AQUÍ LES DEJO ESTA NUEVA HISTORIA,
ESTA ADAPTACIÓN YA LA HABÍA PUBLICADO EN OTRA CUENTA YARELY POTTER ESPERO LES GUSTE
Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia le pertenece a Alice Montalvo
Capítulo Diez
Desde que desperté esta mañana, he tenido la urgencia de vomitar. Mis nervios están como locos y trato de no entrar en pánico. Edward, Melany y yo vamos a cenar a casa de sus padres.
No soy consciente de lo que debería esperar y estoy muy segura de que su familia va a odiarme. ¿Quién en su sano juicio querría a una chica como yo para su hijo? Y lo más importante, ¿quién en su sano juicio llevaría a una chica como yo a su casa para conocer a sus padres?.
Traté de convencerlo de irse sin mí, traté de explicarle que era demasiado pronto, pero insistió en que su familia estaría feliz de conocerme. Por otro lado, me encuentro aterrorizada de conocerlos.
Asustada por entrar a su casa del brazo de Edward y acompañada de un bebé. Sin embargo, encontré uno de los dos vestidos conservadores que tengo y me lo puse. Es un sencillo vestido negro que termina justo sobre mis rodillas y lo emparejé con una chaqueta de vaquero y un par de zapatos de tacón bajo. Me siento ridícula pero, dada mi situación, es lo mejor que pude hacer. Edward luce apeteciblemente sexy en pantalones negros y camisa azul oscura.
Sostiene mi mano todo el camino, dándome ánimo silenciosamente.
Estacionamos en la entrada de una casa gigante de ladrillo. Los reflectores iluminan como un faro la camioneta de Edward mientras nos acercamos; es como un foco sobre nosotros, haciendo imposible esconderme. La casa me recuerda mucho a la de mis padres en Forks, lo que me dice que sus padres tienen dinero. En mi mundo, cuando las personas poseen mucho dinero, tienen un sentido torcido de la realidad y las prioridades, pero haré mi mejor esfuerzo para detener los juicios.
Edward voltea su cabeza hacia mí. —¿Estás lista?
—¿Tengo opción? Ya estamos aquí —respondo con un indicio de sarcasmo en mi tono.
—Te prometo que estará bien. Conozco a mi familia.
Van a darte la bienvenida con los brazos abiertos —asegura.
—¿Incluso si tengo un bebé?
—Sí. —Se estira y acaricia mi mejilla—. Incluso si tienes un bebé.
—Bien, vamos a terminar con esto.
Sale del auto, camina a zancadas por el frente y abre mi puerta.
Prácticamente tiene que sacarme del asiento, pero una vez que estoy segura fuera del auto, me quedo parada a su lado, agarra a Melany del asiento trasero y con su mano libre sostiene la mía.
Bajo la mirada a nuestros dedos entrelazados y mi corazón da un vuelco.
Normalmente, estaría en la luna por su demostración pública de afecto pero en este momento me pone más nerviosa. Me lleva por la larga entrada de gravilla, subiendo un corto tramo de escalones de ladrillo hacia la puerta principal a la velocidad del rayo.
Apenas puedo tomar una respiración o prepararme mentalmente para la inminente presentación. Dios, por favor, no permitas que me desmaye en medio de la casa.
—¡Mamá! —grita—. ¡Papá! ¿Dónde están?
—¡En la cocina, cariño! —Escucho gritar a una voz cantarina. Por proceso de eliminación, deduzco que pertenece a su madre y ya me gusta más que la mía.
Suena feliz, alegre y amable, no miserable y fría como la voz que solía venir de casa.
Edward baja el porta bebé de Melany y se quita su chaqueta antes de ayudarme a quitarme la mía.
Levanto a Melany y la sostengo, necesitando tenerla cerca; surgiendo la madre protectora en mí. Edward toma mi mano de nuevo e instintivamente trato de sacarla pero solo me sujeta más fuerte. De un modo u otro, si me gusta o no, hará algún tipo de declaración a su familia sobre mí.
—Confía en mí—dice con una sonrisa que me tranquiliza un poco.
—Oh, odio cuando dices eso. —Resoplo mientras me lleva por la casa en dirección a lo que solo puedo asumir es la cocina.
