felinettenovember en tumblr
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DIA 12
REUNION
(o Reunión)
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Muy pronto se casarán.
Continua al día 11: Bailes de salón.
La negra noche sin estrellas fue interrumpida por un óvalo de luz incandescente que apareció muy cerca de la terraza de Marinette. Si Ladybug lo hubiera visto habría descubierto que era un portal del tiempo creado por el prodigio del conejo. Y por él, atravesándolo, salió un hombre vestido con una larga gabardina negra, que le llegaba hasta los pies, llevaba botas militares con cordones, y guantes negros de piel. Debajo del cuello de la gabardina, asomaba una capucha también negra que le ocultaba la mayor parte del rostro, la mirada incluida. De ese hombre sólo se podía observar escasamente la barbilla, un poco de sus labios y se podía intuir la ausencia de barba. No se le veían los ojos ni la nariz. Un aire tétrico y con sabor a muerte, le perseguían. Apenas terminó de traspasar el portal, elevó un poco la mirada sujetándose la capucha, y observó todo a su alrededor.
- Sí, es París.- confirmó al darse cuenta que en el horizonte se encontraba la torre Eiffel.
De un salto, cayó del tejado donde había aparecido hacia el asfalto de la calle. Eran cinco plantas de altura, pero él cayó ligero como una pluma sin hacerse daño. Localizó el nombre de la calle, y tratando de orientarse, echó a andar.
No le tomó mucho tiempo encontrar lo que buscaba. La panadería de los Dupain-Cheng quedaba en el distrito XVIII, muy cerca del cementerio de Montmartre. El hombre lo cruzó pasando por las lápidas, los jardines y abrió las rejas con un simple golpe de mano. Al salir, mientras recorría las calles, recordó todas las veces que lo había hecho antes, hace mucho tiempo. Era muy tarde, de madrugada y no había absolutamente nadie por ahí. Por supuesto que no tenía miedo de las personas, pero no quería llamar la atención.
Alzó un poco la cabeza cuando llego a su destino. La panadería estaba cerrada, pero conociendo a los dueños, pronto estarían despiertos para encender los hornos. Debía darse prisa, entonces. De otro salto, logró subir una planta, luego ayudándose de brazos y piernas fue avanzando hacia arriba, hacia la ventana de la habitación de Marinette. Y ahí, durmiendo a pierna suelta, se encontraba su objetivo, su razón de vivir. Se preguntaba cuál era la mejor forma de despertarla. Decidió que luego pensaría en eso, así que colgado de la ventana, la forzó suavemente, con la fuerza justa para no despertar a nadie. Lo intentó dos veces, y a la tercera, lo consiguió. Era la ventana al lado de su escritorio y que colindaba con la escalera hacia el desván, que era donde dormía.
De esta manera, el hombre, que conocía ese lugar, con un movimiento ágil saltó desde el tejado hacia el interior, cayendo sobre la escalera, generando ruido.
- ¿Quién está ahí?- habló una voz, su voz.
La recordaba tal cual era, dulce, suave, serena, con un tono melodioso y arrullador. Marinette. Ladybug. Voz de heroína y cuerpo de mujer. Trató de serenarse, de no dejarse llevar. Pero su corazón empezó a latir sin orden y el aire empezó a faltarle. No, no, ahora no. Concéntrate, concéntrate.
Respiro lento tres veces antes de responder:
- Busco a Ladybug, a la Guardiana de los prodigios, busco a Marinette Dupain-Cheng.-
Un fuerte golpe se escuchó cerca suyo, entendió en un parpadeo que Marinette había caído desde lo alto del desván hasta el suelo de su habitación.
- ¡Que demonios!- la escuchó decir.
- Ladybug... Marinette, no hagáis ruido, he venido a hablar contigo.-
Nadie se movió, Marinette no se incorporó.
- Y tú, ¿Quién eres?- su voz había cambiado, ahora era severa, dura, sin tono. La conocía como la palma de su mano, así que supo que estaba enfadada y preocupada. Intentó calmarla.
