos princesas. Ese día, sin embargo, alguien caminaba por sus caminos, ignorando varias tumbas y estatuas. La poni, una yegua terrestre, se detuvo junto a una lápida de piedra en la que se podía leer "Capitán Trevor... Líder del escuadrón vigésimo quinto del ejército Ecuestre...". Muchas de las palabras ahí escritas ya eran ilegibles, pero a la yegua no le importó, disponiéndose a dejar un ramo de flores y sentarse frente a la misma.

- Hola Trevor- dijo con una pequeña sonrisa.- Siento no haber venido a visitarte, pero he estado ocupada en Temyscira, ya sabes. Hubiera dado todo para estar contigo en tus últimos días pero... tenía que volver, pero me alegro que lo comprendieras.

La yegua soltó un pequeño suspiro y dirigió su vista al sol poniente, viéndolo ocultarse poco a poco. Cuando la luna tomo su lugar, y el cielo se iluminó con estrellas, volvió a prestar su atención a la lápida.

- Pero ya ves, aquí estoy, y te prometo, que esta vez vendré a visitarte más a menudo. Después de todo, madre me ha nombrado su emisaria, después de volver a ganarme el puesto claro- dijo con una pequeña risita, que se interrumpió al ver un foco de luz salir desde el castillo e iluminar la noche con el símbolo de un murciélago, como una advertencia silenciosa.- Dado lo que han estado experimentado los mortales, ha pensado que ya están listos para reabrir la comunicación, poco a poco... y yo soy el primer paso.

Su mirada abandono el cielo y se centro en la tumba, levantándose y plantando un pequeño beso sobre el nombre del semental.

- Tengo que irme, hay ponis que estoy deseando ver. Y no te preocupes, volveré antes de que te des cuenta.

Con eso, la yegua se dio la vuelta con una pequeña sonrisa, marchándose de allí, deseando ver a aquellos que tanto deseaba conocer.