—Hola, chicos —dice mientras pasamos por el comedor para llegar a nuestro destino. Sus padres nos dan la espalda y se giran al mismo tiempo. Nos ven juntos, a mí sosteniendo a Melany, Edward sosteniéndome y yo esperando una reacción para decir algo, que pierdan las sonrisas que plasmaron en sus rostros, que tengan un leve infarto, pero increíblemente ni siquiera se encogen de dolor. Nunca dudan, no hay una pregunta en sus ojos, ni una decepción o preocupación obvia.
—Edward —lo saluda su padre con un asentimiento.
—Hola, cariño. —Su madre resplandece, caminando hacia nosotros y besándolo en la mejilla—. ¿No vas a presentarnos a tu amiga?.
—Mamá, papá, esta es mi novia Bella y su hija Melany.
Su uso de la palabra "novia" me deja pasmada. Soy la novia de Edward y, sin embargo, todavía me encuentro un poco sorprendida por ello. Más que nada, estoy eufórica.
Miro a sus padres, de uno a otro, esperando una reacción negativa, una mirada secreta de madre a hijo que diga ¿En qué demonios estás pensando? Y otra vez, me asombra cuando no hay nada.
—Bella, es un gusto conocerte. Soy la mamá de Edward, Esme y este es su papá, Carlisle.
—Es un gusto conocerlos —respondo tímidamente.
—Mira a esta preciosa bebé, ¿qué edad tiene?.
—Este, tiene casi dos meses —digo. Dios, me siento como una puta. Probablemente piensan que paso de un hombre a otro sin mucho más que un segundo pensamiento.
Sabía que esto sería una mala idea.
—Oh, es grande para tener dos meses, pero eso está bien. De verdad luce muy saludable. ¿Puedo? —pregunta, extendiendo sus manos para señalar que le gustaría cargar a Melany.
Dudo, pero solo por una fracción de segundo. No quiero que piensen que soy antisocial o una de esas mamás que no dejan que nadie cargue a sus hijos. Con cuidado, paso a Melany a sus brazos y veo como le sonríe, besa su pequeña frente y la mece. —Es una muñeca, Bella. Debes estar muy orgullosa.
—Gracias.
Carlisle me sonríe y sacude la cabeza. —Buena suerte en recuperarla — bromea y Edward suelta una risita.
—¿Dónde están Alice y Emmett? —pregunta, mirando entre sus padres. Estoy impresionada por las similitudes, puedo ver rasgos de los dos en Edward.
Los ojos y el cabello de su madre, la nariz y los labios de su padre.
Es como si tuviera las mejores características de los dos. Lo que más me impresiona es cómo lo miran, el amor en sus ojos es claro como el agua. No hay abandono ni resentimiento, solo orgullo por su hijo, aceptación y alegría. Me pone triste por lo que me faltó en la niñez y la fría educación que tuve.
—Deben estar aquí en un minuto —interviene Esme.
—Sabes que Alice siempre llega tarde y Emmett conduce desde la ciudad.
—Cierto.
—Así que, Bella—dice, regresando su atención hacia mí—, ¿cómo se conocieron Edward y tú?.
—Este, bueno, yo me hallaba en el hospital —respondo tímidamente.
—Oh, no, ¿todo está bien? —interrumpe, mostrando preocupación genuina.
—Mamá, relájate —se entromete Edward.
—Me encontraba allí por un llamado, y Bella porque Melany no se sentía bien. Me tropecé con ella, hablamos, nos hicimos amigos. Ya puedes imaginarlo.
—Eres muy malo para contar historias —dice, volteando hacia mí y guiñándome un ojo—. Estoy segura de que fue mucho más romántico que eso.
Hablaremos luego. —Va hacia Edward y le pasa a Melany para que la sostenga, y poder echarle un vistazo al horno.
—No dejes que comience a hablar, Bella —dice Carlisle.
—Nunca parará de hacerte preguntas. Tendrá la historia de toda tu vida para cuando te vayas de aquí esta noche.
—Carlisle —lo regaña y no puedo contener mi sonrisa ante sus disputas desenfadadas.