- Soy el Guardián de un tiempo futuro, Ladybug. He venido a despedirme y a instarte, si es que puedo, a que no repitas los mismos errores que desataron el fin del mundo.-
El hombre se quedó callado, esperando preguntas de la Guardiana. Háblame otra vez, Marinette, quiero escuchar tu voz.
- ¿Guardián?... ¿Serás el que me suceda? - El hombre asintió, Marinette se puso de pie y encendió una pequeña lámpara que tenía en los soportales del desván.
- ¿Serás el que me suceda? – repitió ella. Marinette vio cerca a la escalera, a un hombre alto, fornido, con botas militares, guantes y gabardina negra reluciente, aparentaba ser de piel; además de todo eso, tenía puesta una capucha negra, pero no podía verle el rostro, sólo el mentón. Nuevamente, el hombre asintió sin decir nada.
- ¿Por qué estás aquí? ¿Qué me debes decir? – le preguntó al hombre.
- Te casarás dentro de poco, Guardiana, no debes hacerlo. Siguiendo mis cálculos y analizando cada futuro en el que intentas no fallar, te puedo decir, que es necesario y obligatorio, no casarse, no con él, quizá con otro, pero no con él.-
Marinette desvió su mirada hacia una esquina de la habitación, donde se encontraba su maniquí y sobre él, su vestido de novia, ya terminado, cubierto con una delicada tela de seda negra.
- ¿Quién eres? ¡Dime tu nombre!- siseó furiosa y aturdida por la información.
- Soy el Guardián de un tiempo futuro, el que te sucederá, Ladybug. Y el que te verá morir.-
La angustia se apoderaba de Marinette ¿Quién es este hombre? ¿es cierto todo lo que dice? Su boda se realizaría en un mes y medio, y en dos días esperaba que Félix regresara de Londres para repartir las invitaciones. No esperaban muchos invitados, quizá sólo acudiría la familia. A ellos dos, no les importaba. De hecho, había sido ella quién presionó para casarse lo más pronto posible, ajustando plazos, apurando preparativos. Las prisas del amor.
- Enséñame tu rostro, Guardián. Quiero verte, quiero saber …quién viene a mi habitación, de madrugada, un día cualquiera, a amenazarme y a decirme que no me case, justo cuando estoy a punto de hacerlo. -
El hombre detectó la ira contenida en sus palabras, su falta de fe, su agnosticismo, su incredulidad hacia su profecía. No sabía cómo podría convencerla, tenía el presentimiento que la parte fácil había pasado y que, ahora, hacerla comprender sería imposible, definitivamente y muy a su pesar, tendría que ejecutar la parte oscura de su plan.
- Marinette, yo…no te cases por favor.- el nuevo Guardián levantó una mano enguantada, luego la otra, enseñándole las palmas, un signo de paz- Casarte es lo peor que puedes hacer, es el inicio del fin, algo que debes evitar para garantizar la supervivencia de toda la humanidad.
- ¡Me casaré, Guardián! no te conozco, no sé si eres verdaderamente un Guardián, no veo que uses un prodigio, aunque dices que has usado el del conejo. Además...-
- Mi profecía está dicha, Marinette. Si te casas es el fin. No soy como tú, no soy tan fuerte como lo es Ladybug, nunca podría serlo, mi dominio sobre los prodigios es limitado en fuerzas, no puedo usar tantos como tú a la vez, no sólo eso…- el Guardián del futuro titubeó- no soy joven, empecé mi camino muy tarde y sin preparación, he aprendido sobre la marcha, improvisando, ayudándome en los kwamis. No tengo tu fuerza, Ladybug, nadie será como tú.
- Entonces si soy tan fuerte cómo es posible que todo se eche a perder… ¿me lo contarás, Guardián? - le preguntó, casi suplicándole.
El no habló más, negó con la cabeza. Decidió irse, ya que ella no quería entender lo que había venido a advertirle. Justo cuando iba a decir adiós, escuchó como Marinette en un tono muy bajito, decía rápidamente: Tikki, transfórmame. Y un destello de luz roja envolvió a la mujer que tenía enfrente. Adivinó en ese segundo que ella se preparaba para ejercer la fuerza, y sin pensarlo, como casi siempre, tiró del primer kwami que tenía a mano: Wayzz, transfórmame, también musitó él. El yoyo de ella no pudo atravesar la coraza verde que lo protegía, y mientras él se quedaba quieto, sin hablar, en silencio, su prodigio le obedecía prácticamente con la mente cuando se trasformaba. Su atuendo no había cambiado de apariencia, tan sólo sus guantes habían cambiado de color.
- Marinette, no lograras nada de esta manera, debo irme, ya que no has cooperado conmigo.-
- ¡Enséñame tu rostro!, ¡dime quién eres! o cuéntame del futuro, quizá juntos detectemos otra salida.- Ahora su voz y su mirada eran de desesperación, angustia, su voz anunciaba su indecisión. Él quiso decirle más, conversar, contarle la vida que vivirían y que un día se desvaneció en un momento. Quiso decirle que iba a ser feliz, muy feliz, de eso no había duda, y que su felicidad mató a su deber, y cuando la desgracia la encontró, y se le dio la oportunidad de escoger, ella se olvidó del deber, y se quedó con la familia, con el amor. Pero Ladybug, nunca pudo huir de su destino, y en el último instante, antes que perder a los kwamis, antes de perderlos, decidió dárselos al último sobreviviente de una guerra absurda, a él, su marido, a Félix.
Trató de no llorar, trató de controlar a su corazón ya viejo y maltratado. Retrocedió, recogiendo su tristeza y su profecía. Cuando se colgó de la ventana para lanzarse al vacío, sintió como ella tiraba de su gabardina, abriéndosela del tirón y logrando bajarle la capucha. Su pelo absolutamente blanco y corto apareció, descubriendo parte de su piel, y en sus orejas, pendientes negros de botón. Marinette abrió la boca, asustada de lo que encontraba.
Él, también asombrado de verse al descubierto, giró su rostro para verla, traicionándose a sí mismo.
Marinette conocía bien sus ojos verdes, ahora enmarcados por pestañas casi blancas, con arrugas alrededor. Pero era un rostro conocido sí, el rostro de su amor, y aguzando la vista, observó que su cuello estaba tatuado, líneas, pictogramas, no eran simples figuras. Los tatuajes abarcaban probablemente el resto de su cuerpo porque se perdían dentro de la ropa, e incluso algunos, los más pequeños, también los tenía tatuados sobre una de sus mejillas. Reconoció algunas letras, las que tenía cerca. Y un símbolo, un círculo decorado con caracteres antiguos, pero que ella conocía a la perfección.
El Grimorio, tiene tatuado el Grimorio.
Abrió los ojos, tembló, quiso gritar pero no pudo.
El hombre aprovechó su estupefacción para saltar por la ventana y huir a través de la calle. Ella sacó la cabeza por la ventana y el aire frío de la noche la hizo espabilar y gritar, ahora sí, desesperada, absolutamente desesperada.
- ¡Félix, Félix, vuelve, vuelve!-
Pero el guardián se llenó de un destello celeste, sus guantes cambiaron de color verde a azul y levantando un dedo, creó un portal, desapareciendo en él.
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¡19 días de felinette!
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En general:
- Toda la historia es una sola. Todos los relatos tiene conexión.
- Contaré trocitos de su historia, en pasado, presente y futuro.
- Esta historia en particular, tendrá continuación en los días siguientes, pero no específicamente en los inmediatos. Os iré avisando.
- Por último, agradecer a todos y cada uno de los review. Los leo y aunque no responda, no significa que no quiera hacerlo. Toda esta historia, debería haber sido ágil y ligera, pero entre una cosa y otra, me salen cada vez más largos los capítulos. A cada uno de ustedes, gracias. A los que leen y no comentan, también, gracias.
Cambio y corto
Lordthunder1000