—¿Qué? Es verdad —la molesta, dándole un beso en la mejilla—. Llámame cuando la cena esté lista. Va a empezar el futbol.
—Saca a Melany de las manos de Edward—. Vamos, hijo —ordena, saliendo de la habitación y llevando a mi hija con él.
Edward me abraza a su lado y me besa la cabeza.
—No te preocupes, va a estar bien. Es un profesional.
¿Quieres venir a ver el de futbol con nosotros?
—Está bien aquí. —Su madre sonríe—. Sigue adelante, así Bella y yo podemos llegar a conocernos.
—¿Estarás bien? —Edward me mira.
Lo miro y asiento como un venado atrapado por un faro. Tal vez ella se guardó su reacción negativa para cuando me tuviera a solas. Edward me da un suave apretón antes de dejarme sola.
—¿Puedo ayudarla en algo? —le pregunto.
—No gracias, cariño. Toma asiento y relájate. Estoy segura de que no tienes mucho tiempo con un bebé.
—No, definitivamente no —respondo, sentándome en un banco de la mesa del desayuno. Esto es incómodo y no soy de hablar mucho, pero en este punto solo diré algo para llenar el silencio—. Tiene una casa encantadora.
—Oh, gracias querida. Te daré un recorrido completo cuando termine aquí.
—Eso sería grandioso. ¿Hace cuánto viven aquí?
—Oh, años. Los niños crecieron en esta casa.
—Bien. Creo que Edward debió haberlo mencionado.
—Melany es hermosa. ¿Cómo te va con un bebé? ¿Lo llevas bien?
—Sí. Gracias. Lo llevo bien. Quiero decir, algunos días es más duro que otros pero la mayor parte creo…
No, sé que estoy haciendo un buen trabajo.
—Puedo verlo. Está radiante, Bella. Debes estar orgullosa de ti.
—Es muy amable que lo diga.
—¿Puedo preguntar sobre el papá de Melany? No quiero fisgonear y puedes decirme que me meta en mis asuntos si quieres. No me ofenderé.
—No, está bien. Él no está en la foto. No quiso estarlo.
—Lo siento.
—Gracias.
—¿Tus padres te ayudan?
—No, señora.
—Llámame Esme.
—Está bien, Esme. Mis padres querían que la diera en adopción y me dijeron que si no lo hacía, no podría vivir más con ellos. Así que tomé a Melany y me fui.
—¿Te fuiste? ¿De dónde eres?
—Washington.
—¿Hiciste todo ese camino con una bebé?
—Sí.
—Guau. Eres una chica valiente —dice suavemente.
Hay una mirada en sus ojos y puedo notar que está conteniendo algo de su pasado. Hay una historia en sus ojos y un dolor con el que también estoy familiarizada—. Siento lo de tus padres, Bella.
Tomaron la peor decisión y debieron estar ahí para ti. Si alguna vez necesitas algo, dímelo.
—No sé qué decir, así que le doy una pequeña sonrisa y continúa—: Edward es un buen hombre. Si le importas, no hay nada que no haría por ti. Puedo decirte que se preocupa mucho por ti y creo que necesitas a alguien así en este momento, Bella.
Consérvalo.
—Lo siento, pero ¿no deberías decirme que deje a tu hijo ya mismo? ¿Qué no soy la clase de chica para él?.
Sacude la cabeza y la inclina hacia un lado. —¿Por qué haría eso?.
—Porque soy una madre de dieciocho años.
¿Cómo podrías estar de acuerdo con eso?.
—¿Cómo puedo estar bien con que mi hijo salga con una hermosa chica que acaba de tener una hija? Quizá porque una vez fui una madre de dieciocho años.
—¿Qué?.
—Sorprendente, lo sé —dice con una risita—. Tuve a Emmett cuando tenía dieciocho años.
—No tenía idea.
—También fui madre soltera. El papá de Emmett no quiso tener nada que ver con nosotros. Conocí a Carlisle cuando Emmett tenía un año. Él tenía veintidós y se preparaba para encargarse del negocio de su padre. Digamos que sus padres no se entusiasmaron conmigo cuando se enteraron sobre nosotros.
Hasta ahora, juro que nunca se recuperaron del hecho de que se decidió por mí y, en realidad, nunca me aceptaron. Así que… lo que digo es porque sé mejor que nadie cómo es, Bella. Sé por lo que estás pasando y le doy gracias a Dios cada día por haber conocido a un hombre que estuvo dispuesto a llevar consigo todo mi equipaje extra. Espero que también encuentres eso y si tiene que ser con Edward, entonces Melany y tú serían bienvenidas con los brazos abiertos.
—No sé qué decir. Solo asumí que me odiarían.
—Nop. Somos un grupo feliz.
—Gracias. Significa mucho para mí que entiendas.
Me da otra de sus cálidas sonrisas. —Venga, vamos a ver el futbol. Ese pollo va a tomar un tiempo.
Esme me da un recorrido por la casa antes de ir hacia la sala. Edward está en el sofá para dos con una Melany dormida.
Me tiende su mano libre, y cuando la tomo me sienta en el sofá con él y me fija a su lado.
—¿Cómo fue? —susurra en mi oído.
—Tu mamá es increíble —respondo.
Me da un apretón e incluso me fundo más en él. Aún no pudo creer lo lejos que he llegado en tan corto tiempo. En cómo mi vida ha cambiado, cómo algunos momentos desagradables han alterado el curso de mi futuro, pero ahora tengo a Edward a mi lado y nunca habría imaginado que alguien tan increíble como él se encontraría a mi alcance, en mi terreno de posibilidades. Pero cuando estoy con él, cuando lo veo apegado a Melany, no puedo evitar esperar que sea un elemento permanente en nuestras vidas. No puedo evitar querer confiar en él.
La puerta principal se abre, sacándome de mis propias divagaciones y entra un hombre. Evidentemente es el hermano de Edward, Emmett. Es algunos centímetros más alto que Edward y muy musculoso, pero tienen unas similitudes que hacen evidente la conexión. A su lado se encuentra una mujer hermosa que, asumo es su hermana Alice. Su cabello oscuro se halla hacia un lado y cuelga sobre su hombro, sus ojos combinan perfectamente con los de Edward, acompañados de una radiante sonrisa. Curiosamente, detrás de ella se encuentra Tanya, que detiene en seco sus pasos mientras nos ve acurrucados a los tres como una pequeña y acogedora familia. Ni siquiera trata de esconder el disgusto en sus ojos. Sus fosas nasales se ensanchan y de repente esta noche se hace mucho más interesante.
Tanya se queda ahí por un momento, y parece como que se ha tragado una pastilla amarga pero se recupera rápidamente; plasma una sonrisa falsa en su cara y hace su mejor intento para pretender que no se siente afectada por la imagen que mostramos.
—¿Bella? ¿Qué haces aquí? —dice arrastrando las palabras en una voz dulce y empalagosa—. No tenía idea de que vendrías.
La hermana de Edward entra en la habitación, notándonos. —Hola, soy Alice, la hermana de Edward y este es nuestro hermano, Emmett.
—Hola —digo, levantándome y sosteniendo las manos de ambos—. Soy Bella.
Puedo sentir que Edward se pone de pie justo a mi lado mientras ellos se turnan para estrechar mi mano. Alice mira entre Tanya y yo, la confusión es evidente en su rostro y pregunta—: ¿Cómo se conocen?
—Bella trabaja para mí —responde Tanya, metiéndose—. Edward me llamó hace unas semanas y me pidió que la ayudara en una difícil situación.
—Alice —dice Edward, interrumpiendo—, Bella es mi novia y esta es su hija Melany.
Escucho el jadeo de Tanya y giro rápido la mirada hacia ella, atrapando su expresión de asombro y enfado cuando Edward me declara su novia. Ahí no está escondiendo el desprecio en su cara y por un segundo me odio porque me encanta su reacción. Amo el hecho de que Edward haga este anuncio delante de todos los que le importan y de manera simultánea, aplastando cualquier esperanza que Tanya pueda tener sobre una relación romántica con él.
Alice me da una sonrisa tranquilizadora. —Bueno, bienvenida, Bella. Es un gusto conocerte. —Se voltea hacia Edward y, como todos los miembros de esta familia, le arrebata a mi bebé de sus brazos.
—. Hola, Melany. ¿No eres lo más preciosa que he visto?—la arrulla, meciéndola mientras camina hacia sus padres, y los saluda con un beso.
La cena es servida después de que todos intercambiaron saludos. Esme es lo suficientemente amable para armar una cuna improvisada en su cama, así Melany puede dormir cómodamente mientras comemos. Edward se asegura de guardarme un sitio en la mesa a su lado y pone su mano reconfortante sobre mi rodilla. Miro a todo el mundo, asimilando la comodidad de unos con otros y preguntándome cómo debió ser el que crecieran en una casa como esta, con una familia que se ama mucho.
Emmett le da un codazo en el brazo a Edward.
—¿Cómo va el trabajo, hermanito? ¿Sigues manteniendo las calles seguras y todo eso?
—Está bien —responde pero no se explaya. No le gusta hablar de su trabajo; he deducido mucho de nuestro poco tiempo viviendo juntos.
—Bueno, si ya estás listo para acabar con la violencia, sabes que estaré más que feliz de darte un trabajo con tu propia oficina en la ciudad. El negocio familiar te espera.
—Gracias hombre, pero estoy bien —responde casi incómodamente.
—Entonces, Bella —dice Tanya—, ¿cuándo regresas a tu apartamento?
—¿Qué pasó con tu apartamento? —pregunta Alice. Si no lo supiera, diría que casi parece preocupada.
Pongo un mechón de cabello detrás de la oreja y les doy a todos una sonrisa tímida. —Entraron a robar hace unas semanas.
La boca de su madre se abre con horror. —¿Qué? ¡Edward!
—Está bien, mamá. Cuando pasó, Bella y Melany no se encontraban ahí.
Tanya se mete en la conversación, claramente tratando de empeorar una situación ya incómoda. —Y conoces a Edward, siempre el héroe. Se hico cargo de Bella y el bebé.
—¿Viven juntos? —pregunta Emmett con una sonrisa. Me alegra que alguien se divierta con esta conversación.
—Solo hasta que tu apartamento esté listo.
—Todos los ojos regresan a Tanya, que evidentemente ha reclamado el papel de líder del grupo—. Eso es lo que me dijiste, ¿verdad, Bella?
—Eh, sí, bueno, en realidad...
—En realidad… —interviene Edward, agarrando mi mano debajo de la mesa—. El apartamento no se encuentra en condiciones, así que Bella y Melany se fueron a vivir conmigo, permanentemente.
—¿Permanentemente? —Tanya nos mira boquiabierta—. ¿Se conocen hace unas semanas? ¿Eso no es un poco impulsivo? ¿Y si no funciona? ¿Entonces qué le pasará a Bella y a Melany? ¿A dónde irían?
Esme la mira, como dándole una advertencia silenciosa.
—Edward nunca haría nada para herirlas.
Si quiere que vivan con él es porque está seguro de que es la mejor decisión. No siempre puedes controlar lo que sientes, ¿no, Tanya?
Alice me guiña. —Creo que es romántico. Estoy feliz por los dos.
—Gracias —respondo con una sonrisa—, pero no es permanente. Edward y yo acordamos que era solo hasta que pueda encontrar otro apartamento.
—Bien, creo que es maravilloso —dice Esme, dándome una sonrisa astuta—. Sabes que demasiada agitación no es buena para la bebé, Bella. Si Edward dice que puedes quedarte a largo plazo, deberías considerarlo.
Su casa es lo suficientemente grande y tiene muchas habitaciones.
Dios, su mamá es buena. Sabe exactamente lo que hace; ve la frustración de Tanya y se aprovecha de eso, y al mismo tiempo, me dice que me respalda.
—Lo tendré en cuenta —digo tímidamente.
Edward me jala a su lado y me besa en la frente. —Te convencere—susurra en mi oído con un tono coqueto.
Una sonrisa se extiende en mi rostro, y me doy cuenta que últimamente he sonreído mucho más y Edward es la razón. Ni siquiera los últimos intentos de Tanya para hacerme quedar mal en frente de su familia pueden derribarme. El resto de la cena pasa sin incidentes pero al momento en que dejo la casa de los Cullen, me siento un poco más tranquila, como si de verdad perteneciera.
